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Clasificación y Fases de Tratados Internacionales

El documento aborda los tratados internacionales, definiéndolos y clasificándolos según diversos criterios, como el número de participantes y la materia que regulan. Describe las fases de celebración de los tratados, incluyendo la negociación y la manifestación del consentimiento, así como el concepto de reservas. También se discuten la reforma, crisis y terminación de los tratados, junto con el procedimiento específico del derecho español en relación con los tratados internacionales.

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Clasificación y Fases de Tratados Internacionales

El documento aborda los tratados internacionales, definiéndolos y clasificándolos según diversos criterios, como el número de participantes y la materia que regulan. Describe las fases de celebración de los tratados, incluyendo la negociación y la manifestación del consentimiento, así como el concepto de reservas. También se discuten la reforma, crisis y terminación de los tratados, junto con el procedimiento específico del derecho español en relación con los tratados internacionales.

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Fuentes (II)

7.1 Los Tratados internacionales - cuestiones generales:

De acuerdo con el Artículo 2.1.a) de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados de 1969, se entiende por “tratado” un acuerdo internacional
celebrado por escrito entre los Estados y regido por el derecho internacional, ya conste en un instrumento único o en dos o más instrumentos conexos, y
cualquiera que sea su denominación particular. Estos instrumentos pueden adoptar diversas formas, tales como acuerdos, tratados, convenios, pactos o
protocolos, los cuales crean obligaciones jurídicas entre los países que los suscriben.
Los tratados internacionales pueden clasificarse de distintas maneras:
●​ En primer lugar, atendiendo al número de participantes, pueden ser bilaterales o multilaterales, y a su vez restringidos o generales,
dependiendo de si tienen o no una vocación de universalidad.
●​ En segundo lugar, por su grado de apertura, los tratados pueden ser abiertos, cerrados o semicerrados.
○​ Los tratados abiertos permiten la adhesión de cualquier Estado que desee participar.
○​ Los cerrados solo involucran a los participantes originarios
○​ Los semicerrados prevén una lista anexa de invitados o establecen un procedimiento particular de adhesión dentro del propio
texto del tratado.
●​ En cuanto a la materia que regulan, los tratados pueden ser políticos, humanitarios, culturales, económicos, entre otros, dependiendo del
ámbito de cooperación o regulación que establezcan.
●​ Según la creación de obligaciones que generan, se distinguen el tratado-contrato, que implica un intercambio de prestaciones entre las
partes, y el tratado-ley, cuyo propósito es la creación de normas generales aplicables a los Estados firmantes.
●​ Asimismo, en función de su naturaleza, los tratados pueden celebrarse entre Estados, adoptar la forma de concordatos o establecer
relaciones jurídicas entre organizaciones internacionales.
●​ Respecto a su duración:
○​ Algunos tratados tienen un plazo determinado y se extinguen al vencerse dicho término
○​ Otros tienen una duración indeterminada
○​ Ciertos tratados pueden ser prorrogables, ya sea de manera expresa o tácita, salvo que se produzca una denuncia, es decir, la
notificación formal del deseo de retirarse del tratado internacional
●​ Finalmente, en cuanto a su forma de conclusión, los tratados pueden ser solemnes o simplificados:
○​ Los tratados solemnes requieren procedimientos formales, como la ratificación por el Parlamento o la intervención del Jefe del
Estado
○​ Los acuerdos en forma simplificada se perfeccionan mediante la aceptación o adhesión sin necesidad de tales formalidades.
7. 2. Fases de celebración (inicial, intermedia, final). Las reservas:

El proceso de celebración de los tratados internacionales se desarrolla en tres fases: inicial, intermedia y final:

●​ En la fase inicial, se otorgan los plenos poderes conforme al artículo 2.1.c) de la Convención de Viena de 1969. Este documento emana
de la autoridad competente del Estado y designa a los individuos habilitados para actuar en su nombre durante el proceso de negociación y
conclusión del tratado, como el Jefe del Estado, el Ministro de Asuntos Exteriores o el Jefe de Misión Diplomática. Estos representantes
son quienes asumen la responsabilidad de manifestar la voluntad del Estado en la celebración del acuerdo.

