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BUSI

El documento refleja la profunda soledad y melancolía del autor, quien lucha con su identidad y la pérdida de su padre. A través de una serie de reflexiones, el autor explora sus sentimientos de incomprensión, frustración y la dificultad de conectar con los demás. A pesar de sus intentos de encontrar sentido y compañía, se siente atrapado en un ciclo de tristeza y aislamiento.

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BUSI

El documento refleja la profunda soledad y melancolía del autor, quien lucha con su identidad y la pérdida de su padre. A través de una serie de reflexiones, el autor explora sus sentimientos de incomprensión, frustración y la dificultad de conectar con los demás. A pesar de sus intentos de encontrar sentido y compañía, se siente atrapado en un ciclo de tristeza y aislamiento.

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Tengo que comenzar reconociendo que, mientras escribo, se manifiesta que

las situaciones no superadas son defectos para mí y que, al pensar de esa forma, me

tacho a mí mismo.

Durante mi infancia no me interesaba gran cosa, vivía en las sombras,

tratando de no ser visto y sin comprender nunca qué era lo que necesitaba.

Cuando trato de pensar en mi niñez, es como internarme en una niebla densa,

puesto que los rayos del sol llegaban en muy contadas ocasiones. Lo que voy

entendiendo ahora es que pude sentirme bien sólo en los momentos en que triunfaba,

como si la permanencia dentro de la búsqueda no fuese buena por sí misma, solamente

una forma de llegar a un resultado. Pareciera que podía sentirme bien únicamente

siendo muy importante, casi el más importante.

Me siento solo. Solo cuando me despierto y no sé que hacer. Solo mientras

planeo mi día, desayuno y ojeo el diario. Solo mientras leo un libro, hablo por teléfono

o visito amigos. Solo cuando como o ayuno, cuando corro o cuando camino, cuando

salgo o me quedo en casa. Solo. Sí, solitariamente solo. Y aun estando conmigo estoy

solo. Creo que me quedé en la soledad. Me quedé solo hace muchos años y me sentí

así mientras crecí, mientras estudié, mientras viví. Ahora, después de tantos años,
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vuelvo a lo mismo, a un momento de soledad, porque papá murió y me dejó aislado.

No creo haber sido del todo yo desde entonces. Y ahora estoy solo, solo yo ¿Solo

quién? ¿Quién es yo?

Hice lo que pude y hago lo que puedo. Me siento como una persona que está

en un pozo con olor, humedad, incomodidad, inseguridad, injusticia, agresividad,

egoísmo, brutalidad y, sobre todo, soledad. Y no puedo salir de ahí. Por momentos me

doy cuenta, pero todavía no puedo emerger. No puedo moverme ni relacionarme con

personas, porque: No puedo ser socio del club que me acepte como socio (Allen).

Imaginen por mí una tarde tormentosa, con muchísimo viento, nubes cerradas

y oscuras. Imaginen también a una persona sentada en un gran escritorio frente a una

ventana. Sobre el escritorio una montaña de papeles, una radio, una máquina de

escribir, colonias, cassettes, de todo. Desorden total.

Y si lograran imaginar a una persona triste y que extraña, les aseguro que están casi

completando mi situación actual. Es cierto, me olvidé de mencionarles que me tenían

que imaginar escribiendo, pero eso es lo de menos. Lo importante es que puedan pintar

el cuadro. Melancolía: ése es el nombre de la obra.


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Siento que se va el tren al que yo no me quise subir. Creo que no me quiero

subir, pero no implica que no me desangre con sólo pensarlo.

La sensación de estar dormido la tengo desde los quince años o antes. Debe

ser igual a la sensación de que a uno le dieron un calmante y no puede despertar o

despabilarse.

El pichón que más se alimenta es más grande y puede alimentarse a expensas

de los más pequeños, que por estar poco alimentados, no pueden competir por el

mismo alimento.

Quizás la solución me llegó cuando me encontré con una pintura de Dolores,

en la que estaba representado un corazón, como si fuera un rompecabezas, con las

piezas sin ubicar.

Así es una persona, un gran desorden que puede funcionar o no. Si funciona

tal cual no hay problema: pocos cuestionamientos. Pero si no funciona hay que

empezar a ordenar y separar las piezas, una por una, por la importancia que tienen en

nuestra vida. En eso creo estar.


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Estoy chapoteando en la mierda y todavía no pude acostumbrarme,

convencerme de que me guste.

Agazapado para dar el salto. ¿Duro no? Los músculos tensos, la mirada fija,

adrenalina corriendo por las venas, estómago contraído, corazón bombeando como un

tambor, miedo. ¿Saltaré?

Estoy como caminando en círculos. En el centro hay algo que no entiendo. Lo

miro y lo miro sin descubrir el significado, la solución.

A veces creo que no llego a entenderlo porque sólo lo miro de abajo o de costado, pero

no varío realmente mi posición.

MUCHAS VECES ME OLVIDO QUE TENGO DERECHO DE ESTAR

ACÁ.

Construyan una pared. Píntenla de blanco y pongan a un hombre frente a ella,

mirándola. Así estoy.

Acá estoy, tratando de ordenar el rompecabezas de mi vida, tratando de no

cometer los mismos errores, sintiéndome triste, angustiado, solitario, melancólico y


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miserable las más de las veces y relativamente bien y entusiasta las menos.

Estoy muy solo conmigo mismo.

No quiero tacharme más y, sin embargo, las sensaciones se agolpan en mis

puertas de salida, obstruyéndome, no permitiéndome salir.

Evidentemente están al servicio de mi desgracia y de mi

insoportable enfermedad, lenta pero desagradablemente segura.

Acaban de llegar Luz y Adolfo de Mar del Plata. Siento que les debo el estar

con ellos. Estoy más solo en este momento con gente que escribiendo sin

compañía. Ante la presencia de las personas es como si mi yo me abandonara.

Estoy en medio de una cueva, obscura, ruidosa. Con toda clase de alimañas

que me caminan por el cuerpo. No puedo identificar realmente de cuales se tratan,

pero la única salida que veo en este momento es una trampa mortal. Sería consolidar

mi desgracia. Tengo que aguantar acá mismo, hasta que llegue el día. Y, quizás las

alimañas sólo sean bichitos de San Antonio que me caminan dulcemente por la piel.

¡Fuerza! ¡Ánimo! Es lo que necesito.

Si estoy un rato hablando con alguien y me desconecto de mis pensamientos,


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empieza de a poco, sin prisa y sin pausa, a aparecer nuevamente la sensación de

pérdida fundamental.

En parte tengo miedo de dormirme, porque últimamente es cuando los

fantasmas se encuentran a sus anchas y yo no puedo defenderme muy bien. General-

mente cuando estoy despertando es cuando más fuertemente me ataca la realidad y no

puedo determinar qué es lo bueno y lo malo para mí.

Me invadió una gran angustia cuando salí de casa para pasar unos pocos días

en otro lado, a pocas cuadras. No quería alejarme.

No puedo identificar qué es lo que significa para mí la casa de la vieja en este

momento, ni qué significa Buenos Aires, pero sé que la sola mención o pensamiento de

irme hace mucho más apretado el nudo que llevo desde hace unos días en el estómago.

Parece mentira que pueda seguir acá. Un personaje tan funesto. Sigo hablando

desde el mismo lugar. Uno se preguntaría, si tanto le molesta ¿Por qué no sale de ahí?

Yo me contesto que por ahora no puedo.

Estoy solitariamente sentado en el living de la casa de Belén y Adrián. Tengo

siempre la impresión de que: si estoy solo, debería estar acompañado y si estoy


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acompañado, debería estar solo. Si pienso mucho las cosas buscando una solución,

porque pienso mucho, sino, porque no pienso. Siempre donde no debería estar.

Digamos mejor, en situaciones en las cuales no debería estar.

Haga lo que haga, no estoy haciendo lo que debería hacer. Y yo me pregunto:

¿Qué es lo que debería hacer? -Lo que yo quiera.

Pero eso no es nada fácil, porque tengo serias dificultades para

decidir que es lo que quiero y eso es porque me parece que a través de cada una de mis

decisiones, está la posibilidad de frustrarme o no. En este momento la frustración me

parece que la llevo en mí. Porque ninguna de las posibilidades que se me presentan no

son frustrantes. Todas son frustrantes.

Hoy pasé un día agradable escribiendo. Ahora empiezo a escribir sin siquiera

leer el párrafo anterior para ponerme en tema. El tema soy yo y lo que me pasa. Yo y lo

que me complica, yo y lo que me sale mal. Cuando me viene una oleada de buen

humor, se me escapan las palabras y quedo vacío.

Ahora me tengo que meter solo en la cama y me parece terrible.

Es increíble que teniendo toda la casa para mí durante estos días, lo único que
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haya querido hacer, es estar solo. Tratar de encontrarme a mí mismo, tratar de no

aburrirme conmigo. Buscar compañía en mi más íntima figura y también buscar la

solución a esto que está jorobándome la vida.

Releyendo éstas páginas pareciera que yo no quiero jugar a lo que se me

propone, porque no acepto las reglas, no me gustan las normas y no me dejan imponer

las que yo quiero. Las pautas con las cuales se juega no me favorecen.

Me voy sintiendo mejor estando solo. como si empezara a disfrutar mi

compañía. Me gusta escribir, así, sin ningún compromiso, como si fuera con una mujer

libre.

Al perder una persona que quiero, en este caso una novia, todo pierde

importancia para mí. Yo pierdo importancia para todo. El mundo se convierte en una

zona árida y seca, donde los bordes rugosos y las piedras me lastiman la piel desnuda.

No hay árboles frondosos, sino esqueletos de ramas secas y retorcidas. Obviamente yo

no puedo ser feliz ahí.

Creí que estaba mejor, pero ayer hablando con mi hermana Luz, volví a

sentirme enormemente incomprendido. Como si buscara siempre lo mismo. Tengo que


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tranquilizarme. Todavía no estoy listo para la jungla.

Mis progresos me cuestan mucho como para que personas que no saben lo

que vivo, opinen de mí sin problemas.

Me estoy volviendo a infligir una presión enorme. No se por qué. Me había

tranquilizado, pero la imagen de lo que yo tendría que ser me aplasta y entonces me

escondo y no quiero salir.

Con Adolfo no puedo hablar claro. Deja muchas cosas en el aire, sin

confirmarlas y, entonces, no puedo sacar conclusiones de las charlas con él. Creo que

le gusta ilusionarme con lo que se podría hacer, sin intención real de llevarlo a cabo.

Otra vez perdí el contacto conmigo mismo. Me encuentro con ese otro yo que

me odia y me boicotea todo lo que soy. Otra vez me siento tan poca cosa que me da

miedo salir a la calle.

Me siento poco atractivo como persona, complicado, molesto, vago y sin

cosas buenas para darle a nadie.

Es una noche calurosa. Escucho los gritos angustiados de los grillos y los

ladridos histéricos de algunos perros, callados firmemente por los aullidos obsesivos de

sus dueños.
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¿Estaré obsesionado con mi tratamiento mental?

Hoy es un domingo de esos de sueño. Fresco y con mucho sol. En casa

decidieron hacer un asado, del que se está ocupando Raúl.

Estoy en mi cuarto con la ventana abierta, tratando de percibir las sensaciones

que me transmiten las cosas en general. Cada persona que llega, sean hermanos o

cuñados, traen consigo cosas buenas y malas. Ondas buenas y malas. Cada uno llega

con su estado del ánimo, diferente al de los demás. No es una energía pareja, ya no

somos una familia en donde cada cual se entregue a hacer lo que deciden los demás.

No, cada uno decide por él mismo.

Una de las cosas que va a separar mi vida de niño con mi vida adulta, es

aceptar la muerte de papá y convivir tranquilamente con ese hueco que va a estar vacío

por el resto de mi vida.

Quizás a través de ese espacio vacío pueda comunicarme con él. Aunque

nunca lo tenga para acompañarme, creo que una parte de él está conmigo y una parte

mía está con él. Esa parte de él va a estar siempre conmigo, independientemente del

lugar donde se encuentre en este momento. Ocupa un lugar importante dentro de mí y

nadie nunca va a poder quitarlo de ahí.


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Durante todos éstos años no pude disfrutar de esa compañía, que va

a estar siempre presente, siempre conmigo, porque traté de colocar a todas las

relaciones en ese lugar, tratando que ocuparan ese sitio que creía vacío. Traté de

colocar ahí a mamá, a mis amigos, a mis cuñados, a mi novia, y ninguno pudo ocupar

ese lugar, ninguno daba el número. Pero entonces me quedé sin madre aunque la tenía,

me quedé sin amigos, sin novia, sin cuñados. Aunque los tenía a todos, los perdía. De

esa forma desperdicié todos los vínculos que podrían haberme enriquecido como

madre, amigos, cuñados o novias pero, desde ya, que no como padres.

Creo que me sentía abandonado y paria, porque mi viejo desapareció de mi

vida y no pude hacerme cargo de eso, no pude aceptarlo. Mi padre murió. No me dejó

por ser yo poco importante o porque no me quería. Tengo que poder ganar aquello que

dejó en mí y no perder todo, por lo que podría haber tenido si hubiese seguido entre

nosotros.

Siempre dije que el que va a pedir un trabajo, sin nadie que lo recomiende, es

un paria. Yo me sentía paria en esa situación. Espero ahora no sentirme de la misma

manera, tan menospreciado por mí mismo.

Si ustedes vieran a mamá ahora, verían a una mujer de cincuenta y


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siete años, gorda, y generalmente cascarrabias, pero si la hubiesen visto de joven o

cuando recibió el dinero del campo, hubiesen visto otra cosa. Por dentro era una fuerza

y un entusiasmo por las cosas, muy poco común.

Ella es otra de las personas que traté de poner en el lugar de padre y ella

también intentó ponerme a mí en el lugar de papá.

No he conocido en toda mi vida a una persona más generosa. No importaba lo

que uno necesitara, ni para qué, simplemente con pedírselo uno tenía la seguridad de

que iba a hacer todo lo que estuviera en sus manos para lograrlo.

Siempre pensé en mamá como en una eterna chiquilina y eso, acompañado de

su entusiasmo, hacía que la vida junto a ella fuera muy agradable.

Hubo años que disfruté mucho de su compañía. Nos gustaba mucho viajar en

auto y compartir la alegría de conducir en ruta.

Muchas veces fuimos juntos al campo de Balcarce a visitar a Luz. Fueron

años muy agradables para mí.

Mis amigos siempre la quisieron mucho. Supongo que porque ella siempre les

daba todo lo mejor que tenía. Compartía todo lo que tenía con ellos.

Durante la época en la que estuve cumpliendo con el servicio militar, se

despertaba a las seis de la mañana para hacerme el desayuno, tenerme la ropa lista y

llevarme hasta el cuartel. Realmente se ocupaba de que mis estancias en casa fueran
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agradables en la medida que pudiera.

Creo que ella -igual que yo- también perdió relaciones cuando trató de poner

a sus hijos en lugar de su marido. Se debe haber quedado sin algunos hijos, como yo

me quedé, de alguna forma, sin madre. Siento que fue una de las personas que más

cerca estuvo de ocupar el lugar de papá. Ella también me malcrió mucho.

Estoy pensando eso de sentirme solo aun cuando estoy acompañado. Creía

haberlo resuelto con el lugar que ocupaba papá, pero pareciera que lo real es que la

sensación de perdida todavía está a flor de piel.

Estoy como en un laberinto en el que todos los

días tengo que encontrar la salida. A veces me miento diciéndome que las cosas van a

ser distintas al día siguiente por lo que descubrí el día anterior pero, cuando llega el

otro día, las cosas no cambian y yo vuelvo a sentirme encerrado y paria en el laberinto.

Empiezo a escribir pasada la medianoche. Me gustaría escribir algo

realmente lindo, para dejar a mi alma libre del encierro al que la someto diariamente.

(escribí una linda noche de verano)

Hoy escribo desde un pozo. Si ustedes se asomaran no creo que


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llegaran a verme, pero, quédense ahí y escuchen todo lo que voy a decir. Acá abajo

está obscuro y húmedo, pero no es mi intención quejarme con lloriqueo porque pienso

que ustedes se irían.

Hace años que trato de salir y me lastimo resbalando por las paredes húmedas.

La historia de mi vida es tratar de cambiar lo malo como por arte de

magia, como si pudiera venir una llamada no esperada que realmente me cambiara la

vida.

Cada vez que me pongo a ordenar mi cuarto, me encuentro con que hay

demasiadas cosas, entonces me mareo y, antes de terminar, pongo todo en cualquier

lado. A veces me pasa lo mismo con las cosas que tengo que hacer: Las dejo durante

meses molestándome en la cabeza, sin hacerlas. Por lo común se transforman en un

alud.

¿Me haría bien de alguna forma dejar de lado mis problemas y acercarme a

Joe? Cada vez que me acerco me dice algo molesto. Ayer en el hipódromo hablamos

muy poco y en menos de cinco minutos ya me había dicho cosas de mala onda. No sé

si antes no era así o yo no me daba cuenta.


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Tengo que escuchar lo que me dice mi corazón. Dejar de hacer caso omiso a

los gritos de angustia que me llegan desde el interior. No hay forma de escapar de mí

mismo.

Pienso que es lógico que nadie me elija porque ni yo mismo me elegiría. No

me gusto como soy. No hay ningún trabajo que me venga bien y no puedo obligarme a

tomar cualquiera porque me enfermo, me angustio y sufro.

Josefina hizo mención a algo que yo hice el otro día. Podé una enredadera

muy grande que a mi entender estaba ahogando un jazmín.

Ella lo relacionó con una gran madre. Yo lo vi como una gran confusión de

ramas retorcidas que rigen mi vida desde el interior y realmente me estaban ahogando.

Eso es lo que quiero hacer, sacar las cosas de mi interior que me estén haciendo mal,

las que no me dejan trabajar en algo constructivo.

No me estoy esforzando para que estos escritos salgan con buena

forma. El contenido es todo lo que tengo.

De a poco voy encontrándome, no siendo tan duro y buscando una solución

sin necesidad de disociarme para lograrla, puesto que cuando creo encontrar una
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solución estando separado de mi interior, empiezo a

sentir angustia y no da resultado. La única forma de lograrlo es con un acuerdo entre

mis dos niveles y, para eso, tengo que estar realmente unido, no pensar que llevo un

enemigo dentro de mí que busca mi mal.

Aunque todavía no se largó, ya siento el olor de la lluvia.

Decidí quitar su foto de la pared. La foto en la cual ella está más linda. La

tenía colgada como un recuerdo, pero la miraba demasiado para mi tranquilidad.

Sacarla hizo que todo mi tubo digestivo hiciera pesas y algo se me oprimiera

en el pecho. Duro es separarse de alguien que uno quiere. Me voy a correr un

poco.

A veces, en mis largas horas de razonamientos, descubro que como un

paralítico o un lisiado tiene defectos insalvables en su cuerpo, yo los tengo dentro de

mí.

Durante años me quise convencer que podía cambiarlos. Ahora, después de

años de intentos, creo que a algunos los voy a llevar conmigo hasta la tumba.

La noche no era muy calurosa para la época del año. Me vestí

despacio mirándome en el espejo. Estaba lo suficientemente elegante, aún con el moño


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liberty.

Esa noche se casaba un amigo mío, alguien con quien yo había

pasado muchas situaciones, compartido muchos viajes, y aún así, nunca llegamos a

tener gran comunicación.

En la iglesia estuvo todo bien, hasta que llegamos a la fiesta. Soy un

tipo difícil y, en general, en mi vida me costó mucho hacer relaciones nuevas, pero esa

noche, cuando me acerqué a la mesa donde pensaba sentarme a comer y vi que no

había más lugar, supuse que iba a tener problemas.

Las dos mesas con mi gente estaban ocupadas y me quedaba

solamente una alternativa poco feliz de ocupar la mesa contigua, donde apenas

pregunté si había lugar me contestaron, afirmativamente, pero con muy pocas ganas.

Terminé sentado, la mitad de la comida, con tres chicas de nueve años -que

fueron lo mejor que me pasó en toda la noche- la otra mitad, estuve con mis supuestos

amigos, que se apretujaron un poco para darme lugar. Ya no tenía la mejor voluntad.

La mujer que no había querido salir conmigo se estaba tirando en los brazos

de otro. Aunque faltaba un tiempo para que los novios se fueran, me decidí por una

huida rápida y silenciosa. Me subí a mi viejo Peugeot y aceleré. No por mucho tiempo,

porque en medio de una desierta avenida, me quedé sin nafta. La impotencia me hizo

cerrar la puerta con más fuerza de lo razonable. La ventanilla estalló ¿Algo más podía
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pasarme esa noche?

Últimamente no tengo ganas de escribir, ni ponerme en contacto con mi

interior. Como si estuviera tratando de escapar de una realidad, como si no quisiera ver

algo. Quisiera dormirme y que, al despertar, todo fuera diferente, que la realidad fuera

otra. Como si esperara que las cosas se solucionaran solas, sin esfuerzo o complicación

de mi parte.

Estoy con gran ansiedad. Acabo de llegar de correr e iría otra vez. Siento unos

nervios internos imposibles de apaciguar y no quiero llenarme de comida para

calmarlos.

Hoy es uno de esos días que no puedo digerir mi realidad y en vez de

ir recomponiendo las cosas de a poco, voy destruyendo lo poco bueno que tengo, para

que no quede nada. No me reconforta ni siquiera el hecho de estar sentado

escribiendo conmigo mismo sobre lo que me pasa.

¿Quiero realmente bajar esos kilos? ¿Quiero bajarlos aunque tenga

que sacrificarme? ¿Me importa estar bien físicamente? ¿Me parece bien que los demás
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sepan que me muero de hambre con tal de no engordar?

Me tacho a mí mismo porque tengo la impresión de convertirme en

un superficial, como si tuviera el narcicismo demasiado exacerbado si uso sacarina en

vez de azúcar, si no como algo por no engordar.

Evidentemente me influyó lo que me dijeron los chicos: que estaba

loco si no comía cuando en realidad no estaba gordo. Ellos después se están diciendo

unos a otros si se ven más flacos o no cada vez que se encuentran.

Tengo que aceptar que a mí me interesa bajar esos pocos kilos y empezar a

sentirme bien físicamente. Todavía no encontré que es lo que hace que no pueda

hacerlo.

Se acerca el fin de año en forma alarmante. Me molesta pasarlo sin Mac.

Durante el tiempo que estuve con ella, intenté que me quisiera y que me aceptara. Creo

que le costaba pensar en decirme que no quería estar más conmigo, que el ideal de

hombre para ella era otro.

Yo no lo quise ver. Me duele mucho y no creo que sea fácil aceptarlo ahora.

Puedo escribir las cosas más tristes ésta noche y saber que nunca más va a

estar conmigo. Es una noche excelente, escucho a los grillos en el jardín. No todo es
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necesariamente tan malo bajo el manto de estrellas. Para poder vivir tengo que aceptar

que allí donde estaba Mac, hay un espacio vacío. Ahí donde estaba papá, también hay

un hueco y, donde estaba Rafa, lo mismo. Tengo que aceptar que me quedé solo.

Si alguna vez encuentro la felicidad, espero acordarme lo infeliz que fui a

través de éstos escritos. Espero poder leerlos y rememorar cómo empecé a vivir mejor.

Desde donde salí, cuán hondo era el foso que trepé.

Hoy estoy muy solo y sin embargo estoy conmigo. No estoy solo y disociado.

Estoy solo, pero entero. Y toda mi persona extraña a Mac y toda mi persona está triste.

Y toda mi persona no sabe qué hacer para ser feliz.

Si alguna vez encuentro a quien querer mucho y que me quiera lo

suficiente, le voy a leer esto que estoy escribiendo. Para que sepa lo solo que estaba

antes de conocerla.

Así tengo que estar. Así decidí estar. No voy a golpear donde no hay

nadie que me responda.

Ya no estoy triste y la noche sigue estando bárbara. Yo sigo estando

solo, pero con un poco de música. Solo pero con grillos.

Esperaba que mi vida fuera ordenada y lógica. Supuse que las cosas iban a ir

saliendo solas. Lo que estuviera mal, se iba a ir cambiando solo. Un día alguien se iba a
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fijar en mí, ver lo bueno que yo llevo dentro, que las cosas de a poco se iban a ir

logrando.

Me iba a recibir de veterinario, empezar a ganar plata, conseguir un trabajo

que me gustara, encontrar a alguien que me quisiera y a quien querer.

Una noche empecé a darme cuenta que podía ser. Mac podría ser. La veía

divina, gamba, sociable, entretenida, divertida, monísima. Me trataba como a alguien

muy importante. Nos enamoramos y creí que se habían terminado mis problemas. Me

tenía que recibir y listo. Creí estar muy cerca y mírenme ahora. Estoy solo, pobre, sin

trabajo reconfortante, un veterinario que no si ejerce, sin novia y sin sueños.

Antes me acostaba a dormir y soñaba despierto en cómo iba a cambiar mi

vida, con esto y con aquello. Ahora, cuando me acuesto a dormir le pido a Dios

dormirme rápido. Los sueños también me abandonaron. Quedé solamente yo, que no

es mucho en este momento.

De ahora en más puedo esperar cualquier cosa de la vida. Puedo quedarme

soltero, puedo casarme, trabajar como veterinario o no. Espero tener momentos felices

y tener un hijo. Así como una vez lloré por el hermano menor que nunca tuve, creo que

voy a llorar por mi hijo, si no logro tenerlo alguna vez.

Caminando a lo largo del río, en Punta Chica, estuve mirando con


1

interés varias casas. Casas siempre sólidas, bien construidas y con pinta de "buena

vida". Sentía en ese momento que para satisfacer mi necesidad, yo tenía que vivir en

una casa como cualquiera de esas. Para ser feliz tenía que estar en una de esas casas.

Todo esto me hizo pensar en papá. Todo me hizo pensar en que

nunca voy a sentir eso otra vez. La serena tranquilidad y seguridad de aquellos días.

Siempre pensé que yo no me expresaba correctamente y es por eso

que las personas no hacían lo que yo quería. Que para lograr que lo hicieran, debía

explicárselo mejor y que, de esa manera, había posibilidad de que lo hicieran.

Repetí mucho eso con Mac. Decirle y decirle lo que yo quería, como

si ella no entendiera.

Igual que mamá entendía perfectamente, pero no querían hacerlo.

Cuando pienso en lo que progresé en este tiempo sin Mac, no puedo

dejar de pensar en que fue para bien nuestra ruptura. De a poco me fui unificando y,

ahora, por lo menos estoy solo, pero conmigo, me enojo estando conmigo y, me río,

también conmigo.

Un problema que me surge es que solo no puedo darle valor a las cosas y que

nadie puede darles valor por mí.


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Fue un gran logro el haber escrito hace ya algún tiempo que disfrutaba éstos

momentos de soledad, frente a una hoja de papel.

Fue unos de los primeros actos de soledad, que no necesitaban de alguien

más. Pero hasta en eso hay una trampa, porque me parece que comparto estas hojas

con alguien, aunque no esté realmente ahí.

Espero con el tiempo empezar a disfrutar, como en esta tarde, el salir a

caminar por el bajo, el sentir las caricias del sol, el correr, el reír, respirar, cantar, vivir,

solo conmigo mismo, sin necesidad de compartirlo con alguien para que sea completo.

En cambio, hasta ahora, sin importar lo que hiciese, como mirar un amanecer

espectacular o correr un lindo anochecer, para que fuera completo debía estar

compartiéndolo con alguien más.

Digo, hasta ahora, como si no fuera a pasarme más. Es posible que

lo sienta así toda mi vida, porque no tuve oportunidad de decidir ir solo a algún lado o

ir con papá.

Valoro lo que estoy viendo de mí, me hace bien. Voy progresando

en conocerme, en no tacharme tanto. Independientemente de un resultado futuro,

agradezco a Dios el haberme permitido ver con un poco más de luz a los fantasmas que

me maltrataron y atemorizaron -y aún hoy lo hacen- durante tanto tiempo.


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Espero una nueva navidad distinta y buena para mí y para los que

quieran o no les quede otra, que compartirla conmigo.

Ayer no escribí nada y por eso es que hoy me siento tan disociado.

Encontré en éstas hojas, después de años sin poder hacerlo, una forma de comunicarme

con mi ser más interno. A medida que escribo siento que voy unificándome. Logro

descubrir las cosas que me están molestando, puedo registrar lo que quiero hacer, no

escondo nada.

En cambio, cuando paso un tiempo sin escribir, el mundo empieza a

volverse hostil y yo, difícil de entender, como para saber lo que me va pasando.

¿No será Andrés que ellos ya no son más amigos tuyos? ¿Que tal vez no les

importe que estés solo o no, que sufras o no, o si querés estar con ellos o no?

Al separarme de las personas que suponía eran amigos míos, me doy cuenta

que si yo estoy o no, para ellos no cuenta para nada. El hecho de buscarme no existe.

Es muy triste darse cuenta de algo así. Evidentemente tengo por costumbre elevar las

relaciones por encima de lo que realmente son. Magnificarlas.

Esto duele, pero por otro lado me pregunto si no es una suerte el hecho de

darme cuenta que ciertas relaciones me hacen mal, me desvalorizan. No se puede estar
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permanentemente golpeando a una puerta, cuando detrás hay muchas personas y

ninguna se mueve para abrirnos. Aunque sean todas puertas diferentes y detrás haya

alguien que no quiere abrirnos. Una por cada supuesto amigo.

La noche está bárbara. Siento que la desperdicio por no estar más

contento.

¡Qué agradable es la gente cuando se divierte! ¡Cuantas sensaciones

agradables somos capaces de sentir! Mientras escribo entra la brisa nocturna por la

ventana y me roza la cara. Bárbaro. Así como sufro cuando estoy triste, debo confesar

que cuando algo me gusta, me llega muy hondo al corazón.

Mañana, cuando despierte, voy a amanecer solo, como todas los

días. Sin posibilidad de estar acompañado ¿Cuando va a terminar mi sufrimiento?

¿Cuando muera?

Soy muy terco, muy obsesivo y perdí a mi padre ¿Por qué no puedo

creer que Mac no quiera estar conmigo aunque la estuvieron besando delante mío

durante toda la noche? La vida está muy difícil para mí.

Llueve esta noche de verano y yo trato de escribir. Llueve frente a


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mi ventana, y no puedo admitir lo que vi anoche. ¡Qué martirio! ¡Qué tristeza! ¡Qué

soledad! Esta noche no puedo remontarme.

Te pido Dios que me asistas, que me mandes uno de tus ángeles para que me

haga compañía, por favor, no me dejes solo. Aún estando conmigo, estoy solo, te lo

pido con el alma, tirame una cuerda. Acá abajo está muy duro para mí.

Me queda toda una vida por delante, pero ningún interés en vivirla.

Me subí al auto y antes que alguien me viera llorando, me fui a dar una vuelta.

Tenía miedo que vinieran todos a casa y me encontraran expuesto de esa manera.

Leonardo siempre me dice que trato de reparar lo irreparable. Con tal de

continuar la relación. Es verdad.

Jugando un partido de paddle con unos amigos, caí en la cuenta de que era un

juego triste para mí esa tarde. Pero solo para mí, aunque jugábamos todos el mismo

partido.

Cada una de las veces, creí que la alegría había llegado para quedarse. Sin

embargo siempre volvía el bajón. Siempre aparecían cosas que estaban mal.
1

Es un atardecer tormentoso. Con mucho viento y movimiento de

ramas en los árboles del fondo del jardín. Siento una agradable sensación de bienestar

y seguridad al mirar por la ventana de mi cuarto como se agita el mundo con la

tempestad.

De la misma forma mi cuerpo protege a mi alma y, quien lo

garantiza, soy yo mismo. Nada ni nadie más.

En la medida que trato de no engancharme golpeando puertas de

personas que no quieren abrirme, voy viviendo con más ritmo y con mayor control

sobre las situaciones. Alguien siempre me va a querer abrir.

Hace bastante tiempo que no veo a mis antiguos amigos. Cuando

decidí dejar de llamarlos, se terminó la comunicación. Nunca preguntaron por mí.

Tengo bronca porque no lo hacen.

Pasó navidad. Y lo hizo difícil, con rollo.

Acabo de recibir una llamada de Rafa, uno de mis antiguos amigos

que quiso saludarme por el fin del año. Se lo agradezco mucho.

Me cuesta mucho aceptar que en la vida hay cosas buenas y malas. Que las
1

cosas salen bien y mal. Que a veces se gana y otras se pierde. Me molesta mucho

perder, pero voy a tener que acostumbrarme si quiero ser feliz.

Empecé un nuevo año y realmente tengo que admitir que lo hice muy bien. La

noche del treinta y uno brindé a las doce con mamá, Momo y María José y me fui a

bailar a New York City. Fue como una prueba y la pasé con honores porque conocí a

una chica que me encantó y me dio bola. Quería probarme que podía ir a cualquier

lugar y que no era menos que ningún otro.

Si no hubiera estado con ninguna chica me hubiera sentido mal, eso lo tengo

claro.

Últimamente me va bien, pero cuando no es así, me vuelven todos los miedos.

Me angustia saber que me siguen molestando las mismas cosas. Saber que si

agarro por el mismo camino llego al mismo lugar.

Mariana me seduce, porque después de mucho tiempo de estar

poniéndome en el centro, ella lo ocupa. Me puedo correr a un costado y escuchar lo

que dice. Puedo captar casi todo lo que le pasa y eso me gusta. Me pega fuerte, duro y

en el lugar indicado. Siento que vuelvo a tener cinco años y vuelvo a perder a papá
1

cada vez que ella se distancia un poco.

¿Cuando voy a poder digerir la muerte de papá? Espero que sea pronto,

porque todo esto me entristece mucho. Ayer creí que había dado un paso adelante,

estaba contento, pero el sufrimiento me llega en las mismas circunstancias cada vez.

Me cuesta admitir que la vida te da y te quita lo que quiere. No puedo hacer

nada contra eso. Si quiero vivir tengo que estar preparado para que eso me pase y,

además, se repita.

Sé que si agarro por el mismo camino llego al mismo lugar y, ahí, soy

derrotado otra vez.

No quiero aceptar la tristeza como parte de mi vida. Al estar triste creo que

todo anda mal, que todo tiene que ser reparado.

Después de haber vivido ese momento extraño y mágico al

escucharla hablar sobre sí misma, sobre lo que le pasaba y le gustaba, sobre sus

caprichos y su vida, no puedo aceptar sin una enorme tristeza el no poder verla más.

Como por arte de magia, recién llamó. De cualquier manera nada cambió.

Es una excelente tarde de verano. Y, si, algo cambió.

Estoy por salir rumbo a Chile. Antes quise tomarme un tiempo para escribir
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ciertas cosas que están frescas aún en mi mente y considero importantes.

Conocí una mujer con la que me identifiqué enormemente, con mi vida hasta

que murió papá. Creo que es la imagen de lo que yo hubiera podido ser en caso de

haber seguido papá con vida.

Podría ser una fantasía mía, pero caló muy profundo dentro de mí. Cuando la

conocí, automáticamente la quise. Creo que porque me quiero a mí, a ese Andrés tan

esperanzado y omnipotente de cinco años.

Anoche me encontré soñando con triunfar, como no lo hacía desde

mi época de disociación.

Tengo que acordarme que no fue fácil para mí, que me faltó el viejo

y que todavía me falta.

Tranquilo Andrés, tenés que buscar tu forma de hacerlo. no te

taches. Es importante que hagas crecer a ese señor de cinco años, hacerle ver que la

vida es distinta a lo que él cree. Hacer que madure.

Me preocupa rechazar mi posición actual, por no haber encontrado

lo que quiero hacer. Esa es mi realidad en este momento, me guste o no. El rechazarme
1

tira por la borda el camino que fui recorriendo con tanto esfuerzo.

Debería volver a las bases. Volver al fondo del pozo, en donde

estaba obscuro y difícil. De ahí pude salir, pero al ver que tengo cosas que no me

gustan en mí mismo, me siento disconforme.

Tengo mucho miedo. Mucho miedo y mucha exigencia a la vez. Debería

entender de donde vienen. Miedo a que lo que me gusta se disuelva y exigencia por

lograr tenerlo.

¿Cómo hacer para que ese Andrés madure? Madure y pueda aceptar a éste de

treinta años: Ahí está la trampa. Y no se por donde abrir la puerta. Ya estuve antes en

ésta posición y no pude salir.

Las opciones son: o que mi realidad actual cambie hasta hacerse conforme a

mis expectativas de mis cinco años -cosa imposible- o adecuar mis expectativas en este

momento a mi realidad actual y aceptar donde estoy parado.

En este último tiempo encuentro dos personalidades dentro de mí y, sólo

cuando logro reunirlas, me parece que estoy funcionando bien. Hay ciertas cosas que

evidentemente hacen que mi figura más íntima corra a protegerse. A partir de ese
1

momento circulo como si alma me hubiera abandonado y quedara falto de substancia.

¿Será que mi alma tiene sólo cinco años?

No quiero privilegiar los deseos de los demás sobre los míos, a no

ser que sea yo quien así lo decide.

En general cuando mi interior se aleja de mí, lo hace por que no

tomo con suficiente seriedad sus avisos. Voy a tener que detenerme en cada sensación

de angustia y analizarla con cuidado.

Nadie más que yo tiene que reconocer el gran esfuerzo que estoy

poniendo en salir adelante. Me esfuerzo por salir del laberinto cada vez, por reunirme

conmigo cada vez que me separo, por saber lo que quiero. Pero nunca lo valoro. No

valoro mis logros, ni respirar, ni correr, ni bailar. No valoro conducir un auto, ni tomar

sol, ni escuchar música.

Esta mañana se fue Josefina y era la única persona de todo Chile que

podía captar el momento que estoy viviendo.

Siento que mi oportunidad no dura toda la vida, tiene un tiempo

limitado. Pensar en eso me trae angustia, como si tuviera que correr, aunque sin ganas.
1

Por eso considero importantes estas vacaciones, no para recargarme, como si

fuera una pila cansada, sino para poner las cosas en su lugar. Para descubrir por qué me

separo de mi interior a cada momento y encontrar la forma de reunirme con mayor

rapidez.

Cuando conocí a Mac, pensé que todo lo que me había costado hasta ese

momento se iba a solucionar como por arte de magia. Me acuerdo que incluso Joe, me

decía que en ese momento las cosas iban a encarrilarse en mi vida.

Fue duro bajarme de esa fantasía y darme cuenta que no importa como hacen

los demás para salir adelante, lo importante es cómo puedo lograrlo yo. Lo importante

es saber lo que a mí me importa, lo que a mí me duele. Qué cosas tienen valor para mí.

Esta es mi idea de las vacaciones, estar todo el tiempo que pueda conmigo y

tratar de no disociarme más.

Permanentemente necesito que las otras personas valoren lo que hago. Eso me

lleva a depender de los demás para estar bien. Acercarme a alguien significa hacerlo

depositario de mi estima.

Un ejemplo de esto fue cuando conocí a Mariana y me dijo que nunca estaría

con un vago. Yo siento lo mismo. Me siento vago de alguna forma, cuando no hago lo

que se espera de mí.


1

Cuando encuentro algo que no me gusta, me rechazo de plano.

Es difícil vivir renegando de nuestra condición humana. ¿Cómo saber cuando

enojarnos? ¿Conduce a algo? Pero ¿Podemos evitarlo?

Me trato más como a un enfermo, que como a una persona que está

buscando su camino.

¿Para qué estar tan apurado en lograr llegar al final, si una vez que

llego, empieza todo otra vez?

¿Qué tiene de malo estar en la lucha?

Ayer fui a comer con Rafa y Paula. Una vez más quedé mal. Me cuesta

mucho estar con otras personas. Ellos se relacionan con mucha gente y yo estoy solo.

Pero no me gustaría estar en su lugar, tampoco me hubiera gustado quedarme más

ayer.

Fui perdiendo muchos amigos. La mayoría no me valora en lo más mínimo.

Ya no les interesa estar conmigo. Supongo que en una época les gustaba, pero yo no

era el que soy. Me preocupaban otras cosas.


1

Cada día que pasa estoy más lejos de la perfección. Cada día estoy más viejo,

tengo menos pelo, más caries arregladas, corro peor. Sin embargo siempre insistí en

que para ser feliz debía estar todo bien. Ante cualquier error, sufro una frustración

enorme y me angustio porque indica que no voy a poder ser feliz.

Por eso me enganché tanto cuando Dolores volvió a casa de mamá después de

tanto tiempo de haberse ido. Fue un ejemplo claro de que las personas con

problemas no salen adelante.

Durante muchos años la única manera de estar contento era imaginarme que

todo estaba en su lugar pero, claro, eso me volvía tremendamente ciclotímico, porque

cuando surgía algún contratiempo, todo se venía abajo. Todos estos años estuve

tratando de armar algo imposible de sostener.

Cada día vivo con la necesidad de encontrar una razón para haber malgastado

mi vida durante todos éstos años y una vez que creo encontrarla, pienso que al día

siguiente todo va a cambiar por el descubrimiento.

Cuando llega el otro día y me molesto y me siento mal por las

mismas cosas, vuelvo a frustrarme, de forma tal que el círculo comienza nuevamente.

Por lo tanto, otra vez, no paro hasta descubrir otra causa que pueda justificar tanta
1

infelicidad y tanta mediocridad.

Este modo de proceder me permite encontrar grandes cantidades de

pensamientos equivocados y reglas falsas de mi interior.

A pesar de ello, sigo sintiendo mucho miedo. Miedo a quedar

atrapado y que cada día sea inexorablemente peor, irremediablemente peor.

Siento miedo de quedar encarcelado. De quedarme paralítico antes de lograr

correr. De morirme antes de lograr vivir. De no poder despertar.

Cuando pienso que la valoración que me importa es la de los demás,

me doy cuenta que debería importarme la mía, pero cuando creo que cuenta sólo la

mía, aparece la necesidad de aprobación ajena y allí me confundo. ¿Qué es lo

importante? ¿La valoración de los demás, la mía propia o ambas?

Me inclinaría a creer que ambas son importantes si deseamos llevar una vida

plena. Pero el necesitar a ambas o perderlas, me lleva a la pobreza de espíritu y a la

tristeza.

Nubes de tormenta atraviesan mi alma en este momento de transición. Salí

para ver qué descubría en la calle y me deprimió bastante. Últimamente todo me

angustia o me deprime. Añoro los tiempos de bonanza y fuerza interior.


1

Hace rato que intento descubrir los caminos a través de mi inteligencia,

encuentro vueltas lógicas dentro del laberinto, pero pierdo de vista los sentimientos que

dirigen muchos movimientos en mi vida.

¿Dónde dejé al romanticismo y al amor? Los vendí y me quedé en cambio con un frío

análisis de la situación, sin darme cuenta lo unidos que están en general nuestros actos

con nuestro corazón, nuestras demandas con nuestro alma, nuestros gritos con nuestra

frustración.

Me llamo Andrés, el que llora cuando siente la valoración de los

demás, el que disfruta sacando la cabeza fuera de la ventanilla del auto para saborear

el aire nocturno. Ése, al que le gusta sonreír con complicidad. Ahora ese Andrés está

solo. Solo porque me fui separando de mis antiguos amigos. Solo porque no sé como

buscar otros nuevos.

Muchos amores tallaron mi alma y la esculpieron como a una roca.

Pocos fueron duraderos, en realidad muy pocos, pero a todos los llevo dentro de mí, ya

forman parte de mi ser.

En éstos escritos estoy yo. Más allá de que sean leídos o quemados o

extraviados. Yo estoy en estas hojas, con mis miedos y mis virtudes. El valor es una
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virtud. El temor es un defecto.

Aunque estoy dispuesto a escuchar los aullidos de mi interior, no

quiero estar escuchando uno en cada minuto. Me resulta insoportable. Por momentos

quiero una cosa y al segundo siguiente quiero otra. Entonces nunca obtengo lo que

quiero.

Los deseos se vuelven tan puntuales, que nunca coinciden con el tiempo para

hacerlos realidad. No deseo la realidad sino la fantasía de mi imaginación, busco lo que

no existe, porque lo persigo en un momento determinado, no sirve ni antes ni después.

Ayer llamé a Josefina durante horas porque quería hablar con ella, hoy la

encuentro y no quiero verla. Situaciones histéricas, difíciles de frenar. Me siento un

pelotudo.

Durante años me estuve tachando a mí mismo. Viviendo con un Andrés

encarcelado detrás de un muro, en una lugar lúgubre y sombrío, triste y húmedo,

oscuro.

Por alguna razón desconocida, lo había ahogado, y tratado de borrar,

forcejado con él y decidido, de alguna forma que aún hoy no entiendo, que lo mejor era

enterrarlo en ese lugar.


1

No conseguí vivir con la mitad de mi persona escondida. Sus gritos hacían

imposible emprender cualquier empresa.

Por fin, éste año estuve tratando de sacarlo de

esa cárcel, aflojarle las cadenas y pedirle que me acompañara a vivir por el resto de mis

días.

Al principio, el resultado fue asombroso, después de tanto tiempo

solo, fue magnifico sentirme unido otra vez. Pensé que podía enfrentarme a todo, me

sentía poderoso.

El jolgorio duró poco. Porque al poco tiempo esa parte, antes

tachada y encarcelada, se convirtió en el peor de los dictadores. Sin visión de futuro,

sin rumbo fijo, aceptando solo lo bueno y rechazando lo malo con tal fiereza que

implicaba cada vez una frustración enorme.

Al poco tiempo la indecisión se apoderó totalmente de mi persona,

porque a cada minuto las opiniones sobre lo que se quería hacer eran diferentes.

Durante esos días mi desesperación fue muy grande.

El tratar de complacer esos caprichos permanentes y esas futilidades,

me hizo sentir como un imbécil.

Ahora entiendo por qué me tache a mí mismo: No pude controlarme,

no pude tomar las riendas de mi vida de otra manera.


1

Ahora, unos años mayor y con la ayuda adecuada, espero poder triunfar sobre

los problemas que me aquejan sin necesidad de tapar todo y renunciar de esa manera a

tratar de ser feliz.

Algún día, quizás, pueda darme cuenta y asimilar que no me falta nada. Que

tengo todo lo que se necesita para luchar. Ningún arma mágica, pero si todo lo que hay

que tener. Nadie me quitó nada.

Estoy deprimido y veo al futuro como algo incierto y difícil. No como a un

aliado sino como a un enemigo, algo desfavorable.

No confío en la vida. Me da y me quita lo que quiere. Me siento como un

títere que no puede tallar su vida, sino que ésta hace lo que quiere con él. Eso me deja

sin ningún tipo de seguridad. ¿Cómo enfrentar al mundo con este miedo? ¿Cómo

confiar? ¿Cómo tener fe en algo que nos quita lo que quiere?

Cada día más y más gente vive como puede. Sufriendo la falta de dinero y

trabajando de sol a sol, para poder pagar su vida.

¿Quiero ser uno más de ellos o ni siquiera me animo a salir al ring? ¿Cómo obtener las

cosas que busco sin luchar? ¿Tengo algún tipo de alternativa? ¿Qué va a cambiar?
1

¿Llevaran los caminos de mi laberinto a un final feliz? ¿Cuál agarro?

