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Ansiedad y Deporte en Adolescentes

Este estudio investiga la relación entre la práctica deportiva y los niveles de ansiedad en adolescentes, analizando cómo la frecuencia de ejercicio y el género influyen en la ansiedad estado-rasgo. Los resultados indican que el ejercicio regular reduce la ansiedad rasgo, especialmente en mujeres, pero no afecta la ansiedad estado. Se concluye que hay una interacción significativa entre género y práctica deportiva en relación con la ansiedad en adolescentes.

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Ansiedad y Deporte en Adolescentes

Este estudio investiga la relación entre la práctica deportiva y los niveles de ansiedad en adolescentes, analizando cómo la frecuencia de ejercicio y el género influyen en la ansiedad estado-rasgo. Los resultados indican que el ejercicio regular reduce la ansiedad rasgo, especialmente en mujeres, pero no afecta la ansiedad estado. Se concluye que hay una interacción significativa entre género y práctica deportiva en relación con la ansiedad en adolescentes.

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Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal

Sistema de Información Científica

Rodríguez Fernández, Arantzazu; Ruiz de Azúa García, Sonia


PRÁCTICA DEPORTIVA Y ANSIEDAD EN LA ADOLESCENCIA
International Journal of Developmental and Educational Psychology, vol. 2, núm. 1, 2006, pp. 93-106
Asociación Nacional de Psicología Evolutiva y Educativa de la Infancia, Adolescencia y Mayores
Badajoz, España

Disponible en: [Link]

International Journal of Developmental and


Educational Psychology,
ISSN (Versión impresa): 0214-9877
fvicente@[Link]
Asociación Nacional de Psicología Evolutiva y
Educativa de la Infancia, Adolescencia y Mayores
España

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Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto
55 10/4/06 11:17 Página 93

PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DESARROLLO SOCIAL

PRÁCTICA DEPORTIVA Y ANSIEDAD EN LA

ADOLESCENCIA

Arantzazu Rodríguez Fernández

Sonia Ruiz de Azúa García

Facultad de Psicología

Universidad del País Vasco

RESUMEN:

El objetivo de esta investigación es analizar las diferencias que puedan existir

en la ansiedad estado-rasgo en función de la práctica deportiva, de su frecuencia de

práctica y del género, así como en función de la interacción de estos 3 factores. La

muestra estaba compuesta por 257 estudiantes (140 hombres y 117 mujeres) de entre

12 y 18 años de edad, los cuales cumplimentaron el Cuestionario de Ansiedad Estado-

Rasgo (STAI) y una serie de preguntas acerca de sus hábitos deportivos. Los resulta-

dos muestran que el hacer ejercicio reduce el nivel de ansiedad-rasgo, pero no el de

ansiedad-estado, además dichos niveles son menores cuanto más frecuente es la prác-

tica físico-deportiva, especialmente para las adolescentes. Asimismo se comprueba

que la ansiedad-rasgo es un efecto cruzado del género y la práctica deportiva.

PALABRAS CLAVE: Actividad física, Ansiedad-estado, Ansiedad-rasgo,

Adolescencia, Género.

INTRODUCCIÓN

La industrialización de los países occidentales ha traído consigo, por un lado,

un aumento del estrés y, por otro, y como consecuencia de una menor actividad físi-

ca, un estilo de vida predominantemente sedentario. El vertiginoso avance tecnológi-

co ocurrido en las últimas décadas ha hecho que nuestras vidas sean notablemente

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PRÁCTICA DEPORTIVA Y ANSIEDAD EN LA ADOLESCENCIA

más cómodas, pero también ha acarreado un descenso de nuestra actividad física:

tenemos máquinas que hacen por nosotros el trabajo más pesado, nos desplazamos en

coche, cambiamos el canal de la televisión sin necesidad de levantarnos del sofá, dedi-

camos más tiempo a hobbies sedentarios (televisión, videojuegos, Internet), etc. Y

ambos factores (el aumento del estrés y la disminución de ejercicio) se traducen en

enfermedades físicas tales como obesidad (Epstein, 1984) o alteraciones coronarias

(Berlin y Colditz, 1990) y en trastornos psicológicos como estados de ánimo poco

saludables, depresión o ansiedad (ISSP, 1992; Morgan y Goldston, 1987; Stephens,

Jacobs y White, 1985).

