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Rodríguez Fernández, Arantzazu; Ruiz de Azúa García, Sonia
PRÁCTICA DEPORTIVA Y ANSIEDAD EN LA ADOLESCENCIA
International Journal of Developmental and Educational Psychology, vol. 2, núm. 1, 2006, pp. 93-106
Asociación Nacional de Psicología Evolutiva y Educativa de la Infancia, Adolescencia y Mayores
Badajoz, España
Disponible en: [Link]
International Journal of Developmental and
Educational Psychology,
ISSN (Versión impresa): 0214-9877
fvicente@[Link]
Asociación Nacional de Psicología Evolutiva y
Educativa de la Infancia, Adolescencia y Mayores
España
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Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto
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PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DESARROLLO SOCIAL
PRÁCTICA DEPORTIVA Y ANSIEDAD EN LA
ADOLESCENCIA
Arantzazu Rodríguez Fernández
Sonia Ruiz de Azúa García
Facultad de Psicología
Universidad del País Vasco
RESUMEN:
El objetivo de esta investigación es analizar las diferencias que puedan existir
en la ansiedad estado-rasgo en función de la práctica deportiva, de su frecuencia de
práctica y del género, así como en función de la interacción de estos 3 factores. La
muestra estaba compuesta por 257 estudiantes (140 hombres y 117 mujeres) de entre
12 y 18 años de edad, los cuales cumplimentaron el Cuestionario de Ansiedad Estado-
Rasgo (STAI) y una serie de preguntas acerca de sus hábitos deportivos. Los resulta-
dos muestran que el hacer ejercicio reduce el nivel de ansiedad-rasgo, pero no el de
ansiedad-estado, además dichos niveles son menores cuanto más frecuente es la prác-
tica físico-deportiva, especialmente para las adolescentes. Asimismo se comprueba
que la ansiedad-rasgo es un efecto cruzado del género y la práctica deportiva.
PALABRAS CLAVE: Actividad física, Ansiedad-estado, Ansiedad-rasgo,
Adolescencia, Género.
INTRODUCCIÓN
La industrialización de los países occidentales ha traído consigo, por un lado,
un aumento del estrés y, por otro, y como consecuencia de una menor actividad físi-
ca, un estilo de vida predominantemente sedentario. El vertiginoso avance tecnológi-
co ocurrido en las últimas décadas ha hecho que nuestras vidas sean notablemente
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más cómodas, pero también ha acarreado un descenso de nuestra actividad física:
tenemos máquinas que hacen por nosotros el trabajo más pesado, nos desplazamos en
coche, cambiamos el canal de la televisión sin necesidad de levantarnos del sofá, dedi-
camos más tiempo a hobbies sedentarios (televisión, videojuegos, Internet), etc. Y
ambos factores (el aumento del estrés y la disminución de ejercicio) se traducen en
enfermedades físicas tales como obesidad (Epstein, 1984) o alteraciones coronarias
(Berlin y Colditz, 1990) y en trastornos psicológicos como estados de ánimo poco
saludables, depresión o ansiedad (ISSP, 1992; Morgan y Goldston, 1987; Stephens,
Jacobs y White, 1985).
La ansiedad ha sido definida como una reacción emocional displacentera que
viene acompaña de una activación elevada del sistema nervioso. El término, sobre el
cual no existe un consenso general, resume un complejo y variable patrón de compor-
tamientos caracterizados por sentimientos subjetivos de aprensión y tensión asociados
a una activación fisiológica (APA, 1995; OMS, 1992). Dicho patrón de comporta-
mientos es considerablemente más elevado entre las mujeres, lo que lleva a que sean
ellas las que mayores índices de prevalencia e incidencia presentan (APA, 1995;
OMS, 1992) en todos aquellos trastornos asociados a ansiedad (trastornos de ansiedad
generalizada, ataque de pánico, agorafobia, fobia social, así como en algunos tipos de
fobias específicas…).
