Gramática Histórica
Gramática Histórica
Una lengua histórica o diasistémica es una lengua con capacidad de variación (concepto de Coseriu), ya que no todas las lenguas
pueden cambiar como es el caso de las muertas. Por ejemplo: el latín es la lengua oficial del Vaticano, pero por su escaso uso no es
probable que cambie; o las lenguas ficticias o artificiales como el esperanto, que son lenguas que nadie tiene como maternas.
Dentro de las variaciones de una lengua diferenciamos tres tipos:
Eugenio Coseriu (1921-2002) clasificó las variedades de una lengua en diacrónicas y sincrónicas. Dentro de las sincrónicas creó
un diasistema, es decir, un conjunto de variedades de la lengua donde podemos distinguir:
1. Diatópica: se refiere al cambio en el espacio físico. Una lengua cambia dependiendo del lugar donde se habla o el lugar de
procedencia, por ejemplo, la s dentalizada: casa [kás̪a] frente a [káṣa].
2. Diastrática: se refiere al cambio en la lengua en función del nivel socio-lingüístico como son los grupos sociales, la
educación, el sexo, la edad, etc. Esta variedad es como el “cajón de sastre”, ya que engloba una gran cantidad de
parámetros heterogéneos donde se incluyen vulgarismos (“se me ha caído”) o fenómenos marcados en el español, por
ejemplo. Este sería un rasgos diastráticamente marcado que se asocia a un hablante rural o sin un gran nivel educativo.
3. Diafásica: tipo de dimensión comunicativa que se relaciona con la situación del hablante en el intercambio lingüístico y
con los cambios que este debe considerar (habla formal vs. informal) para que su discurso sea adecuado al contexto. Un
ejemplo puede ser un rasgo en principio diastrático, como la desafricación de ch (t͡ʃ) por sh (ʃ), que en hablantes con un
amplio repertorio lingüístico tiende a emplearse en contextos informales y a evitarse en situaciones formales, como
estrategia de adaptación a la situación comunicativa.
Para percibir estos cambios en el tiempo es necesario recurrir al análisis de diferentes sincronías (evolución de sonidos a lo largo
del tiempo) superponiéndolas, ya que no es posible hacerlo con registros orales. Así, vemos si hay formas que se superponen a
otras o si conviven entre ellas (como sierpe -lexicalizada- y serpiente: en la E. Media, hasta que la última se superpone) de forma
que se descifran los cambios diacrónicos.
Estos cambios pueden estar motivados por causas muy variadas. Hay teorías e hipótesis, pero a veces, incluso ni se conocen las
causas. Hay dos tipos:
● Internas: están intrínsecas en la lengua. Se refieren al propio sistema de la lengua, por ejemplo, la inexistencia de las
consonantes palatales en latín debido al cambio lingüístico. En latín no cuentan con estas consonantes, sin embargo, las
lenguas romances si. La existencia de estas en latín, según fonetistas historiadores, sería por un hueco funcional
(desaprovecha el paladar) de una parte del aparato fonador y por tanto de la naturaleza de la lengua que acaba
rellenándose.
● Externas: pueden darse por cambios sociales, impuestos desde fuera del sistema, por políticas, por influencias de otras
lenguas como sucede en la romanización, donde el latín interacciona con las lenguas de la península hasta que estas
desaparecen (como el euskera) dejando señales e influencia de sustrato. También sucede en la actualidad con el inglés, con
anglicismos (sintáctico en este caso) como Contácta-me. Sucedía en el castellano antiguo por la influencia del latín en los
traductores del siglo XV como en Dijo César haber venido contra los enemigos con un acusativo cum infinitivo, que tenía
un mayor uso literario, pero que fue propuesto como cambio, ya que en castellano se perdió. No se propagó oralmente,
sino que se mantuvo como una convención (estos fueron algunos de los cambios que tuvieron efecto).
La investigación sobre el cambio lingüístico es anterior a Dante y su De vulgari eloquentia en la que se pregunta cómo se llegó
al toscano, aunque este tema no se tratará de forma científica hasta finales del siglo XIX con el auge del darwinismo. En
centroeuropa (Alemania, Austria, Suiza...) surge un grupo de filólogos, los comparatistas o neogramáticos, que tratan de
explicar las similitudes que existen entre lenguas aparentemente distantes como son el griego, el latín, el sánscrito, las lenguas
romances, el alemán, el ruso, etc., proponiendo la existencia de una protolengua común: el indoeuropeo, de la que no existe
documentación. A partir de aquí, proponen posibles pautas de evolución de cómo llegar de la lengua reconstruida hasta las
lenguas modernas con palabras básicas como Pater de padre, ya que se asemejan en las labiales y dentales. Por otro lado, están las
bálticas no bilabiales sordas, por ejemplo, zehn de diez.
