Juan Rulfo
(Apulco, Jalisco, 1917 - Ciudad de México, 1986) Escritor mexicano. Un
solo libro de cuentos, El llano en llamas (1953), y una única novela, Pedro
Páramo (1955), bastaron para que Juan Rulfo fuese reconocido como uno
de los grandes maestros de la narrativa hispanoamericana del siglo XX. Su
obra, tan breve como intensa, ocupa por su calidad un puesto señero
dentro del llamado Boom de la literatura hispanoamericana de los años
60, fenómeno editorial que dio a conocer al mundo la talla de los nuevos
(y no tan nuevos, como en el caso de Rulfo) narradores del continente.
Juan Rulfo creció entre su localidad natal y el cercano pueblo de San
Gabriel, villas rurales dominada por la superstición y el culto a los
muertos, y sufrió allí las duras consecuencias de las luchas cristeras en su
familia más cercana (su padre fue asesinado). Esos primeros años de su
vida habrían de conformar en parte el universo desolado que Juan Rulfo
recreó en su breve pero brillante obra.
Fue hijo de Juan Nepomuceno Pérez Rulfo y de María Vizcaíno Arias de
Pérez Rulfo. Rulfo contaba con seis años cuando su padre fue asesinado en
junio de 1923. Cuatro años más tarde, en noviembre de 1927, su madre
falleció.
Su familia extensa estaba formada por terratenientes cuyas fortunas fueron
arruinadas por la Revolución Mexicana y la Guerra Cristera de 1926-1929,
una revuelta católica contra las persecuciones de los cristianos.
Fue testigo de una época de cambio en el país. Mientras que la democracia
en México plasmaba sus cimientos con la Constitución de 1917 que
Venustiano Carranza promulgó, las secuelas de violencia por la revolución
adornaban el ambiente de la época, pero a la par, Juan Rulfo vivía una
infancia en la que convirtió en un apasionado lector desde temprana edad, un
suceso decisivo que lo acercó a las letras de manera permanente.
En 1922 Rulfo inició sus estudios de primaria en el Colegio de las Josefinas.
Sin embargo, en 1926 la Guerra Cristera causó el cese del colegio y que
Rulfo fuese en 1927 al Colegio Luis Silva, en Guadalajara, por decisión de su
tío, quien era su tutor por aquel entonces. En 1929 se trasladó a San Gabriel,
donde vivió con su abuela. No obstante, posteriormente acabó en el orfanato
Luis Silva en Guadalajara, donde vivió mucho tiempo y padeció de depresión
ya que en palabras de él: ‘‘es un lugar oscuro, de pandillas, lo más parecido a
una prisión’’. De esta época no obtuvo muy buenos recuerdos y él mismo
calificó como «correccional» en una entrevista de 1977.
Juan Rulfo en 1933 intentó ingresar a la Universidad de Guadalajara pero, al
estar esta en huelga, optó por trasladarse a la Ciudad de México, donde
asistió de oyente en el Colegio de San Ildefonso. Al inicio, decidió estudiar
Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), alentado
por su familia a seguir los pasos de su abuelo, sin embargo, al no poder
revalidar sus estudios, se incorporó como oyente en la Facultad de Filosofía y
Letras. Con un mar de cambios en su vida, la literatura se convirtió en la
única constante. Y se vio obligado a trabajar. Entró entonces en la
Secretaría de Gobernación como agente de inmigración; debía localizar a
los extranjeros que vivían fuera de la ley. Desempeñó primero sus
funciones en la capital para recorrer más tarde, durante dos o tres años,
extensas zonas del país, entrando así en contacto con el habla popular, los
peculiares dialectos, el comportamiento y el carácter de distintas regiones
y grupos de población.
Esta vida viajera, este contacto con la múltiple realidad mexicana, fue
fundamental en la elaboración de su obra literaria. Más tarde, y siempre
en la misma Secretaría de Gobernación, fue trasladado al Archivo de
Migración. Rulfo se ganó la vida en trabajos muy diversos: estuvo
empleado en una compañía que fabricaba llantas de hule y también en
algunas empresas privadas, tanto nacionales como extranjeras.
Simultáneamente, dirigió y coordinó diversos trabajos para el
Departamento Editorial del Instituto Nacional Indigenista y fue también
asesor literario del Centro Mexicano de Escritores, institución que, en sus
inicios, le había concedido una beca. A la par, a través de sus viajes
exploraba su fascinación por la fotografía, en las cuales retrató los aspectos
de un México rural, la cultura del lugar y a menudo, la desolación, algo que
también destaca de sus publicaciones.
