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El Zafiro y el Poder de la Integridad

En un valle alejado, un pequeño zafiro anhela conocer la vida humana y descubre la leyenda de un poder raro llamado 'integridad'. Al llegar a un pueblo, observa la malicia en las personas, pero se encuentra con un joven que, a pesar de su sufrimiento, actúa con bondad y justicia. Zafiro se da cuenta de que aún existen personas con integridad, lo que renueva su esperanza en la humanidad.
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El Zafiro y el Poder de la Integridad

En un valle alejado, un pequeño zafiro anhela conocer la vida humana y descubre la leyenda de un poder raro llamado 'integridad'. Al llegar a un pueblo, observa la malicia en las personas, pero se encuentra con un joven que, a pesar de su sufrimiento, actúa con bondad y justicia. Zafiro se da cuenta de que aún existen personas con integridad, lo que renueva su esperanza en la humanidad.
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Érase en una región muy alejada, rodeada de montañas y bosques, donde no se

encontraba vida humana, un pequeño valle, conocido por el nombre de “Valley of the
Stones”.
Contaba la leyenda, entre los pueblerinos de las regiones circundantes, que ahí había
variedad de piedras mágicas. Aunque, luego de muchas discusiones, se terminó por
establecer que eran solo mitos que sus antepasados habrían inventado para infundir
temor a otros.
En la espesura del bosque, junto a un pequeño riachuelo que circundaba los
alrededores, estaba el tan mencionado valle.
Diversas piedras, de varios tamaños y colores se encontraban dispersas por las
proximidades, de las cuales había una muy pequeña, del tamaño de una uña
aproximadamente. Era un zafiro de un azul muy profundo y brillante.
Éste aún no tenía experiencia, y por lo tanto se encontraba muy emocionado por
conocer como era la vida de los humanos, de quienes tanto había oído hablar.
Escuchó que vivían en casas, donde tenían una familia, y trabajaban para mantenerlos
vivos.
«Algún día de estos debo ir a explorar y conocerlos personalmente», pensó.
Hace tan solo un par de días acababa de escuchar de dos piedras antiguas, la
mención de un poder que ninguna piedra mágica poseía, y que era tan raro que solo
algunos pocos humanos lo podían llegar a tener.
«Integridad».
Ese poder estaba casi extinto, según se había enterado.
Pero aún así no había nada que perder yendo por la tierra de los humanos a investigar
sobre este.
Decidido, miró detenidamente el valle que había sido por tantos años su hogar, y
emprendió marcha hacia el pueblo más cercano.
------------------
Zafiro llegó a un condado de la zona, lleno de personas que caminaban presurosas
por las calles. Mientras observaba, fue identificando cada cosa que le habían contado.
Desde esas construcciones, para él enormes, llamadas casas, hasta personas que
caminaban sin rumbo, pidiendo unos objetos que llamaban “dinero”.
Vio a cada ser humano, dándose cuenta de esa malicia que escondían.
«Realmente será muy complicado encontrar alguna persona con poderes aquí», se
lamentó mentalmente.
Mientras continuaba buscando se topó con una escena diferente a lo que había visto
en todo su camino hasta allí.
Un joven, de contextura física delgada y levemente bronceada, vestido con una túnica
simple, algo sucia, agachado a la altura de una pequeña niña, que se encuentra
llorosa, mientras él sacaba unos panes y se los entrega sonriendo tiernamente.
Con una mirada pudo notar sinceridad en sus ojos.
Era diferente de los otros.
Le pareció interesante y por un momento se sumergió en el pasado de este chico.
Humillado desde antes de nacer, toda su infancia siendo acosado por sus
hermanastros, y una adolescencia marcada por la muerte de su madre, y la huida de
su hogar.
Una vida bastante horrible, al ser el hijo de el Conde, junto con una mujer de cuna
baja.
Solo había sufrimiento y lágrimas al ser el hijo que nadie quería, abandonado por su
propio padre, y dejado a la merced de la cruel Condesa y sus hijos.
Pero eso no fue lo que más le conmovió.
Vio a una madre preocupada por el bienestar de su único hijo. La vio enseñándole
sobre valores. Vio cómo, no solo con palabras, sino con ejemplos, ella demostraba su
determinación de hacer siempre lo correcto, incluso si era malinterpretada y repudiada
por todos.
Y fruto de esa mujer ejemplar, aquí estaba ese chico.
Firme en ayudar a quien se encontrara.
No se dejaba llevar por como los demás lo trataran, actuaba siempre con justicia y
bondad.
Zafiro, luego de una examinación meticulosa, se dio cuenta que al joven no le quedaba
mucho tiempo de vida. Su vida llena de abuso y maltrato terminaba por cobrarle
factura, sumado a su constitución enfermiza y débil.
No creyó que aún cuando el chico necesitaba esa comida más que esa niña, hubiera
preferido dársela como si fuera algo que debía hacer incluso si ponía en peligro su
propia vida.
«¿Cómo puede alguien que ha crecido en un entorno así mantenerse tan recto ante
sus ideales?».
Pudo divisar como el joven volteaba y mostraba una mirada clara y segura, que
parecía decirle:
“Si por el comportamiento de otros, yo también decido seguirlos, entonces solo me
habré convertido en uno más que actúa de esa forma. No se trata de los demás, se
trata de ti. Deja de mirar hacia donde se va el resto y elige tu propio camino.”
“Estoy bien conmigo mismo porque sé que hago lo correcto. Puedo vivir con la
consciencia tranquila.”
Y fue ahí que Zafiro se dio cuenta que todavía existían personas que no se corrompían
ante las dificultades.
«Pude conocer a alguien con el poder de la integridad».
«Eso quiere decir que aún existe en este mundo».

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