2. El cambio fonético
Este es el que más interesa a los comparatistas, ya que buscan cambios sistemáticos, leyes de evolución fonética (buscan refugio
científico como las leyes de la física), de forma que estos cambios son los que se prestan a predicciones más sistemáticas.
Es importante diferenciar los cambios fonéticos de los cambios fonológicos (k en latín, en algunos contextos, pasa a ch y
afecta tanto al sistema que aparece un nuevo sonido), ya que a la larga estos afectarán al significado y al sistema de la lengua, pero
los fonéticos no (s latina es más dental y en castellano es más apical).
Un cambio fonológico importante será la sonorización de p en b, que ayuda a diferenciar numerosas palabras. Los comparatistas
sitúan estas leyes como absolutas (sin excepciones), aunque con la evolución de esta ciencia se ve que esto es imposible.
En palabras como vita–vida o rota–rueda se puede ver que la t sonoriza en d, pero en tres no sucede porque solo pasa en
posición intervocálica (ley: toda dental oclusiva sorda /t/ en posición intervocálica pasa a ser dental sonora en castellano), lo que
explica también otras como taurum–toro. Otros casos como patre–padre sí suceden porque entre vibrante y vocal también se
produce. Pero encontramos rotula–rótula y placitum–pleito.
Hay que tener en cuenta que los sonidos cambian regularmente en los mismos contextos fonéticos. Debe tenerse en cuenta
que sean del mismo periodo de tiempo, ya que rótula no lo es: es un cultismo que, por tanto, no se rige por las leyes anteriores
y no tiene la misma cronología que el resto. También se debe tomar en cuenta que en cada región y zona hay diferentes
variaciones, como es el caso de pleito, que proviene del aragonés.
Además, puede haber excepciones especiales con tal de que ningún otro factor actúe sobre el sonido en alguna palabra o
grupo de estas, como en retenere frente a tenere, donde la t no se sonoriza para no perder la base de la raíz al ser un verbo
prefijado. Hay veces en las que, con este tipo de palabras, el hablante pierde la conciencia de derivación y sí se sigue la tendencia,
como en fendo–defendo–devesa (se sonoriza)–dehesa o en ovis (muy breve; se trata de alargar con diminutivo, lo que era común en
el latín vulgar)–ovicula(m)–oveja, donde se usaban los sufijos diminutivos porque conseguían alargar el cuerpo fijo de las palabras.
1. Asimilación en contacto (el sonido se modifica en uno o varios rasgos para acercarse a otro vecino)
– Asimilación progresiva: se produce por la influencia de un sonido precedente. Pomada (pumada como vulgarismo), donde la
influencia de las bilabiales hace que la o se cierre y potencia la bilabialidad. Palumbam pasa a palomba, en la que la m asimila a la b,
reduciendo el grupo consonántico y dando palomma.
– Asimilación regresiva: se da por la influencia de un sonido al que precede el modificado, como en carne–kanne, donde la nasal
asimila al sonido precedente y le da parte de sus rasgos. Un caso muy importante es la palatalización, que generalmente será
regresiva, como en kirka, ya que en el latín vulgar normalmente, cuando una vocal palatal sigue a una velar sorda, la palataliza,
dando lugar a un alófono, y después a cherca.
– Asimilación recíproca: dos sonidos en contacto donde cada uno altera uno o varios rasgos del otro hasta que se funden en una
pronunciación intermedia. Taurum (diptongo con vocal central y semivocal velar): la semivocal acerca a la otra a su punto de
articulación dando tourum, y la o atrae a la u a su punto de articulación dando toro.
2. Asimilación a distancia: los sonidos implicados no son contiguos en la cadena hablada.
● La METAFONÍA es el tipo más frecuente de asimilación a distancia (solo con vocales: una vocal se asimila al punto de
articulación de otra). Fēci (con e larga tónica): esa e en latín vulgar da una e cerrada y, aunque no es frecuente, a veces,
cuando una palabra acaba en vocal cerrada, atrae a la otra a su punto, así que, como es media, se pierde y la final sigue su
evolución a vocal media (fēci–fiki–fiche).
*No podemos saber la cronología exacta de estos cambios, aunque sí podemos aproximar su época y cuál es anterior o posterior, esto es la
cronología relativa. De esta forma, no sabemos cuándo esa “e” pasa a “i”, pero se sabe que sucede antes de que “i” pase a /-e/, ya que se
necesitaba una /-i/.
