CENTRO DE FORMACIÓN PROFESIONAL DE CHIAPAS MAYA
UNIVERSIDAD MAYA, CAMPUS TAPACHULA
LICENCIATURA EN ENFERMERÍA
TAREA
TRAUMATISMO CRANEOENCEFALICO
PRESENTA:
E.L.E. LOPEZ ARGUETA GABRIELA BERENICE
7MO. CUATRIMESTRE DE ENFERMERÍA.
GRUPO A
URGENCIAS MEDICAS Y QUIRÚRGICAS
DOCENTE:
L.E. JAVIER MÉNDEZ LABOURDET
TAPACHULA DE CÓRDOVA Y ORDOÑEZ, CHIAPAS MÉXICO; 01 de diciembre del
2025
1
2
INTRODUCCION
El traumatismo craneoencefálico (TCE) es una afección compleja y una de
las principales causas de muerte y discapacidad en todo el mundo, a pesar de los
avances en la medicina moderna. Definida como una alteración en la función
cerebral o evidencia de patología cerebral resultante de una fuerza externa, el
TCE varía desde conmociones cerebrales leves hasta lesiones graves que
requieren intervenciones y rehabilitación prolongadas.
Los pacientes hospitalizados en la unidad de cuidados intensivos con TCE
frecuentemente presentan lesiones extracraneales concomitantes. Un estudio
reciente informó que los pacientes con TCE en la UCI presentaron lesiones que
afectaron el tórax, la columna vertebral y las extremidades. Estas lesiones
extracraneales contribuyen a los malos pronósticos de los pacientes con TCE
grave. Además de las lesiones multisistémicas que experimentan los pacientes
con TCE, a menudo presentan complicaciones sistémicas derivadas de la lesión,
como insuficiencia respiratoria, insuficiencia renal, insuficiencia suprarrenal y
lesión miocárdica. Debido a la diversidad de pacientes afectados por TCE y a las
complicaciones sistémicas derivadas de este, su manejo es complejo.
El manejo del TCE consiste en monitorización, tratamiento médico e
intervención quirúrgica. El manejo óptimo de los pacientes con TCE está
ampliamente estudiado; sin embargo, existe un debate continuo sobre las
estrategias óptimas de manejo debido a la complejidad de la afección y la
variabilidad en la gravedad del TCE.
El éxito del tratamiento quirúrgico depende no solo de la competencia
técnica del procedimiento quirúrgico, sino también de las intervenciones de
enfermería perioperatorias. Por lo tanto, es fundamental mejorar la calidad de la
enfermería de quirófano para maximizar los resultados clínicos.
3
Las intervenciones de enfermería en quirófanos convencionales suelen
seguir un protocolo estandarizado que puede carecer de flexibilidad y
personalización. Estas intervenciones suelen incluir educación preoperatoria
básica, monitorización rutinaria durante la cirugía y cuidados postoperatorios
estándar. Sin embargo, pueden no abordar adecuadamente las necesidades y
complejidades específicas de los pacientes con TCE, como su bienestar
psicológico, sus factores de riesgo individuales y sus posibles complicaciones.
Esto puede conducir a una gestión de riesgos inadecuada y a resultados de
recuperación subóptimos, lo que pone de manifiesto las limitaciones de los
enfoques tradicionales.
Las limitaciones de las intervenciones de enfermería convencionales en
quirófano, como la evaluación insuficiente de riesgos y la falta de atención
personalizada, subrayan la necesidad de adoptar estrategias basadas en la
evidencia. Estas limitaciones pueden contribuir al aumento de las complicaciones
posoperatorias y a tiempos de recuperación más prolongados, lo que subraya la
necesidad de mejorar las prácticas de enfermería.
Por el contrario, las intervenciones de enfermería optimizadas de la
medicina basada en la evidencia (MBE) integran la evidencia científica más
reciente con la práctica clínica, lo que permite un enfoque más personalizado. Esto
incluye evaluaciones preoperatorias integrales, apoyo cognitivo y psicológico
individualizado, y una atención intraoperatoria y posoperatoria meticulosa que
considera los desafíos específicos que enfrentan los pacientes con TCE.
4
TRAUMATISMO CRANEOENCEFÁLICO
El traumatismo craneoencefálico representa una patología grave debido a
un golpe o sacudida violenta en la cabeza con estado alterado de conciencia
asociado con déficits neurológicos temporales o permanentes que representan
preocupaciones sociales y económicas. El TCE es una de las primeras causas de
muerte y discapacidad a largo plazo y en Europa, la incidencia reportada del TCE
varía entre 83.3 y 849 por 100,000 habitantes por año. La tasa de mortalidad tiene
un amplio rango, representando de 9 a 28.10 por 100,000 habitantes por año. La
incidencia más alta del TCE se reporta en la población masculina de < 44 años de
edad, y está relacionada principalmente con accidentes automovilísticos, caídas,
violencia, relacionados con el deporte y accidentes domésticos o laborales.