La ansiedad ha sido definida como una reacción emocional displacentera que

viene acompaña de una activación elevada del sistema nervioso. El término, sobre el

cual no existe un consenso general, resume un complejo y variable patrón de compor-

tamientos caracterizados por sentimientos subjetivos de aprensión y tensión asociados

a una activación fisiológica (APA, 1995; OMS, 1992). Dicho patrón de comporta-

mientos es considerablemente más elevado entre las mujeres, lo que lleva a que sean

ellas las que mayores índices de prevalencia e incidencia presentan (APA, 1995;

OMS, 1992) en todos aquellos trastornos asociados a ansiedad (trastornos de ansiedad

generalizada, ataque de pánico, agorafobia, fobia social, así como en algunos tipos de

fobias específicas…).

Fue Spielberger (Spielberger, Gorsuch y Lushene, 1970) quien, proponiendo su

teoría hoy ampliamente aceptada de la Ansiedad Estado-Rasgo, hizo notar que toda

definición adecuada de ansiedad debía tener en cuenta la diferenciación de la ansie-

dad como un estado emocional transitorio de la ansiedad como un rasgo de persona-

lidad más estable, dado que ambos conceptos son independientes.

La ansiedad-estado la conceptualizó como una combinación de sentimientos de

tensión, aprensión y nerviosismo, preocupaciones y pensamientos molestos, conscien-

temente percibidos que se dan conjuntamente con cambios fisiológicos (hiperactivi-

dad del Sistema Nervioso Autónomo); varía en intensidad a lo largo de un continuo

en el cual su ausencia se traduciría en calma y serenidad, y su elevada presencia en

angustia, pensamientos catastrofistas y comportamientos de pánico. Pero el rasgo más

definitorio de este tipo de ansiedad sería el hecho de que no es estable, que cambia a

lo largo del tiempo y que depende de las diferentes situaciones.

La ansiedad-rasgo la define del mismo modo que la ansiedad-estado, pero con

una notable diferencia: es considerablemente más estable a través del tiempo ya que

se trata de una disposición de personalidad o tendencia a percibir este tipo de senti-

mientos (nerviosismo, angustia, tensión, preocupación…). Las personas que poseen

un alto rasgo de ansiedad tenderían a evaluar las situaciones como amenazantes y

estarían más predispuestas a percibir estados de ansiedad de manera más frecuente o

con mayor intensidad.

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PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DESARROLLO SOCIAL

Desde hace ya varios años se viene hablando desde los ámbitos médicos de las

consecuencias para la salud tanto física (obesidad, enfermedades cardíacas, diabetes,

etc.) como mental (ansiedad, estados de ánimo negativos...) que conlleva el estilo de

vida predominantemente sedentario de la sociedad occidental, y de cómo el practicar

deporte moderado durante 20 ó 30 minutos de manera regular reporta grandes benefi-

cios. No obstante, mientras que la evidencia empírica de la relación que se establece

entre el ejercicio físico y la salud física es conocida desde hace mucho tiempo (Berlin

y Colditz, 1990; Bouchard et al., 1990; Powell et al., 1987), la relación entre el ejer-

cicio físico y el bienestar psicológico es más reciente. Diversos estudios han tratado

de aclarar si existe algún tipo de relación entre el descenso de ejercicio físico y la

salud mental (Goñi y Rodríguez, 2004; Rodríguez y Fernández, 2005; Esnaola, 2005;

Berger, 1993; Martinsen, 1993; Biddle y Mutrie, 1991), y una revisión (Folkins y

Sime, 1981) mostró los beneficios de la actividad física sobre las alteraciones psíqui-

cas, si bien, sus autores encontraron una carencia de rigor metodológico y errores en

el diseño de los diferentes experimentos.

Las investigaciones realizadas, tanto en poblaciones clínicas como en pobla-

ciones no-clínicas, han informado que la práctica del ejercicio influye en variables

asociadas con el bienestar psicológico tan diversas como la asertividad, la estabilidad

emocional, los estados de ánimo, el bienestar, los estados de cólera, ansiedad y depre-

sión, la hostilidad, las respuestas de estrés o la tensión (Taylor, Sallis y Needle, 1985).

