Cáncer de esófago.
Anatomía del esófago.
Es un tubo muscular, hueco, que se extiende desde la faringe hasta el estómago,
y sirve para el paso de alimento. En su recorrido, atravesando el cuello y el tórax
para llegar al abdomen, se encuentra por delante de la columna vertebral, en
íntima relación con distintas estructuras (aorta, nervio recurrente laríngeo
izquierdo, bronquio principal izquierdo, corazón y diafragma).El esófago mide
aproximadamente 25 cms., y se divide anatómicamente en:
Tercio superior: desde el borde inferior del cartílago cricoides hasta 18 cms.
de los dientes incisivos superiores.
Tercio medio: entre 18 a 32 cms. de los dientes incisivos superiores
(aproximadamente hasta por encima de la unión gastroesofágica).
Tercio inferior: desde la unión gastroesofágica hasta aproximadamente 40
cms. de los dientes incisivos superiores.
Otra forma de división del esófago hace referencia a su localización anatómica:
Esófago cervical: desde el borde inferior del cartílago cricoides hasta el
estrecho torácico superior, a 20 cms. de incisivos superiores.
Esófago intratorácico:
- Superior: hasta la bifurcación traqueal, a 25 cms. de los incisivos
superiores.
- Medio: hasta 30 cms. de los incisivos superiores.
- Inferior: hasta la unión gastroesófagica, a 40 cms. de los incisivos
superiores.
Esófago Abdominal: desde la unión gastroesofágica hasta 2 cms. por
debajo de ésta, 45 cms. de los incisivos superiores.
El cardias (esfínter esofágico inferior) es el anillo muscular que separa el esófago
del estómago. Su función es permitir el paso de la comida del esófago al
estómago, y no en sentido contrario. Su mal funcionamiento condiciona la
aparición de reflujo gastroesofágico.
Los tumores de la unión esofagogástrica se clasifican junto a los tumores de
esófago. La unión esofagogástrica es un área anatómica imprecisa, de
localización alrededor del cardias. La mucosa del esófago es rosado pálida y
termina en la línea Z, convirtiéndose a un color rojo salmón propio de la mucosa
gástrica.
Epidemiología
El cáncer de esófago es el sexto tumor más frecuente del aparato digestivo en
España (por detrás del cáncer colorrectal, páncreas, estómago, hígado y vesícula
biliar) y se sitúa entre los diez cánceres más frecuentes en el mundo.
Su incidencia presenta grandes variaciones geográficas, considerándose áreas de
alta frecuencia Asia y África Central y del Sur (más de 100 casos por 100.000
habitantes/año). En Europa las tasas más altas de incidencia se presentan en
Rusia, Francia, Reino Unido e Irlanda. España se encuentra, respecto al resto de
Europa, en un término medio de incidencia (aproximadamente 8/100.000 hombres
y 1/100.000 mujeres).
Según el informe “Las cifras del cáncer en España 2019” publicado por SEOM, la
incidencia de cáncer de esófago en España es de 2353 casos (82,3% en varones),
suponiendo el 0.85% de todos los cánceres y el decimotercero de los tumores
sólidos por orden de frecuencia en varones y el decimoséptimo en mujeres. La
mortalidad es de 1850 casos al año, correspondiendo al 1,63% de las muertes por
cáncer y al noveno en orden de frecuencia de los tumores sólidos en varones y al
decimoctavo en mujeres.
El cáncer de esófago es más frecuente en el hombre que en la mujer, pudiendo
oscilar la relación entre 3 y 10 hombres por cada mujer, dependiendo del área
geográfica. La edad habitual de presentación es entre los 55 y los 70 años, siendo
infrecuentes los casos en personas por debajo de los 40 años.
En los últimos años la incidencia del adenocarcinoma del tercio distal del esófago
y de la unión gastroesofágica se ha incrementado de forma paralela a la
enfermedad por reflujo gastroesofágico, especialmente en personas con alto
índice de masa corporal.