Fue Spielberger (Spielberger, Gorsuch y Lushene, 1970) quien, proponiendo su
teoría hoy ampliamente aceptada de la Ansiedad Estado-Rasgo, hizo notar que toda
definición adecuada de ansiedad debía tener en cuenta la diferenciación de la ansie-
dad como un estado emocional transitorio de la ansiedad como un rasgo de persona-
lidad más estable, dado que ambos conceptos son independientes.
La ansiedad-estado la conceptualizó como una combinación de sentimientos de
tensión, aprensión y nerviosismo, preocupaciones y pensamientos molestos, conscien-
temente percibidos que se dan conjuntamente con cambios fisiológicos (hiperactivi-
dad del Sistema Nervioso Autónomo); varía en intensidad a lo largo de un continuo
en el cual su ausencia se traduciría en calma y serenidad, y su elevada presencia en
angustia, pensamientos catastrofistas y comportamientos de pánico. Pero el rasgo más
definitorio de este tipo de ansiedad sería el hecho de que no es estable, que cambia a
lo largo del tiempo y que depende de las diferentes situaciones.
La ansiedad-rasgo la define del mismo modo que la ansiedad-estado, pero con
una notable diferencia: es considerablemente más estable a través del tiempo ya que
se trata de una disposición de personalidad o tendencia a percibir este tipo de senti-
mientos (nerviosismo, angustia, tensión, preocupación…). Las personas que poseen
un alto rasgo de ansiedad tenderían a evaluar las situaciones como amenazantes y
estarían más predispuestas a percibir estados de ansiedad de manera más frecuente o
con mayor intensidad.
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PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DESARROLLO SOCIAL
Desde hace ya varios años se viene hablando desde los ámbitos médicos de las
consecuencias para la salud tanto física (obesidad, enfermedades cardíacas, diabetes,
etc.) como mental (ansiedad, estados de ánimo negativos...) que conlleva el estilo de
vida predominantemente sedentario de la sociedad occidental, y de cómo el practicar
deporte moderado durante 20 ó 30 minutos de manera regular reporta grandes benefi-
cios. No obstante, mientras que la evidencia empírica de la relación que se establece
entre el ejercicio físico y la salud física es conocida desde hace mucho tiempo (Berlin
y Colditz, 1990; Bouchard et al., 1990; Powell et al., 1987), la relación entre el ejer-
cicio físico y el bienestar psicológico es más reciente. Diversos estudios han tratado
de aclarar si existe algún tipo de relación entre el descenso de ejercicio físico y la
salud mental (Goñi y Rodríguez, 2004; Rodríguez y Fernández, 2005; Esnaola, 2005;
Berger, 1993; Martinsen, 1993; Biddle y Mutrie, 1991), y una revisión (Folkins y
Sime, 1981) mostró los beneficios de la actividad física sobre las alteraciones psíqui-
cas, si bien, sus autores encontraron una carencia de rigor metodológico y errores en
el diseño de los diferentes experimentos.
Las investigaciones realizadas, tanto en poblaciones clínicas como en pobla-
ciones no-clínicas, han informado que la práctica del ejercicio influye en variables
asociadas con el bienestar psicológico tan diversas como la asertividad, la estabilidad
emocional, los estados de ánimo, el bienestar, los estados de cólera, ansiedad y depre-
sión, la hostilidad, las respuestas de estrés o la tensión (Taylor, Sallis y Needle, 1985).
En un estudio posterior del Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados
Unidos que trataba de analizar los beneficios de la actividad física se encontró que el
ejercicio físico se asocia a una reducción del estrés y de la ansiedad en su forma rasgo
y que una actividad física comporta, a largo plazo y de modo normativo, un descenso
general de la ansiedad y de la depresión. Finalmente extienden estos resultados a
todas las edades y a ambos sexos (Morgan y Goldston, 1987). Otras investigaciones
defensoras del beneficio de la actividad física sobre la ansiedad son los llevados a
cabo por un lado sobre una muestra compuesta por deportistas y no deportistas
(Morgan y Pollock, 1977; Berger y Owen, 1983) y, por otro, sobre una serie de per-
sonas que debían correr durante un tiempo superior a una hora (Markoff, Ryan y
Yong, 1982). En los tres estudios, informaron que el deporte se asociaba a descensos
significativos en el nivel de tensión/ansiedad y cólera hostilidad.
