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Resaca y secretos entre amigas

Vianey se despierta con resaca y se entera de que tuvo un comportamiento inapropiado la noche anterior, incluyendo un acercamiento con un chico llamado Ángel, lo que la deja angustiada. Su hermano Ángel se da cuenta de que algo no está bien y confronta a Vianey sobre sus sentimientos y la situación con su madre. La conversación se interrumpe, dejando en suspenso la resolución de sus conflictos emocionales.

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Resaca y secretos entre amigas

Vianey se despierta con resaca y se entera de que tuvo un comportamiento inapropiado la noche anterior, incluyendo un acercamiento con un chico llamado Ángel, lo que la deja angustiada. Su hermano Ángel se da cuenta de que algo no está bien y confronta a Vianey sobre sus sentimientos y la situación con su madre. La conversación se interrumpe, dejando en suspenso la resolución de sus conflictos emocionales.

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- ¡Buenos días, dormilona! - saludó Anita a Vianey en cuan-


to vio que abría los ojos, estando sentada sobre la cama, con
la espalda recargada en la pared, mostrando una expresión
preocupada que contradecía el jovial tono de voz con el que
recibió a su amiga en ese nuevo día.

- Hola - dijo la chica apenas en un hilo de voz, sintiendo un


fuerte dolor de cabeza y el estómago revuelto - cómo llega-
mos hasta mi cuarto.

- Tu hermano fue por nosotras, te pusiste muy mal ayer y le


hablé para que nos recogiera - contestó Anita, apenada, sa-
biendo que tenía cosas que decirle a Vianey, cosas que no la
harían sentir muy bien, algo que supo que su amiga también
entendía cuando la miró a los ojos y compuso una expresión
que demostraba todo el arrepentimiento y la vergüenza que
le provocaba el solo pensar en todo lo que pudo haber hecho
después de haberse bebido todo el alcohol que consumió.

- Por favor, dime que no hice algo muy estúpido - dijo Via-
ney con una voz suplicante, mientras se sentaba y se llevaba
las manos a la cara, reviviendo destellos de borrosos recuer-
dos que le daban una idea de todo lo que pudo haber hecho
la noche anterior durante su excursión en el lago, a pesar de
que no recordara por completo todo lo que pasó.

- Bueno, tuviste algo con Gerardo, pero por la cara que te-
nías cuando terminó y lo avergonzado que él se veía cuando
salió de la camioneta, parece que no la pasaron muy bien,
luego de eso… - Anita titubeó por un segundo, pues en rea-
lidad no quería seguir hablando, porque sabía que lo que
pasó después sería muy vergonzoso para su amiga a quien
miraba con el rostro embargado por una expresión de duda
y tal vez un poco de lástima.

- Por favor, dime qué paso - suplicó Vianey, sintiendo un


vuelco en el estómago cuando vio en los ojos de Anita el
presagio de lo que estaba por decirle, del vergonzoso com-
portamiento que seguramente mostró durante su excursión
al lago.

- Bueno, es que, después de lo de Gerardo, te pusiste a bailar


con los otros chicos de una forma… de una manera como no
lo hubieras hecho de no haber tomado tanto. Incluso trataste
de meterte en la camioneta con otro tipo… no te dejé, claro,
pero por la forma como se dieron las cosas… - Anita suspiró
ante lo que estaba por decirle a su amiga, porque sabía que
aquello le provocaría reacciones para nada positivas y no
tenía idea de cómo se lo tomaría Vianey - mira, no te enojes
conmigo, ¿Sí? Pero así como estabas y como se pusieron
esos burros, no creí que fuera una buena idea regresar a casa
con ellos, así que tomé nuestras cosas y luego hablé a tu
casa y respondió tu hermano y él fue por nosotras… pero
una vez que llegó… bueno…

- ¿Qué pasó cuando llegó? Y ¿Por qué me enojaría contigo


por eso? - la presionó Vianey, sin entender del todo lo que su
amiga le decía, pero sintiendo cómo el vacío en su estómago
se iba haciendo cada vez más insoportable, algo que la chica
interpretó como un indicio de lo mal que todo había resulta-
do.

