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El Susurro de la Médula: Terror Psicológico

El Susurro de la Médula es una historia de terror psicológico que sigue a Elías, quien hereda una casa misteriosa de su abuelo y descubre oscuros secretos familiares. Atrapado en un bucle dentro de la casa, Elías se enfrenta a seres inquietantes y a una transformación aterradora que lo lleva a perder su identidad. Al final, un impostor toma su lugar en el mundo, mientras su verdadero ser queda atrapado en el espejo.

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El Susurro de la Médula: Terror Psicológico

El Susurro de la Médula es una historia de terror psicológico que sigue a Elías, quien hereda una casa misteriosa de su abuelo y descubre oscuros secretos familiares. Atrapado en un bucle dentro de la casa, Elías se enfrenta a seres inquietantes y a una transformación aterradora que lo lleva a perder su identidad. Al final, un impostor toma su lugar en el mundo, mientras su verdadero ser queda atrapado en el espejo.

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Esta es una historia de terror psicológico y atmosférico diseñada para ser leída con calma.

Se titula "El Susurro de la Médula".

El Susurro de la Médula
Capítulo 1: La Herencia de los Olvidados

Elías siempre supo que su familia ocultaba algo, pero pensó que era simple excentricidad.
Cuando su abuelo falleció, le dejó en herencia "La Casona de los Cedros", una propiedad
aislada en un valle donde la niebla parece tener voluntad propia.

Como novelista en busca de inspiración, Elías aceptó el legado. Sin embargo, al cruzar el
umbral, el aire se sintió pesado, como si los muros estuvieran saturados de agua... o de algo
más denso. La casa era un laberinto de madera crujiente y techos altos. Lo más extraño eran
los espejos: todos estaban cubiertos con sábanas negras.

Capítulo 2: La Primera Noche

Elías decidió no destapar los espejos, respetando la voluntad de su abuelo plasmada en una
nota: "No busques tu reflejo en la oscuridad".

Esa noche, el silencio fue interrumpido por un sonido rítmico. Clac... clac... clac... Venía
de dentro de las paredes. Parecía el sonido de una uña golpeando madera. Elías recorrió el
pasillo con una linterna. Al llegar al final, notó que una de las sábanas que cubría un gran
espejo de cuerpo entero se movía. No había corriente de aire. La tela se hundía hacia
adentro, como si alguien, desde el otro lado del cristal, estuviera succionando el aire.

Capítulo 3: El Diario del Sótano

Al tercer día, el aislamiento empezó a pasarle factura. Encontró un sótano oculto tras una
estantería. Allí no había muebles, solo cientos de frascos de vidrio llenos de un líquido
amarillento y, en el centro, un diario forrado en piel.

Las entradas eran de su abuelo:

"14 de marzo. Han vuelto a pedir más. No les basta con las sombras que proyectamos.
Ahora quieren el eco de nuestros nombres. He cubierto los cristales, pero el vidrio es una
frontera débil. Si me miras a los ojos y ves que mi pupila no reacciona a la luz, huye."

Elías sintió un escalofrío. En ese momento, la luz de su linterna parpadeó. En la penumbra


del sótano, vio decenas de figuras pálidas, altas y extremadamente delgadas, pegadas al
techo como insectos. No tenían ojos, solo cuencas vacías que parecían observar su miedo.
Capítulo 4: La Deformación de la Realidad

Elías intentó salir de la casa, pero las puertas no daban al exterior. Cada vez que abría la
puerta principal, aparecía de nuevo en la cocina. La casa se había convertido en un bucle
cerrado.

El hambre empezó a ser distinta. No sentía necesidad de comer comida, sino una urgencia
por mirar los espejos. El susurro en las paredes se volvió constante, una voz que no usaba
cuerdas vocales, sino que vibraba directamente en sus huesos: "Déjanos pasar... solo
queremos tu piel para sentir el frío..."

Desesperado, Elías arrancó la sábana del espejo del salón. Su reflejo no era él. Era una
versión de sí mismo con la piel translúcida, donde se veían venas negras moviéndose como
gusanos. El reflejo le sonrió, pero el Elías real no lo estaba haciendo.

Capítulo 5: La Transformación

El proceso fue lento y doloroso. Los seres del techo bajaron. No lo atacaron con garras,
sino con caricias frías. Le susurraban historias de siglos pasados, de cómo ellos también
fueron dueños de la casa hasta que olvidaron sus nombres.

Elías sintió cómo su voluntad se disolvía. Su cuerpo empezó a perder densidad. Sus dedos
se alargaron y sus ojos se volvieron negros como pozos de petróleo. Entendió que la casa
no era una propiedad, sino una trampa de recolección.

Capítulo 6: El Nuevo Guardián

Un mes después, un notario llegó a la casa para verificar el estado de la propiedad tras no
tener noticias de Elías. Al entrar, encontró todo en orden, aunque un olor a ozono y
humedad lo inundaba todo.

Vio a un hombre joven sentado de espaldas en el salón. —¿Señor Elías? —preguntó el


notario. El hombre se giró lentamente. Tenía una sonrisa perfecta, demasiado perfecta. Su
piel brillaba bajo la luz de la tarde de una manera antinatural. —Estoy perfectamente —dijo
Elías con una voz que sonaba como el roce de dos piedras—. Pero los espejos... creo que
deberían seguir cubiertos.

Mientras el notario se marchaba, convencido de que todo estaba bien, el verdadero Elías
gritaba desde el otro lado del espejo del salón, golpeando el cristal sin sonido, viendo cómo
un impostor de cristal caminaba ahora por el mundo de los vivos usando su nombre.

En el techo, sobre la cabeza del notario, las figuras delgadas esperaban su turno, mientras el
susurro comenzaba de nuevo: Clac... clac... clac...

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