Choqué el miércoles pasado y vivo en una permanente bruma desde

entonces. Siento que no puedo hacer lo que quiero, como si una pesadilla se cerrara

sobre mí. Y es sólo porque no tengo auto, como muchísimas otras personas viven toda

su vida.

A decir verdad, no sé si mañana va a salir el sol. Es terrible pero

dudo hasta eso.

Muchas veces creo que soy un cagón. Cuando me hablan de una

persona que le pegó a otra, lo admiro porque creo que pudo defenderse. Siento que no

puedo defenderme. A veces en los sueños trato de pegarle a alguien pero mis puños no

lastiman, no golpean, no le hacen daño a nadie.

Creo que no peleo por miedo. Sin embargo cuando por alguna razón tengo

una discusión fuerte con alguien físicamente más chico que yo y con el cual no

temería una represalia, tampoco le pego. En ese momento que podría aprovechar mi

fuerza física, no lo hago. Obviamente para no lastimar al contrincante. Sin embargo,


1

cuando me encuentro con alguien de mayor envergadura, con el cual seguramente

saldría lastimado, si no me voy a las manos, me considero un gallina.

¡Cuanta energía hay que tener para emprender algo con la obligación de que

salga bien!

¡Qué angustioso es jugar un partido de paddle si uno tiene que demostrar que

es el mejor de la cancha!

¡Qué difícil es estar con una chica si uno tiene que conquistarla sí o sí, aunque

no sepa si le interesa!

Hay veces que me siento a escribir por obligación. Pero a medida que me

encamino hacia el interior de las hojas, una luz guía mis palabras.

En otros momentos circulo a ciegas, sin rumbo fijo, esperando encontrar algo

que me ayude.

Esperar tiene algo que molesta a todas las personas. Saber hacerlo

implica entonces asumir que uno no tiene control sobre el suceso en sí, sino que

depende de otros factores.

El asunto sería depender hasta el límite que yo decida.


1

Quizás buscando gustarle a todas las mujeres, quería gustarle a

mamá. Me parece muy triste.

Para poder satisfacer algo, hay que encontrar lo que uno busca.

Podría significar que estuve tratando de alcanzar el agrado de mamá.

Gustarle a una chica no me puede devolver gustarle a mi madre. Me parece que cuando

en una familia hay tanta desigualdad en las preferencias de una madre, entonces los

menos preferidos pueden confundirse, creyendo que les falta algo para poder salir

adelante, que eso que no alcanzan les bastaría para poder convertirse en seres

completos y vigorosos.

Hablando con Dolores encontré la resistencia, que tenemos todos los hijos,

con respecto a enfrentar a mamá. En ésta familia hay un orden establecido por ella y

tratar de romperlo aun dentro de nosotros mismos es una tarea muy difícil. Pero dentro

de mi persona quiero mandar yo, no mi madre.

Tengo miedo de irme a vivir solo. Terror a que sea peor que ahora, que

requiera más esfuerzo vivir, del que estoy haciendo acá, mientras vivo con mi madre.

Ya bastante esfuerzo me lleva.


1

Estoy criado en una familia en donde lo inalcanzable se transforma casi

siempre en lo anhelado y en lo que seguramente nos daría la felicidad. Cuando no

alcanzo el lugar preferencial de mi madre, entonces calculo que es eso lo que me falta

para ser feliz.

La felicidad es un hecho que no va a ir nunca con aquello que perdemos o

escapa a nuestro alcance. Eso es seguro que no es para nosotros. Nuestra felicidad está

en lo que tenemos, en lo que nos es posible conseguir, en lo que logramos y no en lo

que nos falta.

Recién ahora empiezo a entender que no controlar

todo puede ser muy bueno para mí. Me quitan responsabilidad. Le da más lugar a las

demás personas de este mundo y, eso, lo hace menos árido, más poblado. Hasta hace

poco o estaban conmigo o no existían. Me gusta que anden pululando por ahí.

Castigando a derecha e izquierda me abro paso entre mis hermanos.

El que sale más golpeado soy yo. Yo, que digo cosas. Yo, que entiendo y puedo estar,

entonces, al alcance de unas y por encima de otras. Yo, con la boca hinchada por decir,

por mostrar lo que otros no quieren ver.


1

Formo parte de una familia, cuyo orden no comparto. Sin saber cuál es el mío,

entiendo que no es con el que viví durante todos éstos años.

Cuando en días como hoy, veo el orden al que son sometidos algunos

sobrinos míos, me invade un gran dolor y angustia. Supongo que me hacen recordar

años pasados, en los cuales no había alternativas para mí.

Sin embargo, sentado aquí, en casa de mamá, es como si yo estuviera dentro de ese

mismo orden. Y lo estoy. Y en realidad más que un orden, es un desorden.

Abrumador. Injusto.

Estuve dentro de él durante años, sin saber que me era permitido salir y que

sólo afuera podría encontrar la vida plena, con sus penas y alegrías, pero vida al fin.

A medida que pasa el tiempo y logro tener fuera de casa pequeñas muestras

de alegría que la vida puede darme y cómo buscándolas a veces se me dan, me doy

cuenta la gran perdida de tiempo que significó mi educación. Debo agradecer a Dios el

haberme proporcionado el atisbo de una puerta.

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba una caminata en medio de ese aire

puro, con el mar como marco de un montón de recuerdos y sensaciones. Eso es para mí

Mar del Plata, una ciudad con historia. La siento ordenada y limpia.

No tengo claro por qué no termino de aceptar que los demás no me acepten.
1

Supongo que todavía debo creer internamente que necesito la aprobación de las

personas con las cuales estoy compartiendo algo.

Desacuerdo. En casa no estuvo permitido. Siento que no puedo

tolerarlo y que, sin embargo, está presente en casi todos los días de mi vida.

Es una excelente noche invernal y estoy esperando un cambio.

Cosas que antaño lograba satisfacerme en parte, ahora no lo logran. Sólo son intentos

fallidos de tapar algo que estoy buscando cada día con más ansias.

Cuando, hace un mes, le dije a mamá que no quería que nuestra

relación fuera sólo que yo estuviera haciendo cosas útiles para ella, sino ver que

comunicación lográbamos entre nosotros, se produjo silencio. Y esa incomunicación

persiste hasta ahora.

Como conclusión tomo que no me quiere. No le interesa mi

crecimiento pero sí le interesa que le solucione problemas prácticos.

¿Cuál es el tipo de relación que me gustaría tener con ella?

Supongo que una en la cual poder hablar de los problemas que tenemos y

cómo solucionarlos, sin que ello indique un pedido de solución. Poder pasar buenos
1

ratos viendo una película o tomando algo o disfrutando de una buena conversación.

Pero me parece muy complicado si ella no acepta mi individualidad.

Logro relacionarme únicamente como proveedor. Y ante un proveedor uno

puede elegir a otro, quedándose el primero sin trabajo. Como si yo cumpliera una

función determinada en mis relaciones de forma tal que sólo importa lo que soy capaz

de dar. No importa si tengo otras cosas buenas o malas (todo pasa por el verbo tener).

Yo soy más de lo que tengo. Ser es más que tener.

Dicen que el amor es dar y recibir. Me parece que tiene que haber algo más y

es como si dentro de mí no entrara otra cosa que no fuera tener. Me siento dentro de un

círculo que fue marcado para mí y del cual no puedo salir. Hay una raya que no me

deja ver más allá. Y para poder traspasarla voy a tener que entender que hay en el ser

aparte de tener.

Ganas, alegría, buena onda, sinceridad, serenidad, diversión, son

palabras que indican fenómenos del ser, que no pasan necesariamente por dar y recibir.

Uno no da ganas, las siente.

En general, cuando voy a bailar, la paso bien cuando ya se fue la chica que
1

pude conocer y estoy tranquilo mirando la buena onda de la gente, con la sensación

satisfactoria de la tarea cumplida.

Es como si en el fondo, la chica que conocí, no me importa, pero me da la

posibilidad de poder disfrutar después la buena onda de la noche sin problemas. Ella

pasa a engrosar la lista de conocidas en mi agenda.

Es claro que hay algo tramposo en mis salidas, porque detrás del genuino

alegrarse por la victoria o que a uno le vaya bien, va escondido el deseo de enmascarar

en parte mi angustia e insatisfacción y los aullidos desesperados de mi interior, cuando

creo que el trofeo es lo suficientemente lindo.

No salgo para divertirme sino para acallar una insatisfacción. Lo máximo que

logro es un poco de distracción.

Podría creerse que mi insatisfacción proviene de no tener trabajo de

veterinario, pareja o profesión establecida. En cambio, creo que no va por ahí. No es

eso lo que busco.

Ya no cuestiono solamente a mi familia, sino a la sociedad toda. Me siento

obligado a pagarle a las chicas cuando salgo y en realidad me parece que está todo muy

prostituído. Yo no soy quien impone las reglas, pero pareciera que tengo que oponerme

a ellas o aceptar sin enojo que los demás no se cuestionen lo que a mí me molesta.
1

La sociedad impone un orden que se considera inmutable. Yo me siento como si

tuviera todas las contras de ser un adulto, pero ninguna de las ventajas. Porque una de

las principales ventajas es poder elegir permanentemente, ser libres. Sin embargo yo no

lo hago, vivo detrás de algo, debajo de algo.

Cuando impongo mi voluntad siento que voy a ser abandonado.

Tanto mamá como mi abuela Momo nunca hicieron nada por ellas

mismas, siempre debía ser para otra persona. La razón de hacer las cosas estaba

siempre por fuera de sí mismas. Como si no estuviera permitido. Como si uno mismo

no fuera razón suficiente.

Tomando éste modelo tengo que encontrar una persona que actúe como

beneficiaria de mis acciones. No puedo ser yo mismo.

¿Quién puede afirmar lo que nos va a deparar el destino?

Aquí, sentado frente a mi escritorio escucho sonidos tortuosos provenientes

de las palpitaciones de todo mi ser al enfrentarse con la idea de la soledad. A eso le

temo.
1

Andando en bicicleta me encontré con una calle empedrada. En vez de hacer

una cuadra para atrás, que no me importaba porque no iba a ningún lugar fijo, seguí

para delante, incómodo por las piedras. Todo por no querer desandar parte del camino.

Siempre estoy buceando dentro de mí para encontrar las estructuras que la

educación y mi familia construyeron ahí.

Cuando me angustio por algo, empiezo a comer como si fuera la última vez, y

me pregunto si no es una forma de reaccionar ante los problemas de la vida.

Me resulta molesto estar solo pero con los deberes hacia otra persona. En

casa, estoy con otras personas que esperan que yo les resuelva parte de sus problemas y

sin embargo estoy solo cuando se trata de preocuparse por solucionar mis problemas o

cuando se trata de atender a mi persona.

¿Para qué estar con alguien si sólo aumentan nuestras responsabilidades?

Preferible estar solo o con personas que quieran darnos un verdadero lugar

para poder conversar.

Pasan los días y me doy cuenta que no importa donde esté para ser yo. Tengo

que trabajar para eso me encuentre donde me encuentre. Y, por suerte, a las armas las
1

tengo siempre a mano.

El río es siempre el mismo, sea en el origen o en la desembocadura.

El río siempre está ahí, siempre avanza.

¿Por qué debo llevar una botella de vino a la comida? Tanto si la

llevo, como si no lo hago, me siento mal. No se cuál de las dos opciones es mía y cuál

es de una estructura impuesta dentro de mí. ¿Cuál de las dos angustias es la genuina?

Me siento inseguro cuando no hago lo que se supone que debo hacer. No quiero obli-

garme a hacer cosas formales buscando aprobación. En realidad si me invitaron, es

como un regalo ¿Quiero regalarles?

Domingo cubierto de nubes. Mediodía. Tuve que prender la lámpara

del escritorio para poder ver. Varias ideas azotan mi mente.

Ayer fui a dar una vuelta y regresé insatisfecho por no haber podido conseguir el

número de teléfono de ninguna chica. Reniego muy fuertemente de mi forma de ser, en

la cuál termino siempre de la misma forma, insatisfecho.

Ayer salí a dar una vuelta y tuve varios llamados de atención. El primero fue

cuando después de decidir de buen humor que quería conocer a alguien, me encontré
1

pensando en mi antiguo auto y sus inconvenientes. Hace muchos ruidos que

verdaderamente me molestan. Esto hizo que me enganche con algo mío y empezó a

molestarme estar en el auto y también estar conmigo.

Al ver que no estoy bien, me pongo peor. A nadie le iba gustar estar conmigo.

Cuando logré sortear éste inconveniente -en realidad dejarlo un poco al

costado- fui a "La Cuadra", un lindo pub de Belgrano. Me interesé por una chica muy

linda que trabajaba de maître y estuve charlando un poco. Era muy simpática. Entre

dimes y diretes le pregunté qué iba a hacer en su día libre, me contestó:

-Voy a ver- y se alejó. Volvió a acercarse un poco después, pero me daba la impresión

que me esquivaba. Supuse que era una forma de decirme que no quería salir conmigo y

me fui. Pero no convencido, sino pensando que aunque había hecho bien en no seguir

con algo que pudiera terminar en un rechazo, sentía que tenía que volver.

Me fui a bailar y otra vez tuve un llamado de atención cuando una chica no

me dio bolilla. De cualquier manera insistí un poco, pero yendo directamente al tema

de la edad. Al alejarme me sentí muy mal, abandonado y paria.

Me fui a dormir insatisfecho. Ese fue mi último llamado de atención.

Pareciera que terminé la noche tal cual la empecé. Y el problema

creo que estuvo cuando empecé a sentir los ruidos de mi auto y a creer que, como él,

yo tengo hace tiempo que solucionar algunos temas que aparecen una y otra vez.
1

Quiero suponer que no los estoy encarando por el lugar que debo,

porque todo debe tener solución. En realidad hay ciertas cosas que no tienen arreglo.

Aunque yo entiendo que soluciono muchos temas a diario, debe haber alguno con el

cual me engancho porque no obtengo respuesta.

Estuve durmiendo un rato. Creo que me dieron ganas de dormir porque se

ponía muy denso lo que estaba tratando de ver.

Ahora mismo, me da rechazo y cansancio pensar en eso.

Me dormí pensando si tiene solución lo que trato de resolver y me desperté

pensando que quiero comprar algo, pero sin perder plata.

Puede haber una trampa en esto: Ambas cosas pueden ser verdad. Pueden

tener solución únicamente cambiándolas.

Soy resistente a deshacerme de algo que no me hace bien. Debe tener que ver

con la forma de estar feliz y cómo tienen que ser las cosas.

No quiero estar todo el tiempo en la mugre. No sé hasta que punto puedo

solucionar algo de golpe o es justamente de esa exigencia de lo que me tengo que

desembarazar.

¿Mi inconsciente me va a llevar siempre por el buen camino o está creciendo también

en este tiempo de búsqueda?


1

Me apresuro a definir la posición del otro, aun a mi propia costa, por no poder

aceptar la indefinición. ¿Por qué?

Ante la definición debo tomar una resolución. Cuando la otra noche,

tomaba algo con Florencia en "Vladimir", al rechazarme ella, yo decido irme.

Me pregunto: ¿la estabas pasando bien? la respuesta es no. Entonces

¿Qué hacías ahí? ¿Qué hacías tomando algo con una chica que no te divertía en lo más

mínimo? ¿?

Pareciera que hay un tema de proyectarse al deseo del otro, cuando

el deseo de uno falla. Con tal de sostener algo, cuando mi deseo no está o desaparece,

trato de servirme del deseo del otro. Pero todo éste mecanismo me lleva sí o sí a la

insatisfacción, porque me siento así cuando el otro no desea estar conmigo, que sería

algo normal, pero también cuando logro permanecer sólo por los deseos del otro.

También tuve un llamado de atención en Caix. Estaba contento

pensando que una chica tenía ganas de estar conmigo, pero estaba nerviosa. Yo

disfrutaba el acercamiento, hasta que en un segundo pensé en que yo pudiera estar

equivocado y que ella no tuviera en realidad esas ganas. A partir de allí, el momento

perdió todo su encanto.


1

Entendí que la situación solo se mantenía con el supuesto deseo de ella.

Aquí y allá está saliendo que en mi modelo mental, no importa uno, sino el

otro. El deseo del otro es más importante que el propio.

Por evitar una sensación de pérdida, termino perdiendo todo. Por no poder

desear nada para mí mismo.

Mientras los deseos son de otra persona, no me equivoco ni me expongo

nunca. En realidad estoy expuesto permanentemente porque no puedo nunca tener un

recreo. A donde voy llevo conmigo el proyectarme hacia los demás.

De ésta forma es difícil que me lastimen, lo importante es saber a ciencia

cierta si ella tiene el deseo o no, para poder saber si yo deseo o no. Mientras perdura el

deseo del otro, perdura el mío también, pero cuando se extingue el del otro, el mío

desaparece.

Volviendo a la noche del otro día, cuando decidí que quería salir a

conocer a alguien, estaba frente a un deseo puramente mío. Pero al darme cuenta que

en el auto todavía había problemas de caja de cambios y transmisión, que había estado

tratando de solucionar sin haberlo logrado, me transporté con los temas que no había

podido solucionar en mí mismo y que iban a hacer que esa noche yo saliera

insatisfecho casi seguro. ¿Por qué? Porque aunque yo tuviera un verdadero deseo esa

noche, dependía de encontrar una persona con exactamente los mismos deseos, para
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poder proyectar los míos en ella. No me podía servir una persona que no supiera si

quería estar conmigo o no, porque simplemente no me conocía, tenía que encontrar a

alguien que me gustara y que estuviera segura de querer estar conmigo, apenas me

viera.

Con este modelo que supuestamente me protege de sufrir, tengo

problemas también cuando no se si quiero estar con una chica que quiere estar

conmigo. En esos casos, como la otra persona es la importante, debo lograr que ella no

quiera estar más conmigo para poder separarme. Para eso me vuelvo en general

desagradable e inbancable.

Cuando veo a alguien que no me gusta, tengo que evitar el gustarle

para no quedar atrapado en sus deseos. Debe ser muy desagradable para las demás

personas.

Me gustaría volver a ver a Margarita. De alguna forma podría tratar de

convencerla para que vuelva a salir. Pensé en escribirle una carta, pero enseguida pensé

en que se la iba a mostrar a una amiga, diciéndole: -Mirá el tarado este, lo que me

escribe.

Por suerte me di cuenta que detrás del supuesto miedo al ridículo, está la

intención de esconder que esa carta no tendría ningún sentido sin el deseo de ella de
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recibirla. Y en ese caso no tendría ningún sentido mandarla, porque sólo estaría

indicada para tratar de convencerla.

En éstas últimas palabras creo que se abrió una puerta enorme. No tengo idea

hacia donde conduce, pero me imagino intentando convencer a mis antiguos amigos a

que juguemos al golf o al truco o a cualquier otra cosa y convirtiéndome en un pesado.

Con éste modelo es lógico pensar que uno va a estar intentando

permanentemente de convencer a las demás personas para que deseen hacer cosas que

uno sólo tendría ganas de hacer si los otros quieren. Debo convencer a los demás para

justificar mis ganas, que de

otra manera, quedarían al descubierto.

Por fuera pareciera que uno es un caprichoso, que sabe exactamente lo que

quiere, pero no es así. El asunto no pasa por complacer un capricho, ni por cumplirlo o

no, sino porque los demás tengan ganas y así justifiquen las propias.

¿Cómo surgió esta estructura? Es lógico suponer que fue como una defensa

contra el genuino sufrimiento de decidir y responsabilizarse por la propia vida y los

propios actos.

Por evitar el miedo genuino a sufrir por no tener lo que queremos.

Me parece que es enorme y muy profunda dentro de mí. No se que hacer con
1

ella.

Me siento raro. No siento como si fuera una victoria. Estoy triste

como si en realidad fuera un funeral. Como si algo muy dentro de mí estuviera mu-

riendo. Como la muerte de una gran ilusión.

No siento necesidad de comer. Ni de dormir. Ni de escribir. Ni de reír.

Hacía días que quería ver otra vez la película de Robert Redford:

"Gente como uno". En dos momentos de la película tuve llamados de atención. Creo

que ambos tocaron hilos profundos de mis sentimientos. En uno una chica acepta de

buen grado estar con él. En el otro, él y su padre, se dicen que se quieren. En esa parte

lloré las dos veces que la vi hoy.

Tiene mucho que ver con mis deseos. Puedo haber utilizado la trampa de los

deseos para evitar ese gran sufrimiento que debo haber tenido con la muerte de papá.

Intenté permitirme desear sólo aquello que podía tener. Aunque es verdad que la

felicidad únicamente puede estar en las cosas que podemos tener, también en la otra

cara de la moneda están los deseos que no podemos cumplir y que no por eso tienen

necesariamente que hacernos infelices. Tratar de eliminar esas genuinas penas, es

decirle adiós a la felicidad por el resto de nuestras vidas.


1

¿Por qué perder el deseo de estar con alguien, si esa persona no quiere estar

conmigo?

Procuré eliminar los deseos que no podía cumplir, en un intento de

evitar el sufrimiento. Pero ¿Se pueden eliminar los deseos o lo único que hacemos es

tacharlos, ocultarlos? Sólo logre descartarlos, borrarlos al surgir, negarlos,

mamarracharlos. Pero nunca eliminarlos.

Recién pensaba en que quería ir a comer algo, aunque no tengo hambre. Es

como si pudiera ser una vuelta a mamá. Como si ahí pudiera estar seguro.

Mamá está segura, ella no desea, descarta la felicidad en su vida y así elimina

el sufrimiento. Se eliminan las grandes decepciones, sólo queda la desagradable

seguridad de una tímida insatisfacción proyectada sobre los demás.

Cuando en mi infancia tuve que hacerme cargo de mi sufrimiento,

debo haber buscado consuelo en mamá y ella evidentemente me transmitió lo que hizo

durante toda su vida.

Me parece como un salvavidas de plomo.

Me cuesta mucho buscar mis propios deseos. Me confundo mucho. Siento


1

que desear es muy caro. Por ahora no me animo a desear.

Hoy, mientras me bañaba, pensaba en que tengo algún cortocircuito entre el

desear y el tener. Que sólo puedo desear, no tener. La satisfacción de tener la perdí en

algún lado. Únicamente me permito desear lo que no puedo tener.

Lleno mi vida con salidas y situaciones que reconozco como insatisfactorias,

simplemente porque no las deseo. En general me cuelgo del deseo de los demás y no

puedo reconocer el propio.

Muchas veces cuestiono el hecho de quedarme en casa escribiendo todo el

día, quizás porque es algo solamente útil para mí.

Cuestioné absolutamente todas mis aseveraciones y eso demuestra que no

tengo todavía ninguna base solida donde afirmarme para empezar a construir mi vida.

Es una noche de invierno. Son cerca de las dos de la madrugada y estoy en mi

cuarto escuchando música bajito, para no despertar a nadie. Siguen, acá en casa, mi

hermana Belén y su familia, pero falta poco para que se vayan.

Me desperté con una imagen onírica del abandono y la segregación.

Los relaciono directamente con la muerte de papá.

De a poco y analizando lo que me pasa, me voy separando cada vez


1

más del manejo familiar, que puede haber sido un puerto seguro para mí en el pasado.

En ese modelo el desear para uno estaba vedado. Se vivió siempre para las otras

personas, con la proyección de todo deseo en otros. Donde nunca fueron aceptados los

límites de la individualidad. Donde la generosidad era una obligación. Todo

encaminado para no sufrir.

Cada uno de nosotros debe haber tenido razones para prestarse a un

manejo así, para incorporarlo como propio. Algunos de nosotros lo cuestionamos,

como Dolores, María José y yo. Otros se mantuvieron al margen, como Belén.

Algunos no lo tomaron, creo, como Raúl.

Cuando impongo mi voluntad siento que voy a ser abandonado.

Me hace acordar cuando en la enfermedad de papá, yo comía caramelos en su cuarto.

El me lo permitía, aunque todos en casa me decían que no tenía que molestarlo. Yo iba

igual. Me sentía diferente al resto. Hice mi voluntad de comer los caramelos y papá

murió. Fui abandonado.

Ahora cada vez que hablo de hacer mi voluntad, hablo de quedarme solo.

Cuando me dirijo a hacer algo que deseo o a tomar algo que quiero, sufro gran ansie-

dad y angustia.
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Voy a dedicarme a escribir cosas que deseo... Voy a hablar de mis deseos...

No me vienen. Es como si no deseara nada. No debo permitirme desear nada.

Sentirse vivo es sentir el frío sobre la cara. Cuando voy con la ventanilla

abierta, siento que me estoy alimentando de vida con cada bocanada de aire.

Con eso me pongo alegre, lo mismo que cuando veo un parque con muchos

árboles en otoño. Supongo que un día de éstos me voy a tomar el tiempo para ver como

caen las hojas. Me gusta donde vivo.

Desde hace varios días que quiero salir con Mariana y, con ella, me pasa que

cuando yo la llamo, casi nunca salimos.

Es justo salir cuando ella quiere, pero me dieron ganas de estar con

ella y aunque me costó admitirlo, el deseo surgió. La llamé y ya había arreglado con

otro. Eso hizo que me sienta abandonado y paria. Una posición demasiado conocida

para mí. Quedar abandonado.

No creo que sea casualidad que me enganche con alguien a quien no

le gusta que la llamen. Creo que la gordura estuvo desde el llamado a Mariana,

sabiendo que ella me había tratado mal ayer, cuando ella me llamó y yo ya salía.
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Es difícil ir abriéndome al mundo, ir viendo el exterior. Sobre todo

porque yo lo veía desde adentro y, afuera, es otro lugar que aunque quiera verlo desde

donde estoy, es imposible sin salir. Me lo imagino como adentro, pero con frío y no es

así.

Quizás tenga un problema con todo el mundo, porque a mí ya no me

interesan las reglas de juego de la gran mayoría.

A todo el mundo le incomoda estar conmigo. La gente en general me dice que soy raro.

Y yo quiero ser raro, no me interesa ser como los demás.

Cuando estoy con un grupo grande de personas, me cuesta mucho controlar lo

que pasa. Siento que mi persona se me va de las manos y pasa a ser el inconsciente

quien dirige mi vida.

Acabo de empezar el día, hace exactamente veinte minutos. Me cuesta

escribir porque acabo de hacer flexiones de brazo. En esta noche invernal, me siento

solo y confundido. Iba a escribir deprimido, pero no quise usar esa palabra, como si

tratara de ocultarme lo que siento.

Estoy cansado de ésta lucha diaria, de la eterna decepción. Siempre me


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decepciono de mis logros, de mi estado actual, de mi cuerpo, de toda mi persona. Hace

rato que no dejaba salir la bronca, pero estoy enojado, enojado y decepcionado;

enojado decepcionado y solo; enojado, decepcionado solo y confundido; enojado,

decepcionado, solo, confundido, harto, y asqueado; enojado, decepcionado, solo,

confundido, harto, asquea do y temeroso. Y vuelvo a estar enojado. Tengo miedo.

Miedo a dormirme y miedo a despertarme.

Hace rato que quiero vivir para mí. Para éste Andrés que Dios eligió

para que exista. Porque existo, con todos mis rollos y problemas, existo. Y, aunque yo

me obligue a tacharme muchas veces, tengo el derecho de estar acá.

Esta mañana, cuando me levanté, una parte mía se puso alegre, por

saber que podía elegir qué hacer, disponía de tiempo para mí. La otra, en cambio, se

sintió mal por no tener algo definido que hacer, ninguna responsabilidad. ¿Quién es

Andrés? ¿El uno o el otro? Andrés está formado por los dos, pero no hace uno. Quiero

ser uno con mi identidad, uno conmigo mismo.

Estoy buscando la forma de ser feliz, la forma de poder compartir

cosas con los demás y conmigo mismo. Me cuesta ver en algo que no sea mujer todo lo

que divierte y sea "vivir bien". No pasa solamente por tener relaciones sexuales
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satisfactorias. Es mucho más. Es poder estar afuera y respirar, es oler el pasto, abrazar

un árbol, reír y llorar. Pero todavía hay ciertos sentimientos que no quiero ligarlos a la

vida y sin embargo están en ella todos los días, como el dolor, la angustia, la pena,

todas sensaciones penosas.

Estuve tratando de terminar el cuento de una noche de verano y todavía no

encontré un final satisfactorio. Me invita a pensar que todavía no puedo encontrar un

final para parte de mi búsqueda de felicidad. Aunque sé que ella está en ser uno

mismo, no estoy muy seguro de entender lo que ello significa. Sé que es aprender a

querer lo que uno es, lo que uno quiere. Sería fácil en el cuento poner particularidades

propias de los hombres, como reír y llorar. Pero cuando se trata de uno, no es tan fácil

describir y estar convencido de cuales son las particularidades propias dignas de ser

vividas. Sé que una mía es el gusto por la filosofía, mi atracción hacia las

profundidades de los sentimientos de la vida, lo sentimental. Pero cada vez que intento

volcar parte de ese entusiasmo por cosas delicadas, con amigos, automáticamente se

burlan de mí.

Mis valores íntimos, no sé por qué se rigen. No sé donde tienen su

raíz, pero en encontrarlos y defenderlos creo que tiene que estar mi satisfacción.

Sólo eso podría acarrear genuinos sufrimientos sobre mí.


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Deseo que mi vida sea más profunda que la de muchos que veo por

ahí. Quiero que sea más consciente, saber lo que voy viviendo y no vivirlo como si

fuera un sueño del cual podemos despertar a la realidad en cualquier momento.

Si yo quiero vivir mi vida tengo que pagar un precio con los demás. Por

ejemplo: no molestarme que ellos se opongan a ciertas cosas que hago, en cualquier

ámbito. Supongo que es el precio que tengo que pagar por ser libre.

Cuando tomo una actitud que no es catalogada como normal, la gente me lo

dice y, yo, en vez de reducir al mínimo su segregación, la agrando hasta hacerla

insoportable.

Por ahora soy poco comprensivo respecto a la necedad, tanto ajena, como mía

propia.

Tengo unas ganas bárbaras de tomarme la vida.

En vez de eso lo que hago es comer de más. Confundo vivir con desenfreno.

La libertad no me asegura la felicidad en lo más mínimo, pero es el único

camino que veo para llegar a ella.

Ya pasaron las doce de la noche. En casa, cuando bajo el sonido de la radio,


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escucho el zumbido de la calefacción, el viento contra la ventana y el roce de la

lapicera sobre el papel.

Así como no sé darle el broche final al cuento de la noche de verano, tampoco

puedo hacerlo con mi vida.

Todavía siento culpa por vivir la vida como me parece o puedo hacerlo.

Recién hablé por teléfono con Rona y le leí un verso de Neruda. Realmente lo

disfruté. Me gusta hablar de otras cosas lindas que no tengan que ver con mis rollos.

Estoy muy solo últimamente.

Me gustaría poder respirar hondo cada mañana, sabiendo que no voy a volver

a ponerme una máscara para lograr agradarle a la gente y poder ser así una

persona normal.

Apenas escribo algo, voy corriendo a mostrárselo a las personas,

para que me digan si les gusta o no. ¿Qué me van a decir? Sobre todo las personas que

me quieren. Busco aprobación y aceptación en los demás, cuando en realidad es en mí

donde debo encontrarla.

Por ejemplo: es posible que en el fondo sea un vago, que no me

guste trabajar.
1

Es la primera vez que estoy aceptando que no quiero trabajar. Parece

que no soy una persona normal y quizás entonces tenga otras intenciones para mi vida.

Sin embargo, no me permito otra forma de vivir y, entonces, por eso no encuentro algo

que me guste. De ésta forma voy a terminar eligiendo aquello que en realidad no deseo.

Antes de eso, debería permitirme otras salidas. Aunque deba

mantenerme a mí mismo, procurarme vivienda y alimento, hay algo en todo esto que

me parece que es una trampa, es como salir de lo malo, para dirigirme a lo peor.

Tuve un despertar extraño, rodeado de culpas y miedos. Intentando aceptar

posibilidades incómodas, sólo para que dejen de existir. No es así de fácil. La búsqueda

real de lo profundo es muy costosa.

No acepto mis errores.

Hace días que vengo diciendo que en mi casa no se aceptó a las distintas personas.

Me siento como un lisiado. Una persona discapacitada y, en realidad, eso soy.

De una forma u otra, tengo falensiasfalencias que me hacen llegar al fracaso. Me

angustia la idea de volver a subirme al tren.

Volviendo a la falta de aceptación: odio la parte mala del hombre. Odio su

ignorancia, (¿Su debilidad?). Por lo tanto odio la esencia del hombre. Al odiar esa
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parte, cuando veo personas confundidas, las odio también, mejor dicho, no las acepto,

porque no me acepto a mí mismo.

No acepto el error, aunque sé que me equivoco y que voy a seguir haciéndolo

por el resto de mi vida.

Si hubiera algo más profundo que esto que escribo ¿Qué me podría estar diciendo?

¿Qué estoy diciendo con no aceptar el error? Si va a estar presente siempre ¿Por qué lo

odio? ¿Por qué no puedo aceptarlo? ¿Qué significa el error? Lo asocio con hacer las

cosas, con cumplir mis deseos. ¿Será que el error evita el cumplimiento de mis deseos?

No puedo contestar éstas preguntas desde la otra cara de esa misma moneda.

Seguramente podrán ser contestadas desde algún otro lugar o desde alguna otra

posición, que todavía no encontré.

Vida, no estoy en paz. Siento que me debes mucho que me

prometiste. A través de quién conocí la vida o a través de mí mismo ¿Es que la

naturaleza no me mostró que los fuertes se comen a los débiles? ¿Entonces cómo

querer ser débil?. Pero, sé que no va por ahí, porque todos somos en algún sentido

fuertes y también débiles. No pasa por ser el más fuerte, porque es como la escalera

real, en poker, cada una vence a otra y es vencida por una también. Uno en la vida va a

estar en posiciones desafortunadas, pero afortunadas también. No disfruto éste tipo de


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relación, porque cuando me toca ser el fuerte, no me quiero aprovechar y cuando soy el

débil, se aprovechan y no puedo evitarlo. A pesar de todo, es la única forma en que

veo al mundo: fuertes y débiles, los que tienen y los que no tienen, ricos y pobres,

sabios y necios, eruditos y analfabetos.

Odio la forma en que veo al mundo. ¿Odio el error o a pensar que debe haber

un error? ¿Odio al culpable o a pensar que tiene que haber un culpable?

¿Cómo puedo entender a un mundo sin error, que no sea error quebrarse una

pata o ser lisiado o ser miedoso o analfabeto?

Quizás no sean errores ¿Será un error pensar que la naturaleza tiene errores?

¿Para que preguntarme si existe error o no? El error se dice parte de la

naturaleza. Yo lo vivo como si no tuviera que existir. Quiero hacer desaparecer el error

de la naturaleza. ¿Por qué?

¿Hay mal en el mundo? ¿Es debido al error? ¿Puede confundirse el error con la

maldad? ¿Tengo yo maldad?

Me falta desarrollar una parte de mí. Y aceptar allí el error y la maldad que

llevamos dentro, porque aunque trate de evitarlo lo llevo dentro.

Recién comí de más. Algo me debe haber angustiado. Me parece que

fue Belén, que hizo alusión a una chica que estaba bárbara, pero que era muy chica
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para mí. No quiero pensar que el tren ya se fue. Tengo ganas de formar una familia y

espero que aún estar a tiempo, cuando termine lo que estoy haciendo, buscarme a mí

mismo.

El viernes estuve muy contento, por haber descubierto ciertas cosas

que me resultaban importantes. Le conté a Adrián que estaba contento por tres cosas:

primero, porque había arreglado para salir con Marianita y tenía muchas ganas.

Segundo, porque había arreglado para hoy, domingo, con María Inés y, tercero, porque

quiero amarme a mí mismo y creo empezar de a poco a comprender qué significa:

El otro día, en el asado de Joe por su cumpleaños, me di cuenta que

estaba incómodo entre la gente. Los demás me molestaban. Llegué a odiar algunas

cosas de ellos. Cuando analicé la situación entendí que si odiaba actitudes o estructuras

era porque yo también las tenía o sea que estaba odiando en ellos actitudes y estructu-

ras mías.

Como estoy leyendo: "el arte de amar", relacioné que allí describen que

cuando uno ama al resto, se ama a uno mismo y que cuando uno se está amando ama al

resto de la gente. Por lo tanto, pude comprender que así como pude odiar en los otros

algo odiado en mí, también iba a poder amar en los demás, lo amado en mí. Entonces,

si yo me amo, voy a estar amando también al resto.


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¿Pero, cómo amarme si no lo siento?, La respuesta llegó más tarde y aunque no estaba

explícitamente escrita, estuvo siempre frente a mis narices: el amor no es un

sentimiento, es una voluntad. Amarme significa ejercer la voluntad de cuidarme,

respetarme, conocerme, tener responsabilidad. Al fallar en alguno de éstos aspectos, no

estoy amándome. Aquí está la paradoja en donde ser y no ser es posible, porque tengo

que amar hasta cuando no me amo. Tengo que cuidarme y respetarme aún en esos

momentos.

Tengo que cuidar mucho toda ésta visión, porque está muy verde y forma

parte de un proceso. Cuando descubro algo y voy corriendo a contarlo, es como cuando

voy a comer dulce de leche, me gusta, pero me hace mal.

El día está nublado y bastante obscuro. Me identifico bastante con él.

Hace un rato hablaba con Leonardo que no puedo retener ningún tesoro en mi interior

pues significaría dejar de ser un desastre, pasar a ser alguien rico. ¿Puedo ser rico?

Seguramente no mientras tenga la obligación de desparramarme entre las personas.

Hay cosas ricas que son mías. Es importante lograr responsabilidad por mis actos.

Relacionar el desparramarme con la frustración obligada que aparece después. Es

como descubrir oro y gritarlo a los cuatro costados, para que todos vengan a agarrarlo.

Nadie viene. No vale nada. Es mío, es mi tesoro y aunque es verdad que puedo com-
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partirlo con los demás, no puedo hacerlo de la misma forma, sino que puedo

compartirlo a través de mis actos.

Ayer me desparramé frente a María Inés. Me desvaloricé, me sentí mal y

perdí la oportunidad de estar con ella, que era lo que buscaba.

Algunas de mis acciones destructivas puedo evitarlas simplemente con una

pequeña pregunta.

Esquivarlas y salir airoso.

¿Cuales son las ventajas de ser un desastre?: Nadie espera nada de mí y es

muy difícil de esa forma, defraudar y defraudarme. Lo cierto es que ya estoy

defraudado. No puedo desilusionarme, porque ya estoy desilusionado.

No se puede caer más bajo que el fondo, esa también es una ventaja. No hay

nada que perder. Parece que me da mucho miedo correrme de ese lugar de porra.

Quizás de a poco, de la misma forma que ahora estoy tratando de cuidarme

para no hacer aquello definitivamente malo para mí, empiece a lograr algunas actitudes

positivas. Podría ser el principio de un cambio real. No va a ser nada fácil, tengo que

ganar cada pulseada. Con el tiempo espero que quererme se haga algo tan natural como

tirarme abajo lo es en este momento.


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Sigo en la lucha. La empresa es algo diario, un esfuerzo cotidiano por actuar

por mi bien. Pensar dos veces antes de hacer algo. Destinarlo a lo bueno para mí, a no

sentirme un desastre para estar tranquilo. Posiblemente allí empiece a cambiar ciertas

relaciones con personas y también con toda la vida. Soy quien me impone situaciones

desastrosas, sólo yo puedo cambiar eso, con mi esfuerzo. Imposible que otras personas

puedan hacerlo por mí. Ni siquiera la buena ventura cambiaría eso. El día que yo logre

quererme voy a valer para el mundo.

Quiero aprender a ser importante. Y eso cuesta caro. Empezar a variar mi

punto de vista, la falsa dependencia de alguien que me encuentre y pueda darme el

valor que en realidad es mío. El valor soy yo. Yo y lo que pueda y quiera hacer.

Pero no me siento así. No me siento ni más importante, ni más sabio, mi más

inteligente, ni más fuerte. Con esfuerzo quiero vencer las partes mías que intentan

librarse de la responsabilidad que implica ser el artífice de mi propia vida.

Me siento defraudado por mí mismo. Como si hubiera fallado. La empresa de

quererme no va a ser fácil. Quizás sienta esto porque pensé que podía estar corriendo y

solamente doy mis primeros pasos. O tal vez, esto haya empezado hace mucho y

solamente sea la parte visible de un gran esfuerzo de toda la vida.


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Voy a tomarme las cosas con un poco más de calma. En éstos días es muy

difícil, para mí, ser coherente. En casi todas las situaciones que proyecto, termino mal

parado. Casi todos mis anhelos son en realidad salvavidas de plomo. Tengo que andar

con cuidado. ¿Acaso no duermo con el enemigo? ¿Acaso mi enemigo mayor no soy yo

mismo? ¿Quién se situó siempre desfavorablemente en la vida? ¿Quién vivió

desvalorizándose cada vez que pudo?

Me di un baño, me afeité, me puse una buena camisa y un pantalón. Encima

de la ropa me puse mi viejo y descolorido mameluco para pasarla a buscar. Mariana

abrió la puerta y, cuando me vio, me miró de arriba a abajo y me dijo: Andrés, sos un

desastre. Sonreí, como quien obtiene lo que quiere. Soy un desastre, iba a escribir y,

entonces, me hubiera quedado tranquilo.

Vengo de jugar al squash con Turu. Me castigué terriblemente durante todo el

partido: le pegué mal a la pelota, hice todo lo que no tenía que hacer, todo mal. Una

parte importante mía está dirigiéndome hacia el desastre. Aunque creo que las

decisiones las puedo seguir tomando yo, desde dentro puedo boicotearme. Jugando

estuve muy angustiado, pensando que eso era exactamente igual a lo que hago con mi

vida: Jugar mal para poder enojarme y desvalorizarme hasta jugando al squash.
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Fui a ver un departamento para alquilar en Olivos. Me gustó bastante, aunque

algunas cosas como la cocina, el piso y el baño no eran muy agradables. Si me hubiera

gustado todo, hubiese estado en un aprieto.

Hoy me puse en feos lugares cuando me levanté y jugando al squash, pero

también hice algunas cosas para mi bien, como ir a ver ese depto, llamar a la asocia-

ción argentina de veterinaria equina y a un señor para venderle relojes, hice deporte y

escribí tranquilamente en mi cuarto mientras escuchaba música. No quiero tirar todo

dentro de la misma bolsa.

Estoy con muchas ganas de hablar con alguien. No para remover el fango

donde me encuentro, sino para no sentirme tan solo. Hablar por ejemplo de la noche,

del tiempo, de las sensaciones, proyectos, esperanzas. Hablar de comunicación, de

espíritus, de individuos y personas. Hablar de cosas dulces. O quizás simplemente me

gustaría estar con alguien, pero que me entienda, que me acepte. Todo pasa por mí,

tengo que entenderlo. Ninguna solución me puede venir desde afuera. Yo tengo que

quererme, que respetarme y cuidarme. La responsabilidad es mía. Y me pesa, pero es

mía.
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Otro día más de miedo, de desgana. Otro día más en la no vida. ¿Cuándo voy

a empezar a quererme? Desconfío de mí mismo. No creo poner las manos en el fuego

por mí. Las sensaciones de pesar aparecen tanto cuando voy a hacer algo positivo,

como cuando es algo negativo. Permito que me invada una gran confusión. Quizás la

confusión viene cuando situaciones que en un principio eran positivas, cambian de

rumbo por aparecer una situación favorecedora.

El otro día llegué de muy buen humor a la fiesta, pero cuando no pude divertirme

como yo esperaba, se transformó en gran autodestrucción. Era como estar dando

vueltas en círculos, como sí después de tanto esfuerzo me encontraba en el mismo

lugar.

Siempre me encuentro con la misma pared. Todos los caminos me conducen

ahí. Primero se me ocurre que es blanco, después que es negro y termino pensando que

no es ni uno ni otro. Esa es la historia de mi vida, en donde me sentía mal cuando

perdía, pero también me sentía mal cuando ganaba y de esa manera no había un éxito o

un fracaso en realidad, sino que todo era un fracaso.

En realidad éxito y fracaso, tener y no tener, ganar y perder, saber y no saber,

blanco y negro, alegría y tristeza, fuerza y debilidad, son todas caras distintas de

monedas que he descubierto que no me interesa tener en mi bolsillo.


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Cuando me sentía desdichado por ser un perdedor, la esperanza estaba puesta

en cambiarlo y transformarme en ganador, sin embargo ser ganador no es más que

estar en la otra cara de la competencia. No podría encontrarme a mí mismo ni siendo

rico, ni siendo pobre. Siendo rico, tendría el beneficio de no ser pobre, no estar entre

los que se privan de ciertas comodidades. Pero eso no resuelve el problema, entonces

el ver a las personas como ricas o pobres, es estar mirando con los ojos de una persona

incompleta, que no logró darse cuenta que la sabiduría y la felicidad de estar vivo, no

pasan por unas cuantas monedas que nos tiraron cuando éramos chicos.

Siento que perdí el tiempo estando inmóvil durante tantos años. No sé si es

cierto, pero sí que verdaderamente lo siento.

El tiempo nos va envejeciendo e ignoro cuando podré ser un nuevo Andrés.

Alguien que dedique su tiempo a sí mismo y a los demás sin culpas ni remordimientos

y a la vez con claridad y desprendimiento.

Acaba de terminar un fin de semana largo. Estoy en casa, sin ganas de nada.

Ni de escribir, ni de dormir, ni de ver televisión. Escribo para sentirme mejor y tratar

de encontrar una razón para ésta apatía de vivir.

No quiero encontrarme con el día de mañana.


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Aunque me deshice de esas pilas de monedas a las cuales estuve atado

durante tanto tiempo, no logro ver nada más allá. Es como volver a empezar, como

volver a las bases. Al ser. Yo soy. No soy importante, ni poco importante, eso es tan

solo una moneda, con sus dos caras. Soy igual y distinto a los demás. También soy

igual o distinto de mí mismo, dependiendo del momento.

En la vida no se gana ni se pierde. Eso es lo importante. Aunque la gente

piense que pierde cuando yo gano y que me gana cuando yo pierdo.

Yo debería saber que por ahí no pasa el asunto. Que dos personas se

encuentren y empiecen a amarse, debe ser lindo para los dos y cuando se engañan entre

ellas, creyendo que es amor, debe ser feo para las dos.

Me parece que me engaño al creer que voy mejorando, que en realidad no voy

a estar nunca donde quiero estar, que aunque me esfuerce no voy a lograr nunca ver

con claridad. Espero que sí. De cualquier modo, en éstos días voy disfrutando de

ciertos logros.

¿Qué busco cuando salgo por la noche a conocer chicas? ¿Busco una madre
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para mis futuros hijos? ¿Busco acaso una compañera? ¿Sé lo que eso significa? ¿Busco

sentirme un buen padrillo?