- Supongo que nunca te enteraste de que era él quien te car-


gaba, porque cuando lo hizo me dijiste que no querías irte,
dijiste… - Vianey la miró con exasperación al ver que Anita
no terminaba por contarle toda la historia - vale, vale, te lo
diré: dijiste que te querías coger a Ángel y lo hiciste mien-
tras el te tenía en sus brazos - dijo al fin, haciendo que su
amiga abriera mucho los ojos, que de pronto se sintiera un
poco sofocada y comenzara a respirar demasiado rápido -
¡Ay, dios! ¡Calma! ¡No te pongas mala! ¡Estabas muy toma-
da y seguramente Ángel no se tomaría nada de lo que dijiste
en serio! - se apresuró a decir la chica mientras miraba a su
amiga siendo presa de un ataque de pánico - ¡Además yo le
dije que había un chico con nosotros que se llamaba Ángel!
¡Le dije que era a ese al que te referías! - trató de explicarse
a marchas forzadas mientras contemplaba a su amiga con
miedo, respirando de una forma anormal sin poder controlar
sus nervios.

- ¡Santa madre! ¿Cómo pude haber dicho algo como eso


frente a mi hermano? - exclamó Vianey con una voz que
sonaba sofocada - ¿Ángel…? ¿Mi hermano se creyó lo que
le dijiste? - dijo con la voz débil, en medio de la agitación
que no dejaba de hacer mella en su respiración.

- Sí, bueno, supongo que sí, ¿Por qué no me creería? - con-


testó la amiga, mintiendo al ver que Vianey respiraba con
dificultad, pero sabiendo que el muchacho no había creído
una sola palabra de lo que le dijo cuando fue a recogerlas.
La puerta de la habitación fue ligeramente sacudida por un
par de golpes, provocando que de pronto las dos chicas se
quedaran muy quietas y en silencio.

- ¿Puedo pasar? - dijo Ángel al otro lado, haciendo que las


chicas se miraran entre ellas, nerviosas y asustadas, sin sa-
ber qué hacer o qué decir por unos segundos, hasta que Ani-
ta le hizo algunos aspavientos a su amiga para que dijera
algo.
- Sí… sí… sí, pasa - contestó Vianey mientras se arreglaba
un poco el pelo y se sentaba a un lado de su amiga, sintiendo
aún aquel dolor punzante en la cabeza, producto de la resaca
que le provocó tan tremenda borrachera.

- ¿Resaca? - preguntó el chico desde la puerta, recargando


su hombro en el marco mientras Vianey asentía - bien, me
alegro, así tal vez te lo pienses mejor la próxima vez que
quieras beber como cosaco.

- No seas malo, me duele mucho la cabeza y tengo mucho


asco - dijo Vianey, bajando la mirada, tratando de fingir que
su estado alterado se debía únicamente a su resaca y no a lo
que acababa de contarle su amiga. Ángel sonreía mientras la
miraba.

- Bajen a desayunar, te traje un caldo de carnero muy picoso


para que se te baje la cruda, y también una cerveza, eso te
ayudará.

- Gracias, hermano, bajamos en un minuto - contestó Via-


ney, reprimiendo todas las cosas que sentía, antes de que
Ángel desapareciera de su cuarto, de que pudiera respirar un
poco aliviada al notar que, al menos en apariencia, su her-
mano parecía no haber dado importancia a lo que tuvo la
desgracia de decir la noche anterior estando borracha.

- Lo vez, te dije que no le importaría - dijo Anita, tratado de


tranquilizar a su amiga, pero sin estar completamente con-
vencida de que Ángel en realidad no le hubiera prestado
atención a lo que dijo Vianey, quien en aquel momento se
puso de pie, se deshizo de la ropa sucia que aún llevaba
puesta y se puso algo más cómodo, lanzándole a Anita algu-
nas predas para que ella también se cambiara de ropa - en
serio que no te culpo por sentirte atraída por ese bombón, si
tan solo me diera una…

- ¡Anita! ¡Contrólate! - exclamó Vianey, tan apenada como


tantas veces ya la habían hecho sentir los desatinados co-
mentarios de su amiga, quien en aquel momento solamente
dejó salir algunas risas antes de que ambas se dirigieran a la
cocina donde Teresa y Ángel las esperaban.