● DISIMILACIÓN (suele darse en sonidos sonantes y puede suceder a distancia): es cuando un sonido se diferencia de otro
perdiendo un rasgo articulatorio que comparte con un sonido vecino y puede llegar a provocar su desaparición para evitar
la repetición. Sabana en el norte se dice sabea, de forma que la a del medio disimila para evitar la repetición. Vicinum (las
vocales largas palatales evolucionan a i en latín vulgar, pero la primera disimila) da vecino. Igual con rotundum y redondo,
augustum (diptongo como en toro y se pierde) y agosto, arborem y árbol o min(i)mare y mermar.
● METÁTESIS (frecuente con sonantes): consiste en el cambio de posición de uno o varios sonidos dentro de la palabra.
➢ Recíproca: intercambio en la posición de los sonidos implicados: miraculum–milagro o parabola–palabra.
➢ Simple: solo un sonido cambia de posición, sin intercambio: crepare–quebrar o praesepem–pesebre.
● EPÉNTESIS: es la adición de un sonido en el interior de la palabra. Algunos fonetistas dicen que es para facilitar la
pronunciación y suele darse con consonantes, frecuentemente con nasales (maculam–mancha, se suele llamar progresión
de la nasalidad). Suelen introducirse consonantes con rasgos similares a algún sonido implicado, aunque no siempre
sucede, como con phaseolum y frijol. Si sucede con vocales, se llama ANAPTIXIS. Hominem–om(i)nem–omne–omre
(disimilación en vibrante, pero no es cómodo; es extraño a nuestra fonética)–hombre. Chronicam–corónica (anaptixis).
● PRÓTESIS: adición de un sonido al inicio de palabra; suelen ser vocales y es muy frecuente frente a la s líquida latina:
schola–escuela, spatha–espada.
● PARAGOGE: adición de un sonido al final de palabra, menos frecuente: cochleare–cuchar–cuchara, amar–amare.
4. Cambio fonológico
La FONOLOGIZACIÓN es el proceso mediante el cual dos alófonos de un mismo fonema se convierten en dos fonemas
diferentes. Algunos autores también lo consideran la creación de un fonema que antes no existía en el sistema. Por ejemplo, K en
casa o k ante vocal palatal, se palataliza y da lugar primero al alófono ch (t͡ʃ) y luego a un fonema diferente, ch. La fonologización
también sucede con las consonantes palatales, ya que no existían en latín pero sí existen en castellano y surgen gracias a este
proceso, ya que es el que permite que se originen nuevos fonemas.
La DESFONOLOGIZACIÓN es la desaparición de algún fonema, que ocurre generalmente por la progresiva neutralización entre
dos fonemas originalmente diferentes. Esto se da cuando ya no quedan contextos fonéticos en los que las unidades que se oponían
fonológicamente mantengan su capacidad distintiva. Esto sucede con la dentoalveolar africada sorda /t͡s/, similar a la z italiana, y la
s dentalizada, que se oponían fonológicamente en la Edad Media, pero que en Andalucía acabaron confluyendo en la s
dentalizada, perdiendo su capacidad distintiva, lo que explica que en Andalucía occidental, sobre todo, no se diferencie entre casa
y caza. La y también se oponía a la ll, como en pollo [ʎ] y poyo [ʝ], pero confluyeron y se redujeron a la palatal central y. Este
proceso se suele dar en fonemas con poca rentabilidad fonológica, es decir, pares mínimos escasos que se oponen en pocos
contextos fonológicos. Por ejemplo: /p/ - /t/ tienen una rentabilidad alta, sin embargo, /ʎ/ - /ʝ/ tienen una rentabilidad baja.
5. Cambios no fonéticos
*Estos cambios sirven para entender por qué algunas tendencias fonéticas no se cumplen.
La ANALOGÍA (es el proceso más importante al estudiar fonética y fonología histórica). Es una relación de semejanza. Los
cambios analógicos la mayoría de las veces se presentan a manera de proporción, lo que explica por qué a veces no se cumplen
ciertas tendencias (proceso fonético): amar da amé, pero andar no da andé; vivir da vivido, pero morir no morido (se oye menos).
Un tipo particular de analogía es la ETIMOLOGÍA POPULAR. Esto es una reinterpretación del hablante donde una parte de la
palabra, sin significado para el hablante, es identificada con otra palabra o con un morfema que presenta un parecido casual con
esa palabra. Un ejemplo de esto se da en mandarina–mondarina, donde el verbo mondar se relaciona. Este es un cambio
lingüístico difícil de explicar si no se recurre a esto. Otro ejemplo es verruculum–cerrojo, ya que no hay otra explicación fonética
para llegar hasta ahí, porque es para cerrar, que es más lógico para el hablante. En general, se da una correlación diastrática, ya que
se relaciona frecuentemente con grupos sociales bajos, como en telesférico (de esfera, palabra culta)–teleférico.
