El término cáncer es el nombre común que recibe un conjunto de enfermedades relacionadas
en las que se observa un proceso descontrolado en la división de las células del cuerpo.[2]
Según la definición de Rupert Allan Willis, un patólogo australiano, una neoplasia es una
masa anormal de tejido cuyo crecimiento excede el de los tejidos normales y no está
relacionado con estos, que persiste del mismo modo excesivo aún después de finalizar el
estímulo que le dio origen.[3] Puede comenzar de manera localizada y diseminarse a otros
tejidos circundantes.[4] En general, conduce a la muerte del paciente si este no recibe
tratamiento adecuado. Se conocen más de cien tipos diferentes de cáncer.[5] Los más comunes
son: de piel, de pulmón, de mama y colorrectal.[6]
El cáncer se menciona en documentos históricos muy antiguos, como el Papiro Edwin Smith
del Antiguo Egipto en el año 1600 a. C. los cuales hacen una descripción de la enfermedad.
Se cree que el médico Hipócrates fue el primero en utilizar el término carcinos.[7] El uso por
Hipócrates del término carcinos (‘relativo al cangrejo’) se debe a que relacionó la forma del
crecimiento anormal con el cuerpo del cangrejo. El término cáncer proviene de la palabra
griega karkinos, equivalente al latino cáncer.[8] El cáncer es el resultado de dos procesos
sucesivos, la proliferación de un grupo de células, denominado tumor o neoplasia, y la
capacidad invasiva que les permite colonizar y proliferar en otros tejidos u órganos, proceso
conocido como metástasis.[9]
La malignidad del cáncer es muy variable, según la agresividad de sus células y demás
características biológicas de cada tipo tumoral. En general, el comportamiento de las células
cancerosas se caracteriza por carecer del control reproductivo que requiere su función
original, perdiendo sus características primitivas y adquiriendo otras que no les corresponden,
como la capacidad de invadir de forma progresiva y por distintas vías a órganos próximos
(metástasis), con crecimiento y división más allá de los límites normales del órgano,
diseminándose por el organismo fundamentalmente a través del sistema linfático o el sistema
circulatorio, y ocasionando el crecimiento de nuevos tumores en otras partes del cuerpo
alejadas de la localización original.[10]
Las diferencias entre tumores benignos y malignos consisten en que los primeros son de
crecimiento lento, no se propagan a otros tejidos y rara vez recidivan tras ser extirpados,
mientras que los segundos son de crecimiento rápido, se propagan a otros tejidos, recidivan
con frecuencia tras ser extirpados y provocan la muerte en un periodo variable de tiempo, si
no se realiza tratamiento.[11] Los tumores malignos tienen repercusiones graves, puesto que
estas células consumen los nutrientes que necesitan otros órganos. Estas masas cancerosas
cada vez mayores consumen nutrientes y energía. Mientras crece un tumor, este crea vasos
sanguíneos (angiogénesis) para alimentarse, ya que requiere energía, de modo que "mata de
hambre" a los órganos que lo rodean.[12] Los tumores benignos pueden recurrir localmente en
ciertos casos, pero no suelen dar metástasis a distancia ni matar al portador, con algunas
excepciones. Las células normales al entrar en contacto con las células vecinas inhiben su
multiplicación, pero las células malignas no tienen este freno. La mayoría de los cánceres
forman tumores sólidos, pero algunos no, por ejemplo la leucemia.[13]
El cáncer puede afectar a personas de todas las edades, incluso a fetos, pero el riesgo de sufrir
los más comunes se incrementa con la edad. El cáncer causa cerca del 13% de todas las
muertes. De acuerdo con la Sociedad Americana Contra el Cáncer, 7,6 millones de personas
murieron por esta enfermedad en el mundo durante el año 2007.[14]
El proceso por el cual se produce el cáncer (carcinogénesis) es causado por anormalidades en
el material genético de las células. Estas anormalidades pueden ser provocadas por distintos
agentes carcinógenos, como la radiación ionizante, ultravioleta, productos químicos
procedentes de la industria, del humo del tabaco y de la contaminación en general, o de
agentes infecciosos como el virus del papiloma humano o el virus de la hepatitis B.[10] Otras
anormalidades genéticas cancerígenas son adquiridas durante la replicación normal del ADN,
al no corregirse los errores que se producen durante dicho proceso, o bien son heredadas y,
por consiguiente, se presentan en todas las células desde el nacimiento y originan mayor
probabilidad de que se presente la enfermedad. Existen complejas interacciones entre el
material genético y los carcinógenos, un motivo por el que algunos individuos desarrollan
cáncer después de la exposición a carcinógenos y otros no. Nuevos aspectos epigenéticos
como la metilación del ADN y los microARNs, están siendo estudiados como importantes
factores a tener en cuenta por su implicación.[15] Las anormalidades genéticas encontradas en
las células cancerosas pueden consistir en una mutación puntual, translocación,
