Emergencias Neurológicas: AIT y ACV Isquémico
Emergencias Neurológicas: AIT y ACV Isquémico
Objetivos 1
Introducción 1
Ataque isquémico transitorio 1
• Definición 1
• Factores de riesgo 2
• Pronóstico 2
• Fisiopatología 3
- Subtipos etiológicos de AIT basados en el mecanismo 3
• Diagnóstico 4
• Manifestaciones clínicas 5
- Presentaciones típicas: síntomas neurológicos focales transitorios de inicio súbito 6
- Presentaciones atípicas 6
• Diagnósticos diferenciales o simuladores del ataque isquémico transitorio 7
- Convulsiones 8
- Síncope 8
- Sepsis 8
- Cefalea primaria (migraña complicada) 9
- Infecciones del sistema nervioso central 9
- Otros diagnósticos diferenciales 9
• Lesiones de alto riesgo 10
• Estudios iniciales 10
• Evaluación inicial en el servicio de emergencia 10
• Manejo terapéutico general 13
• Conductas terapéuticas específicas según el mecanismo causal 13
Accidente cerebrovascular isquémico 15
• Epidemiología 16
• Fisiopatología 16
• Autorregulación cerebral 17
- Autorregulación cerebral durante el accidente cerebrovascular 18
• Tratamiento 18
• Manejo 19
- Manejo prehospitalario 19
- Manejo hospitalario 21
- Evaluación y manejo del paciente durante la fase aguda (primeras horas) 22
- Manejo general 25
• Secuencia de atención del ACV en el servicio de emergencias 27
• Escala NIHSS 29
• Estudios de diagnóstico por imagen 31
- Tomografía computarizada 31
- Resonancia magnética 34
- Angiorresonancia 34
• Tratamiento 34
- Tratamiento trombolítico 34
- Terapia antiplaquetaria 39
Accidente cerebrovascular maligno de la cerebral media 39
• Hemicraniectomía descompresiva 40
Conclusiones 41
Referencias bibliográficas 42
INTRODUCCIÓN
El ataque isquémico transitorio (AIT) es una emergencia médica y anuncia un accidente cerebrovascular (ACV)
isquémico en un tercio de los pacientes que lo experimentan.
El AVC isquémico es la principal causa de discapacidad y, junto con el AIT, en algunas regiones actualmente excede
la incidencia de los eventos vasculares coronarios. El 80% de los eventos recurrentes pueden ser prevenidos con
tratamiento.
En Estados Unidos se informan unos 240.000 AIT por año, con la afectación del 3% de la población adulta. Por su
parte, se registran unos 800.000 ACV anuales, con la afectación del 6-28% de la población.
Definición
Existen diversas definiciones del AIT, que se presentan a continuación.
Clásicamente, el AIT se definía como un déficit neurológico causado por isquemia cerebral focal que se resuelve
por completo dentro de las 24 horas. Esta definición, actualmente abandonada, tomaba en consideración el con-
cepto temporal clínico de resolución del cuadro.
A partir del año 2002 se comenzó a entender como un episodio de disfunción neurológica causado por isquemia
cerebral o retiniana, con síntomas de menos de 1 hora de duración y sin evidencia de infarto cerebral agudo en las
neuroimágenes. En esta definición, pues, se toma en consideración tanto el concepto temporal clínico como el de
neuroimágenes.
Actualmente el AIT se define como un episodio de disfunción neurológica transitoria por isquemia cerebral, medu-
lar o retiniana sin evidencia de infarto agudo en las neuroimágenes (definición biológica o tisular). En esta última
definición se abandona el concepto temporal y se enfatiza la ausencia de infarto en las neuroimágenes.
En realidad, el AIT forma parte de lo que se conoce como “síndrome neurovascular agudo”, que también compren-
de el infarto cerebral con síntomas transitorios y el AVC isquémico. Estas entidades tienen una presentación clínica
variable y requieren un pronto reconocimiento y tratamiento, dado que su progresión aumenta la morbimortalidad.
Factores de riesgo
Los factores de riesgo para eventos vasculares cerebrales son:
• Edad > 55 años.
• Sexo masculino.
• Bajo peso al nacer.
• Tabaquismo.
• Hipertensión arterial.
• Diabetes.
• Dislipemia.
• Fibrilación auricular.
• Estenosis carotídea.
• Dieta.
• Factores hormonales.
Pronóstico
Para comprender el pronóstico del AIT, se deben tener en cuenta los siguientes datos:
• El riesgo de ACV dentro de los siguientes 3 meses de un AIT es del 10-20%.
• El 50% de los episodios de ACV posteriores a un AIT ocurren dentro de las primeras 48 horas, siendo el período
de mayor riesgo.