En un estudio posterior del Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados

Unidos que trataba de analizar los beneficios de la actividad física se encontró que el

ejercicio físico se asocia a una reducción del estrés y de la ansiedad en su forma rasgo

y que una actividad física comporta, a largo plazo y de modo normativo, un descenso

general de la ansiedad y de la depresión. Finalmente extienden estos resultados a

todas las edades y a ambos sexos (Morgan y Goldston, 1987). Otras investigaciones

defensoras del beneficio de la actividad física sobre la ansiedad son los llevados a

cabo por un lado sobre una muestra compuesta por deportistas y no deportistas

(Morgan y Pollock, 1977; Berger y Owen, 1983) y, por otro, sobre una serie de per-

sonas que debían correr durante un tiempo superior a una hora (Markoff, Ryan y

Yong, 1982). En los tres estudios, informaron que el deporte se asociaba a descensos

significativos en el nivel de tensión/ansiedad y cólera hostilidad.

Pero, aunque los beneficios psicológicos del ejercicio sobre la salud psicológi-

ca y, especialmente, sobre la ansiedad parecen estar bien establecidos, la cuestión aún

perdura dado que la mayor parte de la investigación se caracteriza por ser correlacio-

nal no-experimental. Así, ésta puede, de algún modo, haber sobreestimado dichos

efectos positivos, por no mencionar los problemas de las inferencias causales.

Además, algunos estudios usan un paradigma experimental definido por breves inter-

venciones y efectos a corto plazo.

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PRÁCTICA DEPORTIVA Y ANSIEDAD EN LA ADOLESCENCIA

Con el fin de aclarar este problema, Alferman y Stoll (2000) diseñaron un

experimento longitudinal. Tras él comprobaron que, comparado con el grupo control

de inactividad, el autoconcepto físico de quienes realizaban ejercicio mejoró; no así

la autoestima ni las puntuaciones obtenidas en bienestar psicológico, entre ellas ansie-

dad, las cuales permanecieron inalteradas. Concluyeron que los cambios producidos

por el ejercicio se perciben en las variables más estrechamente asociadas con la expe-

riencia física durante el ejercicio (el autoconcepto físico), mientras que la ansiedad

rasgo o la autoestima serían constructos más estables y rasgos de personalidad más

duraderos y, por lo tanto, menos fácilmente afectados por el ejercicio físico.

Pero no todos los estudios experimentales que han analizado la relación entre

ejercicio y estados de ánimo han obtenido resultados positivos. Steptoe y Cox (1988)

compararon las puntuaciones de sujetos que estaban en forma y sujetos que no lo esta-

ban y encontraron que los ejercicios de alta intensidad causaban incrementos en ten-

sión/ansiedad y fatiga en todos los grupos. Únicamente se observaron cambios posi-

tivos cuando los ejercicios eran de baja intensidad.

En cuanto a los estudios que analizan la ansiedad diferenciándola en sus dos

vertientes, las investigaciones sobre la ansiedad-estado muestran un notable acuerdo:

el ejercicio moderado de al menos 20 minutos de duración conlleva un descenso con-

siderable de las puntuaciones en ansiedad (Morgan y Horstman, 1976). En cambio, los

estudios que asocian el ejercicio físico con la ansiedad distinguida en su forma rasgo,

son bastante escasos y contradictorios: mientras que algunos autores no han aprecia-

do ningún tipo de cambio tras una actividad deportiva (Buccola y Stone, 1975;

Morgan y Pollock, 1976), otros afirman haber encontrado correlaciones entre alta

condición física y menores niveles de ansiedad (Young e Ismael, 1978) e incluso que

el ejercicio reduce considerablemente la ansiedad rasgo (Jones y Weinhouse, 1979).

En resumen, aunque la mayor parte de los trabajos empíricos afirman que el

deporte o el ejercicio físico resulta beneficioso para la reducción de la ansiedad, lo

cierto es que poseen importantes problemas metodológicos que hacen que la relación

entre ejercicio y una menor ansiedad sea, por el momento, incierta. Además, muy

pocos estudios lo analizan distinguiendo la ansiedad-estado de la ansiedad como rasgo

de personalidad, y sus resultados son bastante discordantes. También hay que tener en

cuenta que la gran mayoría de estudios se centran en la población adulta, olvidándo-

se de los adolescentes. A esto hay que añadir que, a pesar de que se sabe que la pobla-

ción femenina práctica mucha menos actividad física, no se ha estudiado si esta dife-

rencia repercute sobre la relación ansiedad-ejercicio físico.