amplificación, deleción, y ganancia o pérdida de un cromosoma completo. En las células
tumorales se acumulan mutaciones que permiten la creación de diferentes familias de células
cancerosas, conocidas como '''subclones''', lo que les brinda '''heterogeneidad'''.Esta diversidad
clonal dentro de un mismo tumor representa un desafío importante para el diagnóstico y
tratamiento del cáncer, ya que diferentes subclones pueden responder de manera distinta a las
terapias disponibles[16].Existen genes que son más susceptibles a sufrir mutaciones que
desencadenen cáncer. Esos genes, cuando están en su estado normal, se llaman
protooncogenes, y cuando están mutados se llaman oncogenes.[17] Lo que esos genes
codifican suelen ser receptores de factores de crecimiento, de manera que la mutación
genética hace que los receptores producidos estén permanentemente activados, o bien
codifican los factores de crecimiento en sí, y la mutación puede hacer que se produzcan
factores de crecimiento en exceso y sin control.[17]
Medidas para prevenir muchos tipos de cáncer incluyen no fumar, mantener un peso
saludable, no excederse en el consumo de alcohol, una alimentación equilibrada (abundantes
verduras y frutas, granos integrales en lugar de refinados, baja cantidad de carnes procesadas
y rojas), vacunar contra determinadas enfermedades infecciosas y evitar exposiciones
excesivas a la luz solar.[18][19] La inflamación crónica y ciertas enfermedades autoinmunes se
asocian con la aparición de malignidad.[20] Entre ellas, la enfermedad celíaca no diagnosticada
o no tratada es la que tiene las asociaciones más fuertes y más extensas; se relaciona con un
aumento del riesgo de desarrollar todo tipo de cánceres, siendo la probabilidad de desarrollar
cánceres gastrointestinales un 60% superior a la de la población general.[20][21] La dieta sin
gluten estricta tiene un papel protector y es la única opción para prevenir contra ciertos raros
tipos de cáncer en celíacos, muy agresivos.[20][21][22]
El tratamiento del cáncer debe ser multidisciplinario, pues exige la cooperación entre
distintos profesionales. Se fundamenta principalmente en tres pilares: cirugía, quimioterapia y
radioterapia. Otras posibilidades de tratamiento incluyen la hormonoterapia, inmunoterapia,
nuevas dianas terapéuticas no citotóxicas y el trasplante de médula.
Por término medio, los cánceres afectan a personas cada vez más jóvenes desde hace décadas.
Los expertos achacan este fenómeno a factores de riesgo en alza, como la mala alimentación,
la obesidad y el sedentarismo.[23]
Etimología
La palabra «cáncer» proviene del griego καρκίνος, cangrejo. Los médicos griegos Hipócrates
y Galeno, entre otros, explicaron esto por similitudes que notaron entre los tumores
cancerosos y los cangrejos.[24]
Clasificación
El cáncer se clasifica según el tejido a partir del cual las células cancerosas se originan. El
diagnóstico está, en gran medida, influenciado por el tipo de tumor y la extensión de la
enfermedad. Frecuentemente, en estados iniciales, los síntomas pueden ser interpretados
como procedentes de otras patologías. Aunque las primeras manifestaciones de la enfermedad
provienen de síntomas, análisis de sangre o radiografías. El diagnóstico definitivo requiere un
examen histológico con microscopio. La clasificación histológica tras la biopsia de la lesión,
sirve para determinar el tratamiento más adecuado.[25]
Una vez detectado, se trata con la combinación apropiada de cirugía, quimioterapia y
radioterapia, dependiendo del tipo, localización y etapa o estado en el que se encuentre. En
los últimos años
se ha producido Tejido Benigno Maligno (cáncer)
un significativo Carcinoma espinocelular
progreso en el Piel Papiloma
desarrollo de Carcinoma basocelular
medicamentos Adenoma Adenocarcinoma
que actúan Tejido glandular
Cistoadenoma Cistoadenocarcinoma
específicamente Melanocitos Nevus Melanoma
en
Tejido fibroso Fibroma Fibrosarcoma
anormalidades
Tejido adiposo Lipoma Liposarcoma
moleculares de
ciertos tumores Cartílago Condroma Condrosarcoma
y minimizan el Hueso Osteoma Osteosarcoma
daño a las Músculo liso Leiomioma Leiomiosarcoma
células Músculo estriado Rabdomioma Rabdomiosarcoma
normales. No Endotelio vasos sanguíneos Hemangioma Hemangiosarcoma
obstante, a pesar Endotelio vasos linfáticos Linfangioma Linfangiosarcoma
de las mejoras Células precursoras de la sangre Leucemia, Linfoma
continuas de las y afines Mieloma múltiple
tasas de
curación,
algunas formas de cáncer continúan presentando mal pronóstico.[26]
Nomenclatura
Todos los tumores, benignos y malignos, tienen dos componentes básicos en su estructura:
Las células proliferantes que forman el tumor propiamente dicho y constituyen el
parénquima, y su estroma de sostén, constituido por tejido conectivo y vasos sanguíneos, este
último está formado por tejidos no tumorales cuya formación ha sido inducida por el propio
tumor. La nomenclatura oncológica se basa en el componente parenquimatoso. Se usan dos
criterios de clasificación: el tejido del que derivan y su carácter benigno o maligno.
