0 calificaciones 0% encontró este documento útil (0 votos) 16 vistas 92 páginas Revista Tablas
El documento analiza diversas obras y temas del teatro cubano y africano, destacando la obra 'Weekend en Bahía' de Abelardo Estorino y el Koteba, una forma teatral popular en Mali. Se discuten las experiencias de jóvenes actores en el teatro cubano y se presenta un estudio comparativo de las manifestaciones culturales en África y América Latina. La revista Tablas, editada por el Centro de Investigación y Desarrollo de las Artes Escénicas, incluye ensayos sobre la identidad cultural y el proceso creativo en el teatro.
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e Aplausos para la prodigiosa zapatera
eKoteba y teatro de relaciones
¢ Tres clasicos del teatro cubanoEL KOTEBA Y EL TEATRO DE RELACIONES/ Racine Moctar Dia/ UN PA-
PALOTE EN CADIZ/ Mayra Navarro/ APLAUSOS PARA LA ZAPATERA/
Maria Elena Lorenzo/ TRES CLASICOS CUBANOS/ Mario Rodriguez Ale-
man/ SIEMPRE PELUSIN DEL MONTE/ Enrique Pérez Diaz/ DIARIO DE
TORONTO/ Freddy Artiles/ WEEKEND EN BAHIA, DOS MUNDOS INCOM-
PATIBLES/ Abelardo Estorino/ LIBRETO No. 14: WEEKEND EN BAHIA/ Al-
herto Pedro/ LIMOGES '86/ Rosa Ileana Boudet/ JOVENES ACTORES POR
UNA EXPRESION MAS PLENA/ EL TEATRO POPULAR/ Luis Britto Garcia/
LIBROS/ INVENTARIO DE INEDITOS/ CONCURSO DE TABLAS/ SUS-
CRIBASE.
Weekend en Bahia
El encuentro de dos mundos incom-
patibles a través de la visién perso-
nal de un joven autor. El destacado
dramaturgo Abelardo “Estorino_pre-
senta la altima obra de Alborto
Podro.
Jovenes actores por una expresién
‘mas olena
Diez actores de promociones re-
clentes debaten, desde sus diversas
cexperioncias, acerca de sus. aspira-
clones artisticas y su papel en cl
movimiento teatral cubano.
El Koteba y el teatro de relaciones
Anilisis comparativo de dos formes
teatrales que expresan rasgos coin-
cidentes de la identidad cultural de
dos manifestaciones populares de
Weekend in Bahia
The meeting of two mutually exclu-
sive worlds through the personal
scape of a young author. The outs-
tanding dramatist Abelardo Estorino
introduced Alberto Pedro's last play.
Young actors for a more wholeso-
me expression
Ten young actors discusses, from
their own different experiencies,
their artistic goals and their roles
in the Cuban theatre.
Kot
‘A comparative analyses of two thea-
trical forms showing similar featu-
res in the cultural identity of populcr
art in Africa and Latin America,
‘and the “teatro de relacio-
Africa y América Latina,
Revista Tablas No. 2 abril-junio de 1987. Editada por el Centro de Invest
gacién y Desarrollo de las Artes Escénicas. Directora: Rosa lleana Boudet,
Editores: Vivian Martinez Tabares y Amado del Pino. Disefio: Orlando Sil-
vera. Administracién: Unidad Presupuestada de Teatro y Danza. Cada tra-
bajo expresa la opinién de su autor. Redaccién Revista Tablas, Lombillo
605 e/ Ermita y Boyeros, Plaza. Impresa en los talleres de la Imprenta
Urselia Diaz Baez. Precio oficial en Cuba: 40 centavos.
Portada: Weekend en Bahia, Mirta Ibarra y Ramén Veloz, foto de Argel.
Reverso de portada: La zapatera prodigiosa, foto de Wildy. Contraportada:
Fernando Hechevarria, actor del Teatro Escambray, foto Marquetti y rever-
so de contraportada; El becerro de oro, puesta de Teatro Estudio, foto
Marquetti.EL KOTEBA
Y EL TEATRO DE RELACIONES
———_——
Tablas publica parte del ensayo Presencia de tres mode-
los teatrales del Africa Subsahariana en el teatro de rai-
ces afrocubanas que sirvié de tesis de grado al teatré-
logo maliense Ra
Superior de Arte.
RACINE MOCTAR DIA
Por primera vez se dio a conocer en el
mundo occidental la existencia de un ver-
dadero teatro africano cuando Maurice
Delafosse, en 1916, publicé un articulo so-
bre el Kote Manyaga. Delafosse habia sido
informado acerca de esta forma teatral por
el intérprete Moussa Travéle. Doce afios
més tarde, otro etndgrafo francés, Labou-
ret, junto al mismo Moussa Travéle, pubii-
can un estudio sobre el teatro mandinga
que titulan “Kote Koma Manyaga”, nombre
dado por sus intérpretes a un divertimento
Ptiblico realizado en la plaza de la aldea
que Labouret y Travéle traducen como
urlas de las cosas de la asociacién”.!
Para Maurice Delafosse la palabra kote re-
mitia a otra: kore, la que define como
vertimento cémico 0 satirico; especie de
farsa 0 comedia satirica, pantomima; com-
pafiia de cémicos o asociacién de come-
diantes 0 de mimos"? y ademés relaciona
el término con kore-yuga, que es un bufo
© payaso que distrae al publico con sus
buenas palabras en una representacién c6-
mica
1 Travéle. Moussa y Labouret: Citado por Claude
Meillassoux, En su: La farsa aldeena en Ia ciudad:
el “Koteba de Bamako". Revista Presence Africaino,
Paris, Abril 1964, p. 34.
2 Delafosse, Maurice: Teatro en los negros. Co-
leccién Anny. Men. 1916, [Link]. p. 354.
2
Moctar Dia, egresado del Instituto
Otro significado da D. Kahan a la palabra
kote. Para él es una variante dialectal de
la voz kore, juego de habilidad practicado
por los nifios con una concha de caracol
(kore) de |a cual saca su nombre. Hay otros
estudiosos que relacionan el término con
un juego o una fiesta bambaré en la que se
mide la resistencia humana a través de la
flagelacion. Aqui el kote adquiere categoria
iniciética cuando los viejos someten a los
jévenes a distintas pruebas por medio del
fuego y la flagelacion. Bakary Traoré, inves-
tigador maliense, tiene dos acepciones
para la expresién Kote Koma Manyaga. La
primera es un divertimento a propésito del
casamiento y la segunda se refiere a la
sociedad de flagelacién.
En fin, para nosotros el Kote Koma Manya-
ga © Koteba es una fiesta bambaré en la
cual se representa un espectéculo folklé-
rico y draméatico de carécter fundamental-
mente satirico donde los integrantes-acto-
res se proponen criticar los hechos negati-
vos de la sociedad aldeana por medio de
la risa y donde los personajes femeninos
son intérpretados por hombres.
EI origen de esta manifestacién se ubica
en las regiones del Beledugu con Kolokani
como centro. El koteba existe también en
Bamako, capital de Mali; en Segd, cuarta
provincia administrativa del pais; en el “Yi-© £1 Grupo Dramitico de Mali durante et Festival de Nancy, 198.
tuini'” y en el “Wasulu” (pais de los man-
dingas). Se le encuentra también en Sikaso,
en el oeste de la repdblica, en las zonas
del “Kasho”... Etnicamente pues, el Ko-
ieba interesa en primer lugar a los bam-
bard y después a los integrantes de las
demés etnias: Jos fulaké, los mandingas,
sentifos, los kashokés, etcétera, De esas
variaciones en las zonas de manifestacién
se derivan las diferentes definiciones. Los
que no conocen [Link] son las et-
nias del norte y el este de Mali, debido a
la fuerte influencia islémica que han reci-
bido.a través del permanente contacto con
el mundo drabe. Las etnias poco influencla-
cas por la religion islamica prefirieron con-
servar su cultura, de ahi quizés que este
espectaculo mantenga el cardcter de ini-
ciacién,
Las etnias bambard, sentifos, mandinga,
aunque islamizadas, practican colateral-
mente ‘el animismo como creencia despla-
zada pero vigente. En el Beledugu, donde
radican los 'bambaré, por ejemplo, existen
sociedades cuyos miembros estén unidos
entre si por juramento, que serian capaces
de manipular, segtn ellos, fuerzas sobrene-
turales que los protegieran contra sus ene-
migos. Se revela otro aspecto del carécter
de i jon del espectéoulo, ademas de
la prueba de resistencia fisica o de pacien-
cia: la creencia religiosa,
Puede decirse entonces que el Koteba, se-
gin las fuentes escritas, tiene cardcter
pagano en tanto se desarrolla en fiestas
populares como simple divertimento; tiene
cardcter religioso puesto que, en su esen-
cia las sociedades se sirven de él para
protegerse de sus enemigos, y tiene ca-
racter social porque sus temas tratan la
problematica de la sociedad con el fin de
criticarla severamente.
En este estudio se ha escogido como ejem-
plo representativo del Koteba tradicional
un grupo que radicé en la capital de Mali
dirigido ‘por Zangué Niaré, originario de
Guifién como Koteba-tigui 0 jefe del Kote-
ba.
Zangué Niaré llegé a Bamako en 1937 para
ingresar en la policia y comenz6 a nuclear
gentes que sabian danzar el Koteba. Asi
fueron integrandose a su grupo jévenes
oriundos de Kolokani, foco principal del
espectaculo. Los primeros tambores los
fabricé el propio Niaré con sus medios y
los primeros ensayos tuvieron lugar en su
casa. La primera representacion, celebrada
en un campamento de trabajadores, tuvo un
éxito rotundo y otros obreros se sumaron
al grupo. Esto siguié sucediendo hasta
1946, fecha de la abolicidn del trabajo for-
zado en las antiguas colonias francesas
que libero todas las esferas de la vida
econémica del pais del trabajo sin salario.