CLASIFICACIÓN
Según la Escala de Coma de Glasgow y el mecanismo de la lesión, el TCE
se clasifica en leve, moderado y grave. El TCE leve se presenta en casos de
alteración del estado de alerta sin déficit neurológico (GCS 13-15); moderado,
generalmente en pacientes con alteración de la consciencia, con o sin déficit
neurológico (GCS 9-12); y grave, en casos de estado comatoso o sin respuesta
(GCS 3-8).
FISIOPATOLOGÍA
La patogénesis puede ser primaria cuando se correlaciona directamente
con el impacto externo en el cerebro y el cráneo; secundaria cuando una cascada
molecular, química e inflamatoria induce mayor daño cerebral. Las lesiones
primarias incluyen hematoma epidural, hemorragia subdural aguda, hemorragia
subaracnoidea, lesión axonal difusa y fracturas craneales, con posible afectación
de los nervios craneales.
Las lesiones secundarias son de mayor interés, porque la cascada
metabólica que se inicia tras el traumatismo craneoencefálico conlleva muchos
cambios bioquímicos cerebrales, y es muy importante conocerlos para elegir una
terapia adecuada.
5
En ausencia de lesiones primarias y/o hidrocefalia obstructiva, la principal
causa de edema cerebral e hipertensión intracraneal es el edema cerebral, que se
divide en dos tipos: vasogénico y citotóxico: aunque ambos se asocian a aumento
de la PIC, este último se asocia más a TCE grave.
Según la función de Monro-Kellie, la presión intracraneal (PIC) se determina
por la suma del volumen sanguíneo, el parénquima cerebral y el líquido
cefalorraquídeo (LCR). En casos de PIC elevada, el sistema de autorregulación y
la compliancia cerebral mantienen la presión intracraneal dentro del límite
fisiológico, lo que permite una presión de perfusión cerebral adecuada. En el TCE
grave, la pérdida de compliancia cerebral causa síndrome de hipertensión
intracraneal y hernias cerebrales.
El edema vasogénico consiste en la acumulación de agua en el espacio
intersticial, debido a una alteración de la barrera hematoencefálica. Por otro lado,
el edema citotóxico implica la acumulación de agua en el espacio intracelular. El
principal factor de este fenómeno es la alteración del transporte de iones a través
de la membrana celular. Otros factores contribuyentes son la disfunción
mitocondrial, con producción de especies reactivas de nitrógeno (RNS) y oxígeno
(ROS), y la exotoxicidad debida a la hiperproducción de aminoácidos excitatorios
como el glutamato.
Considerando su patogenia y evolución, el tratamiento del TCE puede ser
igualmente complejo y costoso. Los TCE leves y moderados suelen requerir
seguimiento clínico-radiológico y tratamiento médico. Por el contrario, los TCE
graves son una indicación principal para un tratamiento quirúrgico agresivo y
rápido, como el de la craniectomía descompresiva.
INTERVENCIONES AGUDAS
Al llegar al hospital, se debe realizar una evaluación primaria para evaluar
las vías respiratorias, la respiración y la circulación, seguida de un examen
neurológico secundario para determinar la GCS y las respuestas pupilares.
Después de un examen neurológico completo, se deben obtener imágenes
6
neurológicas para evaluar la gravedad del TCE. La tomografía computarizada (TC)
sin contraste es la piedra angular de la neuroimagen, identificando hematomas,
contusiones y fracturas de cráneo que guían las decisiones de manejo. Por
ejemplo, los hematomas epidurales o subdurales con un efecto de masa
significativo a menudo requieren evacuación quirúrgica urgente. Dependiendo del
mecanismo de lesión y la sospecha de lesión vascular, angiografía por TC (ATC),
la decisión de solicitar una ATC del cuello se guía por el uso de los criterios de
Denver después de un traumatismo. Clásicamente, los mecanismos de
transferencia de alta energía de la lesión, los factores de riesgo y los signos y
síntomas de lesión cerebrovascular son los criterios utilizados en la toma de
decisiones para la selección de pacientes para la ATC del cuello y la cabeza.