Etiología y factores de riesgo
Dependiendo del tipo histológico (adenocarcinoma ó carcinoma epidermoide)
existen diferentes factores de riesgo asociados con su aparición.
Los factores de riesgo asociados al desarrollo de carcinoma epidermoide de
esófago son:
Tabaco.
Alcohol.
Extracción social baja.
Dieta: déficit nutritivos, hipovitaminosis, ingesta de alimentos con alto
contenido de nitrosaminas (carne conservada, pescado ahumado, seco).
Achalasia.
Esófago de Barret.
Lesiones por cáusticos.
Ptilosis.
Síndrome de Plummer-Vinson.
Neoplasias de cabeza y cuello.
Cáncer de mama cuyo tratamiento haya comprendido la radioterapia.
Ingesta de bebidas calientes.
Existe una mayor frecuencia de segundos tumores del tracto respiratorio y
digestivo superior entre los pacientes con carcinoma epidermoide de esófago,
mayoritariamente como resultado de la exposición al tabaco.
Los factores de riesgo más asociados al desarrollo de adenocarcinoma de esófago
son:
Reflujo gastroesófagico.
Obesidad.
Infección por H. pylori.
Sexo masculino (7:1).
Extracción social baja.
Dieta: déficits nutritivos, hipovitaminosis, ingesta de alimentos con alto
contenido de nitrosaminas (carne conservada, pescado ahumado, seco…).
Tabaco.
El adenocarcinoma de esófago distal y de la unión gastroesofágica surge
típicamente en un epitelio con metaplasia, circunstancia conocida como esófago
de Barret. Esta condición premaligna se caracteriza por la presencia de un epitelio
columnar que abarca a tres o más centímetros del esófago tubular distal, ya sea
en presencia o en ausencia de hernia de hiato. El esófago de Barret es dos veces
más prevalente en varones que en mujeres, y su frecuencia se incrementa con la
edad. Pese a asociarse con la enfermedad por reflujo crónico, su verdadera causa
es desconocida. Aproximadamente el 60% de los casos de adenocarcinoma de
esófago distal o de la unión gastroesofágica presentan evidencia de esófago de
Barret. El manejo habitual de los pacientes con esófago de Barret es el
seguimiento mediante la realización de endoscopias periódicas y biopsias para ver
el grado de degeneración del tejido (displasia). En los casos de displasia de alto
grado se recomienda un seguimiento más intenso, incluso la resección quirúrgica.
Signos y síntomas al diagnóstico
En las etapas iniciales de la enfermedad, el cáncer de esófago habitualmente es
asintomático, por lo que su diagnóstico suele ser casual durante el estudio de
otros problemas de salud.
Los síntomas más frecuentemente asociados al cáncer de esófago, por los que el
paciente acude al médico, son:
Disfagia: dificultad para tragar o sensación de que el alimento se ha
quedado detenido en la garganta o en el tórax. Inicialmente la disfagia es
para alimentos sólidos, siendo posteriormente, conforme progresa la
enfermedad, para líquidos.
Pérdida de peso: provocada por la imposibilidad para alimentarse
adecuadamente, y por una pérdida de apetito y cambios en el metabolismo
inducidos por la enfermedad.
Dolor: se localiza habitualmente en el tórax, por detrás del esternón. Se
trata de un síntoma inespecífico, pues puede aparecer en procesos
benignos del esófago, como en el reflujo gastroesofágico. Si aparece en un
paciente con cáncer de esófago suele asociarse a un tumor de gran
tamaño.
Síntomas respiratorios: tos e infecciones respiratorias. Suele ser derivado
de la afectación del árbol respiratorio secundaria al tumor esofágico. Si
aparece en un paciente con cáncer de esófago suele asociarse a un tumor
avanzado.
Otros síntomas: sangrado, disfonía (ronquera) e hipo.