Este acontecimiento politico provocé el
desmembramiento del grupo de Zangué
cuando la mayoria de sus integrantes, tra-
bajadores sin suelo de la metropoli, regre-
3saron a sus tierras y s6lo quedaron los
nativos o residentes.
Entre 1950 y 1963 el grupo se mantuvo
con un promedio de veinte integrantes, el
mayor ndimero lo alcanz6 en 1953 con tréi
ta y tres miembros, de los cuales cinco
eran mujeres,
Para la integracion del colectivo no habia
prevalecido ningin criterio salvo que era
necesario conocer algunos elementos co-
reograficos 0 draméticos. Sequin los datos
que aparecen en el trabajo de Claude Mei-
lassoux “La farsa aldeana en la ciuda
el Koteba de Bamako", publicado en la re-
vista Presence Africaine, se puede apreciar
el origen genuinamente bambara del es-
pectaculo, de acuerdo a la composicién
6tnica del grupo. En 1965 los miembros
se dividian en diez bambard, diez mandin-
gas, tres fulaké, dos sarakole, un peul y
un suraka. Son evidentes también las rai-
Ces populares si se toma en cuenta la ocu-
pacién profesional de los integrantes (poli-
cfas, tejedores-artesanos, barberos, un
obrero soldador y un empleado de comer-
cio). Hay que sefialar ademés el cardcter
urbano de este colectivo pues en los gru-
pos radicados en las aldeas casi todos los
miembros son agricultores 0 ganaderos.
EL PROCESO CREATIVO
La obra dramética se concibe en el seno
del grupo, a partir de la idea de un actor
que se la comunica al Kotebe+tigul. Esa
idea puede llegar a ser o no la base del
espectaculo, que entonces se descompo-
ne en dos partes: la danzaria o Kote-dén
y la dramética compuesta a su vez de va-
ios sainetes,
La primera parte es ejecutada por hombres
y mujeres. Los primeros llevan cascabeles
amarrados en los jarretes para dar mas
sonoridad a los pasos y apoyar el ritmo
de los tambores. El baile es muy vigoroso;
comienza fuera de la aldea y a medida que
la procesién avanza va aumentando el pu-
blico, compuesto de mujeres, hombres y
nifios. La caravana atraviesa toda la aldea
por las calles principales hasta llegar al
lugar de la representacin. En el caso de!
grupo de Zangué radicado en Bamako el
Koteba se presentaba por invitacién.
Al comunicar la idea de un actor al: jefe
del Koteba, el espectaculo se elabora en
4
comin, a la manera de la Comedia del Arte
italiana, Esta primera etapa se basa fun-
damentalmente en las observaciones que
hacen los actores en los lugares publicos,
en el mercado, donde anotan las situacio-
nes cémicas, el comportamiento de las
personas, las distintas maneras del habla,
€n fin, los acontecimientos de la vida dia-
#la que luego incorporan en el desarrollo
de la obra o en la construccién de los per-
sonajes. En colectivo se crea el argumento,
se tejen las intrigas, se pasan las réplicas,
se interrelacionan las escenas y van sur-
giendo los personajes que son, en su mayo-
ria, tipos: el invalido, el ciego, el cojo, el
cazador torpe, la mujer adiltera, el marido
engafiado, el vanidoso...
Cuando al sainete no puede afiadirse nada
més se hace un ensayo general en el cual
se presentan las dos partes del espectécu-
lo, Después de ese ensayo los actores-bai
larines no tienen més oportunidades de
improvisar, aunque a veces sucede y esto
ocasiona nuevas situaciones en el desarro-
Ilo habitual de! sainete.
El Koteba se representa en ocasién de una
ceremonia social, generalmente una cir-
cuncisién, y tiene lugar en el patio de
la casa del jefe de familia que invita o en
la calle, frente a la misma casa. El espacio
escénico tiene una superficie de quince a
veinte metros de costado y serd ilumina-
do Gnicamente por uno o dos faroles colo-
cados encima de un mortero vuelto boca
abajo. El material para la confeccion del
vestuario y la utileria es ofrecido por el
que invita al grupo y se reduce a elementos
muy simples, en la mayoria de los casos
son objetos de uso corriente. Por eso el
Koteba es un teatro convencional por ex-
celencia, a partir de la simplicidad en el
uso de los accesorios.
El actor puede servirse de un pilén por
un fusil o una simple tablita con un corde!
anudado en sus extremos simbolizaré una
guitarra. En la actuacién, igual que en la
nocién del espacio, existen signos conven-
cionales para revelar al publico el. signi
cado de ciertos gustos y el cambio del
lugar escénico. Acerca de este ultimo Clau-
de Meillassoux observa:
La accién se divide entre el pueblecito
y la maleza. Un desplazamiento alre-
dedor o a través de la pista indica un
cambio de lugar: de la casa del jefe© El Koteta, manifestacién popular del teatro de Mall.
del pueblecito a la del personaje o
del pueblecito al campo. Si en el des-
plazamiento est supuesto cubrir una
larga distancia, el personaje lo cum-
ple dando vuelta varias veces alrede-
dor de la pista y contando, El diélogo
basta generalmente para indicar don-
de se sitda la accin. El espacio dis-
ponible se utiliza al maximo para fi-
gurar la lejanfa: un. personaje que
se separa es, convencionalmente in-
visible por los demés actores: ellos
van a fingir no verlo hasta el momento
en que él se haya, siempre convencio-
nalmente, acercado bastante bien. Si
un actor quiere expresar que se es-
conde de los demds, él se agacha 0
se mezcla entre los espectadores,
dandose dos acciones simulténeas al
mismo tiempo en los dos espacios
escénicos?
8 Meillassoux, Claude: La farsa aldeana en la ci
dad: El Koteba de Bamako. Presence Africaine, Pa-
ris, abril 1964, p. 40.
EI canto es uno de los principales resortes
draméticos que emplea el Koteba para la
identificacién del personaje, para cubrir el
tiempo de un desplazamiento 0 para la pre-
paracién de un nuevo episodio. De igual
modo, puede ser utilizado para subrayar
el suspenso en la obra.
En la galeria de los personajes se encuen-
tran tres categorias, utilizadas por cas! to-
dos los grupos de esta forma teatral: en la
primera fila estan invdlidos, traviesos, bru-
tos e hipécritas que son presentados como
personajes cémicos, el ciego astuto o muy
facil de engafar, segun el caso, el leproso
colérico, el elefantidsico con testiculos
enormes. Ellos siempre buscan aprovechar-
se de su invalidez y de la desventaja de los
aldeanos, Después vienen los personajes
clésicos como el maestro de escuela tra-
vieso, la comadre murmuradora, la mujer
veleidosa, el cazador vanidoso, el griot co-
barde y el esclavo insolente. La tercera
categoria interesa las etnias proximas a la
bambaré, creadora del Koteba. Se trata de
las etnias Mosi, Bobo y Fula.Los personajes de ambos sexos son adul-
tos; los tipos que aparecen generalmente
son hombres casados u hombres j6venes
solteros y gallardos. Ellos se enfrentan a
mujeres casadas relativamente jévenes,
pues no se mencionan las ancianas respe-
tables ni las muchachas virgenes.
Un resorte utilizado en la tematica del Ko-
teba es el deseo sexual, Siempre el hom-
bre soltero, el Kamalé en bam, esta repre-
sentado como agitador del orden social
establecido y cémplice del escéndalo: la
mujer casada miente a su marido para en-
contrar su galante, lo esconde, favorece
su huida y lo protege. El marido juega el
papel de enderezador de las normas socia-
les cuando al final de la obra aparece para
dar una paliza al galante.
Ademés de los deseos sexuales el Koteba
aborda también la cobardia, la jactancia,
la pereza, la tonteria, la avidez, como ca-
racterizaciones principales de sus persona-
jes.
Los temas generalmente tratan los proble-
mas matrimoniales y sociales. Uno de ellos
es el abuso de los “morabitos” con los
pueblerinos por su ignorancia y su credu-
lidad en la religién musulmana. Otro asun-
to es el de la mala mujer que maltrata a
sus hijos en lugar de educarlos. El Koteba
se propone la desmitificacion y la critica
a partir de la denuncia de la apariencia en-
gafiosa de ciertas personas malévolas, Es
Un teatro satirico y de profundo contenido
social. Con un repertorio compuesto de
obras de diversas teméticas encuentra en
la risa su recurso expresivo por excelen-
cia. Y es sabido que la comedia es el géne-
ro teatral que més se presta a la sdtira
social.
La misica y el canto, elementos integran-
tes de la dramaturgia de! Koteba, intervie-
nen para identificar los personajes, sirven
para sefialar el comienzo de los sainetes,
subrayan los suspensos y anuncian el de-
senvolvimiento de las acciones.
El Koteba carece de decorado escenogréfi-
co. El lugar escénico se anuncia en uno de
los textos que dice algin personaje en
escena. Como puede verse, el Koteba es
un teatro simple, con recursos draméticos
y escénicos limitados. Su popularidad na-
ce de la relacién que logra establecer en-
6
tre el espectdculo y el publico, del hecho
teatral mismo.
