QQ∴ HH∴, recibid un triple abrazo fraternal en nombre de todas las Logias de la
Jurisdicción, de la Muy Resp∴ Gran Logia del Estado de Baja California de Antiguos, Libres
y Aceptados Masones, y de mi Madre Logia, la D∴ L∴ y P∴ R∴ L∴ S∴ “Energía” No. 13 del
Or∴ de Ciudad Morelos.
Es para mí un honor dirigirme a vosotros en este magno Encuentro, no como voz
individual, sino como portavoz del trabajo colectivo de mis HH∴, con la profunda
convicción de que la Masonería sigue siendo una fuerza esencial en la construcción de
una América unida, justa y fraterna.
He titulado mi proyecto “La Masonería como Arquitecta Silenciosa de la
Integración Americana”, porque estoy convencido de que nuestra Orden, discreta en
su proceder, ha sido y seguirá siendo el cimiento moral de los grandes procesos de
transformación de nuestro continente. Nuestros próceres, formados en los talleres
masónicos, llevaron consigo los principios del silencio, la palabra, la fraternidad y la
virtud. Francisco de Miranda soñó con una América unida; Simón Bolívar buscó darle
forma en el Congreso Anfictiónico de Panamá; José de San Martín demostró que la
libertad se conquista con sacrificio y disciplina; y Benito Juárez nos enseñó que la ley es
la escuadra de la paz.
Ellos fueron masones, pero sobre todo hombres templados en el carácter y educados en
el arte de gobernarse a sí mismos antes de gobernar a otros. Esa enseñanza sigue
vigente: la emancipación verdadera comienza en el hombre, en su conciencia, en su
deber.
QQ∴ HH∴, tengo apenas 24 años, y quizá parezca poco tiempo para hablar de integración
continental, pero mis casi tres años de camino en la Orden me han mostrado que la
escuadra, el compás y la plomada no son símbolos muertos, sino llaves vivas para
transformar a la sociedad. La escuadra exige rectitud, el compás prudencia, y la
plomada integridad. Si estas virtudes se cultivan en lo íntimo, sostendrán repúblicas,
unirán pueblos y harán posible la América que soñamos.
Por eso digo con firmeza: la Masonería debe seguir siendo arquitecta silenciosa de la
integración. No para imponer, sino para inspirar; no para gobernar, sino para servir; no
para levantar discursos, sino para forjar hombres y mujeres rectos, justos y fraternales.
Que, al volver a nuestros Orientes, cada uno sea mejor hijo, mejor padre, mejor
hermano, mejor ciudadano. Porque si trabajamos nuestra piedra bruta, América será un
templo digno de permanecer en pie.
Hoy, aquí en Cartagena de Indias, lugar donde Bolívar soñó con la unión de nuestras
repúblicas, tenemos la oportunidad de continuar esa obra. No repitamos los errores del
pasado, no cedamos a la fragmentación que advirtió el Libertador en su Carta de
Jamaica. Hagamos de este Encuentro un Taller continental donde el diálogo sustituya la
discordia, la fraternidad supere fronteras y la justicia sea la argamasa que nos una.
Si nuestros antecesores pudieron soñar con repúblicas libres cuando parecía imposible,
¿cómo no soñar nosotros con una América unida cuando ya tenemos repúblicas en pie?
Ellos lo hicieron con la espada y la pluma; nosotros lo haremos con la palabra y la
fraternidad.
Vengo de un rincón apartado, en los límites del desierto y cerca de la frontera norte de
México. Traigo la voz de mis Hermanos, de mi Madre Logia, y la certeza de que, aunque
seamos pocos, somos fuertes en convicción. Donde haya un Taller vivo, allí late la
esperanza de un continente unido.
QQ∴ HH∴, levantemos juntos esa obra. Hagamos que la Masonería siga siendo arquitecta
silenciosa de la integración americana: con firmeza, fraternidad y hechos. Que el G∴ A∴
D∴ U∴ ilumine nuestros pasos, y que América, bajo el espíritu masónico, alcance la
unidad justa, armónica y perdurable que nuestros próceres soñaron y que estamos
llamados a construir.