Es importante resaltar que estos síntomas también pueden estar causados por
otras enfermedades del esófago, o por otras causas menos serias. En caso de
presentar alguno de estos síntomas debe consultar con su médico a la mayor
brevedad posible, pues sólo un médico puede discernir con seguridad sobre su
trascendencia.
Estudios diagnósticos
Una vez que consulte a su médico, éste le interrogará sobre sus síntomas y su
historial médico previo. Igualmente le realizará un examen físico completo.
Posteriormente, y basándose en las sospechas diagnósticas, en el estudio del
cáncer de esófago se pueden realizar diferentes pruebas diagnósticas entre las
que podemos incluir:
Análisis de sangre, incluyendo pruebas de función renal, hepática. Es
importante la evaluación nutricional del paciente previo a la toma de
decisiones en el tratamiento, así como en el transcurso del mismo, con el
fin de favorecer su éxito.
Tránsito esofago-gastro-duodenal: estudio radiográfico con contraste
(habitualmente bario). Tras ingerir el contraste, éste recubre toda la pared
de esófago y estómago marcando su contorno, permitiendo así apreciar,
mediante la realización de radiografías, si existe alguna lesión que haga
sospechar la existencia de un cáncer.
Endoscopia: observación del tubo digestivo mediante un tubo flexible. La
endoscpia del esófago se denomina esofagoscopia. El tubo flexible permite,
mediante una luz y una camara en su extremo, visualizar las paredes del
esófago. En caso de que se observe alguna lesión sospechosa, se procede
a tomar una biopsia (extracción de una muestra de tejido de la zona para
estudio al microscopio). En algunas ocasiones la lesión esofágica provoca
el estrechamiento del esófago, impidiendo así el paso del endoscopio, lo
que resta utilidad a esta prueba.
Ecografía transesofágica (ecoendoscopia): observación de las paredes del
esófago mediante un endoscopio al que se le acopla una sonda de
ecografía. Ayuda a conocer la extensión local del tumor (profundidad que
alcanza en la pared del esófago, extensión a ganglios cercanos y extensión
a estructuras vecinas). Permite toma de biopsias tanto de la mucosa del
esófago como de ganglios linfáticos regionales sospechosos.
Tomografía Axial Computerizada (TAC) de tórax y abdomen: permite
conocer, basándose en su tamaño, la extensión local del tumor, la posible
afectación de ganglios cercanos, y la extensión a otros órganos (pulmón,
hígado...).
Tomografía de Emisión de Positrones (PET): estudio del cuerpo entero que
ayuda a conocer la extensión de la enfermedad (local y a distancia),
basándose no en el tamaño de las estructuras, sino en su comportamiento
metabólico. Habitualmente es una técnica complementara a la TAC. Es
especialmente útil para evaluar la afectación de ganglios linfáticos y
metástasis a distancia ocultas mediante otras técnicas, evitando así la
agresividad de tratamientos locales (quimioterapia, radioterapia, y cirugía)
en pacientes con enfermedad diseminada.
Pruebas de función respiratoria: con el fin de prevenir las posibles
complicaciones respiratorias que puedan derivarse del tratamiento.
Broncoscopia: observación del árbol respiratorio mediante un endoscopio
para descartar alteraciones derivadas de la extensión del tumor esofágico.
Esta técnica se realiza habitualmente ante tumores que afectan a la porción
de esófago situada por encima de la bifurcación traqueal (carina).
Otras técinas que en ocasiones pueden resultar útiles en el diagnóstico y
estudio del cáncer de esófago son la laringoscopia (exámen larígeo
mediante espejo ó laringoscopio), la toracoscopia (procedimiento quirúrgico
para la valoración de los órganos intratorácicos en busca de zonas
anormales), y la laparoscopia (procedimiento quirúrgico para examinar los
órganos intraabdominales buscando signos de enfermedad), esta última a
considerar en casos seleccionados de tumores localizados en la unión
esofagogástrica.