El desayuno tuvo lugar en un entorno medianamente festi-


vo, donde les preguntaron a las chicas cómo les había ido en
el lago y Anita contó algunas anécdotas divertidas, de las
cuales Vianey no estaba del todo segura de que fueran cier-
tas, pero no dijo nada, pues sabía que esa era la forma como
su amiga solía desviar la atención hacia ella para que Vianey
pudiera relajarse un rato, una estrategia que funcionó casi a
la perfección, salvo por aquellas miradas que Ángel le diri-
gía a su hermana una y otra vez, las mismas que a ella le
hacían pensar que tal vez su hermano no se había olvidado
por completo de lo que dijo la noche anterior, que quizás en
algún momento iría con ella y trataría de hablar del tema,
una eventualidad que no tenía idea de cómo la enfrentaría,
haciendo que se preguntara si sería capaz de contarle a su
hermano una historia que fuera lo bastante creíble como
para que dejara de darle importancia a sus palabras.

Cuando el desayuno terminó, las chicas agradecieron la


comida y luego se dedicaron unos minutos a la tarea de re-
coger la mesa y lavar los trastes, quedándose acompañadas
solo por Ángel, quien tardó algunos minutos en terminar su
café, mientras Teresa subía a la planta alta para darse un
baño, algo que hizo que Vianey se imaginara la clase de
cosas que ella y su hermano pudieron estar haciendo en su
ausencia, pensamientos que la hicieron de nuevo sentirse
celosa, lo que a su vez la hizo experimentar esa curiosa cul-
pa que sentía cada vez que pensaba de esa manera en su
hermano.

- Bueno, ya terminamos aquí, así que… - trató de excusarse


la chica, mirando de una forma significativa a Anita para
tratar de que salieran de la cocina cuanto antes, sin embar-
go, Ángel no permitió que las cosas ocurrieran de esa mane-
ra.

- Anita, ¿Nos das un minuto, por favor? Necesito hablar con


mi hermana - dijo el muchacho, mirando con algo de severi-
dad a Vianey, mientras su amiga se ponía de mil colores
alternando su mirada entre Ángel y su hermana.

- Sí… bueno… esto… yo… te veo en tu ¿Cuarto? - pregun-


tó nerviosa, recibiendo solamente un asentimiento de parte
de Vianey, antes de que saliera de la cocina tan rápido como
le fue posible, al mismo tiempo que la aludida se sentaba de
nuevo, frente a su hermano.

- Ya sé que me excedí con los tragos, no volverá a pasar, es


solo que… - trató de excusarse la muchacha, creyendo que
tal vez de esa forma podría dirigir la conversación hacia un
terreno menos peligroso.

- ¿Quién es Ángel? - preguntó el chico, sin rodeos, mirando


a su hermana a los ojos, viendo cómo se le coloraban las
mejillas, desviaba la mirada y agachaba la cabeza.