• El riesgo de presentar AIT recurrente, ACV o muerte luego de un AIT es del 25% a los 3 meses.
• El riesgo de ACV, infarto agudo de miocardio (IAM) y muerte de causa vascular a los 10 años es del 42%.
• El 15% de los ACV son precedidos por un AIT.
• El 5% de los AIT son seguidos de un ACV isquémico dentro de las 48 horas de producido el evento.
• El 30% de los AIT definidos previamente son en realidad infartos cerebrales.
Fisiopatología
La fisiopatología de AIT incluye diversos mecanismos:
• Hipoperfusión.
• Oligohemia.
• Deterioro del metabolismo de la glucosa y del aporte de oxígeno cerebral.
Existe cierta variabilidad individual respecto de la tolerancia a la hipoperfusión dependiente del flujo o de la circu-
lación colateral, así como de la capacidad de liberación de oxígeno. Los pacientes con leucoaraiosis (hipodensidad
periventricular en la sustancia blanca) tienen deteriorada la capacidad de compensar el daño.
La clasificación TOAST (Trial Org-10172 Acute Stroke Treatment) de AIT y ACV identifica las siguientes causas y
porcentajes:
• Cardioembolismo: 34%.
• Enfermedad de grandes arterias: 9-13%.
• Enfermedad de pequeños vasos: 10-18%.
• Otras causas: 3-6%.
• Causa indeterminada: 25-50%.
Hay procesos intrínsecos de los vasos sanguíneos que pueden originar isquemia, como ateroesclerosis, lipohia-
linosis, inflamación, depósito de amiloide, disección arterial, malformación, dilatación aneurismática o trombosis
venosa. Respecto a los procesos de origen remoto, cabe mencionar la embolia de arterias extracraneales o del
corazón en vasos intracraneales. Por último, hay procesos de hipoperfusión cerebral por disminución de la presión
de perfusión o aumento de la viscosidad sanguínea.
Diagnóstico
El error en el diagnóstico de AIT entre emergentólogos es de hasta el 60%, mientras que entre neurólogos se sitúa
en el 42-86%, por lo que resulta evidente que el diagnóstico es muchas veces dificultoso.
Los puntos fundamentales para el diagnóstico son:
-Entrevista
→ Antecedentes:
• Cefalea.
• Traumatismo.
• Dolor en cuello.
• Antecedentes de diabetes, hipertensión arterial, fibrilación auricular, cáncer, miocardiopatía dilatada, aneuris-
ma ventricular.
• Estado hipercoagulable.
• Fiebre.
• Edad: joven o añoso (evaluar valor de eritrosedimentación).
• Sospecha de enfermedad sistémica.
La presentación del AIT se caracteriza por un cuadro súbito y sin pródromos. Los síntomas habituales suelen ser
negativos, como la pérdida de una función: fuerza, sensibilidad, lenguaje o visión. Los síntomas positivos sugieren
un diagnóstico alternativo, salvo parestesias y vértigo.
Manifestaciones clínicas
Muchos eventos isquémicos con manifestaciones clínicas transitorias presentan en la resonancia magnética (RM)
con difusión lesiones isquémicas que no se evidencian en una tomografía computarizada (TC) cerebral (Fig. 1).
El 50% de los AIT de entre 1 y 24 horas no presentan lesiones (infarto) en la RM con difusión. Por otro lado, la du-
ración de los síntomas no se correlaciona con la presencia o no de infarto en la RM.
Presentaciones atípicas
Entre las presentaciones atípicas, se encuentran:
• Aumento gradual de los síntomas (más de 5 minutos).
• Desplazamiento de síntomas de una parte del cuerpo a otra (sin pasar la línea media).
• Progresión de los síntomas de un tipo a otro.
• Alteraciones aisladas de la visión en ambos ojos caracterizadas por la aparición de fenómenos positivos.
• Síntomas sensoriales aislados con una distribución notablemente focal, como en un dedo, el mentón o la lengua.
La probabilidad de que la causa sea isquémica es muy baja, pero un 10% de los pacientes presentan RM con difu-
sión positiva para infarto, y un 16% de los infartos de tronco encefálico se presentan con un solo síntoma aislado.
Existen AIT “camaleones de ACV”, caracterizados por presentaciones atípicas de cuadros de isquemia cerebral. A
continuación se detallan la alteración y la locación de la lesión:
• Alteración leve del comportamiento: núcleo caudado.
• Manía y psicosis: tálamo, corteza orbitofrontal y temporoparietal.
• Abulia, aprosodia, mutismo acinético: corteza frontoparietal.
• Coma, síndrome del tope de la basilar: tálamo medial y perforante de tronco cerebral.
• Déficit de percepción visual (síndrome de Anton, síndrome de Balint): corteza occipital, occipitoparietal.