Por todo ello, el presente estudio tratará de arrojar cierta luz a estas cuestiones aún

no examinadas, pero sobre población adolescente. Se propone, por un lado, analizar la

relación de la ansiedad en sus dos vertientes (estado y rasgo) con la práctica deportiva y

su frecuencia esperando que el practicar deporte y hacerlo con una alta habitualidad se

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PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DESARROLLO SOCIAL

asocie a menores niveles de ansiedad-estado y ansiedad-rasgo. Y, por otro lado, pretende

examinar los efectos que sobre la ansiedad estado-rasgo tiene la interacción del género

tanto con la práctica de ejercicio físico como con su frecuencia.

MÉTODO

Participantes

Participaron en este estudio 257 estudiantes, elegidos al azar, de un centro educa-

tivo de la comunidad autónoma de La Rioja. Dicho centro es un colegio concertado situa-

do en un barrio de clase media. Del total que componía la muestra 140 (54%) eran hom-

bres y 117 (46%) mujeres, de edades comprendidas entre los 12 y los 18 años. Todos

ellos estudiaban Educación Secundaria Obligatoria. Se dividió a los sujetos en función,

por un lado, de si practicaban o no actividad físico-deportiva (211 frente a 46 estudian-

tes) y, por otro lado, de su frecuencia de ejercicio físico: 106 sujetos afirmaban practicar

deporte de forma esporádica, frente a 90 que lo hacían con una regularidad de 1 a 3 veces

por semana, o frente a 61 que aseguraban hacer deporte más de 3 veces a la semana.

Instrumentos

Para medir el nivel de ansiedad tanto en su forma rasgo como en su forma esta-

do se empleó la adaptación española del cuestionario STAI (State-Trait Anxiety

Inventory) de Spielberg Gorsuch y Lushene (1970). Este inventario comprende 2

escalas (Ansiedad Rasgo y Ansiedad Estado) formadas por 20 ítems cada una los cua-

les son puntuados, según su carga y dirección hacia la ansiedad, de 0 a 3 en una esca-

la Likert. Ambas escalas discriminan adecuadamente según diversas variables como

el género o la edad y poseen una buena consistencia interna que fluctúa entre 0.90 y

0.94 en la ansiedad-estado y entre 0.84 y 0.87 en la ansiedad-rasgo, en función de los

procedimientos escogidos para calcular la fiabilidad.

Junto al inventario STAI se aplicó un cuestionario acerca de los hábitos de vida

saludables, en el que se formulan una serie de preguntas cerradas sobre su actividad

físico-deportiva (si practican o no deporte, el tipo de deporte practicado, la frecuen-

cia de la práctica deportiva, razones por las que hacen actividad física) así como sobre

otro tipo de hábitos saludables tales como el consumo de alcohol y tabaco, el tiempo

diario dedicado a ver la televisión, cantidad de horas de sueño, la percepción subjeti-

va del nivel de salud propia y de la calidad de la alimentación en comparación con la

gente de la misma edad.

RESULTADOS

Los resultados se han obtenido mediante diferentes pruebas estadísticas (análi-

sis de medias, análisis de la varianza de un factor, análisis de la varianza factorial,

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PRÁCTICA DEPORTIVA Y ANSIEDAD EN LA ADOLESCENCIA

comparaciones por pares de Bonferrroni) todas ellas contenidas en el paquete estadís-

tico SPSS 11.5 para Windows.

Uno de los objetivos del presente trabajo consistía en analizar los posibles

efectos de la interacción de las variables género y práctica deportiva sobre la ansie-

dad, por lo que se presenta necesario examinar el comportamiento individual de cada

una de esas variables en relación a los dos tipos de ansiedad.

Para averiguar si existen diferencias de género en las puntuaciones de las dos

escalas del STAI o si los niveles de ansiedad varían en función de la práctica de ejer-

cicio físico, se llevó a cabo un análisis de medias (T-test) con un alfa= 0.05 cuyos

resultados se muestran en las tablas 1 y 2.