En 1934 comenzó a escribir sus primeros trabajos literarios y a colaborar en
la revista América. Asimismo, entre 1934 y 1938 Rulfo asistió a conferencias
en la Facultad de Filosofía y Letras de México en donde escuchó
conferencias de filósofos, antropólogos, arqueólogos, políticos,
historiadores...
En 1937 Rulfo comenzó a trabajar en del Archivo para la Secretaría de
Gobernación, y a su vez, forjó ese año una amistad con el poeta Efrén
Hernández. A partir de 1938 viajó por algunas regiones de México en
comisiones de servicio de la Secretaría de Gobernación, a la par que
comenzó a publicar sus cuentos más relevantes en diversas revistas
literarias. Desde 1941 Rulfo trabajó como agente de migración en
Guadalajara, lugar en el que conoció y forjó amistad con el escritor Juan José
Arreola. A partir de 1946 se dedicó, también, a la labor fotográfica, en la que
realizó notables composiciones. Además, trabajó para la compañía Goodrich-
Euzkadi de 1947 a 1952 como capataz, ahí al morir Don Ángel Urraza, Don
Martin Oyamburu socio de la Euzkadi, al ver su capacidad escritora le
encarga la revista mapa. En 1947 se casó con Clara Angelina Aparicio
Reyes, a quien había conocido en 1944, con quien tuvo cuatro hijos. De 1954
a 1957 fue colaborador de la Comisión del Papaloapan y editor en el Instituto
Nacional Indigenista en la Ciudad de México.
Trayectoria literaria.
El escritor firmó su trabajo inicialmente como Juan Pérez Rulfo, pero
después adoptó “Juan Rulfo” como su nombre de pluma.
Desde joven, tuvo acceso a la biblioteca del sacerdote Ireneo Monroy,
resguardada en casa la de la abuela materna de Rulfo. Con el tiempo, el
autor forjó su propia biblioteca conformada por alrededor de 15,000
volúmenes. Entre los libros que lo inspiraron, se encuentran aquellos en
lengua alemana, estadounidense, escandinavos y rusos. Por otro lado, su
pasión por el estudio de la historia de México también ayudó a forjar su estilo.
Fue un escritor, guionista y fotógrafo mexicano, perteneciente a la
Generación del 52. Es considerado uno de los escritores hispanoamericanos
más importantes del siglo XX. Su reputación se asienta en dos de sus tres
obras narrativas: el libro de cuentos El Llano en llamas, publicado en 1953, y
su novela Pedro Páramo, publicada en 1955.
En sus obras se presenta una combinación de realidad y fantasía, cuya
acción se desarrolla en escenarios rurales y posteriores a la Revolución
Mexicana y a la Guerra cristera.
Considerado como una leyenda de México, Rulfo se reconocía como un
individuo introvertido, tímido y enigmático. Era silencioso, realista, celoso de
su intimidad, crítico y creativo.
Sus historias evidencian los aportes a la literatura hispanoamericana y
mundial, en ellas muestra tradiciones cristianas e indígenas presentando
diversas situaciones socioeconómicas de pueblos con carencias, falta de
oportunidades, soledad, guerra, relación entre la naturaleza y el hombre,
formas de composición humana, ejemplos de relaciones entre el hombre y el
mundo, realidades concretas y medioambientales. Sus personajes
representan y reflejan la tipicidad del lugar con sus grandes problemas
socioculturales, enhebrados con un mundo quimérico. La obra de Rulfo, y
sobre todo Pedro Páramo, marca el fin de la novela revolucionaria, lo que
permitió las experimentaciones narrativas, como es el caso de la generación
de mediados del siglo XX en México o los escritores posteriores
pertenecientes al boom latinoamericano. Es ampliamente considerado como
padre del realismo mágico en la literatura.
Rulfo, empezó su proceso creativo en la escritura con un objetivo muy claro,
crear personajes conocidos, imaginar aquellos personajes como él querían
que fueran.
Un solo libro de cuentos, El llano en llamas (1953), y una única
novela, Pedro Páramo (1955), bastaron para que Juan Rulfo fuese
reconocido como uno de los grandes maestros de la narrativa
hispanoamericana del siglo XX. Su obra, tan breve como intensa, ocupa
por su calidad un puesto señero dentro del llamado Boom de la literatura
hispanoamericana de los años 60, fenómeno editorial que dio a conocer al
mundo la talla de los nuevos (y no tan nuevos, como en el caso de Rulfo)
narradores del continente.