• Movimientos anormales (temblor, distonía, movimientos clónicos, corea): ganglios de la base.
• Síndrome de la mano ajena: cuerpo calloso.
• Sacudida transitoria de miembro: frontosubcortical.
• Convulsión: corteza.
• Vértigo: circulación posterior.
• Parestesias o pérdida sensorial aislada: corteza, cápsula interna, tálamo, tronco encefálico.
• Disartria aislada, asociada a paresia facial: cápsula interna, corona radiada o protuberancia.
Convulsiones
Las convulsiones presentan las siguientes características:
• Síntomas positivos: sacudidas de extremidades, giro de cabeza o de postura, relamerse los labios.
• Por lo general son breves (menos de 2 minutos de duración).
• Hay pérdida de la conciencia y amnesia para el evento.
• Los síntomas negativos posictales (parálisis de Todd: paresia posictal) pueden persistir durante 1-2 días.
• Puede haber historia de epilepsia, convulsiones similares recurrentes o lesión cortical anterior.
Síncope
Antes de la aparición del síncope puede haber pródromos, como visión borrosa o disminución de la audición. Hay
una pérdida de conciencia breve (menor de 1 minuto) con recuperación rápida al pleno estado de alerta. Se asocia
a náuseas, palidez y sudoración.
Los ACV del territorio vertebrobasilar pueden originar pérdida de conciencia y usualmente se acompañan de alte-
ración unilateral de nervios craneales: diplopía, disartria, vértigo y ataxia.
Sepsis
La presentación clínica puede ser mediante manifestaciones como debilidad o trastornos en el lenguaje. Un cuadro
de sepsis puede:
• Exacerbar los déficits neurológicos de un ACV previo.
• Presentar marcadores inflamatorios asociados y fiebre.
• Causar un ACV por hipercoagulabilidad o por endocarditis infecciosa.
Estudios iniciales
A continuación se presentan los estudios iniciales a realizar en pacientes con AIT.
• TC de cerebro: tiene una sensibilidad del 39% dentro de las 12 horas y permite descartar otras causas de déficit
transitorio, como tumores primarios o metástasis, hematomas, abscesos, hidrocefalia, hemorragia subaracnoi-
dea o hemorragia intraparenquimatosa. También puede identificar infartos previos en el 4-34% de los casos: si
están presentes, indican un aumento del riesgo de un nuevo ACV de 2-15 veces. Si se aprecia una imagen de
infarto y el déficit fue transitorio, se trata de un infarto con síntomas transitorios y no de un AIT. También se
pueden encontrar otras lesiones vasculares (leucoaraiosis).
• RM con difusión: tiene una sensibilidad del 99% dentro de las 12 horas. Ofrece más sensibilidad que la TC o la
RM estándar (83-97%). Muestra áreas hiperintensas con restricción de la difusión por formación de edema cito-
tóxico en la fase temprana del infarto. Un tercio de los pacientes a los que se les realiza una TC o RM estándar
con resultado normal presentan pequeños infartos en la RM con difusión.
• Electrocardiograma (ECG).
• Laboratorio: glucemia, hemograma con recuento de plaquetas, ionograma, coagulación (estudio opcional).
• Estudios orientados a evaluar etiología, protocolo acelerado:
• Estudios de vasos arteriales (eco-Doppler/angio-TC /angio-RM/eco-Doppler transcraneal).
• Ecocardiograma.
• Holter electrocardiográfico.
• Otros según sospecha.
Respecto de la conducta a adoptar frente a los pacientes con AIT, ¿se debe internar, observar, externar? ¿Corres-
ponde adoptar la misma conducta para todos los AIT?
Lo necesario es categorizar el riesgo y siempre tener en cuenta que el diagnóstico precoz del mecanismo causal
puede prevenir un evento vascular mayor, por lo que el paciente debe ser estudiado con premura.
Existe alto riesgo de ACV en corto período ante:
• Origen cardioembólico (fibrilación auricular, miocardiopatía, valvulopatía).
• AIT in crescendo.
• TC de cerebro inicial anormal.
• Estenosis carotídea conocida.
• ACV previo mayor.
• Paciente bajo tratamiento antiagregante.
• Presencia de factores de riesgo asociados.
La escala ABCD2 presenta sus limitaciones. Se ha observado que hasta el 41% de los pacientes con puntuación
alta (> 4) tienen en realidad simuladores de AIT, mientras que hasta el 21 % de los que tienen una puntación baja
presentan etiologías de alto riesgo (estenosis carotídea). Otra limitación es que la evaluación clínica es útil para la
circulación anterior y lleva a error en circulación posterior (vértigo o pérdida sensorial).