TABLA 1. Ansiedad y género

ANSIEDAD SEXO N Media D.T. t Prob.


Estado Hombre 140 11.63 8.27 0.009 0.036*
Mujer 117 13.89 8.91
Hombre 140 15.11 8.02
Rasgo -4.411 0.000***
Mujer 117 20.14 9.91

*p<0.05; **p<0.01; ***p<0.001

Se puede observar (tabla 1) cómo las mujeres muestran niveles significativa-

mente más elevados que los hombres tanto en la ansiedad-estado (t=0.009; p<0.05)

como en la ansiedad-rasgo (t=-4.41; p<0.001).

TABLA 2. Ansiedad y práctica deportiva

ANSIEDAD PRÁCTICA DEPORTIVA N Media D.T. t Prob.


Estado No practica 46 13.99 8.98 1.160 0.247
Sí practica 211 12.37 8.54
No practica 46 20.12 9.14
Rasgo 2.208 0.028*
Sí practica 211 16.81 9.20

*p<0.05; **p<0.01; ***p<0.001

Respecto a la práctica deportiva (tabla 2) los análisis estadísticos revelan que

el realizar ejercicio no se relaciona con una menor puntuación en ansiedad-estado

(t=1.16; p>0.05) aunque sí en ansiedad-rasgo (t=2.208; p<0.05). O dicho de otro

modo, los que practican deporte, aunque sólo sea de vez en cuando, reflejan una

menor disposición o tendencia a sentirse ansiosos; pero no una menor ansiedad en el

preciso momento en el que se les administró el cuestionario (ansiedad-estado).

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PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DESARROLLO SOCIAL

Con el fin de comprobar si una mayor frecuencia de actividad físico-deportiva

está asociada a una menor ansiedad, se llevó a cabo un análisis de la varianza

(ANOVA) con un nivel de riesgo del 5%. Y los resultados (tabla 3) confirman esta

hipótesis sólo en parte. Se puede observar, en la línea de la variable práctica deporti-

va, la no existencia de diferencias estadísticamente significativas en la escala

Ansiedad-Estado (F=0.411; p>0.05). No obstante, en la escala Ansiedad-Rasgo sí se

producen (F=3.147; p<0.05) siendo favorables a los sujetos que tienen como hábito

practicar deporte con una frecuencia de 3 o más veces a la semana, pues son ellos los

que presentan un menor nivel de ansiedad frente a quienes sólo hacen ejercicio espo-

rádicamente.

TABLA 3. Ansiedad y frecuencia de práctica deportiva

ANSIEDAD FRECUENCIA DE PRÁCTICA DEPORTIVA N Media D.T. F Prob.


Esporádicamente 106 12.90 8.46
Estado De 1 a 3 veces por semana 90 12.96 9.39 0.411 0.663
Más de 3 veces por semana 61 11.78 7.77
Esporádicamente 106 18.58 9.26
Rasgo 1-3 veces por semana 90 17.71 10.06 3.147 0.045
Más de 3 veces por semana 61 14.92 7.54

*p<0.05; **p<0.01; ***p<0.001

El segundo objetivo de la presente investigación planteaba un análisis de los

efectos principales y de interacción de la variable género con la práctica deportiva y

con la frecuencia de la práctica deportiva. Por ello se empleó el procedimiento deno-

minado modelo lineal general univariante a un nivel de confianza del 95% y cuyos

resultados corresponden a las gráficas 1 y 2, y la tabla 4. Para un adecuado análisis,

la interpretación de las gráficas se hará conjuntamente con los datos de la tabla.

La lectura de la figura 1 permite ver que la ansiedad-estado de las mujeres es

superior a la de los hombres tanto entre los que practican deporte como entre los que

no lo hacen, sin embargo dicha diferencia no llega a ser lo suficientemente grande

como para que el efecto del género sea estadísticamente significativo, tal como se ve

en la tabla 4 (F=2.20; p>0.05). El hecho de que las puntuaciones de los hombres y de

las mujeres sean paralelas indica una no inferioridad en los niveles de ansiedad por

parte de quienes hacen ejercicio (F=0.66; p>0.05); por ello, la interacción de ambas

variables no es estadísticamente significativa (F=0.00; p>0.05).