En 1945 Rulfo publicó, para la revista Pan de Guadalajara y la
revista América, de México, el cuento «Nos han dado la tierra». Establecido
ya definitivamente en Ciudad de México, en 1946 publicó su cuento
«Macario» en la revistas Pan y América, y en 1947 su cuento «Es que somos
muy pobres» en esta última revista. En 1948 publicó «La Cuesta de las
Comadres» y en 1950 «Talpa» y «El Llano en llamas». En 1951 la
revista América publicó su cuento «¡Diles que no me maten!».
Dos años más tarde, en 1953, Rulfo publicó el libro de cuentos El Llano en
llamas en la colección Letras Mexicanas del Fondo de Cultura Económica.
Este incluía quince relatos de los cuales algunos ya habían sido editados
previamente en distintas revistas. El llano en llamas fue uno de sus primeros
éxitos, pero Rulfo sintió mucha frustración del oficio del escritor, ya que
muchos de los ejemplares fueron regalados, el éxito lo tuvo la historia, pero
en ventas no le fue muy bien. Posteriormente, llegaría el reconocimiento
mundial, gracias a su obra más recordada Pedro Páramo (1955). Entre 1952
y 1954, el escritor fue becario del Centro Mexicano de Escritores, en donde,
durante su segundo año como becado, concluyó y leyó fragmentos de su
primera novela, Pedro Páramo. La misma, había sido mencionada a su
esposa Clara Angelina Aparicio Reyes entre febrero y marzo de 1947,
afirmando Rulfo que tenía en mente publicarla y mencionándole un posible
título:
No he hecho sino leer un poquito y querer escribir algo que no
se ha podido y que si lo llego a escribir se llamará Una estrella
junto a la luna.
Entre septiembre de 1953 y 1954, Rulfo ya había entregado el manuscrito
original de la novela al Fondo de Cultura Económica y había empezado a
publicar adelantos de la misma en tres revistas distintas de Ciudad de
México. En la primera revista, el título de la novela era Una estrella junto a la
luna, en la segunda, Los murmullos y en la tercera, los fragmentos mostrados
se encontraban bajo el título de Comala. Finalmente, Rulfo publicó Pedro
Páramo en 1955. Esta fue un éxito en la carrera literaria del escritor, y le valió
numerosas reseñas positivas.
La novela, además, fue muy estimada por autores como Jorge Luis Borges,
quien dijo de esta:
"Pedro Páramo es una de las mejores novelas de las literaturas
de lengua hispánica, y aun de toda la literatura".
Gabriel García Márquez por su parte, escribió lo siguiente al recordar su
primera lectura de la novela:
"Álvaro Mutis subió a grandes zancadas los siete pisos de mi
casa con un paquete de libros, separó del montón el más
pequeño y corto, y me dijo muerto de risa: ¡Lea esa vaina,
carajo, para que aprenda! Era Pedro Páramo. Aquella noche no
pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Nunca,
desde la noche tremenda en que leí
la Metamorfosis de Kafka en una lúgubre pensión de
estudiantes de Bogotá —casi diez años atrás— había sufrido
una conmoción semejante. Al día siguiente leí El llano en
llamas, y el asombro permaneció intacto."
A su vez, la escritora estadounidense Susan Sontag manifestó de Pedro
Páramo que:
"La novela de Rulfo no es sólo una de las obras maestras de la
literatura mundial del siglo XX, sino uno de los libros más
influyentes de este mismo siglo."
Entre 1956 y 1958, Rulfo escribió su segunda novela, El gallo de oro.[19] De
esta, el escritor relató:[8]
Antes de que pasara a la imprenta un productor cinematográfico
se interesó en ella, desglosándola para adaptarla al cine. Dicha
obra, al igual que las anteriores, no estaba escrita con esa
finalidad. En resumen, no regresó a mis manos sino
como script y ya no me fue fácil reconstruirla.
La misma sirvió como base a Gabriel García Marquéz y Carlos Fuentes para
el guion de la película homónima de Roberto Gavaldón estrenada en 1964.
La novela no fue publicada sino hasta 1980 tras la insistencia de amigos de
Rulfo, en una edición descuidada. La edición de 2010 corrigió muchos
errores, y actualmente existen traducciones de esta al alemán, italiano,
francés y portugués.