Pero, aunque los beneficios psicológicos del ejercicio sobre la salud psicológi-
ca y, especialmente, sobre la ansiedad parecen estar bien establecidos, la cuestión aún
perdura dado que la mayor parte de la investigación se caracteriza por ser correlacio-
nal no-experimental. Así, ésta puede, de algún modo, haber sobreestimado dichos
efectos positivos, por no mencionar los problemas de las inferencias causales.
Además, algunos estudios usan un paradigma experimental definido por breves inter-
venciones y efectos a corto plazo.
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PRÁCTICA DEPORTIVA Y ANSIEDAD EN LA ADOLESCENCIA
Con el fin de aclarar este problema, Alferman y Stoll (2000) diseñaron un
experimento longitudinal. Tras él comprobaron que, comparado con el grupo control
de inactividad, el autoconcepto físico de quienes realizaban ejercicio mejoró; no así
la autoestima ni las puntuaciones obtenidas en bienestar psicológico, entre ellas ansie-
dad, las cuales permanecieron inalteradas. Concluyeron que los cambios producidos
por el ejercicio se perciben en las variables más estrechamente asociadas con la expe-
riencia física durante el ejercicio (el autoconcepto físico), mientras que la ansiedad
rasgo o la autoestima serían constructos más estables y rasgos de personalidad más
duraderos y, por lo tanto, menos fácilmente afectados por el ejercicio físico.
Pero no todos los estudios experimentales que han analizado la relación entre
ejercicio y estados de ánimo han obtenido resultados positivos. Steptoe y Cox (1988)
compararon las puntuaciones de sujetos que estaban en forma y sujetos que no lo esta-
ban y encontraron que los ejercicios de alta intensidad causaban incrementos en ten-
sión/ansiedad y fatiga en todos los grupos. Únicamente se observaron cambios posi-
tivos cuando los ejercicios eran de baja intensidad.
En cuanto a los estudios que analizan la ansiedad diferenciándola en sus dos
vertientes, las investigaciones sobre la ansiedad-estado muestran un notable acuerdo:
el ejercicio moderado de al menos 20 minutos de duración conlleva un descenso con-
siderable de las puntuaciones en ansiedad (Morgan y Horstman, 1976). En cambio, los
estudios que asocian el ejercicio físico con la ansiedad distinguida en su forma rasgo,
son bastante escasos y contradictorios: mientras que algunos autores no han aprecia-
do ningún tipo de cambio tras una actividad deportiva (Buccola y Stone, 1975;
Morgan y Pollock, 1976), otros afirman haber encontrado correlaciones entre alta
condición física y menores niveles de ansiedad (Young e Ismael, 1978) e incluso que
el ejercicio reduce considerablemente la ansiedad rasgo (Jones y Weinhouse, 1979).
En resumen, aunque la mayor parte de los trabajos empíricos afirman que el
deporte o el ejercicio físico resulta beneficioso para la reducción de la ansiedad, lo
cierto es que poseen importantes problemas metodológicos que hacen que la relación
entre ejercicio y una menor ansiedad sea, por el momento, incierta. Además, muy
pocos estudios lo analizan distinguiendo la ansiedad-estado de la ansiedad como rasgo
de personalidad, y sus resultados son bastante discordantes. También hay que tener en
cuenta que la gran mayoría de estudios se centran en la población adulta, olvidándo-
se de los adolescentes. A esto hay que añadir que, a pesar de que se sabe que la pobla-
ción femenina práctica mucha menos actividad física, no se ha estudiado si esta dife-
rencia repercute sobre la relación ansiedad-ejercicio físico.
Por todo ello, el presente estudio tratará de arrojar cierta luz a estas cuestiones aún
no examinadas, pero sobre población adolescente. Se propone, por un lado, analizar la
relación de la ansiedad en sus dos vertientes (estado y rasgo) con la práctica deportiva y
su frecuencia esperando que el practicar deporte y hacerlo con una alta habitualidad se
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PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DESARROLLO SOCIAL
asocie a menores niveles de ansiedad-estado y ansiedad-rasgo. Y, por otro lado, pretende
examinar los efectos que sobre la ansiedad estado-rasgo tiene la interacción del género
tanto con la práctica de ejercicio físico como con su frecuencia.