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PRÁCTICA DEPORTIVA Y ANSIEDAD EN LA ADOLESCENCIA

FIGURA 1. Ansiedad-estado, género y práctica deportiva

Ansiedad estado
15

14
Medias marginales estimadas

13

12 SEXO

Hombre

11 Mujer
No practica deporte Sí practica deporte

Práctica deportiva

FIGURA 2. Ansiedad-rasgo, género y práctica deportiva

Ansiedad rasgo
24

22
Medias marginales estimadas

20

18

SEXO
16
Hombre

14 Mujer
No practica deporte Sí practica deporte

Práctica deportiva

- 100 -
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PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DESARROLLO SOCIAL

TABLA 4. Ansiedad, género y práctica deportiva

GÉNERO * PRÁCTICA
ANSIEDAD GÉNERO PRÁCTICA DEPORTIVA
DEPORTIVA
Estado Prob. 0.139 0.419 0.976
Rasgo Prob. 0.000*** 0.159 0.527

*p<0.05; **p<0.01; ***p<0.001

Respecto a la ansiedad-rasgo (figura 2), los resultados revelan una significati-

va diferencia en función del género, favorable para los adolescentes varones, tanto

entre quienes practican actividad físico-deportiva como entre aquellos que no lo

hacen, por lo que resulta lógico que el efecto del factor género (tabla 4) sea estadísti-

camente significativo (F=12.81; p<0.001). Sin embargo, el gráfico muestra que los

que no practican deporte no son superiores, en la forma rasgo de la ansiedad, a los que

no lo practican (F=1.99; p>0.05). La falta de paralelismo entre ambas líneas nos indi-

ca una tendencia a la interacción (a que la ansiedad-rasgo sea un efecto cruzado de

género y edad); pero esas líneas no llegan a cruzarse por lo que ese efecto de interac-

ción sería, en todo caso, tendencial (F=0.16; p>0.05).

Como tercer y último objetivo se pretendía averiguar si la mayor o menor fre-

cuencia de actividad deportiva en interacción con el género del sujeto se asocia con

niveles diferenciales de ansiedad tanto en su componente estado como en su compo-

nente rasgo. Los resultados obtenidos mediante el modelo lineal general univariante

(figuras 3 y 4, y tabla 5) indican que ni ambas variables, ni la interacción conjunta de

las mismas poseen algún tipo de efecto sobre la ansiedad-estado, si bien los resulta-

dos son bastante distintos para la ansiedad-rasgo.

Si se analiza detalladamente la figura 3 se observa que la variable género no

tiene efecto alguno sobre las puntuaciones en la escala Estado del cuestionario STAI

tal como muestra la tabla 5 (F=1.63, p<0.05) debido a que la diferencia entre la ansie-

dad de los hombres y de las mujeres no llega a ser lo suficientemente amplia. Y lo

mismo ocurre con la habitualidad de la práctica de deporte: en la tabla 5 no queda evi-

denciado que aquellos que practican deporte con mayor habitualidad estén menos

ansiosos que quienes hacen ejercicio esporádicamente (F=0.48; p>0.05) por lo que no

podemos afirmar que el hacer ejercicio de forma habitual se asocie a una menor ansie-

dad-estado. Por todo ello, la interacción de las dos variables aquí estudiadas no posee

ningún tipo de efecto sobre la ansiedad en su forma estado (F=0.89; p>0.05).

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PRÁCTICA DEPORTIVA Y ANSIEDAD EN LA ADOLESCENCIA

FIGURA 3. Ansiedad-estado, género y frecuencia de práctica deportiva

Ansiedad estado
15

14
Medias marginales estimadas

13

12

SEXO
11
Hombre

10 Mujer
Esporádicamente 1-3 v eces/semana + 3 v eces/semana

Frecuencia de práctica deportiva

FIGURA 4. Ansiedad-rasgo, género y frecuencia de práctica deportiva

Ansiedad rasgo
24

22
Medias marginales estimadas

20

18

16
SEXO
14
Hombre

12 Mujer
Esporádica 1-3 veces/semana + 3 veces/semana

Frecuencia de práctica deportiva

Finalmente, la tabla 5 revela que la ansiedad-rasgo sí está afectada por el géne-

ro (F=6.80; p<0.01). Su estudio en la gráfica indica que las diferencias entre ambos

géneros se dan únicamente entre la población adolescente que hace deporte de vez en