- Es un chico que conocimos ayer, es bajito, un poco llenito,


de cabello negro y muy simpático ¿Sabes? Él me dijo…

- Cuando pretendas mentirme, al menos deberías ponerte de


acuerdo con tu amiga, porque la descripción que ella me dio
no tiene nada que ver con lo que me estás diciendo - le ad-
virtió el muchacho, cuya expresión de pronto pasó de aquel
rostro severo a uno de preocupación, una consecuencia de
tener una idea de lo que había pasado con su hermana, a
pesar de que aún tuviera que confirmar que sus suposicio-
nes no estuvieran erradas - no existe ningún Ángel ¿Cierto?
- dijo el muchacho, notando de inmediato la expresión de
culpabilidad y vergüenza que su hermana mostraba en
cuanto escuchó al chico refutando su historia, ella solamen-
te negó con la cabeza - y supongo que la historia que me
contaste de aquel chico que te gustaba tampoco es del todo
cierta ¿Me equivocó? - una vez más, Vianey negó con la
cabeza, haciendo que su hermano respirara profundamente,
que entendiera parte de lo que estaba pasando, confirmando
las sospechas que Teresa le había expresado acerca de que
su hermana supiera lo que estaba ocurriendo entre madre e
hijo - ¿Cuándo lo supiste? - preguntó el muchacho, una vez
más sin rodeos, haciendo que Vianey se hundiera más en su
asiento - Vi, tú no tienes por qué estar avergonzada, tú no
hiciste nada malo, pero necesito que me contestes lo que te
estoy preguntando ¿Cuándo lo supiste? - preguntó de nue-
vo, logrando que su hermana levantara al fin la mirada.

- La noche de la fiesta - contestó, pero desvió de nuevo la


mirada al hacerlo - llegué a la casa temprano y los escuché
cuando estabas con mamá, en su cuarto. No dije nada, por-
que no sabía cómo interpretarlo y me confundí, así que salí
de la casa cuando supe que habían terminado y me quedé un
rato afuera, pensando en lo que pasó y… bueno, cuando
entré lo hice haciendo un poco de escándalo para que supie-
ran que había llegado, también por eso me quedé un rato en
la cocina, no quería que… bueno, ya sabes - confesó la chi-
ca, sintiéndose avergonzada, sintiendo cómo de pronto todo
su rostro se ponía muy caliente. Ángel suspiró, sorprendido
por aquel arranque de sinceridad de su hermana, pero tam-
bién sintiéndose un poco aliviado al haber abierto las cosas
de una manera mucho más honesta.

- Y ¿Cómo es que eso te llevó a sentirte…?

- ¡No lo digas! Por favor, no lo digas - intervino Vianey an-


tes de que su hermano completara aquella pregunta, mu-
riéndose de vergüenza - Anita me contó lo que pasó y…
mira, no sé cómo sentirme con esto, ¿Sabes? Estoy muy
confundida, porque antes de saber lo que estaba pasando
contigo y con mamá, jamás hubiera pensado de esa forma
en ti, pero desde que lo supe, bueno, no lo sé, siempre te he
querido mucho, te extrañé mucho cuando te fuiste de la casa
y me enojé contigo porque lo hicieras, porque… bueno, eso
no viene al caso; el punto es que después de que los escuché,
no pude dejar de pensar en ti de esa forma, a pesar de que yo
misma tratara de reprimirme cuando lo hacía y… bueno,
supongo que por eso sentía la necesidad de que me mirarás
en los días que siguieron, quería llamar tu atención, no es
que pretendiera que pasara algo más, pero… bueno, no lo
sé, creo que me sentí un poquito celosa, porque tú tienes lo
tuyo con tu chica y con mamá, y yo… bueno, lo más cer-
cano que he tenido de estar con alguien fue ayer con Gerar-
do y lo estropeé - habló muy rápido, de una manera poco
cuidadosa, expresando con sus palabras solamente una pe-
queña parte de todo lo que pensaba y de todo lo que sentía.

- Escucha, para empezar, no tengo un algo con mamá, quie-


ro decir que no tenemos alguna clase de relación romántica,
lo que está pasando entre ella y yo es solo… - un ruido a las
afueras de la cocina hizo que Ángel se alarmara, que se le-
vantara de inmediato, asustado de que pudiera ser la amiga
de su hermana quien estuviera husmeando, tratando de en-
terarse de algo que no debía saber; por fortuna no encontró a
nadie y pronto se dio cuenda de que lo que se había escucha-
do fue nada más que el ruido producido por la caída de un
abrigo que alguien colgó mal en el perchero del pasillo; sin
embargo, aquella eventualidad fue suficiente como para que
el chico decidiera poner en pausa aquella plática con su her-
mana - mira, no quiero que te quedes con una idea equivo-
cada de lo que está pasando, pero tampoco quiero que nadie
se entere de esto, así que lo hablaremos más tarde, pero por
favor, mamá no debe enterarse de que lo sabes, no sé cómo
reaccionaría si supiera que conoces nuestro secreto, ¿De
acuerdo? - Vianey asintió - hablaremos de esto después de
que tu amiga se vaya, hay cosas que creo que debes saber
para que entiendas lo que está pasando, porque no hay nada
romántico entre mamá y yo, lo que pasa entre nosotros es
más… lo hablaremos después, por ahora ve con Anita y
hagan sus cosas ¿Está bien? - Vianey asintió de nuevo antes
de levantarse y salir de la cocina, sintiendo el estómago re-
vuelto y una ansiedad que parecía inmanejable, motivada
por la curiosidad que le generaba saber cómo empezaron las
cosas entre su madre y su hermano, así como entender lo
que en realidad estaba pasando entre ellos dos.