Qué angustia da el saber que uno no puede ser compañero de nadie, que no

puede reírse con nadie, que no puede vivir con nadie, que tiene que vivir solo. Cuando

veo una mujer siento angustia, porque sé que no puedo estar con ella y ella no puede

estar conmigo. No importa cuantas veces alguien quiera estar conmigo y yo con

alguien, nunca voy a poder formar una pareja en los términos que veo la cosa. Recién

cuando empiece a darme cuenta que no hay cazador ni presa, que no hay defraudador y

defraudado, que no hay ganador y perdedor, recién en ese momento, quizás pueda

compartir algo realmente con alguien, pueda estar y escuchar a alguien.

Me estoy castigando. Eso puede ser un buen síntoma. Siempre que estoy por

ver alguna nueva realidad, me tacho a mí mismo, me castigo por no haber podido con

mi realidad anterior.

Cada vez que suena el teléfono, pienso que podría ser alguien que viene a

salvarme.

Para empezar a quererme espero que me quieran antes los demás.

Me viene a la cabeza una angustia que generalmente ronda por ahí: pensar
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que no valgo lo suficiente como para poder acercarme a alguien que me guste. Es no

estar ni remotamente conforme conmigo mismo, ni con la vida que hago, ni siquiera

con mis pensamientos y mis supuestos logros en conocerme.

Amarse es respetarse, pero yo no valoro lo que hago, no me respeto. Yo no

siento respeto por mi persona. ¿Cómo hacer para respetarme a mi mismo? ¿Cómo hago

para amarme? Siento una gran angustia, como si volviera atrás, muy atrás y muy al

fondo del pozo. Allí, donde me es imposible valorarme un poco, donde veo que en

realidad soy una mierda, donde me convenzo de cosas porque soy débil y no sé luchar.

Entonces ¿Cómo esperar que alguien remotamente pueda querer estar conmigo?

¿Por qué yo voy a querer estar conmigo? Amar es una voluntad, más que una

intención. ¿Por qué voy a tener la voluntad de amarme?

Estuve leyendo un poco "el arte de amar", donde habla de la madre

"generosa" como neurosis. En ella, la madre no enseña a sus hijos lo que es el amor a

la vida y a sí mismos, simplemente porque ella misma no se ama, ni ama a su vida.

En mi persona, eso desencadena un círculo vicioso, en donde no me amo

porque no aprendí a hacerlo, porque no forma parte de mi ser, o mi personalidad o mi

carácter, entonces mi idiosincrasia no me permite amarme. Como no me amo no puedo

salir de ese lugar en el que estoy y empieza nuevamente el círculo.


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Debo romper ese círculo por algún lado. Desde que me acuerdo intento

cambiar algo para poder quererme. Es como pensar que para poder empezar a

quererme, tengo que cambiar algo y hacer algo bueno por mí, pero no puedo quererme

sin ser diferente, pero no puedo ser diferente sin quererme.

Por un lado me parece que ya viví treinta y un años, por otro que en realidad

no tuve un solo día de vida.

¿Qué hago y para qué estoy acá? ¿Cuál es el sentido de mi vida?

Me dieron la posibilidad de procrear, pero aunque podría creer que eso puede

darle una razón, me parece que tengo que encontrar otra cosa que desarrolle mi perso-

na.

Me comporto como un chico, que trata de encontrar aquello que busca

probando todo lo que tiene a su alcance. Cuando estoy insatisfecho pruebo comer hasta

estar lleno, después, sexo y, luego, me quedo con mi insatisfacción pero con pocas

cosas más para probar. Una y otra vez repito lo mismo.

Me siento raro. Dispongo de mucho tiempo que si no lo uso


1

consumiendo, se vuelve interminable. Pienso que si no estoy realizando

alguna actividad no soy nada.

Disfruto una sensación que me ha llegado en muy contadas

ocasiones: Vuelo en la noche por encima de la ciudad.

Siendo pequeño, cuando tenía oportunidad de subirme a un techo en

alguna noche estrellada y me acercaba al firmamento, me sentía como

desbordando mi propio ser. Me ensanchaba hasta empaparme de la noche.

Me sentía "grande".

Recuerdo que un amigo lo entendía como si me sintiera mayor, pero

no era mayor, era enorme, ancho.

Hace poco, caminando una noche por la avenida Libertador, me

pareció estar volando por encima de los árboles. Veía las casas de una forma

diferente desde lo alto. Fue muy agradable, pero duró muy poco.

La disciplina me ayuda a dejar de lado ciertos placeres que me

conducen invariablemente hacia una insatisfacción mayor posterior. Sin

embargo, el no permitirme estar acompañado por alguna mujer, aunque sea

en parte, no hace más que aumentar mi sensación de soledad en este mundo.


1

Cuando amenazaron al personaje del film con seducirle a la mujer,

sentí el peligro en carne propia, como si me hubieran tocado un punto flojo.

¿Cualquiera puede llegar a nuestras vidas y tirar abajo lo construido? Es

verdad que no todo puede romperse en nuestras vidas, no todo puede

comprarse, sin embargo, persigo aquellas cosas que pueden venir a destruir o

que pueden robarme.

Me parece que mi estructura mental, mi familia y la sociedad, me

proponen construir una casa de cartón y quizás por eso no esté queriendo

construirla. Día a día, veo claramente como las personas dedican más y más

tiempo en aquello que realmente no tiene importancia.

Intento en estos días ir desembarazándome de lo que no me gusta de

mi vida. Busco poco a poco encontrar un lugar mío en este mundo. No tiene

por qué importarme aquello que debería estar haciendo, sólo lo que yo quiera

hacer. A nadie deseo regalarle mi vida.

Quedé atrapado defendiendo mi posición y mi punto de vista, frente

a las personas que me rodeaban ¿Por qué me expongo una y otra vez a la

crítica de los demás? ¿Por qué les doy la posibilidad de atacar, criticar,
1

ensuciar y argumentar lo que pienso en forma tan gratuita? Gratuita para

ellos, pero con un costo importante para mí, sobre todo porque soy quien

tiene que defenderlo, por haber sido el expositor.

¿Por qué defiendo mis pensamientos ante ellos, cuando en realidad

simplemente debería importarme mi opinión?

Espero poder evitar en el futuro esta exposición tan indiscriminada,

porque cada una de las veces, al mostrar mis ideas, termino en un campo de

batalla, donde cada uno lucha por su supervivencia. Mi vida no está en juego

en esos momentos, aunque a los demás y a mí me lo parezca.

Apenas estoy con gente, me empiezo a dejar de lado. Siento a mis

amigos como a una jaula. El estar con ellos me encierra, dejo de ser libre.

Desde que arreglamos en que ella me llamaba para salir, al llegar a

su casa, estuve nervioso y pendiente. Esto fue por la mañana y ahora ya son

las diez y cuarto de la noche. Todo esto me pone muy mal y me engancho

con la promesa incumplida. Percibo la importancia que tiene esto en mi vida,

aunque no pueda encontrarla.


1

Otra vez estoy en la misma situación con Mariana. Dijo que me

llamaba a eso de las diez de la noche. Creo que va a dejarme colgado otra vez

y trato de definir cuál es la situación con exactitud, para ver en qué puede

perjudicarme. Depender de alguien me hace sentir que pierdo el timón y el

control de mi vida. Intento quitar todo lo agregado, para tratar de entender lo

que me pasa. Me figuro que no quiero evitar la dependencia. Para pasarlo

bien, necesito a otras personas. Me molesta que sea así, como si estuviera en

juego mi vida. Puedo planear un programa alternativo y, a una hora que me

parezca lógica, arreglarlo o hacerlo. De esa forma no me perjudico al

esperarla.

Cuando entiendo que no es un tema de vida o muerte se aliviana la

tensión. Seguramente en algún momento mi supervivencia dependió de otras

personas, pero ya no.

Mariana no me dejó colgado anoche. Al irse, ésta mañana, me dejó

una sensación de potencia y seguridad. Esa es la otra cara de la moneda.

Cuando me va mal me siento inseguro para hacer otras cosas.

Me hace pensar en lo solitario que estoy en mi camino. Poder hacer

algo placentero con alguien agradable me hace suponer que aunque siga
1

avanzando voy a poder volver cuando quiera. Pero me parece que es pura

fantasía, ya no puedo desandar mi camino.

Llegué del trabajo cansado, pero con ganas de salir. Ansioso por

conocer a alguien nuevo. Conseguí el número de teléfono de una chica y

arreglé para verla. Parecía que todo estaba bien, sin embargo, aunque no tenía

hambre, quería comer.

Mal indicio, pensé. En general me quiere decir que estoy mal

rumbeado, aun estando contento por el éxito de mi empresa. En ese momento

se me ocurrió que quizás fuera porque me estaba ilusionando con una chica

ideal, en una noche perfecta. Y eso era tirar la noche por la ventana.

Un par de horas después, me llama por teléfono ésta mujer, para

decirme que se sentía mal y que no podía salir. Aunque me sonó falso, no

pude hacer nada. Sólo empecé a sentirme mal yo, abandonado, ultrajado,

impotente. No podía evitar lo que sucedía. Un momento antes me había

sentido potente por poder salir con ella, esa mujer decide enfermarse y yo

paso a sentirme impotente. ¡Qué ridículo!

Así de ridículas juzgo mis estructuras. Busqué la forma de no salir

perjudicado en realidad, porque con todo lo que sentía únicamente aumentaba


1

el perjuicio de la situación. Por suerte me iluminé y me voy a quedar en casa,

para dormirme temprano. Mañana voy a tener un día para disfrutar.

Difícilmente me imagino como el centro de mi existencia. Me cuesta

pensar que no me falta nada para poder ser feliz, para poder vivir plenamente

cada día.

Hay veces que aunque pienso muchas cosas, no las escribo. Quiero

hacer como antes, que empezaba a escribir y no paraba a buscar palabras.

Simplemente dejaba que mi mano fuera una vertiente por donde pudiera salir

el flujo hacia la superficie. Me gusta escribir así, sin tener idea hacia donde

me dirijo, sin saber lo que voy a decir. Me gusta hacerlo sintiendo que mi

alma fluye por entre mis dedos. Disfruto escribir mientras escucho una linda

canción. Me agrada hacerlo por la noche, con el velador prendido cerca mío y

la ciudad descansando. Me complazco cuando me busco y me siento. Noto

que estoy vivo.

No es fácil ser Andrés. Supongo que no es fácil ser nadie, que a

Andrés no le sería sencillo ser nadie. ¿Por qué debería serlo?

Tal como escribí hace tiempo, me levanto solo y me acuesto solo.


1

Estoy solo mientras escribo y cuando salgo a correr, cuando descanso y

cuando pienso. Pero en realidad no estoy solo, me siento solo, que es

diferente.

No estoy diciendo esto porque tenga mucha gente a mi alrededor, ni porque

me crea acompañado por nadie, sino porque se me ocurre que cuando pueda

atravesar la barrera que yo mismo edifiqué entre mi corazón y yo, cuando

logre romperla, traspasarla sin evadirla, ese día, voy a sentirme acompañado

aún estando solo.

Quizás con la angustia mi interior me esté avisando en aquellas

situaciones en las cuales actúo mal y yo mismo me pongo trampas para no

poder salir.

Cuando ciertas palabras escritas por personas profundas, llegan a mi

alma, en parte disminuyen mi separatidad.

Muchas veces me pregunto la finalidad de mi existencia. Mi razón

de ser.

Durante un tiempo creí que estaba acá para ayudar a otros, para

aliviar la pena de los doloridos, para curar a los enfermos, para consolar a los
1

deprimidos. Me preguntaba por qué no me dedicaba a eso de lleno.

Hoy creo que no estoy acá para ayudar a la gente, aunque muchas

veces me gusta hacerlo.

No estoy acá para consolar a nadie, para solucionarle los problemas

a nadie, ni aliviarle el dolor a nadie, pero puedo hacerlo y a veces me hace

bien.

Estoy acá para escuchar el sonido de la risa, del llanto, de un saxo, el

canto de un negro, el gemido de una mujer.

Estoy acá para ver el mar contra la orilla, la sonrisa de una mujer, el

crepúsculo contra la ciudad, cipreses en una noche estrellada, a una madre a

un bebé.

Estoy acá para sentir el frío en la cara por la mañana, el abrazo de

alguien querido, la caricia del sol, el viento y la lluvia.

Para oler el pasto y gustar un buen vino. Para formar parte de una

buena conversación o para escucharla. Para compartir. Para vivir.

Estoy acá para amar. Y tal vez amando ayude, consuele y solucione

problemas. Quizás mi amor alivie parte de un dolor o ayude a sonreír a

alguien.

Pero todo esto no es amor. Amar es acompañar y aceptar y respetar


1

y buscar. Es sentirnos acá, porque mi risa es tu risa y mi llanto es igual a

cualquier llanto. Así como todos reímos y todos lloramos, todos hablamos y

todos nos callamos. Todos nos enojamos y nos angustiamos. Todos nos

sentimos solos.

Estoy acá para vivir esto. para sentir esto, para amar esto. Porque

esto es la vida.

Mamá expresó lo que quería y a mí no me quedó otra, si quería

seguir sintiéndome amado, que someterme a sus deseos.

Citando a Fromm en "el miedo a la libertad": La fe de Lutero

consistía en la convicción de que sólo a condición de someterse uno podía ser

amado.

Mientras tanto mis deseos se vuelven invisibles.

Me castiga mi pretensión de hacer ciertas cosas como un deber, sin

obtener un real beneficio y sin siquiera que otras personas obtengan un

provecho cierto.

Entre la maraña de estructuras sociales y familiares pude vislumbrar

mi singularidad, mi individualidad. Me conectó directamente con mi soledad.


1

Una soledad sumamente angustiante, que por lo que pude leer y comprender

hasta ahora, solamente va a poder disminuir y terminarse por medio del amor.

Relaciono mis ganas de vivir y mi pasión por la vida con el logro de

mis sueños, de mis deseos, de mis ocurrencias. Pero pareciera creer muy

hondo dentro de mí que, si me zambullo a satisfacerlos, me va a sobrevenir la

muerte.

Al determinar que mi felicidad depende del cumplimiento de mis

deseos, aparecen siempre dos problemas: primero, determinar cuáles son

estos deseos, y segundo, establecer si vale la pena el costo por satisfacerlos.

Lo que uno quiere no debería tener precio, pero lo tiene y en general

me parece caro.

Me alimento compulsivamente. Responde a mi inamovilidad con

respecto a mi real libertad. No hago nada por empezar a vivir mi vida.

Encerrado en una casa de Buenos Aires, sin mirar más allá de mis narices,

siento como la vida se me escurre, como agua, entre los dedos. No puedo

retenerla, no puedo disfrutarla.


1

Al terminar de ver el segundo film en video, comprendí que había

cambiado mi forma de buscar recreación y placer. En donde antes se me

antojaba únicamente una mujer, ahora me contentaba casi indefectiblemente

con una película.

Siento que no estoy en nada. Me voy poniendo viejo y cada vez

estoy más solo. No puedo amar aquello que odio. Odio mi forma de pensar.

¿Por qué no puedo aceptar la vida tal cual es? ¿Por qué me cuesta tanto

digerir lo malo en la vida, a punto tal que sacrifico lo bueno que podría

darme?

El placer que me produjo la leve brisa que entró por la ventana

mientras estaba sentado como tantas otras veces en mi escritorio, hizo que

tenga ganas de llorar. Quizás el darme cuenta que puedo disfrutar cosas

estando solo, me da mucha pena y mucho miedo.

Desconfío de las opciones que permito en mi vida. No creo que sean

verdaderas. Siempre tienen que ver con proyectos y deseos de los demás.

Son las cuatro y media de la tarde. Dormí casi todo el día. En


1

realidad casi desde ayer, cuando me enfermé.

Supongo que para actuar lo que estuve diciendo durante toda la semana

pasada: -No quiero. No quiero ni dedicarme a vender relojes, ni a construir

las mesas, ni a buscar un depto. para mí, ni ir a Balcarce a revisar los toros, ni

ir a fiestas, ni nada.

El final del día le dio paso a una noche excelente. La luna es una

perfecta bola de nieve. Sobre el pasto y arriba de los autos, se deposita el

rocío justo en éste momento, lo que le da un aspecto incierto.

Cuando intento quitar la estructura autoritaria en mi persona, en

donde no puedo ver a los demás con un mismo valor como individuos, sino

donde las diferencias me demuestran que soy más poderoso o más débil, más

importante o sin valor, me parece que me quedo sin nada, vacío de orden.

Percibo dentro de mí gran cantidad de opiniones, ideas, escalas de

valores y puntos de vista que fueron colocados por todas aquellas personas

que fueron educándome, como mis hermanos, padres y profesores, que no

son para nada auténticos, propios.


1

A veces me parece que yo digo con mi actitud:

-voy a dar una vuelta, para comprobar que no hay nada y vuelvo.

Debe haber algo, muchos algos viviendo plenamente y en libertad,

pero tengo que permitirme verlo. Salgo buscando una justificación para

volver.

Sin embargo quemé las naves, porque aunque quisiera ya no podría

disminuirme hasta no existir, poniendo en mi lugar a ese montón de datos y

órdenes que denominamos "sentido común".

Pienso que estuve todo el día buscando excusas para enojarme.

Supongo que porque ya estoy enojado, pero lo juzgo absurdo. Me encantaría

pensar que estoy con bronca porque no me estoy dando alternativa y me

obligo a seguir para adelante.

Si en casa nadie logró salir ¿Por qué voy a lograrlo yo? En

apariencia, hermanos míos lograron metas que yo no pude alcanzar, pero hay

ciertos indicios que me demuestran lo contrario.

Todavía no pude irme de la casa materna, pero no creo que sea eso

lo importante, sino empezar a vivir mi vida, sea donde sea. El problema está

dentro de mí, no es un lugar seguro para mí.


1

No tengo ganas de irme a dormir, como si estuviera disfrutando lo

que estoy viviendo. Me gusta darme cuenta de algunas cosas.

Hoy Leonardo (mi psicólogo) se reía porque no puedo manejar mis

deseos ni siquiera cuando voy al cine. No puedo determinar lo que quiero. Es

cierto que una cosa es desear algo y otra es tener que permanecer ahí. Tengo

claro que no quiero permanecer en ningún lado, ni con nadie.

Es un gran problema dudar de todo, hasta del deseo más pequeño.

En este momento de mi vida, soy lo bastante libre en lo concreto, no sé si

tanto en lo real, como para hacer casi todo aquello que elija. Aún así, me

siento impotente para lograr mi plenitud como individuo que siente, piensa y

razona de una manera única.

De ésta forma, la gran cantidad de posibilidades se reducen a la

nada, por la impractibilidad de ejecutar cualquiera de ellas.

Una forma vulgar de no llegar a lo que quiero es nunca llegar al

fondo de mis deseos. Es nunca poder determinar quién es el que desea en

realidad. Yo o algún otro.

Se largó la tormenta de Santa Rosa y me hace muy bien estar en casa


1

a cubierto. Pero me siento muy nervioso, como si dudara, como siempre, de

lo que voy eligiendo y, además, se suma mi ansiedad. Escribo lo más rápido

que puedo, como si tuviera miedo a morirme, a que vengan a buscarme y me

lleven.

Lo extraño es que estoy contento y, a la vez, muy nervioso y muy

asustado. ¿Será que me falla la cabeza?

La soledad pareciera traer aparejada una gran libertad de acción,

pero en realidad se queda sólo en la potencia. Concuerdo con aquella persona

que me decía que uno es libre solo cuando elige, no cuando puede elegir.

Mientras uno se pasea mirando vidrieras y no compra nada, está tan

atado, aunque no lo crea, como si se paseara sin plata. La diferencia pasa por

tener lo elegido.

Me imagino como algo muy difícil pensar en el día de la muerte de

un ser querido como algo que merece ser vivido. Aunque estoy alegre, tengo

miedo.

Mientras me despido de viejas estructuras internas que me hacían


1

mal, las reconozco como un paisaje de muchos años, que aún no queriendo

volver a ver, añoro. Me parece que cambié mi incertidumbre actual, por la

engañosa seguridad del esclavo.

Escribe Fromm: "La diferencia entre individuos significa un

desnivel de poder y no la realización del yo, fundada sobre la igualdad; la

justicia indica que cada uno debe recibir lo que merece, y no que el individuo

posee títulos incondicionales para el ejercicio de los inalienables derechos

que le son inherentes en tanto hombre".

Encuentro en ellas una gran verdad de mi naturaleza. Al

relacionarme con otras personas, encuentro que las diferencias significan un

medio de poder y, con él, los derechos a la felicidad. Por eso es que me siento

por momentos con gran capacidad de ser feliz y, luego, muy poco tiempo

después, caigo en una profunda desesperación al sentirme socialmente

marginado y, por ende, menos merecedor de buenas vivencias.

Al no lograr concretar la salida con quien me presentaban, me sentí

muy solo. Por lo que voy conociéndome diría que en ese momento me

permití sentir lo que en realidad me pasa desde hace días y tiene que ver con
1

el casamiento de Mac y mi soledad. Tengo miedo de quedar solo por no

haber transado con ella.

Aunque creo haber elegido correctamente ser yo mismo, no implica

que no aparezca ese miedo al error, a quedarme solo por no haber aceptado

aquello que estaba a mi alcance.

Tengo miedo a quedarme solo, como estoy ahora. Siento que a nadie

le importa lo que me pasa. Podría no ser verdad, sin embargo las personas

muy pocas veces se acuerdan de mí. Cuando por fin convenzo a mi interior

de mostrarse un poco, al ser rechazado vuelve a ocultarse, como si cualquier

acto hostil pudiera matarme. Me aparece una fantasía, en donde si no soy

aceptado paso a desaparecer.

Mientras estoy con amigos, me sitúo bien en el centro, donde

pueden criticarme y enjuiciarme, como si de ellos dependiera mi futuro, en lo

concreto pocas veces hacen algo para ayudarme.

Aunque cada día estoy más solo, opinan en mi interior como un

millón de personas.

Hoy empiezo a escribir por descarte. No quiero ni dormir, ni comer,


1

ni ver televisión.

Ya van varias noches que me voy a dormir, con la sensación de no

haber completado realmente el día, que se me escapó mucho por vivir.

Me cuesta encontrar sacrificios que sean productivos, empresas que me hagan

bien, aquí, donde supuestamente poseo derechos inalienables.

Con la raqueta nueva no podía hacer ninguna bien. Cuando quería

tocar la pelota despacio, era un desastre. Sin solución. Como en mi vida.

Quizás sea que no tengo ningún problema y es por eso que no hay solución.

Los días que siguieron a la pelea con mamá, me sentí muy solo y

dejado de lado. Aun cuando no puedo relacionarlo directamente, no acepto

que haya sido pura casualidad.

Hasta ahora para poder darme una luz verde para ser yo mismo, tuve

que separarme de las personas que amo. Eso vuelve muy penoso el ser

auténtico.

Espero que cuando viva solo y logre algunas pequeñas

satisfacciones, como si fuera la de vender relojes, pero más significativas, voy


1

a poder ser yo mismo aun cuando las demás personas no quieran

permitírmelo. Cuando entienda que no está en ellos decidir las prioridades de

mi vida.

Desperté con la fuerte imagen de estar esperando, sentadito en una

esquina. Intenté concentrarme y las imágenes oníricas volvieron claramente a

mi mente:

Yo era chiquito, papá y mamá estaban por irse en la

estanciera. Intenté subirme con la idea de acompañarlos, pero quedé colgado

con un pie arriba y otro abajo. En ese momento tuve que decidir si me

quedaba agarrado como estaba, con serio riesgo para mí mismo o si me

soltaba y le pedía a papá que me esperara. Me solté, gritándole a papá para

que parara, explicándole que no había podido subirme.

Papá pareció no escucharme. Siguió andando y alejándose de mí.

Entonces grité con más fuerza, pero ya con la sensación profunda de haberme

equivocado. Aun así le grité y le grité.

En mi desesperación me acordé de que mamá estaba con él y que

ella había visto todo. -Mamá le va a avisar, pensé. Seguramente fueron a dar

la vuelta a la manzana y me pasan a buscar por la esquina.


1

Con una sensación de certeza y alivio fui caminando hasta la esquina y me

senté. Esperé que papá me pasara a buscar. Y esperé... Y esperé... Y

esperé...

Pensé en ofrecerle los relojes al padre de Mac, pero se me ocurrió

que si me los rechaza, es como decirme que yo no le importo. En realidad

únicamente me iba a estar dando su opinión sobre ellos y si le sirven para

regalarlos o no.

Por momentos me pareciera como si tuviera que irme a vivir a otro

planeta, como cuando voy a comer a un buen lugar y en vez de pensar si

puedo pagarlo o no, pienso que no tiene nada que ver, que yo esté por ahí.

Como excusa, propongo al desastroso auto en el cual me muevo, como si

para comer en un restaurante, aparte de pagar la cuenta, hubiera que llegar en

móvil lujoso.

¿Por qué aquello que por definición es satisfactorio, no le es para

mí?

El hecho de definirme, en vez de hacerme bien y aclarar las cosas, me


1

conduce a un callejón sin salida, donde sufro realmente.

Como si hubiera algo en mí que no puede creer en vivir diferente

sigo con mamá, que lo hace bastante mal.

Me siento arrastrado hacia lo inevitable, sin poder dirigir mi vida.

Circulo como a la deriva, sin rumbo y a la merced del mar. Aun cuando

escribo sobre el mismo escritorio, la mudanza me hace sentir perdido. Ahora

mi lugar, es un garage despintado, desordenado y húmedo.

No puedo evitar engancharme con todas las negativas.

¿Por qué sigo esperando que alguien me dé la oportunidad de demostrar todo

lo que soy capaz?

Víspera de navidad. Nido de víboras. María José lo expresa como un

drama. Nosotros lo actuamos calladamente. Ya no me interesa pintar el óxido

por encima, construir una fachada, aun así, estoy encerrado en esta familia,

sin permitirme construir nada realmente bueno, estar con nadie que me guste.

Me defino como un inadaptado de este planeta. No puedo aceptar las

normas vigentes.
1

Escribo párrafos como éste:

Era una linda noche de

verano, pero mis perspectivas no eran ciertamente muy alentadoras: un

trabajo miserable en el hipódromo local y unas ventas, a fin de año, de

algunos relojes fabricados por el hermano de mi padre muerto. Con

malabarismos pagaba las cuentas cada mes.

Como veterinario, no había podido abrirme paso, pero dos cosas

tenía en claro: primero, dedicarme a algo que considerara verdaderamente

importante, segundo, no depender de las banalidades de la gente para conse-

guir el pan de cada día.

Estas pocas premisas no bastaban para descubrir el camino. En ese

atolladero me encontraba, mientras saboreando mi limonada, sacudía mi

cabeza en busca de alguna idea.

No recuerdo si lo decidí porque era la mejor opción o porque no se

me ocurrieron otras, pero a la mañana siguiente y con un traje azul razonable,

una buena camisa rallada y mi corbata de seda búlgara, me presenté, sobre

mocasines marrones de varias batallas, en la editorial del diario del centro de

la ciudad.

El haber elegido el cotidiano de mayor tirada de la Argentina,


1

hablaba a favor de mi gran ambición, pero también de una ingenuidad grande

como una casa.

Por suerte, a pesar de mí mismo, inventé un par de trabajos y

columnas en periódicos de la zona norte, donde me crié. Estuve dispuesto

inclusive a fraguar una hoja de esos semanales para mostrar algo a mi favor.

No fue fácil, porque aunque paso engañándome la mayoría del

tiempo, fui educado con gran repulsión hacia la mentira y supuesto respeto

hacia los demás.

Con un paréntesis a mi honestidad indiscriminada, golpeé la puerta

del que , según pude averiguar, era el encargado de captar nuevos valores

para el diario.

No supe como seguir el cuento. Quería evitar situarme en la otra

cara de la misma moneda, pero no pude encontrar otro punto de vista.

Todavía no lo tengo desarrollado.

Una disposición interna me obliga a cumplir los deseos de las

personas que me gustan. Al encontrarme a alguien a quién querer, tengo que

dejarme de lado, para que la otra persona pueda expresar sus apetencias y yo
1

quedar encadenado por ellas.

Conozco a muchas personas que obran de la misma forma. Para

obtener algo de alguien se hacen los ofendidos y lo hacen sentir mal. Como si

el afecto dependiera de ello. Por eso me cuesta tanto no cumplir con los

pedidos de mis amigos.

Aquí, en Pinamar, cada vez estoy y quiero estar más solo. Estar con

gente me asusta y me da inestabilidad. No quiero depender de los demás para

estar bien.

Volví hace un rato de la playa. Pensé en salir, pero preferí quedarme

aprovechando este atardecer en el bosque. Algunos pájaros paran justo

encima mío.

Quiero pasar estos días viendo lo que me gusta hacer.

Encontrándome con mi más íntima figura, para poder seguir haciéndolo aún

frente a otras personas. Disgustar a los demás no es tan importante como

hacerlo conmigo y terminar transitando cosas que no me gustan. A veces es

necesario estar solo.


1

Sentado frente al fuego, en el cual cociné dos excelentes

hamburguesas, escucho una música bárbara mientras se escapa el día.

Disfruto mucho esto. Coloco leños a cada rato, porque son pequeños.

Mientras escribo de reojo miro el fuego, que está muy lindo. Gasto

poco y tengo mucho, eso me gusta.

La radio es mi única compañía. Mientras me entretiene con los

mejores temas, el locutor invita a bailar a la discoteca de Pinamar. A mí, que

estoy durmiendo en el auto, en un camping. Con el aislamiento que siento,

sus palabras me cobijan, como una manta calentita.

¿Cómo llegué a estar sentado entre los locutores de la radio y mujeres, que

me invitan champagne y me hacen participar de sus charlas? Me ofrecen

conocer la radio y yo acepto. Me invitan a encontrarnos al día siguiente, con

el grupo que opera la discoteca. ¿Qué está pasando?

Decidí viajar a Mar del Plata. ¿Justo después de conocer un grupo de

gente? Evidentemente mi intención es estar solo, aunque reniegue de ello.

A pesar que me sienta un paria, con una realidad miserable. Por más

que siga triste y deprimido como si todo fuera negro. Estoy como un pez
1

fuera del agua. Atrás dejé un grupo de gente, atrás dejé un compañero de

squash.

En este hotel, tengo una mesita con una silla, justo debajo de la

ventana en un rincón del cuarto. Pagué por adelantado los seis días porque era

justo lo que buscaba.

Pienso todo el día que me falta una mujer, pero cuando puedo

acercarme a alguna, las palabras no llegan a mi boca. No tengo nada para

decirle.

Le escapo a todo compromiso, inclusive para jugar squash.

Otro párrafo:

Juan era una persona amorosa. Vivía en una época dura, de modo

que para mantener a su familia picaba piedra de sol a sol. No es que no fuera

una persona inteligente, porque lo era, ni ocurrente, porque también lo era,

sino que en el lugar donde vivían, el único trabajo bien pagado era ese.

Su mujer, Lucía, se desvivía por darle todos los gustos. Por la noche,

con la mesa lista para comer, le quitaba los zapatos pronunciando palabras

que a Juan le encantaban: -Nada es suficientemente bueno para la persona


1

que amo.

Pensaba en lo afortunado que era al tener una familia así. Y reía

feliz.

Pero cuando la casa quedaba en silencio, entrada la noche, grandes

depresiones lo asaltaban. Con precisión escuchaba cada uno de los golpes que

había dado ese día. Las piedras picadas se abalanzaban sobre él. Y cada vez

reaccionaba de la misma manera, sintiéndose culpable por no valorar un

trabajo deseado por muchos en su pueblo.

Día tras día, Lucía le comentaba a quién quisiera escuchar lo

orgullosa que estaba de su marido por lo trabajador y buen padre. -Te amo, te

amo, le decía mientras lo llenaba de besos...

Cada noche, cuando llego al hotel, empiezo el rito del baño. Lo hago

tranquilamente. Me afeito a consciencia, me visto y me pongo colonia, como

si fuese a la cita más importante de mi vida. Y, es que cada noche, espero que

así sea. Cada vez termina en una frustración. Sobre todo desde que soy más

difícil de engañar y pocas veces me permito un supuesto idilio, promovido

por el alcohol y la diversión.

Hoy espero ir a comer bien. Solo, pero bien. Después tomar un té en


1

"Villa Freud", como una forma de "estar ahí", si es que la vida decide

sonreírme. No es fácil encontrar momentos como ese y es importante no

dejarlos pasar.

Otro sueño: Alguien con buena dentadura, moría. Mientras mis

amigos y yo lo enterrábamos, me explicaban que de sacarle los dientes no iba

a tener perdón ni en cien años. De cualquier modo, mientras ellos no podían

verme, se los quité, pero la culpa fue tan grande que tuve que deshacerme de

ellos. Los lancé lejos. Aun así, la culpa quedó. A pesar de no haber podido

usufructuar mi pecado. ¿O sí? ¿Será vencer el saber que uno puede?

Supongo que me puse a prueba. ¿Tengo que confirmarme en cada

momento?

Desde chico me dijeron que era pintón. Y yo pensé: -zafé, soy uno

de los afortunados. Muchas veces me descubro mirando hacia la derecha y la

izquierda, para saber si soy atractivo para alguien, aunque por otro lado me

molesta serlo.

Alguien escribió que la belleza es vacía, que es un don que no nos

hace grandes.
1

Que tan sólo el trabajo nos hace valiosos, lo escuché muchas veces.

También que el único verdadero poder, porque no se pierde ni se marchita, es

el talento. ¿Acaso el talento no es un don? ¿El ser trabajador y creer en ello,

no es un don? ¿No es un don la vida misma? Y entonces ¿Por qué diferenciar

unos dones de otros?

Pienso que cada oportunidad perdida, no vuelve nunca a darse. No

puedo permitirme estar perdiéndolas. Incluso a las posibles oportunidades.

Como en un valle, mi vida transcurre sin grandes sobresaltos. Pero

me rodea al desierto, dado por la lejanía de mis relaciones con otras personas.

Intento quererme logrando un equilibrio que no sea compulsivo, pero una

línea muy fina me separa de la obsesión y, por momentos, no puedo

determinar de que lado estoy transitando.

Hoy me siento en la miseria más absoluta. Me veo como una

persona chiquitita e insignificante, arrastrada por las fuerzas de la vida, sin

oponer más que un inútil y débil intento por salvarse.

La corriente me lleva mientras mis quejidos, cada vez más


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silenciosos se vuelven más y más esporádicos. La depresión va ganando lugar

dentro de mi mente envuelta en tortuosos laberintos sin salida. Pierdo toda

noción de realidad y bienestar. Ya no sonrío.

El tiempo pasa y va dejándome cada día más seco. Más estéril.

Harto de estar harto. Triste por estar triste. Deprimido por deprimirme. En

círculos concéntricos hacia abajo. Volviendo al pozo, a la angustia y al

drama.

Gordo con ganas de comer, triste de lágrimas secas. Vencido.

-¿En donde te escondiste, alegría? ¿Por qué me abandonaste?

Supongo que se escapó de la mano de la espontaneidad y los viejos

ideales, juntos con el amor y la buena compañía.

Acabo de leer esta frase: "He pagado todo al aceptar que no puedo

pagar nada".

¿Nosotros tiramos una piedra o ella se deja lanzar por su pasividad?

¿Es nuestra actividad lo que mueve las cosas o la pasividad de esas mismas

cosas? ¿Puedo separar un solo acto de la naturaleza que me rodea? ¿Hay

algún acto totalmente mío? ¿No es el aire quién nos deja respirar?
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Me encuentro en un atolladero muy grande. El equilibrio real pende de un

hilo demasiado fino y debo encontrarlo sin poder guiarme por mis sentidos.

Como si buscara una aguja en un pajar. ¿Cuál será el verdadero? Los falsos

dioses y la hipocresía general se cierran sobre mí.

No creo que llegue nunca a estar en condiciones de determinar

cuales resultados dependieron de mí.

Mi mundo se derrumba. Las cosas no concuerdan con lo que creo

que es real.

La realidad amenazante se cierne sobre mí. Esta mañana, al

despertar, fuerzas desconocidas pugnaban dentro de mí. La batalla fue ganada

y pude despertar, sin embargo sus huellas no me abandonarán durante todo el

día.

Aún con posibilidades de hacer lo que quiero, hoy, como el resto de

mis días, los fantasmas y ciertas verdades transforman lo que pudo ser una

linda sonrisa, en una mueca retorcida.

Mi cuerpo me grita con desesperación, me pide más comida y al

mismo tiempo sentirme más gordo. ¿Cómo entenderlo? Ni en Pinamar, ni en

Mar del Plata, ni aquí, en mi garage, puedo acallar sus gritos.


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Al pensar en escribir algo, automáticamente me imagino

mostrándoselo a otra gente y dependiendo de ellos ¿Será un deseo natural de

ser aceptado?

Almuerzo y vuelvo a encerrarme en el garage. El optimismo y el

pesimismo, parecieran ser diferentes estados del ánimo que surgen de lugares

que no controlo.

Dormí una siesta y no quería despertar. Iba a escribir que no quería

volver a la realidad pero, ¿Es la realidad lo que vivo despierto?

A esta altura ya me cuestioné todo. No dejé ladrillo sobre ladrillo.

Quizás deba aprender a vivir sin ninguna certeza y también sin ninguna

destreza.

Estoy todo el día dando vueltas, como un perro preparando el lecho,

pero nunca termino de convencerme y sigo así.

Cuando no conozco el camino, me choco la cara contra los vidrios

del laberinto. Otras veces, en que creo conocerlo, tampoco me va mejor.

Llueve en Buenos Aires. No torrencialmente, sino una caída de agua

pausada, acomodándose con el día lento y perezoso del verano.


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Imagino que algunos viven aprovechando cada minuto, activamente.

Otros se dejan llevar por la corriente dando pequeños golpes de timón, para

lograr el rumbo deseado. Yo, estoy varado. Cuando la corriente es fuerte me

hace tragar agua, cuando es suave, me castiga el sol y me aburro.

Aunque me cuido mucho de no lastimar a alguien a sabiendas, aun

cuando esté amenazando mi integridad, me siento mala persona. Sobre todo

mientras hago lo que quiero, imponiéndome a la voluntad que algún otro

tiene sobre mí.

Estoy por cumplir treinta y dos años y vivo cada día quejándome por

la falta de sentido, por no tener ninguna meta. Tachándome porque no estoy

conforme con lo que soy. No es que quiera encontrarme, sino transformarme

en otro o ponerme una careta para no saber quién y cómo soy. Soy veterinario

y no quiero serlo. Provengo de una mezcla de clases, por un lado me

relacioné con gente con la casa en orden, por otro viví siempre en una

pocilga, como ahora. ¿De qué me sirve vivir así?

Acaso pueda escribir las cosas más alegres ésta noche. Escribir por
1

ejemplo de lo acompañados que estamos en este mundo, de cómo se menean

los árboles a nuestro paso y los mosquitos intentan picarnos. La vida continúa

generando vida.

Me encanta poder caminar a la noche, bajo las estrellas, amparado y

acompañado por cada ciprés, cada tipa y cada arbusto que encuentro a mi

paso.

Cuando en un alto miro hacia arriba y veo recortado el perfil de esas

plantas contra el cielo oscurecido, me invade una sensación de placer que no

entra en mi pecho.

En ocasiones estuve tan triste y tan solo, que mi alma no encontró consuelo

en ninguna de estas maravillas. Cuan grande puede ser a la vez el sufrimiento

y la impotencia a la que estoy sometido. Puedo magnificar cualquier

situación, sea alegre o triste, ganadora o perdedora, buena o mala. Mejor

dicho: alegre y triste, ganadora y perdedora, buena y mala. Porque no sé

cómo cuando gano, también pierdo, cuando soy bueno, también llevo maldad

y cuando estoy contento, poseo algo de tristeza.

Quizá como un perro que al saludar a su amo mueve la cola y llora

al mismo tiempo o una mujer que al dar a luz, sufre y goza, llora, grita y ríe.

El dolor y el placer no son antagonistas, pueden fundirse dentro de


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mí creando mi realidad.

Hoy agradezco estar vivo. Poder escribir, oler, respirar. También

sufro por lo difícil que se me hace, al sentirme solo y separado del resto, y al

defender mi individualidad. Asimismo siento bronca porque el mundo es

como es y siento envidia por todos aquellos que se permiten expresar y

cantan, pero me acompañan y los admiro a la vez.

Cada vez que, por las tardes, veo "la familia Ingalls", se me forma

un nudo en la garganta, mientras evito el llanto. Me conmueven las escenas

donde unos y otros se ayudan para salir del paso, donde es más importante el

individuo y el bienestar de otras personas, que la ganancia.

Durante muchos años creí que iba a lograr, con mi poder, que todos

en casa estuvieran bien. Me resisto a resignarme a la impotencia frente a los

problemas de los demás, pero no me queda otra.

En lugar de decir que no hay mal que por bien no venga, diría: no

hay mal que con bien no venga.

Un cuento:
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Tuve que agacharme para pasar la pequeña puerta. Los muebles

estaban ubicados ordenadamente en el reducido espacio, dando la sensación

de una profunda comodidad.

Me miraron sonriendo, aceptando como algo lógico y natural la gran

alegría que me transmitía la casa.

Alguien reía a carcajadas, contagiosa, ágil y graciosamente. Lo busqué con la

mirada, hasta comprender que el que reía era yo. Estaba realmente

desconcertado.

Me hicieron sentar, con una gran amabilidad, en un sillón, que

hubiera jurado que estaba hecho exactamente para mis medidas.

-¿Sabe como se llama ésta casa?- me preguntó.

Fue la primera vez que los miré realmente. Para mi sorpresa, entre los dos, no

debían pasar los dos metros de altura. Se movían graciosamente, como si

bailaran. Tenían los ojos turquesa, cabezas canosas y brazos y manos fuertes.

Ambos me observaban sin disimulo.

Como no obtuvo respuesta, continuó:

-Se llama: su casa.

Lo miré impávido.

-Es el lugar, donde usted puede ser Ud., donde puede desprenderse de todo
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aquello que contamina su cuerpo, su alma y su ingenio. -¿Cómo se siente?.

-Bien, respondí. En verdad me sentía muy bien, aunque no podía precisar por

qué. No estaba haciendo nada, no

descansaba simplemente porque no estaba cansado, no me habían ofrecido

nada de tomar o comer, pero tampoco se los hubiera aceptado. ¡No quería ni

comer, ni tomar nada! No estaba ni ganando, ni gastando plata. No me sentía

ni trabajador, ni magnate, ni vago. Ni siquiera complicado o simple.

No sabía para qué estaba ahí, ni cómo había llegado, pero me sentía

perfectamente y lo raro es que no me sorprendía.

Me habló como siguiendo mis pensamientos:

-Es que en éste lugar las diferencias entre personas son otras. Ya lo va a

comprender por sí mismo.

Terminó de decir eso y salieron por la puerta por la cual yo había entrado, sin

saludarme. Me pareció lo más natural.

Me quedé solo. Cerré los ojos, y sentí como me invadía mi propia

consciencia. No sé cuanto tiempo pasó...

Intento encontrarle un sentido a mi vida. Un sentido para todo


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aquello que tuve, para todo aquello por lo cual luché y me esforcé, para haber

ganado lo que gané y haber perdido lo que perdí. Trato de hallar un sentido

para haberme encontrado con las personas que estuve y para haberme

desencontrado con las que ya no estoy, para haber escrito lo que escribí y

para no haber podido o sabido escribir lo que falta. Un sentido para pensar lo

que pienso, para querer lo que quiero, para no poder estar con aquellos que

quise.

La angustia me llega en oleada.

Es una calurosa noche de verano. Estoy sentado en una plaza, frente

a la Av. Libertador, sobre una sillita de playa. Mientras escribo, estoy

tomando una botella helada de vino "San Felipe" blanco. Descubro que no

tengo tanto poder como pensaba sobre las cosas y que eso me quita un

tremendo peso sobre mi espalda. Me agrada estar sentado acá.

Cuando ayer fui a correr, comenzó un terrible dolor en el centro de

mi espalda. Siguiendo la teoría de Louise Hay, lo relacioné con la culpa.

Primeramente pensé en Mónica, una mujer que me invitó a bailar y,

al rechazarla, me acusó de malo. De ahí en más me costó muchísimo disfrutar


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esa noche. Como la conocía sólo de una noche, me pareció que no era la

causante del dolor y proseguí mi búsqueda. Allí me encontré con la otra culpa

que estuve sintiendo últimamente y es la muerte de papá. Quizás desde mi

omnipotencia infantil, me juzgué responsable de su muerte. Como mamá, a

partir de ese momento, no pudo recuperarse y vivió una vida miserable, me

creo responsable también por sus angustias y su infelicidad.

Si mi ánimo fuera mi garage, tendría sobre una las paredes éstas

palabras:

"gente como uno", llanto, música, periódicos, bronca contra mi suerte,

sufrimiento, también, "solo y abandonado desde el comienzo", en otra

pared, diría: ya no sintió dolor, ni ningún otro sentimiento más. Terror,

repetido en varias oportunidades. No encontraría la palabra alegría, ni

bienestar.

Creo que llegó el momento para comprarme una moto, por más que

no va a solucionar mi problema existencial, puede ser que me lo suavice un

poco.
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Despotrico contra el medio y las personas con las cuales me ha

tocado compartir el espacio y el tiempo de vida. Todo parecía indicar que yo

poseía los atributos necesarios para ser un verdadero triunfador. Sin embargo,

parece que se olvidaron de repartirme el suficiente talento o de darme el pase

mágico, para convertir a éste personaje funesto, en alguien con ganas de vivir

y con la fuerza necesaria para hacerlo.

A medida que pasa el tiempo, y mientras voy envejeciendo, se

dibuja frente a mí una pregunta sobre la razón y la dirección de todo eso que

viví. En ocasiones me he sentado tranquilamente en una plaza a mirar las

estrellas y pude percibir un poco de la grandiosidad de toda la creación.

Tengo la impresión que la gente vive como ignorando su

individualidad, como una forma de no aterrarse ante la importancia de

comprenderlo.

Únicamente puedo lograr lo que quiero mientras estoy soñando,

porque en la realidad, para cualquier emprendimiento, dependo de fuerzas

que no puedo controlar, que me enojan y me hacen vulnerable.


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Es increíble que no pueda ver "La familia Ingalls" por televisión, sin

que se me forme un gran nudo en la garganta y me inunden las ganas de

llorar. Y es que transito cada día sin amor y, de esa forma, el mundo se me

vuelve árido y harto difícil de atravesar. Empieza con la falta de amor a mí

mismo y sigue con la falta de amor hacia los demás. Incluido claro, la

ausencia del respeto y la consideración. Cada uno de mis días empieza y

termina como un cuenco vacío, al no encontrar un sentido para disfrutar.

Pasé mucho tiempo sin saber quién era yo. Quizás por estar

esperando encontrar al gran hombre que todos pudieran admirar, elegí para

mí caminos difíciles, con supuestas funciones sociales importantes. Decidí

transitar mi vida sin alejarme mucho del sendero de la lógica y el sentido

común. Al terminar el secundario, casi sin haberme llevado ninguna materia,

entre a la universidad, como era común en mi medio social -para estar

preparado cuando me sonriera el porvenir.