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PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DESARROLLO SOCIAL

cuando, puntuando considerablemente más alto las mujeres. Con respecto a la fre-

cuencia de práctica deportiva ésta no llega a tener efectos sobre el rasgo de ansiedad;

esto es debido a que, entre las mujeres, las que practican algún tipo de actividad físi-

ca con una frecuencia superior a las 3 veces por semana sí puntúan menos en ansie-

dad-estado que aquellas cuya práctica deportiva es esporádica; mientras que, entre los

hombres, no se dan tales diferencias. Este hecho conlleva que los efectos de la varia-

ble frecuencia de práctica deportiva sean tendenciales, tal como muestra la tabla 5

(F=2.57; p=0.078). La interacción de ambas líneas y la falta de cualquier paralelismo

está indicando un efecto conjunto de ambas variables (F=4.98; p<0.01), es decir a que

la ansiedad-rasgo sea un efecto cruzado del género y la frecuencia de práctica depor-

tiva y que según la combinación de categorías el efecto podría ser a la alza o a la baja.

TABLA 5. Ansiedad, género y frecuencia de práctica deportiva

FRECUENCIA DE GÉNERO * FRECUENCIA DE


ANSIEDAD GÉNERO
PRÁCTICA DEPORTIVA PRÁCTICA DEPORTIVA
Estado Prob. 0.203 0.620 0.411
Rasgo Prob. 0.010** 0.078 0.008**
*p<0.05; **p<0.01; ***p<0.001
*p<0.05; **p<0.01; ***p<0.001

DISCUSIÓN

Una inmensa parte de la investigación previa (APA, 1995) refiere, además de

una mayor prevalencia por parte de las mujeres que de los varones (60% frente a un

40%) en trastornos ansiosos, un nivel más elevado de ansiedad (tanto en su forma

estado como rasgo) por parte de la población no-clínica femenina (dos tercios a favor

de las mujeres). Sin embargo, estas afirmaciones se suelen referir a personas adultas.

No obstante, los datos del presente estudio concuerdan con dicha investigación pre-

via, si bien, en este caso, se ha analizado sobre población adolescente.

Una posible interpretación residiría en que la adolescencia es una época del des-

arrollo humano en la que se producen numerosos cambios tanto físicos como psicológi-

cos cuya difícil y lenta aceptación desemboca en elevados niveles de ansiedad e incluso

en síntomas depresivos, siendo esa aceptación más costosa para las adolescentes. A esto

hay que añadir la considerablemente mayor presión social que reciben las mujeres desde

niñas (Chinchilla, 2002); deben estar y ser perfectas en todo momento, y se les exigen

mayores niveles de esfuerzo y éxito que a los hombres, por lo que resultad lógico que en

las sociedades occidentales sean las mujeres las más afectadas por la ansiedad.

En este artículo se vuelven a confirmar los beneficios del deporte sobre las altera-

ciones psíquicas aseveradas por numerosos investigadores (Folkins y Sime, 1981; Taylor et

al., 1985), aunque en esta ocasión los datos expuestos vienen a confirmar las hipótesis ini-

ciales sólo en parte. Aunque éstas planteaban la idea de una asociación negativa entre la

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PRÁCTICA DEPORTIVA Y ANSIEDAD EN LA ADOLESCENCIA

práctica deportiva y la ansiedad en sus dos variantes, por un lado, y de la habitualidad de

la práctica deportiva y los niveles de ansiedad por el otro, sólo se han hallado datos que

confirmen ambas asociaciones para la ansiedad-rasgo. Contrariamente a la teoría de

Alferman y Stoll (2000), según la cual la ansiedad-rasgo es un constructo demasiado esta-

ble para verse afectado por el ejercicio físico, los datos aquí expuestos muestran que el rea-

lizar algún tipo de actividad física o de deporte reporta un decremento de la disposición a

percibir sentimientos ansiosos, y dicha mejora es mayor cuantos más días a la semana se

dediquen al ejercicio, lo cual viene a apoyar los datos de otros autores en esta materia

(Morgan y Goldston, 1987; Jones y Weinhouse, 1979; Young e Ismael, 1978).

