El ejercicio proyectual, el proyecto aún sin materializar, es la mayor producción que
pueden generar los jóvenes arquitectos cubanos. ¿Considera que es posible consumir
una arquitectura no construida, gracias a los avances de representación? ¿Estas
nuevas formas de representación implican nuevas maneras de proyectar y por
consiguiente de generar nueva arquitectura? ¿Puede desde el proyecto redefinirse lo
que es arquitectura?
Sí… no, sí.
La palabra que emplearía no es consumir pues no se trata solo de utilización o
aprovechamiento sino de algo mucho más importante, el papel del proyecto no
construido en la definición de tendencias, en la concreción gráfica de ideas: su
significación como manifiesto. Ahora bien, no son los avances de la representación los
que permiten que el diseño actúe en la sociedad, aunque sí que se “consuma”, por
ejemplo, mediante las representaciones en tres dimensiones, los recorridos virtuales y
otras posibilidades que lo hacen más comprensible para la población.
Esta arquitectura de bits, ya no de papel, se convierte en una nueva forma de uso; sin
embargo, la anterior, dibujada, pudo lograr un protagonismo en muchos momentos
históricos, quizás por sus particularidades estéticas pero sobre todo por ser un medio
más simple si se piensa en esos bocetos que expresaban una idea con pocas líneas.
La obra no construida, solo graficada, cambia sus características como arte: pasa a
convertirse en pintura, escultura, video… y así es como puede considerarse su función
de ser consumida, en un fenómeno de cultura de masas muy interesante que se está
dando actualmente. Las exposiciones de arquitectura, bastante frecuentes, son
visitadas no solo por especialistas sino por el público en general. En Cuba esto ocurre
solamente cuando se trata del patrimonio del período colonial, pero una ampliación en
el sentido temporal podría ser uno de los medios efectivos para llevar la arquitectura al
nivel de comprensión y disfrute generalizado que tradicionalmente han tenido el ballet
y el cine.
Volviendo a las preguntas:
No creo que las nuevas formas de representación impliquen nuevas maneras de
proyectar y por consiguiente de generar nueva arquitectura. Influyen en la medida en
que aceleran tiempos, facilitan la elaboración de variantes, permiten cambios y
rectificaciones rápidos; pero lo que genera una nueva tendencia son las circunstancias
de todo tipo, no particularmente la técnica (o ciencia) de la representación.
¿Puede desde el proyecto redefinirse lo que es arquitectura?
Sí, no solo desde el proyecto, sino incluso desde el croquis, y acudo al muy utilizado
ejemplo de las ciudades ideales renacentistas, obras de arte que fueron construidas
en contextos diferentes al de su concepción y también a los dibujos “conceptuales” de
Le Corbusier, magistrales en la expresión sintética de las ideas.
El diseño no construido posee mayor fuerza de la que se le atribuye. Es quizás un acto
de justicia, de respeto a una idea que no fue posible, de amor a la utopía y, perdón por
el cinismo: de validación de aquello que nunca demostró su inutilidad y por tanto está
libre de pecado. Es el triunfo de la esperanza sobre la objetividad. Es la forma de
contradecir el refrán: “el que vive de ilusiones muere de desengaños”
Pero entonces, ¿acaso se cierra el círculo? Si es tan bueno y necesario lo que no se
construye, ¿por qué hacer algo nuevo? ¡Viva el inmovilismo arquitectónico! No,
1
tampoco es eso: precisamente lo construido valida lo proyectado, a veces hasta como
nostalgia de lo que no fue.
Ahora se impone recurrir a otros ejemplos históricos:
Étienne-Louis Boullée y Claude-Nicolas Ledoux fueron cuestionados como
innovadores por Benévolo, quien explicaba el papel que se les atribuye como
precursores a las comparaciones formales abstractas que no sirven para la verificación
histórica1. Sin embargo, en su caso, el uso de componentes clásicos muy simplificados
y perfectos es sin dudas uno de los atributos que logran la trascendencia, tanto de las
obras como de los proyectos. Tan es así que el inconstruible Cenotafio de Newton ha
sido sumamente celebrado a pesar de su imposibilidad de llegar a existir.
La significación posterior de los proyectos utópicos o filosofías dibujadas a partir de las
ideas de Owen y Fourier se encuentran entre los ejemplos más evidentes de toda una
obra que en alguna u otra forma llega hasta nuestros días en multitud de ejemplos que
cuando se analizan en detalle se descubre que son ramas del tronco de los utopistas.