Las PALABRAS CULTAS son aquellas que se conservan. El español toma el préstamo del latín clásico o medieval a través de la
escritura o de contextos de distancia comunicativa. Se da en todas las épocas del idioma, pero con mayor frecuencia en la E.M. No
han sufrido la evolución previa de las palabras patrimoniales, salvo pequeñas modificaciones en sus terminaciones para ajustarse a
las estructuras morfológicas del español, como fabulari–fábula, plicare–explicar o regula(m)–regular.
Las PALABRAS SEMICULTAS son palabras heredadas oralmente que han sufrido ciertos cambios por la transmisión oral, pero
en determinados momentos se remodelan por la influencia culta, o pueden ser palabras que no llegan a las últimas consecuencias
de las tendencias evolutivas por influencia culta, como en saeculu(m)–siglo, que si hubiese seguido la evolución natural sería siejo.
Esto se da por el uso en la Iglesia, donde los hablantes son analfabetos y oírla frenan su evolución. Es común en el ámbito religioso.
Los DOBLETES son las palabras latinas que pueden llegar por la vía culta o por la vía patrimonial, de forma que hay una doble
transmisión, generalmente muestran cierta diferencia semántica. La forma popular o patrimonial suele tener el significado más
evolucionado y la culta, la mayoría de las veces, suele preservar el sentido latino: regula–regla (semiculta) y reja; cubitu(m)–cúbito
(culta) y codo (patrimonial). Lo más normal es que la más evolucionada sea la más usada en el idioma, pero a veces no sucede así,
como en rapidu(m)–rápido (culto) y raudo (patrimonial), aunque esto es raro.
TEMA 2: EVOLUCIÓN DEL VOCALISMO
1. La sílaba
Es importante conocer la división silábica del latín, ya que esto condiciona su evolución al castellano. Con/sta/re, se divide entre n
y s, porque la s en latín es líquida inicial y va con consonantes, además de que con es un prefijo. Otras palabras como in/te/grum o
te-ne-brae tendrán una evolución particular, ya que vemos una MUTA CUM LIQUIDA (consonante oclusiva y líquida vibrante). En
schola se pasa de un sonido un poco cerrado (s) a otro más cerrado o incómodo (sch, siendo ch un dígrafo usado en latín para
traducir palabras griegas -préstamos-), así que, como la s es más abierta, se considera otra sílaba, porque lo más cerrado suele iniciar
sílaba, lo que propicia la prótesis de una vocal: escuela. Otros ejemplos son: te-pi-dus, por-cus, den-tes, am-plu(m), mu-li-e-re,
hor-de-o-lu, spe-ra-re, sta-re. Se debe tener en cuenta para la división de vocales que los diptongos latinos son: ae - oe - au.
2. El acento en latín
El acento está relacionado con la prosodia, ya que es un rasgo suprasegmental que va más allá de la fonética. En castellano, incluso
puede diferenciar significados, ya que este tiene un carácter distintivo, esto lo vemos en palabras como en cantara / cantará /
cántara. En latín el acento no es distintivo, ya que no cuenta con esa capacidad. Lo que diferenciaba los significados era la cantidad
de las vocales (largas o cortas), pero es importante localizarlo en latín para situarlo en castellano, porque en su evolución a las
lenguas romances el acento gana importancia, ya que se convierte en un rasgo distintivo. Por ejemplo, mittĕris (eres enviado)
frente a mittēris (serás enviado). Generalmente, la posición del acento se mantiene del latín al español.
Es importante diferenciar palabras monosílabas (el acento recae en la única sílaba que tiene): hĭc o rēx, bisílabas (el acento recae
en la penúltima sílaba -salvo excepciones-): rēgis o nōctem y palabras de tres sílabas o más, en las que el acento depende de la
penúltima sílaba, ya que si es una sílaba larga se acentúa esa y si es una sílaba breve se acentúa la antepenúltima).
Una sílaba en latín se considera larga cuando dura más tiempo en la pronunciación, esto puede suceder por dos motivos: por
naturaleza (cuando hay una vocal larga en sílaba no trabada o cuando hay diptongo, ya que los diptongos son siempre largos en
latín. Por ejemplo: the-sau-rus o vī-num) o por posición (cuando la sílaba contiene una vocal breve trabada, es decir, una vocal
breve seguida de dos o más consonantes. Por ejemplo: nŏc-tem). Es importante distinguir entre sílabas trabadas y sílabas no
trabadas. Una sílaba trabada es aquella que termina en consonante, mientras que una sílaba no trabada o abierta es la que termina
en vocal. En general, las sílabas trabadas tienden a ser largas por posición, pero no siempre. Cuando una vocal va seguida de una
consonante implosiva, la sílaba se considera larga, independientemente de que la vocal sea breve o larga, como sucede en
coniunctus o en hibernus, donde encontramos una vocal breve pero una sílaba larga. Existe una regla fundamental en latín que
dice que una vocal delante de otra vocal siempre es breve, expresada en la fórmula latina “vocalis ante vocalem corripitur”, por
ejemplo: prudentĭa. Esto significa que, cuando hay dos vocales seguidas que no forman diptongo, la primera vocal es breve, como
ocurre en proelium o filius. Las consonantes geminadas se dividen por el medio, sin embargo, los dígrafos como ch o th no.