El 90 % de los tumores son generados por células epiteliales, denominándose carcinomas.
Los sarcomas derivados de células del tejido conectivo o muscular. Las leucemias, linfomas,
y mielomas, originados por células de la sangre, y los neuroblastomas y gliomas, que derivan
de células del sistema nervioso.[9]
Tumores benignos: su nombre acaba en el sufijo oma. Dependiendo del tejido del que
procedan, pueden ser: fibroma (tejido conjuntivo fibroso), mixoma (tejido conjuntivo
laxo), lipoma (tejido adiposo), condroma (tejido cartilaginoso), etc. Algunos de los
tumores benignos derivados de tejido epitelial terminan con el sufijo "adenoma"
porque el tejido epitelial de origen forma glándulas.
Tumores malignos o cáncer: su nombre suele acabar en el sufijo sarcoma o
carcinoma, pero muchos de ellos, como el melanoma, seminoma, mesotelioma y
linfoma, son de carácter maligno a pesar de que su nombre tiene una terminación
similar a la de los tumores benignos (sufijo oma).
o Carcinomas. Las neoplasias malignas de origen epitelial se denominan
carcinomas, vocablo derivado del latín carcinōma y este a su vez del griego
καρκίνωμα,[27] y representan el 80 % de los tumores malignos; por ejemplo:
carcinoma epidermoide o escamoso, carcinoma basocelular, adenocarcinoma,
cistoadenocarcinoma, coriocarcinoma, carcinoma de pene, carcinoma de
pulmón, carcinoma de colon, carcinoma de mama, etc.[13]
o Sarcomas. Los cánceres que derivan de los tejidos mensenquimatosos o
mesodermo se denominan sarcomas (del griego sarcos, "carnoso"); por
ejemplo: liposarcoma, condrosarcoma, osteosarcoma.[13]
o Gliomas. Los tumores que proceden del tejido nervioso son los gliomas,
realmente no se trata de un tumor derivado de células nerviosas, sino de uno
de los tipos celulares encargados de su sostén, las células gliales. Algunas de
las variedades de gliomas son el glioblastoma, oligodendroglioma y
ependimoma.[13]
o Leucemias y linfomas. Son cánceres hematológicos derivados del tejido
mieloide o linfoide, respectivamente.[13]
Conceptos semejantes
Neoplasia. Significa, según sus raíces etimológicas, "tejido de nueva formación".
Neoplasia se aplica generalmente a los tumores malignos (proliferaciones de células
con comportamiento rebelde), por lo que en el lenguaje médico se utiliza
habitualmente como sinónimo de cáncer. Sin embargo, el término puede emplearse de
manera genérica, donde significará simplemente tumor, tanto benigno como maligno.
[28]
Tumor. Inicialmente, el término tumor se aplicó a la tumefacción, hinchazón, "bulto"
o aumento localizado de tamaño, en un órgano o tejido. Incluso, el concepto aún se
aplica cuando se dice que los cuatro signos cardinales de la inflamación son tumor,
dolor, calor y rubor. Con el transcurso del tiempo, se olvidó el sentido no neoplásico
de la palabra tumor y ahora el término es el equivalente o sinónimo de neoplasia; por
lo tanto, se dice que hay tumores benignos y malignos.[28] Aunque la palabra no suele
usarse, el término cancro, igualmente derivado del latín cancer, -cri, también es
sinónimo de tumor o cáncer.[29] Ésta es la palabra común en italiano o en el portugués
de Portugal.