Los principios de las intervenciones agudas se basan principalmente en el
manejo de la PIC. El manejo de la PIC se aborda mediante un sistema
escalonado. En primer lugar, la cabecera de la cama debe elevarse a 30 grados,
debe evitarse la hiponatremia, deben administrarse analgésicos para reducir el
dolor y la cabeza debe estar en la línea media con un ajuste adecuado del collarín
cervical si corresponde. En segundo lugar, se pueden administrar medicamentos
para disminuir la PIC. El manejo médico inicial incluye la administración de manitol
o solución salina hipertónica para el edema cerebral y el uso de anticonvulsivos (p.
ej., levetiracetam) para prevenir convulsiones postraumáticas tempranas. Se
puede emplear sedación con propofol o midazolam para controlar la agitación y
reducir la demanda metabólica, aunque el uso prolongado requiere monitoreo para
complicaciones como el síndrome de infusión de propofol.
IMÁGENES
La tomografía computarizada (TC) es la técnica de imagen fundamental en
el TCE agudo. La obtención temprana de imágenes ayuda a detectar anomalías
graves potencialmente mortales, lo que permite desarrollar un plan de tratamiento
adecuado.
7
MANEJO PREOPERATORIO
Objetivo: estabilizar, reducir lesión secundaria y preparar al paciente para
cirugía.
Prioridades inmediatas:
- ABC y protección de columna: asegurar vía aérea (intubación si GCS
≤8 o riesgo de aspiración), controlar ventilación y oxigenación (SpO₂ ≥94%), y
mantener presión arterial (PA) que garantice perfusión cerebral. Evitar hipotensión
(ideal mantener PAM adecuada según protocolo).
- Corrección de coagulopatía: verificar resultados de coagulación y
hemograma; si el paciente se encuentra anticoagulado, notificar para medidas de
reversión (vitamina K, PCC, plasma, transfusión de plaquetas según indicación).
Preparar sangre y hemoderivados.
Monitorización y preparación técnica:
- Conectar monitores: ECG, SpO₂, presión no invasiva y, si indicado,
línea arterial. Colocar accesos venosos centrales si se prevé necesidad de
vasopresores o transfusión.
8
- Evaluación neurológica seriada: registro de GCS, pupilas (tamaño,
reactividad), déficit motor, anotar hora y compararlo con registros previos. Informar
cualquier deterioro inmediatamente.
Manejo de PIC y medidas para minimizarlas antes de la cirugía
- Mantener cabecera a 30° (evitar flexión/rotación del cuello).
- Evitar maniobras que aumenten PIC (es decir, succión sin
preoxigenación, esfuerzos).
- Considerar osmoterapia (solución hipertónica) solo bajo indicación
médica.
Comunicación y documentación
- Verificar y documentar información crítica: alergias, anticoagulación,
imágenes (TC), consentimiento informado (si es posible), y contacto familiar.
- Preparar el carro de transfusión, equipo para corrección de
coagulopatía y kits neurológicos (manitol/solución hipertónica si ordenado).
MANEJO TRANSOPERATORIO
Objetivos: seguridad, control de la PIC, soporte hemodinámico y prevención
de complicaciones.
Antes de entrar al quirófano
- Informe de transferencia: entregar SBAR breve (Situación, Background,
Assessment, Recommendation) al equipo de quirófano/anestesia: GCS, pupilas,
TC (hallazgos), medicación actual (antiepilépticos, anticoagulantes), alergias y
estado hemodinámico.
9
Durante la cirugía
- Monitorización continua: vigilar PA invasiva (si colocada), SpO₂,
capnografía (ETCO₂), temperatura, diuresis y perfusión. Registrar eventos (picos
de PIC, hipotensión). Mantener normotermia.
- Control de ventilación y ETCO₂: cooperar con anestesia para mantener
PaCO₂ en rango que no eleve PIC (evitar hipercapnia); la hiperventilación
controlada puede usarse temporalmente en crisis de PIC, pero no de forma
prolongada.
- Manejo de fluidos: administración guiada por balance y objetivos
hemodinámicos; evitar expansores hipotónicos que aumenten edema cerebral;
preferir soluciones isotónicas y considerar restricción hídrica según indicación.
Registrar balance entrada/salida.
- Prevención de pérdida sanguínea y transfusión: control riguroso del
sangrado; preparar sangre y hemoderivados según protocolo. Documentar
volúmenes y tiempos.
- Posicionamiento y protección tisular: cuidar almohadillados, alineación
cervical (si aún hay collar, coordinar su retirada segura), protección ocular y de
puntos de apoyo para evitar lesiones por presión. Registrar posición de la cabeza
y tuercas de fijación si se usan fijaciones craneales.
Seguridad transoperatoria y comunicación
- Registrar cambios neurológicos observados (si hay despertar
intraoperatorio o respuesta motora). Mantener comunicación con neurocirujano
sobre hallazgos (sangrado, necesidad de craniectomía descompresiva).