El mejor camino para pronosticar futuros eventos posteriores a un AIT es obtener una visión del mecanismo vas-
cular subyacente responsable del evento. Ese debe ser el objetivo primario.
→ AIT cardioembólico: fibrilación auricular, trombo mural en IAM, valvulopatía reumática mitral y válvula protésica:
• Anticoagulación con warfarina-acenocumarol a índice internacional normalizado (INR) 2-3, dabigatrán 150 mg
cada 12 horas; salvo en endocarditis infecciosa.
En las últimas dos décadas se han producido avances significativos en el estudio y, en particular, en el tratamiento
de esta entidad de tanto impacto en cuanto a morbimortalidad:
• 1995: se consigue el primer tratamiento efectivo del ACV mediante trombólisis.
• 2008: se logra extender la ventana terapéutica con trombólisis de 3 a 4,5 horas.
• 2013: la trombectomía mecánica extiende la ventana de tratamiento a las 6 horas.
• 2017: con este mismo tratamiento se logra una ventana de 24 horas.
Epidemiologia
El ACV isquémico es una de las principales causas de muerte y también de discapacidad a largo plazo, así como el
motivo de ingreso hospitalario más frecuente por causa neurológica.
Menos del 20% de los pacientes con ACV quedan sin secuelas, y el 40% desarrollan algún grado de deterioro cog-
nitivo que puede proseguir en su evolución hacia la demencia vascular. La incidencia y la prevalencia de los ACV
aumentan con la edad.
Fisiopatología
Los subtipos de ACV agudo a menudo se clasifican en estudios clínicos utilizando un sistema desarrollado por in-
vestigadores del ensayo TOAST, basado en la causa subyacente. Bajo este sistema, las causas de ACV isquémicos
se clasifican en las siguientes categorías:
• Aterosclerosis de grandes arterias.
• Cardioembolismo.
• Oclusión de pequeños vasos.
• ACV de:
- Otra etiología determinada.
- Etiología indeterminada.
Los ACV isquémicos se deben a una reducción o bloqueo completo del flujo sanguíneo cerebral. Esta reducción
puede deberse a una disminución de la perfusión sistémica, a una estenosis grave o a la oclusión de un vaso san-
guíneo. La disminución de la perfusión sistémica puede ser el resultado de una presión arterial baja, de una insufi-
ciencia cardíaca o de una pérdida de sangre. La determinación del tipo de ACV puede influir en el tratamiento que
se utilizará. Las principales causas de la isquemia son:
• Trombosis: se refiere a la obstrucción de un vaso sanguíneo debido a un proceso oclusivo desarrollado dentro
del propio vaso. La obstrucción puede ocurrir de forma aguda o gradual. En muchos casos, la patología subya-
cente, como la aterosclerosis, puede causar la estenosis del vaso enfermo, lo que lleva a una restricción más
o menos gradual del flujo sanguíneo. En algunos casos, las plaquetas pueden adherirse a la placa ateroscleró-
tica formando un trombo que conduce a la oclusión aguda del vaso. La aterosclerosis suele afectar a los vasos
extracraneales e intracraneales más grandes. En algunos casos, la oclusión aguda de un vaso no afectado por
aterosclerosis puede ocurrir debido a un estado de hipercoagulabilidad.
También hay alteraciones no ateroescleróticas de los vasos cerebrales, ya sean hereditarias o adquiridas, que
predisponen a un ACV isquémico en todas las edades, pero especialmente en los adultos más jóvenes. Pueden
dividirse en etiologías no inflamatorias e inflamatorias. Destacamos aquí las principales vasculopatías no ateros-
cleróticas asociadas con el ACV isquémico:
• Disección arterial.
• Displasia fibromuscular.
• Vasculitis.
• Enfermedad de Moyamoya.
• Arteriopatía cerebral focal.
La disminución de la perfusión sistémica debida a hipotensión sistémica puede producir isquemia generalizada
en el cerebro. Esto es más crítico en las áreas de la zona de frontera o limítrofe, que son territorios que ocupan la
región límite de dos zonas de irrigación arterial diferentes pero adyacentes. La isquemia causada por hipotensión
puede ser asimétrica debido a lesiones vasculares preexistentes.
Autorregulación cerebral
En condiciones normales, la velocidad del flujo sanguíneo cerebral está determinada principalmente por la resisten-
cia dentro de los vasos sanguíneos cerebrales, que está directamente relacionada con su diámetro. La dilatación
de los vasos conduce a un aumento del volumen de sangre en el cerebro y al aumento del flujo sanguíneo cerebral,
mientras que la vasoconstricción tiene el efecto opuesto. El flujo sanguíneo cerebral también está determinado por
la variación en la presión de perfusión cerebral.