No fue tan fácil como en el colegio. Algo dentro de mí se rehusaba a

estudiar. Con gran esfuerzo pude amordazarlo y, por medio de cruentas

batallas en cada materia, logré recibirme con grandes heridas en mi alma

oculta.

Durante años empujé con fuerza, esperando que mi personaje,


1

superior y admirable, se diera a conocer. Dos veces estuve de novio y busqué

un trabajo que me lanzara a la fama y al éxito, casarme y tener una familia

envidiable.

Hoy, a treinta y un años de mi nacimiento y casi cuando mi

inamovilidad es absoluta, recién se me ocurre pensar en mí mismo. Pero ya

no como esa persona fuerte, admirable, inteligente, imitable para los demás y

bueno, sino como en una personita miserable y débil, tímida y quizás

egoísta, temerosa e insegura.

Hoy quiero empezar a conocerme tal cual soy. Hacer por mí mismo,

lo que esperé que hiciera mi familia, y mis amigos, durante toda mi vida.

Apoyarme y alentarme. Apoyar y alentar a esta personita que tanto le cuesta

darse a conocer y que aún dentro de sus grandes limitaciones y desgracias,

rebosa singularidad.

Y quiero hacerlo, porque sospecho que es la única forma en que

quizás algún día, esta pequeña persona, me sorprenda a tal punto que me

termine encontrando orgulloso de ser Andrés, el que escribe.

A lo largo de la mayor parte de mi vida, mis esfuerzos estuvieron

destinados a lograr aquello que se supone que todo el mundo quiere. Llámese

una linda mujer en casa, un buen trabajo que nos de lo suficiente para el
1

lógico confort, vivienda propia, hijos que nos quieran y a los cuales amemos

tremendamente.

Aún hoy deseo esas mismas cosas.

Pasé por alto, al adoptar esas metas como propias, intentar

primeramente ser yo mismo, conocerme y alentar mi desarrollo. Si el costo de

lograrlo, fuera quedarme sin un trabajo aceptado en mi medio social, sin una

mujer común y corriente de su casa y sin toda una familia que me ayude a

encontrar mi identidad, debo acceder al pago, porque nunca voy a poder ser

feliz sin ser yo mismo.

Sin importar la edad que tenga cuando lo logre, voy a poder formar

una pareja con alguien que piense parecido a mí y no tener que cambiar el

rumbo una vez establecida la familia.

Día a día debo esforzarme y ser auténtico. Aun ante el rechazo de

los demás por haber salido de lo establecido. Aun ante el repudio de mi

propio sentido común, que no es más que una conciencia social y una forma

de obligar a los integrantes de la sociedad, para que se comporten de acuerdo

al supuesto bien general, olvidando de esa manera el derecho inalienable de la

singularidad de cada persona.


1

Pero siempre, fundado en tres razones que he considerado

inmutables, se me ha vuelto más a mano y más fácil desintegrar mi yo e

intentar permanentemente tacharlo y destruirlo, que enfrentar la soledad. La

primer razón: la racionalización de algún defecto o falta, que justificó el no

estar persiguiendo un fin noble, la segunda y la tercera: los sentimientos de

impotencia e insignificancia, frente a una familia y una sociedad que

determina de antemano la forma, del ser, permitida y respetable.

Supongo a cada día como un volver a empezar. Ante una nueva

oportunidad siento nervios y tengo miedo. De cualquier modo espero darle

lugar a esa personita para que esté a gusto, aunque sus actitudes no sean

necesariamente las más indicadas para cada oportunidad.

Manejaba sin un rumbo del todo, decidido cuando me invadió esa

sensación tan buscada de ser libre. Con posibilidad de soltarme de todo

aquello que me ata y que más que definirme, me limita, más que

proyectarme, me encierra.

En terapia apareció que quizás mis padres hubieran estado corriendo

una carrera a muerte, mamá venció y se quedó con todo, papá perdió, pero se
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llevó los honores.

Veo claramente como en mi familia intentamos evitar un dolor

provocando otro, de modo que cuando nos olvidamos del primero, creemos

que con simplemente no provocarnos el segundo, vamos a sentirnos bien.

A pesar que en algún lugar empiezo a aceptarlo, aún no me entra en

la cabeza que detrás de un buen trabajo, una buena mujer y una buena

familia, no esté la felicidad.

Todo pareciera indicarme que encontrarme a mí mismo, sería como

tratar de volver a tener una moneda que perdí hace mucho tiempo en

Argentina y que, por ende en el momento en que la encuentre, ya no va a

tener ningún valor. Mientras tanto voy expresando a diestra y siniestra mi

visión subjetiva de la realidad y entonces me miran como si fuera loco.

¿Cómo animarme a salir de toda esta estructura hipócrita, sin confiar

en mis posibilidades? ¿Cómo confiar en mí mismo, si estuve durante años

estudiando una carrera que no quería?

¿Estoy listo para vivir mi vida? y si no ahora ¿Cuándo? ¿Cuándo muera? A


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todo esto podría llamarlo: "cavilaciones de un tímido".

Si todo lo que soy lo llevo dentro ¿Por qué me cuesta tanto

encontrarlo?

Me encontré en una fiesta con gente que no veía hace muchos años.

Me enternece pensar que soy el mismo que hace quince años, cuando tenía

diecisiete. Estar con gente de esa época me conectó con sentimientos muy

míos, que me resultaron obscenos por lo espontáneos, tiranos por lo

inocultables y caprichosos por lo imprevisibles.

Las emociones se agolpan en mi interior, como si fueran un

avalancha de personas en una tribuna de fútbol en la cual no pudieron abrir

las puertas. Pero estos días vividos, aunque no pueda comprenderlos bien,

van dejando una pequeña luz para mi torpe caminar.

Tengo que relajar mis hombros para poder conectarme con lo que

siento. ¿Cómo estoy aquí y ahora?: confundido, con sentimientos que tienen

algo de tristeza, algo de reclamo, algo de bronca y también algo de esperanza.

¿Pueden estar todos reunidos o es que así no me dejo experimentar ninguno?

¿Por qué tristeza? Porque mi madre no es lo que yo hubiera deseado.


1

Porque yo no soy lo que ella hubiera deseado y porque no soy lo que yo

hubiera deseado.

Porque la comunicación se hace muy difícil, porque perdí a papá, porque

quizás nunca lo tuve.

¿Por qué reclamo? porque siento que mamá utiliza los bienes que

heredé impunemente y sin responsabilidad, sin mi consentimiento. Porque

cada uno de nosotros es cómplice de aquello que aceptó en perjuicio de

alguno de los otros hermanos. Reclamo para que salgan y salir yo mismo de

las posiciones en las cuales nos favorecemos ilegítimamente. Reclamo,

porque estar con alguien no es solamente verse la cara. Tampoco es que no se

respeten los límites naturales del otro. Es permitir que cada uno, sea.

¿Por qué bronca? Por haberme prestado a un juego en donde todos

salen embromados, inclusive aquellos que son presuntamente beneficiados.

Bronca por no haber sido respetado por los demás integrantes de mi familia y

por no haber respetado a los otros. Bronca porque aún hoy no quieren

escucharme cuando hablo y denuncio y porque yo no quiero escucharles

cuando hablan y denuncian.

Ahora sé, que noto todo esto y me produce esas sensaciones,

porque las llevo dentro. Quizás porque una parte importante de mi ser
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quisiera que los demás vivieran según mis deseos, porque soy cómplice de

haber aceptado de más en perjuicio de otros, favoreciéndome ilegítimamente

y porque no respeté ni respeto los límites de los demás, sus pertenencias y sus

ideas e ideales.

Me asusta ver lo exenta de responsabilidad que está mi vida.

Responsabilizarme lo tomo como una cárcel.

Hablando con Josefina, encontré una gran resistencia de mi parte a

convertirme en un inadaptado. En un personaje que no cuadre con la horma

que se supone le pertenece. Tengo que aceptarlo para ser libre.

Una vez más sentado frente al escritorio, con el papel delante, en un

típico día otoñal. La ventana, me alcanza los colores ocres que toman las

hojas antes de caer de los árboles. También los verdes del pasto y el cerco y

los rojos. Veo el tendedero de la ropa y me recuerda mi propio desorden

interno, mi culpa. También que todavía me importa lo que piensan los demás.

Me transporto al miedo de acercarme a otros. Siento que lastimo y me

lastiman. Me recuerda que me lastimaron. Me recuerda que lastimé.


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Su contestación fue algo realmente inesperado. Y me llegó a

los huesos. Ni siquiera me preguntó por qué o que lo pensara mejor, que era

una lástima. Nada de eso. Me dijo: -Está bien.

Esperaba un poco más de interés. Fue él quién me invitó a

participar del grupo.

Cuanto más viejo me pongo, me voy dando cuenta lo difícil

que es estar en contacto con uno mismo, habiendo mamado lo contrario desde

chico.

Un gato negro se paró justo frente a mi ventana a esperar a los

pájaros. Tiene que comer para vivir.

Puede ser complicado escribir todo lo que siento. Todo lo

que pienso. Todo lo que me pasa. Aun así, quiero darme un pantallazo de lo

que estoy viviendo. Viviendo. Creo que esa es la palabra que lo resume.

Llorando un poco, riendo un poco, sufriendo un poco. Teniendo alegrías. A

veces sintiéndome muy poco querido, muy poco valorado. Algunas otras,

querido y valorado.

Intento ver la parte más profunda de las personas. No considero


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valioso el dinero, ni la fama, ni el éxito. Sin embargo quiero tenerlos, quizás

para poder demostrarme lo inútiles que son.

Les escribí:

Queridos amigos:

Escribo estas líneas para presentarles

formalmente mi renuncia al club "Les Amis"

Tengo mis razones para proceder de este modo. Por respeto y cariño

les envío esta carta, tratando de expresar mis pensamientos.

Como no descarto el derecho de Uds. o alguno de Uds. a preferir no

interiorizarse con lo que pienso, espero que sea leída solamente por aquellos

que deseen hacerlo. No es una imposición de mi parte y no voy a sentirme

perjudicado por aquellos que quieran ejercer su derecho de no leerla, aun

cuando fueran todos.

Ahora, dirigiéndome a aquellos que están interesados en mis

razones, quiero tratar de contarles mis pensamientos.

El fundamento ya lo conocen: el derecho de un grupo de individuos

no es nunca mayor al derecho de cada uno de los integrantes. En tal sentido

pienso que el derecho de cada uno, no se suma, no se resta, ni se multiplica.


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Simplemente uno lo tiene, es un derecho inalienable por ser hombre.

No deseo subordinar mi individualidad a propósitos que otras

personas le atribuyan una dignidad mayor. Mi mayor dignidad es ser yo

mismo.

Sería negar mi más íntima figura el aceptar una relación con un

grupo de personas que no tuviera como sentido principal, la afirmación del yo

individual de cada uno de los integrantes.

Cuando Facundo me habló de la idea de juntarnos periódicamente y formar

un grupo otra vez, le dije que no sabía si era posible, porque yo, ya no tenía

cosas en común con la mayoría de Uds. Él, entonces, me dijo que me quería

mucho como amigo y que la idea era poder juntarnos, poder ser nosotros

mismos, poder ayudarnos, poder comunicarnos.

Pensé en que quizás, ahora ya más maduros, pudiéramos tener una

relación de afirmación mutua y de unión, sobre una base de igualdad.

Es posible que éstas palabras les lleguen como algo muy lejano, muy

alejado de los sucesos cotidianos. Sin embargo yo encuentro en ellas el

sentido de cada día de mi vida y de mi relación con todas las personas con

quienes me vinculo.

Según la discusión de la reunión del otro día, cada uno de los


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integrantes del grupo, debe subordinarse al deseo de la mayoría. Me dijeron

que protegidos por el sentido común.

Yo considero que ese "sentido común", no es ninguna garantía,

porque no es algo real. ¿Cómo podemos sentir de la misma forma si somos

diferentes? ¿Cómo puede estar representado mi sentimiento en ese "sentido

común", que no tiene nada que ver conmigo?

Como ejemplo voy a suponer que uno de nosotros se identifica con

la protección de animales, se vuelve vegetariano y encuentra sumamente

sanguinario el matar animales por deporte. Supongo que a ese individuo no le

haría ninguna gracia que parte del dinero que él aportó a la sociedad, fuera

utilizado para comprar municiones o balas, para ir a cazar. ¿Si la mayoría

decide ir a cazar como evento del club, esa persona debería subordinar sus

pensamientos e ideas a esa mayoría y haber contribuido al asesinato de

animales que él quiere proteger?

Considero piedra fundamental y base de una relación grupal, el

respeto a las convicciones individuales. Para realizar una actividad en la cual

estén involucrados fondos o trabajo o aun el nombre de la sociedad, éstas

deberían contar sino con el apoyo, por lo menos sin el desacuerdo de los

integrantes.
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Durante la última reunión formamos una discusión. A medida que

expresaba mis ideas, quizás en forma desordenada y poco clara, recibí en

respuesta una actitud hostil generalizada.

En por lo menos dos oportunidades se me acusó de ser ajeno al sentido

mismo del club. Como si yo no perteneciera al mismo por derecho propio,

sino de acuerdo al grado de sometimiento y subordinación que demostrara

ante el deseo de la mayoría.

-¡Si no tenés deseos de acomodarte a la votación, quizás no

pertenezcas acá! ¡Ése es el sentido de este club!- me dijeron.

Sentí que en ese grupo no había lugar para mis propios y peculiares

pensamientos.

Cuando terminó la reunión, yo me fui solo en el auto, mientras en

otro iban tres para el mismo lugar. Había quedado relegado. Había quedado

fuera. No por ir solo en el auto, que podría haber sido solo algo hecho sin

pensar, sino por la actitud del grupo de marginarme.

No había lugar para mis propios y peculiares pensamientos.

Evidentemente cuando me invitaron a formar parte, pensaron en

alguien que fui o en alguien que les hubiera gustado que fuese o en alguien

que no les hubiera molestado que fuera. Pero no en mí.


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Es por todo esto que me siento ajeno al grupo formado. No

considero importante de que lado estaba la razón en la discusión del otro día.

No estoy diciendo que tengo la verdad. Afirmo lo que pienso y quiero ser leal

a ello. Si estoy equivocado, supongo que algún día me daré cuenta, pero para

mí cualquier integrante de un grupo, tiene derecho a pensar como quiera,

equivocado o no, sin tener que subordinarse al deseo de la mayoría.

Nadie puede ser relegado, ni separado, ni hostilizado por lo que

piensa, esté equivocado o no.

Espero haber sido lo suficientemente claro al expresar mis

ideas. Sin que todo esto afecte el profundo sentimiento de cariño que siento

por todos Uds., y que creo que nunca va a desaparecer, deseándoles lo mejor

con respecto a este club, los saludo con un gran abrazo.

Andrew

Se me hace muy duro ser yo mismo y quedarme solo, si es

necesario.
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Recién vino Dolores a mi cuarto-garage y me escupió que no podía

entender como yo todavía vivía en ésta casa, con mamá.

Aun cuando las armas que usan los demás, son palabras y son chatas

como amenazas e inofensivas en su injuria, por lo que no me producen dolor,

me afecta la intención que veo en sus ojos de clavármelas, creyéndose ellos

con un puñal en la mano.

Espero que los valores reales vayan ocupando su lugar en los

estantes de mi conciencia, desplazando los que hasta ahora fueron

ovacionados, buscados, deseados. Sí, creo que es hora que empiece a buscar

mis propios y peculiares valores, que nada tienen que ver con los del común

de la gente y es por ello que día tras día, me siento solo y relegado.

Mi vida transcurre muy sola y triste. Cuando intento ser yo mismo,

se produce algún tipo de cortocircuito que me obliga a aislarme y quedarme

solo, con grandes sensaciones de tristeza y angustia.

Ante esto, respondo siempre de la misma forma: volviendo a

empezar, esperando encontrar a alguien con quien poder compartir momentos


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de la vida, sin que se transformen en actitudes sado-masoquistas, en el mismo

instante en que nos aflojamos un poco.

Y una de las cualidades más importantes que busco en una relación,

es la aceptación de la crítica abierta. En cualquier momento, aun estando

motivada por varias causas a la vez, pues se crece y se madura a través del

estudio y observación de la opinión de cada uno. Y creo que debe ser

desmenuzada hasta lo más profundo, para poder descontaminarla de las

subjetividades, que puedan volverla gratuitamente desvalorizante.

La mayoría de la gente, aunque es singular, sigue un

comportamiento social similar. Pareciera ser que si se habla con un

integrante, se podría determinar en forma bastante exacta, los valores

indispensables que sostiene toda esa sociedad. Aun frente a los excluidos o a

los raros de esa comunidad.

Es por eso, que cuando intento encontrar un pez diferente en el

mismo río, me encuentro con la dificultad real, de que cada persona actúa de

acuerdo a las normas establecidas por el medio en que vive.

Encuentro en esas normas una contradicción a la libertad, que

impide la búsqueda de la más íntima figura y su expresión. Cada vez con


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mayor rapidez, detecto las señales desvalorizantes y tendenciosas dentro del

comportamiento normal de sus integrantes. No puedo pensar que mientras se

tomen esas normas como dignas, las personas puedan querer ser libres y

permitir la libertad de los demás.

Esto que escribo me asusta, pensando que puedo estar volviéndome

extremista con éstas consideraciones. También que destapar una olla de este

tamaño, no sea feliz para los que tienen que seguir viviendo junto a ese olor

cotidiano.

En mi historia con Inés, mi prima, hubo momentos importantes,

como cuando escuché que le decía a mis hermanos y a mí, que ella "leía los

ojos". Que a través de mirar a los demás, se daba cuenta de sus conflictos más

ocultos, su forma interior. Eso la hizo muy rara para mí, y , a la vez, muy

interesante.

Tiempo después me enteré que daba clases de teatro, y empecé a ir.

Una noche mientras charlábamos en su auto, al terminar la clase, me

pregunto: -¿Cómo te sentís con el teatro? le contesté:

-Me volqué a las clases de teatro con la esperanza íntima de encontrar gente

parecida a mí, con la cual me pudiera identificar, charlar, conectarme.


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-Las clases me resultaron sumamente enriquecedoras, pero tuve la misma

sensación de separatidad que fui sintiendo en todos los grupos de gente con

los cuales me relacioné.

Ella me dijo:

-Hace mucho tiempo, un amigo me contó que según un libro de

Hermann Hesse, Caín, no había recibido una marca de Dios, por haber

matado a su hermano, sino por ser diferente y que, justamente por eso, quien

lo matara debía morir siete veces. A través de los siglos los descendientes de

Caín llevaron su marca. Mi amigo me dijo que él reconocía esa marca en mí,

por lo cuestionadora, por lo interesada en lo oculto, por mi particular forma

de investigar la vida. Me explicó que cada descendiente no se encontraba a

gusto en ningún grupo, que no se identificaba con el rebaño, pero al

encontrarse frente a otro descendiente de Caín, lo reconocía inmediatamente.

Inés me miró a los ojos y me dijo: -Andrés, reconozco en vos la

marca de Caín.

Estuve con una mujer durante todo un día.

Mi vida transcurre entre dos mundos que podrían llamarse opuestos. Me


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aferro con un brazo a cada uno, sin querer soltarme de ninguno de los dos. Se

me hace difícil tener una vida tranquila queriendo ser un gran consumidor y

un gran filósofo al mismo tiempo.

Es cierto, disfruto de mi nuevo equipo de música. No por ello quiero

perder de vista que lo más importante está en mi interior y en el interior de las

demás personas que pululan por ahí.

Día a día me fortalezco en la posición de mirar con mayor

profundidad a las personas y registrar más fácilmente mis tensiones y

emociones.

Qué dificultosa es la vida. Cuán complicado y pausado se

me hace llegar a lo que quiero e intento. ¿En cuál de las capas de una persona

me detengo? Siempre hay varias, como una cebolla. Cuando leo la superficial

me quedo con algo real, pero no auténtico.

Voy teniendo progresos casi a diario, en el camino de entenderme.

No los vuelco todos a estas hojas, porque no las tomo como a un tratado, sino

como un medio para comprenderme y acompañarme.


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Hoy quiero escribir de un tema que me angustia, y que una y otra

vez vuelve a mi cabeza: Rafa no responde a mis llamados ni a mis pedidos de

las zapatillas que me prometió. Creo que alargó mucho más de lo prudencial

el tiempo de entrega.

Me engancho por la promesa incumplida y también por intentar, por

medio de seguir esperando, remediar la herida que produce a nuestra relación.

Hablo de esto y pienso en el viejo. Creo que con él, me quedé esperando

muchos años, para no tener que aceptar que no había cumplido con su

promesa de proseguir nuestra vida juntos.

Susana Castillo está ocupando un lugar muy cercano a mí,

acompañando y escuchando mi vida.

Estoy muy conmovido por lo que voy viendo. Aunque aun no puedo

ordenarlas, muchas cosas se agolpan en mi cabeza. Mucho más profundas de

lo que esperaba encontrar.

Los demás hacen, dicen, creen necesitar y, de esas maneras, exigen

y manejan. No me siento suficiente como para responder a esas demandas.

Tampoco quiero hacerlo. Pero una y otra vez intento obtener su cariño.

Percibo que Susana quiere que la llame para salir, pero siento que
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ella no comprende la necesidad que tengo de mantenerme en mi eje. ¿Cómo

aceptar una relación que intenta ser dependiente, sin estar fomentándola? Me

gustaría llamarla y ponerla al tanto de mis pensamientos. Se acerca a mí

desde una posición de manejo y dependencia. Y sólo cuando se retira

libremente, siento que el manejo desapareció y puedo acercarme con más

seguridad. Pero este tire y afloje se produce también en las relaciones sado-

masoquistas.

Me gustaría que los dos pudiéramos estar sobre nuestros ejes para

que cada uno pueda enriquecerse con el otro.

Voy sacando algunas cosas en claro. No me quiero prestar al juego

de los demás. Quiero ser yo mismo y poder aceptar a la otra persona también.

No a los manejos de la otra persona, sino a la otra persona.

Estoy angustiado esperando que suene el teléfono. Hay dos personas

que siento que deberían contestar me el llamado: Susana y Rafa. De ambas

podría inferir que están enojadas conmigo. Rafa, por una sensación de

abandono de mi parte, como si profundamente yo hubiera decidido separarme

de él y no le hubiera gustado.

Por otro lado, a cada instante me parece que me va a llamar Susana.-iba a


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escribir Mariana- Creo que esta confusión proviene de la última imagen que

tengo de Mariana, en donde no quise aceptar a su persona y sus problemas

como eran. No quise analizarlos, ni analizarme. Se los eché en la cara y me

fui. Cuando quise volver, ella ya no estaba ahí.

De todos modos, mis deseos actuales tienen que ver con llamados de

personas enojadas conmigo. De allí debo inferir que papá, estaba enojado

conmigo por algo. Y tengo la impresión que lo estaba porque yo no le di

ninguna importancia a su enfermedad. Yo comía caramelos y corría por la

casa. El me sonreía y aceptaba externamente, pero por dentro rechazaba lo

que yo hacía: debía preguntarse cómo podía yo estar tan tranquilo si el estaba

muriendo.

¡No lo tomes!, me contestó cuando le dije que ella no se quería separar y

lograr ponerse en su eje. Y que yo no podía tomar una relación de esa forma.

Siento que se repite lo mismo que con Mac.

Estaba recién sentado en el living, mirando como se quemaban unos

leños y pensando en mi relación con todo, en las posibilidades y en mi vida,

cuando llegó mamá.


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Llegó en su Ford Falcon hecho pelota, con Lobo, su perro. Toda su

gordura y toda su impotencia. Llegó con su frustración a cuestas, con su

infelicidad grabada en cada parte de su cuerpo.

Sí, llegó mamá. Mi madre. Una persona que creo que lucha por

cosas equivocadas. Que no se entiende, ni se escucha. Que maneja a los

demás, porque es la única forma de conseguir lo que cree necesitar, porque lo

mamó de chica con su madre.

Cuando la vi llegar, me fui. Me vine para mi cuarto, acá abajo. Mi

garage. Quizás para no ser blanco para sus excusas, quizás me sienta culpable

o me vuelva impotente frente a ella, igual que con mis antiguos amigos del

colegio.

Pero lo cierto, es que aun cuando permanentemente se ocupó

en volverme impotente con sus manipulaciones, piensa en lo bueno que sería

tenerme para ayudarla. Para que le preste atención. Para que la guíe. Aunque

me desvaloriza, el otro día sentí que envidiaba a la mujer que lograra estar

conmigo.

Me da tristeza ver como las personas que aprecio sufren sin que yo

pueda hacer nada. Es muy duro ver como se ahogan dentro de sí mismas.
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¡Qué difícil se me hace transitar este camino!

Tuve una conversación con mamá que me dio angustia y me

tensionó el cuello. Cuando logré relajar el cuello, pude ver con claridad el

mensaje oculto que mamá me transmitía: -Vos no servís.

Siempre que intenté hacer algo por ella o compartir algún acto con

ella, quedó desvalorizado. Quedé desvalorizado.

Es la primera vez que logro leer en forma consciente algo que ella

me transmite.

Había pensado pintar la casa por afuera, de color rosa. Ella me dijo

que la pared que estaba peor era la que daba a los vecinos (justamente la que

yo no pensaba pintar). También que dudaba que la pintura al agua pudiera

quedar bien.

Si uno se remite a esas palabras, ella no me agredió en lo más

mínimo, pero desde sus vísceras me transmitió que yo no era lo suficiente

para hacerla feliz, que yo no servía. No que lógicamente la felicidad dependía

de ella y no de mí, sino que yo no era lo suficiente como para lograr lo bueno

para ella, que la falta era mía.

En este momento, aún habiendo entendido lo que hace mamá, siento


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que ella trata de imponerse desde su cuarto, encima del mío. Intenta manejar

la situación a su provecho.

Sintiendo como algo tan importante lo que los demás quieren que yo

haga para su bien, puedo estar reflejando una posición antigua, inclusive

anterior a la muerte de papá. Y es por eso que quizás no pueda darle una

solución práctica, si estoy representando como me dejo de lado ante el bien

de otras personas.

Ayer, hablando con Cristina, vi una foto y sentí rechazo. La foto

parecía una vagina de mujer. Lo relacioné en seguida con mi nacimiento y

con mi problemas de piel, que implican una antigua repugnancia escondida.

Pensé que al nacer, sentí rechazo por lo que mamá representaba para mí, pero

que como dependía mi subsistencia del hecho de alimentarme, tuve que

borrar ese sentimiento. Pareciera ser que hoy, treinta y dos años después, sigo

sintiendo lo mismo, pero sin el temor a morir si lo expreso.

¿Por qué tarde tanto en darme cuenta?

Quiero agradecer a todas las personas que me ayudaron para que


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hoy yo pueda ir encontrando salidas para mi vida. Agradezco a Leonardo (mi

analista), a Fromm, a Pierre Rey, a Dolores (mi hermana), a Scott Peck, a

Cristina, a Belén y Adrián, a Josefina, a Susana Castillo, a Inés (mi prima).

Todas estas personas me ayudaron para que yo logre "darme

cuenta". A ellos les estoy muy agradecido.

Me pasa que cuando estoy hablando con otra persona, e intento

explicarle algo que yo entiendo, si ella no se abre a lo que quiero transmitirle,

empiezo a perder la idea yo también. Empiezo a no tenerlo claro yo mismo.

Creo que en ese momento soy un reflejo absoluto del otro, porque

apenas me separo de él, me vienen las ideas nuevamente.

Hace un rato hablé por teléfono con Inés, para pedirle entradas para

esta noche. Cuando pregunté si hablaba con la casa de la familia Parodi, sentí

en ella una gran confusión, tristeza y angustia. Como si entonces su casa

fuera de alguien que murió.-ella es Pascual, viuda de Parodi- Como si en

nombre del amor, no hubiera una separación y eso dejara todo confuso. Pensé

que, al no haber separación, entonces había manejos para lograr ser lo más

posible cada uno, en detrimento del otro.


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Creo que todo esto quedó muy oculto al intervenir la muerte. Porque

eso agrandó la culpa y, entonces, no permitió que se vea que en realidad la

confusión perjudicaba a ambos por igual. Todo esto me pareció percibir de

Inés recién.

Después llamó mi hermana Susana y percibí su odio y bronca contra

sí misma, por mantener una relación tan dependiente y confusa con mamá.

Creo que sospecha como esa relación la hace cada vez más pequeña y

dependiente, cada vez más alejada de sí misma y más lejos de conectarse.

No sé donde estoy yo con todo esto. Si utilizo mis canales sensitivos

para pasar música de otro, no puedo escuchar mi propia música.

En este momento, por ejemplo, me siento perfectamente en mi eje.

Me parece que logré sacar de la oscuridad total, muchas verdades a la luz. Me

parece que estoy siendo mucho más auténtico. Internamente estoy alegre,

aunque mis canales están siendo ocupados por sentimientos de otras personas

que no sienten lo mismo.

Susana (mi hermana) y yo, desde hace un tiempo que no nos

saludamos. En la reunión de ayer me aseguró que ella quería hacerlo y era yo

quién no la saludaba. Cuando se fue lo hizo sin despedirse.


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De cualquier modo yo no quiero saludarla y me pregunto cuál es la

razón. Me pasa lo mismo con mamá y es como si quisiera evitar el contacto,

porque a través de él me transmiten emociones no percibidas por ellas junto

con algunas manipulaciones.

En este momento, después de la discusión con mamá, siento una

bronca y un rechazo hacia su manera de manipular a las personas, que

proviene de su interior. Creo que no tengo ningún tipo de responsabilidad, ni

poder, sobre lo que otras personas hacen con sus vidas. Puedo actuar como

espejo pero, siempre y cuando, pueda darme cuenta que esos sentimientos,

emociones e ideas actuadas no proceden de mi interior y que tampoco están

modificadas por el mismo.

Entiendo que todavía valoro y acepto a los demás, en dependencia

con lo que hacen por mí y para mí. También por sus demostraciones de

afecto.

Aun cuando intelectualmente pude comprender que no puedo hacer

nada para ayudar realmente a mi madre, sigo sintiéndome vencido al dejar de


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intentarlo. Y cada vez que lo intento, quedo aprisionado por sus

manipulaciones.

Ayer me robaron dinero de la billetera, mientras nadaba en la pileta del

campo de deportes. Me di mucha angustia, acompañada de una sensación de

violación. Intentaba decirme algo con eso. Lo primero que pude determinar es

que en esencia el asunto era que yo había depositado mi confianza en la gente

que cuidaba los bolsos y me habían defraudado. Yo, por estar nadando, no

tenía forma de defender lo mío.

Lo relacioné con mi educación y la forma en que me sentí

perjudicado con la formación que tuve.

Creo que cuando yo era chico, no podía determinar lo bueno para

mí. Confié en la gente que me educó. Confié en que ellos iban a ser

responsables.

Creo que la sensación de violación, me aclara que ellos no lo fueron,

que me defraudaron.

Puse la música de Pink Floyd: "The Wall", para conectarme con lo

que estoy viendo. Hablo de mi responsabilidad y de la responsabilidad de

todos los que tuvieron que ver con mi vida. De todos aquellos que me
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enseñaron como si fueran profesores, cosas equivocadas. De todos aquellos

que me aseguraron el camino del bien, y lo correcto, sin tener real idea de lo

que hacían y decían y, sin siquiera, confiar plenamente en ello.

Hablo de mi responsabilidad por haberlos escuchado y haber

permitido que lo que decían se instale, como un cerrojo, en mi alma. Creando

la imposibilidad de vivir la única vida que tengo.

Hablo de la responsabilidad que implica tener hijos. Algo que no

estuvo nunca en mi familia. Esquivo las imágenes de buenos actos que me

vienen a la cabeza, porque desde un lugar de autoritarismo, no se puede

actuar correctamente. Todo queda teñido del color del encierro. Y así, cada

vez somos menos responsables y, por ello, cada vez más débiles como para

responder por nuestros actos.

En la irresponsabilidad de los deseos infantiles de mamá, aparece la

gran ilusión de que alguien pudiera hacernos feliz, regalándonos un acto de

amor hacia nosotros.

Desconozco si la felicidad existe, pero sospecho que no está detrás

de una acción envuelta para regalo. Por lo tanto, tampoco puedo esperar

envolver la felicidad para los demás.

Me distraje un momento. Se me hace muy difícil seguir el hilo de


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mis pensamientos y mis emociones. Me invaden las ganas de salir corriendo

de todo este trabajo, como si creyera que detrás de esquivar este camino

pesado, pero ciertamente valedero, pudiera encontrar algo más que

sufrimiento, frustración, confusión, desesperación, y aislamiento de mi más

íntima figura. Y volver a estar, como hasta hace poco, perdido dentro de una

persona, en la cual no me reconozco.

Aun así, una y otra vez, intento escapar al trabajo que tengo que

hacer para estar en mi eje y ser yo mismo.

Pensé en escribir una nota solicitando al campo de deportes que se

haga responsable del dinero que me robaron, mediante una beca para nadar

durante los meses que equivalgan a la suma en cuestión pero no encontré

ganas para redactarla.

Inmediatamente se me ocurrió que tenía resistencia a hacer

responsable a los demás por sus actos, porque iba a tener que

responsabilizarme por los míos, pero la idea no me cerraba.

Con gran esfuerzo y tensión escribí la carta. Con un miedo

irracional. Apareció mi renuencia a recuperar lo mío.


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¿Será que intento que mamá se haga responsable de sus actos para

no tener una mala opinión de ella?

Un irresponsable es un ser prisionero débil y necio por no tomar

conciencia de las derivaciones de sus actos y estar dispuesto a subsanar

dichos perjuicios, si los hubiera.

¿Puede mamá tolerar que yo piense así de ella?

Quizás soy yo quien no se lo permite y debo darle una oportunidad,

aun cuando tuviera que quedarme en el desvalorizado trabajo de lograr que

cambie, para no hacerle sufrir mi juicio sobre su accionar.

¿Qué siento con respecto a que mi madre sea una persona

irresponsable, que prefiere quedarse con dinero de sus hijos para no pasar

penurias?

Desprecio.

Creo realmente afortunado a quién puede hacerse responsable de sus

actos, a quién puede reparar aquello que ha roto o reponerlo. Me parece que

es una persona potente y pudiente.

Quien, en cambio, no puede hacerse cargo de sus fallas y sus

errores, quien ni siquiera puede aceptarlos como tales y tratar de repararlos en

la medida de sus posibilidades es una persona débil, que vive necesariamente


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en el temor. Una persona miserable porque nada le pertenece, nada tiene y,

por lo tanto, no participa de la creación. No participa de la vida.

A pesar de todo, creo que no está en mí demostrarle que tiene todo

para vivir, porque aún yo no lo entiendo. Sospecho que aunque lo entienda e

incluso lo ponga en práctica, tampoco va a servir a los demás.

Hoy, mamá cumple años. Le preparé un cassette grabado con temas

que le gustan. ¿Es coherente conmigo mismo hacerle un regalo a quién está

perjudicándome, con quién no estoy de acuerdo?

Decidí darle el regalo porque siento que no tengo razones para estar

enemistado con mi prójimo, a pesar de que decidan transitar el triste, solitario

y obscuro camino de la confusión y la mentira.

Soñé que todos mis sentimientos estaban vedados. Y que todo lo

hostil de las personas hacia mí, lo tomaba como algo personal, en vez de

tomarlo como un medio de decirse cosas a ellos mismos.

Presiento un fondo indivisible, indestructible y único, que es mi real

fortaleza. Conectado con él, no puedo hacer mal, ni pueden hacérmelo.


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Persigo una construcción que no pueda ser destruida, que perdure en el

tiempo.

Estoy ayunando desde anoche. No me es fácil hacerlo, pero espero

que me acerque a mi interior, descontaminándome de las ideas y deseos,

fáciles de obtener, pero efímeros. Me gustaría contribuir a que las personas se

encuentren a sí mismas. Volcarme hacia la vida.

Quiero distinguir entre lo verdaderamente destructivo y aquellas

cosas que aunque son incómodas, como los percances imprevistos, el

envejecimiento, la muerte, la angustia y demás emociones penosas, tienen

que ver más con lo constructivo y el crecimiento.

El ayuno me ayudó a templar mi espíritu. A verme capaz de superar,

con convicción, las necesidades básicas y los deseos corporales, por un bien

mayor.

Sin desmerecer para nada la gratificación de una buena comida y un

buen acto sexual, que son parte integrante de esta vida y unos de los placeres

más a mano.
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Descubro que las emociones son lo primero que me habla de mi

interior. No creo que deba dejarme llevar por ellas, como tampoco juzgarlas,

porque cierro las puertas a la comunicación. No me dicen si soy bueno o no,

tampoco si soy egoísta o generoso. Tengo que escucharlas y comprender lo

que tratan de indicarme.

Es raro pensar en que quizás la alegría no sea lo que siempre pensé.

Y sea simplemente una comunicación interna. Quizás sea la forma de

indicarme que voy por el buen camino, pero quizás no.

Tuve un sueño en el cual mis hermanas me pedían que le corte el

pelo a una sobrina, porque yo lo sabía hacer bien. Yo aceptaba, indicándoles

que, antes, debían lavarle la cabeza. Entonces, me quedaba esperando que lo

hicieran, pero como debía ir a trabajar, me levantaba para irme y ellas volvían

a rogarme que no me fuera, que, primero, tenía que hacer eso por ellas. Yo

aceptaba quedarme, pero ellas seguían sin lavarle la cabeza. Pasado el

tiempo, decidí irme. Tuve que hacerlo desnudo, aunque sin avergonzarme,

caminando por la vereda del cementerio.


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Pareciera estar creyendo que tengo que hacer algo por mi familia

antes de vivir mi vida. Y que si decido irme antes de hacerlo, voy a tener que

partir desnudo, totalmente expuesto. La sensación de no tener de que aver-

gonzarme por estar desnudo, me fue muy rica.

Tengo un dolor en el hombro y otro en el pie. También tengo

problemas de piel y un apetito desmedido.

Analizando todo esto por la lista del libro de Louise Hay, sería así:

el hombro no estaría hecho para llevar cargas, sino alegrías. El dolor del pie,

habla de mi falta de entendimiento de los demás, de mí mismo y del universo.

La piel me habla de la individualidad. El apetito desmedido, de estar

juzgando las emociones.

Si ensamblo todo esto con mi sueño, quedaría más o menos de la

siguiente manera: Creo que tengo que hacer algo por mi familia, antes de

poder vivir mi vida. Al no poder diferenciar esto, de lo que a mi me interesa,

tengo problemas de piel. No puedo separarme de los demás, porque no se

cómo debe ser una relación basada en la igualdad y la libertad, entonces no sé

como debo comportarme cuando estoy con otros y, por ello, no los entiendo,

ni me entiendo. Esto conduciría a mis problemas del pie. Cuando cargo


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problemas de los otros, por no poder separarme, me duele el hombro y,

cuando intento evitar todo esto juzgando mis emociones, me aumenta el

apetito.

No logro comprender por qué creo que tengo que hacer algo

por el resto de mi familia, ni por qué, cuando decido irme, lo hago desnudo.

Cada día que pasa voy logrando ver mis actitudes con otros

ojos. Por más que sigo taciturno la mayor parte del tiempo, ya no me

engancho tan significativamente con aquello que me falta. Ayer salí a

caminar por la Av. Libertador y vi como la gente comía en un restaurante de

lujo, como siempre que paso por ahí. A diferencia de las otras veces, no les

tuve envidia, sino más bien se me ocurrió pensar en como la gente trata, a

través de consumir todo lo que puede, de tapar sus insatisfacciones.

Mi relación con las personas, está en un punto crítico. Quizás mi

facilidad para percibir cosas en los demás, tiene sus pro y sus contras. Es

difícil decidir sobre esto, porque aun cuando puedo ver algo que le ayude al

otro, también puedo ver su sufrimiento y su agresividad, su enojo y su


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desesperación.

Mis actos generan conflictos en las demás personas o, por lo menos,

facilitan que los que están ocultos, se hagan visibles. Ante estas situaciones

me siento como si viera desnuda a la otra persona, de una forma que cier-

tamente no desea que lo vea.

¿Qué hago cuando lo veo? ¿Qué hago cuando mis actos, mi vida o

mi persona provoca esas cosas?

No puedo volverme invisible y, aunque a los demás les pese, tengo

derecho de estar acá.

El asunto es así: me duele el cuello y no es sólo porque no quiero sentir lo de

los demás, sino que además quiero mostrarme algo con ello. ¿Para qué utilizo

mis canales para percibir lo que las otras personas sienten? Me contesto que

si estoy enterado permanentemente, aun de sus deseos y sus dolores, es difícil

hacer algo que les provoque dolor. Esto parece muy lindo, pero me deja muy

alejado de mí mismo. Al aceptarlo, decido no pensar en mí, como lo he hecho

durante toda mi vida.

Si lo hice durante tanto tiempo ¿Por qué podría cambiarlo ahora?:

En este momento estoy en condiciones de darme cuenta que sufrir no es algo

malo. Si es bueno para mí y me ayudó a ser yo mismo y a salir del pozo, ¿Por
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qué no habría de servirle a los demás?

Carl Jung dice: "La neurosis es siempre un sustituto de genuinos

sufrimientos".

Scott Peck escribe: Por eso las personas sabias aprenden a no temer

a los problemas, sino que por el contrario los acogen de buen grado, así como

aceptan los dolores inherentes a los problemas".

Según Benjamín Franklin: "Aquellas cosas que lastiman, instruyen".

Durante muchísimo tiempo no pude comprender estas cosas. Al

escucharlas, me parecía algo muy lejano. Ahora, por propia experiencia sé

que es verdad y puedo crecer transitándolas.

Me vuelven las ganas de evadirme de todo esto, pero enseguida me

doy cuenta que no tengo hacia donde escapar.

Me veo en una actitud protectora de los demás, sin percatarme de

mis propias convicciones y pensamientos.

Muchas cosas perdí a través de éste camino. Perdí la ilusión fácil

que tanto le gusta al niño que tenemos dentro y que nos alcanza esperanza en
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momentos de tristeza. Perdí esa linda ilusión de tener grandes amigos, con

abrazos interminables en cada encuentro, jugando a que no se iba a terminar

nunca esa unión, que aun siendo viejos nos íbamos a mirar a los ojos

sabiendo lo que sintiera y pensara cada uno.

Perdí, también, la ilusión de ser un salvador, de poder lograr que los

demás crezcan sin pasar por los procesos penosos que acompañan cada creci-

miento. También que la familia de uno pueda vivir unida, en paz y plena. La

ilusión de que cada uno tenga una sonrisa comprensiva. Que después del

esfuerzo sobrevenga la tranquila armonía a nuestras vidas.

Muchas cosas perdí a través de éste camino. Perdí montones de

supuestos valores fáciles de obtener, como el éxito, el triunfo, el dinero, la

fama, el poder mundano, el ser fuerte, el tener una posición segura en la

sociedad. Perdí el supuesto valor de sentirme superior a otra gente.

Sí, muchas cosas perdí a través de éste camino. Perdí la esperanza de

que el mundo sea otra cosa de lo que es en realidad, la esperanza de que los

hombres se den cuenta la importancia de cada uno. La esperanza de pensar

que en realidad somos nosotros los equivocados.

Sí, perdí el gran sufrimiento por mí mismo. Las noches angustiadas

por mi esclavitud y mi desesperación al no poder reconocerme a través de la


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careta que llevaba. También la idea de soluciones fáciles, tanto para mí como

para los demás.

Pero aún persiste el sufrimiento por los demás. Con mayor claridad

logro ver cómo, atormentados, se desesperan en pozos húmedos, como

luchan contra sus desventuras como si fueran brazos de un sarcástico destino

que se ríe de ellos.

Es un lindo día invernal. El sol se cuela entre las ramas y dibuja

figuras informes en el piso de mi garage. Yo escucho a Serrat. E intento

bucear muy muy hondo en mi persona. Si leo las primeras páginas de estos

escritos, me pongo tenso. Si veo el sufrimiento de alguien, también me pongo

tenso. No es porque yo esté pensando que sea malo, sino porque los demás lo

creen. Procuran evitarlo por todos los medios que tengan a mano. Y eso me

invade, a pesar de que no concuerde con lo que pienso y valoro.

¿Cómo explicarle a alguien lo importante que es sufrir para crecer? ¿Cómo

enseñar la importancia de crecer y ser uno mismo? No puedo lograr una cosa

sin la otra. Entonces pareciera ser que únicamente puedo crecer cuando estoy

solo y no hay nadie cerca a quien pueda incomodar. Nadie que me vea sufrir
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entre sensaciones penosas y buceos profundos y que eso pueda causarle

sufrimiento conjuntamente con la posibilidad de crecer concomitante.

A veces me preguntan y yo también me pregunto si estoy

bien. ¿Qué contestar? ¿Es estar bien el estar intentando leer con

concentración una angustia que siento o analizar seriamente una bronca? Para

mí es estar muy bien. Es estar en el camino correcto. ¿Qué más puedo pedir?

Si bien hablo de todo esto, persiste en mí la imagen de que

una sonrisa es sinónimo de buen vivir. La risa es buena, pero también es

bueno el llanto.

Recién, mientras hablaba por teléfono con Josefina, me

invadió una gran sensación de impotencia y frustración. Fue al darme cuenta

que no podía lograr que ella usara mi experiencia, mis pasos, para acelerar los

suyos.

Como no quise que salieran a la luz éstas emociones, supongo que

por considerarlas poco loables, oculté con ellas la posibilidad de escuchar el

mensaje que me traían.

Mi cuerpo, reaccionó inmediatamente abriéndome el apetito, que

por la lista de Hay, significa que estoy juzgando las emociones. En ese
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momento las registré.

La IMPOTENCIA me indica que estoy queriendo incidir sobre

otras personas. En éste caso claramente quería incidir sobre Josefina, para

lograr que ella pudiera enriquecerse a través de todo lo que voy viendo.

Pero tiene sentido que no se le pueda quitar libertad a nadie, por más

que se pudiera creer que fuera para su propio bien.

Aunque lo repito, no termino de incorporarlo. Ayer exponía que no

puedo lograr que los demás crezcan sin pasar por los procesos penosos que

acompañan al crecimiento. Hoy, debo decir que tampoco puedo lograr que las

otras personas vean lo positivo en lo que les sucede. No como un intento de

saltear lo doloroso, sino para evitar la pena infructífera, el dolor estéril, la

siembra sin cosecha, el llanto sin la luz.

Cada dolor trae consigo, en algún lugar, algo lindo y bueno.

Encontrarlo entre mis dolores y mis penas es mi responsabilidad. Encontrarlo

en los dolores y las penas de los demás, escapa a mi aptitud, pues es cosa de

ellos.

Aun queriéndolo, no puedo hacerme cargo de los conflictos que mi

ser provoca en los demás. Ni de lo que mis aciertos y mis yerros provocan en

ellos. Es su vida, es su libertad.


