De náufrago a prisionero de los mayas
Al poco tiempo de establecerse los españoles en las islas del Mar Caribe, en el proceso que
se dio inmediatamente después de nombrar nuevas gobernaciones de las Indias, Vasco
Núñez de Balboa encabezó una expedición en la que habría de fundar Santa María de la
Antigua del Darién, en septiembre de 1510. Le acompañaron en aquella expedición, entre
otros, dos personas, Gonzalo Guerrero y Gerónimo de Aguilar, que protagonizarían más
tarde las primeras interacciones con los mayas de la península de Yucatán, como
consecuencia de un naufragio en el que ambos participaron y del que sobrevivieron.1
En efecto, la expedición que los llevó a Santa María la Antigua del Darién, como avanzada
enviada de retorno a Cuba por Núñez de Balboa, capitaneada por Juan de Valdivia, al que
había nombrado su regidor en Santa María de la Antigua, navegando el 15 de agosto de
1511, se encontraron con una gran tormenta. El barco en el que viajaban fue presa de los
elementos.
Naufragaron en los bajos de las Víboras o de los Alacranes, frente a la isla de Jamaica:
Pero atajó Dios los pasos de Valdivia, y a los demás dio a entender, si de entenderlo fueran
dignos, las obras que hacían, ser de todo fuego eterno dignas, porque embarcado Valdivia
en la misma carabela en que había venido e ido, se hundió con su oro y con sus naves en
unos bajos o peñas que están cerca o junto a la Isla de Jamaica, que se llaman las Víboras.
Bartolomé de las Casas2
Una veintena de expedicionarios lograron salvar la vida en un batel.3 Dieciocho hombres y
dos damas consiguieron transitoriamente salvar sus vidas con grandes sufrimientos.4
De la veintena que subió al batel, arrastrados por las corrientes del mar Caribe del norte,
únicamente ocho llegaron a la costa de Yucatán. Tienen un primer contacto con los
Cocomes, grupo maya que predominaba en la región oriental de la península yucateca en
aquel entonces, que se mostró bastante agresivo. Gerónimo de Aguilar fue la principal
fuente de esta historia, ya que fue el único superviviente junto a Gonzalo Guerrero, pero,
uniéndose a la expedición de Hernán Cortés y narró su aventura:
...(Aguilar) dijo que saltando de la barca los que quedaron vivos, toparon luego con indios,
uno de los cuales con una macana hendió la cabeza a uno de los nuestros, cuyo nombre
calló; y que yendo aturdido, apretándose con las dos manos la cabeza, se metió en una
espesura do topó con una mujer, la cual, apretándole la cabeza, le dejó sano, con una señal
tan honda que cabía la mano en ella. Quedó como tonto; nunca quiso estar en poblado, y
de noche venía por la comida a las casas de los indios, los cuales no le hacían mal, porque
tenían entendido que sus dioses le habían curado, paresciéndoles que herida tan espantosa
no podía curarse sino por mano de alguno de sus dioses. Holgábanse con él, porque era
gracioso y sin perjuicio vivió en esta vida tres años5 hasta que murió.
Cervantes de Salazar, Francisco, Crónica de la Nueva España, libro I, Cap. XXII.
Durante los primeros encuentros con los mayas, el capitán Valdivia intentó defenderse y
perdió la vida en el intento. Todos los náufragos murieron con la excepción de Gerónimo de
Aguilar y de Gonzalo Guerrero, que milagrosamente salvaron la vida. Aventura fatal para la
mayoría de los expedicionarios, resultó una prolongada estancia de ambos personajes en
Yucatán.
Más tarde Hernán Cortés acogió a Gerónimo de Aguilar. Gonzalo de Guerrero, en cambio,
ya había formado familia y decidió quedarse a combatir en contra de los españoles cuando
se generalizó la guerra de conquista en la península de Yucatán.
Ocho años después, la expedición de Hernán Cortés encuentra a los náufragos
Cuando en 1519 la expedición encabezada por Hernán Cortés que se tornaría en el proceso
de la conquista de México, desembarcó en Cozumel, se enteró de que había en aquellas
tierras náufragos españoles que habían formado parte de anteriores expediciones y que
vivían entre los mayas.
Narra Diego López de Cogolludo en su obra Historia de Yucatán (Madrid 1688).
"Con el buen tratamiento del general Hernando Cortés, con no hacer los españoles daño
alguno á los indios, se acabaron de asegurar todos los de la Isla, y traían buena provision
de bastimentos para el ejército. (...) Desta familiar comunicación con los indios, dice el
cronista Herrera, resultó que algunos dieron á entender que cerca de aquella Isla en Tierra
firme de Yucatán, había hombres semejantes á los españoles con barbas, y que no eran
naturales deste reino, con que tuvo ocasión Hernando Cortés de buscarlos.
Bernal Díaz del Castillo, por su lado, lo expresa de otra manera:
Que como hubiese oído el general á los soldados que vinieron con Francisco Hernández de
Córdova, que los indios les decían Castilán, Castilán, señalando al oriente, que llamó al
mismo Bernal Díaz y á un viscaíno llamado Martín Ramos, y les preguntó, que si era como
se decía; y respondiéndole que sí, dijo el general, que presumía haber españoles en
Yucatán, y sería bueno hacer diligencia entre los indios".
Y sigue diciendo el cronista de la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España:
"Mandó el general llamar á los caciques, y por lengua del indio Melchor (que ya sabia algún
poco de la castellana, y la de Cozumel (Cuzamil) es la misma que la de Yucatán) se les
preguntó si tenían noticia de ellos. Todos en una conformidad respondieron, que habían
conocido unos españoles en esta tierra, y daban señas dellos, diciendo que unos caciques
los tenían por esclavos, y que los indios mercaderes de aquella Isla los habían hablado
pocos días había, que estarían de distancia la tierra adentro, andadura y camino de dos
soles".
Hernán Cortés envía cartas a los náufragos
Sigue Bernal Díaz diciendo:
Grande fue el alegría de los españoles con esta nueva, y así les dijo el general á los
caciques que con cartas, que les daría para ellos se los enviasen á buscar. A los que
señalaron los caciques (para ir, halagó) y dio unas camisas y cuentas, prometiendo darles
más cuando volviesen. Los caciques dijeron al general, enviase con los mensajeros rescate
para dar a los amos, cuyos esclavos eran, para que los dejasen venir, y así se les dio de
todo género de cuentas y otras cosas, y se dispusieron los dos navíos menores con veinte
ballesteros y escopeteros, por su capitán Diego de Ordaz. Dióles orden el general que
estuviesen en la costa de Punta de Cotóch (c'otoch) aguardando ocho días con el navío
mayor, y que con el menor se le viniese á dar cuenta de lo que hacían. Dispusose todo, y la
carta que el general Cortés dio á los indios, para que llevasen á los españoles, decía así:
"Señores y hermanos, aquí en Cozumél (Cuzamil) he sabido, que estais en poder de un
cacique detenidos. Yo os pido por merced, que luego es vengais aquí á Cozumel (Cuzamil),
que para ello envió un navío con soldados, si los hubieredes menester, y rescate para dar á
esos indios con quien estáis, y lleva el navío de plaza ocho días para os aguardar. Veníos
con toda brevedad: de mi sereis bien mirados, y aprovechados. Yo quedo aquí en esta isla
con quinientos soldados y once navíos. En ellos voy mediante Dios la vía de un pueblo que
se dice Tabasco o Potonchán.
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