Cáncer. La palabra cáncer deriva del latín y, como la derivada del griego karkinos
(καρκίνος), significa 'cangrejo'. El nombre proviene de que algunas formas de cáncer
avanzan adoptando una forma abigarrada, con ramificaciones que se adhieren al tejido
sano, con la obstinación y forma similar a la de un cangrejo marino. Se considera a
veces sinónimo de los términos neoplasia y tumor; sin embargo, el cáncer siempre es
una neoplasia o tumor maligno.[28]
Oncología. El término oncología proviene del griego "onkos", tumor. Es la disciplina
de la salud que estudia los tumores o neoplasias, sobre todo malignos.[28]
Cánceres en mujeres de Estados Unidos[30] Cánceres en varones de Estados Unidos[30]
Cáncer de pulmón 26 % Cáncer de pulmón 31 %
Cáncer de mama 15 % Cáncer de próstata 10 %
Cáncer de colon y recto 9% Cáncer de colon y recto 8%
Cáncer de páncreas 6% Cáncer de páncreas 6%
Cáncer de ovario 6% Leucemia 4%
Leucemia 4% Hígado y vesícula 4%
Epidemiología
Frecuencia: el cáncer es la segunda causa de muerte. Las muertes por cáncer están
aumentando. Se estima que a lo largo del siglo XXI el cáncer será la principal causa
de muerte en los países desarrollados. A pesar de esto, se ha producido un aumento en
la supervivencia media de los pacientes diagnosticados de cáncer.[31]
Tipo: la frecuencia relativa de cada tipo de cáncer varía según el sexo y la región
geográfica. El cáncer de pulmón es el más frecuente en el mundo para el total de los
dos sexos especialmente en los varones, mientras que en las mujeres es el de mama.[32]
En Estados Unidos, excluyendo el cáncer de piel, los más frecuentes en varones son el
de pulmón, próstata y colorrectal, mientras que en mujeres el primero es el de
pulmón, seguido por el cáncer de mama y el colorrectal.[30] En Europa, en varones, el
cáncer de próstata es el más frecuente, seguido del cáncer de pulmón y el de colon y
recto. En mujeres, el más frecuente es el cáncer de mama, seguido del colorrectal y el
de pulmón.[33]
Para conocer los casos nuevos de cáncer que se diagnostican en una población a lo
largo de un periodo de tiempo, se utilizan los denominados registros poblacionales de
cáncer, los cuales se ocupan de recoger de una forma sistemática, continuada y
estandarizada la información necesaria para obtener datos de incidencia de cáncer y
estudiar su distribución por edad, sexo, características tumorales, así como su
evolución a lo largo del tiempo.[34]
Etiología
Células causantes de leucemia.
No se debe pensar en el cáncer como una enfermedad de causa única, sino más bien como el
resultado final de una interacción de múltiples factores de riesgo. La gran mayoría de los
cánceres, aproximadamente el 90-95 % de los casos, tiene como causa factores ambientales.
El 5-10 % restante se debe a factores genéticos.[35]
La expresión "factores ambientales" se refiere no solo a la contaminación, sino a cualquier
causa que no se hereda genéticamente, como el estilo de vida, los factores económicos y de
comportamiento.[36]
Alrededor de un tercio de las muertes por cáncer se debe a los cinco principales riesgos
conductuales y dietéticos: índice de masa corporal alto, baja ingesta de frutas y verduras, falta
de actividad física, consumo de tabaco y consumo de alcohol. El consumo de tabaco es la
causa de alrededor del 20 % de las muertes por cáncer. Ciertas infecciones virales (como la
hepatitis B, la hepatitis C y el virus del papiloma humano) son responsables de hasta el 20 %
de las muertes por cáncer en los países subdesarrollados o en vías de desarrollo.[37]
Con excepción de las transmisiones raras que ocurren en los embarazos y solo unos casos
marginales en donantes de órganos, el cáncer en general no es una enfermedad transmisible.
[38]
Productos químicos
La exposición a determinadas sustancias se ha relacionado con tipos específicos de cáncer.
Estas sustancias se denominan carcinógenos.