Sant'Elia creó una tendencia que se reitera hasta los años ‘50 y aún ahora trasciende
la nostalgia y la propuesta urbanística para añadir creatividad en el diseño de
interiores y la gráfica. Y el protagonismo histórico de las vanguardias soviéticas debe
más al proyecto que a lo construido. Los ingenieros de Jarkov reinventaron el puente
entre edificios, ya con connotaciones dignas de Mayakovski, pero la espiral absurda de
Tatlin es más mencionada que aquel símbolo de la industria, y más incluso que el Club
de los Tranviarios, a pesar de que las referencias simbólicas y el sobrenombre de
Cocodrilo lo lanzaron a la fama.
Un caso relativamente reciente es el del movimiento “Arquitectura de Papel” formado
por jóvenes “arquitectos conceptuales” de la URSS durante los años 80, quienes
permanecían aislados de la práctica cotidiana presentándose a concursos
internacionales para, con sus ideas, servir de contraparte a la baja calidad de lo que se
construía, al mostrar nuevos caminos para la creación.2
¿Puede ser el ejercicio proyectual un medio eficaz para tomarle el pulso a la
arquitectura contemporánea cubana?
No, simplemente para conocer la capacidad de los proyectistas, pero no para evaluar
a la arquitectura en su conjunto porque lo que se puede descubrir es la contradicción
entre el número de buenos proyectistas y la baja calidad de muchas obras.
Ángela Rojas por más de cuarenta años ha ejercido como profesora en facultades de
Arquitectura (profesora Titular); ha profundizado particularmente en temas de teoría e
historiografía y su relación en el proceso de enseñanza de la arquitectura y el
urbanismo ¿Cree usted que ha existido en Cuba algún movimiento teórico fuerte como
para dejar referentes obligados? ¿Existe algún tipo de movimiento, corriente o seña
que identifique la arquitectura cubana actual?
Ha habido etapas y algunos momentos en que puede hablarse de corrientes. El
calificativo de movimiento lo usé en los años ‘80 para definir lo que estaba sucediendo
en la Facultad y otros centros: pasión por la conservación del patrimonio, proyectos
que armonizaban con el entorno, concurso para la casa consultorio del Médico de la
Familia, nuevas inserciones en tramas comprometidas, proyectos como la Villa
1
BENEVOLO, Leonardo, Historia de la Arquitectura Moderna, Edición Revolucionaria, La
Habana, 1981, Volumen I, p. 73
2
RJABUSHIN, Aleksandr, “Architetture di carta”, l’Arca, mayo 1989, p. 46.
2
Panamericana que se basaron en las lecciones de la historia y, parafraseando a lo que
había ocurrido con la música, lo llamé “Movimiento de la Nueva Trama”.
Posteriormente se dieron manifestaciones importantes como la exposición Arquitectura
Joven y en general esa etapa hasta mediados de los 90 va a estar acompañada de
una base teórica plasmada en las revistas, ponencias a eventos y docencia. En la
actualidad, aunque la presencia en los medios se ha incrementado, no parece haber
ese movimiento. O por lo menos no me he enterado.
· ¿Cuán importante son para la Arquitectura y el Urbanismo contemporáneo los
espacios de publicación, promoción, crítica, teoría y debate? ¿Son suficientes? ¿Qué
importancia le da a los concursos de arquitectura?
Los espacios de publicación, promoción, crítica, teoría y debate siempre han sido
fundamentales, aunque nunca se ha logrado que, como decía Zumbado, “tengan
fijador”. Han aumentado en cantidad y sobre todo, en alcance social, pero por
supuesto que no son suficientes. La crisis de la arquitectura cubana trasciende lo
artístico para convertirse en un problema ambiental cotidiano sumamente serio y que
ha afectado a los asentamientos urbanos de todo el país. Ya no es solamente la
necesaria calidad de la obra nueva, hasta cierto punto excepcional, sino las
agresiones al medio, los modelos supuestamente cubanos, el “estilo maceta”, los
problemas graves de infraestructura y calidad de terminaciones. Y eso no lo resuelven
los concursos ni nada que se mantenga solamente en el nivel de los especialistas. Los
medios para resolver los problemas nunca serán suficientes porque la arquitectura, el
diseño, la ciudad, son a la vez arte y cotidianidad. La moda de los balaustres pasará
cuando también se olviden los reguetones seudoporno, cuando se recupere la
conciencia generalizada de la necesidad de calidad en el ambiente diseñado.