TEMA II
Nociones generales de la Constitución
1. ¿QUÉ ES LA CONSTITUCIÓN?
s indiscutible, para la supervivencia y superación de la sociedad, la
necesidad de la existencia de un poder, de una autoridad.
La existencia del poder es, pues, una cosa natural dentro de la
sociedad y siempre ha existido a lo largo de la historia. Chesterton se-
ñaló que sería trágico lo que sucedería en una comunidad humana
sin autoridad, en la que todos se creyeran aníbales o napoleones.
En la búsqueda y la lucha por la institucionalización del poder
encontramos tres conceptos básicos: 1) Constitución, como principio,
estructura y base de la organización política; 2) constitucionalismo o
constitucionalidad, como forma de gobierno y 3) naturaleza del
21
22 Francisco Javier Gaxiola Ochoa
gobierno constitucional. Con estos tres conceptos vamos a trabajar
durante nuestro curso.
Se ha tratado de definir la Constitución, pero mientras más se
buscan definiciones, más confusiones surgen. Las definiciones de los
autores pueden clasificarse, pero la dificultad que se presenta reside en
que las Constituciones de los diversos pueblos difieren grandemente
entre sí.
En general, una Constitución es la base, la estructura, el princi-
pio de la organización política de un pueblo, integrada por normas de
tipo general.
Sin embargo se ha llegado a decir que la constitución es el Estado
y aún se ha llegado al extremo de decir que es el libro en que se
encuentra la ley fundamental de un Estado. Tales nociones no nos
dan ningún fundamento, por lo que nosotros, más que definir una
Constitución, trataremos de explicar lo que es.
En la antigüedad no se intentó definir la Constitución, pues no se
consideró necesario. Fue hasta el momento en que los Estados comen-
zaron a estructurar su autoridad sobre bases sólidas cuando esa nece-
sidad surgió.
Aristóteles dijo que la Constitución es la organización del Estado.
Los romanos afirmaban que la Constitución se refería al poder de la
comunidad, en lo que concierne a la cosa pública. Juan Clemente
Curso de Derecho Constitucional Mexicano 23
Zamora, distinguido constitucionalista cubano, dice que es la estructura
política de una sociedad humana, su sistema institucional y el sistema
de relaciones de sus instituciones o de éstas con los individuos.
Algunas definiciones hablan de la Constitución como un con-
junto normativo. En ese criterio se basan las definiciones de Palma y
Cooley. Maurice Hauriou dice que la Constitución es el conjunto de
leyes estáticas relativas al gobierno y a la vida común, consideradas
desde el punto de vista de la existencia misma de la comunidad.
Maquintoch también define la Constitución con base en el criterio
normativo y habla ya de que es un conjunto de normas, escritas o no.
Otro grupo de definiciones se basa en el criterio de que la cons-
titución es una limitación del poder político, como la de Friederich.
Siguiendo la tesis del contrato social, Hobbes sostiene que la Constitu-
ción es la ley fundamental que implica un contrato entre las partes, sin
el cual se produciría la anarquía; por eso se dice que este autor define la
Constitución en sentido negativo.
Locke acepta que existe un acuerdo entre las partes, pero sostiene
que tal acuerdo es el de la mayoría, pues la voluntad de un pueblo no
puede ser la suma de las voluntades individuales, sino la voluntad
de la mayoría.
Cobró importancia práctica la conceptualización de la Constitu-
ción cuando ocurrió la colonización de Norteamérica por los ingleses.
Los peregrinos ingleses que fundaron las colonias, traían unas cartas
24 Francisco Javier Gaxiola Ochoa
expedidas por el Rey de Inglaterra en las que se consignaban sus dere-
chos. De la existencia de esas leyes fundamentales de las colonias se
deriva la Constitución tal como se concibe hoy, pero además surgió
también de ellas el concepto del constitucionalismo que Friederich
describe en forma fácil y clara. Dice que el pueblo organiza la autori-
dad para su propio provecho, pero le impone ciertas limitaciones o
restricciones para el ejercicio de su funcionamiento, que vienen a inte-
grar el concepto del constitucionalismo, que es que los gobiernos
actúen dentro de las limitaciones de la Constitución. Esas limita-
ciones o restricciones fluctúan entre dos polos, muy estrictos o
muy amplios.