- ¿Qué te dijo? ¿Te regañó por lo de anoche? ¿Te dijo algo


de que te lo quisieras coger? - preguntó Anita en cuanto Via-
ney entró en la habitación, después de haber estado cami-
nando como loca por toda la recámara, desesperada por
saber qué era lo que Ángel le había dicho a su amiga.

Vianey no supo qué contestar de inmediato, pues a pesar de


que de alguna forma se sintió bien al hablar con Ángel de
una manera tan directa y honesta, no terminaba de sentirse
cómoda con todo aquello que no sabía, ante las preguntas
que quedaron en el aire durante aquella charla, razón por la
cual tardó unos segundos en regresar al mundo terrenal, sin
saber que decirle a su amiga, poniéndose un poco nerviosa
por un momento hasta que decidió decirle una mentira, es-
perando que fuera lo bastante creíble como para que la chica
la dejara en paz.

- Me regañó, me dijo que no debería tomar tanto y menos si


hay chicos en el lugar, y me echó una letanía de… bueno, ya
sabes como es, pero solo fue eso.

- ¿En serio? - preguntó Anita, un poco decepcionada - ¿No


te dijo nada acerca de esa forma tan aventada de decirle que
te lo querías…?

- ¡No, no dijo nada! Y será mejor que empecemos a fingir


que nada de eso pasó y que no te conté nada de… bueno, ya
sabes de qué, ¿De acuerdo? Recuerda que es mi hermano y
que tiene una novia, no quiero provocarle algún problema
¿Sí? - dijo Vianey, sintiendo una punzada en el estómago al
recordar a Janine, experimentando un poco de esos enfermi-
zos celos, una reacción que se complicó aún más cuando
pensó en Ángel y en su madre, algo que inevitablemente la
llevó a preguntarse si de alguna manera su hermano pudiera
sentir por ella aunque fuera un poco de la atracción que pa-
recía sentir por su mamá.

***

- Otra vez, gracias por recogernos, lamento haberte moles-


tado - se disculpó una vez más Anita con Ángel, quien la
acompañó hasta el auto que llegó para recogerla y llevarla a
casa.

- De verdad ¿No prefieres que yo te lleve? Solo tendría que


tomar las llaves y…
- No, no, está bien, ya te molesté mucho, pero me dio gusto
verte de nuevo, ¿Sabes? Tú eras mi amor platónico hace
unos años - dijo la chica, con ese atrevimiento que resultaba
tan natural en ella, robándole una sonrisa a Ángel que a su
vez también la hizo sonreír a ella.

- ¡Vaya forma que tienes de decir las cosas! Pero me temo


que ya estoy comprometido, creo que llegaste demasiado
tarde - bromeó el chico con la amiga de su hermana, hacien-
do que ella soltara una carcajada.

- Sí lo sé, pero… bueno, a mí no me molestaría compartirte


- dijo la chica, con coquetería, haciendo que Ángel meneara
la cabeza y le abriera la puerta del auto, antes de que ella se
metiera en el vehículo y se fuera, dejando al chico con el
dolor de estómago que siguió a su partida, pues sabía que el
momento de hablar con su hermana había llegado.