No debemos olvidar que la muestra de este estudio está formada por adolescen-

tes y como tales reciben una gran presión de su entorno para que se adapten a su futu-

ro rol (el de hombres o mujeres), a lo que se añaden otro tipos de estresores tales como

los resultados académicos, las numerosas actividades extraescolares a las que suelen

estar apuntados, las discusiones con los padres propias de la edad, etc., de modo que

hallarían en el deporte una forma de descargar la tensión acumulada que se vería

recompensada con un mayor bienestar psicológico (una menor ansiedad). Así con la

mayor frecuencia de actividad física se reducirían notablemente los niveles de ansie-

dad y se evitaría una acumulación de los mismos, desembocando en una menor ten-

dencia a sentirse ansioso (un nivel menor de ansiedad-rasgo).

Las personas con una predisposición a interpretar todo tipo de situaciones

como amenazantes (que en casos clínicos suelen recibir un diagnóstico de ansiedad

generalizada) muy a menudo presentan comorbilidad con otras alteraciones ansiosas,

especialmente con fobias sociales (APA, 1995). Por lo que otra posible explicación a

los hallazgos expuestos, podría encontrarse en que los adolescentes con una baja con-

dición física y que tuviesen miedo a quedar mal ante sus compañeros, o aquellos con

insatisfacción corporal temerosos de que los demás viesen su cuerpo con prendas

ajustadas o al cambiarse la ropa deportiva, elegirían no hacer deporte o practicarlo con

menos asiduidad provocando, como resultado, unos menores niveles de ansiedad en

los grupos con más constancia en su asistencia a actividades deportivas.

Pero ¿qué efecto tiene el género sobre estas asociaciones? Hasta ahora éste ha

sido un tema escasamente analizado y el único estudio hallado al respecto extendía las

bonanzas del deporte sobre la ansiedad a todas las edades y a ambos sexos (Morgan y

Goldston, 1987) lo cual se ve corroborado en este trabajo aunque con ciertas restric-

ciones. En primer lugar, el practicar deporte frente a no hacerlo tiende a reducir los

síntomas ansiosos, pero dicha mejora es más notoria entre las mujeres. Y, en segundo

lugar, mientras que cuanto más deporte practican las adolescentes, menores puntua-

ciones en ansiedad-rasgo obtienen, los muchachos experimentan un nivel de ansiedad

similar, independientemente de la frecuencia dedicada al ejercicio físico, de tal modo

que ellas pueden llegar a rebajarlas por debajo del nivel de los varones cuando la fre-

cuencia de práctica deportiva es superior a los 3 días semanales.

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PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DESARROLLO SOCIAL

Las conclusiones aquí arrojadas ahondan en el tema de la ansiedad y el depor-

te, y arrojan cierta luz sobre cuestiones hasta el momento no aclaradas, si bien este

estudio cuenta con varias limitaciones que en futuras líneas de investigación preten-

den ser solventadas. La primera de ellas es el hecho de que la metodología empleada

es correlacional no-experimental, pudiendo haber sobreestimado los efectos positivos

del deporte. La segunda limitación reside en la carencia de control del tipo de ejerci-

cio físico realizado por los adolescentes que componían la muestra (tiempo de cada

sesión deportiva, intensidad de la misma) ya que algunos autores defienden que no

todo tipo de deporte reporta beneficios sobre los síntomas ansiosos, sino únicamente

aquellos de intensidad moderada, de al menos 20 minutos de duración y practicado

con una frecuencia mínima de 3 veces por semana (Ragling y Morgan, 1987; Morgan

y Horstman, 1976).

En cualquier caso, no debe olvidarse la importancia de la actividad física y del

deporte realizado con frecuencia como método de prevenir y reducir la predisposición

a percibir estados de ansiedad por parte de nuestros adolescentes, especialmente en lo

que al género femenino se refiere, pues son ellas las que mayores índices de ansiedad

estado-rasgo experimentan. Desde las aulas debe fomentarse la implicación en el

deporte si se desea que los estudiantes gocen de un buen equilibrio psicológico y un

bienestar emocional.

Nota: esta investigación se ha llevado a cabo dentro de un proyecto subvencio-

nado por la Obra Social de la Caja Vital Kutxa de Álava, en la Convocatoria 2006 de

Ayudas a la Investigación.

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