*Una sílaba larga en latín no depende únicamente de que la vocal sea larga, que puede no serlo, sino también de la estructura de la
sílaba y de los sonidos que la acompañan: una sílaba larga no es lo mismo que una vocal larga.
Ejemplos:
- Dē-bē-re → sílaba no trabada, penúltima larga por naturaleza.
- Vĕ-tŭ-lŭs → penúltima breve, no trabada → acento en la antepenúltima.
- Qua-dra-gĭn-ta → sílaba trabada, larga por posición.
- Cor-ri-gĭ-am → vocal + vocal → breve → penúltima breve → acento antepenúltima.
- Con-su-tū-ra → penúltima larga → acento en penúltima.
- Sa-gīt-tam → trabada → sílaba larga.
- Mo-lī-num → sílaba larga.
- Vi-rĭ-dis → “verde”.
- Fi-lĭ-us → vocal + vocal ; vocal breve → acento antepenúltima.
El acento en latín está determinado por la estructura fonológica de la palabra (como podemos observar en los ejemplos
anteriores), ya que depende de la sílaba y de la vocal, por tanto, siempre está condicionado. Esto no sucede con libertad como en el
castellano, donde puede llegar a modificar significados.
Los cambios de acento del latín al español son escasos pero importantes. Esto sucede en tres casos:
● Penúltima sílaba con vocal cerrada (breve generalmente) + consonante oclusiva + consonante líquida/vibrante
(muta cum liquida). Este proceso da in-tĕ-grum → íntegro (latín clásico) e in-tēg-rum → entero (latín vulgar), lo que
constituye un doblete.
● Antepenúltima (tónica) y penúltima sílaba con hiato (ej. i-e, i-o, i-a, e-o): en el latín vulgar había una tendencia
antihiática (la cual tiende a romper el hiato), ya que los hiatos eran inestables debido a los cambios en el acento. Esto llevó
a que el acento de la palabra se desplace al elemento más abierto de entre las vocales en contacto. Como consecuencia de
esto, la vocal que pierde el acento adquiere una pronunciación semiconsonántica (cerrándose más). Por ejemplo:
mu-lĭ-ĕ-rem > [muliere] > [muljere] y hor-de-ŏ-lum > [ordeolum] > [ordjolo]. Aunque las dos vocales sean igual de
cerradas, una se cierra más.
● Palabras derivadas: en latín clásico, cuando hay vocal breve y prefijo, el acento va en el prefijo, pero en el latín vulgar, el
acento se sitúa en la base léxica para regularizarlo. Por ejemplo: vĕ-nit → re-vĕ -nit o fă-cit → re-fă-cit (clásico). *Re-fĕ-ro
La naturaleza del acento es compleja, ya que puede manifestarse a través de distintos rasgos. Entre las características principales
del acento se encuentran la musicalidad o tono (relacionado con la musicalidad y las elevaciones de voz); la intensidad (que es la
fuerza articulatoria) y la duración (que es el tiempo que se tarda en pronunciar). En algunas lenguas, estos rasgos pueden
funcionar incluso como un rasgo distintivo, es decir, pueden servir para diferenciar palabras.
En el caso del latín, el rasgo predominante del acento era el tono, por lo que se habla de un acento musical. Este tipo de acento se
parece al de lenguas como el chino, donde la variación tonal es fundamental. En la mayoría de los casos, el acento latino se
producía por una elevación del tono, ya que la intensidad de la pronunciación latina afectaba de manera uniforme en toda la
sílaba y todas las vocales se articularían con la misma fuerza. Sin embargo, en la evolución hacia las lenguas romances, el acento
musical del latín (vulgar) fue transformándose progresivamente en un acento de intensidad, característico de estas lenguas. Este
cambio consistió en concentrar la energía articulatoria en una sílaba concreta, lo que permitió distinguir claramente entre sílabas
tónicas y sílabas átonas. Las sílabas tónicas se perciben con mayor fuerza, mientras que las átonas presentan una menor intensidad.