MÉTODO
Participantes
Participaron en este estudio 257 estudiantes, elegidos al azar, de un centro educa-
tivo de la comunidad autónoma de La Rioja. Dicho centro es un colegio concertado situa-
do en un barrio de clase media. Del total que componía la muestra 140 (54%) eran hom-
bres y 117 (46%) mujeres, de edades comprendidas entre los 12 y los 18 años. Todos
ellos estudiaban Educación Secundaria Obligatoria. Se dividió a los sujetos en función,
por un lado, de si practicaban o no actividad físico-deportiva (211 frente a 46 estudian-
tes) y, por otro lado, de su frecuencia de ejercicio físico: 106 sujetos afirmaban practicar
deporte de forma esporádica, frente a 90 que lo hacían con una regularidad de 1 a 3 veces
por semana, o frente a 61 que aseguraban hacer deporte más de 3 veces a la semana.
Instrumentos
Para medir el nivel de ansiedad tanto en su forma rasgo como en su forma esta-
do se empleó la adaptación española del cuestionario STAI (State-Trait Anxiety
Inventory) de Spielberg Gorsuch y Lushene (1970). Este inventario comprende 2
escalas (Ansiedad Rasgo y Ansiedad Estado) formadas por 20 ítems cada una los cua-
les son puntuados, según su carga y dirección hacia la ansiedad, de 0 a 3 en una esca-
la Likert. Ambas escalas discriminan adecuadamente según diversas variables como
el género o la edad y poseen una buena consistencia interna que fluctúa entre 0.90 y
0.94 en la ansiedad-estado y entre 0.84 y 0.87 en la ansiedad-rasgo, en función de los
procedimientos escogidos para calcular la fiabilidad.
Junto al inventario STAI se aplicó un cuestionario acerca de los hábitos de vida
saludables, en el que se formulan una serie de preguntas cerradas sobre su actividad
físico-deportiva (si practican o no deporte, el tipo de deporte practicado, la frecuen-
cia de la práctica deportiva, razones por las que hacen actividad física) así como sobre
otro tipo de hábitos saludables tales como el consumo de alcohol y tabaco, el tiempo
diario dedicado a ver la televisión, cantidad de horas de sueño, la percepción subjeti-
va del nivel de salud propia y de la calidad de la alimentación en comparación con la
gente de la misma edad.
RESULTADOS
Los resultados se han obtenido mediante diferentes pruebas estadísticas (análi-
sis de medias, análisis de la varianza de un factor, análisis de la varianza factorial,
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comparaciones por pares de Bonferrroni) todas ellas contenidas en el paquete estadís-
tico SPSS 11.5 para Windows.
Uno de los objetivos del presente trabajo consistía en analizar los posibles
efectos de la interacción de las variables género y práctica deportiva sobre la ansie-
dad, por lo que se presenta necesario examinar el comportamiento individual de cada
una de esas variables en relación a los dos tipos de ansiedad.
Para averiguar si existen diferencias de género en las puntuaciones de las dos
escalas del STAI o si los niveles de ansiedad varían en función de la práctica de ejer-
cicio físico, se llevó a cabo un análisis de medias (T-test) con un alfa= 0.05 cuyos
resultados se muestran en las tablas 1 y 2.
TABLA 1. Ansiedad y género
ANSIEDAD SEXO N Media D.T. t Prob.
Estado Hombre 140 11.63 8.27 0.009 0.036*
Mujer 117 13.89 8.91
Hombre 140 15.11 8.02
Rasgo -4.411 0.000***
Mujer 117 20.14 9.91
*p<0.05; **p<0.01; ***p<0.001
Se puede observar (tabla 1) cómo las mujeres muestran niveles significativa-
mente más elevados que los hombres tanto en la ansiedad-estado (t=0.009; p<0.05)
como en la ansiedad-rasgo (t=-4.41; p<0.001).