La autorregulación cerebral es el fenómeno por el cual el flujo sanguíneo cerebral se mantiene en un nivel rela-
tivamente constante a pesar de las variaciones en la presión de perfusión. El mantenimiento del flujo sanguíneo
cerebral por autorregulación generalmente ocurre dentro de un rango de presión arterial media de 60 a 150 mmHg.
Sin embargo, los límites superior e inferior varían entre distintos individuos.
Tratamiento
En base a los conceptos definidos anteriormente, el objetivo inicial del tratamiento del ACV isquémico es lograr la
reperfusión de la zona afectada. Esta estrategia está limitada por el tiempo. Los pasos de la actuación deben rea-
lizarse en un tiempo breve, dado que es su factor limitante.
Manejo
A continuación se presenta un resumen del manejo tanto prehospitalario como hospitalario del paciente con ACV
(Fig. 5).
Manejo prehospitalario
El manejo del ACV isquémico a nivel prehospitalario presenta las siguientes características:
• Sospecha diagnóstica.
• Respuesta rápida: código rojo.
• Realizar evaluación inicial (ABC).
• Registrar el tiempo de evolución del cuadro.
- Escalas
Debido al escaso reconocimiento de los síntomas de los ACV, se han desarrollado escalas y sistemas para ayudar
tanto al público en general como al personal de atención de emergencia prehospitalaria en la identificación de per-
sonas con un ACV agudo y para acelerar el transporte de las víctimas al lugar adecuado para su tratamiento.
El test FAST y la escala CPSS son similares y evalúan la presencia o ausencia de debilidad facial, debilidad del brazo
y dificultad para hablar. La principal diferencia entre ambos métodos es que la prueba FAST incorpora la evalua-
ción de la función del lenguaje durante una conversación normal, mientras que la escala CPSS evalúa el lenguaje
al pedirle al paciente que repita una oración corta. La escala LAPSS incorpora elementos adicionales para ayudar
a excluir los simuladores de ACV y aumentar la sensibilidad y especificidad diagnóstica.
Manejo hospitalario
El paciente puede llegar al servicio de emergencia tras una atención prehospitalaria o bien al ser llevado por fami-
liares o cuidadores. En este último caso, puede requerir el primer diagnóstico en el sector de triaje.
- Escala ROSIER
La escala para el reconocimiento de los AVC en la sala de emergencias, la escala ROSIER (Recognition of Stroke in
the Emergency Room), se desarrolló para facilitar la identificación rápida del paciente con estos cuadros en el triaje
o por parte de los médicos del servicio de emergencias. Incorpora la escala de coma de Glasgow y la medición de la
presión arterial y la glucemia, junto con la evaluación de una escala de reconocimiento de ACV de siete elementos:
Los dos primeros elementos son para excluir los cuadros imitadores de ACV:
• Pérdida de conciencia o síncope (sí = –1; no = 0).
• Convulsiones (sí = –1; no = 0).
Los siguientes cinco elementos informan sobre los déficits neurológicos específicos de aparición aguda (o presen-
tes desde que el paciente despertó de dormir):
• Debilidad facial asimétrica (sí = +1; no = 0).
• Debilidad asimétrica del brazo (sí = +1; no = 0).
- Evaluación ABC
La evaluación de los signos vitales y la estabilización de la vía aérea, la respiración y la circulación forman parte de
la evaluación inicial de todos los pacientes con enfermedades críticas, incluidos aquellos con ACV. Los pacientes
con disminución de la conciencia o disfunción bulbar pueden ser incapaces de proteger su vía aérea, y los pacien-
tes con aumento de la presión intracraneal debido a isquemia vertebrobasilar o isquemia bihemisférica pueden
presentar vómitos, disminución del impulso respiratorio u obstrucción muscular de las vías respiratorias. La hipo-
ventilación, con el consiguiente aumento del dióxido de carbono, puede provocar vasodilatación cerebral y elevar
la presión intracraneal.
En estos casos, puede ser necesario recurrir a la intubación para restablecer una ventilación adecuada y para pro-
teger la vía aérea de la aspiración. Los pacientes con ventilación adecuada deben tener monitorizada la saturación
de oxígeno. Los pacientes hipoxémicos deben recibir oxígeno suplementario para mantener una saturación de oxí-
geno > 94%. No debe indicarse oxígeno suplementario de rutina si no hay hipoxemia.
- Evaluación neurológica
La isquemia en diferentes territorios vasculares se presenta con síndromes específicos. La historia debe centrarse
en el momento del inicio de los síntomas, el curso de los síntomas a lo largo del tiempo, las posibles fuentes embó-
licas, los elementos del diagnóstico diferencial y las enfermedades concomitantes.
El examen neurológico debe intentar confirmar los hallazgos de la historia y proporcionar un examen cuantificable.