Vianey se encontraba en su habitación cuando Ángel volvió


a entrar en la casa. Teresa estaba en la sala mirando un pro-
grama en la pantalla y, por lo que el chico notó, parecía que
pronto se quedaría dormida, algo que le dio la confianza de
subir a buscar a su hermana, quien lo recibió vistiendo una
camiseta blanca y unos pequeños shorts, con el ánimo rela-
jado y la frescura de una mujer que acaba a de darse una
ducha profunda.

- ¿Podemos hablar? - preguntó Ángel, asomando la cabeza a


la habitación puesto que la puerta ya estaba abierta cuando
él subió.

- Sí, pasa - respondió Vianey, titubeante, mordiéndose el


labio inferior con algo de aprensión, mientras miraba a su
hermano al acercarse a ella y se sentaba a su lado, sobre la
cama, recargando ambos la espalda en la pared.
- No sé por dónde empezar - confesó Ángel, quien había
pasado una buena parte del día y la tarde pensando en lo que
le diría a su hermana, en la forma como trataría de explicar
lo que estaba pasando con su madre - mamá se sentía muy
sola después de que papá murió, me dijo que trató de encon-
trar, en todos esos hombres con los que se estuvo acostando,
un poco del amor que perdió cuando mi papá se fue, que esa
fue su principal motivación para llevar la vida que llevó
antes de que yo llegara. Luego regresé a casa y las cosas
cambiaron, sobre todo cuando la cuestión del testamento
quedó resuelta sin que ella recibiera algo de parte de…

-Ángel, no le des vueltas al asunto, todo eso ya lo sé; lo que


no entiendo es cómo fue que tú y ella terminaron… bueno,
ya me entiendes - intervino Vianey, notando de inmediato lo
tenso que su hermano se puso cuando pronunció aquellas
palabras.

- Mira… ¡Rayos, pensé que jamás le diría esto a nadie! -


exclamó el chico, llevándose las manos a la cabeza en una
expresión de nerviosismo ante lo que estaba por decirle a su
hermana, una parte de la historia que, a pesar de lo mal que
lo hacía sentir consigo mismo, creía que era indispensable
que su hermana conociera, pues de otra forma cualquier
cosa que le dijera carecería de sentido al no tener idea de lo
que pasó años atrás entre él y su madre - todo tiene que ver
con la razón de que me fuera de aquí y… bien, te lo contaré,
pero por favor, trata de no odiarme, porque sé que lo que
hice no estuvo bien y te juro que no he dejado de sentirme
mal por ello, al menos no hasta que hablé con mamá de lo
que pasó esa noche ¿De acuerdo?

Vianey asintió con la cabeza por toda respuesta, experimen-


tando esa molestia en el estómago que era generada por la
ansiedad que le provocaban tantas dudas y secretismo de
parte de su hermano, una sensación que fue transformándo-
se poco a poco en reacciones propias del enojo y la sorpresa
cuando el chico le relató lo que hizo aquella noche varios
años atrás con su madre, una anécdota que hizo enojar a
Vianey hasta que Ángel le explicó que su madre lo había
sabido todo desde que ocurrió y que, al menos por lo que
ella le dijo, lo había disfrutado al igual que lo hizo su hijo.

- Creo que lo que sintió en esa noche fue lo que le hizo creer
que tal vez podría encontrar en mí un poco del amor que no
le daría más papá y que tampoco encontró en sus episodios
con esos hombres, por ello mismo fue por lo que hicimos el
trato de que ella dejaría el estilo de vida que había llevado
después de que papá murió, a cambio de que yo accediera a
tener relaciones con ella y… bueno, esa es la razón de lo que
pasó la noche en que nos escuchaste. Como te lo dije, no
hay nada romántico en esto, es solamente una forma de sus-
tituir de alguna manera la función que papá tenía en su vida,
de llenar de algún modo el vacío que él dejó.

Las palabras de Ángel resonaron por algunos segundos en


la cabeza de Vianey, en cuyo pensamiento se repetían partes
específicas de todo lo que su hermano dijo, sin que termina-
ra de creerse que entre su madre y Ángel no hubiera algo
más que solamente un convenio.