TABLA 2. Ansiedad y práctica deportiva
ANSIEDAD PRÁCTICA DEPORTIVA N Media D.T. t Prob.
Estado No practica 46 13.99 8.98 1.160 0.247
Sí practica 211 12.37 8.54
No practica 46 20.12 9.14
Rasgo 2.208 0.028*
Sí practica 211 16.81 9.20
*p<0.05; **p<0.01; ***p<0.001
Respecto a la práctica deportiva (tabla 2) los análisis estadísticos revelan que
el realizar ejercicio no se relaciona con una menor puntuación en ansiedad-estado
(t=1.16; p>0.05) aunque sí en ansiedad-rasgo (t=2.208; p<0.05). O dicho de otro
modo, los que practican deporte, aunque sólo sea de vez en cuando, reflejan una
menor disposición o tendencia a sentirse ansiosos; pero no una menor ansiedad en el
preciso momento en el que se les administró el cuestionario (ansiedad-estado).
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Con el fin de comprobar si una mayor frecuencia de actividad físico-deportiva
está asociada a una menor ansiedad, se llevó a cabo un análisis de la varianza
(ANOVA) con un nivel de riesgo del 5%. Y los resultados (tabla 3) confirman esta
hipótesis sólo en parte. Se puede observar, en la línea de la variable práctica deporti-
va, la no existencia de diferencias estadísticamente significativas en la escala
Ansiedad-Estado (F=0.411; p>0.05). No obstante, en la escala Ansiedad-Rasgo sí se
producen (F=3.147; p<0.05) siendo favorables a los sujetos que tienen como hábito
practicar deporte con una frecuencia de 3 o más veces a la semana, pues son ellos los
que presentan un menor nivel de ansiedad frente a quienes sólo hacen ejercicio espo-
rádicamente.
TABLA 3. Ansiedad y frecuencia de práctica deportiva
ANSIEDAD FRECUENCIA DE PRÁCTICA DEPORTIVA N Media D.T. F Prob.
Esporádicamente 106 12.90 8.46
Estado De 1 a 3 veces por semana 90 12.96 9.39 0.411 0.663
Más de 3 veces por semana 61 11.78 7.77
Esporádicamente 106 18.58 9.26
Rasgo 1-3 veces por semana 90 17.71 10.06 3.147 0.045
Más de 3 veces por semana 61 14.92 7.54
*p<0.05; **p<0.01; ***p<0.001
El segundo objetivo de la presente investigación planteaba un análisis de los
efectos principales y de interacción de la variable género con la práctica deportiva y
con la frecuencia de la práctica deportiva. Por ello se empleó el procedimiento deno-
minado modelo lineal general univariante a un nivel de confianza del 95% y cuyos
resultados corresponden a las gráficas 1 y 2, y la tabla 4. Para un adecuado análisis,
la interpretación de las gráficas se hará conjuntamente con los datos de la tabla.
La lectura de la figura 1 permite ver que la ansiedad-estado de las mujeres es
superior a la de los hombres tanto entre los que practican deporte como entre los que
no lo hacen, sin embargo dicha diferencia no llega a ser lo suficientemente grande
como para que el efecto del género sea estadísticamente significativo, tal como se ve
en la tabla 4 (F=2.20; p>0.05). El hecho de que las puntuaciones de los hombres y de
las mujeres sean paralelas indica una no inferioridad en los niveles de ansiedad por
parte de quienes hacen ejercicio (F=0.66; p>0.05); por ello, la interacción de ambas
variables no es estadísticamente significativa (F=0.00; p>0.05).