Labor como historiador, fotógrafo y guionista de cine
Una faceta poco conocida de Rulfo fue la de historiador. Escribió un libro
acerca de la conquista y colonización de Nueva Galicia, hoy Jalisco, un libro
poco conocido, debido a que fue distribuido de manera gratuita entre los
clientes de una compañía privada de Guadalajara. Rulfo además
argumentaba que es necesario conocer nuestro pasado para trabajar en
favor del lugar del que somos originarios:
Una persona que conoce su pasado confía más en su trabajo y
tiene conciencia del lugar donde vive y tiene el valor suficiente
para saber defenderlo y poder trabajar con entusiasmo y con
amor al lugar donde nació.
Como fotógrafo, Rulfo dejó un legado de más de 6000 mil negativos. Sumado
a lo anterior, publicó un libro con una selección de 100 fotografías. La
editorial RM, dedicada principalmente a la fotografía y al arte contemporáneo,
publicó varios libros de fotografías de Rulfo; imágenes en las que el artista
capturó edificios, paisajes y pueblos pequeños, así como artistas, escritores,
amigos y familiares.
En 1956, el director de cine Emilio «el Indio» Fernández le solicitó a Rulfo
guiones para cine. El escritor, en colaboración con Juan José Arreola, realizó
algunos de ellos.
Rulfo abandonó la escritura de libros diciendo: ‘‘Quiero evitar la repetición de
evocar la crueldad y el dolor expresados en El Llano en llamas y Pedro
Páramo’’ y lo que justificó por la muerte de su tío Celerino, quien «le platicaba
todo». Con él, Rulfo recorrió muchos pueblos y escuchó sus historias, las
cuales eran consideradas por él como fantasiosas. Para el escritor César
Leante, Rulfo abandonó porque la escritura lo llevaba al sufrimiento.
En 1974 Rulfo viajó a Europa para participar en el Congreso de Estudiantes
de la Universidad de Varsovia. Fue invitado a integrarse a la comitiva
presidencial viajando por Alemania, Checoslovaquia, Austria y Francia. El 9
de julio de 1976 fue elegido miembro de la Academia Mexicana de la
Lengua y tomó posesión de la silla XXXV el 25 de septiembre de 1980.
Rulfo falleció la tarde del 7 de enero de 1986, a causa de un cáncer de
pulmón. Su fallecimiento conmocionó a la comunidad cultural de México.
Juan José Arreola, tras su muerte, expresó que la obra de Rulfo era la más
notable realización del impulso de un pueblo:
Él no ha muerto; ha nacido con todos los que amamos la
literatura. Su obra es la más notable realización del impulso de
un pueblo. Rulfo consagró la voz de la tierra. Nadie puede
continuar su obra, ni él mismo se atrevió a hacerlo.
Estilo
En la narrativa de Rulfo los personajes apenas actúan. Ellos
fundamentalmente piensan, recuerdan y transmiten sus miedos, sus odios y
sus remordimientos, mueren y vuelven a morir. De este modo, se podría
calificar a la narrativa de Rulfo como una narrativa de «conciencia», en un
sentido no oficial. Los ambientes y los mismos personajes carecen de toda
ubicación y rostro, pero no por eso parecen ser menos reales. Esto último se
debe a la recreación de personajes como si fueran «gente común y corriente
que no tiene nada especial».[3] Así, la magnificencia de estos recae en el
lector por la historia de violencia que guardan tras de sí.
En el fondo de la creación literaria de Rulfo se encuentra la Revolución
Mexicana y la Revolución Cristera, así como sus consecuencias. El campo
mexicano descrito en su obra continúa con el problema del latifundismo, a
pesar de las reformas de Lázaro Cárdenas; la Revolución no consiguió que el
latifundismo mexicano se extinguiera. Rulfo reflejó en su obra la frustración
de los campesinos y la soledad absoluta a la que se enfrentan los pueblos.
Esta mencionada soledad en la obra de Rulfo no es más que resultado de la
Revolución, al menos desde el punto de vista del escritor.
También puede observarse como tema principal en la obra de Rulfo la
relación padre-hijo. Ambas revoluciones provocaron la destrucción de familias
y dejaron a su paso muchos hijos en situación de orfandad (el propio Rulfo es
un ejemplo de esto). Además, la estructura latifundista multiplicó la
descendencia ilegítima:[30]
El caso es que nuestras madres nos malparieron en un petate
aunque éramos hijos de Pedro Páramo. Y lo más chistoso es
que él nos llevó a bautizar. Con usted debe haber pasado lo
mismo, ¿no?