Ya abandonando la dogmática jurídica, nos encontramos con
que no existe la Constitución en abstracto, sino Constituciones dis-
tintas en cada Estado.
Refiriéndose ya a nuestra Constitución, Octavio Hernández la
define a partir de sus contenidos y refiriéndose a sus partes orgánica y
dogmática. Más que una definición es una descripción de la misma,
con lo que se corrobora nuestra tesis de que las definiciones no con-
vencen; es más bien en la descripción donde se encuentran sus notas
características y los principios que la informan.
2. TEORÍAS SOBRE LA CONSTITUCIÓN
Veremos ahora ciertos conceptos acerca de la Constitución.
Curso de Derecho Constitucional Mexicano 25
Ante la duda de saber qué es la Constitución, pensadores, soció-
logos y juristas han emitido diversas teorías al respecto. Algunas de
ellas han llegado a ser clásicas en el estudio de nuestra rama. Entre los
exponentes de teorías clásicas se encuentra Fernando Lasalle. Para él
la Constitución admitía varias formas de explicación: 1) desde un
punto de vista formal, la Constitución es el libro donde se consigna
la ley fundamental de un Estado; 2) jurídicamente, es un orden nor-
mativo fundamental, por lo que debía ser una ley con disposiciones
de orden general, pero también de tipo fundamental. Además, serían
la base para todos los demás ordenamientos. Por último, esa Consti-
tución era necesaria, en el sentido de que tenía que estar respondiendo
a una situación real que él llamaba los factores reales del poder que se
podían determinar mediante un análisis de la realidad. La Constitu-
ción no hace caprichosamente al Estado, es más bien la realidad de
éste la que produce la Constitución. Este último punto es el meollo
de la doctrina de Lasalle. La Constitución es pues el conjunto de esos
factores reales del poder consignados en una codificación. Viene a
ser, en un sentido real, un reconocimiento pleno de esos factores
como derecho. En un sentido formal, es la expresión de esos facto-
res en normas jurídicas.
Naturalmente que Lasalle no desconocía que no sólo hay Consti-
tuciones escritas. Frente a ello, decía que no es necesario que haya
normas jurídicas escritas, pues puede haberlas consuetudinarias. Los
factores reales del poder pueden manifestarse a través de la práctica
reiterada de ciertos actos en una colectividad.
26 Francisco Javier Gaxiola Ochoa
Aparentemente, la tesis de Lasalle define de manera satisfactoria
lo que es una Constitución. Sin embargo, vemos que muchas de las
Constituciones no están ajustadas a los factores reales del poder y, sin
embargo, son plenamente vigentes. Por ello, la tesis de este autor es
valiosa como un antecedente teórico, pero no creemos que esté ape-
gada a la realidad.
Carl Schmitt sostiene que la Constitución admite dos sentidos:
1) gramatical, que explica la forma de ser de un Estado; 2) terminal,
que se asemeja a aquél. Sostiene que mientras más similitud haya
entre uno y otro sentidos más perfecta será la Constitución. Dentro
de este sentido técnico, Schmitt admite los conceptos de Constitu-
ción en sentido absoluto y real.
En sentido absoluto, la Constitución es todo lo que abarca al
Estado, es la condición total de un Estado, es el Estado. Pero aparte
de ser el Estado, desde un punto de vista estático la Constitución es
la manera de ser del Estado.
Todavía dentro del sentido absoluto, en lo dinámico, la consti-
tución es una fuerza activa (lo que Lasalle llamó factores reales del
poder). También en el sentido absoluto, la Constitución es un deber ser
en tanto que es un conjunto de normas jurídicas. Es el deber ser fun-
damental y último.