- ¿Por qué lo hiciste? Quiero decir…

- Sé lo que quieres decir - intervino el chico - y podría decir-


te que fue la situación, que solamente fue algo del momen-
to, que estaba muy excitado después de ver esa película y
que… la verdad es que mamá siempre fue una mujer muy
hermosa, y desde que entré en la adolescencia me sentí muy
atraído por ella, algo que según dicen es más o menos nor-
mal, pero… mira, yo traté de que ese deseo no me controla-
ra y supongo que mi atracción por mujeres mayores fue
parte de la forma como afronté lo que mamá me inspiraba,
pero no fui tan fuerte como para evitar que me superara en
la noche en que todo pasó. No creas que fue fácil asumir las
consecuencias de lo que hice, me fui de la casa para evitar lo
que sentí después de eso, porque me daba miedo sentirme
tan atraído por mi mamá y… cuando regresé nos besamos,
se dio casi natural y fue maravilloso. Mentiría si te dijera
que no deseaba que volviera a pasar, a pesar de… - Ángel se
quedó de pronto callado, justo en el momento en que la ima-
gen de Janine se le cruzó por la cabeza - no sé qué es lo que
pasará con mi novia, ni tengo idea de cómo terminarán las
cosas con mamá, porque sé que hacerlo con ella le ayuda a
no recaer en esa vida que llevó cuando estaba con Julio, y si
soy honesto, no quisiera que lo que hacemos terminara,
pero, por otro lado, también sé que si esto continua, tarde o
temprano lo que tengo con mi chica terminara y no de una
forma muy agradable - dijo con tristeza, haciendo que su
hermana entendiera que él tampoco estaba pasando por un
buen momento, algo que a la chica le quedó claro tras ha-
berlo escuchado hablar de esa forma, con ideas que parecían
estar desconectadas unas de las otras, impregnando cada
una de sus palabras de nerviosismo y de un miedo muy in-
tenso ante la posibilidad de perder lo que tenía con la chica
a quien tanto amaba.

Vianey se sintió de pronto abrumada por todo lo que Ángel


le dijo, más aún cuando identificó en sus palabras algunas
que describían lo que ella sentía por su hermano, esa culpa-
bilidad por desear a alguien de su propia familia, esa duali-
dad entre lo que quería y lo que sabía que era correcto. Un
suspiro escapó de su boca cuando pensó en ello, entendien-
do que lo que sentía por su hermano no podía ser, que el solo
plantearlo le llevaría muchos más problemas a Ángel en una
vida que ya resultaba complicada, una serie de considera-
ciones que, por otro lado, también la hicieron preguntarse
¿Cómo demonios lidiaría con la atracción que sentía por su
hermano? ¿Cómo podría socavar esos deseos que la hacían
querer besarlo en ese momento y ese algo que la hacía sen-
tirse celosa de su madre y de la novia de Ángel?

- Quiero preguntarte algo más - dijo Ángel, temblando por


dentro ante lo que estaba por preguntarle a su hermana.

- Dime.

- Lo que dijiste ayer ¿Era real o solamente fue producto de


la borrachera que llevabas encima?

- No lo sé - contestó a chica, sorprendida ante la forma tan


directa como su hermano abordó ese tema en particular,
haciendo que se preguntará cuál era la razón de que lo hicie-
ra, una interrogativa que la hizo sentirse nerviosa, después
de todo, se encontraba ante el chico por quien sentía una
gran atracción, aunque ni siquiera ella fuera capaz de enten-
der con exactitud lo que experimentaba por su hermano -
mira, como te lo dije antes, desde que los escuché comencé
a pensar en ti de una forma… quiero decir, comencé a verte
como hombre y no solo como mi hermano, pero no estoy
segura de lo que siento, sé que me atraes de alguna manera,
y tal vez solo sea cosa de lo que está pasando, una idea que
se me plantó en la cabeza después de que supiera lo que
hacías con mamá y… sí, de alguna manera creo que lo que
dije fue real, porque lo he pensado varias veces, me he ima-
ginado cómo sería, pero también creo que no espero que
llegue a pasar nada entre nosotros, no en realidad, porque
creo que eso solo complicaría las cosas, que te complicaría
más la vida y creo que ya tienes bastante con todo con lo que
estás lidiando - explicó Vianey, sintiéndose muy nerviosa,
hablando sin encontrar del todo el sentido de sus propias
palabras, guardándose para sí misma lo que en realidad sen-
tía, fingiendo que su atracción no era tan importante, nada
que no pudiera controlar, a pesar de que sintiera un cosqui-
lleó en la parte más íntima de su cuerpo tan solo por estar
tan cerca de su hermano, por sentir la manera como su brazo
se rozaba con el de ella y experimentar su olor estando a tan
solo unos centímetros de distancia del chico que le había
robado el pensamientos durante los últimos días.