En la década del cincuenta de nuestro si-
glo desaparecia en Santiago de Cuba una
de las formas més populares del teatro
cubano que venia desarrolléndose desde
la colonia: el Teatro de Relaciones, que
José Antonio Portuondo define como:
...ciertos dramas y comedias en un
acto que suelen representar durante
los mamarrachos, es decir, los dias
24, 25 y 26 de julio —Santa Cristina,
Santiago y Santa Ana respectivamen-
te— en Santiago de Cuba, pequefios
grupos de actores improvisados, ne-
gros y mulatos, con muy escasa pre-
sencia de blancos en los Ultimos
tiempos, préximos ya a la desapari-
cién del género, y en los cuales los
papeles femeninos son interpretados
por hombres.‘
\
Estas fiestas de mamarrachos eran muy po-
pulares y en ella, la mejor relacién recibia
un premio por parte de! ayuntamiento de
Santiago de Cuba, lo que le daba un respal-
do oficial y carécter competitivo a estas
obras dramaticas,
Los preparativos comenzaban varios meses
antes de los tres dias santos de los mama-
trachos. La organizacién del espectaculo in-
cluia un trabajo dramaturgico previo. El
texto solia provenir de obras originales
adaptadas. Mientras tanto, otros se ocupa-
ban del arreglo de los trajes. E! vestuario,
adaptado al color local de las fiestas, era
abigarrado y atrayente. El decorado, esque-
matico, estaba revisado de acuerdo a las.
condiciones de un espectaculo ambulante
Dias antes del comienzo de los mamarra-
chos, y esto confirma el origen popular
de las relaciones, los actores solicitaban
permiso a algunas personas conocidas por
haberles ayudado en algtin servicio domés-
tico para que fueran sus padrinos. Los pa-
drinos y madrinas regalaban a sus ahijados
monedas para prenderse al pecho. El dia
de Santa Cristina los relacioneros recorrian
las calles visitando las casas de los padri-
nos y de inmediato se improvisaba un es-
cenario en la sala 0 el patio, o a veces
frente a la casa que recibia a los actores.
4 Portuondo, José Antonio: Aleance de las rela-
clones. En su Astrofabio, coleccién Cocuyo, Editorial
Arte y Literatura, La Habana 1973, p. 163.(© 1 Teatro de Relaciones en Santiago do Cuba: De cémo Santiago Apéstol puso foe ples en Ja terra
Un biombo, detrés del cual se cambiaban
el vestuario, era el Ginico decorado.
Hasta este punto pueden anotarse dos ca-
racteristicas idénticas entre el Koteba y el
Teatro de Relaciones Santiaguero: en cada
uno de ellos los personajes femeninos son
representados por hombres y ambos son
espectéculos callejeros.
Al preguntarnos sobre el origen del Teatro
de Relaciones encontramos también varias
definiciones. Una de ellas se refiere a su
cardcter narrativo més que de dramatiza-
cidn: “En el poema dramatico, trozo largo
que dice un personaje, ya para contar o
Narrar una cosa, ya con cualquier otro fin.
Romance de ciego. Relacionero. El que he-
ce o vende coplas o relaciones”®
No obstante, ya a finales del siglo XVII se
empleaba el vocablo para denominar “frag-
mentos de comedias, generalmente mond-
logos y también didlogos breves, con algun
juego escénico capaz de efectuarse en
casas y entre simples aficionados’
En las antiguas colonias espafiolas se le
daba el nombre de Relaciones a algunos
5 Diccionario de la Lengua Espafiola de la Real
Academia Espafola, Decimoséptima Edicion 1947.
® Portuondo, José Antonio: Ob. cit. p. 160.
bailes populares argentinos y uruguayos
en los cuales los participantes emprenden
un didlogo breve en verso. En México, el
término Relaciones, designa un tipo de re-
presentacién popular. Segiin Francisco J.
Santamaria: “Comedia indigena tradicional,
funcién de teatro al aire libre, que se
acompajia de ordinario con interminables
danzas. Los personajes estén debidamente
caracterizados.”
Para José Antonio Portuondo existen coi
cidencias entre las Relaciones santiague-
ras y mexicanas con los reisados brasile-
jos, que son también una forma de teatro
popular:
que se representan dentro de las ca-
sas 0 al aire libre durante las fiestas
de Navidad. El grupo venia danzando
por las calles y paraba en casa de
quien desease recibirlo. Los actores
se quedaban en el corredor y entra-
ban en la sala sucesivamente. Des-
pués de la alabanza inicial del acon-
tecimiento festejado, el coro iba Ila-
mando a cada actor que después de
cantar y bailar, arrojaba a los espec-
tadores un pajfiuelo que le era devuel-
to con una gratificacion y se retiraba
7 Portuondo, José Antonio: Ibid. p, 160.Terminadas las representaciones en
una casa y entonadas las despedidas,
se marchaba el grupo en busca de
otra®
En esos reisados también los muchachos
se encargaban de intepretar los roles fe-
meninos.
Otro indicio de la procedencia de esta for-
ma teatral puede ser: “la gangarilla espa-
fiola, el antecedente m4s remoto dentro
del teatro peninsular, de todas las formas
ingenuas de expresién dramética”. Segin
Portuondo, la gangarilla se fusioné con el
Izibongo, que es la suma de las formas es-
cénicas no rituales de la cultura bantu, y
que engendré, de manera transculturada,
las Relaciones.
Las obras del Teatro de Relaciones pueden
ser escritas en prosa 0 en verso y en dos
géneros draméticos diferentes: comedia
© drama. Se pueden encontrar también es-
pectéculos unipersonales pero lo mas fre-
cuente es la representacién por grupos.
En cuanto al asunto se distinguen: las Re-
laciones originales y las adaptadas del tea-
tro espafiol. Aqui aparece una diferencia
con el Koteba, que no utilizaba adaptacio-
nes de obras extranjeras aunque si de otro
grupo de Koteba.
Las Relaciones originales son las més in-
teresantes. Entre ellas existen algunas de
asunto puramente imaginario, como Los
polvos de Taita Juan y La hija desobedien-
te, dictadas ambas por un negro de nacién:
hay otras tomadas de la vida real, como
La esposa virgen y mértir, que relata un
suceso ocurrido en Santiago de Cuba en
1851 recogido por Emilio Bacardi en sus
crénicas. En las Relaciones, como en el
Koteba, los argumentos son muy simples €
ingenuos. No se puede esperar una elabo-
racion literaria puesto que el objetivo fun-
damental es lograr, a través de la sétira,
un reflejo simple de las relaciones socia
les,
Veamos a continuacin dos argumentos del
Teatro de Relaciones y el Koteba:
Relacién Los polvos de Taita Juan
Trata los amores contrariados de Jeremias
(un catalan, galdn de Lola) y Lola (hija de
Pénfilo y Manuela) cuyos padres quieren
® Portuondo, José Antonio: Ibid. p. 161.
8
casarla con el rico francés Serpanti, y el
triunfo final del amor, a pesar de la inter-
vencién adversa del brujo Taita Juan,
Koteba El barquero perezoso
Un barquero perezoso se niega a ayudar a
varias personas que quieren cruzar el rio
hasta que se presenta una linda mujer. El
examina detenidamente los atractivos fisi:
cos de la joven y la lleva en su barco a la
orilla, Al llegar, ella huye espantada y sin
pagarle.
En ambos casos se trata de argumentos
simples que enfatizan no en la reflexion
sino en el simple entretenimiento. De esta
manera, puede afirmarse que lograr di-
vertir al ptiblico es una de las funciones
primordiales de las dos formas teatrales
que nos ocupan.
Otras caracteristicas comunes o zonas de
coincidencia entre ellas son ademas:
— Las teméticas miiltiples. Desde los chis-
tes y anécdotas hasta los cuentos y fabu-
las de animales. En el caso del Teatro de
Relaciones la temética se extiende a la
puesta en escena de los clasicos y romén-
ticos espafioles y a la representacién de
hechos heroicos de los mambises.
—Multiplicidad y funcién del espacio es-
cénico. El espacio juega un rol importante
en la vida de los grupos. Las obras se
ponian y se adaptaban a cualquier espacio
escénico: casas, patios, calles, plazas, etc.
—Utilizacién de la miisica. La miisica es
un elemento dramético que no puede diso-
ciarse de la obra, juega un papel importan-
te en su estructura externa, en las entradas
y salidas de los personajes, sirve de base
ritmica para los movimientos y las coreo-
grafias.
—El decorado, Es'muy simple en el caso
de las Relaciones puesto que consiste en
s6lo un biombo 0 parabdn. En el Koteba es
inexistente.
—El vestuario, Es confeccionado por los
propios actores. La utileria es convencio-
nal y realizada con el material que se tu-
viera a mano.
EI Teatro de Relaciones tiene sus raices
en las tradiciones folkléricas hispanicas y
bantdes, pero también, de acuerdo a mu-
chas caracteristicas, las Relaciones y el
Koteba tienen nexos indiscutibles @UN PAPALOTE EN CADIZ
MAYRA NAVARRO
En 1984, el Grupo de Teatro para Nifios y
Jovenes de Matanzas (fundado en 1962)
cambié su nombre por Papalote. De enton-
ces acd, ha cogido cordel, remontando alto
vuelo con el impulso de buen viento, y ha
sumado a su historia importantes recono-
cimientos nacionales e internacionales por
el trabajo artistico.
La participacién del Papalote en el XI Fes-
tival Internacional de Mufiecos de Bielsko-
Biala, Polonia (1984), donde fuera select
nado El gran festin entre las doce puestas
en escena mds destacadas del evento; el
haber merecido el Gran Premio Modesto
Zenteno por Nokén y el maiz en el IX Fes-
tival de Teatro para Nifios en Cuba (1985);
su reciente presentacién con este espec-
téculo en el | Festival Iberoamericano de
Cédiz, Espafia (1986), con gran éxito de
publico y de la critica especializada; unido
a la cotidiana labor artistica que realizan
en su sede de Matanzas, son razones su-
ficientes para que me decidiera a entre-
vister a René Fernandez Santana, director
general y artistico del colectivo,
Como conozco a René desde hace algunos
afios, sé que es un hombre de pocas pala-
bras y mucho trabajo, de esos que prefie-
ren més que teorizar sobre sus ideas,
entregarlas transformadas en imagenes
artisticas. No obstante, si mis preguntas
lograban motivarlo, conseguiria concretar
aspectos interesantes para revelar las cla-
ves de su creacion. De manera que concer-
té el encuentro, elaboré un cuestionario y
aqui esta el resultado,
éPor qué el nombre de Papalote para un
grupo de teatro para nifios?