Se plantea Schmitt el problema de adecuar la Constitución con
la realidad. Llega a la conclusión de que en el orden relativo existe
Curso de Derecho Constitucional Mexicano 27
también la Constitución. Cuando, aparte de las nociones que inte-
gran el concepto de constitución en sentido absoluto, se incorporan
a la misma normas que no encuadran dentro de él, normas que no
son fundamentales y cuyo carácter constitucional les viene de estar
incluidas en un texto constitucional, se consideran leyes constitucio-
nales pero no Constitución.
Asimismo, sostiene que la Constitución absoluta tiene que ser
positivizada. Esa positivización corresponde al Poder Constituyente
en el caso de las Constituciones escritas, y al consenso general en el
caso de las consuetudinarias, y está integrada, no por normas, sino
por principios esenciales. Son divididas por este autor en principios:
1) de tipo político (soberanía y representación) y 2) en principios de
tipo jurídico-político división de poderes y derechos del hombre).
Tales principios son invariables, a menos que se acabe el Estado
o se reconozca que han cambiado y se integre un estudio nuevo y
distinto.
Las normas basadas en esos principios son inalterables, irrefor-
mables. Se pueden reformar aquéllas que no son normas absoluta-
mente constitucionales.
Habla Schmitt de una Constitución ideal, que es una utopía, lo
que se quisiera como máxima aspiración para un Estado.
Carl Schmitt escribió su tesis para apoyar la Constitución alemana
de su época. Los pensadores en materia de derecho constitucional no
28 Francisco Javier Gaxiola Ochoa
sólo han emitido tesis puramente jurídicas, sino que en la mayoría
de los casos han escrito influidos por el momento político, lo que es
además perfectamente natural y explicable.
Hans Kelsen señala dos sentidos de Constitución, uno es el de la
Constitución en su sentido lógico-jurídico y otro es el de ella en un
sentido jurídico-positivo.
Sostiene Kelsen que el Estado no es otra cosa que el instrumento
de la integración del derecho, el creador del orden jurídico. El funcio-
nar del Estado es el funcionar del derecho. El Estado es el derecho.
El orden jurídico, en su dinámica, tiene que pasar de la norma
general al hecho concreto; sin embargo, éste se convierte también en
norma respecto de otro hecho más concreto y así sucesivamente.
En ese movimiento, que integra la famosa pirámide kelseniana, hay
una norma general que no puede ser, haber sido, hecho, y es un hecho
final tan concreto que no puede ser norma de otro hecho, pues no
hay nada más allá de él.
Esa primera norma, dice Kelsen, es hipotética y es lo que consti-
tuye la Constitución en su sentido lógico-jurídico y de ella deriva toda
la aplicabilidad del derecho.
El primer hecho sobre el que esa norma hipotética, sin contenido
material alguno, se aplica es la Constitución Real: la Constitución en
su sentido jurídico-positivo.
Curso de Derecho Constitucional Mexicano 29
Menciona Kelsen que la necesidad de admitir esa norma hipoté-
tica en la que debe basarse todo orden jurídico ha elevado a las distin-
tas creencias por diversos derroteros. Para el positivismo, esa norma
simplemente no existe; para el iusnaturalismo, reside en la celebra-
ción de un contrato entre partes, contrato que tampoco existe y que
permite que unos manden sobre otros. Tal contrato, al ser una expre-
sión de la voluntad de las partes, puede ser reformado, por lo que, en
último término, dice Kelsen, los iusnaturalistas también descono-
cen la Constitución en su sentido lógico-jurídico, toda vez que ésta es
siempre plenamente acabada, irreformable.
En un sentido material estricto, la Constitución es el conjunto
de normas relativas a la creación de la ley, a la integración del derecho
(Poder Legislativo). En un sentido material amplio, la Constitución
regula las relaciones de los individuos de una nación, de los gober-
nantes frente a los gobernados, y además, delimita el poder del
Estado.