Por su parte, tras haber escuchado los sentimientos de su


hermana, Ángel entendió que sabía muy bien cómo se sen-
tía Vianey, porque de alguna forma fue lo mismo que él vi-
vió con respecto de su madre cuando era más joven, antes
de que aquella infame noche tuviera lugar, sintiendo un
poco de lástima por su hermana al recodar lo poco grato y lo
desesperante que a ratos llegaba ser el estar tan cerca de una
tentación en la que no debía permitirse caer; no obstante, si
Vianey en algo tenía razón, era en el hecho de que su vida ya
era lo bastante complicada como para meterse en más pro-
blemas de los que ya tenía al tener relaciones con su madre
y estar comprometido con aquella chica que tanto había
amado durante los últimos años.

- ¿Crees que puedas estar bien? ¿Crees que puedas vivir con
lo que sientes? - preguntó a pesar de conocer la respuesta,
sabiendo perfectamente que aquello era imposible, que no
había forma de que su hermana pudiera dejar de lado lo que
sentía, porque él ya había pasado por lo mismo, un hecho
que lo hizo temer ante la posible eventualidad de que esa
clase de deseos que lo llevaron a cogerse a su madre cuando
tuvo la oportunidad, llevaran también a su hermana a come-
ter una locura de la misma magnitud, una que seguramente
cambiaría sus vidas, que podría estropearlo todo para él,
para su familia y para la vida que hasta hacía unas semanas
planeaba tener con Janine cuando se hubieran librado de la
universidad.

- Sí, eso creo, me parece que esto será solo algo pasajero,
nada de lo que tengamos que preocuparnos - dijo la chica,
forzando una sonrisa al final, antes de que Ángel asintiera,
de que la volteara a ver mientras Vianey bajaba la mirada,
sintiendo algo extraño cuando se dio cuenta de que, por pri-
mera vez en su vida, miraba a su hermana como una mujer y
no como una niña, un hallazgo que lo hizo tragar saliva, que
de manera inconsciente lo hico mirar la forma como los
senos de esa chica se dibujaban en la camiseta que llevaba
puesta, al mismo tiempo que notaba el aroma de esa mujer
cuyas palabras abrieron una puerta que hizo temblar de mie-
do a su hermano, cuando se dio cuenta de que algo en toda
aquella situación había logrado hacer que cambiara la forma
como entendía la naturaleza de su propia hermana.

Ángel se despidió de Vianey sabiendo que las cosas estarían


lejos de arreglarse, entendiendo que ese último vistazo que
le dio a su hermana fue distinto, que el hecho de que se hu-
biera planteado la posibilidad de tener algo con ella había
movido algo en su cabeza y en sus pensamientos, una idea
que trató de negar por horas hasta que se dio cuenta de lo
peligrosa que había resultado, esa misma noche, horas des-
pués de que hubiera hablado con su hermana, cuando Teresa
fue a buscarlo a su cuarto, vistiendo nada más que un peque-
ño y transparente camisón que permitía a Ángel acceder a
una vista detallada de sus senos y de sus labios, algo que a
su vez hizo que el chico sintiera miedo de lo que pasaría si
su hermana llegara a escucharlos, si aquella atracción que
comenzaba a sentir Vianey se hiciera más grande al saber
que una vez más estaba teniendo sexo con su madre.

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