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Carta de desamor y traición emocional

La carta expresa el dolor y la decepción de una persona que se siente traicionada por Edward, quien comenzó una relación con otra persona mientras mantenía una conexión emocional con ella. A lo largo del texto, se cuestiona la sinceridad de Edward y se expresa la necesidad de distanciarse debido a la ruptura de promesas y la falta de honestidad. Finalmente, la autora concluye con un adiós definitivo, dejando claro que ya no desea mantener la amistad.

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Carta de desamor y traición emocional

La carta expresa el dolor y la decepción de una persona que se siente traicionada por Edward, quien comenzó una relación con otra persona mientras mantenía una conexión emocional con ella. A lo largo del texto, se cuestiona la sinceridad de Edward y se expresa la necesidad de distanciarse debido a la ruptura de promesas y la falta de honestidad. Finalmente, la autora concluye con un adiós definitivo, dejando claro que ya no desea mantener la amistad.

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Edward:

Siendo sincera, prefería haberte dicho todo esto la última vez que nos vimos… pero ya sabes
cómo soy: solo puedo expresarme de verdad a través de un escrito. Y no sé cómo termine esta
carta, pero sí sé por dónde quiero empezar.

Cuando me confirmaste que estabas saliendo con alguien más, mi mente se nubló por
completo. Yo tenía muchas cosas que quería decirte, muchas de ellas llenas de rabia que llevaba
tiempo guardando. Porque sí, yo ya sospechaba todo desde hace dos meses… exactamente el
mismo tiempo que llevabas con Yosi.
Nadie me lo dijo.
Lo descubrí por cómo me hablabas, por pequeños detalles… y por intuición. Pero aun así
descartaba la idea, porque te quería demasiado como para creer que serías capaz de ocultarme
algo así.

Sé que no tengo “derecho” a reclamar nada. Después de todo, para ti “no éramos nada”.
Pero para mí sí significaba algo nuestra relación… tanto la amistad como ese cariño especial
que desarrollé contigo.

Nunca me dijiste nada.


Ni cómo pasó, ni por qué.
Y eso era lo que quería preguntarte ese día: “¿Por qué?”

¿Por qué empezaste a salir con ella?


Decías que te ignoraba, que querías bloquearla, que no te prestaba atención.
Y ahora resulta que estás con ella.

Yo quería escuchar una buena excusa… una que no sonara a mentira disfrazada. Pero ya
sospecho la razón: te molestaba no recibir atención, y buscaste a alguien que te la diera de
forma inmediata, sin esfuerzo.

Y ahora que veo las cosas claras, entiendo que jugabas conmigo.
Cuántas veces no me dijiste promesas vacías. Algunas me las creí. Otras no tanto.
Pero aun así dolía ver cómo hablabas conmigo como si todo estuviera bien… mientras ya habías
elegido a otra persona.

La última vez que hablamos, cuando dije “está bien”, yo no entendía nada.
Quería dejar las cosas claras y alejarme, pero al ver tu cara toda mi rabia se convirtió en tristeza
y decepción.
Esperaba que me dijeras quién era y por qué lo habías hecho. En cambio, solo dijiste:
“Una recién graduada.”
Ni tuviste el valor de decir su nombre.

Era molesto ser yo quien preguntara todo.


Si de verdad te importaba, me hubieses dicho la verdad en ese momento.
Pero solo querías contarme una parte, mantener la otra oculta.
Ahí entendí que estabas jugando conmigo.

Cuando extendiste tu mano, no quería tomarla.


Pero lo hice por lástima… y porque todavía me aferraba a ti, aunque tú ya no te aferrabas a mí.
Tal vez notaste mi cara, o lo dudosa que fui, pero igual tomé tu mano porque en el fondo aún
me importabas.

Después me preguntaste si estaba bien...


Y yo, en automático, respondí que “todo estaba bien”.
Mentira, claro.
Solo quería desaparecer del momento.

Cuando te fuiste, respiré hondo, recogí mis cosas, hablé un rato con la profe Carmen y salí.
Te vi a lo lejos y me frené.
Quería que te fueras para poder avanzar… pero otra parte de mí me empujó a caminar hacia ti,
muy lento al principio, después más rápido, luego me arrepentí, me frené de nuevo… hasta que
ya había quedado justo detrás de ti.