●​ La fase intermedia corresponde a la etapa de negociación, en la que los Estados se reúnen en un lugar y momento previamente
establecidos para presentar propuestas y contrapropuestas, empleando el método diplomático. Estas negociaciones pueden desarrollarse
mediante conversaciones directas, en las que intervienen servicios técnicos junto con diplomáticos para elaborar el texto del tratado, o
bien a través de una conferencia diplomática, convocada por un Estado que invita a otros a participar, y de la cual surge un documento.
El objetivo fundamental de esta fase es la adopción y autenticación del texto. Según el artículo 9 de la Convención de Viena de 1969,
la adopción del texto se produce por el consentimiento de todos los Estados participantes o, en su defecto, por una mayoría de dos tercios
si así se ha acordado. La autenticación, por su parte, es el acto jurídico que otorga autenticidad y carácter definitivo al texto del tratado,
conforme a lo previsto en el propio instrumento o según lo que acuerden los negociadores, de acuerdo con el artículo 10 de la
Convención de Viena de 1969. Durante esta fase, los Estados adquieren obligaciones y derechos preliminares, y deben abstenerse de
realizar actos que frustren el objeto y fin del tratado, tal como dispone el artículo 18 de la Convención de Viena de 1969, hasta la
manifestación definitiva del consentimiento.

●​ La fase final consiste en la manifestación del consentimiento por parte de los Estados, momento en el cual estos se transforman en partes
del tratado. Dicha manifestación se realiza conforme al principio de libertad de forma, pudiendo expresarse mediante la ratificación, la
firma, la aceptación, la adhesión o la aprobación, según lo dispongan las partes o el propio tratado.

En relación con las reservas, estas surgen en el siglo XIX como un mecanismo para solventar dificultades internas de los Estados en el momento de aceptar
determinadas cláusulas de un tratado. Las reservas implican un consentimiento parcial, al permitir que un Estado formule una declaración de voluntad al
firmar, ratificar, aceptar o aprobar un tratado, o al adherirse a él, manifestando que no acepta ciertas disposiciones o que las interpreta de manera particular
antes de que el tratado produzca efectos jurídicos.
El artículo 2.d) de la Convención de Viena de 1969 define la “reserva” como una declaración unilateral, cualquiera sea su enunciado o denominación, hecha
por un Estado con el objeto de excluir o modificar los efectos jurídicos de ciertas disposiciones del tratado en su aplicación a dicho Estado. Las reservas
pueden ser aceptadas de manera tácita por los demás Estados partes o de forma expresa cuando se refieren a condiciones esenciales, conforme al
artículo 20.2 de la Convención de Viena de 1969. Asimismo, la retirada de una reserva puede efectuarse en cualquier momento, surtiendo efectos desde la
notificación correspondiente.
Por último, la entrada en vigor de un tratado se produce de la manera y en la fecha que el propio instrumento disponga o que acuerden los Estados
negociadores, de acuerdo con el artículo 24.1 de la Convención de Viena de 1969, lo que refleja el principio de autonomía de la voluntad.
En cuanto a la irretroactividad de los tratados, el artículo 28 de la Convención de Viena de 1969 establece que sus disposiciones no obligarán a una parte
respecto de ningún acto o hecho ocurrido antes de la fecha de entrada en vigor del tratado para dicha parte, ni respecto de situaciones que hayan dejado de
existir en esa fecha, salvo que el propio tratado indique o las partes convengan lo contrario.

7.3. Reforma, crisis y terminación de los Tratados:

La reforma de los tratados internacionales constituye un mecanismo mediante el cual se introducen cambios en su contenido o en su aplicación, con el fin de
ajustarlos a nuevas circunstancias o corregir defectos detectados en su ejecución. Esta reforma puede adoptar dos modalidades principales: la enmienda y la
modificación.

●​ La enmienda de los tratados, regulada en el artículo 39 de la Convención de Viena de 1969, consiste en “quitar defectos” o introducir
correcciones en el texto mediante un acuerdo entre las partes, siguiendo los mismos criterios y procedimientos empleados para la
celebración del tratado original. Las partes que no se adhieran a la enmienda continuarán rigiéndose entre sí por el acuerdo primitivo,
mientras que las partes que sí la acepten se regirán por el texto enmendado.
●​ Por su parte, la modificación de los tratados, regulada en el artículo 41 de la Convención de Viena de 1969, implica una
“transformación” del tratado, que puede tener lugar cuando la posibilidad de modificación esté prevista en el propio texto o, en su defecto,
cuando no se encuentre expresamente prohibida.

En cuanto a las crisis de los tratados, estas pueden manifestarse en diversas formas, siendo las más relevantes la nulidad y la suspensión.

●​ La nulidad se produce por la existencia de vicios en el consentimiento, que impiden la validez del tratado.

○​ La nulidad absoluta se da cuando el tratado ha sido celebrado bajo coacción, amenazas con el uso de la fuerza, o cuando su
contenido se opone a normas imperativas de derecho internacional (ius cogens), que no admiten prueba en contrario.
○​ En cambio, la nulidad relativa o anulabilidad se presenta cuando existe una causa de nulidad que puede ser subsanada
mediante acuerdo expreso entre las partes, conforme a lo dispuesto en los artículos 46 a 50 de la Convención de Viena de
1969.