La figura del padre es un eje principal en la creación literaria de Rulfo. Por un
lado se le ve como una nostalgia y, por otro, como una presencia odiada.
La muerte es otro de los temas a destacar en la obra de Rulfo. Esta casi
nunca es narrada de una manera brutal, sino que procura una «estilización»
en su tratamiento, basada fundamentalmente en el uso de la metáfora y la
comparación.
En pasajes de la novela Pedro Páramo de Rulfo resulta notoria la influencia
del novelista estadounidense William Faulkner, según comentó
el filólogo examigo de Rulfo Antonio Alatorre, en entrevista que a este último
le hicieron redactores del diario mexicano El Universal en noviembre de 1998,
que fue publicada el 31 de octubre de 2010.
Obras
Cuentos
1953: El llano en llamas
Novelas
1955: Pedro Páramo
1980: El gallo de oro
Otros
1984: Dónde quedó nuestra historia. Hipótesis sobre historia regional[32]
1995: Los cuadernos de Juan Rulfo[33]
2000: Aire de las colinas. Cartas a Clara[34]
2010: 100 fotografías de Juan Rulfo[35]
2022: Una mentira que dice la verdad[36]
Cine
1960: '"El despojo"' (cortometraje de Antonio Reynoso basado en una idea
de Rulfo)
1963: Paloma herida"' (D: Emilio Fernández. G: Juan Rulfo H: Emilio
Fernández <Ref.> Cardona, Luis Guillermo [Link]/es
1964: El Gallo de Oro" D: Roberto Gavaldón Novela: Juan Rulfo.
Guion: Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Roberto Gavaldón [37]
[38]
1965: La fórmula secreta (película dirigida por Rubén Gámez basada en El
gallo de oro)[19]
1967: Pedro Páramo"´ D: Carlos Velo G: Carlos Fuentes, Carlos Velo y
Manuel Barbachano Novela: Juan Rulfo.
1972: El Rincón de las Vírgenes (película dirigida por Alberto Isaac la cual
adapta los cuentos Anacleto Morones y El día del derrumbe)
1976: Pedro Páramo. El hombre de la Media Luna(película dirigida por José
Bolaños, con guión escrito en colaboración con Juan Rulfo).
1985: Diles que no me maten (película venezolana dirigida por Freddy Siso,
adaptación del cuento homónimo incluido en El llano en llamas)
1986: El imperio de la fortuna (película dirigida por Arturo Ripstein basada
en El gallo de oro)[19]
2008: Purgatorio (película dirigida por Roberto Rochín basada en los
relatos Paso del Norte, Pedazo de noche y Cleotilde)
2024: Pedro Páramo D: Rodrigo Prieto G: Mateo Gil Novela: Juan Rulfo
Televisión
1982: El gallo de oro (telenovela colombiana de la productora RTI
protagonizada por Frank Ramírez y Amparo Grisales basada en la novela
homónima)
2000: La caponera (telenovela colombiana de la productora RTI basada
en El gallo de oro para Caracol Televisión)
Bibliografía
1990: El sonido en Rulfo (Julio Estrada)
1993: Los caminos de la creación en Juan Rulfo (Sergio López Mena)
1998: Revisión crítica de la obra de Juan Rulfo (Sergio López Mena)
1996: Juan Rulfo. Toda la obra (edición por Claude Fell)
2004: Noticias sobre Juan Rulfo, 1784- 2003 (Alberto Vital Díaz)
2007: Juan Rulfo. El regreso al paraíso (Fernando Barrientos del Monte)
2017: Noticias sobre Juan Rulfo. La biografía (Alberto Vital)
Fotografía
2002: Juan Rulfo. Letras e imágenes (edición por Víctor Jiménez)
2006: Tríptico para Juan Rulfo (Víctor Jiménez)
2010: 100 fotografías de Juan Rulfo (edición por Andrew Dempsey)
Premios, becas y reconocimientos
1952: Beca del Centro Mexicano de Escritores[8]
1955: Premio Xavier Villaurrutia por Pedro Páramo[15]
1970: Premio Nacional de Literatura[39]
1980: Año Rulfo por el Instituto Nacional de Bellas Artes.
1983: Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1983)[40]
1985: Doctor honoris causa por la Universidad Nacional Autónoma de
México