© Cartel realizado por ef disehacor cubano CarbonellEI papalote es un juguete que la mayoria
de las veces el propio nifio construye y se
identifica con 6! por haberlo hecho con
sus manos, Para nosotros es, ademAs, sim-
bolo de ascenso; es mirar hacia arriba,
hacia un punto alto para alcanzarlo y es
también reconocimiento histérico a la
puesta en escena de El papelote que Ile-
96 a la luna en la década del 70 que definié
renovaciones técnicas en nuestros espec-
téculos con titeres en cuanto al volumen,
mecénica y articulacién de los muiiecos,
a la utilizacién de! espacio escénico fuera
del retablo tradicional, a la relacién entre
el actor y su mufieco y a la busqueda de
imagenes en la escena.
2C6mo debe ser, a tu juicio, el teatro para
niftos?
Siempre se dice que debe divertir y edu-
car a la vez; aunque sea una frase hecha,
oreo que asi debe ser, pero a mi juicio,
para que esto se logre, los espectaculos.
necesitan de una carga fuerte de valores
estéticos para llegar al publico a través de
la imagen, del color, del movimiento, de
la poesia —no sélo la de la palabra— sino
del ambiente poético que se consiga con
las acciones fisicas del actor, haciendo
uso de su expresividad corporal como uno
de los lenguajes de la escena. Pienso que
cualquier tema puede llegar al nifio si
esta bien trabajado y que se hace necesa-
rio arriesgarnos con temas de la vida ac-
tual, de su realidad social, pero tratados
como un producto artistico, sin perder de
vista la funcién estética, ayudarnos por la
riqueza del trabajo colectivo que propicia
el teatro.
Héblame de los objetivos artisticos que
rigen el trabajo del grupo.
Lo primero fue lograr una unidad de intere-
ses; necesitébamos encauzar un trabajo
profesional y eso sdlo es posible con dis-
ciplina y rigor en el entrenamiento de los
actores, por lo que establecimos clases
técnicas de actuacién, manipulacion, dan-
za, expresién corporal, canto, andlisis dra-
matico e historia del teatro, paralelas a
los ensayos y representaciones. Lo segun-
do fue la busqueda de un sello para el
grupo; tratamos de conseguir un actor in-
tegral, no sélo en sus capacidades actora-
les como individuo, sino una integralidad
10
para la proyeccién del colectivo. Cada
paso dado, cada definicion tomada como
grupo es parte de una herencia importan-
te en la formacién del actor.
A partir de estos objetivos creo que se
perfilan, en principio, los lineamientos ar-
tisticos para el trabajo. Si es asi, me gus-
taria profundizar un poco mas en esto.
Si, es el punto de partida. En la medida
que el rigor del entrenamiento iba rindien-
do frutos, se definian premisas; algunas
quedaron, otras no, y de las que tomamos,
varias fueron transformandose dialéctica-
mente con el trabajo del equipo de direc-
cién donde participan el asesor y el dise-
fiador, La preocupacién por la expresién
fisica que sintetice la gestualidad propia
del cubano, caracteriza de manera muy ge-
neral nuestro trabajo y ello esta presente
en las tres lineas artisticas que desarrolla-
mos. La primera es el rescate de la cultura
popular, muy vinculada al interés de ofre-
cer a los nifios la magia de las loyendas
y cuentos tradicionales, hurgando en las
raices de las culturas africanas que con-
forman nuestra identidad nacional. La se-
gunda, es la puesta en escena de obras.
del teatro clésico universal para los jéve-
nes, no como piezas de museo ni en falsas
versiones de contemporaneidad, pero si
con una éptica actual y con el criterio de
que en ese teatro también esta el germen
de lo popular. La tercera, representar obras
de teatro para el nifio de hoy en las que
primen sus ideas y conflictos, tanto me-
diante personajes de la fabula como con
personajes humanos que incluyan al nifio
como protagonista.
En cuanto a la utilizacion del espacio escé-
nico, équé experiences te ha aportado el
teatro fuera del recinto teatral y como es
la relacién con el ptiblico?
EI trabajo en la calle nos ha ensefiado mu-
cho. Todo el entorno pasa a ser parte del
espectaculo; el piblico es parte del paisa-
je y especialmente los espectaculos inte-
gran también al ptiblico. Por ejemplo, en
Cadiz los espectadores se movian con los
actores para seguir los cambios tras el
telén de Nokén y e! maiz, 0 sencillamente,
observaban todo desde alli detras y aplau-
dian por esa parte. En ese medio el actor
esta obligado a adiestrarse muy especial-
mente: la gestualidad y la proyeccién de=
(© Noksn y ef matz, de Dania Rodriguez Garcia, puesta en escena de René Feméndez Santane.
la voz son diferentes, asi como su enfoque
del movimiento espacial; se rigen por un
disefio basico pero en la interrelacién or-
ganica con el ptiblico improvisan si es
necesario, En el teatro esa interrelacién
siempre esta planteada, pero en este tra-
bajo se transforman esquemas iniciales
que arrojan resultados més ricos. Si anali
zas la escena en el momento de la repre-
sentacién uno se sorprende con la impre-
sién de que el espacio escénico se pierde
dentro del public, no obstante alli esta
inmerso, definido apenas a unos cuantos
pasos de los espectadores. Esa cercania
hace al actor vincularse mas a la reaccién
de su piblico y le permite tensar una
cuerda imaginaria para atraerlo, obligarlo
y hacerlo coparticipe del hecho artistico
Unico de ese momento.
Qué papel juega el Papalote en la vida
cultural de Matanzas?
En ese sentido el trabajo abarca una gama
muy amplia de actividades y gran parte
de nuestros logros se deben a su proyec-
cin social. Un grupo teatral no es solo
para ofrecer representaciones —aunque
esto de por si entrafia una funcién so-
cial—; su labor como célula cultural va
més allé como generador de cultura en
todas sus manifestaciones. Con el teatro
como centro se organizan jornadas anuales
durante las cuales estrenamos nuevas
obras, reponemos lo més representativo
del repertorio y propiciamos concursos li-
terarios o de artes manuales, exposiciones,
etc., con la participacién activa de las or-
ganizaciones politicas y de masas. Tam-
bién programamos confrontaciones con
piblico coordinadas con los CDR, ya sea
levandoles escenas para interosarlos a
asistir a la sala-teatro, 0 presentando un
espectéculo para debatirlo al final, o en-
cuestando a los asistentes para tomar sus
opiniones, no como espectadores pasivos,
sino como actuantes en el proceso de crea-
cidn, nutriéndonos de sus vivencias en vir-
tud del principio de que la mejor forma de
hacer un teatro que llegue al pueblo es
estar cerca de él.
¢Cémo ha sido tu formacién profesional?
Cursé un afto del Seminario Nacional de
Dramaturgia que impartiera Osvaldo Dra-
gun en 1962 y participé en varios semina-
rios y breves cursos que organizaba el De-
partamento de Teatro Infantil en la década
del 60. El resto lo he hecho de forma auto-
didacta, por intuicién al principio, luego
siguiendo el camino que me propiciaba al-
guna informacién, una noticia, documentan-
dome en lectures sobre Stanislavski
"Brecht... ful conformando las ideas y cri-
terios que hoy tengo acerca de la impor-
tancia del actor integral para la escena.
4Cémo concibes el montaje de tus espec-
téculos?
Ante un montaje necesito tener clara la
esencia de lo que quiero lograr en image-
nes; es un proceso de andlisis y creacion
que comienza con la seleccién de la obra,
el arreglo basico, la definicién de objetivos
primarios en el equipo de direccién con el
disefiador, el mUsico y el asesor, para
aduefiarnos de los conceptos, y mediante
el _método de las acciones fisicas voy
guiando a los actores hacia lo que nos he-
mos planteado. Cuando se trata de la pues-
ta de un texto basado en el folclor, todo el
colectivo se integra a una investigacion
para penetrar esa cultura, sus gestos, todo
su ambiente, pues no es lo mismo lo arard
que lo yoruba 0 lo congo.
En mis premisas de trabajo la unidad del
espectéculo es fundamental. Trabajo mu-
cho en Ia limpieza de las técnicas hasta en
lo mas elemental, en el andlisis de la tra-
yectoria de los movimientos y desde el pri-
mer dia de las improvisaciones voy descu-
briendo verdades que me sirven para re-
sultados finales; me preocupo por la cali-
dad del acabado de la realizacién y no solo
or las imagenes visuales, sino por las au-
ditivas que sustentan a las primeras. Por
ejemplo, ahora estamos haciendo un mon-
taje donde la sonoridad de las cafias bra-
vas es un recurso para lograr determinados
efectos. La base de todo esto es el entre-
namiento que tienen los actores; sin él no
seria posible la unidad expresiva del elen-
co, donde cada cual da el maximo y res-
ponde a todo lo que el director exige. Este
entrenamiento también garantiza que el ac-
tor conozca sus posibilidades fisicas y dis-
tribuya sus fuerzas durante lo funcién sin
agotarsc.
Cémo integras en este proceso las técni-
cas de actuacién con mufiecos?
Primero trabajo la proyeccién del actor y
luego esté listo para trasmitirla al mufieco.