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Desde el primer aplauso, en mi primera improvisación, las clases de

teatro fueron un gran mimo hacia mi persona. Me ponderaron desde mi

intrigante sensualidad, a mi tranquilo tránsito a través de las clases. Uno cree

que los elogios siempre vienen bien, que a través de ellos nos podemos sentir

mejor, cuando en realidad sólo nos sentimos diferente. Cuando me siento

contento, no estoy mejor que cuando estoy triste o angustiado. En esos

momentos estoy exactamente igual de confundido y no soy más coherente

conmigo mismo. No se ni más ni menos lo que quiero de la vida, ni soy más

sabio.

Me parece difícil buscar que quiero decirme cuando estoy contento,

porque la mayoría de las veces me he dedicado a saborear el momento, como

me enseñaron a hacerlo, creyendo que vivía más plenamente.

Cuando entiendo que el dinero no nos hace ni más ni menos de lo

que somos y, por eso, no nos enriquece realmente, y que muchas veces me he

sentido insatisfecho también después de tener un orgasmo, tengo miedo de

estar quitándole demasiados condimentos a mi vida y que, entonces, mi

futuro sea insípido.


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La vida del hombre pasa en general por muy pocos temas: Poder,

amor, amistad, familia, dinero, trabajo, sexo. Si le quitáramos eso a una

persona, si lo alejáramos de todas esas cosas que no tienen que ver con él

mismo, ¿Qué le quedaría? ¿Qué puedo esperar yo mismo del futuro, si

descarto esos valores? ¿Por qué estar esperanzado o desesperanzado?

¿Qué hago cuando veo a alguien caminando en sentido contrario a él

mismo? ¿Espero que se de cuenta o intento indicárselo? Cuando se los

muestro, estoy queriendo ayudarlo o quiero disfrutar del placer de poner a

alguien en su verdadero camino?

Por un lado, al profundizar, encuentro que es importante dejar que

los demás sigan libremente la senda que prefieran, pero por otro, sin la

sabiduría de muchos pensadores que alcancé a leer, no podría haber avanzado

sintiéndome acompañado, en una sociedad que trató por todos los medios de

neutralizarme.

Escuchando una canción de George Michael, en la cuál dice

que aunque le había prometido que no lo iba a dejar, ésta equivocada, que no

es tan fuerte y que lo deje ir, me conecté con la relación que tuve con Mac: yo
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la hubiera querido seguir, con la intención de lograr que fuera buena y

positiva para nosotros.

La situación tiene, al menos, dos caras. En una, aparece como algo

positivo mi voluntad de concretar el objetivo conjunto que intentábamos. En

otra, podría estar repitiendo la relación con mamá. En donde nunca hubo una

intención real de parte de ella, en modificar su estructura externa, su

caparazón, para relacionarse verdaderamente. De esa forma intentaría una

relación sana con alguien a quien no le interesa.

Pienso en salir a comer afuera y en pasar la noche con Susana, como

un medio para vivir la vida. Como si únicamente fuera de mi ámbito es donde

puedo encontrar satisfacción.

Cuando mi relación con ella empieza a volverse insatisfactoria,

entonces creo que es hora de pensar en buscar a otra persona.

Pretendo sentirme querido y necesitado, a pesar de que internamente

me repito que en realidad no necesito que me quieran.

Lo que recuerdo del sueño es que tenía una gran bronca contra mi

hermana Susana. En un primer momento me fue difícil aceptar porque,


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cuando las personas sienten odio, lo actúan y terminan siendo muy destruc-

tivos. Sin embargo, al pensar que podía haber un mensaje para mí, lo

relacioné no contra mi hermana, sino contra lo que ella siempre representó

para mí: el egoísmo, el autoritarismo y la mezquindad.

Todo eso lo tuve enfrente durante años, a través de sus distintas

acciones: como obligarme a comer con saña, tirarse a lo largo de todo el

sillón y no permitir que nadie más se sentara y, una vez casada y con hijos, al

no pensar nunca como su presencia y sus actos podían estar perjudicando a

otros.

Todo esto es lo que odio.

Veo en el odio un deseo de destrucción.

Como no es mi intención en lo más mínimo destruir a mi hermana,

sino que, por el contrario, desearía y he intentado ayudarla, el odio

ciertamente me está indicando mi deseo profundo de eliminar, dentro de mí,

lo que ella representa.

Entonces, quiero dejar de ser egoísta, autoritario y mezquino conmigo

mismo. Deseo destruir toda estructura que me obligue a serlo.


1

Sospecho que esto es para encontrar, siquiera dentro de mí, un lugar

para vivir decentemente.

Empecé otro ayuno. Varias emociones me llegan desde mi interior:

Tristeza por Comachi, la deportista argentina que no pudo competir en

Barcelona por problemas de la gente dirigente. Angustia al pensar que

Mariana no había querido atenderme. El deseo de que mamá ya se hubiera

ido cuando fui a tomar el desayuno. La sensación de estar gastando mucha

plata en cosas superfluas. Por último, el llamado de atención en la im-

provisación de teatro del otro día, en donde, si bien había elegido el objetivo

de terminar una relación con una mujer, cuando mi compañera me lo

preguntó, yo afirmé lo contrario.

Estoy sentado frente a mi escritorio, en un día invernal nublado. Veo

como las hojas se mecen suavemente por la caricia del viento y escucho con

placer como cantan Sandra Mianovich y Celeste Carballo.

Me siento tranquilo. Tranquilo y dichoso. Dichoso, pero temeroso.

Temeroso, pero tranquilo. Transito la sensación de estar conmigo mismo. De

gran intimidad, de comunión con mi más íntima figura. De fuerza por el pla-

cer de la conexión.
1

Comachi es una deportista de elite, una esperanza argentina, que no

pudo competir en los juegos olímpicos, con los que sueña hace muchos años,

porque se olvidaron de anotarla. Por negligencia de los dirigentes argentinos,

pierde la oportunidad de utilizar su entrenamiento de años, su esfuerzo de

años.

Los verdaderos protagonistas de los juegos olímpicos son los

deportistas, sin embargo quienes deciden quienes van, son los dirigentes, que

poseen el poder y la autoridad.

Asocio toda ésta idea con mi madre. Ella confundió quién era

protagonista y quién tenía la función de dirigir. No tengo en claro cuál es la

función de los padres en el crecimiento de las personas, ni dónde terminan

sus derechos. Esto me hace acordar al escrito: "Tus hijos no son tus hijos".

En esencia, hablo de la responsabilidad de mi madre como

dirigente en mi vida y de su tendencia a tomar el papel de protagonista,

cuando en realidad ese papel me correspondía y me corresponde únicamente

a mí. Mi vida es como una película, en donde pase lo que pase, el

protagonista, soy yo. Me gustaría grabármelo.

Leer "Demian", de Hermann Hesse, me conmocionó. Hace


1

bastante tiempo que sostengo que lo más importante en la vida de un hombre

es ser él mismo. Pero si esa búsqueda nunca termina, me parece descabellado.

Paso mucho tiempo solo y me aburro.

Para valorar un programa, debo compartirlo con otras

personas.

No puedo utilizar toda mi sabiduría, mi intuición y mi

creatividad, para mí mismo.

Me aferro a los esquemas del rebaño. En donde está claro cómo

debe ser la vida de un hombre. Me siento confundido.

Me da terror quedarme en mí mismo y, también, que en caso de que

quiera volver al rebaño, ya no pueda encontrarle sentido a sus ideales. Como

dice Hesse, sin semejantes. Muchas otras veces pensé que en algún momento

mi interés por los demás, por sus miserias y sus problemas, por sus alegrías

de sal y su hipocresía, iba a menguar paulatinamente hasta desaparecer, para

nunca más volver. Tengo miedo que me pase y, entonces, empezar a secarme

y morir olvidado.

Pero intuyo que todo eso no puede pasar, que mi interés por el

espíritu de los demás, va a ser tan importante como el interés en mi propio


1

espíritu.

De cualquier modo, seguirían ahí las estrellas, el sol, las flores, el

pasto, el frío. Y yo. Y en mí, también está el resto de la humanidad.

Quizás todo esto no sea más que otra cara de mi narcicismo, pero

también puede ser la puerta de salida a toda esta miseria y mentira, que no me

permite vivir mi vida con plenitud.

Hoy, me siento a escribir con el firme propósito de entender,

a través de mi cuerpo, mi inteligencia, mis emociones y mi intuición, que

quiero decirme con estar excedido de peso.

Según la lista de Louise Hay, quiere decir: "Miedo.

Necesidad de protección. Huida de los sentimientos. Inseguridad. Rechazo de

sí".

Miedo: Hace rato que lo siento. Y siempre lo sentí. Como

hoy, cuando veo caminando a un hombre mal vestido por el bajo y pienso que

puede atacarme o cuando pienso en ser yo mismo y los desastres que puede

ocasionar e incluso los castigos que me pueden alcanzar. Miedo a quedarme

solo.

Pero hoy quiero ir directamente a "Huida de los


1

sentimientos".

No quiero sentir lo que los demás me producen, para no quedar enganchado

en que ese sentimiento de cariño me hace susceptible a perder mi

protagonismo.

Si profundizo estas emociones y descubro el mensaje, posiblemente

dejen de cumplir con su misión de hacerme sentir obligado hacia los demás,

cosa que limita, en forma tranquilizante, mi libertad.

Cuando retiré la plata del banco, para comprarme la moto, me

invadió un gran miedo a lo que vendrá después. Me apareció la imagen de

mamá, diciéndome: -Vos hacé lo que quieras, pero después vas a ver.

¿Qué será lo que voy a ver después?. Nunca me lo dijo. ¿Puede ser

tan malo?. No lo sé. Parece que el hecho de ser una incógnita, lo hace más

terrible. La amenaza crece por ello. Me imagino un castigo totalmente

desproporcionado con la supuesta culpa.

Me hace acordar a la película "Expreso de media noche", en donde

al protagonista le dan perpetua por intentar pasar un poco de marihuana por la

frontera.
1

No me animo a repugnar lo que me repugna. No me animo a mostrar

mi disgusto y desprecio por la confusión y la dejadez. No por aquel que

busca la salida, sin encontrarla, sino por las personas que no queriendo salir,

intentan confundir y ocultar, para mantener el control.

Me repugna la confusión buscada, aceptada y valorada como un

arma y un medio para mantener las cosas como están.

Creo que cuando al nacer, me encontré con todo esto, sentí

repugnancia. Aun hoy rechazo la ausencia de una búsqueda real, un interés

cierto a salir adelante. Rechazo la hipocresía y la confusión sucia y tenebrosa,

que envuelve a todos como víctimas y beneficiados. Cómplices por la

aceptación del juego.

Agustín me sorprendió. Se siente con todo el derecho de estar en

este mundo. Por más que sus actitudes confundan, lastimen o enfrenten a

otros con conflictos, dolores o sufrimientos, él sigue siendo como es y no

dejaría de hacer nada de lo que hace o quiere hacer por ello. Lo tienen sin

cuidado las penas ajenas.

Siento que estoy muy lejos de actuar así. Y tampoco estoy

convencido de querer hacerlo. A pesar de que pienso que es importante llegar


1

a sentirse con derecho de estar acá, no sé si mi idea es transitar mi vida de

relación de esa manera.

Varias veces me senté para escribir y no lo hice. Es un día con

muchas emociones. Estoy por comprarme una moto grande con la plata que

fui ahorrando.

En varias oportunidades sentí tristeza, como si fuera a traer algún

tipo de decepción decidir, de una vez por todas, empezar a vivir mi vida.

Elegí la moto por y para mí mismo, sin importarme la imagen que

da, sino el uso que le voy a dar. De cualquier manera, por ser una moto

grande transmite una sensación de poder.

Empezar a vivir realmente me hace presente que papá no va a estar a

mi lado para vivirla conmigo, que me prometió cosas que no cumplió. Y que

tanto si él pudiera haber hecho algo o no, yo estuve todo este tiempo apa-

ñándolo, esperándolo y dándole el tiempo necesario para remediarlo.

Compré la moto. Me siento nervioso y triste, como si se hubiera

muerto alguien. Siento como si debiera venir la gente que me tiene cariño a

consolarme.
1

Intenté transitar con plenitud la tristeza mientras estuve en el

gimnasio, pero recién pude sufrirla realmente mientras iba en el auto a la

pileta. Allí, mientras lloraba desconsoladamente, me llegaba la imagen de

papá.

No me es fácil definir el sentimiento, porque a partir de su muerte le

sumé otras pérdidas, de personas que, a pesar de no haber muerto, se

separaron de mí, como Silvina, Magdalena y amigos.

Sin embargo, al ser una tristeza antigua y profunda, ya en la ducha

se me presentó más claro que tenía que prestar atención en lo que intentaba

decirme a los cinco años con esa gran tristeza por la muerte de papá.

Me pregunté por qué me hacía esa pregunta ahora, después de más

de veinticinco años. La respuesta fue que ahora yo entiendo que detrás de

cada emoción hay un mensaje para mí.

Yo sentía a papá como una parte de mí.

Con las alegrías, al igual que con las tristezas quiero indicarme que no lo

necesito para vivir.

En este caso, me indica que no necesito a papá para vivir.

Todo esto me suena muy frío. Pensar que cuando estoy alegre me

estoy diciendo que en realidad no necesito eso que me lo produce, que no es


1

lo importante, me suena degenerado. Como para perder o seguir perdiendo

ilusiones.

Pierdo esa apacible seguridad del bienestar burgués, en donde la

vida transcurre buscando permanentemente acceder a aquellas situaciones y

experiencias que me hagan sentir contento y supuestamente feliz.

Si estoy afirmando una verdad, me maravilla por su enormidad. La

pude descubrir con mucho penar, debajo del manto de mentiras que me

transmitieron.

No sé como explicarle a Luis, un cliente, que no uso el reloj que me

regaló porque no me gusta, sin herir sus sentimientos. Pienso en esto y siento

angustia.

Pasó otro día, pero sigo pendiente del reloj que me regalaron, sin

encontrar una solución. El regalo es para mí una carga. Me parece que a este

apostador no le interesa lo que a mí me gusta o prefiero. Quiso regalarme lo

que él quería e intenta que yo lo use. El no sale del protagonismo ni cuando

está regalando algo y yo quedo en un lugar desvalorizado, dejándome llevar


1

por sus deseos para no hacerlo sufrir.

¿Qué es un regalo?: Es una cosa que se da gratuitamente por afecto

o agradecimiento. A veces también se lo utiliza para dominar la conducta de

otras personas.

Socialmente está mal visto que uno regale algo que le fue

obsequiado y, también, que no se lo use o que se le miren los defectos. Todo

eso me envuelve en ciertas ataduras.

¿Acaso la educación no es un obsequio? ¿Será uno de esos regalos

que uno no debería buscarle los errores? ¿No querré dejar de usar la

educación que me brindo mi madre para que no se sienta despreciada?

Creo que la angustia con respecto al regalo del cliente del

hipódromo me llama la atención, justamente, sobre mi educación, sobre las

reglas que he recibido como obsequio de las personas que me educaron y,

como si decido dejar de guiarme por ellas, desprecio justamente lo "mejor"

que me pudieron dar.

Me asaltó el miedo. Esta mañana una mujer me chocó y me rompió

todo el auto. Lo viví como un castigo por haberme comprado la moto. Ahora

tengo terror a ir a retirarla y sospecho que intento decirme algo con ello.
1

Esta mañana, mientras nadaba, me llegó como una oleada, la imagen

que buscaba. Uno solamente teme por las cosas frágiles o por las que por una

u otra razón pueden golpearse, romperse, extraviarse o ser robadas. En

cambio, a lo duradero y estable, como el conocimiento, y el alma de cada

uno, no pueden pasarle esas cosas.

Tengo un dolor en la mitad de la espalda. Culpa. Me siento culpable

por tener la moto y por haber hecho algo codiciado por otras personas. Por

haber creado en ellos la envidia, como en los policías, que me miraban como

a un nene con algo que ellos no podrían tener nunca.

Ellos podrían escuchar sus emociones, no obstante sea un trabajo

arduo y doloroso.

En estos días de bonanza mi tiempo me pertenece. Decido

absolutamente como voy a emplearlo y disfrutarlo. He implementado como

regla ayunar dos días a la semana.

Me permite estar muy en contacto con mis emociones, ya que no me permito

evadirlas comiendo.

A medida que van transcurriendo las horas y, sobre todo después de


1

nadar o hacer ejercicio, me parece que tengo los sentidos mucho más

sensibles. El aire lo respiro más puro o más impuro, dependiendo de lo vicia-

do que esté y lo demás se me hace más vívido. Me gusta hacerlo, creo que mi

alma lo disfruta.

¿La culpa me está hablando de una supuesta responsabilidad hacia

las personas? Supuestamente actuaría llamando la atención sobre que uno

está tomando responsabilidades que no le corresponden. No lo tengo muy

claro.

A veces, cuando por algo que digo o por alguna actitud que tomo,

demuestro el conflicto en la otra persona, intento hacerme cargo. Como si por

el hecho de haberlo sacado a flote tengo que resolverlo.

Le devolví el llamado a Susana, que fue algún tipo de reclamo o

pedido de ayuda. Me dijo que yo no me preocupo por ella y yo le respondí

que es cierto, que en verdad no me preocupo.

Sin embargo, volviendo del gimnasio estuve pensando que hay algo

que no quiero ver. Por momentos quería subirme a la idea de ayudar a una
1

persona que me necesita, cuando en realidad no es así.

Me pareció importante como fue la ayuda de Demian al joven

Sinclair en el libro de Hermann Hesse, cuando el otro grandulón lo tenía

atrapado. Pero lo cierto es que a Susana nadie la tiene atrapada. De la misma

manera que nadie la deja de lado.

Todo esto me afecta profundamente y me da mucha tristeza.

Estoy confuso. Por un lado estoy diciendo desde hace rato que la

importancia de mi vida no pasa por el hecho de salir con mujeres, ni por tener

una buena pareja, ni por los bienes materiales que pueda lograr, ni por la

ayuda que pueda brindarle a los demás individuos.

Cuando descarto todo eso, no me queda nada. O simplemente lo que

queda no logro verlo.

Por otro lado, sueño que cuando hago lo que quiero, estoy a punto

de chocar. Al ver la posibilidad de salvarme usando la mano contraria, me

encuentro con una pick up. Entonces me resigno a chocar. Pareciera que no

me están dando posibilidad de no chocar, si quiero hacer lo que deseo.

Estoy queriendo adelgazar con un propósito que no es bueno para


1

mí. Hace rato que intento hacerlo para mostrarle a los demás que pude. Es la

misma sensación que cuando quiero lograr éxito con un libro, para echárselo

en la cara a aquellos que no confiaron en mí. Sospecho que la angustia, una y

otra vez, intenta indicarme que salga de ese camino pero, una y otra vez, no le

hago caso.

Llamé a un antiguo cliente para ofrecerle relojes. Me dijo que no

quería sin siquiera agradecerme el que le mandé de regalo el año pasado. El

pesar que sentí intenta indicarme que no necesito el reconocimiento de las

demás personas.

A veces la persona más rara que encuentro no es lo suficientemente

rara para mí. Soy más raro que el más raro.

Susana me acusaba de ponerme mal cuando ella actúa de

determinadas formas, que no acepto a los demás. Tiene mucha razón. Estoy

solo porque siento un desprecio por las otras personas, por su forma de

confundir las cosas y no dirigirse hacia la verdad con profundidad. Desprecio

su forma falsa de vivir y me molestan por eso. Rechazo la confusión sin

intenciones de claridad.
1

Si mi vida no va por estar al lado de una linda chica de buena clase

social (alta), ni por ganar unos pesos más en el hipódromo, donde trabajo. Si

mi vida no va por tener un buen auto, ni por tener éxito, ni por ser admirado

¿Por donde va?

Sigo intentando estar con lindas chicas, ganar plata, ser reconocido y

tener éxito entre las personas que conozco. Sin embargo, sé que todo eso me

aleja de aquello que es realmente de mi interés. Mientras persigo esas

banalidades, se me escapa lo verdaderamente importante.

Hace tiempo que no le encuentro significado a una nueva emoción.

Espero que otras personas me alcancen, para poder seguir. Intento ser como

los demás, cuando en realidad con cada día que pasa me acerco más a mí y

me alejo de las creencias generales.

Estar con otras personas y prestarles atención, me parece una

pérdida de tiempo. Es como dejar de caminar y sentarme al costado del

camino.

Es contradictorio cómo me separo y a la vez intento su admiración.

Pero aunque percibo muchas veces lo que les pasa, ya me he indicado varias
1

veces que no los necesito en mi camino.

Me gustaría entender que me quiero decir cuando siento culpa.

Como una tentativa, diría que me está avisando cuando intento formar con

alguien una relación en la cual hay que ahorrarle al otro los sufrimientos que

podemos causarle, a pesar de que sean parte de su vida. Así, en los momentos

en que le causo alguna pena a esa persona, algo que la hace sufrir, siento

culpa.

Quizás me diga también que intento escapar también a los genuinos

sufrimientos en mi propia vida.

Creo que mi prima Inés le abre paso a la exigencia en sus clases de

teatro cuando pondera un trabajo como lo hace. Sobre todo cuando se detiene

a ensalzar el talento del actor en cuestión y no el trabajo realizado para

alcanzar ese fin.

No me interesa que me aplaudan. Tampoco me interesa que me

admiren. Pero parece gustarme que registren que hago algo por ellos, porque

me emociono cuando me lo agradecen de corazón.


1

Últimamente escribo de mi deseo de ser aceptado y querido. Me

parece que hago las cosas para mí pero, también, las hago por los demás.

No sé como se relaciona esto con la angustia que siento por tener

que ponerle los apoyacabezas al auto porque así lo dictaminó una ley. Intento

hacerlo, pero con el menor de los costos para mí.

Domingo primaveral ventoso. El tipo está en su cuarto escuchando

música y empezando a escribir. El tipo soy yo y siento angustia y tristeza

porque Alejandra Macilo, una modelo que atendí en una ocasión, se va a

casar con el señor Manzano, un político desagradable.

Ella encarna para mí todo lo lindo, lo dulce y lo suave. Toda la

pasión femenina de la vida.

Siento que me abandonó para irse con el poder, las manipulaciones,

la ambición desmedida y la corrupción. Todo eso representa Manzano para

mí.

La emoción de sentirme abandonado me habla de que no me estoy

buscando a mí mismo. Y en este caso parece decirme, que la búsqueda de lo

bueno, dulce y bello me aleja tanto de mí como la búsqueda de lo malo y

desagradable. Entonces a la verdadera búsqueda, nada le importa el conven-


1

cionalismo de lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo, lo lindo y lo feo, lo

alegre y lo triste.

Debe haber algo dentro de uno que justifique todas éstas pérdidas.

A veces creo que no acepto a los demás cuando me disgustan sus

caretas. Pero si no los pusiera en evidencia, me parece que iría en contra de lo

verdadero. Acepto a los demás, no a sus mentiras.

Me llama la atención cuanto tiempo dedico a la contemplación de mi

cuerpo, en fijarme mis defectos.

Ayer, cuando me quité el casco, se veían perfectamente mis

entradas. Sentí una gran desesperación y angustia al pensar que por la moto,

estaba quedándome pelado.

La moto representa mi deseo. Mi pelo la belleza. ¿Por culpa de mi

deseos pierdo mi estética?

Si no me desean ahora, que físicamente estoy bien, menos me van a

querer cuando pierda mi estética y esté pelado y viejo.

¿De qué belleza estoy hablando?


1

Las últimas veces que decidí cortar el ayuno, lo hice por pensar que

estaba sufriendo, a diferencia de las demás personas que podían comer lo que

quisieran. En ambas ocasiones, en vez de intentar leer esa emoción, decidí

zambullirme sobre la comida, pensando que de esa forma podía dejar de

sufrir.

Estaba tomando como una imposición y un sufrimiento cosas que yo

mismo decido y que son por mi bien. Las relaciono con las dificultades de

crecer, lo penoso que resulta desembarazarme del antiguo Andrés, la con-

centración que requiere seguir los pasillos del laberinto hacia la salida.

Me parece absolutamente superficial y careta, mantener

conversaciones comunes con la gente, en donde la confusión y la ignorancia

ocupan un lugar mayor que la luz y la verdad. En donde la búsqueda no

existe.

Me angustio ante la belleza femenina. Allí monto mi deseo de

poseer una linda mujer y también tener una buena relación sexual. Todo esto

se me complica de tal manera, que prefiero ir a comer.

Pareciera que una parte mía quiere adelgazar y otra no la deja, una

parte mía quiere una linda mujer y otra no la deja, y una parte mía quiere
1

vivir mejor, pero otra no la deja.

Quizás tenga que encontrar alternativas para estas cosas.

Cuando Eric me devolvió la moto, omitió darme los documentos de

la misma.

No quiero perjudicarme por un olvido de él. Me parece que es el que

tiene que hacerse responsable, por haber aceptado mi dádiva de habérsela

prestado.

La angustia me transporta a pensar en que tengo una responsabilidad

que cumplir, por haber recibido la vida, la inteligencia y los demás dones.

Intuyo una responsabilidad adosada a cada uno de estos regalos.

En este punto encaja mi enojo del otro día con Esteban, cuando al

ganar los tantos por suerte y carambola, se hacía el desentendido. Yo hago lo

mismo cuando juzgando mis dones como poco especiales, escapo a la

responsabilidad que traen consigo.

Cuando mamá me dijo que salía para comprar pollo, le contesté que

no iba a almorzar. Ahora me llegan las ganas de comer, pero me siento atado

por el comentario que le hice. Me siento obligado por mis propias palabras.
1

Esto me pasa bastante seguido y es por eso que calculo que debe estar

pasando lo mismo en mi interior, desde hace bastante tiempo. Me viene la

imagen de papá, pero creo que está relacionado con mamá. Quizás sea una

promesa conmigo mismo, pero me sucede con cosas que yo elijo, como el

ayuno, la natación. ¿La afirmación de un deseo lo está transformando en un

sacrificio?

Hay algo más y tiene que ver con mis afirmaciones, sean positivas o

negativas. Sea porque aseguro desear algo o no desearlo, luego viene la duda.

¿No es la duda una emoción?

Es una emoción que me dice que estoy dudando de mi mismo. Y

tiene absolutamente todo que ver, porque en general circulo dudando de mis

capacidades, mis peculiaridades y mi singularidad.

¡Siempre que logro leer algo que mi alma me dice, me dan ganas de

llorar de gozo!

Mientras corría me encontré con Cristina. La vi sintiéndose tan

pobrecita, que le dije que más tarde iba a pasar por la casa, para tomar un té.

Inmediatamente después, me vino a la cabeza que no quería ir, que

prefería no ir. Pero ya me había comprometido.


1

Me siento atrapado por una promesa que hice. Me siento atrapado.

Quiero decirme que no me estoy dando cuenta que soy libre. No solamente en

esta situación en particular, sino en todo el resto de mi vida.

Me siento gordo otra vez. Comí de más y me da mucha bronca.

Sobre todo no poder comer lo que tengo ganas, porque engorda. Me molesta

estar diciéndome permanentemente cosas por intermedio de la comida. Me da

odio tener que llegar a hacerme mal físicamente para decirme algo. No poder

bajar la guardia ni un minuto. Estoy harto de tratarme mal.

Fui a comprar unas cosas a San Isidro y la grúa me llevo el auto por

estar mal estacionado. Después de maldecir un buen rato, me doy cuenta que

me siento impotente, que no puedo hacer nada al respecto. Alguien hace algo

injusto conmigo y, una vez hecho, yo no puedo defenderme.

La impotencia me habla de querer controlar a otras personas.

Tengo un tema importante en la belleza. Considero que lo mío no es

nunca deseado por otras personas. Y que ser deseable le da a uno poder sobre

los demás.
1

Decidí no salir esta noche, porque mañana se hace un partido de

fútbol festejando los quince años que hace que salimos del colegio. Como es

a las once de la mañana, no quería estar cansado.

Pero ante esa decisión, me viene el deseo de estar esta noche

circulando libremente con alguna chica, en la noche cálida. Me imagino

disfrutando una charla profunda y auténtica aunque sea conflictiva. Me

gustaría permitirme una conversación sensual e interesante a lo largo de la

noche.

Mi figura inspiró varios comentarios de parte de mis antiguos

compañeros del colegio. Escuché desde que, por la espalda que tengo, debo

vivir en el gimnasio, hasta que un hombre de mi edad, con las abdominales

así de firmes, debe tener algún tipo de problema.

Mi buen estado físico les incomodó. Cuando llegué a casa, empecé a

comer.

Eso me sorprende enormemente. No obstante, no entiendo la razón.

Es un día nublado. Me desperté con una sensación angustiante. Una


1

especie de miedo a transitar mi egoísmo y poder perjudicar de esta manera a

otras personas. Me freno a investigar y transitar emociones que para otros no

están bien vistas.

No me animo a ser un egoísta. ¿Qué es ser egoísta? Hace tiempo que

me lo pregunto.

Siento angustia porque desde el sábado, en que los chicos me dijeron

que estaba flaco, empecé a engordar. En estos pocos días ya engordé tres

kilos.

Me sentí muy agredido y despreciado, por tener buena figura.

Pareciera no querer poseer lo que otros desean.

Fui creciendo todo este tiempo por una equivocación, por un error.

La razón por la cual intenté averiguar e interiorizarme en mí mismo, fue tratar

de ganar batallas para los demás.

Como esas batallas las tiene que ganar cada uno, la casualidad me

sitúa en una posición inmejorable, pero que no buscaba, ni me hubiera

permitido hacerlo únicamente para mí. Mientras buscaba a los demás, me fui

encontrando a mí mismo.

Pensaba que sólo podía estar bien, si los demás


1

estaban bien. Ahora entiendo que puedo hacer muy poco para que los demás

se puedan quitar las máscaras y ser ellos mismos. Eso lo decide y lo hace

cada uno.

Siento en los hombros el tener que ser un ejemplo para los

demás, estando en la vidriera y desparramándome, para que ellos puedan

sacar su provecho de lo que ven.

Ayer cerré estos escritos, expresando que me interesaría tener

emociones importantes para poder enriquecerme con sus grandes mensajes. Y

que la única forma de encontrarme es con ellas, en contacto con otras

personas.

Hoy pienso que la forma más fácil de esquivar esas

emociones con las cuales deseo conectarme, es intentar controlar y

premeditar mi vida. Planeando como van a ser mis días, de forma tal de

asegurarme que no me falte dinero, ni belleza, ni nada que pueda necesitar

para dominar las circunstancias, pierdo ciertamente posibilidades importantes

de aprender.

Últimamente sentí angustia al no estar abocado a conseguir

ese dinero, esa belleza y esas posibilidades


1

que puedan garantizarme que en el futuro no voy a volver a encontrarme en el

descontrol.

Me ha sido de tanta utilidad lo bueno que fue pasándome como lo

malo, para encontrarme a mí mismo. En algunas circunstancias, como cuando

me robaron el dinero en la pileta: fue de las mejores cosas que hicieron

posible que me acerque a mí mismo y me conecte.

Es así que intentando controlar todo no me hago un favor, sino por

el contrario, cierro la posibilidad de encontrarme con emociones fuertes que

puedan guiarme y enriquecerme.

Tengo ganas de permitirme disfrutar un poco el aire nocturno y los

olores, mirar la cara de la gente, andar en moto, escuchar música, hacer gim-

nasia, jugar squash, ir a correr, oler la mañana, escribir sentado en mi

escritorio. Tengo ganas de sonreír, putear, llorar, angustiarme. Tengo ganas

de vivir.

Mientras comía como un troglodita, se me ocurrió que estaba

tomando la comida como un placer controlado por mí.


1

Cuando supongo que en la vida, cada persona desea

natural y fácilmente lo mejor para los demás, me equivoco. Entre propios

hermanos, la competencia, la envidia y los celos están instalados de tal forma,

que no dejan espacio para un sentimiento constructivo.

En el sauna pensaba que todavía baso mi acercamiento a la

gente en cosas que considero sin valor, como ser cortés, simpático (no

auténtico), buen mozo, seguro de mí mismo y en demostrar una imagen

positiva sin importar lo que me está pasando. Así creo que me muestro

"querible".

A mí lo que me pone en contacto es una persona auténtica,

sincera. Que trata de ser ella misma.

Así y todo, cuando se juntan varias personas que se engañan

al mismo tiempo y con la misma receta, logran a menudo calmar su sensación

de insatisfacción. La mayoría de las veces con pequeñas banalidades que no

duran más que un suspiro común.

Intento imaginarme haciendo cosas sin aparente sentido,

guiado por alguna parte interna que no se rija por mi intelecto. Quizás en algo

ilógico, no planeado, sin estética y sin objetivo, pueda aparecer realmente


1

algo auténtico. Pueda aparecer yo mismo, sin estar supeditado a ninguna

ordenanza o religión, ni haber estipulado de antemano cuál sería el éxito o el

fracaso.

Quiero ser de una forma establecida para que me acepten. Intuyo

que tiene que ver con formar parte de ese grupo que sostiene falacias en

común para lograr sentirse satisfechos.

La insatisfacción ¿No es acaso una emoción más? ¿Me dice que

tengo que encontrar lo que la haga callar o que estoy creyendo que hay algo

que me falta y que necesito para sentirme mejor?

Me interesa cuando alguien me habla de cómo intenta ser él mismo.

Cuando las personas se sacan las caretas.

Un buen escote me gusta, pero no me interesa. Cuando

empiezo a relacionarme con alguien, me gusta que sea como un vincular de

teatro, en donde, mirándonos a los ojos, vamos abriendo todas las puertas

posibles para que logremos vernos por dentro. Me gusta que haya buena

intención, honestidad y respeto mutuo.

Muchas veces, al pasar la muralla que ponen como defensa, creo que
1

estoy violando sus reglas. Al ver su desagrado, no puedo explicarle que mi

intención es buena.

Relaciono todo esto con mi familia. Conocí la envidia y la

competencia en casa, de una forma feroz. Yo mismo me impuse a veces a

otras personas, sobre todo a la Negra, quien en lucha encarnizada, procuraba

ganarse algún lugar.

Al ser el menor, todo lo que tuve, fue de más. En cambio, vi

reflejado en comportamientos de los demás cómo les molestaba mi presencia.

Como resultado, dejé de ser yo mismo, convirtiéndome en lo más parecido a

un ente.

Cuando le quito a mi vida la esperanza de que al encontrar una

pareja, todo va a ser diferente, pierde sentido todo lo que hago.

Si no estoy adelgazando para que me vean ¿Para qué lo hago? Sin

una persona en quién proyectar, me quedo sin sustentación y empiezo a

crearme conflictos para estar engordando y adelgazando. De esa forma me

fabrico una insatisfacción, para luego satisfacerla.

Siempre pensé que para estar con otra persona en pareja, debía

primeramente estar conforme conmigo, con lo que hago, con mi forma de ser.
1

Hoy creo que no se puede llegar a esa satisfacción, porque no existe. Porque

nada nos falta y nada nos sobra.

Me cuesta entender que el sistema para conectarme conmigo, que

tanto resultado me dio, no puedan utilizarlo los demás. Cuando intento

comunicarlo, no me creen, como si hablara de algo tan lejano a ellos, que no

lo pueden ni empezar a ver.

Sospecho que aun podría ser una persona más positiva de lo que me

permito ser. De cualquier manera, mi vida transcurre con una pendiente de

crecimiento y fortalecimiento que la llena de valores imperecederos,

agradables y útiles.

Es posible que por estar haciendo las cosas por los demás y no por

mí mismo, me desespere tanto cuando no me entienden.

Me gustaría encontrar algún objetivo que merezca su nombre. Algo

que aunque sea como excusa y referencia, me devuelva la sensación de estar

yendo hacia algún lugar definido. Cuando no me siento contenido por ese

supuesto objetivo, me alcanza una sensación alarmante de sinsentido.


1

Pierde valor aquello que no hago con un objetivo. Siempre detrás de

mis actividades debe haber algo que las enaltezca, que las justifique. Sin

embargo al agregarle un objetivo a aquellas cosas que hago, pierdo su verda-

dera dimensión.

Siento que todas estas reflexiones me van separando de las demás

personas. Con cada día que pasa, con cada semana que descubro el sentido de

varias de mis emociones, me alejo de lo que vive el común de la gente. Cada

vez es más difícil expresar lo que pienso, con posibilidad que se entienda.

En consecuencia, a pesar de que me considero más sabio, más

prudente y más sereno, el objetivo por el que comencé este camino, se

distancia más y más.

Emprendí el viaje con la intención de solucionarle los problemas a

los otros, con el fin de poder acercarme a ellos, compartir más, de lograr ser y

que sean auténticos. Y quitarme de encima todas esas imperfecciones que

pudieran molestarles.

Por el contrario, comparto menos que antes y la gente me rechaza en

mayor medida.

Pululo por allí, en busca de alguna mujer que me brinde aceptación.


1

¿Acaso lo mismo que el rechazo, no me hablan de estar comparándome?

Pienso que son las dos caras de estar intentando igualarme a un

patrón establecido, por mí mismo o la sociedad en la cual me muevo, si

concuerdo, me acepto, si no lo hago, me rechazo.

Es martes. Siendo casi las ocho de la noche, voy a ir a la última clase

de teatro. Doy gracias por vivir como lo estoy haciendo. Me pasan cosas muy

agradables, aunque estimo que si no fueran así, me las tomaría bien de todas

maneras.

En el hipódromo, me dio mucha bronca que un apostador, a quién

había atendido, no se acordara de mí cuando cobró. Parece que no me estoy

acordando de mí. Sobre todo cuando presto atención únicamente a lo que

supuestamente necesitan otras personas, obligándome a ocuparme de ellos.

Me olvido de mí, de lo que quiero y me hace bien.

Me desperté sintiendo que algo terrible había pasado.

Insolucionable. Que cambiaba mi vida para siempre. Cerraba el camino a la

serena felicidad de mi niñez, mientras papá todavía estaba conmigo.


1

¿Estoy esperando algún tipo de valoración por haberle sido tan fiel a

mi padre? Estuve durante muchos años confiando en que no me había menti-

do. Aun cuando lloviera o granizara, yo permanecí esperándolo.

Pero me mintió, tengo que aceptarlo.

-Me mentiste, viejo.

Pienso en Carolina y me da mucha pena. Me la imagino sola y

perdida, peor que antes de conocerme. Como si yo le hubiera podido hacer

algún mal.

La veo en la lucha, entre querer salir del entorno que la perjudica

pero sin animarse. Muestra cada vez más su miseria interior, sin darse cuenta

que es y lleva dentro suyo parte de todo, de Dios.

¿Por qué nos será tan difícil darnos cuenta que somos divinos?

Soñé que me compraba un auto grande, para poder llevarlos a todos.

Era como una enorme moto. Para mí, que lo manejaba, era muy peligroso e

incómodo.

Creo necesitar ayudar a la gente. A que descubra que las miserias

que padece, no son las causas de sus verdaderos sufrimientos.


1

También que valoren que me preocupo por ellos.

Cuando paso a algún auto roto o delante de cualquier persona que

me parezca abandonada, intento estar con ella y en parte compensarla, aunque

yo no tenga nada que ver.

Hace días que tengo mi atención en esta sensación de abandono, que

creo que me está indicando que no me estoy buscando a mí mismo. Es cierto

que durante los últimos días me preocupé de las personas que me acom-

pañaban, olvidándome de mí.

Mientras me entretenía mirando la foto de una modelo semidesnuda,

sentí angustia. Por momentos me parece que detrás de los pechos femeninos,

está la supuesta aceptación materna y mi propia aceptación. Me pregunto qué

querrán decir la aceptación y el rechazo de uno mismo y me contesto que es

cuando me estoy comparando con algún modelo. Cuando creo que debo ser

de una forma determinada.

Siento que en esta navidad, estoy perdiendo la ilusión de poder

llevar a los demás a un sitio agradable. No abandonarlos a su suerte.


1

Hoy mientras hablé con Susana, Cris, La negra, Andrea, no me

envolví con sus problemas. Las escuché sin devolver lo que les pasaba. Creo

que ese es mi camino, por más que pierda la ilusión de ser el portador de una

verdad, con la responsabilidad de explicarla y, a la vez, transmitirla a todos

aquellos que no estén viendo la luz.

Estuve releyendo lo que escribí el año pasado en este mismo día de navidad.

Me gustó poder hacerlo. La diferencia es muy grande. Crecí tremendamente.

Todas las circunstancias tienen otro sentido para mí. Antes veía el lado

destructivo de las cosas, ahora puedo ver el constructivo y espero en el futuro

poder verlas como son.

Me siento muy triste. Dos veces dejé que mis sobrinas usaran el

micrófono de mi equipo de música. Cada vez me descompusieron algo. Nadie

se hizo responsable, lo que me da una enorme tristeza.

Me estoy indicando que no necesito que los que me perjudicaron, se

hagan responsables.

Me queda una semana para irme a Brasil. Voy a hacer régimen para
1

no sentirme gordo. Si lo estoy, es como si nada de lo que hice tuviera sentido,

como demostrarles que todo lo que digo no sirve. Como si no pudiera servir

de ejemplo.

Cuando estoy gordo, tengo una sensación de rechazo que quiero

evitar.

Me parece que cuando le doy más importancia a haber descubierto

un método para conectarme con mi interior, que a hacerlo, estoy perdiendo el

verdadero valor de las cosas.

Es la última noche de este año. Comí solo en mi garage. Mi idea es

terminar y empezar el año en pleno contacto conmigo.

Siento angustia porque el arranque del auto no me anda y creo que

debería haberlo arreglado antes si pensaba viajar el domingo.

Lo relaciono con papá y con que debería haberme ido con él cuando

se alejó de esta vida.

Si estoy con una persona que quiero mucho y que por alguna razón,

quizás no por decisión propia, le toca irse, le llega la muerte ¿Acaso no

debería haberlo acompañado si verdaderamente era su camarada? ¿No me


1

comporté como Pedro, que negó a Jesús, tres veces?

Pasaron varios días desde la última vez que me senté a escribir.

Ahora, estoy bien ubicado en una casa sobre la playa de los Ingleses, en

Brasil. Considero más importante que todo lo externo que me está pasando y,

que es muy lindo, al cúmulo de emociones y sensaciones que me envuelven.

Siento tristeza, con algo de agradecimiento.

Ayer, una serie de acontecimientos me llamaron fuertemente la

atención. Fuimos a buscar a una de las chicas al aeropuerto y, cuando

volvíamos y a modo de juego, paramos en una cabaña de un barrio pobre de

pescadores, para hacerle creer a Mónica, la recién llegada, que era esa

humilde casita la que habíamos alquilado para pasar los días de vacaciones.

Después de las risas y ya llegados a la verdadera casa, descubrí que

me faltaba la plata y una calculadora que llevaba en el bolsillo.

Decidido a recorrer el circuito que habíamos hecho esa noche, partí

solo en el Peugeot, con pocas esperanzas, pero con gran determinación.

Ya se había hecho cerca de medianoche, cuando mientras revisaba

los alrededores del barrio pobre, donde habíamos estacionado, surgió de un

pasillo angosto y obscuro, un brasilero con cara de pocos amigos, para


1

averiguar qué hacía yo por ahí.

Para mi mayor sorpresa, detrás de él apareció una garota. Una

mulatona de figura de deportista pulposa, con un top sexy y una sonrisa.

Como no llegábamos a entendernos con el hombre, ella empezó a

tratar de comunicarse conmigo. Comprendió que yo buscaba algo que había

perdido y me dijo que el pescador de la primera cabaña lo había encontrado

pero, que por desgracia, no volvía hasta las seis de la mañana.

Mirándome a los ojos, me preguntó si no quería ir a tomar unas

cervezas con ellos, que salían en ese momento y así esperar tranquilamente a

que se hicieran las seis.

Luego de recorrer caminos desconocidos, obscuros y sinuosos,

llegamos a un pub sobre la playa donde tocaba un conjunto de hombres de

color.

Sentado en la cabecera de la mesa y sin terminar de comprender lo

que pasaba, era el destinatario de las miradas divertidas y ardientes de la

dama.

Como al volver, todavía quedaba más de una hora, para que volviera

el pescador, me invitó a pasar a su casa, en donde nos tiramos en una cama

improvisada, con su pequeño hijo entre ambos.


1

Tanto ella, como su hermana menor y un amigo de

la familia que estaba de visita, me trataron como a un rey. Me ofrecieron todo

cuanto tenían.

Pasadas las seis, llegó el hombre que esperábamos. Después de un

par de preguntas, para comprobar que yo era el dueño, me devolvió el dinero.

Se me cayó la cara de vergüenza, cuando me preguntó para qué

habíamos estacionado frente a su casa. Le contesté que estábamos jorobando

un poco, pero mi atención se concentraba en lo torcida que estaba mi escala

de valores. Esa noche, había estacionado frente a la casa de ese hombre, para

reírme de ella con mis amigos. Ese hombre honrado y gentil que, además de

devolverme el dinero, me ofreció, de regalo, pescado fresco.

¿Quién debía temerle a quién?

Anoche, todo ese barrio pobre me dio una lección. Una lección que

espero no olvidar jamás.

Estoy sentado frente a una ventana, viendo como pasa una tormenta

por el mar. Viento y nubes negras.

Siento una tristeza profunda que no se si es mía o del que compuso

la música que estoy escuchando. Qué más da.


1

Me veo como oponiéndome o defendiéndome de algo. Creo varado

mi crecimiento espiritual. Los días transcurren fácilmente.

Debería estar conectándome más. Buscando más. Aprovechando

más lo que me pasa.

Me molesta dejarme llevar por una supuesta aceptación y unidad

con las personas con las que me encuentro, aun cuando sea sólo en

apariencia. Pero, por otro lado, algunas conversaciones me muestran

claramente, que detrás de esa conveniente "normalidad", ocultan verdaderas

personas sensibles y preocupadas por lo que la vida implica.

Hasta ahora, no los miré realmente. No intenté verlos en verdad.

Quizás para no entrar en conflicto.

A pesar de que intuyo que estoy diciéndome cosas importantes, no

puedo transitar esas emociones con la gente con la cual me encuentro. Los

veo hablar sin saber lo que dicen, sin saber de lo que hablan en realidad y sin

saber lo que les va pasando.

Varias veces en el día me veo tentado a dejarme llevar por ese

accionar colectivo, que los lleva a separarse únicamente para dormir. El resto

del tiempo se encuentran siempre acompañados, hablando superficialmente y


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si pizca de autenticidad.

Empezaron a llamarme "Sidharta", por mis ideas y la imagen que

doy. Permanentemente hacen alusiones a lo que como, digo y hago. Sobre

todo a lo que debería hacer y lo que no debería hacer.

Sospecho en estas actitudes, una reacción a algún tipo de presión

mía. Trato por varios medios que se den cuenta de las cosas que creo. Debe

ser por algo, pero no logro entenderlo.

Me veo explicándoles cuando algunos de mis actos son

premeditados y tienen un sentido. Me debo creer en la responsabilidad de no

dejarlos en la penumbra, cuando yo pude encontrar la luz sobre algún asunto.