En el mismo sentido material se incluyen las normas que integran
los otros órganos del poder, Ejecutivo y Judicial. Reconoce también
Kelsen la existencia de la Constitución en sentido formal, integrada
por las normas tendientes a fijar los requisitos para su reforma, con
las que se persigue su trascendencia y su permanencia.
Siguiendo esta tesis, Tena Ramírez dice que, como contenido
mínimo, la Constitución debe tender a “crear y organizar los supre-
mos poderes; dotándolos de competencias”. Si admitimos esta tesis,
30 Francisco Javier Gaxiola Ochoa
estamos también admitiendo que para la existencia de una Constitu-
ción no es necesario incluir un capítulo que consigne los derechos del
individuo. Bastará con que organice e integre los órganos del poder.
Agrega Kelsen qué no se debe poner en un documento consti-
tucional plenamente acabado, irreformable ya, cuando se habla de
la Constitución en el sentido jurídico-positivo. Por el contrario, la
Constitución concebida en su sentido lógico-jurídico es absoluta.
Existen ciertos puntos comunes entre las tres teorías que hemos
visto. Todas ellas, aunque empleando terminología diversa, marcan
diferencia entre la Constitución en sentido formal y en sentido
material.
Así lo hace también la doctrina francesa, pero ni Lasalle, ni Kelsen,
ni Schmitt, ni aquélla, nos dicen exactamente cuál es el contenido de
la Constitución desde el punto de vista material. Ninguna de las tesis
precisa cuál debe ser el contenido de una Constitución. La realidad
es que no existe una norma que nos indique lo que se debe incluir.
3. LA CONSTITUCIÓN Y LA TEORÍA DE LA SOBERANÍA
Se ha hablado en Francia de la teoría de la soberanía. Jean Dabin es
uno de sus máximos expositores. Sostiene que el Estado es una per-
sona moral con fines sumamente altos, por lo que está dotada de un
carácter supremo: la soberanía.
Curso de Derecho Constitucional Mexicano 31
No obstante, aunque soberano, el Estado debe estar sujeto a una
norma objetiva, con valor propio: la Constitución. En tanto esa nor-
ma objetiva no le es dada al Estado por una potestad extrínseca a ella,
el Estado es soberano.
Teniendo en cuenta esta situación, las Constituciones en diversas
partes han invocado su soberanía. En muchos casos la han basado en
el poder de la divinidad y se ha recurrido al poder espiritual.
El problema de la soberanía, al que hacemos referencia porque
nuestra Constitución está basada en la soberanía radicante, en el
pueblo, no se planteó en un principio, pues no era necesario hacerlo.
Surgió la necesidad, según Tena Ramírez, al recuperar los príncipes
en la Edad Media la autoridad que les había sido conculcada por el
Papa, los emperadores y los señores feudales.
Las tesis que tratan de explicar la soberanía y la autoridad han
sido muy diversas. La primera, ya lo apuntábamos, hace residir el
origen de ellas en la divinidad. La tesis ortodoxa de la Iglesia Católica
acepta en parte la anterior. En efecto, la autoridad viene de Dios,
pero por medio del gobernado, que es a quien corresponde determi-
nar quién debe gobernar.
La tesis del poder divino de los reyes llevó al absolutismo del poder
real, en presencia del cual elaboró Bodino su definición del Estado.
El concepto de soberanía siguió un proceso de desarrollo distinto
en Europa y en América.
32 Francisco Javier Gaxiola Ochoa
Después de que Bodino definió al Estado como el recto gobierno
de los pueblos, como lo referente a la suma potestas, el Estado comenzó
a apartarse de ese concepto. La suma potestas cobró más y más impor-
tancia y así llegamos al absolutismo del poder real que tuvo su máxima
manifestación en la famosa frase de Luis XIV, el Rey Sol: “L’État, c’est moi”.