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FIGURA 1. Ansiedad-estado, género y práctica deportiva
Ansiedad estado
15
14
Medias marginales estimadas
13
12 SEXO
Hombre
11 Mujer
No practica deporte Sí practica deporte
Práctica deportiva
FIGURA 2. Ansiedad-rasgo, género y práctica deportiva
Ansiedad rasgo
24
22
Medias marginales estimadas
20
18
SEXO
16
Hombre
14 Mujer
No practica deporte Sí practica deporte
Práctica deportiva
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PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DESARROLLO SOCIAL
TABLA 4. Ansiedad, género y práctica deportiva
GÉNERO * PRÁCTICA
ANSIEDAD GÉNERO PRÁCTICA DEPORTIVA
DEPORTIVA
Estado Prob. 0.139 0.419 0.976
Rasgo Prob. 0.000*** 0.159 0.527
*p<0.05; **p<0.01; ***p<0.001
Respecto a la ansiedad-rasgo (figura 2), los resultados revelan una significati-
va diferencia en función del género, favorable para los adolescentes varones, tanto
entre quienes practican actividad físico-deportiva como entre aquellos que no lo
hacen, por lo que resulta lógico que el efecto del factor género (tabla 4) sea estadísti-
camente significativo (F=12.81; p<0.001). Sin embargo, el gráfico muestra que los
que no practican deporte no son superiores, en la forma rasgo de la ansiedad, a los que
no lo practican (F=1.99; p>0.05). La falta de paralelismo entre ambas líneas nos indi-
ca una tendencia a la interacción (a que la ansiedad-rasgo sea un efecto cruzado de
género y edad); pero esas líneas no llegan a cruzarse por lo que ese efecto de interac-
ción sería, en todo caso, tendencial (F=0.16; p>0.05).
Como tercer y último objetivo se pretendía averiguar si la mayor o menor fre-
cuencia de actividad deportiva en interacción con el género del sujeto se asocia con
niveles diferenciales de ansiedad tanto en su componente estado como en su compo-
nente rasgo. Los resultados obtenidos mediante el modelo lineal general univariante
(figuras 3 y 4, y tabla 5) indican que ni ambas variables, ni la interacción conjunta de
las mismas poseen algún tipo de efecto sobre la ansiedad-estado, si bien los resulta-
dos son bastante distintos para la ansiedad-rasgo.
Si se analiza detalladamente la figura 3 se observa que la variable género no
tiene efecto alguno sobre las puntuaciones en la escala Estado del cuestionario STAI
tal como muestra la tabla 5 (F=1.63, p<0.05) debido a que la diferencia entre la ansie-
dad de los hombres y de las mujeres no llega a ser lo suficientemente amplia. Y lo
mismo ocurre con la habitualidad de la práctica de deporte: en la tabla 5 no queda evi-
denciado que aquellos que practican deporte con mayor habitualidad estén menos
ansiosos que quienes hacen ejercicio esporádicamente (F=0.48; p>0.05) por lo que no
podemos afirmar que el hacer ejercicio de forma habitual se asocie a una menor ansie-
dad-estado. Por todo ello, la interacción de las dos variables aquí estudiadas no posee
ningún tipo de efecto sobre la ansiedad en su forma estado (F=0.89; p>0.05).
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FIGURA 3. Ansiedad-estado, género y frecuencia de práctica deportiva
Ansiedad estado
15
14
Medias marginales estimadas
13
12
SEXO
11
Hombre
10 Mujer
Esporádicamente 1-3 v eces/semana + 3 v eces/semana
Frecuencia de práctica deportiva
FIGURA 4. Ansiedad-rasgo, género y frecuencia de práctica deportiva
Ansiedad rasgo
24
22
Medias marginales estimadas
20
18
16
SEXO
14
Hombre
12 Mujer
Esporádica 1-3 veces/semana + 3 veces/semana
Frecuencia de práctica deportiva
Finalmente, la tabla 5 revela que la ansiedad-rasgo sí está afectada por el géne-
ro (F=6.80; p<0.01). Su estudio en la gráfica indica que las diferencias entre ambos
géneros se dan únicamente entre la población adolescente que hace deporte de vez en
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PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DESARROLLO SOCIAL
cuando, puntuando considerablemente más alto las mujeres. Con respecto a la fre-
cuencia de práctica deportiva ésta no llega a tener efectos sobre el rasgo de ansiedad;
esto es debido a que, entre las mujeres, las que practican algún tipo de actividad físi-
ca con una frecuencia superior a las 3 veces por semana sí puntúan menos en ansie-
dad-estado que aquellas cuya práctica deportiva es esporádica; mientras que, entre los
hombres, no se dan tales diferencias. Este hecho conlleva que los efectos de la varia-
ble frecuencia de práctica deportiva sean tendenciales, tal como muestra la tabla 5
(F=2.57; p=0.078). La interacción de ambas líneas y la falta de cualquier paralelismo
está indicando un efecto conjunto de ambas variables (F=4.98; p<0.01), es decir a que
la ansiedad-rasgo sea un efecto cruzado del género y la frecuencia de práctica depor-
tiva y que según la combinación de categorías el efecto podría ser a la alza o a la baja.