También aqui esta presente el entrenamien-
to. Partimos de los ejercicios tradicionales
de las técnicas de manipulacién, pero la
de ejercitacién corporal condiciona la po-
sibilidad de recibir y manipular cualquier
12
elemento que necesariamente no tiene que
ser parte de una técnica especifica. Trata-
mos de integrar diversas formas de rela-
cién con el mufieco; una de ellas es la ayu-
dantia del propio actor a su personaje don-
de la veracidad esté dada porque se
muestra al ptblico la mecdnica del teatro
desmitificada, sin aforar, sin cubrir, y se
consigue una imagen también rica. Si re-
cuerdas la escena de Nokén y el maiz don-
de los animales recogen las mazorcas, te
dards cuenta de que la mano libre del actor
—que no es parte del mufieco— las arran-
caba y las ponia en la boca del personaje
a la vista del publico, con organicidad, y
ese movimiento consigue una imagen que
el publico acepta como légica.
éQué ha significado para el Papalote la
confrontacién internacional?
EI teatro es un arte de confrontacion, El
enfrentamiento con el publico permite me-
jorar una puesta en escena, saber qué fun-
ciona y qué es necesario transformar. En
igual medida, la confrontacién con otros
Grupos posibilita el intercambio de ideas,
Conocer sus métodos y su aplicacién prac:
tica. En Bielsko-Biala, Polonia, el primer en-
frentamiento de E/ gran festin con el pabli-
0 nos hizo comprender en un tiempo
récord lo que por afios no habiamos inte:
riorizado: la necesidad de una verdadera
sintesis dramética en el espectéculo. Era
algo que creiamos entender, pero en rea-
lad no era asi. Alli mismo hicimos tres
versiones y la Giltima resulté ser la justa.
De manera que los eventos internacionales
han significado aprendizaje y reafirmacién.
Después del Festival Iberoamericano de
Cadiz, se produjo una muestra especial en
Mérida, capital de Extremadura, en la que
participamos junto al Teatro Circular de
Montevideo, el Inyaj Teatro de Argentina y
el Yuyachkani de Perd. El programa consig-
naba que éramos las cuatro mejores compa-
iiias participantes en el Festival; este re-
conocimiento, al lado de grupos tan
Prestigiosos, nos hizo sentir orgullosos de
ser la representacién de nuestro pais ante
el publico espafol.
Hemos visto derroche técnico en funcién
del espectaculo, las posibilidades plasticas
de los materiales sintéticos y esto nos ha
dado una pista. Nuestros grupos de teatro
para nifios de més desarrollo estén al nivel
de buenos grupos cuya labor nos ha inte-resado y ese nivel artistico en Cuba se ha
alcanzado por una contradiccién. En la es-
cena cubana para nifios ha habido siempre
una libertad formal que ha salvado las ne-
cesidades m4s urgentes; la exigencia al
potencial expresivo del actor ha sustituido
la tecnologia. El temperamento del cubano
es accién, movimiento y ese temperamento
ha puesto en tensién todas las posibilida-
des del actor. Cuando en otros paises, tal
vez, resuelven un efecto con la técnica,
moviendo una sencilla palanquita, nuestro
camino ha sido mas arduo y todo lo hemos
puesto en funcién de conseguir un mo
miento de un mufieco orgénicamente, mu-
cho mas cerca de los valores de nuestra
idiosincracia. Por otra parte, hemos reafir-
mado que entre nuestras deficiencias mas
urgentes estén la falta de directores artis-
ticos y la necesidad de un joven relevo de
actores.
éConsideras haber alcanzado la meta ar-
tistica que te trazaste?
En cierta forma si, pero un artista nunca
puede estar completamente complacido
con su trabajo pues la inconformidad es la
motivacién para nuevas btisquedas. Creo
que he llegado a un punto que me permite
seguir adelante siendo receptivo a todo lo
que surja de la interrelacién creativa en el
trabajo del grupo, contrario al facilismo y
a lo esquematico, dando y recibiendo.
éCuéles son las perspectivas de tu trabajo
futuro?
Lo fundamental es continuar los planes de
Preparacién constante, con un repertorio
que satisfaga las demandas de nuestro pi-
blico y encontrar vias de renovacién huma-
na y técnica para el desarrollo del colecti-
vo y para el teatro para nifios cubano en
general. Me gustaria contar con la colabo-
racién de otro director artistico para de
car mayores esfuerzos a ese trabajo, dirigir
un sélo espectaculo en el afio y tener tiem-
po suficiente para escribir.
gTienes alguna idea concreta acerca de
esas vias de desarrollo artistico que plan-
teas?
Siento la necesidad de trasmitir todo el
conocimiento que he acumulado en estos
afios y me parece que una variante seria la
de poder contribuir a la formacién de nue-
vos actores y directores y al a
to de otros que se interesen por acercarse
al teatro para nifios.
Hasta aqui todo lo que me propuse indagar.
Conversamos tres horas y ni él ni yo esté-
bamos conscientes del tiempo transcurrido.
René me confes6 que la lista de preguntas
lo habia sorprendido al punto de sentir que
no era tanto lo que tenia que decirme. Por
mi parte, estoy satisfecha: no estaba equi-
vocada en mis expectativas y creo que
para el lector resultard interesante haber
penetrado el universo de trabajo de este
infatigable creador. Solo quisiera afiadir al-
go que me sugiere su Ultima respuesta y
es la posibilidad de que otros directores,
los de mas experiencia en este momento,
sientan igual necesidad de comunicarse y
ensefiar sus experiencias. Podria ser el mo-
mento de aunar criterios e iniciar una labor
conjunta @
13APLAUSOS PARA LA ZAPATERA
MARIA ELENA LORENZO
Fotos: Gory
“Siempre es de lamentar que aquel que
tiene la mejor arma, no dispare més lejos”,
dijo en una ocasién Juan Marinello y Berta
Martinez consciente de que poseia tal ar-
ma, disparé lejos y dio en el blanco con su
concepcién escénica de La zapatera pro-
digiosa, Es, precisamente, La zapatera
la puesta en escena que més lauros alcan-
26 en el Festival de Teatro Camagiiey’86.
Satisface llegar a la conclusién de que no
hay espectador capaz de sustraerse al fas-
cinante encanto del teatro de Lorca. La za-
patera prodigiosa, en montaje para Teatro
Estudio de una especialista en Lorca como
Berta Martinez, nos proporciona esa certe-
za. Y es que la experimentada directora, ha
sabido apresar la verdadera esencia del
poeta dramético, y esto le ha permitido
devolvérnosla con una rigurosa visién con-
temporanea,
Federico Garcia Lorca (Granada, 1898-1936)
es ante todo un poeta dramatico. Su teatro
es la resultante de su poesia, de ahi que
estemos en presencia de un poeta que
hace teatro dramdtico, porque en Lorca poe-
sia y teatro no se rifien, sino se comple-
mentan. Con razén se ha estimado que
para Lorca lo poético es también lo dramé-
tico y que si poiesis quiere decir para los
griegos creacién, el dramaturgo ha asimila-
do criticamente la experiencia aristotélica,
fo que vemos también reflejado en su plan-
nto del conflicto,
Ya habia publicado Ef libro de poemas (Ed.
Maroto, 1930); El romancero gitano (Revis-
ta de Occidente, 1928) y Mariana Pineda (La
farsa, 1928), cuando escribe Amor de Don
Perlimplin con Belisa en su jardin, que ve
la luz conjuntamente con La zapatera pro-
digiosa. Dos obras con las que Lorca de-
mostraba que la farsa era un género que
no tenia secretos para él.
Su teatro va a emparentarse con la mejor
trac in del teatro espafiol del Siglo de
Oro, se le reconocen antecedentes en
Valle Inclén, y se considera muy acertada-
mente que entronca ademés con otras
fuentes, de manera que en Lorca podemos
encontrar sin mucho esfuerzo a los clési-
cos: Shakespeare, la Biblia, entre otros.
En 1930 funda La Barraca, grupo teatral del
que se convierte en director a su regreso
de Estados Unidos y Cuba, cuando el go-
bierno popular de la instaurada Repiblica
(1931) hace realidad un suefio suyo: la
creacién de un teatro estudiantil universi-
tario,
Se trataba de un teatro que afirmaria los
elementos nacionales. En Lorca sucede un
fenémeno parecido al que acontece en
Brecht, la visién del dramaturgo se ensan-
cha gracias al sedimento del poeta y del
director de escena, La Barraca fue un tea-
tro ambulante que hoy llamariamos de ex-
tensi6n cultural, porque se dio a la tareade llevar el teatro a las masas y actuar
ante un ptiblico de tal heterogeneidad, que
estaba compuesto por obreros, campesi-
nos, estudiantes.
El contacto directo con el publico en su
labor como director, su acercamiento a los
estratos mas olvidados del panorama cul-
tural espafol, su profunda sensibilidad
para la concepcién del drama rural, lo lleva-
ron a querer recrear en su teatro la vida
y las costumbres de su pueblo, tan rico en
tradiciones y tan pobre por el atavismo re-
ligioso moral_al que se vio sometido du-
rante siglos. Es por eso que lleva a su tea-
tro: “temas y problemas que la gente tiene
miedo abordar”.'
Pero si bien poesia y teatro se complemen-
tan en su obra toda, fantasia y realidad se
contraponen, y asi los sentimientos se
embridan por el dictado irracional de una
falsa concepcidn del mundo, por prejuicios
sociales que reprimen, incluso el sexo, en
detrimento hasta de la propia personalidad
del individuo,
1 Gareia Lorca, Federico: Lorca por Lorca, Instl-
tuto Cubano del Libro, La Habana 1971.