●​ La suspensión del tratado, regulada entre los artículos 57 y 61 de la Convención de Viena de 1969, implica una incompatibilidad
temporal que provoca que el tratado deje de producir efectos durante un cierto período, aunque se mantenga formalmente en vigor, con la
posibilidad de reanudar su aplicación posteriormente.

La terminación de los tratados puede producirse por diversas causas. Entre ellas se incluyen:

●​ Las disposiciones del propio tratado que establezcan su finalización


●​ El consentimiento de las partes
●​ La denuncia formal
●​ La abrogación tácita
●​ La violación grave de sus disposiciones
●​ La imposibilidad de cumplimiento
●​ El estallido de una guerra
●​ La llegada del término final previsto
●​ La reducción del número de partes que afecte a su viabilidad
●​ La ruptura de las relaciones diplomáticas
●​ La aplicación de la doctrina rebus sic stantibus (mientras las cosas sigan así), que permite la extinción del tratado cuando las
circunstancias fundamentales bajo las cuales fue celebrado han cambiado de manera esencial.

Finalmente, la retirada de las partes supone la extinción de las obligaciones derivadas del tratado para el Estado que decide retirarse. Este acto implica la
terminación de los compromisos asumidos por la parte que se separa, siempre bajo el presupuesto de que dicha retirada se realice de buena fe y conforme a los
procedimientos establecidos en el propio tratado o en el derecho internacional.

7.4. Derecho español de los tratados:

El derecho español de los tratados establece un procedimiento específico y jerarquizado para la negociación, aprobación y control de los acuerdos
internacionales en los que España participa, garantizando la coherencia con la Constitución y la distribución de competencias entre los distintos órganos del
Estado.

●​ En primer lugar, corresponde al Consejo de Ministros autorizar el inicio de las negociaciones, competencia que se ejerce a propuesta del
Ministro de Asuntos Exteriores, quien es el encargado directo de dirigir dichas negociaciones. Una vez otorgada la autorización, se
publica la orden correspondiente, dando inicio formal al proceso.

●​ Según el artículo 97 CE, el Gobierno de la Nación tiene la competencia para negociar los tratados internacionales, siendo responsable de
la dirección de la política exterior y de la administración civil y militar del Estado. No obstante, esta función está sujeta al control
parlamentario, de conformidad con el artículo 66.2 CE, que establece la potestad de las Cortes Generales para fiscalizar la actuación del
Gobierno en materia de política exterior.

●​ En lo que respecta a las Comunidades Autónomas (CCAA), los Estatutos de Autonomía prevén que estas deben ser informadas por el
Gobierno central sobre la elaboración de los tratados internacionales que puedan afectar a sus competencias o intereses. Sin embargo, el
artículo 149.1.3ª CE atribuye al Estado la competencia exclusiva en materia de relaciones internacionales, lo que significa que solo el
Estado puede asumir compromisos jurídicamente vinculantes frente a otros países u organizaciones internacionales. Aun así, pueden
formarse delegaciones negociadoras en las que estén presentes representantes de las Comunidades Autónomas cuando los tratados
incidan directamente en materias de su competencia.

●​ Por otra parte, la autorización previa de las Cortes Generales es un requisito esencial para la prestación del consentimiento por parte de
España en determinados tratados. De acuerdo con el artículo 66 CE, corresponde a las Cortes declarar la guerra y hacer la paz, así como
autorizar los tratados que impliquen competencias derivadas de la Constitución o resoluciones emanadas de organismos internacionales. El
artículo 94 CE amplía este control parlamentario, exigiendo autorización previa para los tratados de carácter político o militar, los que
afecten a la integridad territorial del Estado o a los derechos y deberes fundamentales recogidos en el Título I de la Constitución, así como
aquellos que impongan obligaciones financieras a la Hacienda Pública.

●​ Finalmente, el control previo de la constitucionalidad de los tratados, regulado en el artículo 95.2 CE, tiene por objeto evitar posibles
contradicciones entre los tratados internacionales y la Constitución. Este control busca garantizar la defensa jurisdiccional anticipada del
texto constitucional, asegurando la seguridad jurídica y la estabilidad de los compromisos internacionales asumidos por España.
En caso de duda sobre la compatibilidad de un tratado con la Constitución, el Gobierno o cualquiera de las Cámaras puede solicitar al
Tribunal Constitucional que se pronuncie antes de que el tratado sea ratificado, de modo que, si se aprecia incompatibilidad, se proceda
previamente a la reforma constitucional necesaria.

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