Mi idea era ignorarte… pero mi corazón insistía en saber la razón de todo.


Quería llamarte por tu nombre.
Y al final lo hice, con una broma.
Una broma que me arrepentí de hacer en cuanto la solté, porque lo único que quería era llorar.

Cuando quisiste cargar mis cosas, de verdad me molesté.


Porque actuaste como si te importara.
Te dejé cargar solo una bolsa porque sabía que si cargabas la otra, me iba a romper por
completo.

Seguimos hablando. Yo quería preguntarte tantas cosas… pero tú no decías nada que realmente
valiera.
Seguías comportándote como siempre, como si no hubieras roto nada, como si yo no
mereciera una explicación honesta.

En el compartir… yo ya sabía que tenías a alguien, pero no sabía quién era.


Y tú me hablabas disimuladamente, exactamente igual que antes, como si yo fuera tu refugio
emocional.
Yo solo trataba de controlarme para no llorar.
No podía ni mirarte sin sentir cómo se me quebraba algo.

Cuando recibí tu mensaje “me tuve que ir…”, apagué el celular y lo lancé contra unas cajas.
Lloré sola. Me dio rabia. Quería darte una cachetada.
Pero me calmé y te mandé un audio.

Luego me vio mi compañera, pero no dijo nada... después llego Aranza, solo me abrazo
mientras los demás se reían.
Fue humillante.
Horrible.

Esa noche, cuando te conté lo que había pasado, la frase que me estaba quemando era:
“Todo salió peor porque tú te fuiste sin decir nada, ocultándome que tenías novia y
dejándome sola.”
Pero nunca te lo dije.

Llegué a mi casa y antes de llegar a mi cuarto ya estaba llorando otra vez.


Me prometí que el lunes, si te veía, te diría todo en la cara.
Incluso pensé en darte una cachetada… por ilusionarme, por mentirme, por usarme como tu
psicóloga gratuita, por darme promesas falsas, por tratarme como si fuera solo una niña tonta
que te daba cariño incondicional.
Pensaste que aunque tuvieras novia yo iba a seguir ahí.
Pensaste mal.

Ya lo dije casi todo… pero ahora quiero aclarar lo más importante.

Primero: si creíste que podías jugar conmigo, que yo era ingenua, que nunca me daría cuenta…
te equivocaste.
El hecho de que yo no muestre mi lado frío no significa que no exista.
Simplemente no quería mostrarlo contigo.

Segundo: vas a obligarme a hacer algo que va contra mis principios… pero tú rompiste la última
promesa que me hiciste.
Así que yo voy a romper la primera promesa que hicimos:
“Sin importar con quién estemos, seguiremos siendo amigos.”

No.
No puedo.
No quiero.

No soy un robot sin sentimientos.


No superé nada.
Yo seguía ilusionándome con nosotros… mientras tú ya habías matado esa idea desde hace
tiempo y encima lo ocultaste.

Y no solo estoy molesta por eso…


Estoy molesta porque me cambiaste por la opción más fácil.
Porque eres demasiado fácil de complacer.
Porque dijiste que “cuando te enamoras solo tienes ojos para una sola mujer”…
y mírate ahora.

No soy segunda opción.


No soy tu “por si acaso”.
No soy tu juguete ni tu recurso emocional.
No soy tu utilidad.

Y si pensaste que iba a tolerar o perdonar lo que hiciste… estabas completamente equivocado.

Me duele… de verdad me duele romper esa promesa. Y lo admito: es bajo lo que estoy haciendo
al escribirte todo esto y romper nuestra promesa, pero prefiero ser sincera contigo antes que
seguir callando y pudriéndome por dentro. Lo primero que quiero que entiendas es que sí… yo
sí te quise. De verdad. Yo estaba dispuesta a abrazar tus demonios internos, tus defectos, todas
esas partes de ti que tú mismo rechazabas. Y espero—de corazón lo espero—que todo lo que
me dijiste haya sido verdad. Que esos momentos que compartimos no hayan sido una fachada,
ni una estrategia, ni palabras bonitas para pasar el tiempo.