La escala más utilizada y validada es la NIHSS, compuesta por 11 ítems que suman una puntuación total de 0 a 42.
- Estudios inmediatos
Entre los estudios que deben practicarse de inmediato se encuentran la TC o la RM cerebrales, que son obligato-
rias ante una sospecha de ACV.
A todos los pacientes con sospecha de ACV se les deben realizar de forma urgente los siguientes estudios como
parte de la evaluación del AVC agudo:
• TC cerebral sin contraste o RM de cerebro.
• Glucemia.
• Saturación de oxígeno.
La radiografía de tórax, el análisis de orina y los hemocultivos están indicados si hay fiebre, al igual que la determi-
nación de grupo sanguíneo, factor Rh y compatibilidad cruzada en caso de que se necesite plasma fresco congela-
do para revertir una coagulopatía, si hay presencia de una hemorragia cerebral como complicación del tratamiento.
- Neuroimágenes
En la evaluación del paciente con ACV, los estudios de imagen son necesarios para excluir la hemorragia como
causa del déficit, y son útiles para evaluar el grado de lesión cerebral e identificar la lesión vascular responsable
del déficit isquémico.
Manejo general
El manejo general del paciente con ACV isquémico se compone de lo detallado a continuación.
- Fluidos
Para la mayoría de los pacientes con ACV agudo, con o sin depleción de volumen, la solución salina isotónica sin
dextrosa es el agente de elección para la reposición de líquidos intravasculares y la fluidoterapia de mantenimien-
to. En general, es mejor evitar las soluciones hipotónicas que pueden exacerbar el edema cerebral en el ACV agudo
y son menos útiles que las soluciones isotónicas para reemplazar el volumen intravascular. Además, es mejor evitar
las soluciones dextrosadas, que pueden empeorar la hiperglucemia.
- Hipoglucemia
La hipoglucemia puede causar déficits neurológicos focales que simulan un ACV, y la hipoglucemia grave por sí sola
puede causar lesiones neuronales. Es importante corregir rápidamente la hipoglucemia.
- Hiperglucemia
La hiperglucemia (glucemia > 126 mg/dl) es común en pacientes con ACV agudo y se asocia con una peor evolu-
ción. Se recomienda mantener la glucemia en valores entre 140 a 180 mg/dl; si el valor es > 180 mg/dl, se empleará
insulina rápida.
- Evaluación de la deglución
La disfagia es común después de un ACV y constituye un factor de riesgo importante para el desarrollo de neumo-
nía por aspiración.
Es importante evaluar la función de deglución antes de administrar medicamentos orales o alimentos.
Por lo tanto, la prevención de la aspiración en pacientes con ACV agudo implica no administrar nada por vía oral
hasta que se evalúe la deglución.
- Fiebre
La fiebre tiene un significado especial en pacientes con deterioro neurológico agudo. Ambos problemas pueden
ocurrir en pacientes con una infección primaria del sistema nervioso central, como meningitis, empiema subdural,
absceso cerebral y endocarditis infecciosa. Estas condiciones deben ser excluidas como causa de la fiebre. Tam-
bién deben excluirse las etiologías comunes de la fiebre, incluyendo la neumonía por aspiración y la infección del
tracto urinario.
La fiebre se asocia con mala evolución del ACV.
- Hipertensión arterial
En pacientes con ACV, la presión de perfusión distal al vaso obstruido es baja y los vasos distales están dilatados.
Debido a la alteración de la autorregulación cerebral, el flujo de sangre en estos vasos dilatados depende de la
presión arterial sistémica. La presión arterial suele estar elevada en pacientes con un ACV agudo. Las causas son
multifactoriales, ya que puede deberse a una hipertensión arterial crónica, a una respuesta simpática aguda o a
otros mecanismos. Sin embargo, la presión arterial elevada aguda es necesaria para mantener la perfusión cere-
bral en áreas isquémicas limítrofes.
Se ha observado que la hipertensión arterial luego de la isquemia cerebral aumenta espontáneamente como fenó-
meno protector, aunque también puede ser debida a una respuesta de estrés al evento agudo y a la hospitalización.
El manejo de la presión arterial para los pacientes que van a recibir trombolíticos es la siguiente: antes de comenzar
la terapia trombolítica, se recomienda el tratamiento para que la presión arterial sistólica sea ≤ 185 mmHg y la pre-
sión arterial diastólica ≤ 110 mmHg. La presión arterial debe estabilizarse y mantenerse en niveles ≤ 180/105 mmHg
durante al menos 24 horas después del tratamiento trombolítico. El fármaco recomendado para reducir la presión
arterial en caso necesario es el labetalol intravenoso.
