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Enfoque Cultural en Traducción Teatral

El enfoque cultural de la traducción ha transformado los Estudios de Traducción desde la década de 1980, pasando de un paradigma normativo y lingüístico a uno que considera la traducción como un proceso cultural mediado por normas y decisiones del traductor. Este documento analiza siete traducciones de obras de Shakespeare al español, utilizando conceptos de la Traductología, como las normas y el escopo, para entender cómo las decisiones del traductor están influenciadas por factores socioculturales y expectativas del público. Además, se discuten conceptos como la aculturación y el polisistema, que ayudan a contextualizar la traducción dentro de un marco cultural más amplio.
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Enfoque Cultural en Traducción Teatral

El enfoque cultural de la traducción ha transformado los Estudios de Traducción desde la década de 1980, pasando de un paradigma normativo y lingüístico a uno que considera la traducción como un proceso cultural mediado por normas y decisiones del traductor. Este documento analiza siete traducciones de obras de Shakespeare al español, utilizando conceptos de la Traductología, como las normas y el escopo, para entender cómo las decisiones del traductor están influenciadas por factores socioculturales y expectativas del público. Además, se discuten conceptos como la aculturación y el polisistema, que ayudan a contextualizar la traducción dentro de un marco cultural más amplio.
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Introducción

El ‘enfoque cultural’ de la traducción

Los Estudios de Traducción experimentaron un giro epistemológico,


en lo que se refiere a su estatus, campos y procedimientos de inves-
tigación, a comienzos de la década de los ochenta del siglo pasado.
Encuadrados hasta entonces en los estudios filológicos, sus pro-
cedimientos de investigación eran generalmente lingüísticos y tenían
un fuerte sesgo normativo. La traducción se consideraba una actividad
de rango secundario, subordinada al TO (texto de origen o de partida),
y el TM (texto meta o de llegada) era simplemente un texto supeditado
al anterior cuyo estudio en sí solo se consideraba relevante en
comparación con el TO. A partir de esa fecha, comenzó a configurarse
un nuevo paradigma científico e investigador cuyo objeto de estudio
es la traducción, entendida como proceso y como producto, que
cumple una función concreta en una lengua (LM) y cultura meta (CM)
determinados. Dentro de esta nueva ciencia, la Traductología, se han
desarrollado diversos enfoques investigadores, de entre los que
quisiera destacar el cultural, centrado sobre todo en el estudio de
traducciones literarias. De carácter descriptiva, histórica y funcional,
esta aproximación considera que toda traducción constituye un
proceso de carácter cultural mediatizado por condicionantes y
motivaciones que afectan tanto a su proceso de elaboración como a la
recepción del producto resultante en la CM. En el estudio de esta
recepción, cobran especial importancia las metodologías y
procedimientos de la Literatura Comparada, la Sociología de la
Literatura y la Teoría de la Recepción.
Nos proponemos utilizar en este libro algunos conceptos básicos
desarrollados por la Traductología y, en particular, por este enfoque
cultural, al análisis de siete traducciones de obras dramáticas de
Shakespeare al español. Entre ellos se encuentran las ‘normas’ o
estrategias globales y particulares seguidas por el traductor al elaborar
el producto (Toury 1977), concepto decisivo en el desarrollo de los
denominados ‘estudios sistémico-descriptivos’. El concepto de norma
descansa básicamente en la premisa de que la traducción es, ante todo,
un proceso de toma de decisiones, tal como había formulado Jiry Lev!
unos años antes (1967). Cuando estas decisiones se toman de manera
regular por parte del traductor, se convierten en normas.1 Las normas
están influidas por consideraciones de tipo lingüístico, social,
histórico, o ideológico, aunque el propio traductor siempre las selec-
ciona, o incluso elabora, según su propio estilo y creatividad.
El estilo de cada traductor puede caracterizarse, por tanto, por la
adopción de un conjunto de normas que emanan de convenciones
socioculturales impuestas o establecidas.2 Como señala Baker (1998:
164), el concepto de norma se halla a medio camino entre dos no-
ciones lingüísticas muy en boga en la época en que Toury acuñó su
concepto: los de ‘competence’ y ‘performance’ de Noah Chomsky,
relacionados a su vez con los de ‘langue’ y ‘parole’ de Saussure y,
como ha observado recientemente Mary Snell-Hornby (2006: 37), con
los de ‘sistema’, ‘norma’ y ‘habla’ de Eugenio Coseriu. Las normas,
por tanto, son aplicadas por el traductor a partir de un repertorio de
opciones previas que se sitúan en un contexto social e histórico
determinado.
Toury (1980: 53–57; 1995: 56–61) distingue entre tres tipos dis-
tintos de normas en traducción: la inicial, las preliminares y las opera-
cionales. La norma inicial se basa en la decisión entre ajustarse a las
normas implícitas en el TO (que reflejan las de la lengua y cultura de
origen), o a las que prevalecen en la lengua y cultura meta. Es decir, si
el TM tiende a la adecuación con respecto al TO, o si por el contrario
se decanta por la aceptabilidad en la lengua y cultura meta. Las nor-
mas preliminares se refieren a cuestiones relacionadas con políticas
concretas de traducción, previas al propio proceso, que se refieren

