ÍNDICE
ÍNDICE............................................Página 1
INTRODUCCIÓN..............................Página 2
MATERIALES...................................Página 3
- 1. Los descensores....................Página 3
- 2. Las cuerdas...........................Página 4
- 3. Los mosquetones..................Página 5
- 4. Los maillons..........................Página 5
- 5. Los arneses...........................Página 6
NUDOS...........................................Página 7
ANCLAJES.......................................Página 8
¡¡¡POR FIN RAPELAMOS!!!...............Página 9
VALORACIÓN PERSONAL................Página 9
BIBLIOGRAFÍA.................................Página 10
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INTRODUCCIÓN
El rápel es un sistema de descenso por cuerda ideado en principio
para evitar los peligrosos destrepes que en muchas ocasiones es necesario
efectuar para descender de alguna montaña escalada o para bajar a las
simas en exploraciones subterráneas. Con el tiempo, el rápel ha dejado de
ser una técnica auxiliar de la escalada y se ha convertido en una actividad
practicada por sí misma.
La sensación de volar al practicar rápel, junto con una relativa
facilidad de aprendizaje y su componente de riesgo lo convierten en un
deporte muy atractivo.
Muchos mantienen que el rápel está considerado como sexto grado
de dificultad, el máximo para las posibilidades humanas. Es cierto que al
rapelar tu cuerpo pende solamente de los útiles que utilizas, pero no es lo
mismo el rápel como técnica auxiliar de la escalada que como deporte por sí
mismo. Si lo utilizamos para descender una montaña que antes hemos
escalado, es lógico que estemos más cansados y con muchas ganas de
regresar, lo que puede provocar accidentes. Si el rápel, como deporte, es
practicado con unas elementales normas de seguridad y conocimiento, es
una actividad realmente segura y divertida, apta para todos los públicos.
Me ha llamado la atención este consejo: si usas la prudencia, tu vida
va a pender de una cuerda tan segura como el suelo que pisas; si olvidas la
prudencia, tu vida penderá de un delgado hilo.
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Aunque los orígenes del rápel se remontan a finales del siglo XVIII,
cuando ya se utilizaban rapeladores similares a los actuales, las técnicas de
rapelar que hoy utilizamos se han comenzado a desarollar hace apenas una
década. Por tanto, podemos considerar que el rápel es un deporte
relativamente moderno.
LOS MATERIALES
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1. Los descensores
Su misión es disipar en forma de calor la energía generada por el
cuerpo que rapela, provocando roces entre el descensor y la cuerda y
provocando roces de las fibras internas de la cuerda entre sí cuando se
aplasta al pasar por el descensor. Así conseguimos poder descender
controladamente, aumentando o disminuyendo el roce para disminuir o
aumentar la velocidad de bajada.
Según su forma, podemos clasificar los descendores actuales en
varios tipos: en ocho, a poleas, a barras y tubulares.
Descensores en “ocho”
Por su ligereza y su fácil uso son los más
utilizados. Están fabricados en duraluminio pero
también podemos encontrarlos de acero. El roce
de la cuerda termina por provocar unas muecas
que debilitan su resistencia, por eso, los mas
gruesos son los mas resistentes.
Al utilizar un descensor en ocho
regulamos la velocidad de descenso con la
mano que retiene la parte de la cuerda que cae:
si retenemos la cuerda, detenemos el descenso.
Su principal defecto es que retuercen las
cuerdas, es decir, se puede formar una presilla
con las ellas y bloquearse, por eso en muchos
“ochos” ya se han incorporado dos cuernecillos
que evitan el bloqueo involuntario.
Descensores a poleas
Éstos no se utilizan apenas en el rápel, sino
que se emplean más en la espeleología y en el
descenso de cañones, ya que su diseño permite un
control muy preciso del descenso, y se pueden
bloquear con facilidad cuando es necesario. Son
más pesados y aparatosos que los “ocho”, y
también más lentos, lo que para el rápel es un inconveniente.
Descensores a barras
Fueron ideados en principio para rapelar grandes
verticales, porque permiten regular con sencillez la
velocidad de bajada sin importar el diámetro de la cuerda o
su rigidez. Retuercen poco las cuerdas, y son
relativamente ligeros y baratos, además, funcionan
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incluso con cuerdas embarradas. Ahora se emplean mucho, no únicamente
en grandes verticales.
Descensores tubulares
Son unos descensores muy ligeros y efectivos, cuyo cuerpo permite
utilizarlos en dos posiciones, según se desee una mayor o menor rapidez. Se
desgastan con relativa facilidad y son más caros que los “ochos”, pero es
difícil encontrar una mejor relación peso-efectividad.
2. Las cuerdas
Mientras se rapela, la cuerda soporta el peso de nuestro cuerpo, por
ello, en teoría, cualquier cuerda de escalada (una cuerda de 3 mm tiene una
resistencia de 200kg) podría servir para rapelar, pero utilizar cuerdas de
poco diámetro es muy peligroso, ya que el más mínimo corte podría
costarnos la vida. Se aconseja no utilizar cuerdas de menos de 8 mm de
diámetro y asegurarnos de que se encuentra en buen estado.