Se ha hablado de “dos” Lorca: uno volcado
al tipicismo, al folclor, a la fascinacién po-
pulista; otro que regresa de Nueva York
“surrealista perdido”, deseoso de culturi-
zar su inspiraci6n. Pero se ha comprendido
también que en Lorca ocurre otro maravi-
lloso proceso de integracin, ademas del
de las artes.
Lo cierto es que Federico con la geniali-
dad que lo caracterizé en vida y lo hizo
trascender para la posteridad después de
ser vilmente asesinado por el fascismo, asi-
mila tan criticamente la experiencia surrea-
lista, como antes lo habia hecho con la
aristotélica, y no establece diferenciacion
entre lo popular y lo culto, que convierte
en elementos que no se excluyen sino se
suman para integrar un todo. Corroboran
este criterio sus escenas herméticas inser-
tas, no obstante, en un desarrollo Iégico de
la accién que facilitan la comprensién, jun-
to a otros aspectos que se analizan en este
trabajo, de por qué su teatro puede ser
entendido tanto por los intelectuales como
por el pueblo,
En La zapatera prodigiosa el Lorca de lo
esponténeo se nos muestra en todo su
15esplendor. En esta obra, Federico combina
admirablemente lo popular con una fuerte
carga de costumbrismo. Para el poeta, era
muy importante ser entendido por el hom-
bre de pueblo. Recordemos que en cierta
ocasiOn manifesté: “Quiero conseguir que
las imagenes que hago sobre los tipos
sean entendidas por éstos, sean visiones
del mundo que viven”?
Obras posteriores, de lo que suele llamar-
se su teatro mayor, nos adentraran en ésa,
su manera Unica e irrepetible de integrar
'o popular con lo culto en su drama post
co, sin establecer diferenciaciones.
Berta Martinez ha tenido muy en cuenta
todos y cada uno de estos pormenores en
relacién con el artista y el hombre y, su
reflejo en la obra dramatica de Lorca. Asi
lo acreditan su montaje anterior de Bodas
de sangre y el actual de La zapatera pro-
digiosa,
Lo primero que gana nuestra simpatia
cuando asistimos a su representacién, es
el sentido del espectéculo que la directora
despliega en esta puesta y, desde luego,
sus ingeniosas soluciones escénicas. Pue-
de afirmarse que son éstos, dos puntos cla-
ves de la poética de su puesta en escena
que, a todas luces, tiene sus sdlidos ci-
mientos en una minuciosa labor dramatiir-
gica que no descuida algo fundamental a
la hora de enfrentar un texto clasico: en-
focarlo teniendo en cuenta el momento
histérico concreto en el cual sube a esce-
na. Berta Martinez y Reinaldo Montero, di
rectora de escena y asesor dramatico res-
pectivamente, no perdieron en ningtin mo-
mento de vista esa perspectiva.
La zapatera prodigiosa permite constatar
hasta qué punto se han encontrado un dra-
maturgo de talla gigantesca, Federico Gar-
cia Lorea, y una directora de escena, Berta
Martinez, que se ha apropiado de lo mejor
y més representativo de las técnicas tea-
trales modernas, para no sdlo proponerse
hacer de La zapatera... una puesta en es-
cena en la que se habla nuestro pro}
lenguaje, sino también alcanzarlo.
Al lograr una perfecta armonia entre con-
tenido y forma, en el sistema de signos del
lenguaje escénico que utiliza, una vez en-
contrada la relacién significado-significante
2 Garcia Lorca, Federico: Op. cit.
16
que requiere nuestro contexto, la directora
ha podido entregarnos un Lorca, cada vez
més cercano a nosotros en su visién del
mundo, en su aprehensién estética de la
realidad, y en ése, su personalisimo estilo
de reflejarla en su obra toda.
Esta armonia descansa en elementos tan
poderosos como la escenografia y el ves-
tuario en funcidn de la sintesis y el apro-
vechamiento del espacio escénico, y atien-
de a la disponibilidad real de recursos y
medios a su alcance, con una verdadera
economia y, todo esto, se ha hecho conju-
gando sencillez y buen gusto, mesura y
tacto.
Referirse a la acertada seleccién musical
hecha por Marta Valdés para este renacer
de La zapatera prodigiosa de Lorca, en la
escena cubana de estos tiempos, es con-
frontar las excelencias de su musica con lo
que la autora se propuso y consiguio, ex-
presado en unas breves frases de las no-
tas al programa, que revelan cémo Marta
Valdés puso su inteligencia, sensibilidad
artistica y humana en funcién de “desen-
trafar el pensamiento musical de Lorca
(...) para que (.-.) la poesia no sienta la
necesidad de retirarse de la escena, en
busca de otros ambientes"® Fue asi como
la sensibilidad musical del poeta granadino,
persona dotada de un sentido del ritmo
extraordinario, encontré eco en las poten-
cialidades creadoras de Marta Valdés y, de
ese modo, la guitarra y la flauta, los instru-
mentos que el autor entendio podian resol-
ver la mUisica de la obra cuando se repre-
sentase, se hicieron duefios de la escena,
conjuntamente con “la imaginada polquita
antigua con el ritmo cémicamente acusado
(...) el larén lardn de la actriz que no por
gusto se precisa en el texto” y las coplas.
Todo parece indicar que Marta Valdés se
guid principalmente, a la hora de escoger
la msica que le posibilito recrear la ima-
gen escénica, por la ley de lo sensible y lo
sensorial, que tan buenos resultados han
proporcionado a otros creadores de musica
para la escena, como el maestro Leo
Brouwer.
Resulta obvio que la escenografia tiene
entre sus objetivos primordiales destacar
la interrelacin de los personajes con lo na-
cional del teatro de Lorca, pero siempre
8 Notas al programa.
4 Idem.priorizando plasmar lo més genuino de los
tipos populares que se dibujan en su es-
cena. Asi como revelar la estrecha rela-
cidn del hombre con su medio, y las
interinfluencias, tanto de cardcter positivo,
como negativo, que conforman finalmente
al hombre, el mas preciado elemento del
paisaje lorquiano, segin su propio juicio.
El aspecto externo lo configuran con rigu-
rosa sintesis elementos como flores, ce-
pas, mantones de manila, faroles, velas y
rejas. Lo funcional de esta escenografia ra-
dica no sélo en su sencillez y economia de
recursos, sino también en el desempefio
simultaneo de los actores-utileros.
Hablar del vestuario, e! maquillaje y la pe-
luqueria, es elogiar cémo Ilegan a reprodu-
cirse en el personaje de la zapatera, por
sélo citar un ejemplo notable, !os encantos
naturales de una mocita espafiola de buena
planta, (dieciocho afios a lo sumo, son los
que le atribuye el autor) y ese garbo arro-
liador, vivo en los mejores rasgos de las
mujeres y hombres del teatro de Lorca, que
son carne y sangre del pueblo espafiol,
La iluminacién combina habilmente luces,
faroles y velas para recrear el clima, el
ambiente y la atmésfera que propician el
juego escénico de los personajes delinea-
dos por Lorca. El disefio de luces, tanto
como el maquillaje, el vestuario y hasta
la propia escenografia han estado en fun-
nde enfatizar el contrapunto que se
establece entre los dos colores claves,
seleccionados con mucho tino, para esta
puesta: el negro y el blanco, por lo que
encierra de simbélico y alegérico en torno
al artista —en tanto ser humano y ser so-
cial— y su obra.
Pero Berta Martinez va atin mas allé en su
extraordinario sentido del espectaculo y,
asi vemos, a las chinas pelonas, piedras
del fondo del rio donde Ia zapatera va a la-
var, convertidas por obra y gracia de su
poderosa imaginacién, en actrices cubier-
tas por enaguas que se rien de la mucha-
cha —como suele decirse, en sus propias
narices—. Linda forma de expresar simbé-
licamente en escena, ese cardcter animado
del que la fantasia popular dota lo inani
mado, que Lorca supo ver y hermosear en
su lenguaje poético, rico en metéforas, que
17utiliza unas veces como recurso estilistico
y otras como antidoto contra el veneno de
la censura. Otras bien pensadas soluciones
escénicas que encontramos en esta puesta,
son el juego de las faldas de las vecinas
al finalizar el primer acto y el tabladillo
improvisado sobre un mantén de manila de
la Ultima escena, Aqui Lorca emplea el re-
curso de la representacién de! retablo para
mover resortes muy similares a los de Sha-
kespeare, cuando introduce la actuacion de
los cémicos en Hamlet para provocar la
anagn6risis y la catarsis.
La directora de escena ha concedido espe-
cial importancia, al piropo o requiebro,
del que sacan extraordinario partido el al-
calde, Don Mirlo, y el resto de los persona-
jes masculinos de la pieza, incluyendo al
zapatero, sobre todo cuando tiene lugar el
desdoblamiento titiritero-marido enamora-
do al final.
En su escenario se agigantan y adquieren
fisonomia propia, ademés, el donaire, el
garbo, el salero, el chiste picante, en re-
sumen todas esas caracteristicas de la
idiosincrasia del pueblo espefiol que son
savia nutricia de los personajes de Lorca,
Otra carta de triunfo de Berta Martinez en
este espectaculo, es incluir el incidente de
las navajas que desarrolla en un marcado
tono farsesco perfectamente acorde con el
género de la obra. Del duelo, sélo que bos-
quejado en tonos mucho més serios, obtie-
ne la directora muy buenos resultados tam-
bién en otra puesta suya del repertorio del
mismo autor, no menos agradablemente re-
cordada por sus aciertos: Bodas de sangre.