1 Una cuestión diferente y ajena al asunto, al menos en este punto, es si las


decisiones del traductor son personales o impuestas, o incluso conscientes o
inconscientes.
2 Christiane Nord (1991: 96) distingue entre ‘convenciones’ (regularidades del
comportamiento traductor no vinculantes) y ‘normas’ y ‘reglas’, que serían regu-
laridades más o menos impuestas.

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sobre todo a la elección de los textos por traducir, autores, lenguas de
origen, etc. Finalmente, las normas operacionales se refieren a las
decisiones que el traductor toma durante el proceso en sí, y se dividen
en dos tipos básicos: (a) normas matriciales, que tienen que ver con
cuestiones como la distribución y segmentación textual, así como con
posibles omisiones, añadidos y alteraciones en el texto, y (b) normas
textuales y lingüísticas, que tratan de las decisiones que afectan a
elementos específicos del texto tales como el vocabulario, la
ortotipografía, etc. Como señalamos antes, el estudio de las normas de
traducción se efectúa a partir de hechos observables en los textos meta
o traducidos y en los paratextos sobre dichos textos, es decir, las
anotaciones, reseñas y prólogos o prefacios de dichas traducciones.
Las normas determinan el carácter y el alcance de la ‘equivalencia’,
concepto que se ha entendido de manera distinta en los diferentes
períodos de la historia de la traducción. En las épocas históricas a las
que se refiere este libro, la redefinición de equivalencia más notable
fue la que tuvo lugar al pasar del modelo neoclásico francés de
traducción al defendido por los románticos alemanes.
Debe recordarse que antes de la publicación de Gideon Toury,
Descriptive Translation Studies and Beyond (1995), el concepto de
norma había sido reelaborado por diversos autores, entre los que se
encuentra Chesterman (1993), que distingue entre normas pro-
fesionales (‘professional’) y asumidas (‘expectancy’). También, que el
concepto de norma, en general, ha sido criticado por Theo Hermans
(1999), en el sentido de que se trata de un concepto inmerso en un
marco funcional, cultural y, en definitiva, contextual, que lo explica y
al que se encuentra siempre irremisiblemente unido. Para Hermans, ya
no tiene demasiado sentido hablar de ‘norma’ como categoría
estructural sin más, sino que lo importante es investigar en qué ámbito
y por qué causas se originan dichas normas.
Otro concepto interesante es el de ‘escopo’ (Vermeer 1978), sur-
gido en las teorías funcionales de la traducción, que consideran que
ésta se subordina a un propósito concreto que determina todo el
proceso, y en el que se incluyen el destinatario, la función y la
intencionalidad que subyace al TM. En la traducción teatral puede
hablarse específicamente de la representación como escopo pre-
dominante al que se subordinan muchas decisiones, pero también,