Tipos histológicos
Los principales tipos histológicos de cáncer de esófago son:
Carcinoma escamoso o epidermoide: derivado de las células planas
(escamosas) de la mucosa (parte más superficial de la pared) del esófago.
Su incidencia ha decrecido de forma muy notable en los últimos 20 años.
Adenocarcinoma: derivado de células glandulares. El factor causante más
importante es el esófago de Barret (trastorno en el cual el revestimiento del
esófago presenta daño causado por irritación a causa de los ácidos
gástricos que se han filtrado hacia el mismo), que provoca que la mucosa
habitual del esófago se cambie por otra de tipo glandular. Es frecuente en el
tercio inferior del esófago y en la unión esofagogástrica. Su incidencia se ha
visto aumentada en las últimas décadas.
Existen tumores malignos esofágicos no epiteliales (no carcinomas), de
presentación infrecuente, entre los que podemos destacar el leiomisarcoma
(derivado de la musculatura del esófago).
Clasificados como tumores benignos esofágicos se encuentran, entre otros, el
papiloma escamoso, el adenoma esofágico, y los pólipos.
Existe una mayor frecuencia de segundos tumores del tracto respiratorio y
digestivo superior entre los pacientes con carcinoma epidermoide de esófago,
mayoritariamente como resultado de la exposición al tabaco.
Estadios
La clasificación del cáncer de esófago, en su última actualización de 2017, incluye
a los carcinomas de la unión esofagogástrica, y diferencia a los carcinomas
epidermoides y a los adenocarcinomas en dos sistemas de clasificación
diferentes.
Existen cuatro grados de diferenciación del tumor primario:
X: desconocido.
1: bien diferenciado.
2: moderadamente diferenciado.
3: pobremente diferenciado.
Estos grados de diferenciación, junto con el tipo histológico del tumor primario
(epidermoide o adenocarcinoma) y la clasificación TNM (T, tumor primario; N,
ganglios linfáticos regionales; M, metástasis a distancia) determinan el estadio de
la enfermedad según el consenso alcanzado en 2017 por el AJCC (Comité
Estadounidense Conjunto sobre el Cáncer) y la UICC (Unión Internacional Contra
el Cáncer). Si bien las clasificaciones de T, N y M, son comunes para los tumores
esofágicos, independientemente de su histología, su combinación para la
definición de los estadios de la enfermedad es diferente en función del tipo
histológico. Del mismo modo, la agrupación por estadios puede ser diferente al ser
clínica, en base a los hallazgos en los estudios diagnósticos, o patológica, en base
a los hallazgos resultantes del examen de la pieza quirúrgica tras resección.
Para una mejor comprensión, en la siguiente clasificación por estadios se han
agrupado las histologías epidermoide y adenocarcinoma, así como los diferentes
grados de diferenciación, por lo que la clasificación aquí descrita resulta una
simplificación de la actualmente establecida:
Estadio 0: también denominado carcinoma in situ. El cáncer se localiza
sólo en la parte más superficial de la mucosa esofágica, sin sobrepasarla.
Estadio I: Tumores bien diferenciados, sin infiltración ganglionar
locorregional por metástasis, que alcanzan como máximo la capa muscular
propia sin sobrepasarla*.
Estadio II: El tumor no alcanza la capa adventicia, asociando un máximo de
dos ganglios linfáticos locorregionales infiltrados por metástasis; ó alcanza
sin sobrepasar la capa adventicia sin presentar ganglios linfáticos con
metástasis*.
Estadio III: El tumor afecta a la capa adventicia, asociando un máximo de 2
ganglios linfáticos locorregionales infiltrados por metástasis; o presenta
afectación ganglionar en más de 2 y menos de 7 ganglios,
independientemente de la profundidad de invasión del tumor sin que éste
afecte a estructuras adyacentes*.
Estadio IV: El tumor compromete a estructuras adyacentes, o presenta una
importante afectación locorregional ganglionar (siete o más ganglios
afectos), o se ha extendido a distancia (a otros órganos del cuerpo).