- Unidades especializadas
Los pacientes con ACV agudo tienen mejores resultados cuando ingresan en una unidad hospitalaria especializada
para la atención de pacientes con todo tipo de ACV agudo, incluyendo la isquemia, la hemorragia intracerebral y
la hemorragia subaracnoidea. Los componentes de una unidad de AVC agudos varían entre los centros y los paí-
ses, pero generalmente incluyen una sala de hospital con camas con monitorización que cuentan con un equipo
de médicos y personal de enfermería especializados en atención de ACV, enfatizando la experiencia en neurología
vascular y neurocirugía.
Otras características adicionales incluyen la disponibilidad inmediata de técnicas de neuroimagen (TC, RM, varios
tipos de angiografía, ecografía, Doppler transcraneal) y pruebas de imagen cardíacas.
Las guías internacionales y nacionales actuales apoyan la creación de unidades especializadas para la atención de
pacientes con ACV.
La cabecera de la cama debe estar a 45°, siendo necesario realizar monitorización de presión arterial, frecuencia
cardíaca /temperatura /saturación de oxígeno.
Se deben colocar dos vías de calibre grueso con solución salina; si está indicado, se colocan sondas vesical o na-
sogástrica (después no, dado el riesgo de hemorragia posterior a trombólisis).
Respecto de las contraindicaciones para trombólisis, se debe obtener información con el paciente o cuidador. A
continuación se detallan las contraindicaciones absolutas de trombólisis intravenosa:
- Hemorragia subaracnoidea.
• Punción arterial en sitio no compresible en los últimos 7 días (incluye punción lumbar).
Escala NIHSS
La escala NIHSS permite estratificar la gravedad del ACV y se correlaciona con el volumen del tejido cerebral in-
fartado y con la probabilidad de muerte y discapacidad en los meses siguientes (Fig. 7).
A menor puntuación en la escala NIHSS, mejor es el pronóstico y existe menor riesgo de hemorragia con trombóli-
sis. Con un puntuación > 10, mayor es el riesgo de trombo proximal.
Respecto de la trombólisis y la escala NIHSS, se debe indicar como conducta terapéutica en aquellos pacientes
con puntuación no menor de 4 y no mayor de 25 puntos.
Estudios de diagnóstico por imagen
Tomografía computarizada
La TC de cerebro sin contraste presenta las siguientes características:
• Fácil de realizar en el paciente crítico.
• Diagnóstica casi el 100% de los hematomas > 1 cm de diámetro y el 95% de las hemorragias subaracnoideas.
• Puede no mostrar las lesiones definitivas de isquemia hasta las 24 a 48 horas.
Fig. 10. Borramiento de surcos, falta de diferenciación entre sustancia gris y blanca, hipodensidad en hemisfe-
rio derecho.
Angiorresonancia
Con la angio-RM se puede estudiar el árbol vascular intracraneal y extracraneal mejorando la especificidad en el
diagnóstico diferencial de simuladores de ACV. Evalúa mejor la fosa posterior que la TC. En la fase inicial, al rom-
perse la barrera hematoencefálica, se produce un alargamiento de los tiempos de relajación en las secuencias pon-
deradas en T1 y el área de isquemia es hipointensa. En las secuencias T2-Flair-DWI, la isquemia es hiperintensa.
Tratamiento
Tratamiento trombolítico
Las ventanas temporales de tratamiento trombolítico intravenoso son:
• Primera ventana: de 3 horas (según el National Institute of Neurological Disorders and Stroke [NINDS]).
• Segunda ventana: de 4,5 horas (según el European Cooperative Acute Stroke Study III [ECASS II]).
Respecto de los anticoagulantes, se debe tener en cuenta no usar los de nueva generación; si el paciente recibió
heparina en las últimas 48 horas, TTPa normal.
El riesgo principal de la trombólisis intravenosa es la hemorragia cerebral, que puede evitarse si:
• Se cumplen los criterios de inclusión.
• Se controla la presión arterial antes, durante y posteriormente a la trombólisis.
• Se evitan antiagregantes, anticoagulantes orales o heparina, sondas nasogátrica o vesical o catéteres intraar-
teriales hasta por lo menos 24 horas de su administración.
El manejo de la presión arterial durante y después de la trombólisis u otra terapia de reperfusión aguda consiste en
mantenerla ≤ 180/105 mmHg:
• Monitorizar la presión arterial cada 15 minutos durante 2 horas desde el inicio de la terapia con alteplasa (trom-
bolítico).
• Luego, cada 30 minutos durante 6 horas.
• Luego, cada hora durante 16 horas.
Si la presión arterial sistólica es > 180-230 mmHg o la presión arterial diastólica es > 105-120 mmHg:
• Labetalol en dosis de 10 mg IV seguido de infusión intravenosa continua de 2-8 mg/minuto.