De este absolutismo que tiene una persona, la Revolución Fran-
cesa viene a hacer un absolutismo depositado en el pueblo; de la sobe-
ranía, con sus características de exclusiva, independiente, ilimitada,
indivisible, crea la Revolución Francesa lo que se puede llamar la
soberanía del pueblo. En un estadio siguiente, la doctrina europea, con
objeto de buscar la institucionalización del poder, deposita la sobera-
nía, ya no en una persona, tampoco en el pueblo, sino en una persona
moral: el Estado. A él corresponde la soberanía y el poder, pero nece-
sita actuar por medio de personas físicas, por lo que viene a ser una
ficción; no es sino un grupo de personas el que ejerce los atributos de
la soberanía, los cuales consisten, respecto del exterior, en que no hay
en él ninguna fuerza que esté por encima de ese Estado y respecto
del interior, que no hay ninguna idéntica al Estado.
Nos dice la doctrina europea, para evitar el absolutismo del grupo
en el poder, que el Estado está limitado en su ejercicio por altos fines
sociales. Además, velará por el bienestar de los gobernados, pues de
lo contrario ese Estado se desquebraja y cae, lo que viene a ser una
limitación más. La tesis europea de la soberanía acaba con ésta. Defi-
nir la soberanía y en quién reside, para de inmediato establecerle una
serie de limitaciones, es devorar la propia doctrina. Si el Estado, según
Curso de Derecho Constitucional Mexicano 33
esta doctrina debe limitar su actuación en observancia de una norma,
ya no es soberano.
La doctrina americana, así llamada porque se inspiró en el sistema
constitucional norteamericano y porque los Estados del continente
americano la han aceptado, parte del punto de que ningún órgano del
poder, ni el Estado, ni ninguna de las partes que éste tiene, es soberano.
El Estado no es soberano. La soberanía sólo corresponde al pueblo.
De ahí que éste pueda organizar su Estado como lo quiera.
El ejercicio de la soberanía es además caducable. El pueblo pro-
cede a constituirse, pero una vez constituido pierde su soberanía y
entonces la deposita, la transmite, la subsume en la Constitución, la
única entidad soberana de las que existen en una nación.
El resultado de esta tesis es la creación de un Estado limitado en
su ejercicio por facultades expresas, por determinadas competencias.
La Constitución mexicana, para Tena Ramírez, está dentro de esta
línea, pues el sistema que establece es precisamente ése: “el Estado
sólo puede hacer lo que le está permitido expresamente y los indivi-
duos pueden hacer todo aquello que no les esté prohibido.” (Principio
de legalidad).
4. CONSTITUCIÓN RÍGIDA Y CONSTITUCIÓN ESCRITA
Otro resultado de esta tesis es la supremacía constitucional con sus
dos características: Constitución rígida y Constitución escrita.
34 Francisco Javier Gaxiola Ochoa
Es conveniente hablar, en lugar de soberanía, de autodetermina-
ción, para no hablar de una soberanía calificada que para algunos es
un término absoluto, en crisis y que lleva a polémicas, pero que ayuda
a llegar al estudio de la supremacía de la Constitución.
La Constitución, como fuente del derecho de los pueblos a su
autodeterminación, es suprema, soberana y órgano máximo del Estado.
La supremacía de la Constitución tiene dos presupuestos: 1) el
poder constituyente es distinto de los constituidos y 2) la Constitución
es rígida y escrita. El poder constituyente es el órgano que precede a
la Constitución, mediante el cual ejercita el pueblo su derecho de
autodeterminación. Existe una doble diferencia entre el poder consti-
tuyente y los poderes constituidos: diferencia en cuanto a tiempo y
diferencia en cuanto a funciones.
Del hecho de que haya un poder constituyente y de que haya
poderes constituidos que se sujetan a la Constitución, resulta el con-
cepto de la intangibilidad de la Constitución, concepto que, en rela-
ción con estos últimos, significa que los poderes constitucionales no
pueden tocar la Constitución, no pueden modificarla. Es lo que la
doctrina ha llamado rigidez de la Constitución, por contraposición
a las normas constitucionales flexibles.