* En los estadios I a III pueden existir diferencias en las categorías T y N incluidas
según histología, el grado de diferenciación, la localización del tumor primario y
que la estadificación sea clínica o patológica.
Los tumores de la unión esofagogástrica, dependiendo de sus características
anatómicas topográficas basadas en la localización del centro del tumor, se
clasifican en (clasificación de Siewert-Stein):
Tipo I: Es la lesión en la que el centro del tumor se localiza desde 1 cm. por
arriba de la línea Z (zona donde la mucosa del esófago, rosado pálida, se
convierte a un color rojo salmón propio de la mucosa gástrica), hasta de 5
cm. en sentido oral. También se denomina adenocarcinoma del esófago
distal.
Tipo II: Se localiza desde 1cm por arriba de la línea Z hasta 2 cm. por
debajo de esta. También se conoce como Cáncer de Cardias propiamente
dicho.
Tipo III: Se localiza desde los 2cm por debajo de la línea Z hasta 5 cm. en
sentido caudal. También se denomina cáncer subcardial.
Tipo de invasión:
Crecimiento local o diseminación por contigüidad: se produce por invasión
en profundidad a través de la pared esofágica (de dentro a fuera). Puede
afectar a los órganos alrededor.
Diseminación linfática: el esófago posee una rica red de vasos linfáticos que
permiten el drenaje de la linfa a múltiples regiones ganglionares. Los
tumores de tercio superior drenan a los ganglios del cuello y a las cadenas
ganglionares del mediastino (los dos pulmones, el corazón, la tráquea, el
esófago y los grandes vasos).
Diseminación hematógena: esta diseminación se realiza a través de los
vasos sanguíneos, preferiblemente, hacia el hígado y los pulmones.
Tratamiento. Aspectos generales
Existen diferentes opciones de tratamiento para los pacientes con cáncer de
esófago. En ocasiones el tratamiento se basa en una sola de estas opciones,
mientras que en otros casos el tratamiento óptimo surge de la combinación
adecuada de las mismas (tratamiento multidisciplinar). El tratamiento idóneo se
deriva del consenso alcanzado en comités en los que las diferentes
especialidades (anatomía patológica, radiodiagnóstico, cirugía, medicina digestiva,
oncología radioterápica y oncología médica) se encuentran representadas.
Existen tres opciones fundamentales de tratamiento para el cáncer de esófago.
Cirugía:
Su objetivo es extirpar el tumor con márgenes libres, es decir, sin dejar
enfermedad residual. Se considera indicada en estadios iniciales de la enfermedad
(resecable). Es el tratamiento más frecuentemente utilizado para el cáncer de
esófago. El tipo de cirugía varía en función del tamaño, localización y extensión de
la enfermedad. La esofagectomía es la extirpación quirúrgica de parte o la
totalidad del esófago, conectando la parte sana restante al estómago, para así
permitir la alimentación del paciente. Es factible la utilización de parte del intestino
para realizar la conexión.
En la esofagectomía se incluye la extirpación de los ganglios linfáticos cercanos al
esófago, para su estudio al microscopio, con el fin de conocer el grado de
extensión de la enfermedad.
En ocasiones puede ser necesaria la realización de una gastrostomía de
alimentación, ante imposibilidad para la ingesta de alimentos (condicionada por
una estrechez infranqueable del esófago). Esta técnica puede realizarse vía
endoscópica o de manera quirúrgica.
Radioterapia:
Consiste en la utilización de radiaciones ionizantes de alta energía para el
tratamiento local o locorregional del tumor. La radioterapia se puede emplear
como tratamiento único ó formando parte de una estrategia multidisciplinar
(combinada con la cirugía y/o la quimioterapia).
Se utiliza con intención curativa, en estadios iniciales de la enfermedad, ó con
intención paliativa, en estadios avanzados, para aliviar síntomas tales como el
dolor y la disfagia.