Es evidente que la directora de escena ha
trabajado con delectacién de artista en
realzar, a todo lo largo de la puesta, el ca-
récter farsesco de la pieza. Su aguda per-
cepci6n artistica la hizo Ilevarlo a escena
avizorando cémo llegar eficazmente a los
espectadores. Por esta via se granje6 rapi-
damente a nuestro ptiblico que encuentra
en el humor que transita por su escena,
mucho de lo més genuino de la tradicién
humoristica y picaresca hispanoamericana,
heredado por el sentido de! choteo del cu-
bano,
Berta Martinez no ha perdido tampoco de
vista en esta puesta, dos constantes del
teatro de Lorca que asoman de forma inci-
piente en La zapatera... pero no adquie-
18
ren mayorla de edad hasta Yerma y otras
obras maestras: la maternidad insatisfecha
y la resignacién ante la realidad que aplas-
ta al ideal. Ana Vifia, en su recreacién de
la zapatera, pone de manifiesto ambas cons-
tantes cargando de intenciones y matices
textos y subtextos. Detenernos en las ac-
tuaciones es destacar el meritorio trabajo
de direcci6n de actores realizado por Berta
Martinez y, encomiar a Ana Vifia por su
apropiacién del personaje de la zapatera,
con toda su carga de salero, picardia, tem-
ple, sentido del humor y del honor de la
mujer espafiola de pueblo, de la humilde,
de aquella que puede acudir al refranero
Popular, tan caro a Lorca, para expresar,
sin el menor asomo de mojigateria: “Pobre,
pero honrada”,
Muy esponténea, muy propias de su edad
también, resultan las salidas a escena del
nifo que interpreta la pequefia Orialis Co-
lomino. Para Orialis, conocer el personaje
del nifio que Lorca traza vigorosamente, y
hacerlo suyo, parece haber sido una misma
cosa, Verla actuar, es recordar las hermo-
sas palabras de EI pequefio principe de
Saint-Exupery: “Sdlo los nifios saben lo que
buscan (...) Pierden el tiempo por una mu-
fieca de trapo y la convierten en algo muy
importante. .
Buon desempefio el de Eugenio Dominguez
en su caracterizacién del alcalde, persona-
Je al que la directora, en su novedosa ver-
sion, despoja de su vara rematada de
plata y gran capa, para reducirlo a harapos.
Berta Martinez parece decirnos con su ima-
gen del personaje del alcalde: Andan tan
mal las cosas, en este pueblo espafiol, que
la maxima autoridad del mismo esta tan
empobrecida, como sus vecinos.
Daniel Garcia no menoscabé a Don Mirlo
ni una sola faceta de ése, su cardcter, sim-
patico, chispeante y mal intencionado, de
galanteador espaiiol de pura cepa, sin’ de-
jar de ironizarlo,
Florencio Escudero, con la profesionalidad
que lo caracterizo en vida, tuvo su momen-
to mas alto en el desdoblamiento titiritero-
marido enamorado que es, a no dudarlo, la
mayor posibilidad de lucimiento del perso-
naje del zapatero, en toda la pieza.
Para La zapatera prodigiosa de Berta Mar-
tinez, tengo algo tan cédlido y estimulante
como aplausos, aplausos @TRES CLASICOS CUBANOS
Tablas publica un fragmento del libro Mural del teatro
en Cuba (1980-1982) del destacado critico Mario Rodri-
guez Aleman como reconocimiento a su meritoria labor
y por considerar que las puestas de estos ‘‘clasicos
cubanos revelan una imagen de identidad nacional y ca-
racterizan en parte las biisquedas de los afios 80.
MARIO RODRIGUEZ ALEMAN
EL BECERRO DE ORO
Presenta el Teatro Nacional de Cuba en la
Sala Covarrubias la comedia de Joaquin
Lorenzo Luaces E/ becerro de oro. Esta
puesta en escena inicia el ciclo de teatro
clasico cubano que a cargo del grupo Tea-
tro Estudio, dirige con esmerado acierto
Armando Suérez del Villar.
Esta pieza de Luaces —que el autor jamas
vio en la escena, como ninguna otra de su
repertorio— es practicamente la primera
comedia escrita en Cuba, cuya accién trans-
curre en La Habana —por cierto que “en
horas veinticuatro”, como las de Lope de
Vega—, con personajes rellollamente cu-
banos que ademds hablan en criollo, aun-
@ Miriam Lear y Adolfo Liauradé on £1 bocerro do oro.
19que con versos rimados a la espafiola y en
estrofas bien compuestas.
De “parodia de la vida cubana de una clase
y una época, de nuestro siglo pasado”, se
tilda E/ becerro de oro y, en modo cierto,
es asi porque Luaces, con chispeante do-
naire reproduce cémicas situaciones coti-
dianas de la vida habanera de su tiempo.
Aunque el titulo se explica por si solo, el
dramaturgo toma como motivo de su enre-
do el tema de la fortuna, de tan viejo acer-
vo en las-comedias griegas y latinas de la
antigiiedad. Plauto y Terencio escribieron
més de una comedia sobre este tema y,
mucho antes, Menandro hizo divertidos re-
medos con las avaricias y sinsabores que
el dinero causa.
El becerro de oro cuenta la historia de una
madre (Dofia Luciana) y su hija (Belén),
quienes buscan maridos ricos, pues la ha-
cienda familiar se encuentra en raquitica
situacién, aunque el linaje les venga —co-
mo dice la salpicona sefiora ya entrada
en afios— de los Viejos de Susana, de la
Reina Beltraneja y de sus abuelas en Ordn.
Luaces, con vivaz ingenio, desencadena
una progresién dramatica ascendente, rica
en chistes y gracias, donde afloran equivo-
cos y retruécanos, vifietas costumbristas
y burlas a la mediocre burguesfa cubana
de la época.
La fébula tiene como superobjetivo el des-
lumbramiento de esa clase social por “el
brillo de los doblones” (antigua moneda
de oro), al entender que “el dinero es Rey
del Mundo”. Con la destreza de un doma-
dor, Luaces pone en boca de la madura
dofia Luciana un viejo axioma: “Tanto va-
les; cuanto tienes!” Por supuesto, para las
pretendientes la ambicién se torna amar-
ga, pues se tropiezan con alguno otro de
igual calafia que busca en ellas el dinero
que no tienen, El tema es propicio, pues,
para una chispeante comedia de enredos,
como las que se escribieron en los siglos
XVI_y XVII en el teatro espafiol. De esta
pieza, que resiste perfectamente, a pesar
de pertenecer a una dramaturgia incipiente,
la prueba de una divertida puesta en esce-
na, ha creado Armando Suarez del Villar
un espectéculo rico en refinamiento, suti-
les invenciones escénicas y otras irénicas
filigranas que le conceden una actualidad
teatral evidente. El director utiliz6 lo paré-
dico, como base de su puesta en escena
20
y asi, pues, todo tiene un subrayado criti-
co muy intencionado. Pone en solfa las le-
yes convencionales del teatro clasico,
como por ejemplo: los actores nunca dan
la espalda al publico; se mueven en giros
diagonales; se detienen cuando tienen que
decir algo significativo; avanzan hacia el
proscenio para hablar con el pdblico (los.
“apartes” tienen en la obra una connota-
cidn cémica que se matiza con gestos exa-
gerados); se colocan en el escenario en
Posiciones simétricas.
EI valor que tiene, precisamente, la direc-
cion de Suérez del Villar es no haber crea-
do este espectdculo con las concepciones
convencionales del teatro, sino haber ace-
lerado el ritmo escénico tradicional y pro-
ducir rupturas y paralizaciones imprevis-
tas en el curso de la accidn. Lo més feliz-
mente logrado es la insercién de una épera
bufa con mtisica de Marta Valdés que tiene
la intencién de resaltar los motivos de
cursileria presentes en el texto de Luaces.
La inclusién en el reparto de un misico
—elemento que no esté en el original— y
la parodia operdtica de algunos pasajes
conocidos que actuaban populares cantan-
tes de la época de Luaces como Marietta
Gazzaniga Malaspina y Erminia Frezzolini,
conceden a E/ becerro de oro una fuerte
dosis de ingenio que lo convierte en un
espectaculo moderno y entretenido.
Suédrez del Villar ha utilizado también con
acierto otros elementos en su composicién
de la puesta en escena como son: un deco-
rado fijo del que forman parte un telén de
boca y telones pintados, asi como por una
concha de apuntador —elemento impres-
cindible en el teatro del siglo pasado y atin
en parte del presente—, iluminado todo el
tiempo con una misma luz plana, la de las
candilejas; un vestuario lujoso siempre,
que no se corresponde con la situacién que
se representa; 'y un mobiliario convencio-
nal, de similar fastuosidad, que se identi-
fica con los trajes.
El ritmo gil, la sobreactuacién intenciona-
da de los actores, las interpolaciones mu-
sicales frecuentes y el remarcado interés
en reproducir la escena como las caricatu-
ras de Landaluce y las litograffas de la
6poca, hacen que EI becerro.... figure en-
tre los espectéculos que mejor se hayan
realizado en el teatro cubano actual, desde
hace algin tiempo.© £1 Conde Alarcos, José Antonio Rodriguez © lesbel Moreno.
La armonia lograda por el equipo de intér-
pretes es en verdad poco frecuente en los
espectdculos draméticos que se ofrecen en
nuestro pais. Cada actor, individualmente,
y todos, en conjunto, logran sus personajes
y aportan, con una espontaneidad que re-
cuerda la improvisacién de la Comedia del
Arte, matices ingeniosos en el trazado de
los tipos y caracteres. La experiencia de
Sara Rodriguez Lara —una actriz tan capaz
y, sin embargo, tan poco frecuente en
nuestros escenarios— logra una dofia Lu-
ciana jacarandosa, con registros del gro-
tesco y de la comedia bufa. Miriam Learra
acta la picaresca Belén con sutiles encan-
tos personales y con intencionados mai
ces de cursileria, que requiere el perso-
naje. El discreto Narciso de Julio Rodriguez
plasma el convencional tipo del galén. El
Baltazar de Eduardo Vergara cuaja como
una de las mejores interpretaciones de
este elenco. El colorido, la picante nota
costumbrista cubana, el uso del léxico cha-
bacano y los rasgos de oportunismo y des-
caro son caracteristicas que Vergara acta
con gracioso acierto. El Don Liborio de Ma-
rio Aguirre —un intencionado personaje
genérico—, en su doble condicién de criado
y sefior, consigue su propésito, con oficio
y maestria. El Concertino de Jorge Garcia-
Porrda aporta una nota simpética y nueva
a la representaci6n.