TABLA 5. Ansiedad, género y frecuencia de práctica deportiva
FRECUENCIA DE GÉNERO * FRECUENCIA DE
ANSIEDAD GÉNERO
PRÁCTICA DEPORTIVA PRÁCTICA DEPORTIVA
Estado Prob. 0.203 0.620 0.411
Rasgo Prob. 0.010** 0.078 0.008**
*p<0.05; **p<0.01; ***p<0.001
*p<0.05; **p<0.01; ***p<0.001
DISCUSIÓN
Una inmensa parte de la investigación previa (APA, 1995) refiere, además de
una mayor prevalencia por parte de las mujeres que de los varones (60% frente a un
40%) en trastornos ansiosos, un nivel más elevado de ansiedad (tanto en su forma
estado como rasgo) por parte de la población no-clínica femenina (dos tercios a favor
de las mujeres). Sin embargo, estas afirmaciones se suelen referir a personas adultas.
No obstante, los datos del presente estudio concuerdan con dicha investigación pre-
via, si bien, en este caso, se ha analizado sobre población adolescente.
Una posible interpretación residiría en que la adolescencia es una época del des-
arrollo humano en la que se producen numerosos cambios tanto físicos como psicológi-
cos cuya difícil y lenta aceptación desemboca en elevados niveles de ansiedad e incluso
en síntomas depresivos, siendo esa aceptación más costosa para las adolescentes. A esto
hay que añadir la considerablemente mayor presión social que reciben las mujeres desde
niñas (Chinchilla, 2002); deben estar y ser perfectas en todo momento, y se les exigen
mayores niveles de esfuerzo y éxito que a los hombres, por lo que resultad lógico que en
las sociedades occidentales sean las mujeres las más afectadas por la ansiedad.
En este artículo se vuelven a confirmar los beneficios del deporte sobre las altera-
ciones psíquicas aseveradas por numerosos investigadores (Folkins y Sime, 1981; Taylor et
al., 1985), aunque en esta ocasión los datos expuestos vienen a confirmar las hipótesis ini-
ciales sólo en parte. Aunque éstas planteaban la idea de una asociación negativa entre la
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PRÁCTICA DEPORTIVA Y ANSIEDAD EN LA ADOLESCENCIA
práctica deportiva y la ansiedad en sus dos variantes, por un lado, y de la habitualidad de
la práctica deportiva y los niveles de ansiedad por el otro, sólo se han hallado datos que
confirmen ambas asociaciones para la ansiedad-rasgo. Contrariamente a la teoría de
Alferman y Stoll (2000), según la cual la ansiedad-rasgo es un constructo demasiado esta-
ble para verse afectado por el ejercicio físico, los datos aquí expuestos muestran que el rea-
lizar algún tipo de actividad física o de deporte reporta un decremento de la disposición a
percibir sentimientos ansiosos, y dicha mejora es mayor cuantos más días a la semana se
dediquen al ejercicio, lo cual viene a apoyar los datos de otros autores en esta materia
(Morgan y Goldston, 1987; Jones y Weinhouse, 1979; Young e Ismael, 1978).