La Constitución rígida, además es escrita, con objeto de que
tenga un texto definido. Ello sin embargo de que haya también Cons-
tituciones flexibles que son también escritas.
Curso de Derecho Constitucional Mexicano 35
La Constitución rígida, ya lo señalamos, no puede ser modificada
por los poderes constituidos. Es un poder constituyente permanente
el que lleva a cabo las reformas al ordenamiento constitucional.
La supremacía de la Constitución consiste en que está por encima
de los órganos de ejercicio del poder, toda vez que ellos no pueden
tocarla, modificarla, reformarla y tampoco pueden abandonar los
lineamientos que la propia Constitución les señala.
Sólo el Poder Judicial, cuando obra como intérprete de la Cons-
titución, hace la exégesis de las normas constitucionales y procede,
sin sanción alguna, a cambiar el significado o el sentido de la Consti-
tución. Pero sólo el Poder Judicial, en su plano superior, Suprema
Corte de Justicia de la Nación, está facultado para interpretar la Cons-
titución, pero en esa interpretación ha de ceñirse a los procedimientos
marcados por la misma Constitución o las leyes que de ella emanen.
La jurisprudencia de los órganos máximos del Poder Judicial ha
ido alternando el significado de las Constituciones actuales. Caso clá-
sico en la doctrina constitucional es el caso de Marbury vs. Madison,
uno de los pilares de la Constitución americana, siendo el último autor
del famoso libro, compilación de artículos periodísticos, El Federalista de
Hamilton, Jay y Madison. Las resoluciones del Chief Justice Marshall,
apegadas a los lineamientos de El Federalista, son también un pilar del
derecho constitucional americano, sobre todo en el caso ya mencio-
nado de Marbury vs. Madison. Planteado en 1803, este caso fue de
gran importancia, pues la sentencia que dictó el Juez Marshall
36 Francisco Javier Gaxiola Ochoa
contiene conceptos básicos y sustanciales para el derecho constitucio-
nal, tales como la supremacía de la Constitución, la nulidad de todo
lo actuado contra su tenor y la necesidad de que el gobierno se ciña a
sus limitaciones para su ejercicio. Nuestra Constitución sigue la doc-
trina de la supremacía constitucional, pues lleva los presupuestos que
tal corriente doctrinal establece.
5. CLASIFICACIÓN DE LAS CONSTITUCIONES SEGÚN SU ORIGEN
Según su origen, las Constituciones pueden ser: 1) de origen pacífico
o Constitución pacto u otorgada; 2) de origen violento, cuando se
opera un cambio en el orden público en forma violenta y se acepta
la Constitución que impone el grupo triunfador. Aparentemente, en
nuestra historia constitucional todas las Constituciones han sido
impuestas. Sin embargo, si observamos con cuidado, aun cuando las
Constituciones de 57 y de 17 surgieron de un movimiento violento,
ambas fueron redactadas por sendos Congresos Constituyentes elec-
tos para tal efecto. Por ello, son ratificadas. Podemos entonces decir
que nuestra Constitución es rígida, suprema escrita y ratificada en
cuanto a su origen.
Ya hemos dicho que nuestras Constituciones, en especial las de
1857 y 1917, han surgido de movimientos violentos. Sin embargo, y
tal es la tesis de Emilio Rabasa (distinguidísimo constitucionalista
mexicano y maestro fundador de nuestra Escuela) pueden conside-
rarse, también lo hemos señalado ya, como Constituciones ratificadas.
Nuestra Constitución ha surgido, pues, del Poder Legislativo Consti-
Curso de Derecho Constitucional Mexicano 37
tuyente, lo que da lugar al reconocimiento de la supremacía de la
propia Constitución, siguiendo la doctrina americana que hemos
comentado. En el orden positivo, la supremacía de la Constitución
está consignada en el artículo 133 constitucional que establece, no
una equiparación entre los ordenamientos que menciona —Constitu-
ción, leyes que de ella dimanan y tratados que están de acuerdo con
ella—, sino una jerarquización que confirma la teoría de la soberanía
constitucional.