EI becerro de oro constituye un éxito ar-
tistico de este ciclo.
EL CONDE ALARCOS
La Sala Covarrubias del Teatro Nacional de
Cuba continda el ciclo de teatro clasico
cubano con la puesta en escena de la pieza
de José Jacinto Milanés EI conde Alarcos.
Eserita en verso, el autor calificé la obra
de “drama caballeresco” y se inspiré en
un romance homénimo de autor descono-
cido, El tema fue utilizado antes por Lope
de Vega en La fuerza lastimosa y tam-
bién por Mira de Améscua. El “Fénix de los
ingenios” traté el tema liberalmente y le
cambié el nombre al protagonista. Milanés,
quien dedicé el drama a su “amigo aman-
tisimo” Domingo del Monte, dice: “.. .Va-
lido del mismo libre albedrio literario, he
fijado mi época en el siglo XIII, tiempo
fértil en atrocidades de esta naturaleza,
por estar entonces el feudalismo en toda
su virllidad”.
Fl conde Alarcos es expresién blen cono-
cida del romanticismo teatral cubano. Aun-
que su accién transcurre en Paris, eviden-
cia su fuente romancesca por el tema del
honor, tan largamente tratado en el teatro
clésico espafiol, primero, y juego en las
derivaciones roménticas de finales del
XVIII y principios del XIX. Influido por el
21colonialismo cultural hispano, Milanés rin-
dié homenaje en E/ conde Alarcos a las
que llamé “lindezas de estilo”.
El amor sacrificado en aras del cumplimien-
‘to de la ley inexorable del honor (fatum
omnipresente en este tipo de drama que
equivale al destino de la tragedia griega)
no es tema nuevo en los tiempos de Mila-
nés (1814-1838), nuestro poeta loco, nues-
tro Rimbaud. Que sea, pues, E/ conde Alar-
cos un drama donde la venganza y la muer-
te vencen al amor de una joven pareja es
légico en la concepcién romantica del au-
tor, pero ademds se enmarca la accién —y
de esto tiene Milanés plena conciencia—
en los tiempos de brutalidad y crimen del
feudalismo. No hay en el autor ignorancia
de lo que ello significa desde el punto de
vista ético, aunque haga caso omiso de la
significacién politico-econémica que con-
tiene el problema,
Armando Suérez del Villar ha tomado en
consideracién para su puesta en escena lo
siguiente: el cardcter autocrético del poder
espafol en tiempos de Milanés, que se des-
cribe en la accién del drama; la rebeldia
del protagonista, de importante significa-
cién en los momentos en que se incubaban
conspiraciones contra el régimen politico
existente en la Isla; la atmésfera de re-
presi6n y terror existentes; la similitud que
tiene el argumento del drama con la situa-
cién reinante en la colonia mayor espafiola,
Para hacer validos estos factores que pe-
culiarizan la profundidad de andlisis reali-
zada por Suérez del Villar, la puesta en
escena descansa sobre un trabajo de sin-
tesis que concilia lo hist6rico con lo artis-
tico. Asi, pues, el director al mismo tiempo
que dota su puesta en escena de firmes
trazos romanticos cuestiona ese movimien-
to al eliminar la pompa escenogréfica de
la representacién y excluir el melodrama
abusivo en favor de una auténtica tragedia.
Suérez del Villar concede una importancia
vital al empleo de la luz. Pocas veces la
escena se cubre con una iluminacion total.
El director logra concentrar en espacios
cerrados —que se definen precisamente
por la luz— las distintas situaciones dra-
maticas, segtin lo demanda cada caso. De
este modo, no en todos los momentos la
luz tiene igual intensidad. Esta varfa. Por
ejemplo; si se compara el momento en
que el rey dicta su sentencia con el desen-
lace fatal de Leonor, vemos cémo Suérez
del Villar esclarece sus concepciones es-
22
cénicas, ya que la atméstera de la primera
situacin es sérdida y de contrastes som-
brios, mientras que la final purifica con un
haz de luz brillante la muerte de la heroina.
Sutilidades como estas logran que la pues:
ta en escena de El conde Alarcos posea
una calidad estética evidente.
El director ha trabajado también sobre el
texto. Ha eliminado, por ejemplo, lo que
concierne a los hijos de Leonor. Es muy
dificil el teatro en verso, tanto mas cuando
obliga a una seméntica teatral distinta a la
del drama en prosa. No impide esto para
que la puesta en escena avance hacia un
climax oclusivo.
El empleo de los guardias embozados y del
verdugo que transita en derredor del casti-
Ilo de Alarcos es una excelente muestra
de la imaginacién artistica de Sudrez del
Villar, Del mismo modo es Util a la idea
propuesta la concepcién del mobiliario,
compuesto sélo por sillas alargadas —fac-
tor expresionista— que remedan lanzas
y escudos.
No ha conseguido Sudrez del Villar en E/
conde Alarcos que los actores sostengan
un mismo nivel en la interpretacion de sus
personajes. Debe considerarse en cuanto
‘a esto que Aramis Delgado, Omar Valdés
y Ménica Guffanti alcanzan resultados
artisticos muy superiores a !os del resto
del reparto. Aramis Delgado dice muy bien
el verso, lo habla como prosa, con profun-
lad y espontaneidad, Se identifica con
las contradicciones del Conde, con su mis-
tica amorosa, con su dolor y hace uno solo
el “gestus” y el concepto dramatico que
expresa. La emocién final del actor al ha-
lar muerta a Leonor es impresionante. Mé-
nica Guffanti interpreta una Leonor fresca,
poética, encantadora. La transicién que
produce en el momento en que conoce la
sentencia es lo mejor de su actuacién.
Omar Valdés consigue que el rey represen-
te algo mas que una persona, encarna el
poder dictatorial, es el simbolo de la fuer-
za, Se vale de sus convincentes medios
expresivos para lograrlo.
Adria Santana tiene a su cargo un persona-
je muy dificil, el de Blanca, Este personaje
repelente y cruel que encarna la mujer-
pasi6n se obtiene por la estampa fisica de
la actriz y por algunos rasgos gestuales,
pero no por otros aspectos necesarios tam-
bién externos, como por ejemplo: la forma
de decir el verso, inflexiones fuera de lu-
gar, la conjugacién entre el tono y el tim-© Omer Valdés y Aramis Delgado en La hija de les Mores.
bre de la voz que no siempre se logra,
Requiere el drama una interiorizacién ma-
yor del personaje, que Adria Santana no
alcanza en justa medida. Luis Carlos Pérez
acttia un trovador denso, lento, poco sim-
patico. El Verdugo de Oscar Alvarez, con
una oportunidad tan brillant, esté por de-
bajo de este curioso personaje de Milanés.
Le falta pasién, sinceridad, emotivided
FI conde Alarcos ha subido con dignidad
escénica al tablado del Covarrubias. Es
meritoria la labor de Teatro Estudio de re-
presentar a nuestros escasos “clésicos”
y mucho més aun que se haya concebido
este ciclo, aporte cultural sin duda de gran
trascendencia para el desarrollo del movi-
miento teatral en nuestro pais.
LA HVA DE LAS FLORES
Seria muy atrevido, sin duda, afirmar que
La hija de las flores o Todos estén locos
{presentada en 1852), de Gertrudis Gomez
de Avellaneda, es teatro surrealista. Una
comedia tan sencilla, que recuerda los
brios del género en las mejores ofertas
del teatro clasico espafol, no puede cali-
ficarse de tal. Aunque eso de la muchacha
del bosque que aparece y desaparece, que
es magia, simbolo y mito, ninfa que perte-
nece a un libro de cuentos de la antigiie-
dad pagana, hace pensar en temas y perso-
najes surrealistas.
f
A
Perit ehB >
esegurtece “4
Caso aparte de esta riesgosa suposicién,
La hija de las flores figura entre nuestros
“clésicos” del teatro cubano. Escrita en
versos de arte menor y dedicada al drama-
turgo espafiol José Zorrilla, autor de Don
Juan Tenorio, la comedia de dofia Tula ofer-
ta un mundo entre bucélico y paradisiaco,
donde habita Flora. Personaje etéreo, es-
capado al parecer de Suerio de una noche
de verano, de Shakespeare, acaba por des-
mitificarse en el transcurso de! argumento
y recobrar el sentido idealista de un amor
roméntico.
Motivaciones dramiticas superficiales, re-
cursos manidos del teatro espafiol clasico,
personajes de escaso o casi ausente trazo
psicoldgico, La hija de las flores sirve més
para una puesta escénica que se plantea
como un juego que como un conflicto dra-
matico de serias proporciones.
La proposicién dramaturgica que de esta
pieza hace el director Armando Suérez del
Villar es, como teoria o hipstesis de traba-
jo, atractiva, Segan el guién que el realiza-
dor hace para pautar la representacién,
entran a funcionar los aspectos siguientes:
1, "El mundo de las apariencias anquilosa
los valores vitales de! hombre y convierte
a éste en un mecanismo que destruye sus
mejores impulsos y pensamientos”. Copio
textualmente de las notas al programa. Y
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