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Filosofía Rousseau

Jean-Jacques Rousseau, filósofo suizo del siglo XVIII, critica la civilización y defiende la bondad natural del ser humano en su estado de naturaleza, argumentando que la propiedad privada y la desigualdad corrompen esta pureza. Propone un nuevo contrato social que garantice libertad e igualdad, donde la soberanía reside en el pueblo y la voluntad general representa el bien común. Rousseau distingue entre soberanía y gobierno, sugiriendo que la efectividad del gobierno depende de las características del Estado.

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Filosofía Rousseau

Jean-Jacques Rousseau, filósofo suizo del siglo XVIII, critica la civilización y defiende la bondad natural del ser humano en su estado de naturaleza, argumentando que la propiedad privada y la desigualdad corrompen esta pureza. Propone un nuevo contrato social que garantice libertad e igualdad, donde la soberanía reside en el pueblo y la voluntad general representa el bien común. Rousseau distingue entre soberanía y gobierno, sugiriendo que la efectividad del gobierno depende de las características del Estado.

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Rousseau

Introducción.
Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) nació en Ginebra, Suiza, en una familia
de clase baja. Huérfano de madre desde su nacimiento, fue educado de forma
autodidacta y, a lo largo de su vida, desarrolló una profunda sensibilidad
hacia los problemas sociales y políticos de su época. A lo largo de su
trayectoria, Rousseau pasó por diferentes países europeos, estableciendo
vínculos con importantes figuras del siglo XVIII, como Voltaire y Diderot,
aunque sus diferencias ideológicas lo alejaron de muchos de ellos. Su
pensamiento se caracteriza por una crítica al progreso y la civilización,
defendiendo la idea de que el hombre, en su estado natural, es bueno, pero la
sociedad corrompe su pureza. Sus obras más influyentes incluyen El contrato
social, El discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre
los hombres y Emilio, o De la educación. Rousseau dejó una huella profunda
en la Revolución Francesa y en el desarrollo de teorías políticas y educativas
que siguen siendo relevantes en la actualidad.

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ANTROPOLOGÍA/POLÍTICA:

La política de Rousseau (1712-1778) se basa en su crítica a la sociedad moderna y en su


concepción de la naturaleza humana. A diferencia de otros filósofos, sostiene que el ser
humano no es social por naturaleza, sino que la sociabilidad surge con el paso del estado
de naturaleza al estado social mediante un contrato social (contractualismo).

En el estado de naturaleza, Rousseau imagina un ser humano libre, igual e independiente,


guiado por un egoísmo sano y una bondad natural que le lleva a la compasión. En este
estado, el individuo alcanza la felicidad suprema. Sin embargo, la necesidad de
supervivencia lleva a los individuos a asociarse, lo que introduce la desigualdad y la
corrupción moral. Rousseau identifica la propiedad privada como el origen de estos
males. Cuando alguien cercó un terreno común y lo declaró suyo, se generó la
concentración de riqueza y poder en unos pocos, rompiendo la igualdad natural y
fomentando la competencia, la comparación y el egoísmo. Así, el Estado fue creado por
los ricos como un instrumento para preservar sus intereses. A pesar de esto, Rousseau
afirma que es imposible retornar al estado de naturaleza, por lo que la única opción
viable es transformar la sociedad mediante un nuevo contrato social que garantice la
libertad y la igualdad.

Para construir una sociedad justa, Rousseau plantea dos condiciones. Primero, la
educación debe desarrollar los instintos naturales del niño, evitando egoísmo malsano y
fomentando la preocupación por el Bien común. Segundo, es necesario un nuevo
contrato social que mantenga las ventajas de la vida en comunidad sin sacrificar la
libertad e igualdad. Para ello, la soberanía debe residir en el pueblo, lo que implica que
los individuos cedan su libertad individual al interés de la comunidad, sometiéndose a la
voluntad general.

La voluntad general representa el bien común y no la suma de intereses individuales. La


verdadera libertad consiste en obedecerla, pues ello implica seguir normas que uno
mismo se ha impuesto. Incluso, si alguien actúa en su contra, debe ser “obligado a ser
libre”.

Rousseau distingue entre soberanía y gobierno. La soberanía reside en el pueblo y es


indivisible e inalienable. El gobierno, en cambio, es solo el instrumento que aplica las
leyes. Rousseau identifica tres formas de gobierno. La democracia, adecuada solo para
sociedades pequeñas y participativas; la aristocracia, que puede ser eficaz si los
gobernantes son los más capacitados y buscan el bien común; y la monarquía, eficiente
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en estados grandes pero con riesgo de corrupción. Para Rousseau, no hay un gobierno
ideal, sino que su efectividad depende del tamaño y características del Estado. Lo
importante es obedecer a la soberanía popular, garantizando la igualdad y la libertad.

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