Esta mañana estuve haciendo ejercicios de control mental y leyendo

un poco para conectarme conmigo mismo. El resultado fue muy bueno.

Muchas veces me pregunto cómo va a ser el primer saludo que nos

demos por la mañana.

Como me encontraba de buen ánimo y con energía, me saludé muy

bien con Mónica, cuando la crucé en la escalera y, también, con Joe. Sin

embargo, cuando vi a María Inés, parada de espaldas en la cocina, no quise

saludarla.
1

Esto también me pasa en Buenos Aires, supongo que ponerme en

contacto con mala onda, me va a perjudicar.

Estoy solo sobre una excelente casa sobre la playa. Los demás se

fueron a hacer un paseo de visita a unas islas. Anoche cuando me invitaron,

no quise ir, pero cuando desperté esta mañana y todos se habían ido, me sentí

triste. Intuyo que una parte mía no quería ir y otra no quería que los demás

fuesen.

Estas imágenes me llevan directamente al momento de la muerte de

papá. Yo no quise acompañarlo, quizás porque no me interesaba ese tipo de

relación y, a la vez morir, pero, por otro lado, no quería que se fuera. Seguro

que muchas cosas de esa relación me hacían sentir seguro y bien.

Cuando comencé este camino de búsqueda dentro de mí, pensaba

que en algún momento -aún hoy lo pienso- iba a haber una llegada a un lugar,

donde todos los sufrimientos, penas y dolores, iban a resolverse.

Entonces me confundo creyendo que sigo este camino buscando ese

alivio, cuando lo hago por otra razón que no comprendo.

Pensé que encontrando un medio para aliviar la pena y el dolor en

los demás, iba a ser aceptado, les iba a caer bien.


1

Ahora más bien se me ocurre que con esta particular manera de

pensar, es posible que sea más rechazado que antes. Aun así, en mi

movimiento, encontré ciertos valores que ciertamente ayudan a mitigar

ciertos sufrimientos y a comprenderlos.

De cualquier modo, mi fuerza motivadora es mi propia percepción

de que hay un orden y un sentido en las cosas que pasan. Una fuerza que todo

lo envuelve. Creo que estoy mucho más conectado al mundo que por

intermedio de mis cinco sentidos típicos.

Los demás llegaron del viaje en barco, de modo que tuve que subir a

mi cuarto para seguir escribiendo.

Estos pensamientos me parecen un buen lugar para anclar. Muchas

veces antes me pregunté el sentido de mi búsqueda. Al ir encontrando

riquezas en mi camino, supuse que eran la razón. Pero mientras mantenía

conversaciones y discusiones con otras personas en donde intentaba

demostrarles las ventajas de mi búsqueda, a pesar de que fuera difícil de

seguir, indagaba en esos argumentos el verdadero sentido, porque ya me

había dicho que no era por un logro, una riqueza, una sabiduría o un éxito,

sino más bien por la búsqueda de algo que tengo certeza que percibo, que está

allí.
1

Persigo no dejarme llevar, como los demás, por estar

permanentemente acompañado. Particularmente me desarticula, me quita

armonía.

Cuando lo pienso, podría no ser verdad, pero de cualquier modo, es seguro

que no me ayuda a encontrarme.

Me doy cuenta que dejo de ser yo mismo con los demás, por miedo.

Me escondo.

Hacía muchos días que no escribía. Recién ayer quede

completamente solo, cuando se fue Joe, el último que quedaba del grupo.

Ahora estoy en un camping frente a una playa bárbara. Desde donde

estoy puedo ver el mar. Mi idea es quedarme unos días acá para buscarme a

mí mismo con tranquilidad. No me resulta fácil.

El color del agua es turquesa. Estoy sentado en mi sillita, a la

sombra de unos árboles, entre la carpa y "la nave", como bautizaron al

Peugeot.

Estoy por ir a la playa, pero antes me gustaría sacar algunas


1

conclusiones de lo que voy pensando. Intuyo que la mujer está

representando, para mí, algo que yo creo necesitar para estar bien. Algo que

considero importante, pero que en realidad no le es.

Hace un tiempo que escribí que la aceptación o no de uno no tiene

verdadero significado, como si uno estuviera detrás de un modelo

determinado y, de esa forma, se estuviera autolimitando.

Ya se hicieron las ocho de la noche. El sol se esconde detrás mío.

Yo escucho a Elton Johnn, sentado cómodamente mirando el mar.

Tomo café.

Me viene a la cabeza el momento en que discutimos con Joe y él

decidió irse a Florianópolis para volverse a Buenos Aires antes de lo

planeado.

Me viene a la cabeza la tristeza que sentí cuando quedé solo en el

departamento imaginándome su garrón por tener que irse así.

Aun sabiendo que si se quedaba conmigo, yo no iba a poder estar

tranquilo, con una incontenible emoción fui a buscarlo a la parada del

colectivo para convencerlo que volviera, que se quedara unos días más. Aun
1

sabiendo que cuando estoy con él, siento fácilmente su mala onda, su juicio

permanente y sus ganas que yo sea de otra manera, de la que soy.

Unos días después, cuando lo llevé hasta la ciudad para que tomara

el ómnibus de vuelta a Buenos Aires, descubrimos que en vez de venderle un

pasaje directo a Bs As, le habían vendido uno que pasaba por Rosario y no sé

cuantos lugares más. Él, indignado, no quería subirse. Yo sentí que no quería

que se quede. En ese momento pude ver, sin lugar a dudas, que le había pedi-

do que se quedara para evitarle el mal momento de irse antes de tiempo y de

esa forma.

Ésta tarde, mientras caminaba por la playa, pensaba en que creo

necesitar ahorrarle momentos feos a los demás. Ellos piensan que soy un

egoísta y que únicamente pienso en mí.

Intento imaginarme la vida sin una necesidad de aceptación de

nadie, ni de nosotros mismos, ni de los demás. Queremos ser aceptados o nos

sentimos rechazados cuando estamos tomando como bueno a un modelo

determinado.

Si me permito hacer desaparecer, dentro de mí, a los modelos

establecidos del ser, voy a dejar de compararme y de esa manera abrir las
1

puertas a la vida, dándole un lugar a la creatividad, la particularidad y la

singularidad de cada uno.

Amaneció otro día espléndido. Me desperté ocho y media. Fui a la

playa a hacer mis ejercicios de yoga y después me quedé bañándome, barre-

nando y leyendo, hasta casi el mediodía.

Me cuesta creer que aunque voy haciendo lo que quiero, como

buscarme a mí mismo y no dejarme llevar en lo posible por deseos

superfluos, me viene el deseo que acaben estos días, para volver a la infame

rutina de Buenos Aires.

Me siento perdido y creo que es una sensación muy rica. Cuando

decido aceptar que no hay nada escrito, que no hay modelos para seguir, me

siento perdido.

Me parece que se acerca una tormenta. Me aparece el miedo de

pasar un mal momento con mucha lluvia en esta carpa.

Hoy estuve en todos los extremos. Desde quedarme más de lo que había

planeado, hasta irme ya mismo.

Por momentos me parece que esto es lo que buscaba. Estar conmigo

mismo en un lindo lugar. Gozar del sol. Del mar.


1

En otros, quiero escapar, por la sensación de que puedo pasarla mal.

Como cuando me meto mucho en el mar, no compro las cosas que quiero

antes de que cierren el supermercado o cuando pienso en que no tengo lin-

terna y me puedo quedar a obscuras en un momento difícil.

En casi todos esos momentos, empacaría y volvería a casa, pero

estoy seguro de que la cosa no pasa por ahí.

Estoy escuchando muy buena música y la tarde está muy linda.

Sobre el mar está despejado, con un horizonte entre celeste y rosa. Sobre mi

cabeza, en cambio, los nubarrones tienen intención de mojarme.

Se empieza a formar en mi cabeza una idea para indicarme que

estoy preocupándome por mi profesión, por mi futuro, porque cada vez estoy

más pelado, porque se me está pasando el cuarto de hora.

Empezaron a caer gotas. Escribo debajo del techito de la carpa,

como si fuera un porche. Ya casi no tengo luz, ni linterna. Llovizna y apenas

alcanzo a ver lo que escribo.

Lo que uno imagina que puede pasarle, parece ser siempre peor, más

terrible que la realidad del hecho. Mi sopa marcha en popa. Disfruto la lluvia,

sentado cómodamente en mi sillita, debajo de la antecarpa.


1

Me preocupa la sensación de hostilidad que siento del mundo hacia

mí. Ya he comprobado que actitudes hostiles, no necesariamente significan

un verdadero rechazo de la otra persona hacia mí, sino que a veces es todo lo

contrario. Por eso, me interesa separar rechazo y hostilidad, y a ambas

separarlas de todo lo que sea mala onda y agresión.

Supongo que todo esto proyecté esa noche que vi como dos arañas

intentaban alimentarse cada una de la otra. Me pareció sumamente agresivo y

difícil de soportar que la que venciera se alimentara de la otra.

La más pequeña y de patas largas era la que promovía la lucha.

Intentaba arrastrar a la otra -más grande y maciza pero de patas más cortas-

hacia sí. Cuando para hacerlo se afirmaba acercándose lo suficiente, la que

tomaba el rol atacante, era la más voluminosa. Entonces, la cazadora, se

convertía en presa. Al ser más ágil, la pequeña se alejaba a tiempo y la fun-

ción comenzaba de la misma manera, una y otra vez.

Estuve un largo rato mirando esta demostración, con todo el alcohol

de una salida nocturna y todo el cansancio de la madrugada, hasta que

convertido en bestia, intenté envenenarlas con insecticida.

De alguna manera pienso que Susana y Joe responden hostilmente


1

hacia mí, porque sienten que los amenazo de alguna manera. Pueden tener

razón, porque aborrezco mucho de lo que ellos piensan.

Aceptar la mala onda de alguien, sabiendo que es algo real, se me

hace muy difícil. Por ahora me opongo a todo el mundo que me tire mala

onda, inclusive si está motivada por sentimientos positivos.

Otra vez Buenos Aires. Otra vez mi cuarto, mi escritorio. Otra vez

Pink Floyd ¡Mi equipo de música! ¡Otra vez mi moto! Mis cuadros, mi

teléfono, mi cama, mis cosas. Yo.

Depender de los demás me hace sentir inseguro. Como si perdiera

mis derechos, mi espacio y tiempo propios.

El conflicto aparece cuando intento hacer el intercambio. Entonces,

vendo mi libertad, mi seguridad y la confianza en mí mismo, por la supuesta

promesa de un bienestar mayor. Durante ese lapso, vivo caminando por una

cornisa. Soy una persona al borde del precipicio, muy fácil de derrumbar por

la no aceptación ajena, que convertiría todo el esfuerzo, automáticamente, en

un sinsentido.
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Hay veces que mendigo alimento para un ego que me aleja de mí

mismo. Cuando resulta, entro en un círculo que se mantiene a sí mismo. Cada

vez quiero agrandarlo más. Como un jugador, subo la apuesta. Al final,

termino siempre con la aceptación y admiración de los demás, como mi

propio carcelero. Se convierten en mi amo.

Aquí estoy, sentado frente a mi escritorio en un día espléndido de fin

de verano, pensando que debería estar buscando alimento para mi amo y

señor, mi ego.

Cuando no me dejo llevar por lo corriente y superfluo, e intento ser

yo mismo, me viene la sensación tan temida: aburrimiento.

Ante ese vacío automáticamente trato de buscar algo, querer hacer

algo o tener deseos que perseguir y tratar de cumplir. Aun cuando hubiéramos

comprobado con anterioridad que no nos llevaron a nada. (me parece

importante como comencé la frase en singular, para terminarla en plural.

Estaba pensando en las ganas de ver a ciertas personas con las que tuvimos

algún affair que no resultó) Seguramente si quisiera volver a verlas, me en-

contraría frente al mismo problema.


1

Estuve intentando conseguir con lo de Mac. Me pone muy nervioso

hacerlo. Esa como tratar de comunicarme con quien no está. Como tratar de

hablar con alguien que quisimos, pero que ya no está. Es como tratar de

hablar con papá.

Relaciono todo esto con el vacío que queda en mi vida cuando me

tiene a mí mismo como protagonista.

"El protagonista", debería llamarse la historia de mi vida. Sin

embargo, permanentemente busco metas que justifiquen mis acciones. Como

si quisiera encontrar una razón que le de sentido a mi vida. Una razón

superior a mí mismo.

Todo el día estoy pasando el tiempo. Me parece que lo pierdo. Con

la impresión que debería estar haciendo otras cosas de las que hago.

Fundamentalmente porque no hago nada muy útil.

Hoy fue un día lluvioso. Ya son las seis de la tarde. Vi una película

por video y comí, y comí, y busqué el video e hice alguna compra.

Ahora, veo mi día como un desperdicio. No me preocupa el tiempo

que perdí, sino el que tengo por delante. Voy a hacer un esfuerzo para ir a
1

correr.

En general estoy muy desganado. No encuentro ganas de leer, ni de

escribir. Me gustaría ver solamente películas buenas y leer cosas buenas, que

me gusten. Pero ¿Cómo hace uno para encontrar personas, películas y libros

que le gusten, sin probar y estar con aquello que no le gusta?

Estoy transitando mi primer ayuno después de mucho tiempo.

Cuando dejé de hacerlos, me alejé de mi mismo. Comiendo puedo

mantenerme apartado, cosa que no puedo hacer mientras ayuno. Se vuelve

insoportable.

Por eso vuelvo a hacerlos. Para no permitirme jugar a las escondidas

por más de cinco días seguidos. (los otros dos ayuno)

El miedo me habla de la indestructibilidad de mi alma. Inclusive

cuando podemos ser lastimados físicamente y aun asesinados, no podemos

ser destruidos.

Si verdaderamente los demás son tan indestructibles como yo

mismo, entonces ¿Por qué y para qué ayudarles? ¿No sería ayudarles a
1

sostener sus caretas? ¿Cuál sería entonces una ayuda real?

Aquella que los ayudara a ponerse en su eje, aquello que los

acercara a su autenticidad.

Me aparecen dudas con respecto a esto ¿Las cosas no están bien, aun

cuando tenemos caretas? Pienso que no, creo que la careta, como la mentira

es lo que más nos aleja de nosotros mismos. Es el antídoto contra la auten-

ticidad y por lo tanto lo contrario al crecimiento y desarrollo.

Considero que cualquier suceso o circunstancia puedo ser

beneficiosa para mí, siempre que la viva auténticamente. Siempre que mis

emociones sean genuinas y me permita transitarlas. Pero ningún beneficio

puedo extraer de situaciones, supuestas por la mayoría como muy buenas, si

no transito auténticamente las emociones que ellas derivan en mi interior.

Hoy fui a una clase de tercer año de teatro. De golpe, Inés me dijo

que pase a actuar. No estaba preparado. Actué basándome en hacer lo que

sintiera orgánicamente. Me pareció que a pesar de que no había logrado mi

objetivo, en el trabajo había sido bueno. Sin embargo, la crítica fue mala. Inés

dijo que se diluía.

Cuando Inés hace la crítica, sentí angustia.


1

En el momento en que la opinión pública es contraria a mi opinión

personal, pienso que nada puedo hacer, que en nada puedo confiar.

Si no puedo confiar en mí mismo ¿En quién puedo confiar? Ya hace

bastante tiempo que circulo con esto de confiar o no en uno mismo.

Por un lado, si vos confiás en vos ¿Es porque pensás que tenés

razón, aun cuando los demás opinen diferente?

Por otro, si no confiás en vos ¿Es que es posible que estés

equivocado, aun cuando los demás te den la razón?

¿Puedo confiar en mi intuición? Esta pregunta descubre mi conflicto

actual: ¿Puedo fiarme de lo que presiento? ¿Puedo dedicarme a tratar de

desbaratar caretas confiando en lo que mi intuición me dice?

¿Está bien que confíe en mí mismo?

Me iría a dormir.

Sigo con el ayuno. Me siento derrotado. Me siento en falta. Como si

no hubiera hecho mi deber, y a la vez, como si me hubiese dado cuenta que

no voy a poder hacerlo tampoco en el futuro. Y tiene que ver con que mi

deber no depende únicamente de mí.

Fue una improvisación con otra persona. No puedo hacer yo una


1

excelente improvisación de a dos. Se hace de a dos. Mi deber aparece más

allá de mí mismo, y tiene que ver con otras personas.(Como el sueño que

tuve, en donde me quedaba porque tenía que hacer algo que los demás no

sabían hacer. Pero dependía a la vez, de que ellos hicieran su parte.)

Como la emoción que sentí, después de la improvisación, y ante la

crítica de Inés, fue angustia, me está llamando la atención con respecto a que

eso mismo me está sucediendo más profundamente en mi vida.

Estoy tomando la responsabilidad por algo que no me atañe

solamente a mí.

Me siento perdido. No porque mi vida no vaya avanzando hacia un

rumbo definido, aunque no sepa cuál es, sino porque no actúo al personaje

que seguiría mi camino, sino a otro. Y allí aparece mi conflicto.

Es como si fuera a la playa, vestido con ropa de esquiar. Pero

cuando me pongo traje de baño, y estoy con personas vestidas en ropa de sky,

me siento fuera de lugar.

Cuando me visto con ropa de sky, pierdo el sentido de mí

mismo.

Dentro de un rato voy a ir a trabajar. Cuando voy al


1

hipódromo me pongo la ropa de sky y trato de ganar la mayor cantidad de

plata posible, como si eso fuera el sentido de mi existencia.

Sospecho que es por ello que me cuesta tanto ayunar en el

trabajo.

Cada vez que salgo de noche, es como una prueba, para ver

si puedo competir en "la carrera de los solteros", y darme cuenta si mi imagen

es deseable en el mercado de la calle.

Muchas veces por ello, siento angustia. Como si fuera a

remate.

Supongo que la angustia me indica que en otras situaciones estoy haciendo lo

mismo. Estoy midiendo todos mis actos según su supuesto valor. Tasándolos

para determinar si mis actitudes son valiosas ¿Es más valioso querer enseñar

que ir a nadar? ¿Es más valioso pensar que ganar plata?

¿Qué es más valioso, ser yo o un hombre de éxito?

Mientras siga tasándome permanentemente, no importa la escala de

valores que utilice. El estar valuando permanentemente mis actos y mis

actitudes hace imposible que pueda ser yo mismo.

Aquí es donde me doy cuenta que estoy siguiendo este camino de


1

casualidad. Engañándome al convencerme que en algún nivel, agrandando y

profundizando mi conciencia, voy a lograr disfrutar más y lograr un mayor

valor en el mercado de las personas en el mundo.

Pero si comprendo, no voy a necesitar salir al mercado para

venderme.

Llegó el otoño. Un día fenomenal. Me enojé mucho conmigo mismo

cuando al querer ganarle a Turu jugando al squash, empecé a pegarle

tremendamente mal.

Estar sentado frente a mi escritorio, escribiendo, me causa una

sensación de placer mayor a lo que me permito admitir.

El hecho de intentar ubicarme sobre mi propio eje y disfrutar estar

tranquilo y solo, aprovechando lo que conseguí con esfuerzo mirando hacia

mi interior, se me hace incompleto. Siento que debiera esperar algo más. Me

siento egoísta y juzgo que debería ir por otras almas, para mostrarles este

camino que no me animo a hacer solo.

Por otro lado, me parece que cuando no me permito disfrutar

plenamente el gozo de escribir, es como cuando empiezo a pegarle mal a la

pelota de squash. Esto aparece con la necesidad de triunfar, de


1

competir, de juzgarme y de venderme.

El éxito y la aceptación ajena no son valores esenciales, pues no me

conducen a nada. No me acercan a mí mismo. Me alejan.

Me pregunto si ayer no oculté con la bronca una tristeza. Es posible

que así lo haya hecho. La tristeza me estaría indicando que yo no necesito

ganarle a Turu, para vivir. Que no necesito triunfar para lograr imponer mis

métodos, como una forma de ser escuchado y atendido en una sociedad

donde el segundo no cuenta.

Tiene sentido decirme que no necesito triunfar para que los demás

conozcan y escuchen aquello que voy descubriendo en mi camino.

¿Cómo podría ganar una carrera si voy por otro camino?

En estos días estuve muy conectado con la tristeza. Hoy vi a una

chiquita llorando en la farmacia y casi lloro yo también.

Estoy por cumplir años y me doy cuenta que en realidad a nadie le

importo un carajo. Pocas personas me conocen realmente y, de ellas, a casi

ninguna le interesa lo que me pase. Eso me da mucha tristeza.


1

Llegó mi cumpleaños. Mientras escribo embargan a mamá en la

parte alta de la casa. Lo vivo como algo terrible. También a que se me haya

roto el auto y, también, que esté resfriado.

Vivo estas cosas como una pesadilla. No consigo ser objetivo y lo

veo desdibujado, como si fuera una película de terror.

Estos días en que hace calor me transportan a esos días quietos que

pasaba en la casa de San Isidro, sin tener nada que hacer, escuchando el

sonido de las chicharras.

En esos días me imponía estudiar, para lograr un pasaporte a la

normalidad y al reconocimiento.

Reconocimiento. Algo que busqué desesperadamente por muchos

años y que sigo sin comprender su sentido. ¿Qué hay detrás de buscar el

reconocimiento de los demás?

Hay veces en que las emociones me abandonan. No me guían, ni me

hacen sentir que mi alma está allí. Por el contrario, aparece una calma chicha,

un silencio alarmante.

En esos momentos no tengo ni idea la razón por la que hago las

cosas a ningún nivel y me siento en anarquía, solo y desvalido.


1

En cambio, mientras estoy triste o enojado, o alegre o abatido, tengo

confianza, porque en la profundidad de mí mismo, mi alma, esa energía

divina que provoca mis emociones, guía mis pasos.

Cualquier cosa podemos perder, menos el alma.

El camino que muestra el sentido de las cosas que me van pasando y

como son en mi provecho, se encuentra ahora con otro, en el cual lo que pasa

no depende exclusivamente de mí.

Tiene que ver con la improvisación del otro día, en la cual, si bien

yo estaba permeable, como el otro actor no se vinculaba conmigo, no pude

lograr el vínculo. O sólo hubiera podido lograr ese vínculo, sin vínculo.

El otro día, en dos oportunidades hice propio un problema que no

era mío. Y sentí angustia.

El saber que hay fuerzas que no domino, me intranquiliza. Me hace

pensar que las cosas están mal hechas. Que es injusto.

Quizás esté queriendo mayor participación, que los demás

huéspedes, en el mundo.

El resfrío me joroba desde hace rato y no le encuentro un sentido.


1

Quizás sea para boicotearme el éxito de mis empresas, como pegarle mal a la

pelotita, cuando juego squash. ¿Con qué sentido voy contra mi propio éxito?

Hace más de una semana que se me rompió el auto y no lo arreglé.

Eso es raro en mí. Algo debe querer decir.

Mi problema, en este momento, es que estoy cumpliendo años y

que, a pesar de haber tomado las medidas para estar en mi eje y sentirme en

contacto conmigo mismo, no estoy bien.

Esto no quiere decir que esté alejado. Mi presente es estar resfriado,

contrariado por las muchas cosas que hago en contra mío, a las cuales no

logro sacarles provecho.

Si bien me dije que no necesito el éxito, cuando no me permito

tenerlo, me enojo y considero que me estoy perjudicando, por no dejarme

tener algo que no tiene valor.

Mientras me entrenaba para correr la maratón de Nike, iba pensando

en superar a otros, para ser mejor que ellos. Compito bajo la excusa de que el

deporte me hace bien. Creo que quiero demostrar que estoy mejor que los

demás, para que me sigan. Intento lograr un éxito que me permita cambiar el

mundo y como están las personas en él.

Hice unos chacras y me di cuenta que no quiero mostrar debilidad


1

ante los demás. Me sentí mucho mejor del resfrío y me fui a entrenar para el

domingo. Otra vez, al sentirme competitivo, me esforcé y me contracturé una

pantorrilla.

Apenas me siento mejor, vuelvo a competir, en vez de disfrutar las

cosas de otra manera. Si se desvaneciera el dolor en la pierna, seguro que

estaría pensando si voy a correr más rápido que Joe.

Me gustaría poder comprender el sentido de toda esta competencia,

porque no creo que sea simplemente un error mío.

Aún hoy me da vergüenza trabajar en una ventanilla del hipódromo.

O por lo menos me hago cargo de la vergüenza que les da a otros. Vergüenza

ajena, supongo.

Hasta mis logros más importantes, parezco dedicarlos a una

competencia, en la cual, si es que se beneficia alguien, son quienes no

compiten.

Corrí la maratón. Con un gran dolor en la pierna y mucho

calor. Sobre el final me prendí con otro corredor, intentando ganar una carrera
1

personal. En esa carrera desenfrenada por superarlo, perdí mi visera.

Físicamente me sentí muy mal por ese esfuerzo final hasta la meta.

Con una gran deuda de oxígeno.

Como escribía ayer, de la competencia que establecimos con ese

otro corredor, se benefició alguien que no participó. Supongo que alguien del

público o que corría con nosotros, que cuando se me cayó la visera, la levantó

y se quedó con ella.

Cuando el año pasado, empecé a leer mis emociones, me pareció

descubrir la forma de librarme de las caretas y de emociones y situaciones

penosas.

Me imaginaba la vida, con el mismo sueño o ilusión anterior, pero con un

punto de vista diferente.

No pensaba entonces que cada mensaje que me llegó de ahí en más,

iba a estar tan en contraposición con esa ilusión de vida.

Si durante el principio era el éxito lo que más me interesaba, cada

vez que se presentaba una oportunidad, por medio de la alegría o la tristeza,

mi alma estaba allí para indicarme que no era eso lo que necesitaba.

Si mi preocupación iba por como obtener dinero y ser poderoso, mi


1

alma a través de la envidia a alguno que representaba eso, me mostraba que

no era lo que deseaba.

Cuando me preocupo por como voy a mantenerme económicamente

en el futuro, contracturo la parte baja de la espalda (falta de apoyo

financiero), para indicarme que me quede tranquilo.

Siempre quise aceptarme a mí mismo. Pero a través de esa emoción

mi alma me indicó que era una forma de estar comparándome con el resto.

Que soy único, y no necesito aceptarme, ni rechazarme, sólo ser auténtico.

Cuando empiezo a ponerme contento por la moto que tengo,

automáticamente dejo de querer prestarla. Un indicio claro de que la estoy

sobrevalorando.

Cada vez que imagino al mundo y a la vida de una forma

determinada, y empiezo a actuar en concordancia, aparece mi alma,

diciéndome que no es asá, ni asá.

Cuando creo que el sentido de mi vida está en divulgar esta forma

peculiar de pensamiento y en ayudar a las personas a quitarse las caretas,

invariablemente siento angustia, por estar haciéndome cargo de los demás.

Mi interior anula todo tipo de ilusión. Tanto de las cosas que quiero

poseer como las que quiero lograr de mí mismo.


1

Generalmente vivo la sensación de estar buscando tranquilidad en

mi días. Una serena seguridad de un futuro cierto. Sin embargo, mi alma se

opone con aullidos angustiados en mi interior. No hay que controlarlo todo.

De esa forma no se puede vivir.

Pepe me invitó a un almuerzo en el centro, para festejar su

cumpleaños. Se me hace difícil estar sin careta frente a gente que tiene una

puesta.

Aunque siempre pensé que cuando me encontraba con alguien con

careta, tenía solamente dos posibilidades: quitársela o ponerme una, ahora se

me ocurre que ello demuestra que no puedo resistir la observación de los

demás. No me gusta ser el único expuesto.

Un compañero de teatro me preguntó cuantos años había cumplido.

Yo le respondí: uno. No le dije treinta y tres.

Eso me sorprendió, y decidí buscar entre estos escritos, para ver si

encontraba alguna señal de ese supuesto nacimiento.

Hace exactamente un año, escribí mi renacer. (pág. 142)


1

Temo que cuando empiece a acercarme a mi eje, desaparezca la guía

de mis emociones y no sepa qué hacer.

Encontré la fortaleza detrás de la debilidad. Soy más fuerte cuando

acepto mi debilidad. No necesito esconderla, ni negarla.

Visto desde el afuera, podría aparecer como una flojedad, una

flaqueza.

Ser auténtico dejándose llevar por la verdadera corriente vital de

uno, no pasa por perseguir los deseos, sino por escuchar más profundamente.

Mi guía son todas mis emociones.

Ayer aparecieron ante mí los ídolos de barro a los cuales dono mi

vida. Apareció la necesidad de controlar las cosas que me pasan. La ilusión

de poder hacernos cargo, a través del dinero, de todo lo que necesitemos. El

éxito para poder ubicarme en donde supuestamente tendría que estar. Para

poder colgarme, tipo árbol de navidad, todos los adornos. Para poder elegir.

Para poder hinchar el pecho y opinar. Opinar y que nos escuchen porque

tenemos éxito.
1

Pero seguramente nos escucharían las personas que persiguen la

misma ilusión. La necesidad de lo socialmente valioso, para vivir como hay

que hacerlo. El verdadero valor de vivir, de ser uno mismo y transitar en

forma valiosa -por lo única-, fue reemplazado por creencias, en donde las

diferencias de las personas, son desniveles de valor y de poder.

Ayer descubrí que estaba aceptando al dinero y a la autoridad como

valores dignos de alcanzar con esfuerzo. La belleza completa el trío de

valores que no comprendo.

Cuando veo una mujer hermosa, siento angustia. También, en

muchos casos impotencia.

La impotencia me indica que estoy queriendo incidir sobre otras

personas. Es verdad. Quiero cambiarlas, que me escuchen, que se den cuenta,

que dejen de sufrir gratuitamente.

La angustia me lleva a una llamado de atención. No puedo

descubrir cuál es.

Me enoja que las personas se violen a sí mismas, cuando acceden a

hacer cosas, por miedo a un mal que suponen mayor.

Si me enoja es que estoy haciendo lo mismo, conmigo, en mi


1

interior.

Quizás una de las primeras cosas que deba aceptar que voy a perder

si persisto en este camino, sea el entendimiento, el reconocimiento y la

aceptación de los demás. Voy a quedar por fuera de su límite de aceptación y

comprensión. Por fuera de su punto de vista. ¿Quiero hacerlo?

Si bien me atrae la sensación de pertenencia social al estar haciendo

lo que supuestamente se debe, no puedo aceptar seguir poniendo el punto de

equilibrio de mi persona en los demás.

Anoche soñé que a Joe le daban una propina de dos mil dólares. Yo

lo envidiaba muchísimo. La emoción me estaba devorando, hasta que

comprendí que me indicaba que yo no deseaba eso.

Me cuesta muchísimo creer que no quiero tener las cosas que da el

dinero.

Me muevo con demasiada preocupación y miedo al violar las reglas

generales de la sociedad. No tomo con alegría mi forma de vivir y lo que me

pasa con este nuevo punto de vista.

El miedo es algo que se me está presentando últimamente. Tengo


1

como una sensación de inseguridad al intentar recorrer caminos, de mi

interior, desconocidos.

Se que el miedo me habla de la indestructibilidad de mi alma y de

los fáciles de destruir que son los bienes mundanos.

Considero los sucesos de mi vida y a mis emociones concurrentes,

como si fueran cartas de Dios. Pero muchas veces veo como se me van

acumulando, sin que logre comprenderlas.

Recién hablé con Josefina. Le dije que siento que cuando intento

ayudarla a conectarse con ella misma, recibo mucha agresión.

Me dio las gracias. Trato de hacer algo que me parece importante.

Hoy sentí mucha tristeza y lloré viendo la película: "Tomates verdes

fritos", cuando el tren mata a su hermano y ella queda sola, sin que nadie la

comprenda. Cuando lo escribo, me caen las lágrimas.

Muy poca gente me comprende. Entiende lo que trato de hacer. Muy

poca gente puede realmente comunicarse conmigo.

Imagino que la gente debe pensar que no busco el bien de las otras

personas cuando intento que se conecten con ellos mismos.

Es increíble que cuando me veo con buenas intenciones, desconfío.


1

Como si no pudiera ser que en este mundo, una persona común y corriente

como yo, las tuviera. Aunque yo no soy ni común, ni corriente.

No se si esta duda proviene de una razón que estoy ocultando o

simplemente de haber sido educado desconfiando del género humano.

Ayer mientras me preguntaba por qué comía tanto, se me ocurrió

que cuando una persona muestra sus debilidades, es mucho más fácil para los

demás hacer lo mismo.

En cambio, cuando uno se muestra seguro de sí mismo y perfecto en

cierta medida, a las personas se les hace mucho más difícil.

Si para mi intención de que las personas se pongan en contacto

consigo mismas conviene que este gordo, ¿Por qué no estarlo? ¿Realmente es

eso lo que deseo?

Evidentemente hay cosas que no quiero perder, pero voy a perderlas

si realmente busco la verdad.

Si mi interés pasa por vivir y estar en contacto conmigo mismo y

que los demás puedan hacer lo mismo, ¿Qué me importa si estoy gordo o

flaco? ¿Qué me importa si soy lindo o feo? ¿Qué importa si "puedo" o no?

¿De que me serviría ser un gran seductor o una persona amada? ¿No sería lo
1

mismo que ser odiado?

En general digo que en Buenos Aires la paso bien. Que hago una

vida que me gusta. Pero muchas veces me despierto ansiando cosas que no

tengo. Una y otra vez envidio a las personas que veo que se vinculan. Aun

cuando veo como prontamente se dejan de lado, sigo queriéndolo.

No querría tener que esforzarme, ni tener ningún impedimento para

lograr lo que quiero.

Sospecho que el sostener un objetivo y perseguirlo, me convierte en

una bestia. A pesar de que tome actitudes socialmente aceptadas.

Últimamente, cuando veo a alguien llorar, siento algún tipo de

regocijo. No porque esté sufriendo, sino porque está en contacto, viviendo.

Sólo me molesta que se engañen y que, de esa forma, dejen de vivir sus vidas.

Hice unos chacras y cuando estaba por el entrecejo, me esforcé por

verme a mí mismo.

Me vi como una persona con una gran necesidad, con un gran


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anhelo de caer bien, de ser querido, aceptado. No a cualquier precio, no ya al

precio de perder mi identidad. A la vez me vi dejado de lado por la gente,

solo. No querido.

Me siento triste con esto. Pero cuando leo esa tristeza y comprendo

que no necesito que me quieran, me viene una gran desazón. Digo: -Bueno,

no los necesito. Pero lo digo con despecho. Quedo dolido.

Creo que cuando papá murió, me hizo sentir muy triste. Esa tristeza

me indicaba que yo no lo necesitaba para vivir. Pero esa no fue la única

emoción que sentí cuando él se fue. También me sentí muy solo, olvidado y

poco querido. También dolido.

Éstas son emociones que aún tengo que leer para saber que están

indicándome.

Esto crea un problema en mi relación con otra gente. Me siento

herido por sus actitudes.

Me acabo de enganchar con mamá y Susana. Se inundó el piso del

garage, porque estaban lavando para Susana. Reaccioné con mucho enfado.

Hice un gran escándalo que no creo que haya sido mío.

Sentí que había una bronca que sacar, pero no creo que sea por lo
1

que pasó. No me preocupa demasiado que se haya mojado el cuarto y no pasó

nada más.

Me parece que actué como emergente de algo de mamá. Y me llama

bastante la atención.

No sé para donde ir. No sé por qué preocuparme, no sé en que

ocuparme. Estoy harto. Harto de estar luchando. Harto de que las verdades se

escondan, de buscar lo que no deseo y esquivar lo que deseo. Estoy harto de

las personas, de su pequeñez, de sus temores y su decisión de quedarse donde

están, de no aventurarse. Estoy harto. Harto de la vida. Harto de luchar por

nada. Harto de ocultarme de mí mismo. Harto de no sentirme acompañado

nunca. Harto de darme cuenta que ni yo mismo me entiendo. Estoy harto de

que sea tan difícil. Harto. Cansado. No hay descanso, no hay interrupción. No

quiero ponerme la careta y, si no me la pongo, no dejo ni un solo minuto de

estar elucubrando.

¡¡¡ESTOY HARTO!!!

Estar harto es una emoción que me indica que no estoy queriendo

cambiar mi visión de la vida.


1

Es verdad. No quiero cambiarla. No quiero perder más ilusiones.

Creo que necesito alguna ilusión, sino no me va a quedar nada. Me creo

"nada" sin ilusiones.

Volví a llamar. La primera vez estaba durmiendo. Ahora ya se había

ido. Lógico. No quiere verme. Siempre que quiero salir con alguien, la

persona no quiere verme. Me siento triste. Triste y dejado de lado. Solo. Con

nadie con quien poder compartirme. No puedo ayudar a nadie en lo que creo

que es verdaderamente importante. No puedo transmitirle a nadie que estoy

ahí. Que me pueden buscar, que estoy presente para escuchar a su alma.

Me siento una basura. Un ser despreciado. Un alma despreciada.

Ahora voy a intentar leer que quiero decirme con toda estas

emociones. Hablan mucho de mí, de lo que me está pasando, de mi último

estado de conciencia. Hace tiempo que "sufro" estas emociones, este luchar

sin armas, este exponer mis heridas y mis temores con el propósito de poder

conectarme. No soy sutil. Nunca lo fui. Ésta es una lucha sin fin.

Creo que expuse mi necesidad. Como si le hubiera dicho: -Por favor,


1

ya sé que me trataste mal. Igual quiero verte. Necesito estar con alguien

auténtico. Necesito ver lo que realmente vale. Estar entre ello. Rodearme de

ello.

Necesito ver como las personas "viven". Como son ellas mismas. Cómo se

expresan como verdaderas personas. Eso sería para mí no estar solo. Sería

encontrar lo que siempre busqué. Necesito ese contacto con otras almas. No

poseerlas, pero por lo menos verlas. Poder mirarlas. Lograr una pequeña

comunicación.

Siento gran tristeza.

¿Qué me dice esa tristeza? Que no necesito todo eso. No necesito

contactarme con las demás personas a mi antojo. No me hace falta gente

auténtica, expuesta y emocionante, para poder vivir.

Ante esta verdad me siento impotente (estoy queriendo incidir sobre

los demás).

Estuve la mayor parte de mi vida intentando que los demás

reconocieran el mérito de mis actos. Una vez

que le quito al acto ese sentido, me pregunto si de cualquier manera vale la


1

pena actuar.

Sí. Vale la pena para mí. Tiene sentido para acercarme y conocerme.

Hoy pensaba que sentirme solo, tiene que ver con pensar que debería

poder compartir mi alma con alguien. Lo cual me parece imposible, por lo

menos en forma real.

Creo que resisto no gustarle a nadie. No puedo aceptar ser

rechazado. Y no puedo aceptarlo porque considero que necesito gustarle a

alguien.

Estuve tentado a salir a dar una vuelta para conocer a alguien que

me guste, que me atraiga. Sin embargo, todavía creo necesitarlo. Todavía

creo necesitar una pareja, estar acompañado por una mujer, para sentirme

bien.

Mientras considere que necesito gustarle a alguien, voy a

acomodarme para gustar. Y eso es trucho. No es auténtico para nada. De esa

manera nunca podría disfrutarlo. Nunca sería verdaderamente valioso.

Hoy es domingo. Domingo por la tarde. Domingo de sol. Domingo

de mucha familia.
1

Sin embargo, yo estoy solo en mi garage.

Me parece que muchas cosas estoy diciéndome. Mi alma no deja de

estar conmigo, de transmitirme cosas, de darme emociones. Aun cuando

todavía no pueda entenderlas y comprender su mensaje.

Llamé a Inés y aunque le dejé dicho que había llamado, no me

contestó. Me siento dejado de lado. Que no les importo. Pero me parece que

el centro de lo que estoy diciéndome no pasa por allí, sino por el hecho de

quedar sin posibilidades, fuera del juego, cuando otra persona no contesta mi

llamado.

Cuando en una noche fría, como ésta, uno se queda quieto por un

tiempo, mirando hacia las estrellas, con el vapor saliéndole con el aliento y la

nariz fría. Cuando uno percibe el enorme mundo en que vivimos. La profun-

didad de sensaciones que recibimos débilmente, uno sabe que la única forma

que conocemos de llegar a eso o por lo menos rozarlo, es por medio de las

ilusiones. Supuestas situaciones en las cuales nos podríamos sentir unidos a

todas esas estrellas, nos podríamos sentir en nuestro lugar, sin necesidad ni
1

compulsión por desear otra cosa. Sin arranques impulsivos hacia un

movimiento, un cambio de posición, de lugar o de percepción.

Imaginamos encontrar en una supuesta situación, aquello que no

podemos hallar dentro de nosotros. Quizás busquemos lo que no existe y las

estrellas vivan exactamente como nosotros, sin un momento de serenidad, sin

un momento de quietud. Por el contrario son puro movimiento, puro

quemarse, transformarse, disolverse y volver a formarse.

Y quizás sea por eso que hoy yo las veo aquí.

Un guardavida amigo me señalaba que nado con el concepto del

esfuerzo. No con el del placer. Del mismo modo, en mi vida, si bien pude

avanzar mucho en la concepción de como crecer y como escucharme, de

como sacar provecho de lo que me pasa y como aumentar mis canales

perceptivos y la amplitud de visiones diferentes, sigo viviendo como si fuera

una lucha. En ella catalogo de armas a mis nuevas formas de ver la realidad y

de enemigos a todos los obstáculos que se interponen en mi supuesto fluir.

Ahora, con mi tobillo torcido, me siento derrotado y débil para

enfrentarme con la vida. Ella me vence cuando me alcanza alguna

incapacidad.

¿Acaso no establecí anteriormente que un ciego vive tanto como un


1

vidente? ¿Por qué intento todos los días tomarme este don que es la vida

como un enemigo, como alguien a quién hay que vencer? Vencer o fracasar.

Cómo se puede vencer no habiendo lucha, no lo sé.

Éste nuevo rumbo, el camino que estoy llamado a seguir, nada tiene

que ver con beldades aparentes, con el brillo del oro o con las asombrosas

bellezas de todo tipo. Tiene que ver, sin embargo, con una estética más real y

profunda.

Aparece en mí una resistencia, porque cada vez de una forma más

marcada, los preciados valores que voy obteniendo por medio de mi esfuerzo

y mi penoso deambular por los eventos, van perdiendo notoriedad. Cada vez

se ocultan más al espectador poco diestro.

Quizás sólo alcancen a reconocerlos las personas que buscan, al

igual que yo, otro tipo de valores, menos asombrosos y relucientes, pero

duraderos.

Aun así, me asombra la facilidad con la cual me vuelvo a subir al

tren de las cosas materiales, adornos superfluos, como bombas en el árbol de


1

Navidad. La facilidad con la cual intento colgarme lo que la gente acepta,

busca o admira y rechazo lo que queda fuera de moda, lo no aceptado. Los

adornos que mis modelos rechazan.

Me asombra la facilidad con la cual permito que me lleven por

caminos sin sentido y sonrío para mostrar mi agrado como si fuera un

animalito buscando agradar a nuestro amo.

La facilidad con la que en este desorden humano, nos hacemos

esclavos unos de otros, somos mascotas unos de otros y perdemos nuestra

libertad a mano de otros. Cómo otros de buen grado se colocan los grilletes

para ser nuestros "esclavos".

¿Qué puede ser tan trágico y tan terrible en el alma humana, para

que con esa facilidad entreguemos nuestra individualidad y nuestra forma

única de ser, que mostramos a cuenta gotas y en aquellas raras ocasiones en

que nos dan permiso?

Estoy triste. Triste. Triste. Por no encontrar esa comunicación con

las personas que pensé que iba a lograr si abría mi camino, si aprendía más

canales, si cambiaba.

No importa el cambio que yo haga.


1

Estoy triste porque las cosas no son como espero. Triste porque me

cuesta mucho comunicarme con los demás. Porque me gustaría comer y de

esa forma engordaría aún más.

Triste porque no sé como hacerme cargo de lo que los demás

sienten, cuando en realidad no saben lo que les está pasando.

Triste porque no puedo alcanzar el estado en el cual pueda vivir

realmente.

Triste porque me llamó Inés De Luca y no puedo decirle nada.

Porque en realidad todo queda como antes.

Triste porque dejo teatro. Porque fue un lugar más en donde pensé

que iba a poder entenderme y hacerme entender por los demás. Que podría

demostrarles que los entendía, que estaba en contacto con ellos, que

verdaderamente me conectaba, me interesaba y sabía de lo que hablaba.

Pero no me entendieron. Porque Inés decidió quedarse en su nivel,

en vez de crecer. Porque una vez más me estaba montando en un tren de

gloria que nada tiene de real.

La angustia por mi gordura me demuestra cuán importante para mí

es gustarles a los demás.


1

Creo necesitar gustarle a la gente. Me angustia enormemente pensar

que no voy a gustarles. Me gustaría obligarlos a que les guste, estando

perfecto obligarlas a querer estar conmigo.

Mi vida tiene un sentido al intentar agradar a los demás. Si le quito

esa búsqueda para que algún día me valoren y se den cuenta que valgo, me

quedo como en un gran vacío.

También, me cuesta aceptar desagradar a los demás.

Doy vueltas y vueltas y no encuentro lo que quiero decirme. No

estoy pudiendo desconectarlo del referente, que es el ser agradable o

desagradable para las demás personas. Pero no tiene que ver con los demás,

sino conmigo mismo. Pareciera que me agrado cuando no me veo defectos y

me desagrado cuando me los veo.

Reniego de las cosas que hice en mi pasado, pero entiendo que voy a

seguir haciéndolas en el futuro. ¿Por qué?

El asunto es encontrarle el sentido. No estar pensando si esta bien o

mal lo que hacemos.

Me sorprende que cada vez que veo a alguien con problemas, al


1

acercarme compruebo que estaba de esa forma porque no quería salir. No

encuentro personas que quieren salir, buscar la solución al mal que les aqueja.

Durante estos últimos días tengo muchas veces una sensación de

aburrimiento. ¿No es acaso un tipo de emoción que me quiere indicar algo y

que esquivo permanentemente provocando actividades?

Leí que alguien escribió que la felicidad es ver al mundo como uno

lo desea.

Yo me siento derrotado. Creo que no voy a poder llegar a donde

quería, que soy un fraude. Que todo lo que trabajé es en vano. Que no se

pueden acumular horas de tratar y tratar. No sirven para nada. El mundo da

asco, como mi vida.

No les estoy encontrando sentido a las cosas y entonces hace mucho

giro en el mismo lugar. Pero no estoy, como antes, enlodado hasta el cuello.

Se me ocurre la vida como un jueguito de computadora. Con varios

niveles de complejidad. A medida que uno logra pasar una etapa, se

encuentra con una más difícil.


1

Ayer mi alma me comunicó algo importante. A través de la tristeza

me informó que no necesito lo que quiero para vivir. Que no es necesario

hacer lo que quiero. Es justamente lo contrario a lo que mamé en casa desde

mi infancia.

Todavía no sé como incorporarlo. No entiendo como creerlo.

Solamente voy a intentar no engancharme.

Como aún no logré hacer el "click", es posible que esté intentando

seguir con la vieja ilusión de creer que al encontrarnos con lo que queremos,

todo va a resultar como lo soñamos.