- Preparar para manejo rápido de crisis: equipo de reanimación y
fármacos listos (vasopresores, sedantes, osmóticos si ordenados).
10
MANEJO POSTOPERATORIO
Objetivos: detección temprana de complicaciones, controlar la PIC, soporte
sistémico y preparar rehabilitación.
Ingreso a recuperación/UCI, prioridades inmediatas
- Reevaluación neurológica inmediata: GCS, pupilas (comparar con
preoperatorio), y motor. Notificar cualquier descenso neurológico. Registrar hora y
cambios.
- Monitorización avanzada: monitorización continua (ECG, SpO₂, PA
invasiva si está colocada), control de diuresis y función renal, temperatura y
balance hídrico. Si paciente tiene monitor de PIC, asegurar alarmas y registros.
Manejo de la PIC
- Mantener cabecera a 30°, evitar flexión/rotación cervical.
- Sedación y analgesia: realizar escalas de dolor y sedación; administrar
sedación/analgesia prescrita para evitar agitación (la agitación aumenta PIC).
- Osmoterapia y medidas escalonadas: administrar solución salina
hipertónica o manitol según indicación médica, y documentar respuesta (PA,
diuresis, estado neurológico).
Prevención de complicaciones frecuentes
- Infecciones: asepsia en catéteres, cuidados de línea central, cambio de
apósitos estériles y manejo de sondas. Vigilancia de signos de infección y cultivos
según sospecha.
- Tromboembolismo venoso (TEV): iniciar profilaxis mecánica
(compresión neumática intermitente) y farmacológica cuando esté indicada y no
exista contraindicación (valorar riesgo hemorragia vs beneficio).
- Complicaciones quirúrgicas: vigilar por drenajes, sangrado activo
(hematoma), fístula de LCR y signos de infección en la herida. Documentar
aspecto de herida y drenajes (cantidad/color) cada turno.
11
Soporte respiratorio y ventilatorio
- Manejar ventilación protectora, aspiración cuidadosa (preoxigenación
antes de succión), y extubación cuando criterios se cumplan (GCS, protección de
vía aérea, evaluación gasometría). Registrar parámetros ventilatorios y
gasometría.
Nutrición y movilización temprana
- Valorar nutrición enteral temprana (si no hay contraindicación) para
disminuir catabolismo.
Educación a la familia y planificación de alta
- Informar familiares sobre signos de alarma (pérdida de conciencia,
vómitos persistentes, convulsiones, signos focales). Instruir sobre cuidados en
domicilio, medicación y seguimiento. Documentar la información entregada.
MANEJO QUIRÚRGICO
Craniectomía descompresiva (DC)
Debido a la variabilidad patológica extrema en el TCE grave, la DC
desempeña diferentes papeles en su tratamiento, y se han organizado varias
conferencias de consenso italianas e internacionales con el objetivo de definir las
indicaciones adecuadas para la DC. En última instancia, se ha sugerido la
definición de DC primaria y secundaria para discriminar entre una línea de
tratamiento quirúrgico de emergencia (DC primaria) o definitiva (DC secundaria)
12
Craniectomía descompresiva primaria
Las indicaciones para la DC primaria incluyen todos los casos de lesiones
intracraneales que causan efecto de masa y que eventualmente evolucionan a una
PIC alterada y hernia cerebral postoperatoria. Mientras que el hematoma epidural
aislado (HEA) y la contusión o hematoma intraparenquimatoso representan
lesiones de riesgo bajo-medio, el hematoma subdural agudo (HSDA) es una
condición patológica con alto riesgo de desarrollar hipertensión intracraneal. Por lo
tanto, la principal indicación para una DC primaria es el HSDA en el TCE grave.
Craniectomía descompresiva secundaria
En el TCE, la CD secundaria desempeña un papel en el tratamiento del
edema cerebral y la presión intracraneal elevada (PIC) resultante que no responde
a las intervenciones de primer nivel.
Antes de la cirugía, la conversación con la familia del paciente es crucial. El
cirujano debe explicar ampliamente y asegurarse de que la familia del paciente
comprenda la recuperación y el seguimiento postoperatorios a largo plazo, y la
probable discapacidad grave persistente a pesar de una cirugía tan agresiva. El
objetivo de la conversación es definir si se prefiere una DC para preservar la vida
del paciente a pesar de una baja calidad de vida.