6. CONSIDERACIONES SOBRE LA SOBERANÍA Y LA CONSTITUCIÓN
Otro artículo, el 128, establece que todo funcionario público, sin
excepción alguna, hará la protesta de guardar y hacer guardar la Cons-
titución, antes de tomar posesión de su cargo. Esto como recono-
cimiento de la supremacía constitucional en nuestro orden jurídico.
Ante la insistencia de que nuestra Constitución es suprema, en-
contramos tres normas constitucionales, los artículos 39, 40 y 41, que
aparentemente rompen la congruencia con la tesis que informa nues-
tra Carta Magna.
El primero de ellos afirma que la soberanía nacional reside esen-
cial y originariamente en el pueblo, sin hacer mención de que la sobe-
ranía se ejercita una sola vez, subsumiéndose entonces en la Constitu-
ción. Entonces, el pueblo se reserva siempre la posibilidad de tocar la
Constitución, de reformarla.
38 Francisco Javier Gaxiola Ochoa
El 40 nos habla de cómo está constituida la República en Esta-
dos libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior.
Tal afirmación de que los Estados son soberanos es absurda, pues
recordemos que las entidades han de estar sujetas en su legislación a
la pauta de la Constitución general de la República. Con ello, crece la
duda de que la doctrina de la supremacía de la Constitución esté
aplicada en nuestro orden constitucional.
El 41 complica aún más el problema al decir que las Constituciones
locales en ningún caso podrán contravenir lo estipulado en el pacto
federal. Ahí vemos cómo, inmediatamente después de la afirmación
de que los Estados son soberanos, se establece la limitación a esa
soberanía, que es por ello inexistente.
Aparentemente, estos preceptos nos permiten ver cómo se acep-
ta en nuestra Constitución la corriente doctrinal europea de la
soberanía.
Sin embargo, en realidad sí se acepta la tesis americana de la
soberanía y con ella la de la supremacía de la Constitución, aunque
ciertamente con el contrasentido de establecerla por un lado, y, por
otro, afirmar que los órganos de ejercicio del poder son soberanos.
Esto sólo se explica, según Tena Ramírez, tomando en cuenta la tra-
dición histórica de nuestro país, siempre abierto a la influencia de
Europa durante tantos años, y tomando también en consideración
el momento político en que se emitió la Constitución. O bien, puede
ser que se haya empleado el término soberanía al estilo de Duguit,
Curso de Derecho Constitucional Mexicano 39
como la aceptación más cómoda, sinónima de órganos del ejercicio
de poder.
Concluimos que por encima de las corrientes doctrinales europea
o americana, nuestra Constitución establece su propia supremacía
dentro del orden jurídico de la Nación.
Sin tratar de establecer una definición esencial, sino una más
bien enunciativa o explicativa, podríamos decir que la Constitución es
un ordenamiento normativo que, en forma de ley superior, estructura
los elementos del Estado —pueblo, territorio y gobierno— y las relacio-
nes entre ellos, sometiéndolas a su soberanía, a su supremacía.
Decía Herrera y Lasso que “la limitación del poder a través de la
Constitución es resultado de la lucha de los pueblos contra el absolu-
tismo del poder político”. Las Constituciones, para el mismo maestro
emérito de nuestra Escuela, tienen varias funciones: definen el dere-
cho del Estado, proclaman y defienden la libertad humana, estruc-
turan los órganos del poder y establecen sus limitaciones.
En ello se basa la división tradicional de las Constituciones. Éstas
contienen una parte que establece los derechos de la persona conside-
rada en lo individual y en lo social, derechos que en nuestra Consti-
tución se enumeran bajo el rubro de garantías individuales, y que
tradicionalmente integran la parte dogmática de las Constituciones.