Veo muy poético y romántico pensar así. Y muy mundano y seco

pensar que nada de eso va a suceder. Pero por otro lado, quizás la vida ya

tiene en sí misma tanto para sorprendernos y maravillarnos, como para no

necesitar esa vana ilusión para vivir.

Espero que nunca logre hacerlo realidad, quien vive de un sueño,

porque en ese instante su vida perderá todo el sentido.

Cada vez que escucho la canción: "Presente", de la película "Tango


1

Feroz", me invade una profunda sensación de algo roto. De que algo no fue

nunca como yo quería.

Pensé que la relación con mi padre no iba a terminar nunca. Pensé

realmente que esas cosas no terminan, que no tienen tiempo, ni límite.

Cada día que me levanto, lo hago pensando en qué hacer, en qué

ocuparme. Estar a la deriva, deambulando sin rumbo fijo, sin objetivo ni

función se me hace muy difícil, entonces decido escudarme en las actividades

que considero productivas.

Lunes espectacular de invierno. Nueve grados de temperatura. Sol

brillante. Cielo azul.

Son las tres de la tarde y ya fui a nadar, a pasear en moto y arreglé

los cambios del auto, que no entraban bien.

Ahora, intento explicarme la razón de no poder disfrutar de las cosas

solo. También de estar buscando permanentemente la sensación de placer y

vida que hay detrás de algunos deportes y de viajes cortos, de fin de semana.

Sospecho que busco la "Alegría de vivir". Una real alegría de vivir,

en donde empiece a aceptar realmente a las sensaciones penosas como parte


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importante de mi vida.

Por eso me rechazo cuando siento angustia, desazón, soledad, miedo

o cuando estoy confundido.

Me es difícil desembarazarme del peso que implica el haber sido

educado rechazando toda sensación penosa, buscando únicamente sentir las

emociones consideradas agradables.

Ahora entiendo que para mantenerme alegre tengo que conseguir

aquellas cosas que no necesito, pero creo necesitar. Y de esa forma una guía

de mi interior como es la emoción de la alegría, pasa a ser un objetivo, un

blanco hacia el cual dirigirme.

En este momento me siento bien. Porque pienso en que a cada rato

se me van a presentar emociones y sensaciones que son para guiarme, para

enseñarme mi propio camino.

Me siento como si hubiese pecado. Sucio y desagradable. Siento que

verdaderamente hice algo mal. Algo que ya no tiene solución. Algo que no

debía haber hecho. Me siento culpable. Y ¿Por qué me siento así?

Porque comí. Comí aun estando por encima de mi peso.

Lo importante aquí es mi emoción. Me sentí culpable y eso quiere


1

decirme que me creo con la obligación de evitarles penas a los demás.

En este momento de mi vida es así. No quiero que los demás sientan

nada penoso por mi culpa.

Si me imagino la vida sin esa obligación, se vuelve ciertamente

mucho más libre.

Hoy se tapó la cocina. Traté de destaparla pero no lo conseguí.

Aunque a quién perjudica es a Bety, que tiene que rebuscárselas para lavar,

tengo una extraña sensación. Por más que no me corresponde a mí solucio-

narlo, nadie más se ocupa de hacerlo.

Me molesta que eso siga así. Tengo la impresión de tener que

resolverlo antes de ocuparme de mis cosas.

Trato de leer lo que voy diciéndome, no para seguirlo, sino para no

presentar los síntomas. Es como si buscara volverme un enfermo

asintomático, lo cual hace mucho más peligrosa la enfermedad.

Los indicios que estoy teniendo actualmente no son tan groseros

como me gustaría. Muchas veces me pasan desapercibidos y no logran


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desviarme del falso camino.

Es por ello que quiero estar muy pendiente, porque la respuesta

aunque no sepa leerla, la escribe mi alma una y otra vez en mi

comportamiento, mis emociones y las dolencias que transito en mi cuerpo.

No estoy confiando lo suficiente en mí mismo, en que soy una

unidad que esta volcada hacia mi propio bien. Todavía no puedo "darme

cuenta" que aun aquellas cosas que parecen estar hechas por mí mismo contra

mí mismo, tienen un sentido positivo.

Recién, como tantas otras veces, lloré mientras escuchaba el tema

"Presente". Dispuesto a profundizar las causas, entendí que la gran tristeza

que siento cuando lo escucho no es por mí, sino por el que canta. Por cada

una de las personas que respira en este mundo pensando cada día que en su

vida no hay un sentido, creyéndose sin armas ni fortaleza para desenvolverse

en este universo que muchas veces parece cruel y despiadado. Que creen no

poder relacionarse con personas aparentemente frías, duras e insensibles, que

no pueden comprenderlas.

Lloré por todos ellos. Por mamá, por Joe, por Ana Inés, por Inés De

Luca, por Cecilia. Todas personas que quiero y que nunca pude, ni voy a

poder, solucionarles
1

sus problemas.

En ese momento me di cuenta, que así como yo soy una unidad

capaz de buscar y encontrar mi sentido positivo, ellos también.

Al comprender que todas las personas de este mundo están

capacitadas para resolver sus vidas, para vivirlas plenamente, lloraba y

reía.

Igual que en este momento que lo escribo, lloro y río y no se si hay

algo más lindo.

En estos días me quedé en casa. Mucho deporte. Mucho sueño.

Mucha televisión. Hoy vi la carrera y un video, nade mil metros y corrí cinco

kilómetros. Después me alimenté como cinco leones.

Es que desde hace tiempo me estoy diciendo que tengo peso encima

y no puedo descubrir cuál es.

Me estoy quedando con una visión del mundo que tiene que ver con

supuestas injusticias y desniveles en el universo. Eso haría afortunados a

algunos y miserables a otros.


1

Estar bastante tiempo solo está surtiendo efecto. Creo que una de las

razones por las cuales me alimento como un cerdo, es mi necesidad

compulsiva de gustar. Ser uno mismo se contrapone con gustarles a los

demás, de la misma forma que estar flaco se contrapone con comer

compulsivamente.

Me queda claro entonces que no es lo importante gustarles a los

demás.

En mi vida le he dado mucha importancia al gusto en las cosas. El

gusto al vestirse, al comer, al hablar. También al gusto de la comida.

Siempre he considerado que deberían gustarme las personas con las

cuales me encuentro. Creo que me guío mucho por lo que me gusta y lo que

no.

Claro que siento gusto o disgusto por algo, cuando sólo alcanzo a

ver parte de su realidad.

Puedo continuar perfectamente con el ayuno mientras planteo las

cosas como son para mí, pero en cuanto me inserto en el supuesto "saber

popular", de lo que es bueno o malo y lo que uno debería hacer, pensar, decir

y tener, me ataca un apetito voraz.


1

Hoy es el cumpleaños de mamá. No le regalé nada. Ni siquiera le di

un beso. Tiene que ver con que no quiero alimentar su fantasía de que está

todo bien entre nosotros, que tenemos una relación amable real. No me

interesa ser cómplice de eso. No me interesa ser cómplice de nada que no me

parezca cierto.

En estos días estoy convencido que el peso de más que tengo en mi

cuerpo representa una carga que llevo de otras personas. Sin embargo no

logro descubrir cuál es esa carga, ni en qué situaciones se presenta, ni lo que

me está indicando.

Sé que a mí no me importa cuanto posea la gente. No me importa si

tienen más o menos. Supongo que eso también corre para mí.

Todavía creo necesitar ciertas ilusiones para sostener mi vida. Y

aunque mi querida alma me este diciendo lo contrario por medio de la

tristeza, cuando dejo de lado las ilusiones e intento vivir el momento, se apo-

dera de mí una gran sensación de vacío.


1

A cada rato me dan ganas de llorar. Al pensar que tengo que

transitar este camino en forma solitaria, sin nadie con quien compartirlo. Sin

poder tener una amiga o un amigo con quien comunicarme.

Considero que la vida se me presenta apetitosa cuando puedo ir a dar

una vuelta en moto, cuando puedo acostarme con alguien que me gusta,

cuando puedo correr, nadar. Cuando puedo ver mis mejorías, cuando le

atraigo a alguna chica que me gusta.

¿Qué me pasaría si pierdo todo eso?

Plena tormenta de Santa Rosa. Perfectamente puntual. Si bien ayer

fui a la cancha a ver la selección nacional de fútbol, tuve sexo con una mujer

que realmente me gusta y me comí todo lo que se me dio la gana, no estuve

satisfecho. No estoy satisfecho. Creo que la satisfacción es una utopía. Como

emoción me indica que creo que estoy incompleto. Que me falta algo para

vivir.

Y es exactamente lo que me pasa a mí ahora. Pienso que tendría que

tener mi departamento, vivir solo y tener una fuerte sensación de poder, como

para gustarle a las mujeres (sería sólo a las mujeres que buscan eso).
1

Tal vez piense que si lograra aceptarme me habría encontrado a mí

mismo. Y en realidad únicamente me estaría comparando con un modelo

(pasando el examen). ¿Habrá realmente un uno mismo?

Tengo sensaciones y deseos que no puedo establecer con seguridad

si me pertenecen o son de otras personas. Sospecho que ciertas personas en

determinados momentos pueden transmitirme sus deseos. Y mi forma de

percibirlos es sintiéndolos.

Cuando al despertar por la mañana me encuentro con el problema

del auto, automáticamente siento angustia. También impotencia y una muy

penosa sensación de claustrofobia.

Es que lo de la caja de velocidades no depende únicamente de mí.

Si mi angustia fuera un llamado de atención y me estuviera

pasando lo mismo a otro nivel, pensaría enseguida en mi familia y en todas

aquellas personas que quiero, amigos antiguos y nuevos. Principalmente en

mi familia por aquél sueño que tuve en el cual me pedían que no me fuera

antes de hacer algo, pero para hacerlo dependía de los demás. Dependía de

que los demás hicieran su parte.


1

En el caso del auto, para resolverlo dependo de quién me hizo el

recambio de la caja. A él fue a quién le pague la plata. Si no quiero perderla,

dependo de él.

Es verdad que fui yo quién puso la plata en sus manos aun cuando

presentía que la caja que me daba no era buena. Estaba casi seguro y, sin

embargo, confié igual.

Ahora cuando tengo que depender de él siento angustia. Y me llama

la atención en el tema de mi familia. Yo intento mostrarles el camino y no lo

consigo.

Me siento fuerte cuando me permito sentir dolor, angustia, tristeza y

miedo. No por poder evitarlas, sino por sentirlas y ver qué quieren decirme.

Durante mucho tiempo intenté buscar una emoción que definiera lo

que sentía, que especificara mi posición. Ayer la encontré: perjudicado.

Por diversas situaciones, desde quedar encajonado en el tráfico, no

ser el que recibiera una propina en el trabajo, no conseguir las vacaciones

cuando quería, no poder arreglar el auto, etc., etc.


1

Parece que mis emociones se escondieron. Pero siento una

contractura en la parte alta de la espalda. Dentro de las posibles causas (según

la lista de Louise Hay) me parece que tiene que ver con falta de apoyo

emocional. Últimamente siento que no puedo compartir mi vida con nadie,

que no puedo expresarle mis emociones a nadie.

Hoy mientras volvía de nadar me preguntaba por qué seré tan

distinto de los demás. Aunque creo que todos partimos internamente de lo

mismo.

Siento que no tengo apoyo emocional para vivir a mi manera, para

ser yo mismo.

Ya no tiene que ver con la palabra, con explicar lo que pienso, como

pidiendo permiso para hacerlo. Tiene que ver con serlo. Con ser yo.

Escribí en la lista de emociones lo que significa desear. Lo escribí

sin pensar el sentido: cuando creemos que a la vida se la puede poseer.

Es un pensamiento distinto. Desde ya que todavía no lo comprendo.

Tendría que comprender la diferencia que puede haber entre poseer la vida y

vivirla.

Me parece que encontré una poesía que me lo explica perfectamente.


1

Después de pedirle permiso a quién la escribió, la incluyo:

VERSOS PARA MÍ

No quiero ser dueña de nada,

para sentir que todo es mío.

¿Acaso se es dueño del cielo azul de la mañana?

¿Del sonido del agua que danzando en el arroyo canta?

¿De la furia del viento cuando brama?

¿Del aletear de las palomas en el instante que levantan vuelo?

¿De las gota de lluvia que las nubes derraman?

¿De los rayos del sol, de la nostalgia,

de una sonrisa o de mil palabras?

Si oteando el mar,

adivino en ese pequeño punto lejano

a la barca que viene de regreso

con sus hombres y su pesca,

y no es mía la barca ni su carga,

sin embargo, al descubrirla en su ritual


1

la espero hasta verla varar en la playa,

e inexplicablemente la hago mía,

atesorándola en algún lugar de la memoria,

donde van a instalarse los recuerdos

una vez que suceden,

como cuando me robo en la mirada

de un jardín interior,

el verde que diviso a través de una ventana

y es mi música el coloquial gorjeo de los pájaros

y mi perfume el que cada árbol en flor,

en su momento exhala.

Sería ingrato entonces pedirle a la vida

más belleza de la que me regala,

sólo debo aprender a mirarla

sin comprar ni vender nada,

simplemente buscándola

en la maravillosa naturaleza

y en los pequeños actos cotidianos

que el olvido rechaza,


1

apelando a la libertad en los sentidos

y esperando la tregua que el raciocinio se permite,

para que los sueños que de incógnito viajan,

se queden, e iluminen el rinconcito cálido

donde suele atrincherarse el alma.

ANA MARIA DÍAZ VELO

Hoy mientras caminaba iba preguntándome que era lo más valioso

que había hecho en la vida. Me contesté que las pocas hojas que escribí de las

emociones y mi infancia. Y creo que es así por el valor que tienen para mí.

En esas hojas expuse el medio por el cual pude encontrar mi realidad. La

puerta de salida a los callejones formados por la educación convencional en

cualquier ser humano. La forma en la cual mi alma se comunica conmigo.

Releyendo algunas hojas del año pasado encuentro que mi avance en

cuanto a mi conciencia, es notorio. A pesar de que a veces me da la impresión

que estoy estancado e incluso que retrocedo, avanzo. Por suerte avanzo sin
1

volver atrás.

En estos días vivo ansioso. Intento evitarlo y solucionarlo por medio

de un montón de actividades deportivas, pero el común denominador de mi

vida, desde hace mucho tiempo, es la ANSIEDAD.

Si dejo de verla como algo que debería evitar, si dejo de tomarla

como un error y trato de encontrarle un sentido, quizás aprenda algo nuevo e

importante de mí mismo.

¿Qué significa estar ansioso? Es cuando uno cree depender de

algo que tiene que pasar para vivir.

¿Tiene esto algún sentido para mí?. ¡¡¡Sííí!!!.

En mi vida estoy creyendo permanentemente que va a venir una

"solución". Y va a estar representada por alguna mujer de quien yo me

enamore y de esa forma cambie mi vida, dándome una familia y un sentido

diferente, también una ocupación e incluso una nueva preocupación.

La supuesta solución también podría llegar envuelta en el éxito del

libro que estoy escribiendo, lo cual podría transformar mi vida en algo

maravilloso.

Pero siempre con estas soluciones llegaría también una ocupación


1

auténtica y plena que me viniera como anillo al dedo. Que justificara mi

razón de estar acá, de manera de estar ocupado en mi propio sentido de vida,

en la razón de mi existencia. En la cual mis acciones fluyeran libremente y mi

esencia y mi superficie transitaran la corriente sin conflictos ni rechazos.

La ansiedad estaría haciendo esto patente. Mi creencia de que, por

algo que va a suceder, mi vida va a cambiar. De esta forma dependo de lo

externo y no de mi interior.

Analizando un poco estas "soluciones", encuentro que tienen el

punto en común de hacer confluir el sentido de mi vida, con mi obra. Esto

supone una creencia de que yo estaría acá para hacer algo.

No creo que estemos aquí para hacer algo, sería una forma de

estar subordinados a un bien mayor que nosotros mismos.

Como entiendo que dentro de mí llevo una parte de divinidad,

una parte del Tao o como se quiera llamar, se me hace muy difícil creer

que hay algo por encima a lo cual debo subordinarme.

Me siento conectado con la tarde. Veo por la ventana la hojas bien

verdes del jardín. La tarde está "siendo". Está quieta, como mi interior. Quie-

tud. Comodidad. Tranquilidad. Pertenencia. Conexión.

A la vez siento que por otro lado hay mucha confusión, angustia,
1

supuestas necesidades insatisfechas. Masas de gente convenciéndose

mutuamente de lo mismo, sin escuchar su interior. Sin ver. Sin contemplar.

Ayer tuve una discusión con mamá que me alarmó. Me hizo ver que

sigo intentando modificarla y que todavía no logré perdonarla.

Cuando comprendo que no necesito mucho, que no es necesario ir

ansioso tras esto o aquello en la vida. Cuando comprendo que tengo todo lo

que me hace falta (que es mi alma), una desesperación me alcanza con una

pregunta: ¿Y ahora qué?

Siempre me dijeron que la vida es corta, pero

cuando me siento a no hacer nada, a no arreglar nada, ni cambiar nada, ni

ocuparme de nada, sólo a sentirme y a percibir mi interior, a veces me

aparece el temor a que me parezca demasiado larga.

Por momentos es como si estuviera en mi garage, con un montón de

gente, pero con los ojos cerrados, de manera que no podría ver a nadie. Pero

podría escucharles.

Lo mismo podría estar pasándome al no darme cuenta como percibo


1

lo que les pasa a los demás, cuando estoy solo.

Aunque uno esté lejos de una persona sigue comunicado.

Sospecho que no puedo diferenciar las comunicaciones que me

llegan de los demás. Tomo todo como si me perteneciera. Como deseos o

ganas míos, angustias y miedos míos. Eso me hace llevar más peso encima,

me hace más pesado mi andar. Por eso estoy engordando. Llevo peso de más.

Cuando hablo con mamá muchas veces siento que me cargo de peso.

Me invade una negatividad y una visión nefasta del mundo que no es mía.

A veces me da bronca pensar que hay gente que está disfrutando y

pasándola bien. Me pareció que tenía que ver con el hecho de estar contento

mientras otro está triste. ¿Está mal eso? Cuando otra persona me cuenta algo

que lo entristece, me parece que está mal que yo siga contento.

Escuchando Pink Floyd. Tengo todo para ir pero ningún lugar a

donde ir. Sigo creyendo necesitar un fin para justificar cualquiera de mis

acciones.

Es posible que no importe lo que haga, sino estar en contacto con mí

interior y en armonía mientras lo hago. Aquí está el quid, no es lo que haga lo


1

que me va a dar armonía, sino que la llevo dentro y debo conectarme con ella.

Se me ocurre que ahora comprendo como al buscar actividades que

me dieran armonía y buenas sensaciones, sólo buscaba aquellas cosas que me

acercaran a mí mismo, ya que la armonía la llevo dentro.

Me parece sorprendente no sentir nada por haber descubierto esto.

Quizás porque no es lo que yo esperaba. Si esperaba encontrar algo mucho

más emocionante y rimbombante, me equivoqué. Lo que encontré es simple y

falto de sal.

No logro despojarme de una sensación de tristeza que creo que tiene

su origen en otras personas.

Creo que no tengo derecho a estar bien mientras otras personas están

sufriendo. ¿Cómo estar bien mientras todas las personas que me rodean

sufren?

¿Cómo no padecer con ellos su desesperación, su falta de fe en el futuro, su

infelicidad, su soledad y el hecho de sentirse miserables?

Sin embargo, acompañándolos en el sufrimiento no contribuyo con

mi parte, no resuelvo nada y, por ello, debe existir alguna razón. Una razón

oculta que no entiendo.


1

Durante los últimos días pude conectarme en parte con una

sensación interna de bienestar, armonía y pertenencia a algo extenso y llano,

como veo al bien en sí mismo.

Sin embargo, asomarme a mi interior es a veces como hacerlo frente

a un abismo. Cuando pienso en todo con lo que creo estar conectado, con

todas las personas, las diferentes ondas de las personas y el sufrimiento, la

angustia, la necesidad y la oposición con la que estoy en contacto de una

forma que escapa de lo convencional, no directa ni consciente, pero sí

realmente. Cuando lo pienso, me rendiría, bajaría los brazos e intentaría

serenarme y concentrarme en actividades más fácilmente controlables.

Quizás, si verdaderamente estoy conectado con lo que le pasa a otras

personas, pudiera tranquilizarme y enviar de ese modo mensajes tranquili-

zadores y aclaratorios para los demás. Cada día que pasa, cuando hablo con

otra persona quedo más conectado con su interior.

En este momento siento que llevo sobre mis hombros sensaciones de

mamá, de la Negra, de Dolores (mi sobrina), de Monique, etc.

Ayer me dijeron que yo complicaba y cambiaba todo para eludir


1

responsabilidades. A veces creo que hago eso.

Estoy dudando mucho sobre qué cosas hacer. Tiene que ver con una

duda profunda que me habla de lo poco que estoy confiando en mí mismo.

La personas están comunicadas en profundidad como si fueran vasos

comunicantes.

Sospecho que hasta que no logre encontrar el peso de más que estoy

llevando y consiga deshacerme de él, no voy a poder dejar de comer como lo

estoy haciendo. ¡¡Por suerte!!. Es mi forma de indicarme que no estoy

viviendo mi vida.

El hecho de poder sentir dentro de mí, cosas que están pasándole a

otra persona, el hecho de poder verlo, no necesariamente tendría que ser un

peso a menos que yo me lo tome como tal.

Hoy fue un día bárbaro de primavera. Me pregunto si tengo rencor

contra personas. Contra muchas personas. Contra todos aquellos que que-

riéndolo o no, me perjudicaron a sabiendas. Algunos lo hicieron de gusto,


1

otros sin gustarle, otros si quererlo.

El primero que creo que me perjudicó fue papá. Lo hizo cuando se

fue y yo lo necesitaba mucho o creía que lo necesitaba. No siento rencor, pero

eso no asegura que no lo haya. Tampoco que lo haya. No lo siento.

La segunda fue mamá. Ella hizo diferencias entre los hijos, no fue

justa y nunca estuvo satisfecha con nada de lo que hice, nunca estuvo confor-

me conmigo. Mamá que me dice que no soy lo suficiente. Que me sacrifica y

sacrifica a cualquiera para estar mejor ella. Y que no logra estar mejor. Mamá

que me hizo perder una herencia y, después, un departamento de otra. Mamá,

que vive mal y nos lo transmite a todos. Que cree que tenemos que ocuparnos

de ella, que me tira mala onda. Que me hace sentir poca cosa.

¿Tengo rencor con mi vieja? Creo que no, tampoco. No quiero decir

que está superado, porque cuando me saluda mostrando todo su sufrimiento

sin salida, cuando me muestra su angustia sin límites, su mentira y su mala

onda, no puedo estar como si nada pasara. No puedo desengancharme e

impedir que me penetre, dándome cuenta que es su forma de internar zafar.

(aunque sé que la mala onda es un bumerang que siempre nos devuelve lo

que damos).

Puedo comprenderla. ¿por qué no hacerlo?


1

También Raúl. Me lastimó muchas veces y con gusto. Creo que es la

persona más cercana que me lastimó disfrutándolo. Pero hizo asimismo

muchas cosas por mí.

Estuve mirándome al espejo e intentando "verme" a través de los

ojos. Por momentos me parecía ver una gran tristeza y enorme desazón al ver

todo lo que pasa en este mundo con los sueños de uno. Con la esperanza de

bondad en el alma de cada uno.

Necesitar ilusiones es una de las peores calamidades. Cuando

necesito cosas que no tengo, demostrándome que me faltan, es que no es

suficiente para mí ser HOMBRE. Y no le doy la suficiente importancia al

valor que llevo en mí mismo.

Aquí estoy solo en mi garage. Con la televisión, la radio y el equipo

de música apagados. La moto estacionada. Los libros cerrados en sus estantes

de la biblioteca.

El teléfono colgado. El auto estacionado en la puerta. Las hojas de mi libro,

estancadas y guardadas.
1

Nada. Nada externo que me distraiga. Tampoco nada intelectual.

Aquí estoy. Abierto a lo nuevo. Escucho. Trato de sentir.

No sé por donde va. ¿Podré descubrir algo? ¿Por algún lado irá?

¿Algún sentido tendrá?

Nada me interesa. Estoy DESINTERESADO. Sospecho que quiere

indicarme algo.

Todavía no me permito vivir mi vida. Respirar y tomar del aire lo

que deseo, sin preocuparme por problemas que no son míos, dado que

aprendí duramente con mamá que si bien el problema aparente uno puede

solucionarlo, al conflicto de fondo lo puedo resolver únicamente ella misma.

Muchas veces recuerdo de una parte del libro: "Demian", de

Hermann Hesse, en donde él ayuda al pequeño Sinclair con respecto a un

problema que tenía. En la historia Sinclair dice que si no lo hubiera ayudado

seguramente hubiera caído en la desesperación.

A mi alrededor veo muchas personas desesperadas como mi madre.

Aquí me surge una pregunta importante: ¿Puedo yo transitar mis

emociones, sean cuales fueran, mientras hay toda una legión de gente que
1

siente diferente?

¿Puedo estar contento o bien mientras veo como sufre toda mi

familia?

Por más que la respuesta teórica sería afirmativa, veo que en la

práctica no lo es. La razón la desconozco.

Viernes de tardecita. Casi las siete de la tarde. Hacía diez días que

no escribía (lo cual me llama la atención porque dispongo de muchísimo

tiempo libre).

Sigo con las lesiones, tanto en el hombro como en mi pierna, de

manera que ya van treinta días que no hago deporte.

Parece que hoy estoy con los números: siete de la tarde, diez días

que no escribo, treinta días que no corro o nado, treinta y tres años que no soy

yo. Mucho, muchísimo tiempo que estoy solo.

Cuando llega la tarde me doy cuenta cuánto me gustaría poder estar

con una chica atractiva para mí, que me guste, poder hacer el amor y com-

partir cosas.

Salí un rato a caminar y, mientras lo hacía, me pareció entender que

iba por el mal camino. Que estoy equivocándome con eso de no ir hacia
1

ningún lado hasta no saber el rumbo.

Como un barco a la deriva, que no se anima a tomar ningún rumbo

sin verificarlo previamente, si antes asegurarse que es el correcto.

Me parece que al no comprender el camino que tomo, me da la

impresión que no hay caminos posibles. Esto concuerda con lo que significa

mi dolor de cadera: "no hay hacia donde avanzar".

El dolor en el hombro/brazo, indica que no estoy abarcando las

experiencias de la vida. No estoy comprendiendo los obstáculos que

supuestamente interrumpen el lugar por donde creo que "debería" avanzar.

Siento que encontré la razón de mis dolores.

Desde donde me encuentro puedo ver con claridad los caminos que

no conducen a ningún lado.

El primero es el que lleva al dinero (ya me dije profundamente que

no me interesa). Seguro que si siguiera ese camino, me perdería a mí mismo.

El segundo es el de las actividades, sean lucrativas o no. Cada vez

que intento encontrar una actividad que me brinde satisfacción, que me guste

hacerla y que a la vez pueda devolverme bienestar, me encuentro en la nada.

No descubro tal actividad para mí.


1

Mi vida es levantarme cada mañana sin saber qué me pasa. Sin saber

quién soy. Es despertarme con la angustia de estar haciendo las cosas mal y

que aun cuando me esfuerce en llegar al final, no voy a llegar a ningún lado,

porque voy por el camino equivocado.

Cada mañana, cuando abro los ojos, veo que no soy nadie, que no

estoy para mí mismo, ni para nadie. No estoy en nada, porque en nada estoy

siendo yo. Y lo que es peor, no me animo a ser más yo de lo que estoy siendo,

que es nada.

Es cierto que podría buscar la razón de vivir, en otras personas, pero

sería una trampa. Recién voy a poder estar bien cuando encuentre esa razón

en mí mismo. El sentido debe estar en mí tanto como en los demás.

Me propongo como hace dos años, intentar dejarme llevar por mi

interior, por fantasías e impresiones que no sean comprobables y parezcan

absurdas. Voy a intentar resguardarme de los demás, para que no aniquilen a

esta personita miedosa, tímida y escondidiza.

Sigo sintiendo emociones de otras personas. El nerviosismo y la


1

alegría de Monique, el cansancio y estar vencida de mamá, la angustia de

Belén. La decepción de Susana Castillo.

Desconozco el sentido de percibir todas esas emociones. Sospecho

que hay uno y que debe ser positivo, constructivo.

Desde mi lugar le diría a Monique que no me necesita, que no se

preocupe por eso, su alma le basta y sobra. Que me agrada su empatía

conmigo porque creo que es una de la personas que más me ve, que más me

conoce, que más me "deja ser" en su imagen.

A mamá le diría que no luche tan fuertemente contra lo que su alma

le indica, que deje lugar al crecimiento, que se abra a la vida, que escuche a

su corazón. La vida es mucho más que estar preocupándose permanentemente

por lo externo.

A Belén le diría que está equivocando el camino. La cosa

evidentemente no pasa por consumir y consumir. Que se escuche también un

poco a sí misma.

A Susana Castillo le diría que no invente. Que no intente adecuarme

a sus expectativas. Que las analice y que también analice a sus ilusiones y,

por último, que se anime a crecer. Tiene todo a su alcance.


1

A mí mismo, para terminar, me diría que no me preocupe por los

demás, que como ya me dijo mi alma, cada uno de ellos, está completo, que

cada uno puede. Cada persona en el mundo puede lograrlo. Puede "ser".

Hace una semana que no me sentaba a escribir. Sin embargo algo

pude ver. Me pude dar cuenta que cada vez estoy más ubicado en mi camino.

Ya no pululo desesperado por allí buscando ídolos de barro, ni soluciones

fáciles a mis problemas. Ya no busco oro falso con tal de sentirme rico.

Cada día comprendo más que no necesito tener cosas para vivir. Que

soy parte de un todo. No tengo por qué ir detrás de lo que otros suponen que

es importante, detrás de lo aparente, del "tener", del "poder", detrás del

encontrar un sentido a mi vida, pero fuera de mí mismo.

Me desperté entendiendo que rechazo a quienes me rechazan.

Devuelvo con la misma moneda.

La tristeza ya se muestra un poco más. Estoy llorando. Y pienso en

papá, en otras personas como mis antiguos amigos o Joe. A nadie le interesa

estar conmigo.
1

Me siento herido. Porque ninguno de mis antiguos amigos, ni

siquiera los más íntimos, como Rafa, es capaz de levantar el tubo para saber

algo de mí. También porque Monique no me llamó ayer. Y porque papá se

fue.

Me hirieron Silvina (mi primer novia), Mac (la segunda), y también

otras mujeres con las cuales salí un tiempo, como la Toya, y otras que

eligieron otros caminos, otras compañías.

Cuando me hieren, siempre reacciono de la misma forma. Me digo: -

Bueno, si ellos me ignoran, yo también a ellos.

-Si ellos no quieren estar conmigo, yo tampoco quiero estar con

ellos.

Voy a devolverles con la misma moneda, porque cuando es mutuo,

no hay herida. Mientras tenga la posibilidad de rechazarlos, no hay herida.

¿Qué me quiero decir cuando me siento herido?

Según un análisis de sangre estoy anémico. Y fijándome en la lista

lo que quiere decir encontré:

Actitud de <<sí, pero>>. Carencia de alegría. Miedo a la vida.


1

Sentimiento de no ser suficientemente bueno.

Creo que acierta en todo. Si me pasa algo agradable uso el sí, pero.

Hace rato tengo carencia de alegría, no puedo festejar. Nada es lo suficiente-

mente bueno como para festejarlo. El futuro me derrumba.

Miedo a la vida: Aunque cuando me permití ser un poco yo mismo

perdí el miedo a la muerte, es posible que todavía tenga en mí miedo a la

vida.

¿Que sería para mí miedo a vivir? Es como sentir que algo puede acabarse.

Como no desear mucho algo para que no se pierda. Todavía no entiendo el

proceso de la vida.

Sensación de no ser lo suficientemente bueno. Eso también. Tengo

permanentemente la sensación de no ser compasivo con los demás, de no ser

paciente. De no quererlos como debería. También no serlo como para que el

Tao, la vida o el mundo me acoja de buen grado en su seno.

Me creo un invitado indeseable, que la vida espera que me vaya

cuanto antes. Alguien que no se valora, no gusta, no se desea.

Así me siento yo. Un paria. Un sin lugar. Uno que todavía está

porque no se animan a echarlo. Por eso es lógico que las personas terminen
1

ignorándome, haciendo de cuenta que no estoy.

Me siento herido por las personas que no quieren estar conmigo, que

no les interesa mi bien o mi persona. Tengo la sensación de estar colado en la

vida.

Cuando intento comprender la razón por la cual me rechazan los

demás, pienso que es porque ven lo nefasto en mí. Creo que ellos descubren

algo terriblemente malo que tengo y me oculto a mí mismo. Pero ellos logran

verlo y se transforman en un espejo, son quienes me juzgan. El obligado

punto de referencia para establecer si mi postura es correcta. Para juzgar si

voy por el buen o mal camino. Para saber si soy bueno o no.

Ya está por atardecer. Son casi las ocho de la noche de un martes de

fin de enero en Buenos Aires.

A cada rato espero que suene el teléfono y que sea Monique. Me

siento dejado de lado por ella. Ignorado.

Tengo por creencia que los resultados y la aceptación de los demás y

de la providencia, son los que me indican si voy por el buen camino. Cuando

soy rechazado y cuando la suerte no me acompaña, cuando aun dedicado con

esfuerzo no logro la meta, es que estoy equivocando el rumbo. Es que no soy

aceptado. Que el mundo no me acepta.


1

Por el contrario, los logros hacen que me sienta aceptado, valorado y

que tengo un lugar así como estoy.

Hasta que no pueda estar verdaderamente solo, felizmente solo, no

voy a poder tener una pareja, ni un verdadero amigo.

Estoy hecho un angustiado. Las cosas van pasando sin que yo pueda

comprenderlas. Siento que carezco de un montón de cosas. Impotente, débil,

con pocos medios. Vencido. Perdedor.

Además, muchas veces me siento triste y que mi vida ya no tiene el

centro en mí mismo. Poco a poco voy perdiendo protagonismo e interés en

hacer cosas.

Me siento perdido. También me invade el miedo al futuro y el

pensamiento de que debiera preocuparme si no quiero pasarla mal más

adelante.

Las angustias aparecen tanto en la pileta como en el hipódromo y

con Mercedes. En la pileta porque no hago buenos tiempos, en el hipódromo

porque no hago buena propina, y con Mercedes, porque pienso que otro
1

podría satisfacerla, no yo.

Por todo esto me siento un perdedor, y me angustia.

Todo tiene que ver con la competencia. Estoy creyendo que la vida

es una competencia en donde ganan solo algunos. Quizás por eso pongo tanto

sufrimiento al competir. No quiero ser de los perdedores.

Ayer me sentí relegado. Y me está indicando que tomo

como propios valores y formas de ver la vida de otras personas. Así, pierdo

contacto con lo que la experiencia de mi alma me ha ido transmitiendo desde

que me decidí a escucharla.

Dentro de un rato me voy a nadar. Me siento perdido, sin saber qué

hacer. Confundido. Sin saber qué pensar.

Sospecho que puede ser porque creo poder separarme de los demás,

creo poder ser un individuo aislado. Creo poder tener pensamientos propios,

aislados de los de los demás.

Quizás mi modo de pensar y de ver las cosas tan peculiar, deba

enfrentarse a una corriente contraria, que es producida por miles de personas

confundidas y convencidas por intereses de algunos que no alcanzan a ver la


1

importancia de lo esencial. Quizás porque lo esencial no puede verse. Y ellos

no saben mirar de otra manera.

Me imagino entonces, que puedo estar dejando de lado mis

creencias de la vida. Saber que el asunto no va por el dinero, ni por triunfar,

ni por poseer más y más cosas. No va por atesorar, ni por la belleza ni el

éxito.

Pero lo cierto es que todavía no sé por donde va. De cualquier modo,

al ir a la deriva, no por eso tengo que dejarme llevar por una corriente super-

ficial y turbulenta de aquellas personas convencidas de esas falacias.

Mi contribución a la vida es expresar mi potencia. Es ser yo mismo,

dejándome llevar, pero no por la corriente del rebaño, sino por una curso de

vida real.

Una línea de vida que está muy alejada de la búsqueda permanente

de satisfacerme para no sentirme insatisfecho, de correr detrás de todos mis

deseos y de pasar la vida atesorando para un futuro.

Cuando trato de entender por qué me cuesta tanto seguir una

corriente interna mientras estoy con otras personas, muchas veces me olvido

de prestar atención, no a lo que expresan exterior y burdamente, sino a sutiles

indicios que exponen sin entender y que mantienen a pesar de ser perju-
1

dicados por ellos. Creo que ante esos indicios me relego. La mayoría tan

sutiles que no alcanzo a hacer conscientes.

La primera vez que la vi estaba sentada en una fiesta. Sentí que su

cara me pedía que la quisiera. Flaca, con pelo mota, una pollera negra y una

especie de chaleco encima que le quedaba mal, no era para mí la idea de una

beldad. Sin embargo quedé conectado de tal forma que aunque esa noche

otras mujeres me miraron en forma de invitación, enseguida supe que no

sacarla a bailar hubiese sido defraudar a alguien importante para mí.

Creo que fue la única persona que me trató con ternura en mucho,

muchísimo tiempo. Y también mucho, muchísimo antes de poder conocerme.

Supongo que me había olvidado lo que era sentirse así. Que a uno lo

traten así.

Ahora lloro como un bebé. Ella tiene diecinueve años, yo treinta y

tres, pero cuando me agarró de la cabeza, la apoyó en su pecho y me dijo: -

¡Vos sos mi bebé! y que apenas se fuera un amigo que estaba viviendo en su

casa le parecía que me iba a llevar a mí, esas pocas palabras dichas mientras

me miraba con sus ojos tiernos y su sonrisa suavemente triste, me resultaron

de las más valiosas que he recibido en mi vida. Fueron a ponerse justo al lado
1

de mi corazón.

Escribo esto y no puedo parar de llorar. Quizás en un futuro cuando

logre entender la razón de la importancia de esas palabras y frases para mí,

pierdan parte de su ensueño, pero por ahora acarician parte de mi alma.

Mercedes no comparte mi forma de ver las cosas. Incluso está en

desacuerdo. Sin embargo, no quiero perderla, ni dejar de verla.

A veces me parece que estoy sintiendo las emociones de Mercedes y

no las mías, pero luego pienso que debe ser una forma de sacármelas de

encima.

En realidad no puedo saber si es así o que realmente estoy actuando

las de otras personas.

Estoy muy triste. Después de dejar a Mercedes en su casa, no pude

parar de llorar. Ella me contó en forma entrecortada y con lágrimas en los

ojos que el último chico con el cual salió, la había dejado.

Después de esto y aun cuando podríamos haber seguido juntos,

prefirió ir a la casa y ni me invitó a pasar.

Cuando la dejé, me vino una tristeza enorme. Y por más que podría
1

haber tenido muchísimas razones para actuar de esa manera, yo me siento

solo y rechazado. Siento que no me quiere a pesar de haberle abierto mi

corazón.

Entonces, me doy cuenta que mi vida no tiene sentido. Que mis

cosas no valen nada. Que estoy atrapado en situaciones y conflictos desde

hace mucho tiempo. Y también, que mi vida da asco. Porque con las personas

con las cuales convivo me siento pésimo. Ni siquiera nos saludamos. No me

siento nada apreciado, ni querido.

Cada día estoy más y más solo. Aunque hay personas que se acercan

a saludarme, yo no quiero saludarlas.

Sin embargo, mi fantasía es que cada día siento más lo que sienten

los otros.

¿Qué sentido o propósito puede tener para una persona que entiende

la vida como yo, el hecho de perder todo significado por haber conocido a

una mujer?

Mucho más todavía cuando ella no cumple con atributos que

considero importantes, como pensar, no comer porquerías todo el día, no


1

fumar, no hacer deporte y considerar, como ella, que si no trabaja uno es un

vago. Que le interesan las cosas "buenas" y nunca le alcanza lo que yo tengo.

Intuyo que me pareció por un instante que ella podría sacarme de la

vida miserable que llevo. Una vida sin ternura. Sin amor.

Al acariciar solo por un segundo la sensación de sentirme querido

tiernamente, todo lo demás perdió significado.

Es sábado a la noche. Hace un rato volví del hipódromo. Mercedes

me dijo que se iba a bailar con unos amigos. Estuve muy triste y angustiado

todo el día. La tristeza llega sin preámbulos, la angustia, en cuanto pienso que

ella puede estar con otro hombre, que puede estar acariciándolo como hace

conmigo. Que puede estar siéndome infiel.

Salí a dar una vuelta y conocí a una chica que me gustó. Me dio toda

la bola, me invitó a su departamento y me ponderó de arriba a abajo. Me dijo

todo lo que creo de mí y que nadie ve. Que soy íntegro, bueno, sensible.

Vulnerable pero fuerte en el fondo. Que se alegraba muchísimo de haberme

conocido.

Me dejé llevar. Aunque esa noche no quise estar con ella, al día
1

siguiente la llamé y nos acostamos. Llegué bien, pero Mercedes no dejó

nunca de estar presente.

Creo que el tema pasa por compromiso y correspondencia. Que

Mercedes corresponda lo que yo siento por ella. Mi cariño, mi dedicación, mi

ternura. Que cada persona se de cuenta y me devuelva la sonrisa o la buena

onda que yo le brindo.

Vuelvo a sentir angustia cuando pienso que puede estar con otro

hombre.

Pienso que si ella me importa, yo también debería importarle,

porque si no voy a sufrir mucho.

Esta relación me tiene realmente preocupado. Hoy es martes, el

viernes cuando la vi me dijo que iba a pasar el sábado en una quinta y luego a

bailar con unos amigos.

Cuando me dijo eso, pensé automáticamente en salir con otra

persona. Incluso en tener sexo con alguien. Sospecho un intento desesperado

por alejarme de ella, por no sentirme tan expuesto a que me lastime su indife-

rencia.

Esa noche, después de recibir una negativa sexual, la dejé temprano


1

en la casa, con la fea sensación de estar ligado a alguien que no me

corresponde.

Ya otras veces sentí lo mismo en mi vida. Creo en una "necesidad".

Cuando estoy con ella me calmo, cuando me separo estoy triste, angustiado y

me falta algo.

Por alguna extraña razón siento que forma parte de mi aquí y ahora,

a pesar de que hace días que no la veo no deja de estar presente ni cuando

hago el amor con otra mujer. En forma insólita, cada vez que ella decide salir

con sus amigos y yo voy a dar una vuelta o voy a una fiesta, se me entregan

mujeres que me gustan. Y termino aceptándolas.

Mercedes no me cierra sus puertas. Prefiere ver a sus amigos y no

hacer el amor. No llega a rechazarme, es independiente de mí. No está

subordinada a mí. Cuando hacemos el amor, mientras que su cuerpo me

muestra claramente que está dispuesta a recibirme y que me envuelve con una

gran sensación de placer, ella dice no sentir nada, que ni fu ni fa.

Yo, en cambio, no vivo un minuto del día sin que ella esté presente.

Dejaría de correr, nadar y todo en general por estar con ella. Es como si mi

vida de golpe y porrazo, se hubiera transformado en un garrón. También me


1

doy cuenta como cambia la actitud de su cuerpo cuando ya está satisfecha,

cosa que ella dice no registrar.

Siento que lejos de quererla, me comporto como si quisiera poseerla.

Actúo justamente al revés de lo que defendí durante estos dos años.

Es decir que el sentido de mi vida no lo podía encontrar nunca en la

necesidad de otra persona. Al sentir de golpe que ella ocupa el lugar principal

en mi existencia, mi vida ahora pasa por la de ella.

Es una pasión que estoy muy lejos de comprender. Sufro todo el día y no

entiendo nada. Se me hace insoportable pensar en trabajar o hacer cualquier

otra cosa. ¿Me demuestra las necesidades que mantenía ocultas? ¿Quiere

decir que no valoro la vida de búsqueda que llevo?

Me veo como un chiquito con algo que le gusta. Obsesionado y

confundido.

Ayer al acostarme pensaba: ¿Por qué me pasó esto a mí? Me estaba

comportando como un quejoso, eso es lo que siempre dicen. Me parece que la

aparición de ella en mi vida, levantó una enorme tapa.

Ahora mi vida es un páramo.

Decidí hablarle de lo que me está pasando. Le conté de las otras


1

mujeres con las que hice el amor cuando ella se iba a bailar con sus amigos y

como me gustaría dejar de tener ese tipo de relación tan ridícula.

A pesar de ella, le surgieron unas lágrimas que se desbarrancaron

por sus mejillas mientras me decía: -Qué extraños son ustedes, los hombres.

Vos que estuviste diciéndome que estabas enamorado de mí, te acostaste con

otras mujeres y yo, que nunca te lo dije, te fui fiel y estuve solamente con

vos.

Esas palabras me quedaron grabadas.

Otro sábado a la noche. Recién vi como una mujer en televisión

abrazaba a un hombre con cariño y placer, y me puse a llorar solo en mi

garage. Porque Mercedes no me quiere. Porque nadie me quiere.

Pululo desesperado por todos lados, sintiéndome un paria. Un don

nadie.

¿Para esto nací?

Nunca nada le alcanza. La primera vez alcanzó sólo con llamarla.

De ahí en más nada fue suficiente. Le entregué todo lo que valoro. Mi

libertad, mi tiempo, mi cariño, mi ternura, mi amor.


1

Fui desenvolviendo cada uno de estos regalos, mirando su cara para

ver cuando algo le agradara. Nada bastó.

Parece que no soy suficiente. No pude serlo. Como dice la canción:

-Renuncio, nadie es lo suficientemente bueno para nadie. (I quit, I give up,

nobody is good enough for anybody else)

Nadie es lo que otro necesita. Nadie es el antídoto para otro.

Quizás esto sea lo más importante de lo que me digo últimamente.

Es posible que me haya dejado llevar desde el principio por su cara

de necesidad. Una cara que invitaba a creer que con sólo sacarla a bailar, todo

iba a estar bien para ella. Y fue ahí quizás donde empecé a dejar de lado lo

que había considerado importante en mi vida.

¿Qué considero importante? ¿El deporte? ¿Los ejercicios de control

mental? ¿Disponer de mucho tiempo sin saber que hacer? ¿A mis amigos? ¿A

mi familia? ¿El descubrir por donde pasa algo? ¿Leer algo que me guste?

¿Nadar?

No. Hago estas cosas porque creo que me hacen bien, el deporte, los

ejercicios, escribir. Pero no son un fin en sí mismos. Por eso, cuando me

pareció que podía cambiarlas por un puñado de ternura, por hacer feliz a otra

persona, las dejé con gusto. Sin enojarme por perder ninguna de ellas.
1

Fue un Domingo raro. Con lluvia alternada con sol. Con tristeza que

se mezcló con un poquito de alegría. Fue un Domingo con mucha confusión

y muy poca claridad. Con cariño y soledad. Con vida y apatía. Fue un

Domingo raro.