13
CONCLUSIÓN
El traumatismo craneoencefálico constituye una de las patologías más
complejas y desafiantes dentro del ámbito neurocrítico, no solo por su elevada
incidencia y mortalidad, sino también por el amplio espectro de alteraciones
sistémicas y neurológicas que pueden comprometer la vida del paciente.
La comprensión de su fisiopatología, que integra tanto los mecanismos de
daño primario como las cascadas de lesión secundaria, permite dimensionar la
rapidez y precisión con la que deben instaurarse las intervenciones diagnósticas y
terapéuticas. En este contexto, la tomografía computarizada temprana, la
monitorización estrecha y las estrategias dirigidas al control de la presión
intracraneal resultan pilares fundamentales para evitar el deterioro neurológico y
favorecer un pronóstico funcional más favorable.
Dentro de este proceso, la enfermería adquiere un papel protagónico, ya
que su intervención constituye un componente determinante para la seguridad del
paciente y la efectividad de las medidas terapéuticas. En el periodo preoperatorio,
la enfermería se encarga de estabilizar al paciente, identificar complicaciones
tempranas, garantizar una adecuada preparación técnica y participar de forma
activa en la comunicación interdisciplinaria. En el transoperatorio, su rol se orienta
al mantenimiento de la homeostasis, la vigilancia continua de parámetros críticos y
la prevención de crisis que podrían aumentar la presión intracraneal o
comprometer la perfusión cerebral. Finalmente, en el postoperatorio, la labor de
enfermería es esencial para la detección precoz de complicaciones, el manejo
avanzado de la PIC, la prevención de infecciones y trombosis, y la optimización de
la recuperación neurológica mediante cuidados integrales y basados en evidencia.
Asimismo, el avance de la medicina basada en la evidencia ha puesto de
manifiesto la necesidad de reemplazar los protocolos rígidos por intervenciones
individualizadas y dinámicas que respondan a la complejidad de cada paciente
con TCE.
14
La aplicación de estrategias optimizadas de enfermería, sustentadas en la
mejor evidencia científica disponible, permite no solo disminuir las complicaciones
posoperatorias, sino también proporcionar un cuidado más seguro, humanizado y
efectivo.
En conjunto, el abordaje multidisciplinario del TCE, donde la neurocirugía, la
medicina crítica y la enfermería convergen en un modelo de atención integral,
continúa representando la vía más sólida para mejorar los resultados clínicos. Sin
embargo, el desafío persiste: seguir desarrollando prácticas basadas en evidencia,
perfeccionar las intervenciones perioperatorias de enfermería y garantizar una
atención centrada en las necesidades específicas de cada paciente. Solo a través
de este enfoque sistemático y actualizado será posible reducir el impacto
funcional, emocional y social que el TCE impone en los pacientes, sus familias y la
comunidad.
15
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
Figueiredo, R., Castro, C., & Fernandes, J. B. (2024). Nursing Interventions
to Prevent Secondary Injury in Critically Ill Patients with Traumatic Brain Injury: A
Scoping Review. Journal Of Clinical Medicine, 13(8), 2396.
[Link]
Hawryluk, G. W. J., Lulla, A., Bell, R., Jagoda, A., Mangat, H. S., Bobrow, B.
J., & Ghajar, J. (2023). Guidelines for Prehospital Management of Traumatic Brain
Injury 3rd Edition: Executive Summary. Neurosurgery, 93(6), e159-e169.
[Link]
Okeke, C., Zhang, J., Bashford, T., & Seah, M. (2023). Perioperative
management of adults with traumatic brain injury. Journal Of Perioperative
Practice, 34(4), 122-128. [Link]
Patel, P. P., Egodage, T., & Martin, M. J. (2025). Decompressive
craniectomy for traumatic brain injury: a review of recent landmark trials. Trauma
Surgery & Acute Care Open, 10(Suppl 1), e001784. [Link]
2025-001784
Qi, A., & Li, P. (2025). Impact of Evidence-Based Nursing Interventions on
Recovery in Traumatic Brain Injury Patients Undergoing Hematoma Evacuation.
Journal Of Multidisciplinary Healthcare, Volume 18, 973-981.
[Link]
Rapp, A., Kobeissi, H., & Fahim, D. K. (2025). Updated Review of the
Management of and Guidelines for Traumatic Brain Injury. Journal Of Clinical
Medicine, 14(19), 6796. [Link]
Vitali, M., Marasco, S., Romenskaya, T., Elia, A., Longhitano, Y., Zanza, C.,
Abenavoli, L., Scarpellini, E., Bertuccio, A., & Barbanera, A. (2023).
Decompressive Craniectomy in Severe Traumatic Brain Injury: The Intensivist’s
Point of View. Diseases, 11(1), 22. [Link]
16
17