Como consecuencia de este proceso, las sílabas átonas comenzaron a debilitarse mucho más que las tónicas y, en muchos casos,
llegaron incluso a perderse. Este debilitamiento explica numerosos fenómenos fonéticos posteriores como por ejemplo: la
tendencia antihiática: en la que se explica que, debido a que una sílaba posee mayor intensidad que otra, dos vocales en contacto
tienden a fundirse para evitar el hiato, este fenómeno es muy frecuente en latín, pero fue desapareciendo con el tiempo.
Desde el punto de vista fonético, la fuerza articulatoria recae especialmente sobre la vocal tónica. Cuando esta vocal es cerrada,
puede cerrarse aún más y llegar a transformarse en una semiconsonante, lo que explica muchos cambios vocálicos en la evolución
del latín al romance.
Hay lenguas con una escritura muy fonográfica, como el español o el latín, en las que las grafías corresponden con los sonidos. Sin
embargo, en el sistema vocálico las grafías no diferencian entre vocales largas y cortas, salvo en algunas inscripciones. Algunos
ejemplos con pares mínimos: vĕnit / vēnit; mălum / mālum; ŏs / ōs; manŭs / manūs; hĭc / hīc. Algunos ejemplos con diptongos:
caelum - cielo; aurum - oro; poena, pena (influyen procesos que hacen que estos diptongos se reduduzcan en algunas ocasiones).
Respecto al diptongo ae, hay un gran debate entre los fonetistas sobre cuál es su pronunciación, ya que ae en español es un hiato.
Por ello, la mayoría de los estudiosos piensan que en latín, la pronunciación más aceptada y general es [ai̯ ].
❖ VOCALISMO TÓNICO
Es importante diferenciar entre vocalismo tónico y átono, ya que la evolución fonética será distinta en cada caso. El paso del
acento tonal al acento de intensidad concentra la fuerza articulatoria en la sílaba tónica, lo que provoca una mayor conservación o
refuerzo (estabilidad) de las vocales tónicas, mientras que las vocales átonas tienden a simplificarse, debilitarse o incluso reducirse.
El sistema vocálico del latín vulgar se simplifica de forma que la i abierta y la e cerrada confluyen, al igual que lo hacen la o
cerrada y la u abierta (velares), quedando un total de siete vocales. Esto se observa en inscripciones de Pompeya, como Menús, que
en latín clásico es Minus, de forma que al confundirse los sonidos se representan de ambas maneras.
Se supone que las vocales largas se pronunciaban más cerradas y, por tanto, las breves más abiertas. La abertura no tenía capacidad
distintiva, pero al desaparecer el rasgo de cantidad, este se sustituye por el timbre, que pasa a ser distintivo. La mayoría de lenguas
romances siguen esta evolución, sobre todo en el caso de la a.
Existen algunas fuentes que registran el latín vulgar y permiten entender su evolución, como el Satyricon de Petronio (vinus in
cerebrum abit, donde vinus debería de ser vinum, ya que no había distinción de género), que refleja la lengua hablada de su época,
destacando la escena de la cena de Trimalción, donde aparecen esclavos libertos que hablan con vulgarismos, lo que los caracteriza
lingüísticamente como incorrectos para el latín clásico culto. Otra fuente importante para el latín vulgar (79 d.c.) son las
inscripciones de Pompeya de gente que escribía en las paredes, personas que no eran analfabetas, pero que tenían escasos
conocimientos de la lengua. Esto hace que se encuentren indicios del comportamiento de la lengua hablada en la época. Por otro
lado, la Peregrinatio de Egeria (narra el viaje de una monja gallega a Jerusalén en un latín tardío con rasgos de la lengua hablada).
La fuente más emblemática es el Appendix Probi, cuyo manuscrito conservado es del siglo VIII, pero que se data en los siglos III -
IV. Este apéndice es importante porque Probo (gramático de época tardía) se preocupó por escuchar y listar los errores de sus
estudiantes y corregirlos (condenando ciertos usos de la lengua). Fue importante porque muchas de las formas que se
consideraban erróneas, fueron finalmente las que han tenido continuidad (triunfan) como en chitara non chitera o columna non
colomna (donde se condena la apertura de la u) no las del latín clásico que él seguía. Turma non torma o formosus non formunsus.
Es difícil saber cuándo se consolidó este sistema vocálico del latín vulgar, pero se aproxima al siglo III en prácticamente toda la
Romania, excepto en sardo, siciliano y rumano.
El sistema vocálico del rumano es un caso curioso, ya que mantiene todo el sistema igual salvo las velares, donde o larga y breve
confluyen en una sola (lo mismo ocurre con u). Esto ayuda a situar cronológicamente el proceso, ya que Dacia (Rumanía) fue una
conquista tardía del siglo II, de forma que podemos deducir que cuando los romanos llegaron aún no habían evolucionado las
velares, a diferencia de las palatales, lo que da lugar a dos fases en la evolución vocálica.