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como en la traducción literaria en general, de las expectativas del
lector o del público o, utilizando un concepto más conocido, del
‘lector modelo’ (Eco 1981: 73) que participa activamente en la
interpretación del TM y que el traductor tiene en mente al elaborar su
traducción. El concepto de escopo también se relaciona con los teó-
ricos del ‘Reader-Response Criticism’ norteamericano de los años
ochenta y noventa en su insistencia en el decisivo papel del lector en
la actualización de significados. La intervención del traductor, quizá el
lector más atento que existe, tanto en la elaboración del texto
traducido como en la posterior configuración de la(s) lectura(s) que
origina sigue siendo un aspecto que exige más atención por parte de
los investigadores.
Se utiliza también el concepto de ‘polisistema’ (Even-Zohar
1978), sistema de sistemas o conjunto de creencias, valores y normas
interrelacionados que definen una época o período concretos. Dentro
del polisistema general están otros como el literario, en cuya periferia
se sitúa la literatura traducida, que actúa como intermediaria entre
sistemas diferentes. Este concepto elabora radicalmente la obra del
formalista ruso Yurij Tynianov, que señaló repetidamente en los años
veinte que la literatura no debe estudiarse en función de esencias, sino
de relaciones (Zepetnek 1998: 227). La teoría polisistémica centró la
atención de los investigadores en aspectos inexplorados hasta
entonces, como las relaciones existentes entre las traducciones que se
realizan a una lengua y cultura concretas, por un lado, y entre traduc-
ciones y textos no traducidos, por otro, desplazando así la tradicional
comparación entre TO y TM.
En el caso de la traducción teatral, factores como las expectativas
del público y las convenciones que operan en el ámbito teatral forman
parte del polisistema de una época concreta, y están sujetos a
variaciones y cambios periódicos. Aspectos específicos como la divi-
sión secuencial en actos y escenas o las actitudes y reacciones del
público han cambiado a lo largo de la historia y han afectado, como
veremos, a la traducción y recepción de obras de Shakespeare en
España.
Venuti (1995) acuña un concepto clave heredado de
Schleiermacher en su obra The Translator’s Invisibility, que es el de
‘domesticación’, que define la estrategia traductora tendente a cons-

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truir un texto fluido y transparente, acorde con las convenciones de la
CM. La estrategia contraria, como se sabe, es la ‘extranjerización’.
Nos parece, no obstante, más preciso en el caso de textos dramáticos
hablar de ‘aculturación’, concepto procedente de las ciencias sociales
aplicado a la traducción teatral, que se refiere a la atenuación
deliberada por parte del traductor de las diferencias culturales entre
TO y TM. Pueden darse distintos grados de aculturación, procedi-
miento que según Aaltonen (1996; 2000) es siempre más frecuente, y
prácticamente inevitable, en la traducción teatral y cinematográfica
que en otros tipos de textos traducidos. Por ejemplo, las diferencias
entre la traducción de The Taming of the Shrew realizada por María de
la O Lejárraga en 1917, Domando la tarasca, a la que se dedica uno
de los capítulos de este libro, y el guión cinematográfico de la película
de Antonio Román La fierecilla domada (1955), basado en la misma
obra, pondrían de manifiesto una mayor aculturación en el segundo
ejemplo que en el primero, encaminada a ‘inscribir’ ideológicamente
el producto en la CM. Para alcanzar este fin, la aculturación puede
llegar a ser un proceso caracterizado por una creatividad extrema.
Cameron (2000: 17) denomina ‘tradaptaciones’ (‘tradaptations’) a la
re-localización del TO en un contexto cultural y geográfico distinto,
por ejemplo situar una obra de García Lorca en el Caribe o La
fierecilla domada en la España medieval, como sucede en la película
citada.
Hay que advertir, no obstante, que ciertas diferencias entre las
soluciones propuestas por los diversos traductores de Shakespeare,
especialmente de carácter microtextual, pueden tener su origen en las
distintas ediciones de las obras utilizadas como TO, como señala
Tronch Pérez (1996: 311) en relación a Hamlet. Aunque la meto-
dología seguida en este trabajo es muy diferente a la filológico-
textual, el papel de estas variantes en las traducciones del autor inglés
se tendrá en cuenta siempre que se estime pertinente.
A finales de los años noventa, los enfoques descriptivos y
sistémicos, entre ellos la teoría de los polisistemas, han sido objeto de
ciertas críticas. Se piensa que pasan por alto un elemento indis-
pensable en el proceso de traducción, que es el agente o traductor
(Buzelin 2005: 193). Determinados conceptos de Bourdieu, sobre todo
el de ‘habitus’, suponen una manera de integrarlo. El habitus de los

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