La denominación garantía individual que usa nuestra Constitución,
hemos de decirlo, es perfectamente equivocada. Los derechos del
40 Francisco Javier Gaxiola Ochoa
hombre están garantizados no por su enumeración, sino por toda la
estructura constitucional de la que deriva, entre otras cosas, el juicio
de amparo que sí es una verdadera garantía para esos derechos.
Contienen también las Constituciones la parte relativa a la estruc-
turación del poder, conocida tradicionalmente en la doctrina como
parte orgánica de la Constitución.
Existe además la superestructura constitucional integrada por
normas de carácter fundamental y que complementan la Constitución,
estableciendo las ligas entre la parte orgánica y la dogmática, haciendo
así posible el gobierno.
7. PARTES DE LA CONSTITUCIÓN
Hay otras normas que por ser conquistas de tipo social, económico o
político, se han incorporado a la Constitución. Son normas formal-
mente constitucionales, aunque no materialmente.
Hablando ya concretamente y en el orden positivo vigente, pode-
mos decir que las partes de la Constitución que hemos expuesto se
hallan repartidas de la siguiente manera:
• Parte dogmática: artículos del 1 al 29.
• Parte orgánica: artículos del 49 al 107.
Curso de Derecho Constitucional Mexicano 41
• Superestructura constitucional: artículos 30 al 48, 115 al
122, 128, 133, 136.
• Agregados constitucionales: artículos 27, 123, 130.
Hemos visto pues que nuestra Constitución, desde el punto de
vista de su origen, es ratificada. Formalmente, es escrita y rígida.
En cuanto a las partes que la Constitución tiene, hemos enumerado
la orgánica, la dogmática, la superestructura constitucional y los agre-
gados constitucionales. Éstas son las partes de la Constitución hablando
en un sentido material, sobre los agregados constitucionales que son
normas formalmente constitucionales.
Ésa es la disección de la Carta Magna hecha desde un punto
de vista meramente estático. Sin embargo, no podemos pensar en
un derecho constitucional general, sino que hemos de ahondar en uno
concreto y dinámico que es el nuestro: el derecho constitucional
mexicano.
Ya dijimos que los derechos del hombre no se encuentran tan
sólo en los primeros 29 artículos, sino que están en realidad disemi-
nados por todo el texto constitucional.
No conviene hacer una clasificación tan tajante de nuestra Cons-
titución si se le ve desde un punto de vista dinámico.
Nuestra Constitución, no obstante ser rígida y escrita, cambia de
continuo en cuanto al significado de sus preceptos. Los ejemplos son
42 Francisco Javier Gaxiola Ochoa
múltiples. El 17 constitucional, a pesar de que no ha cambiado ni un
ápice desde 1917, tiene un significado y un avance muy diferente
al que pudo tener entonces. Otro ejemplo son los artículos que
tocan la delicada cuestión religiosa, pues la inveterada violación de ellos
ha traído como consecuencia el trueque en el alcance interpretativo
que se les da.
Es el efecto de la realidad lo que va matizando el alcance y el signi-
ficado del texto constitucional rígido. Insistimos, aunque éste continúe
en los mismos términos, su interpretación cambia constantemente.
Ello rompe el principio de la rigidez constitucional, aunque éste
se refiere más bien al texto de la Carta Magna.
Nuestra Constitución es liberal en el sentido de que es el indivi-
duo el meollo y la médula de algunos preceptos constitucionales.
Pero, a la vez, nuestra Ley Fundamental tiene una serie de principios
de tipo socialista (27, 123). Presenta así un doble aspecto: Constitu-
ción liberal y, al propio tiempo, socialista. Es también nacionalista,
en el sentido de que establece el derecho absoluto de la Nación
sobre el territorio nacional y además establece la obligación de todos
los mexicanos de contribuir al gasto público, de alistarse en la Guar-
dia Nacional y de conservar la Independencia de la Nación.