Conclusión personal (Santiago González Giberto)
Este trabajo me hizo mirar la escuela de una forma distinta. Me fui dando cuenta de que
muchos de los problemas que vemos todos los días no pasan porque a la gente no le importe,
sino porque faltan recursos, las cosas se desgastan con el uso o simplemente no se les da el
arreglo que necesitan. También entendí lo difícil que es mantener un lugar donde convivimos
tantos alumnos, docentes y preceptores. Sostener una escuela no es algo mágico: requiere
plata, tiempo y gente que se comprometa. Ahí me dí cuenta de que, si queremos que mejore,
no alcanza con pedir cambios; también tenemos que meter mano cuando podemos.
Participar en este proyecto también me ayudó a relacionarme mejor con mis compañeros, los
profes y los directivos. Sentí que, por una vez, todos estábamos remando para el mismo lado.
No hicimos algo gigante, pero igual daba la sensación de que podía servir para algo real. Me
gustó ver que cuando todos ponen un poco, por más chiquito que sea, se nota. Aprendí que no
hace falta hacer una hazaña para aportar, sino simplemente tener ganas y usar lo que uno
tiene al alcance.
Otra cosa que entendí es que Educación Física no es solo moverse, correr o hacer deportes.
También tiene que ver con sentirse bien, aprender a trabajar en equipo, compartir con los
demás y mejorar como persona. Por eso creo que es clave que la materia tenga los elementos y
espacios necesarios para que todos podamos disfrutarla como corresponde y no sentir que
queda relegada.
Por último, puedo decir que este proyecto no solo me mostró un problema, sino que me
permitió hacer algo al respecto. Me hizo ver que cuando uno se involucra de verdad, por
mínimo que sea lo que haga, igual puede generar un cambio. Y eso, para mí, es lo más
importante que me llevo: que la escuela crece y mejora cuando cada uno aporta su parte,
incluso si es algo pequeño, pero hecho con ganas.