El consumo de tabaco causa el 90 % del cáncer de pulmón.[39] También produce cánceres en
la cabeza y cuello, cáncer de laringe, de esófago, de vejiga, de estómago, de riñón y de
páncreas.[40] El humo del tabaco contiene más de cincuenta carcinógenos conocidos,
incluyendo nitrosaminas e hidrocarburos aromáticos policíclicos.[41] El tabaco es responsable
de aproximadamente un tercio de todas las muertes por cáncer en el mundo desarrollado [42] y
una de cada cinco en todo el mundo.[41]
En Europa occidental, el 10 % de los cánceres en los hombres y el 3 % de los cánceres en las
mujeres se atribuyen a la exposición al alcohol, especialmente el cáncer de hígado y del tracto
digestivo.[43]
Se cree que el cáncer relacionado con la exposición a sustancias en el trabajo puede
representar entre el 2-20 % de todos los casos.[44] Cada año, al menos 200 000 personas
mueren en todo el mundo de cáncer relacionado con sus lugares de trabajo. Millones de
trabajadores corren el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, como el de pulmón y el
mesotelioma por la inhalación de humo de tabaco o las fibras de amianto, o leucemia por la
exposición al benceno.[45]
Factores dietéticos y ejercicio
Ciertos factores dietéticos, la inactividad física y la obesidad están relacionados con hasta 30-
35 % de las muertes por cáncer.[35][46] Se cree que la inactividad puede contribuir al riesgo de
desarrollar cáncer, no solo a través de su efecto sobre el peso corporal, sino también por los
efectos negativos sobre el sistema endocrino y el sistema inmunológico.[46]
Infección
En todo el mundo, aproximadamente el 18 % de las muertes por cáncer están relacionadas
con enfermedades infecciosas. Esta proporción varía en diferentes regiones del mundo, con el
máximo en África (25 %) y menos del 10 % en el mundo desarrollado.[35]
Los virus que pueden causar cáncer se denominan oncovirus. Estos incluyen el virus del
papiloma humano (cáncer cervical), el virus de Epstein-Barr (enfermedad linfoproliferativa
de tipo B y carcinoma de nasofaringe o cavum), el human herpesvirus 8 (sarcoma de Kaposi),
los virus de la hepatitis B y la hepatitis C (carcinoma hepatocelular) y el virus linfotrópico de
células T humanas (leucemias de células T). Ciertas infecciones bacterianas también pueden
aumentar el riesgo de cáncer, como se ve en el cáncer de estómago inducido por Helicobacter
pylori.[47] Las infecciones parasitarias fuertemente asociados con el cáncer incluyen
Schistosoma haematobium (cáncer de vejiga) y los trematodos hepáticos Opisthorchis
viverrini y Clonorchis sinensis (cáncer de las vías biliares).[48]
Radiación
El melanoma es un tumor maligno de la piel cuya
aparición se ve favorecida por exposiciones prolongadas sin protección a la radiación solar.
Hasta un 10 % de los cánceres invasivos están relacionados con la exposición a radiación,
incluyendo tanto la radiación ionizante y la radiación no ionizante.[35] La gran mayoría de los
cánceres no invasivos son cánceres de piel no melanoma, causados por la radiación
ultravioleta no ionizante, principalmente de la luz solar. Las fuentes de radiación ionizante
incluyen imágenes médicas y el gas radón.
La radiación ionizante no es un mutágeno particularmente fuerte. Es una fuente más potente
de riesgo de desarrollar cáncer cuando se combina con otros agentes cancerígenos, como por
ejemplo la combinación de la exposición al gas radón más el consumo de tabaco. Los niños y
adolescentes tienen el doble de probabilidades de desarrollar leucemia inducida por la
radiación que los adultos. La exposición a la radiación durante la gestación tiene un efecto
diez veces más potente.[49] El uso médico de la radiación ionizante es una pequeña, pero
creciente, fuente de cánceres inducidos por la radiación. Se puede utilizar para tratar otros
tipos de cáncer, pero esto puede, en algunos casos, inducir una segunda forma de cáncer.[49]
También se utiliza en algunos tipos de imágenes médicas, con fines diagnósticos.[50]
La exposición prolongada a la radiación ultravioleta del sol puede provocar melanomas y
otros tumores malignos de piel. Las evidencias demuestran que la radiación ultravioleta,
especialmente UVB, es la causa de la mayoría de los cánceres de piel no melanoma, que son
las formas más comunes de cáncer en el mundo.[51]
La radiación no ionizante de radiofrecuencia procedente de los teléfonos móviles, la
transmisión de energía eléctrica y otras fuentes similares, se ha descrito como un posible
carcinógeno por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (International
Agency for Research on Cancer, IARC).[52] Sin embargo, los estudios no han encontrado una
relación consistente entre la radiación de los teléfonos móviles y el riesgo de cáncer. [53]