Me senté para escribir. Para escribir lo que me pasa. Para escribir lo

que me preocupa. Lo que me aflige.

Me senté para escribir sobre mis miedos y mis angustias. Para

escribir sobre Mercedes. Para abrir mi corazón. Para enfrentar lo terrible, lo

feo.

Me senté para escribir y aceptar lo inevitable. Lo irremediable. Para

darme cuenta que estoy solo. Que pasan los años y sigo solo.

Me senté para escribir sobre los motivos que me faltan. Sobre lo

suelto y sin rumbo que me siento. Para escribir sobre mi incertidumbre y mi

tristeza por no lograr nada y no poder aferrarme a nada. Sobre la falta de

esperanza.

Me senté para escribir sobre como me cuesta aceptar la vida como

es. Sin siquiera comprenderla.

Estoy como si me hubieran quitado el deseo de vivir. No tengo

ganas de hacer nada, porque ella no quiere estar conmigo.


1

No tiene sentido. ¿Qué podría darme ella? ¿Amor?

¿Si viví todo este tiempo sin amor, por qué no quiero o no puedo seguir

haciéndolo? ¿Qué sentido puede tener no poder vivir la vida porque otra

persona no desea estar o no lo ama a uno?

Nada entiendo. Encuentro un vacío general en cualquier acto y una

agonía y una enorme angustia me invade el pecho.

Si esto es parte de la vida. ¿Dónde está el propósito?

Hablé con Josefina. Reaccionó con bronca y rechazo. Considera que

Mercedes trata a las personas como si fueran cosas. Lo dedujo de cuando me

dijo que me llevaría a vivir a su casa. Como si fuera un juguete. Que me está

manejando, sin saber lo que quiere y sin importarle como me sienta yo.

En parte yo me siento como ella me dice, que me manejan como a

un títere. Como si yo a Mercedes no le importara nada como persona.

Pero, por otro lado siento que desde que la conocí fue creciendo un

compromiso y una unión profunda. Muy cerca de mi corazón, de mis

sentimientos y emociones.

No sé si creerle a mi corazón, a mi cabeza o a Josefina.

Desconozco la cruzada en la cual me encuentro, pero una vez más el


1

sentido de lo que hago no está en mí, sino en otra persona.

Parece ser que una vez más el sentido de lo que hago no está dentro

de mí, sino por fuera. Y si es así, y el sentido y propósito de mi presente es

Mercedes o tiene que ver con ella, simplemente paso a un segundo plano,

encolumnándome por detrás de otro individuo.

Me surge la creencia de que las personas, en ciertos momentos,

necesitan cierta ayuda. No quería escribirlo, porque no concuerda con lo que

mi alma de ha dicho en muchas oportunidades: ¡Cada persona está completa.

Nada necesita. Tiene todo para vivir!.

Cuanto más traté de que no me hiera, cuanto más traté de no

sentirme no correspondido, cuanto más traté de dar para no ser rechazado e

ignorado, tanto más me lo hicieron sentir.

Ahora me siento HERIDO. Herido por Mercedes. Herido por mi

madre. Herido por mis amigos. Herido por Joe, por Monique, por Raúl, por

Poli.

Entiendo en sentirme herido un mensaje de mi interior.

Me dice que tengo derecho de estar acá. Que hay lugar para una

persona exactamente como yo en este mundo. Que no es un error que yo este


1

acá. No importa que los demás sean, piensen y que se manejen con códigos

diferentes. Tampoco que les importen otras cosas. Igualmente, aun siendo

raro y peculiar, aun siendo obsesivo o incansable buscador y cansador para

muchos, tengo todo el derecho de estar acá. Y tiene sentido que exista.

Estoy por cumplir treinta y cuatro años. O dos desde que volví a

nacer.

Éste fue un año difícil. El esfuerzo para seguir mi senda fue cada vez

mayor. La mayor parte del tiempo estuve perdido, fluctuando entre intentar

volver a ser el viejo Andrés, e intentar "entender" y "darme cuenta", como me

invita a vivir mi nueva consciencia.

Recién estuve viendo una película. Lloré casi desde que empezó.

Tenía una visión tierna y afectuosa de la vida. El único valor que defendía era

el amor. Nada de logros o éxitos, o de haber alcanzado nada en la vida.

Solo amor. Solo eso.

Leí en la lista de Louise Hay, que un ataque al corazón quiere decir

que la persona, por dinero, por posición o por lo que fuera, le quitó todo el

júbilo a la vida. Puede ser que eso haya hecho papá.

Pero creo que una de las cosas que sentí con su muerte es HERIDO.
1

Quizás por eso es tan importante esa emoción. La vengo repitiendo desde

muy chico.

Mi cumpleaños ya pasó. Con pena por Mercedes y, también, con

demostraciones de cariño. Ella no me está tratando como yo querría y eso me

duele. El Viernes la encontré en una fiesta de Méndez (de las que la conocí).

Me dijo que hubiera preferido que yo no fuera, pero que como yo estaba ahí,

tuvo que estar conmigo.

Yo hubiera preferido que no fuera. O que me tratase diferente. Pero

las cosas son como son.

Brindé con ella y propuse: "Por nosotros". En realidad no hay tal

cosa. Hay un ella y un Andrés que se presta a todo o a casi todo.

Me zamarrea emocionalmente. Pero si como digo yo, quiero sentir,

lo primero es animarme a todo lo que me pase. Cuando deje de emocionarme

quizás sea que con ella ya no voy a aprender más, pero mientras me emocio-

ne como lo hago, mientras siga sintiendo emociones penosas y gloriosas (que

hasta ahora no sentí), vale.

Estuve hablando el sábado a la noche con Josefina. Me transmitió


1

algo interesante con respecto a sentirme herido. Yo había escrito que es

cuando creo que la verdad la tienen los demás. Ella lo entendió como que los

demás son un espejo de nuestra realidad. Así, lo que ellos hacen se

transforma en lo que nosotros merecemos.

Ahora considero sentirme herido como un mensaje que me

indica que estoy creyendo que las devoluciones de los demás son

un espejo que me refleja.

Por lo tanto, comprendo que no es así. Las personas nos hacen

devoluciones que tienen que ver con ellos, no sólo con nosotros.

Otra vez triste. Llorando en el garage. Sintiendo que soy un

desgraciado.

Otra vez un miserable. Un no querido por nadie. Un paria. Un extranjero

indeseable.

Y todo esto porque a Mercedes no le importo. Porque una vez más

me voy a quedar solo. Y me había ilusionado con poder vivir un tiempo con

alguien.

Estoy desgarrado y herido. Fuera de lugar. Vencido.

Por la noche sueño que ella no está conmigo. Me despierto pensando


1

en ella. Todo pierde sentido si ella no es correspondiente.

Si no fuera así, si me quisiera y estuviera enamorada de mí, quizás

yo podría hacerla sentir bien con solo estar, con un mimo, un abrazo o una

caricia, porque es eso lo que creo que necesita.

Las cosas que yo hago serían valoradas, no pasarían desapercibidas,

como ahora.

Estoy en el garage escuchando música. Solo y confundido. Sin tener

idea a qué dedicar mi tiempo.

Si creyera que soy inmortal, no me molestaría perder el tiempo con

Mercedes.

Cuando la conocí me confesó que nunca abría las persianas de su

cuarto. Que no quería que le entrara el sol.

Cuando llegué Mercedes estaba en Robe de chambre. Me atendió

bien. Dijo que se iba a ir al centro, que la esperara mientras se bañaba.

Sentí que era una pérdida de tiempo. ¿Por qué esperarla si se iba al

centro? Antes que eso prefería ir a lo de Turu y después a lo de Cris.

Cuando se lo dije, no lo tomó nada bien. Se fue sin saludarme.


1

Hoy es Viernes de semana santa. Creo que religiosamente no me

afecta, aunque creo que Jesús fue muy importante, sin embargo, como mucha

gente aprovecha para pasar unos días afuera, yo me despierto con compulsión

a hacer cosas, programas divertidos.

Mientras imagino que todos festejan y se divierten, yo escribo solo y

confuso en mi garage.

Me hace acordar a las palabras de Lao-tsé, aunque estoy muy lejos

de ser un sabio.*

*(Los hombres están de fiesta como en los días de grandes sacrificios.

O cuando en primavera se asoman a las terrazas.

Sólo yo permanezco tranquilo, sin tareas que cumplir, como un niño que

todavía es incapaz de sonreír, siempre desamparado, como si no tuviera ho-

gar.

Los demás viven en la abundancia, sólo yo parezco pobre.

Es posible que mi mente sea la de un loco, tan oscurecido y confuso me

siento.

La gente vulgar da la impresión de ser clara y brillante, sólo yo me muevo

como una sombra.

Ellos son agudos, seguros de sí mismos.


1

Yo estoy decaído y me muevo como se mueve el océano.

Voy a la deriva, sin asidero alguno.

Todo el mundo tiene algo que cumplir.

Sólo yo soy torpe y estoy fuera de lugar.

Soy diferente, yo encuentro paz y soporte en la madre que me nutre.)

Me castigo por no tener un buen trabajo. Por no ser una persona

positiva y pudiente. Alguien que pueda mantener una familia. Alguien que

valga la pena querer.

Si bien me costó mucho tiempo poder estar tranquilo con intentar

fluir en mi vida, sin estar enganchándome con la compulsión de la gente de

ser alguien por el trabajo que hacen, sin querer identificarme por mi quehacer

diario, por mi profesión o por mi trabajo, sin estar encolumnándome por

encima o por debajo de otras personas que poseen más o menos que yo, ahora

me vuelvo a castigar por lo mismo.

Quizás fue sólo un intento de ir aceptándolo y comprendiéndolo,

pero ante la llegada de alguien que me gustó, rápida y gratuitamente tiré todo

ese esfuerzo por la ventana y comencé, sin prisa y sin pausa a castigarme,

quitándome toda posibilidad de gozo por lo que se me presenta cada día,


1

como el aire, la las plantas, el agua, la música.

Cada día puede ser una bendición o un tremendo sufrimiento.

Si considero que soy incompleto. Y que no soy lo suficientemente

bueno ni poderoso como para satisfacer a alguien, estoy en lo cierto. No es

debido a un problema particular mío, sino porque a nadie se lo puede satisfa-

cer. Nadie puede satisfacer a nadie.

¡Sólo tiene lo suficiente, quien sabe lo que es suficiente!

Le dediqué tiempo, inteligencia, percepción, calidez, dinero. Le abrí

mi garage y mi corazón. Incluso permití que se burlara de mí. También que

no me tolerara. Que me rechazara, que me manejara y que se encaprichara,

también. Y que no me quisiera.

Intenté aceptar todo. A todo dolor le busqué la vuelta por otro lado.

Pero todo lo hice esperando algo a cambio. Un diploma de poder

satisfacerla, de ser suficientemente bueno para alguien. El diploma de quien

alcanza.

Lejos de obtenerlo.

Ayer otra vez tuve la sensación de saber que Mercedes había llegado
1

a la casa. Ella me había dicho que volvía el domingo. Y como la otra vez que

me había dicho que iba a ir al centro, y yo había sentido que estaba en la casa

y tuve ganas de ir a visitarla, ésta vez me pasó lo mismo.

No sé como entender esta comunicación de saber si está o no.

Por otro lado, no obstante yo quería que me llame y lo hizo, me trató

mal, como si estuviera molesta o le costara llamarme y a la vez mostrar toda

su indiferencia.

Cuando digo algo no me escucha o me trata mal. Aun así, siento que

en este momento me está llamando de alguna forma. Pero contestar su

llamado es ir a ser maltratado y no tiene mucho sentido.

De todas formas sigo pensando en ella, sabiendo que va a tratarme

como puede, como sabe y como le parece.

El que se injuria soy yo mismo. El que deja de creer en su alma, soy

sólo yo.

Cuando es ella quién me llama, peor me trata. Le molesta tener que

llamarme. En el llamado no me invitaba a nada. Solamente me daba la

posibilidad de que yo la invitara.


1

CONFUNDIDO: Cuando creo que todo es como tiene que ser.

No entiendo que pude decirme esto. Parece que si todo es como

tiene que ser, entonces no hay nada que pueda modificarse. No hay nada en

realidad que yo pueda hacer.

Es muy interesante. Querría decir que puedo hacer diferencia, que

puedo interferir en algo, que soy parte de algo.

Últimamente me estuve diciendo en reiteradas oportunidades que

para que intentar ayudar a alguien, si todo estaba como tenía que estar.

Volví hace unos días de Mar del Plata y vuelvo a ir mañana. Es una

excelente noche otoñal. Fresca y pura.

Por la radio están pasando lágrimas en el cielo. Mi estado de ánimo

está lejos de ser parejo. Estoy permanentemente atento a la reacción que

causo en la gente, para saber como estoy. Ignoro como saber como estoy sin

valerme de la devolución de los demás.

En estos días estoy muy angustiado porque mi vida depende de ella.


1

También de otras personas. Fuertemente angustiado. Mi vida no tiene

sentido, carezco de ganas de hacer nada. Tengo toda mi energía puesta en

Mercedes. Ni en ver televisión ni en ir al cine, ni en nadar, ni en correr ni en

aprovechar estos espléndidos días de otoño con las hojas de todos colores

soltándose de los árboles.

No puedo disfrutar, ni cuando estoy con ella, ni cuando estoy solo.

Estoy enamorado y no soy correspondido.

Me cuesta mucho mantener mi escala de valores. Tiene pocas

certezas, solamente voy aprendiendo lo que no tiene valor. No quiero volver a

creer que tengo que ser suficiente y tener suficiente para ofrecer.

Es domingo a la noche. Hoy hay fiesta de Méndez. Sentado en el

escritorio escucho la radio. Mientras, me caliento unos ravioles del mediodía.

No creo que Mercedes se haya tomado bien que yo tuviera programa

con otra mujer cuando me llamó ayer. Cuando la llamé al mediodía me dijo

que iba a estar ocupada por la tarde haciendo un trabajo para la facultad, que

más tarde me llamaba.

No se si quiero que lo haga.


1

Cuando me llamó, a eso de las nueve de la noche, me bañé y fui

hasta su casa con sospechas. No estaba seguro si ella podía digerir lo que le

estaba pasando conmigo.

Cuando llegué, no fue ella quien me atendió. Estaba sentada en la

cocina viendo televisión y no se movió. Hizo como si no me hubiera

escuchado (aunque toqué el timbre). Me ofreció que me sentara junto a ella.

Tenía enfrente el trabajo que había hecho para la facultad. Le pedí

leerlo y a pesar de que al principio se negó, luego aceptó con la condición de

que no emitiera comentarios al respecto. Supongo que me pareció rara la

limitación y por eso luego de leerlo le dije que yo le cambiaría algunas cosas

(no era verdad).

Nos quedamos callados un buen rato, hasta que me preguntó por qué

me gustaba hacerla enojar. Ya no me trataba bien, en realidad no le había

hecho en ningún momento. No me sentía bienvenido.

Le dije que a mí me gustaba que me recibieran bien. Con ironía

continué con que debía ser un problema

mío de chico. La saludé y me fui.

Debo haber estado en su casa unos quince minutos.


1

Ahora me dan ganas de llorar.

Me senté en el sillón de mi garage, con la luz apagada, esperando

que me llamara. Esperé media hora. Me cambié y me fui a la fiesta de

Méndez.

Cuando volví a verla me preguntó si había ido a esa fiesta.

Aunque pensé que las cosas entre nosotros podían ir mejorando, no

fue así. A pesar de haberme dicho que ahora le gustaba abrir las persianas y

dejar entrar el sol a su cuarto, ayer volvió a decirme que nunca me había

mentido, que siempre me había demostrado su escaso interés en mí.

Las veces que estuvimos juntos no fueron agradables para ninguno

de los dos.

Decidí que lo mejor era dejar de salir.

Ni se inmutó. No demostró darle ninguna importancia. Me saludó

como si nada. Es coherente con la poca importancia que me demostró

siempre.

Pasé una pésima noche por problemas digestivos. Con ganas de


1

vomitar e ir al baño, con retorcijones y sudor frío.

Fui a verla. Todo lo que temía, pasó. Fría y lejana, sentada distante

me ignoraba. Interrumpió la conversación en la cual hablábamos de nosotros,

para decir pavadas por teléfono con un amigo durante quince minutos.

Mientras tanto, yo me mantenía acurrucado en un rincón de su

cuarto, muriendo de a poco, sufriendo, llorando por dentro, pero intentando

convencerme de que me la banco. Que nada me pasa.

Me llega su imagen diciéndome que quería ser mi amiga. ¡Que

mundo de mierda! ¡Las cosas que tengo que escuchar!

Cuando llegó el amigo, ni siquiera habíamos terminado la

conversación. Ni siquiera pude despedirme como quería.

En realidad yo no quería irme.

Ella no salió a despedirme. Tuve que abrir el portón y sacar la moto

solo. Solo. Solísimo.

Fui directo a verla a Cris. Por suerte, estaba. Me dio cariño y me

abrazó. Me contuvo y se interesó por mí.

No sé por qué no quería quedarme solo. A lo que temo más ahora es

a la soledad. A las emociones profundas en el desierto. Angustia. Todo


1

incontrolable.

Esta relación me hizo ver lo solo que estoy. Lo solo que me

encuentro. Creo que todos los días de mi vida salgo a remediar mi soledad.

La terrible soledad que permanece aun cuando estamos acompañados.

Toda la vida que fui armándome con interés se vino abajo. La regalé

con gusto a cambio de una de sus sonrisas.

Intenté guiarme por mi alma y me condujo a esto.

Me angustio tremendamente cuando pienso en lo poco que le

importó mi situación.

Muevo las piernas aceleradamente por la angustia. Me siento muy

dolorido, emitiendo aullidos internos de dolor. Mañana tengo que viajar a

Mar del Plata a terminar el tacto. Sólo recordar eso me hace mover las piernas

con mayo desesperación.

También siento angustia cuando pienso en su indiferencia corporal

hacia mí. Estoy desesperado.

Pensar en ella me da angustia. Pienso en como me

gusta, en su cuerpo y siento angustia. Pienso en un abrazo... bueno, eso nunca

lo tuve.

La angustia me indicaría los razonamiento equivocados. Por donde


1

no va el asunto. Entonces, no sería ella lo importante, ni como me gusta, ni

como es su cuerpo. Es obvio que hay mejores cuerpos que ese y mujeres más

lindas.

También me angustia que puede ser tan simpática con un amigo y

tan desagradable conmigo en el mismo momento.

Siento que me mataron. Me mataron y tengo que seguir viviendo

muerto. ¿Cómo hago eso? Perdí todo deseo propio desde que la conocí. Toda

intención que no fuera estar con ella. Desaparecí.

Ahora ella decide dejarme solo. Solo y desaparecido. Solo y sin

interés.

La llamé a Cris para verla ahora, a la mañana. Me dijo que alguien

iba a ir a cantar un salmo a su casa, y eso me dio miedo, no quiero quedar a

un costado, sentirme relegado.

SENSACIÓN DE SOLEDAD: Tengo sensación de soledad cuando quiero

decirme que creo que la vida está determinada. Que su sentido está

determinado

No se si esto podría tener sentido. Es lo que me acaba de salir.


1

Por suerte para mí, Cris me acompañó la mayor parte del día.

Estuve un rato con algo de buen humor, mientras escribía y también

cuando fui a correr, pero al volver, me volvió a atacar la angustia, la

contracción en mi estómago.

Cris, Josefina y Monique, me dieron cariño.

Esta angustia tiene que estar indicándome alguna espina o un punto

de vista errado. También siento desesperación.

Aunque siempre dije que quiero transitar mis emociones, me esta

costando enormemente transitar todas las angustias, tristezas y sensaciones

penosas y a menudo desagradables que se me presentan últimamente.

Mercedes fue como un oasis de espinos. Por cada gota de agua que

recibí tuve que sufrir sus dolorosos pinchazos. Cada vez que me separé de

ella me invadió la sensación de no ser nada, nadie.

Por más que me devuelvan que soy un idiota, un problemático, un

inútil y un vago, no tengo porque tener que ver con eso. Es posible que todo

eso tenga que ver con quien me acusa de ello.

Muchas cosas viví en este último tiempo. Muchas cosas


1

diferentes. Historias donde se repitieron los personajes, pero en forma

cambiada.

Fui el deseado y también el que deseó.

Fui rechazado y también el que rechazó.

Fui ignorado y también ignoré a otros.

Todo lo que hice, me lo hicieron. Todo lo que me hicieron, lo

hice.

¡Qué momento más extraño en mi vida!

No se puede decir que no estoy teniendo algunos meses realmente

movidos.

Me vuelve la imagen de Mercedes y ansío una posibilidad de que las cosas no

sean como son. Que la realidad no sea lo que es.

Pero lo cierto es que esto es sólo que me siento mal por un amor no

correspondido y nada más.

La única solución es que fuera correspondido. Pero ella me ofrece su

amistad, quizás como yo se la ofrecí hace mucho tiempo a Josefina.

Aunque a cada rato pido por favor que esta realidad desaparezca y
1

que Mercedes me diga lo mucho que me quiere y le interesa estar conmigo,

es un imposible.

Caminando hace un rato pensé en eso de "tener lo que uno quiere".

Parece ser eso lo que intenta decirme esta enorme tristeza que tengo

instalada desde hace rato.

Ya son casi las seis de la tarde. Hoy no creo haber hecho gran cosa.

Estuve caminando, sintiéndome desgraciado y esperando inútilmente que

Mercedes llame.

Parezco estar siempre en el mismo lugar, siempre desgraciado y

dejado de lado por las personas que me interesan.

Creo que de a poco he ido perdiendo el mito de la plata, de los

bienes materiales y del éxito para poder ser feliz. Haciendo el amor con

Mercedes estuve muy cerca de tocar el cielo con las manos, muy cerca de

sentir lo máximo. De conectar todo mi cuerpo y el de ella en un gozo

profundo. Sé que a eso lo valoro. Mucho más importante que el tema sexual.

Ahora estoy solo, sentado en mi garage, sin saber cuando la vida va

a volver a acariciarme con una sensación tan profunda y placentera. Ahora


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tengo que contentarme con lo que la vida quiera darme. Sin lograr imponer

mi voluntad.

A lo que me gusta, la vida puede dármelo o quitármelo sin que yo

tenga derecho alguno al pataleo, sin que pueda hacer nada al respecto. ¿Para

qué hacerme desear aquello que no he de poseer, que no he de gustar?

A muchas de las emociones que tuve durante esta relación con

Mercedes pude y me esforcé en sacarles provecho, pero queda la ausencia, el

teléfono que no suena, queda la soledad y la falta de cariño y amor.

De alguna forma siento que me quedo afuera, que ya no voy a poder

entrar y salir a mi antojo. Y eso me lleva a una enorme sensación de angustia

y miedo.

Hace un rato me dejé las llaves arriba y mamá cerro la puerta con

llave. Ante esta situación sentí una gran angustia y me vino una imagen de

cuando era chico: Buscábamos casa con mamá porque papá había muerto. Yo

me entretuve en el jardín, sin darme cuenta que mamá miraba la casa por

dentro. Cuando quise entrar, ¡La puerta estaba cerrada! ¡Me habían dejado

afuera! Mi desesperación fue enorme. Sufrí tremendamente. Mamá hacía lo

imposible por tranquilizarme, sin obtener ningún resultado dado el nivel de

angustia y desesperación que yo había alcanzado en esos minutos.


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Existe la posibilidad de que el mensaje que intenta transmitirme mi

alma no sea directo de Mercedes, sino de lo que ella representa. Que ella sea

sólo una referencia. Alguien que me importa y a quien yo no le importo. A la

vez me llama la atención que las dos veces en las cuales le confesé que la

quería, sentí como se le iluminaban los ojos.

Inútilmente sigo esperando que me llame. No quiero darme por

vencido. No quiero aceptar la realidad.

Quizás de aquí a un rato vaya a correr con un equipo del bajo. Mi

vida empieza a armarse otra vez, sin poseer nada, sin esperar gran cosa, sin

"probar el dulce".

Me siento solo y triste. Según lo que creo de estas emociones, la

sensación de soledad me estaría indicando que la vida no tiene un sentido

determinado, que no me preocupe ni gaste tiempo y energía en cuestionarme

porque no se me otorga la posibilidad de vivir de acuerdo a lo que me gusta.

Me preocupo por este sentimiento de soledad, que me hace sufrir,

pero que es en realidad inocuo, inofensivo. En cambio, quizás el creer que la

vida tiene un sentido determinado, me puede estar haciendo esquivar o


1

rechazar muchas veces mi forma de sentir y fluir.

¿Me estoy guiando por determinismos cuando me despierto a la

mañana, cuando estoy de vacaciones, cuando es día de semana o fin de

semana?

¿Será que me arrastra el determinismo de otras personas?

¿Me estaré guiando, aceptando o rechazando según mis propias

determinaciones sobre como hay que vivir y lo mucho o poco que aprovecho

mi vida?

La tristeza pareciera ser una emoción base, que no da lugar a otras.

Entiendo perfectamente que me indica que no "necesito". No necesito lo que

quiero para vivir.

Para mí, vivir, puede estar siendo perseguir lo que quiero. Lo

necesite o no, tratar de obtenerlo o intentar que permanezca conmigo.

Releyendo algunas páginas que escribí antes de conocer a Mercedes,

descubrí increíblemente que en esos días estaba triste, llorando, angustiado y

relegado. También sentía que no era lo suficientemente bueno,

rechazado, olvidado e ignorado. Que nadie se interesaba por mí e incluso


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herido.

Me decía que yo siempre reacciono igual cuando me hieren no

queriendo estar conmigo: eligiendo no querer estar con quienes no quieren

verme y de esa forma lograr que desaparezca la herida. Sólo habría herida si

yo los hubiera buscado.

Pensaba también que las cosas "buenas" no eran para mí y que

cualquier cosa que yo quisiera no se me iba a dar.

A la vez me sentía "colado". Una persona indeseable a quien no

invitaron a esta acá, pero que, de cualquier manera no se animaban a

echarme.

Lo increíble es que haya sentido todas estas cosas antes de conocer a

Mercedes y, después de conocerla, las volví a vivir, pero con mayor potencia,

lo que evidentemente me hizo suponer que era ella la causante o el real punto

de referencia de lo que pasaba dentro de mí.

Me gustaría escaparme. Poder estar viviendo otras cosas, más

agradables. Sólo está quedándome espacio para aquellas desagradables. Para

sufrir, llorar, angustiarme o preocuparme. Para sentirme relegado, miserable o


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desgraciado. Para estar solo.

Estoy cansado. Cansado de lo mismo. Cansado de no poder reír con

ganas, festejar, disfrutar y agradecer. Cansado de no sentir placer y de no

hacer las cosas con gusto.

Cansado de no saborear un buen vino, de no hacer el amor con una

bella mujer y de no respirar el aire a todo pulmón.

Espero poder lograrlo después de este trago amargo. Amargo, pero

quizás necesario para poder disfrutar luego. Necesario para poder disfrutar de

algo real, cierto.

Últimamente me estuve diciendo muchas cosas a través de las

emociones. Voy a ir una a una:

TRISTEZA: fundamentalmente por no tener lo que quiero. E incluyo a la

MUJER. Para poder disfrutar la vida creo necesitar una mujer. Aun cuando

puedo tomar un buen vino y respirar el aire puro a todo pulmón, creo que no

puedo disfrutarlo a pleno sin una mujer. Sin ese cuerpo generoso y

complaciente, sin esas sonrisas de placer, sin sus miradas. ¿Cómo podría estar

disfrutando este momento, que no tengo una mujer?

Me parece terrible, pero creo que mi alma intenta decirme que no


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necesito una mujer para vivir.

Quizás piense que si las mujeres no me aceptan, es que el mundo no

me acepta como semilla. ¿Será por eso que me dolía tanto que Mercedes

dijera que hubiese abortado un hijo mío?

¿Es acaso tan importante para mí el placer sexual o en realidad

persigo el certificado que obtengo al poder gozar?

También puede ser que sienta tristeza por no obtener

correspondencia entre lo que doy y lo que me dan.

RELEGADO: quiere decir que me estoy dejando llevar por lo que otras

personas piensan. Que no me estoy afirmando en los valores que fui

encontrando en mi camino. ¿Cuáles son esos valores?

-No hay personas modelo. Soy único. Somos únicos.

-Nadie tiene derecho alguno sobre mi vida, ni la de los demás.

-No tengo la obligación, ni el derecho de evitarle penas a los demás.

-Cada persona posee todo lo que necesita para vivir.


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Estamos completos.

-No es importante, ni necesario, gustarles a los demás.

-La vida no tiene un sentido determinado.

-Las devoluciones de los demás no son nuestro reflejo.

-No está todo como tiene que estar. Podemos hacer diferencia. Contribuir.

-La vida no es una competencia.

-A la vida no se la puede obtener, sólo vivir.

-No necesito lo que "quiero" para vivir.

Supongo que con el tiempo voy a seguir encontrando valores. Ideas

que valgan la pena, que perduren y me sean beneficiosas, acercándome a la

realidad.

La ANGUSTIA que sentí al ser relegado me llevó directamente a la

situación, una vez más, de la muerte de papá. Debí sentir que con él se me iba

toda posibilidad de poder mantener mis ideas, mi forma de ser, evidentemente

creyendo que era necesario ejercer mi voluntad para obtener un lugar.

Creo que esto es muy importante.

En realidad no se logra tener un lugar por el hecho de poder ejercer


1

nuestra voluntad. Uno siempre se encuentra en un lugar para sí mismo.

Cuando murió papá perdí la oportunidad de ejercer mi voluntad.

Que las cosas se hicieran como yo quería. Seguramente en ese momento creía

que eso era fundamental, porque al que se le permitía ejercer su voluntad, le

estaba siendo permitido "ser". A los demás, en cambio, no.

Y creo que allí es donde empezó otra emoción: SENTIRME

HERIDO. Herido por todas aquellas personas que no cumplieron con mi

voluntad, una forma de dejarme SER.

HERIDO: Las devoluciones de los demás no son nuestro reflejo. No son

nuestro pasaporte para poder ser o no. No implican un derecho para estar acá.

Ni siquiera son un reflejo de lo que sembramos, aunque puedan serlo.

De alguna manera es lógico pensar que si a uno alguien lo ama, lo

está autorizando. Mientras uno es amado puede permanecer. Tiene una razón

para quedarse.

Por eso creo que algo debe estar señalándome este deseo tiránico de

que Mercedes me llame, este deseo de ser reconocido, de dejar de ser

ignorado, para ser aceptado y amado.

Pero tengo MIEDO de que ella no llame.


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El miedo tiene que ver con la indestructibilidad de mi alma. Con mi

propia presencia, con mi ser.

Si tuviera que escribir la razón de mi miedo, diría que es porque

todo lo que me pasa, tanto lo que puede verse beneficiado, como perjudicado,

son cosas inofensivas en realidad.

Es como si fuera un juego inofensivo de búsqueda del equilibrio. Es

sólo una guía, no dependemos de ello.

¿Cómo explicar que podamos contribuir con este mundo y a la vez

sea inofensivo lo que nos pasa?

Quiero decir que por inofensivo entiendo que no nos lastima ni nos

limita. Diría que aunque no somos omnipotentes, estamos más allá de tener

que ejercer nuestra voluntad.

Que se cumplan nuestros deseos no nos beneficia ni nos perjudica.

Todavía me quedan muchas emociones para profundizar. Queda

rechazado, olvidado, ignorado, colado, desesperado, dubitativo, desgraciado,

sensación de soledad y angustia por quedarme afuera.

Aunque Mercedes me asegura que yo no le intereso ni corporal, ni

espiritualmente, yo sigo creyendo que no es así. Aunque en lo concreto, la


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falta de un llamado me indica claramente que no le intereso, sigo con la idea

de que no es verdad. Y eso me hace pensar en papá. En papá que desde que

se fue, desde que murió, nunca volvió a saludarme. En papá que no recuerdo

que haya estado nunca hablándome en un sueño. En papá, que yo veía cómo

se preocupaba por mí y cómo yo le importaba, y de cualquier manera nunca

volvió.

Una vez más me desperté sufriendo. Reconozco que no es la idea

ocultar las emociones penosas que transito y tratar de reemplazarlas por

ilusiones para sentirme bien. No es que no quiera sentirme bien, pero quiero

que sea por un camino real.

Por lo tanto, voy a pasar otro día más solo en casa. Saliendo

únicamente para hacer algún deporte o comprar algo para comer aquí, en mi

garage.

Insisto con la idea de que la gente no quiere estar conmigo por un

problema mío, por mis errores y equivocaciones.

Sonó el teléfono y especulé con que podría ser Mercedes... No era.

Me cuesta creer que mi intuición me haya jugado tan mala pasada,

haciéndome fijar la atención en alguien que no iba a corresponderme.


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Aunque estuve analizando las emociones que sentí, todavía no pude

descubrir el meollo del asunto. Por eso doy vueltas en círculo.

Quizás tenga que ver con algo que me pasó cuando era chico. Algún

tipo de conflicto que no pude resolver en su momento y que hoy podría estar

capacitado para desenmascarar.

En algún momento pudo ser realmente nefasto para mí que me

quitaran el cariño y que no me dejaran ejercer mi voluntad. En ese momento

pudo estar relacionado con que mi conducta satisfaciera a quienes tenían el

poder de dármelo.

Tratar de ser yo mismo en esa etapa de mi vida, en donde sentía que

había perdido a mi mejor camarada (papá), pudo volverse una lucha de vida o

muerte para mí. Posiblemente elegí dejarme de lado, con tal de no quedarme

solo y poder ejercer un poco mi voluntad.

Seguramente la tristeza que debía hacerme sentir el hecho de no

poder ejercer mi voluntad y para peor, no poder comprender su mensaje de

que no necesitaba hacerlo, debió desembocar en algo mucho más nocivo para

mí, como dejar de lado mi particular forma de ser y tratar de adecuarla a las

exigencias de los que me rodeaban.

Por más que intentaba esforzarme por contentar a otros, nunca


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lograba ejercer mi voluntad con algunas personas, como por ejemplo con

Raúl, que además de tener mayor fuerza física, contaba con el apoyo incondi-

cional de mamá.

Me imagino claramente al círculo vicioso, cuanto más me dejaba de

lado, para ser como mamá u otras personas quisieran que fuese, nunca iba a

gustarles por mi forma de ser real, sino por comportarme como un Andrés de

plástico que apenas se quitara la careta, volvía a ser relegado otra vez.

Conclusión: O me relegaba yo para que no lo hicieran los demás y

así intentar ejercer mi voluntad o me relegaban los demás y, de esa forma,

perdía la posibilidad de hacer lo que quisiera.

Supongo que en ese momento no estaba en condiciones de seguir mi

vida solo.

De cualquier modo, me parece una forma coherente de asociar el no

ser suficientemente bueno, con el hecho de ejercer mi voluntad.

Es posible que creyera que al poder ejercer mi voluntad estaba

siendo aceptado en esta vida.

Estas son todas hipótesis. Voy a permitir que corra un poco el agua,

manteniéndome pendiente de lo que voy sintiendo y actuando, para ver si

puedo aclarar, confirmar o rechazar todas estas conjeturas. Por el momento,


1

no siento angustia ni otra sensación concreta que me indique que voy por mal

camino.

¡No creo que mi familia esté dirigida a crecer! Pero al decirlo no me

considero apto para juzgar a los demás.

Afortunadamente tengo este tiempo para escribir.

Tiempo para mí, para analizar, estudiar, sentir y respirar.

No estoy compulsivamente volcado con desesperación a la búsqueda

de bienes materiales ni profesionales. Intento vivir auténticamente, mirando

la naturaleza y apreciando su belleza. Puedo disfrutar de bienes que no son

materiales.

Hoy no me siento suficientemente bueno. Para decir más, reconozco

que no lo soy. ¿Quién querría estar con alguien como yo, que vive en un

garage sin baño, teniendo que subir hasta la casa de su mamá para usar el de

ella? ¿Quién querría estar con alguien tan falto de ambiciones materiales,

hasta el punto de no querer hacer nada por obtenerlas?

¿Quién querría estar con alguien cada vez más feo, más viejo y más
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pelado?

Domingo lluvioso teñido de tristeza. Las gotas de agua no llegan a

lavar mi alma del sufrimiento. Día a día siento que me consumo. Que me

sumerjo en un mundo de desesperanza y dolor. No logro dormir bien ni

disfrutar de la vida.

Me dedico a mirar películas, a llorar de a ratos, a sufrir.

Está anocheciendo, para variar, estoy solo.

Sospecho que muchas de estas emociones tienen relación con algo

que me pasó luego de la muerte de papá, algo que no alcancé a descubrir y

comprender, y que por eso me sigue perjudicando hoy día.

Después de mucho luchar contra la vigilia, tuve que levantarme. No

quería enfrentarme con la realidad de mi vida. Y desperté pensando en que no

me siento nada útil, lo que me recuerda a un antiguo relato:

EL ÁRBOL

Lao Tsé estaba viajando con sus discípulos y llegaron a un bosque


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en el que cientos de carpinteros estaban talando los árboles porque se estaba

construyendo un gran palacio. Y habían cortado casi todo el bosque, excepto

un árbol que se erguía allí. Un gran

árbol con miles de ramas. Era tan grande que diez mil personas podían

sentarse bajo su sombra.

Lao Tsé pidió a sus discípulos que fueran a preguntar por qué no

habían cortado aún este árbol, cuando habían cortado ya todo el bosque y

había quedado desierto. Los discípulos fueron y preguntaron a los

carpinteros: -¿Por qué no habéis cortado este árbol? Los carpinteros dijeron: -

Este árbol es absolutamente inútil. No se puede hacer nada con él porque

todas las ramas tienen demasiados nudos. No hay nada recto. No se pueden

hacer columnas con él, no se pueden hacer muebles. No puedes usarlo como

combustible, porque el humo es muy peligroso para los ojos. Te quedarías

casi ciego. Este árbol es absolutamente inútil. Esa es la razón.

Volvieron. Lao Tsé se rió y les dijo: -Sed como este árbol. Si queréis

sobrevivir en este mundo, sed como este árbol, absolutamente inútiles.

Entonces nadie os hará daño. Si son rectos los cortarán y los convertirán en

un mueble en casa de alguien. Si son bellos, los venderán en el mercado, los

convertirán en una mercancía. Sed como este árbol, absolutamente inútiles,


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entonces nadie podrá dañarlos. Y crecerán grandes y amplios,

y miles de personas encontrarán sombra debajo de ustedes.

De mi familia aprendí que lo importante es lograr lo que uno quiere.

Lo demás no vale nada.

Y a partir de esto ¿Puedo disfrutar lo que tengo? ¿Puedo hacerlo a

pesar de mis faltas, sin un trabajo reconfortante y enriquecedor, sin una pareja

para hacer el amor y sin mi padre? ¿Puedo disfrutar con la familia que tengo,

estando separado de muchos de mis hermanos y de mis amigos? ¿Puedo

disfrutar estando solo y con el embrague de mi auto patinando? ¿Puedo?

No, no puedo. Y no porque no quiera, sino porque las ilusiones

todavía subsisten en mí, los fantasmas de lo mejor en contra de lo bueno.

¿Pensar que ahora podría estar en la cama con Mercedes o viajando

a algún lugar paradisíaco hace que

no pueda saborear este momento? ¿Es eso lo que hace que no pueda

exprimirlo como a una fruta jugosa, vivirlo como a una joya, un momento

único?
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Tiene sentido que mi propia vida no puede abandonarme. Y que no

necesito a nadie para vivirla. Ni mujeres, ni amigos que me quieran, no

necesito gustarles a los demás, ni esperar cosas buenas de ellos hacia mí. Mi

vida siempre va a estar donde yo esté. El asunto solamente es encontrarla.

Sospecho que nada puede ser más emocionante, creativo y divertido que

nuestra propia vida.

Son casi las doce del mediodía. Hace mucho más que meses que no

sé que hacer con mi vida. Circulo sin saber a que dedicarme. Me persigue una

compulsión a ser útil, aunque cuando muera todo seguirá su curso.

Si me dejara llevar por mi fantasía, diría que muchas personas que

aparentemente se interesan por los demás, en realidad no lo hacen. Y yo, que

parezco lo contrario y los molesto poniéndoles el dedo en la llaga, si me

intereso.

Quizás el peso esté en juzgarme y maltratarme cuando actúo de una

forma en la cual no salgo favorecido, por haber pensado en los demás.

¿Será difícil imaginarse una vida donde no tuviéramos que gustarle a

nadie, sin esa necesidad de atender y preocuparse por los gustos y deseos
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ajenos?

¿No me quitaría acaso un peso de encima?

No se si salir o no. Si lo hago tengo la posibilidad de que algo pase.

Pero quedándome en el garage también doy la oportunidad, quizás, de que la

vida, mi vida, aparezca aquí en casa.

Corrí catorce kilómetros. Cuando iba llegando a casa, pensaba en

como me iba a sentir mientras se lo contara a alguien. Y en general a la gente

no le dice nada cuánto haya corrido. Me intereso en que otras personas

valoren mis actividades aunque en realidad no tengan nada que ver con ellos.

Yo escribo mi historia, no la de ellos y sin embargo pareciera ansiar que sean

ellos los que juzguen si vale la pena o no.

Para mí fue bueno correr los catorce kilómetros, ¿Por qué querer que

sea bueno para otra persona?

No entiendo la razón por la cual en lugar de disfrutar mi propio

logro, que lo considero importante por el esfuerzo y la superación que

significa, lo pongo en vidriera para que sea visto y juzgado por los demás.
1

Busco en forma irracional y permanente una aprobación. Aun con

costos muy altos para mí y aunque se vuelva en contra de mis propios

intereses.

¿Será así o es que quiero ver como reaccionan los demás ante lo que

considero bueno e importante?

No me sorprendió que Analía no conteste mi llamado. No sólo eso,

sino que siento que es la historia de mi vida.

Anoche tuve un sueño. En él nadie me quería. Era un paria en este

mundo.

Siempre estuve rodeado de personas que no me quisieron. Hoy

mismo, no tengo a nadie que realmente me quiera. Y el hecho que no sepan

como hacerlo, no cambia esa realidad.

Ni siquiera creo que Josefina y Cris me quieran realmente. Más de

una vez han aparecido indicios de que no es así.

Por lo tanto, tengo una vida sin amor. Sin amor de ningún tipo.

Cuan difícil se me hace ser YO cuando mis comportamientos tienen

otro propósito, como el de enseñarme. No el de dar ejemplo. Entonces,

muestro mi imperfección y mi confusión interior aún creyéndome con la


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obligación o el deseo profundo de defender la autenticidad. ¿Puedo hacer

ambas cosas? ¿Puedo actuar peculiarmente y hasta incluso en forma insensata

pero profundamente auténtica? ¿Es lo que prefiero o en vez de eso elijo

actuar en forma sensata, correcta e impecable pero al mismo tiempo

falsamente?

Mi impresión es que si actúo en forma sincera, me termino

rechazando a mí mismo por alejarme de lo lógico, de lo establecido e incluso

porque voy en contra de lo que yo y todos los demás esperan de mí y de sí

mismos.

En cuestiones sentimentales, aún soy como un chico, al que pueden

lastimar fácilmente con sólo dejarlo de lado.

Son la una y media de la madrugada. En todo momento me obligo a

encontrar las actividades que puedan acercarme a la vida. Pero ésta, a veces

es escurridiza y aparece cuando quiere. Hay días en que siento que vivo a un

ritmo intenso, otros en cambio, parecen querer transcurrir como olvidados,

sin pena ni gloria, como si fueran desperdiciados.

Y aunque me esfuerzo por exigirme a encontrar la vida, ella no se


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presenta siempre en un tipo determinado de actividad. Se presenta en

cualquier momento, cuando estoy trabajando o cuando estoy ocioso. En

general, tiendo a creer que cuando estoy haciendo algo que me gusta, tengo

mayores posibilidades de sentirme pleno, pero no es así. En ocasiones,

cuando salgo con una chica siento "vida", pero en otras, inclusive con ella

misma, no siento nada.

No debe estar en las mujeres, debe estar en todos lados y en

ninguno.

¿Sólo tendré que aprender a esperarla?

Hay personas en este mundo que no tienen abrigo para el frío, ni

comida para el estómago. Que enferman, sufren dolor y malestares por

agentes infecciosos que podrían perfectamente evitar mediante una buena

alimentación, mayor higiene o antibióticos a los cuales no tienen acceso por

falta de medios.

Hay personas atrapadas por desórdenes naturales, como aludes,

terremotos y ciclones.

Pero también hay en este mundo una cantidad mayor de personas,

que aunque pueden cumplir con sus requerimientos básicos, de todas


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maneras, sufren. No por algo real como el hambre o el frío, sufren por ellos

mismos. Sienten hambre aún estando sobrealimentados, se enferman aún en

condiciones favorables. Estas personas viven mal, atemorizadas y angustiadas

por situaciones creadas por ellas mismas o por la sociedad en la cual viven. A

ellas, se les hace realmente difícil subsistir, pero no por condiciones externas

desfavorables, no, se les hace difícil sólo porque se preocupan permanente-

mente por idioteces. Personas como yo, que comemos de más y luego nos da

indigestión, tomamos de más y luego nos duele la cabeza. Que vivimos

compulsivamente esperando el éxito, ser los afortunados. Perdiendo de vista

lo verdadero y lo real, nos desvalorizamos hasta creernos dependientes de los

demás, necesitando su cariño y aprobación. Pues son quienes nos rodean los

que deciden quién tiene éxito y quién es más importante que los demás.

Y esa es la forma en que soy derrotado, cuando me dejo de lado,

cuando empiezo a creer que necesito un auto mejor y un trabajo mejor.

Cuando empiezo a creer que debo justificar mis actividades. A darme

importancia por cualquier peculiaridad de moda. Cuando creo que tengo que

verme lindo, no para estar mejor, sino para gustar más y, sobre todo, cuando

creo que lo importante es darme todos los gustos.


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Pero afortunadamente vuelvo a conectarme y mi vida vuelve a pasar

por no creerme las falacias. Esa es mi vida, mi lucha. No dejarme convencer

para terminar, como en las carreras de galgos, corriendo detrás de un conejo

de engaño. Vuelvo a desmitificar al éxito.

Aunque me gustaría despertar en un mundo agradable, en el cual no

hubiera hambre, ni agresión y en donde la gente no muriera de frío, lo hago

en un mundo dominado por la hipocresía. Repleto de valores irreales.

Es por ello que estoy en combate, porque todo eso me arrastra hacia

la incertidumbre, a perseguir lo que no importa, a empequeñecerme por no

lograr mis objetivos de plástico.

Y la lucha se me hace difícil. Porque la hipocresía no da la cara, se

oculta detrás de hechos y sentimientos que dan la falsa impresión de ser

reales.

Y esa batalla se produce aquí en mi garage. Estando solo. Buscando

separar lo cierto de lo irreal. Lo valioso de lo superfluo. Lo auténtico de la

hipocresía.
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-FIN-

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