Existen dos modalidades de tratamiento radioterápico:
Radioterapia externa: consiste en la utilización de una máquina fuera del
cuerpo para enviar la radiación al área concreta que se desea tratar.
Radioterapia interna: en ésta, una sustancia radioactiva se coloca
(mediante un sistema sellado) muy cerca o dentro del tumor, permitiendo
así alcanzar más dosis de radiación con menores efectos secundarios
sobre los tejidos sanos. En el cáncer de esófago generalmente se utiliza
para el tratamiento de la disfagia.
Quimioterapia:
Consiste en la introducción de un fármaco al torrente sanguíneo (quimioterapia
sistémica) para eliminar las células cancerosas de todo el cuerpo (dentro y fuera
del esófago).
La quimioterapia se puede emplear como tratamiento único ó formando parte de
una estrategia multidisciplinar (combinada con la cirugía y/o la radioterapia).
Se utiliza con intención curativa, en estadios iniciales de la enfermedad, ó con
intención paliativa, en estadios avanzados.
Otros tratamientos con posible indicación en el cáncer de esófago son la terapia
láser (destrucción del tumor con láser), y la colocación de prótesis esofágicas
(stent), consistente en la implantación endoscópica de un tubo expandible. Esta
última técnica se utiliza para resolver la estrechez esofágica provocada por el
tumor y permitir así la adecuada alimentación del paciente.
Cualquiera que sea la opción de tratamiento considerada, ésta deberá de ir
acompañada del oportuno tratamiento de soporte. Dentro del denominado
tratamiento de soporte se incluye el manejo de aspectos tales como la nutrición, el
control del dolor, el apoyo psicológico, así como todas aquellas circunstancias que
puedan impactar en la calidad de vida del paciente, desde el diagnóstico, durante
el tratamiento, y en la evolución posterior de la enfermedad.
Inmunoterapia:
Estudios recientes de inmunoterapia han abierto la oportunidad a que esta
estrategia de tratamiento se incorpore al arsenal terapéutico frente al carcinoma
de esófago, especialmente en el contexto de la histología epidermoide, tras fallo
del tratamiento de primera línea, y sin estar completamente definidos los criterios
de selección que permitan predecir mayor probabilidad de eficacia del tratamiento.
Tratamiento. Estadios localizados
Por estadios localizados de cáncer de esófago entendemos los estadios I, II, y III.
En estos estadios localizados el objetivo del tratamiento es la curación de la
enfermedad.
El tratamiento fundamental es la cirugía. En la mayoría de pacientes con cáncer
de esófago estadio I la cirugía exclusiva es el tratamiento estándar, salvo en casos
con diagnóstico en etapas muy tempranas de la enfermedad en los que se puede
plantear la resección endoscópica. No obstante, cabe destacar que el diagnóstico
de la enfermedad en etapas tan precoces es un hecho infrecuente.
En los casos más habituales de diagnóstico de la enfermedad, en estadios II y III,
ante los no óptimos resultados de tratamiento quirúrgico aislado, ha existido un
interés creciente por utilizar un tratamiento multidisciplinar. En muchas ocasiones
se necesita de la combinación de la utilización de quimioterapia y/o radioterapia,
con el objetivo de mejorar los resultados obtenidos solamente con la cirugía. La
mayoría de estos pacientes son tratados inicialmente con quimioterapia o con la
combinación de la quimioterapia y radioterapia previamente al tratamiento
quirúrgico. En ocasiones es posible realizar una reevaluación precoz al tratamiento
con quimioterapia para así seleccionar a los pacientes que más se benefician de
esta estrategia de tratamiento previo a la cirugía.
No existen datos que justifiquen el uso de la quimioterapia y/o la radioterapia como
tratamiento adyuvante posterior a la resección completa de un cáncer de esófago.