Pero incluso si todo fue real… aún me queda la misma pregunta clavada:
¿Por qué estás con ella?
¿Por qué si tú mismo hablabas tan mal de ella?
¿Por qué si tantas veces dijiste que te ignoraba, que te hacía sentir mal, que la querías
bloquear?
¿En qué momento cambió todo?
¿Y por qué tuve que enterarme por intuición… y no por ti?

Y sí… hay otra pregunta todavía más amarga:


Si hablaste así de ella… ¿cómo hablabas de mí?
¿También te parecía molesta?
¿Hablaba demasiado?
¿Era una niña ingenua con un humor que te daba risa por lástima?
¿O también me criticabas cuando no estaba para escucharte?

Si aún no entiendes por qué quiero distanciarme, es simple:


no es porque tengas novia…
es porque rompiste tu promesa.
Me mentiste.
Me ocultaste cosas.
Jugaste con mi confianza.

Y yo… yo no puedo seguir cerca de alguien que traiciona lo único que le entregué sin
condiciones: mi sinceridad.

Una vez que alguien rompe mi confianza… ya no puedo volver a mirar a esa persona igual.
Empiezo a dudar de todo… me vuelvo fría, calculadora, distante. Y no quiero convertirme en eso
contigo. Créeme… si pude distanciarme de mis propios padres que destruyeron tantos sueños
míos… ¿qué te hace pensar que contigo sería diferente?

Tú también destruiste algo…


algo que para mí significaba mucho más de lo que nunca te imaginaste.
Así que déjame preguntarte algo directamente, sin rodeos:

Si de verdad te gusté…
si de verdad todas esas palabras que me dijiste salieron de un lugar honesto…
¿a quién se las estabas diciendo?
¿A mí?
¿O a la versión dulce, comprensiva y cariñosa que te daba un “cariño incondicional”?

¿Querías a mi persona completa…


o solo a la parte cómoda y suave de mí?

Porque ahora esa parte ya no está disponible para ti.


La perdiste.
Y lo único que queda es una versión mía más fría, más seria, más hiriente, más real.
¿La abrazarías igual?
¿O también te alejarías si yo rompiera una promesa, si yo te hiriera, si yo te dejara atrás para
irme con alguien más?

Nadie quiere cargar con esa versión mía…


por eso la escondo, por eso finjo ante los demás, por eso solo muestro la parte que no
incomoda.

Pero también quiero que entiendas algo:


si creías que era ingenua…
que no me daría cuenta de tus mentiras…
que no vería que estabas actuando desde hace tiempo…
te equivocaste. Yo crecí en un hogar lleno de engaños. Sé reconocerlos. Los huelo. Los siento
antes de que ocurran.

Y creo que ya dije demasiado en esta carta. Tal vez demasiado tarde.
Pero al menos ahora sabes la verdad.
La verdad… ya no quiero que te me acerques, a menos que quieras que te hable con la misma
distancia que tú creaste entre nosotros. A partir de ahora solo seré una simple conocida para
ti… y tú lo mismo para mí. Nada más.
Agradece que todavía te dejo ese mínimo privilegio de seguir siendo algo medianamente
cercano… porque no volveré a ser tu amiga. No quiero que me hables con dulzura… ni con esa
comodidad de antes, porque yo tampoco lo haré contigo.

Esto era lo último que necesitaba decirte.


Y ojalá—si de verdad alguna vez me quisiste—algún día tengas el valor de disculparte. Pero no
para recuperar algo, porque eso ya no existe. Sino porque entiendas lo que hiciste, y lo digas
desde el corazón.
Para mí las palabras ‘lo siento’, ‘perdón’, ‘te quiero’, ‘te amo’… son sagradas. Nunca las he
escuchado con sinceridad completa, siempre vienen vacías, siempre cargadas de promesas
rotas.
Y no creas que no me daré cuenta si tú las dices sin verdad… porque lo haré.

En fin…
Solo quería darte esta carta como una última despedida.
Una última conversación.
La última vez que me vas a escuchar siendo completamente sincera contigo.
Y de verdad quería celebrar navidad contigo..
Felicitarte el día de tu cumpleaños...
Y llamarte antes que dieran las 12 am en año nuevo...
De verdad queria...

‘Fue un placer conocerte, Edward’… eso dije el primer día que hablamos. Y no me arrepiento.
Pero ahora… ahora lo único que queda es un triste y honesto:

‘Adiós.’

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