• Nicardipina en dosis de 5 mg/hora IV, valorar hasta el efecto deseado en 2,5 mg/hora cada 5-15 minutos; máximo
15 mg/hora.
• Clevidipina en dosis de 1-2 mg/hora IV, titulación duplicando la dosis cada 2-5 minutos hasta alcanzar la presión
arterial deseada; máximo 21 mg/hora.
• Si la presión arterial no está controlada o la presión arterial diastólica es > 140 mmHg, se utiliza nitroprusiato
sódico IV en dosis de 0,5-1 μg/kg/min, que puede aumentarse según respuesta hasta 10 μg/kg/min.
Puntuación 1 = 7% de hemorragia.
Puntuación 7 = 15 % de hemorragia.
Ante la sospecha, se debe suspender la infusión de rtPA y realizar una nueva TC de cerebro.
Se debe mantener la vía aérea. La intubación endotraqueal puede no ser necesaria si el edema se limita a lengua
y labios anteriores. Si el edema involucra laringe, paladar, suelo de la boca u orofaringe con una rápida progresión
(dentro de los 30 minutos), la situación plantea un mayor riesgo de requerir intubación. La intubación con fibra óp-
tica con el paciente despierto es óptima; la nasal-traqueal puede ser otra opción, pero presenta el riesgo de epis-
taxis. Otra opción es la cricotiroidotomía.
El tratamiento incluye:
• Descontinuar la infusión de alteplasa IV.
• Administrar metilprednisolona 125 mg IV.
• Administrar difenhidramina 50 mg IV.
• Administrar ranitidina 50 mg IV o famotidina 20 mg IV.
• Si hay un aumento adicional en el angioedema, administrar adrenalina (0,1%) en dosis de 0,3 ml por vía subcutá-
nea o de 0,5 ml por nebulizador.
• Icatibant, un antagonista selectivo del receptor de bradicinina B2, en dosis de 3 ml (30 mg) por vía subcutánea
en el área abdominal; puede administrarse una inyección adicional de 30 mg a intervalos de 6 horas sin exceder
un total de 3 inyecciones en 24 horas. También el inhibidor de la esterasa C1 derivado del plasma (20 UI/kg) ha
sido exitoso.
• Se utiliza en angioedema hereditario y angioedema relacionado con inhibidores de la enzima de conversión de
angioitensina (IECA).
Terapia antiplaquetaria
Se recomienda la administración de AAS en pacientes con ACV dentro de 24 a 48 horas después del inicio del cua-
dro.
Para aquellos tratados con alteplasa, la administración de AAS generalmente se retrasa hasta 24 horas después.
En pacientes con ACV leve, el tratamiento durante 21 días con terapia antiplaquetaria dual (AAS y clopidogrel)
comenzando dentro de las 24 horas puede ser beneficioso para la prevención temprana de ACV secundario en el
período de hasta 90 días desde el inicio de los síntomas.
Es el infarto masivo del territorio de la arteria cerebral media (Fig. 13). Su etiología es trombótica o embólica, con
el compromiso de la arteria cerebral media proximal a nivel del segmento M1. Tiene una alta mortalidad, que llega
al 78% por herniación.
Fig. 13. Hipodensidad en territorio de cerebral media derecha (abarcaba todos los cortes en ese hemisferio).
Hemicraniectomía descompresiva
Esta intervención se debe realizar dentro de las 48 horas del inicio del cuadro en pacientes < 60 años de edad
con compromiso por infarto de más del 50% del territorio de la arteria cerebral media con deterioro del estado de
conciencia que tienen alto riesgo de desarrollar edema maligno. Presenta menor mortalidad perioperatoria en los
grupos de edad inferior a 50 años.
CONCLUSIONES
Todo paciente con un AIT requiere una rápida evaluación para evitar una catástrofe mayor, mortal o invalidante
como un ACV u otros eventos vasculares graves. Aunque el AIT pueda parecer un cuadro de menor riesgo dada la
reversión clínica del déficit, requiere un pronto estudio y tratamiento.
Cuando un paciente presenta un ACV isquémico se debe poner en marcha una cadena de acciones, desde la aten-
ción prehospitalaria hasta la hospitalaria, para realizar en tiempo oportuno la permeabilización de la arteria com-
prometida a fin de intentar revertir el daño neurológico y disminuir la morbimortalidad de los pacientes.
En este módulo se ha visto el espectro de los síndromes neurovasculares agudos, desde una lesión amenazante
como el AIT, hasta una lesión establecida pero potencialmente reversible con tratamiento, como el ACV isquémico.
Son cuadros en que la realización de una atención prehospitalaria y hospitalaria precoz puede salvar el cerebro
amenazado o lesionado.
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