Sin embargo, en determinados casos de adenocarcinoma de la unión
esofagogástrica está justificado el uso de la combinación de la quimiorradioterapia
adyuvante posterior a la cirugía, así como de la quimioterapia previa y posterior a
la cirugía con el fin de mejorar los resultados obtenidos con el tratamiento
quirúrgico exclusivo. Del mismo modo, en casos seleccionados de
adenocarcinoma de tercio inferior de esófago se considera el uso de quimioterapia
previa y posterior al tratamiento quirúrgico con intención curativa.
Dado que existen diferentes estrategias válidas de tratamiento, es posible que se
ofrezca la opción de participar en un estudio con el objeto de evaluar las diferentes
alternativas terapéuticas.
En aquellos casos en los que, pese a ser una enfermedad localizada, existen
criterios que contraindiquen la cirugía, el tratamiento habitual consiste en la
radioterapia, la quimioterapia, o la combinación de quimioterapia y radioterapia
con intención radical. Los tumores no resecables por afectar a las estructuras
cercanas al esófago, o los pacientes no operables por enfermedades asociadas,
son ejemplos en los que se plantea esta estrategia de tratamiento.
En aquellos pacientes en los que exista una imposibilidad para la ingesta de
alimentos (condicionada por una estrechez infranqueable del esófago), puede ser
necesaria la implantación de una prótesis esofágica ó la realización de una
gastrostomía de alimentación previa al inicio del tratamiento definitivo del tumor.
Tratamiento. Estadios avanzados
Por estadios avanzados de cáncer de esófago entendemos el estadio IV.
El objetivo del tratamiento es la paliación (alivio de síntomas con mejoría en la
calidad de vida), tratando igualmente de prolongar la supervivencia del paciente.
El pilar fundamental del tratamiento en estos estadios es la quimioterapia,
pudiendo realizarse dentro de ensayos clínicos.
Estudios recientes han abierto la oportunidad para el uso de la inmunoterapia en
líneas sucesivas de tratamiento, tras fracaso de la quimioterapia de primera línea,
en tumores epidermoides y/o con especial susceptibilidad a este tratamiento.
Con el objeto de mejorar la sintomatología del paciente (dolor, imposibilidad para
la ingesta de alimentos...) puede estar indicado el uso de radioterapia externa,
radioterapia interna, terapia láser, prótesis esofágicas, y cirugía paliativa.
Factores pronósticos
Tanto para los tumores de esófago como para los tumores de la unión
esofargástrica se consideran factores pronósticos esenciales, más allá de la
clasificación por estadios según el sistema TNM y las características histológicas
de la enfermedad: el grado de diferenciación, así como la localización del tumor
primario en el carcinoma epidermoide; y el grado de diferenciación para el
adenocarcinoma.
Otros factores pronósticos que deben de considerarse en la atención del paciente
son la longitud del tumor primario, la invasión vasculolinfática (presencia de
células malignas en la circulación con potencial capacidad para generar
metástasis), existencia de tumor residual viable tras un tratamiento preoperatorio,
el margen en la pieza de resección quirúrgica, la extensión de células tumorales
más allá de la cápsula del ganglio linfático, y la expresión o amplificación en el
tumor primario de adenocarcinoma de HER2.
Por otra parte, el estado general y nutricional del paciente, así como la cirugía y el
carácter multidisciplinar del tratamiento son factores que influyen en el pronóstico
del paciente al condicionar la planificación de la estrategia terapéutica y los
resultados de la misma.
Seguimiento
En el caso de remisión de la enfermedad, se recomienda la realización de un
seguimiento periódico que debe incluir:
Entrevista médica.
Exploración física.
Análisis sanguíneos.
Pruebas de imagen.
El objeto de este seguimiento periódico es detectar, en caso de que se produzca,
precozmente la recaída, con el fin de instaurar un tratamiento rápido y con
mayores opciones de éxito.
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Bachilleres:
Karen del Valle Robles Cabello V-23.534.704
Rotciv Sthefanny Rondón Quintero V-26564520