No debemos olvidar que la muestra de este estudio está formada por adolescen-
tes y como tales reciben una gran presión de su entorno para que se adapten a su futu-
ro rol (el de hombres o mujeres), a lo que se añaden otro tipos de estresores tales como
los resultados académicos, las numerosas actividades extraescolares a las que suelen
estar apuntados, las discusiones con los padres propias de la edad, etc., de modo que
hallarían en el deporte una forma de descargar la tensión acumulada que se vería
recompensada con un mayor bienestar psicológico (una menor ansiedad). Así con la
mayor frecuencia de actividad física se reducirían notablemente los niveles de ansie-
dad y se evitaría una acumulación de los mismos, desembocando en una menor ten-
dencia a sentirse ansioso (un nivel menor de ansiedad-rasgo).
Las personas con una predisposición a interpretar todo tipo de situaciones
como amenazantes (que en casos clínicos suelen recibir un diagnóstico de ansiedad
generalizada) muy a menudo presentan comorbilidad con otras alteraciones ansiosas,
especialmente con fobias sociales (APA, 1995). Por lo que otra posible explicación a
los hallazgos expuestos, podría encontrarse en que los adolescentes con una baja con-
dición física y que tuviesen miedo a quedar mal ante sus compañeros, o aquellos con
insatisfacción corporal temerosos de que los demás viesen su cuerpo con prendas
ajustadas o al cambiarse la ropa deportiva, elegirían no hacer deporte o practicarlo con
menos asiduidad provocando, como resultado, unos menores niveles de ansiedad en
los grupos con más constancia en su asistencia a actividades deportivas.
Pero ¿qué efecto tiene el género sobre estas asociaciones? Hasta ahora éste ha
sido un tema escasamente analizado y el único estudio hallado al respecto extendía las
bonanzas del deporte sobre la ansiedad a todas las edades y a ambos sexos (Morgan y
Goldston, 1987) lo cual se ve corroborado en este trabajo aunque con ciertas restric-
ciones. En primer lugar, el practicar deporte frente a no hacerlo tiende a reducir los
síntomas ansiosos, pero dicha mejora es más notoria entre las mujeres. Y, en segundo
lugar, mientras que cuanto más deporte practican las adolescentes, menores puntua-
ciones en ansiedad-rasgo obtienen, los muchachos experimentan un nivel de ansiedad
similar, independientemente de la frecuencia dedicada al ejercicio físico, de tal modo
que ellas pueden llegar a rebajarlas por debajo del nivel de los varones cuando la fre-
cuencia de práctica deportiva es superior a los 3 días semanales.
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PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DESARROLLO SOCIAL
Las conclusiones aquí arrojadas ahondan en el tema de la ansiedad y el depor-
te, y arrojan cierta luz sobre cuestiones hasta el momento no aclaradas, si bien este
estudio cuenta con varias limitaciones que en futuras líneas de investigación preten-
den ser solventadas. La primera de ellas es el hecho de que la metodología empleada
es correlacional no-experimental, pudiendo haber sobreestimado los efectos positivos
del deporte. La segunda limitación reside en la carencia de control del tipo de ejerci-
cio físico realizado por los adolescentes que componían la muestra (tiempo de cada
sesión deportiva, intensidad de la misma) ya que algunos autores defienden que no
todo tipo de deporte reporta beneficios sobre los síntomas ansiosos, sino únicamente
aquellos de intensidad moderada, de al menos 20 minutos de duración y practicado
con una frecuencia mínima de 3 veces por semana (Ragling y Morgan, 1987; Morgan
y Horstman, 1976).
En cualquier caso, no debe olvidarse la importancia de la actividad física y del
deporte realizado con frecuencia como método de prevenir y reducir la predisposición
a percibir estados de ansiedad por parte de nuestros adolescentes, especialmente en lo
que al género femenino se refiere, pues son ellas las que mayores índices de ansiedad
estado-rasgo experimentan. Desde las aulas debe fomentarse la implicación en el
deporte si se desea que los estudiantes gocen de un buen equilibrio psicológico y un
bienestar emocional.
Nota: esta investigación se ha llevado a cabo dentro de un proyecto subvencio-
nado por la Obra Social de la Caja Vital Kutxa de Álava, en la Convocatoria 2006 de
Ayudas a la Investigación.
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