En la segunda línea vemos el sistema vocálico del latín vulgar y, en la tercera, vemos la evolución del latín al castellano.
Ejemplos:
- Lītem → lid
- pĭlum → pelo
- cēnam → cena
- tĕrram → tierra
- pătrem → padre
- prātum → prado
- mŏrtem → muerte
- flōrem → flor
- tŭrrem → torre
- lūcem → luz
Diptongos
- AE > /e/ (abierta): caelum > [kélo] (e abierta) > [tsjélo] > cielo
- OE > /e/: poenam > [péna] > pena
- AU > /o/: aurum > [áurum] > [óu̯ro] > [óro] > oro
*Hasta aproximadamente los siglos VII‑VIII se produce literatura en latín con alternancia entre vocales largas y breves (basada en la cantidad)
por lo que la lengua hablada debería haber sido similar, aunque otros expertos piensan que esta conservación solo se dio entre los cultos.
Otra teoría es la influencia del sustrato o de las lenguas en contacto (influencia de lenguas que estaban anteriormente, que
influencian a la lengua superpuesta, ya que conviven durante un tiempo y después de ese tiempo terminan desapareciendo). Se
proponen lenguas itálicas como el osco (7 vocales) o el umbro (5 vocales), que colindaban con el latín en zonas como Hungría,
y tenían un sistema vocálico más sencillo, con cinco vocales, lo que podría haber favorecido la reducción del sistema vocálico del
latín. Otras propuestas incluyen el celta, el íbero y el vasco (5 vocales) en zonas de la península ibérica.
Además, se habla de que algunas provincias ¿especiales? del imperio probablemente tenían variantes más reducidas como la de
Roma, donde no se practicaba la distinción de cantidad. Esto lo apoyan autores como Consencio y san Agustín, quienes afirman
que es un error típico de los habitantes de las colonias africanas, aunque resulta extraño que un rasgo de una provincia marginal se
extendiera a todo el Imperio.
Otra teoría es la de las causas sistemáticas, defendida por autores como Alarcos. La evolución de los diptongos (sonidos largos)
da lugar a vocales abiertas pero largas, lo que resulta anómalo y desequilibra el sistema, por lo que este impone el timbre en lugar
de la cantidad y la vocal larga evoluciona según el parámetro de abertura. Por ejemplo, el diptongo ae > /ē/ (abierta) > /ie/ (cast.)
5. La diptongación
● Ě y Ǒ tónicas diptongan en castellano
● diferencias entre lenguas románicas
● cronología
○ Straka (1979): /e̜/ mediados s. III vs. /o̜/ principios del s. IV
○ Ejemplos en la epigrafía: eerat (Pompeya); dieo, niepos, puosuit (s. II); feriendo (s. VI); ualiente, parientibus (s.
VIII)
● Causas
○ Externas
■ Wartburg: francos, burgundios y longobardos
■ lenguas prerromanas
● Internas
○ dificultad de encontrar una explicación unitaria
○ Schürr (1956): la diptongación se dio en protorromance y, en las lenguas en que no existe, se produjo
monoptongación
○ Weinrich (1958): tipos de sílaba en latín, tendencia a la compensación
● Otros autores combinan causas externas e internas
● El hecho de la existencia de dos vocales medias debió suponer un motivo para la diptongación
● Proceso lento y muchas vacilaciones
● En algunas zonas pudo tener incidencia la tendencia conservadora
● teoría de las áreas periféricas
● Características fonéticas de los diptongos
○ diptongos crecientes
○ proceso: alargamiento vocálico que llevaría a la diferenciación
○ ¿por qué cambió el elemento tónico del diptongo?
■ se postulan cambios acentuales:
● Ascoli: [wó > úo > wé]
● Meyer-Lübke, Menéndez Pidal, etc.: [úo > úe > wé]
○ problema de acentuación en la vocal más cerrada
○ tonicidad que recorrería toda la sílaba
6. La metafonía
● Cerrazón asimilatoria de las vocales debida a la anticipación de la articulación de un fonema más cerrado
● Metafonía (propiamente): cierre vocálico provocado por una vocal cerrada final
● Inflexión: cierre vocálico producido por una semiconsonante o semivocal (yod)
○ La yod también afecta a las consonantes contiguas, generalmente palatalizándolas
○ Efecto de palatalización consonántica muy temprano > la yod no produce inflexión de la vocal tónica
○ Conservación de la yod durante más tiempo > inflexión
○ La inflexión por efecto de yod es, probablemente, tardía y no panrománica
○ Hay diferentes contextos de inflexión de yod
● Yod 1ª: nunca produce inflexión
● Yod 2ª: opiniones encontradas de Menéndez Pidal y Alarcos
○ LY, C’L-T’L: inflexiona a vocales abiertas (MP) / solo a Ǒ (A)
○ NY, GN: A no acepta los ejemplos de MP
● Yod 3ª: A cree que solo se produjo inflexión cuando la yod se conserva
● Yod 4ª: soluciones de diptongos decrecientes
● Metátesis de yod, casos de no inflexión (casos aparte): creación de diptongo decreciente [ói̯ ] > [wé]
● La metafonía también afecta a las vocales átonas
○ por efecto de la yod 2ª
○ conjugación de los verbos en -ĪRE
○ por diptongación de Ě tónica
● yod creada por pérdida temprana de /-d-/
● La metafonía también pudo ser provocada por una semiconsonante velar
○ en casos de mantenimiento
○ por diptongación de Ǒ tónica
❖ VOCALISMO ÁTONO
3. El betacismo
● El estatus fonético/fonológico de la wau latina
● reforzamiento de la articulación
● confluencia con el resultado de /-b-/
● posición intervocálica vs. otras posiciones
● La situación en castellano medieval
○ La pronunciación [v]
■ ¿/v/ en castellano medieval?