Es importante saber que después de utilizar una cuerda debemos
limpiarla si se ha ensuciado y comprobar que no ha sufrido daños. A la hora
de guardarla, es mejor que la guardemos en un lugar oscuro sin nudos y
bien plegada.
Las cuerdas de montaña podemos dividirlas en dinámicas y estáticas.
Cuerdas dinámicas
Se utilizan para escalar, y por ello son muy
elásticas: cuando retienen un cuerpo que cae, lo hacen
progresivamente, con lo que absorben mucha fuerza y
evitan lesiones. También las podemos utilizar para
rapelar, pero pueden resultar incómodas al provocar
movimientos de vaivén si el rápel es muy largo.
Cuerdas estáticas
Son muy poco elásticas, por tanto nunca deben utilizarse para
asegurar a una persona que puede caerse, ya que una caída brusca podría
provocar lesiones.
Para rapelar son muy buenas, pues no provocan vaivenes, tienen una
gran resistencia (las de 10 mms de diámetro soportan más de 2000 kgs) y
su funda exterior está especialmente preparada para soportar roces.
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3. Los mosquetones
Son grilletes de acero galvanizado o de zicral, duraluminio o
aleaciones similares, que se utilizan para realizar maniobras en las
actividades de montaña. Los primeros son más económicos pero menos
resistentes y más pesados que los segundos.
Podemos clasificarlos según tengan o no cierre de seguridad, es decir,
una tuerca dispuesta en el gatillo que permite, una vez cerrado, evitar que
se abra de forma accidental, lo cual es de extrema importancia para los
mosquetones que empleemos para sujetar el descensor al arnés.
También podemos hacer una clasificación de mosquetones según su
forma: simétricos, los más útiles para el rápel, asimétricos, de leva curva,
en “D” y en “pera”.
Ejemplo de un mosquetón en “pera”.
4. Los maillons
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Son una especie de mosquetones especialmente diseñados para
usarlos como hebilla de cierre de ciertos
arnese y al que se sujetan otros
mosquetones y útiles.
También se les llama mosquetones de cierre.
Se fabrican en acero y en zicral y una vez cerrados, es muy difícil que
se abran accidentalmente, ya que la tuerca de cierre que poseen se apreta
manualmente con una fuerza razonable, y para aflojarla suele hacer falta
una llave.
5. Los arneses
Actualmente se fabrican tres tipos de arneses:
- Los completos : sujetan torso, cintura y parte
superior de los muslos. Son los más cómodos y seguros
pero también son los más complicados de poner y
ajustar, por lo que no se utilizan tanto como se debería.
- Los de torso: no deben emplearse solos, puesto que
sólo sujetan el pecho.
- Los de asiento: sujetan la cintura y los muslos. Se
utilizan en escalada deportiva y espeleología, y son los
más adecuados para practicar rápel.
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LOS NUDOS
Al trabajar con cuerdas, es obvio que debemos dominar la ejecución
de algunos nudos, ya que es la manera más fácil, rápida y segura de unir
dos cuerdas. Por suerte, las maniobras que se realizan para rapelar son muy
simples y requieres el empleo de pocos nudos, pero hay que conocerlos
bien, es decir, saber hacerlos sin titubeos, ya que al rapelar, nuestra vida
depende de la cuerda.
Nudo de Cinta
Es un nudo muy seguro y fácil de hacer, que se
emplea para unir dos cuerdas de similar grosor.
¿Cómo realizarlo? 1º, hacemos un medio nudo en el
chicote (extremo) de una de las cuerdas y no lo llegamos a
apretar del todo. 2º, tomamos el extremo de la otra cuerda y
seguimos con él el recorrido del medio nudo en sentido
inverso. 3º, cogemos un chicote con cada mano y tiramos en
sentido contrario hasta apretarlo bien, dejando asomar unos
chicotes largos para que no se escapen. Debemos procurar que ambas
cuerdas queden paralelas y no montadas en el recorrido que hacen para
formar el nudo.
Nudo Ciego
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Su principal uso es la realización de gazas no corredizas, pero por ser
tan fácil de realizar, se utiliza para muchas otras funciones. Al rapelar,
tendremos que hacer la gaza después de haber pasado la cuerda por un
descensor o mosquetón.
¿Cómo realizarlo?
Nudo de Prusik
En rápel se usa como autoseguro ya que cuando
se carga la gaza, el nudo se aprieta sobra la cuerda que
hace de firme y no corre sobre ella. Sin embargo, si lo
guiamos con la mano se desliza con facilidad.
¿Cómo realizarlo? 1º, hacemos un aro con una
cuerda de diámetro aproximadamente la mitad del
diámetro de la cuerda de descenso, y con una longitud
de unos 50 cms en doble. 2º, con ese aro realizamos
una doble presilla sobre la cuerda y el Prusik queda listo
para usarlo en los anclajes, como después explicaremos.
LOS ANCLAJES
Anclajes naturales
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Serán árboles, bloques, salientes o puentes de roca. Por seguros que
parezca, debemos comprobarlos meticulosamente.