■ /f/ > /v/
■ ¿/v/ en mozárabe?
■ /v/ en judeoespañol
■ formas con u y f en Santa Teresa
■ el testimonio de los gramáticos
■ el habla de Serradilla
4. La lenición
● Proceso de debilitamiento articulatorio
● sonorización
○ ejemplos tempranos de sonorización
○ sobre todo en el occidente de la Romania
● simplificación de geminadas
○ sobre el sistema de geminadas latino
○ pocos ejemplos antiguos de degeminación
○ diferente cronología para sonantes
● fricatización de oclusivas sonoras
○ también fenómeno temprano
● Causas
○ sustrato
■ lenición céltica
■ Contratesis
● Sonorización en zonas no célticas
● Conservación de sordas en zonas de sonorización
○ Causas estructurales
■ a) motor del cambio: fricatización
■ b) motor del cambio: degeminación
■ c) motor del cambio: sonorización
● La importancia de la cronología relativa
○ mantenimiento de la sorda intervocálica
○ Otros mantenimientos no tienen que ver con la cronología relativa
6. Oclusivas sordas
● /p/
○ semiconsonante + /-p/
○ posición implosiva
● /t/
○ /-pt-/
○ /-kt-/
○ /-lt-/
○ semivocal velar + /-t-/
● /k/
○ /kw-/ + vocal no palatal o consonante + /kw-/ + vocal no palatal
○ /kw-/ + vocal palatal
○ /h/
7. Oclusivas sonoras
● /b/
○ /p-/ latina
○ ¿/b-/ y posconsonántica?
■ mantenimiento de grafía etimológica en la EM
○ tras nasal /m/
○ /-b/
● /d/
○ /t/ o /d/ + /l/
○ /-d-/
■ conservación
○ /-t/
○ /l-/
● /g/
○ /k-/
8. Africadas sordas
● /t͡s/
○ /s-/
9. Africadas sonoras
● /d͡z/
○ /-d/
○ [f]?
○ MP da por sentado que la pronunciación de /f/ latino-romance es labiodental
○ el romance de Navarra tiene [f]
○ el paso de [f] a [h] se produce en otras lenguas romances
○ críticas al concepto de ‘sustrato’
■ mantenimiento de /f-/
● /fr-/
● /fl-/
● [fw-]
● [fj-]
● otros casos de mantenimiento
○ falda
○ febrero
○ fe
○ feo
○ fondo
○ /f/ interior
■ grupo /-ff-/
■ grupo /-nf-/
■ posición intervocálica
○ /-f/
● /s/
● /ʃ/
○ /ss/ + [j]
○ /s-/
○ /-ns-/
● /h/
○ origen antietimológico
■ AFFLARE > hallar
■ INFLARE > hinchar
■ IMPLĒ RE > henchir
■ GENUCULU > hinojo
12. Nasales
● /n/
○ /n/
○ /-m/
13. Laterales
● /l/
○ /fl-/
○ /-ʎ/
○ [Ø]
14. Vibrantes
● /ɾ/
○ /m`n/
○ /-d-/
○ /-l-/
● /r/
○ /ɾ-/
○ /-ɾɾ-/
○ /-n`ɾ-/
○ /-d-/
○ Ensordecimiento
○ realizaciones de /s̪/ en Andalucía
■ seseo
■ ceceo
○ /ʃ/ > /h/
19. El yeísmo
● Escasa rentabilidad fonológica de la oposición
● cronología
● extensión
● Realizaciones alofónicas
○ [dʝ] / [ʝ]
○ [ʒ]
○ [d͡ʒ]
○ [t͡ʃ]
○ [ʃ]