Anclajes artificiales
Para crear estos puntos de anclaje se emplean útiles como las
clavijas, los spits, que son piezas de metal que se introducen a martillazos o
perforan la roca, para poder crear así puntos de anclaje artificiales. Los spits
se utilizan en casos en los que la roca no presenta perforaciones para poder
incrustar las clavijas.
Una vez que los spits o las clavijas han quedado bien fijadas, es
importante comprobarlo, podemos ya enganchar a ellos un mosquetón, y al
mosquetón la cuerda.
¡¡¡POR FIN RAPELAMOS!!!
Lo más aconsejable antes de practicar rápel por primera vez es
contar con la ayuda de alguien que ya conozca el tema, y que nos
acompañe. Pero, ante todo, es imprescindible no ir a rapelar en solitario, y
menos las primeras veces, ya que puede ser peligroso.
Por supuesto, lo imprescindible es conseguir el material mínimo
necesario: 1 cuerda estática, 1 arnés de asiento, 1 mosquetón con seguro, 2
mosquetones sin seguro, 1 descensor en 8 y algunos metros de cuerda
auxiliar. 1 cuerda de escalada también sería aconsejable, aunque no en los
primeros casos.
Ya he dicho que es muy importante saber hacer bien los nudos antes
de rapelar, incluso con los ojos cerrados.
Un buen lugar para aprender a rapelar puede ser una rampa en vez
de una vertical. Así, aunque la sensación de riesgo no sea perceptible,
podremos familiarizarnos con la técnica.
Elige un punto de anclaje, por ejemplo un árbol, y ata a él una
cuerda, enganchando después a ella un mosquetón sin seguro.
Ahora, tenemos que enganchar otra cuerda al mosquetón del anclaje.
Nos ponemos el arnés, lo cerramos con el maillón y enganchamos a él un
mosquetón, éste con seguro. Pasamos la cuerda por el descensor y lo
enganchamos a nuestro mosquetón. Ya tenemos todo listo.
Ahora separamos las piernas 1 metro y cogemos con la mano
adelantada las cuerdas que vienen del punto de anclaje y con la retrasada
las que salen del descensor.
Sin mover los pies, dejamos caer el cuerpo hacia atrás hasta que
formemos un ángulo recto con la superficie que vamos a rapelar.
La mano adelantada, que llamaremos mano de equilibrio, no debe
hacer ninguna fuerza. La mano retrasada, mano de control, será la que
detendrá nuestro cuerpo cuando hagamos fuerza.
Comprueba que al tener las piernas abiertas, tu equilibrio es muy
bueno, así que no debes olvidar que mientras rapelas por una pared, tienes
que llevar las piernas abiertas.
Para empezar a descender debemos dejar que la cuerda se deslice
por la mano de control, incluso es recomendable elevarla un poquito para
facilitar el deslizamiento. Ahora lo que tenemos que hacer es simplemente
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acompasar nuestro descenso, andando lentamente, con el deslizamiento de
la cuerda, de forma que nuestro cuerpo siempre esté en ángulo recto con
respecto a la pendiente.
El siguiente paso es rapelar en una pared, una vertical, en la que
tendrás que seguir éstos mismos pasos, pero en donde quedarás
literalmente colgado en el aire, lo que provoca una sensación de libertad y
riesgo inmensa.
Recuerda que con prudencia, andar por una pared colgado de una
cuerda, es tan seguro como andar por el suelo.
VALORACIÓN PERSONAL
Este verano el ayuntamiento de Ólvega organizó una semana
deportiva. Durante siete días, todo el mundo que quisimos apuntarnos,
mayores y pequeños, tuvimos la oportunidad de practicar todo tipo de
deportes.
El rápel fue uno de ellos. El primer día, para aprender, descendimos
por la fachada del ayuntamiento. Y al día siguiente, montamos un rápel
desde la torre de la iglesia, 25 metros. Hacía muchos años que nadie
descendía por ella.
Así que cuando llegó mi turno, cogí el casco, los guantes y subí hasta
el campanario. Desde allí la vista era impresionante y reconozco que yo,
que tengo vértigo, estuve a punto de darme la vuelta y bajar andando. Pero
no lo hice.
Con ayuda de la monitora me puse el arnés y me subí al muro. Desde
allí, sólo me dijo una cosa: “Tírate hacia atrás como si te sentaras en un
sofá”. Esa sensación de estar colgada en el aire es increíble, y es ahí donde
puedes sentir algo de miedo. Pero todo se pasa cuando empiezas a bajar y
ves que es simplemente andar por la pared.
Cuando llegas abajo es algo indescriptible, miras hacia arriba y es
como si tu conciencia te dijera: “¡¡Que valiente eres!!”.
Sólo he hecho rápel esa vez, pero me encantó, así que espero poder
repetir la experiencia.
BIBLIOGRAFÍA
Luis Gilpérez Fraile, LA TÉCNICA DEL RÁPEL.
1992, Ediciones Acción Divulgativa.
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