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El rey de la montaña de oro: un cuento de redención

Un comerciante pierde su fortuna en el mar y, al hacer un pacto con un hombrecillo negro, se ve obligado a entregar a su hijo al cumplir doce años. El niño, tras sobrevivir a diversas pruebas, se convierte en el rey de la montaña de oro y, después de un tiempo, regresa a buscar a su padre, pero su esposa lo traiciona. Finalmente, recupera su reino y se enfrenta a la deslealtad de su esposa, quien planea casarse con otro.

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El rey de la montaña de oro: un cuento de redención

Un comerciante pierde su fortuna en el mar y, al hacer un pacto con un hombrecillo negro, se ve obligado a entregar a su hijo al cumplir doce años. El niño, tras sobrevivir a diversas pruebas, se convierte en el rey de la montaña de oro y, después de un tiempo, regresa a buscar a su padre, pero su esposa lo traiciona. Finalmente, recupera su reino y se enfrenta a la deslealtad de su esposa, quien planea casarse con otro.

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El rey de la montaña de oro

Un comerciante tenía dos hijos, un niño y una niña, tan padre se resistió a confesarla, insistió tanto el hijo que,
pequeños que todavía no andaban. Dos barcos suyos, finalmente, le dijo que, sin saber lo que hacía, lo había
ricamente cargados, se hicieron a la mar; contenían prometido a un hombrecillo negro a cambio de una
toda su fortuna, y cuando él pensaba realizar con aquel cantidad de dinero; y cuando cumpliese los doce años
cargamento un gran beneficio, llególe la noticia de que vencía el plazo y tendría que entregárselo, pues así lo
habían naufragado, con lo cual, en vez de un hombre había firmado y sellado. Respondióle el niño:
opulento, convirtióse en un pobre, sin más bienes que - No os aflijáis por esto, padre; todo se arreglará. El
un campo en las afueras de la ciudad. negro no tiene ningún poder sobre mí.
Con la idea de distraerse en lo posible de sus penas, El hijo pidió al señor cura le diese su bendición, y,
salió un día a su terruño y, mientras paseaba de un cuando sonó la hora, se encaminaron juntos al campo,
extremo a otro, acercósele un hombrecillo negro y le donde el muchachito, describiendo un círculo en el
preguntó el motivo de su tristeza, que no parecía sino suelo, situóse en su interior con su padre. Presentóse a
que le iba el alma en ella. Respondióle el mercader: poco el hombrecillo y dijo al viejo:
- Te lo contaría si pudieses ayudarme a reparar la - ¿Me has traído lo que prometiste?
desgracia. El hombre no respondió, mientras el hijo preguntaba:
- ¡Quién sabe! - exclamó el enano negro -. Tal vez me - ¿Qué buscas tú aquí?
sea posible ayudarte. A lo que replicó el negro:
Entonces el mercader le dijo que toda su fortuna se - Es con tu padre con quien hablo, no contigo.
había perdido en el mar y que ya no le quedaba sino Pero el muchacho replicó:
aquel campo. - Engañaste y sedujiste a mi padre -, dame el contrato.
- No te apures - díjole el hombrecillo -. Si me prometes - No - respondió el enano -, yo no renuncio a mi
que dentro de doce años me traerás aquí lo primero derecho.
que te toque la pierna cuando regreses ahora a tu casa, Tras una larga discusión, convinieron, finalmente, en
tendrás todo el dinero que quieras. que el hijo, puesto que ya no pertenecía a su padre,
Pensó el comerciante: "¿Qué otra cosa puede ser, sino sino al diablo, embarcaría en un barquito anclado en
mi perro?", sin acordarse ni por un instante de su un río que corría hacia el mar; el padre empujaría la
hijito, por lo cual aceptó la condición del enano, embarcación hacia el centro de la corriente y
suscribiéndola y sellándola. abandonaría al niño a su merced. Despidióse el niño de
Al entrar en su casa, su pequeño sintióse tan contento su padre y subió al barquichuelo, y su propio padre
de verlo, que, apoyándose en los bancos, consiguió tuvo que impulsarlo con el pie. Volcó el barco,
llegar hasta él y se le agarró a la pierna. Espantóse el quedando con la quilla para arriba y la cubierta en el
padre, pues, recordando su promesa, dióse ahora agua. El padre, creyendo que su hijo se había ahogado,
cuenta del compromiso contraído. Pero al no encontrar regresó tristemente a su casa y lo lloró durante largo
dinero en ningún cajón ni caja, pensó que todo habría tiempo.
sido una broma del hombrecillo negro. Al cabo de un Pero el barquito no se había hundido, sino que siguió
mes, al bajar a la bodega en busca de metal viejo para flotando suavemente, con el mocito a bordo, hasta que,
venderlo, encontró un gran montón de dinero. Púsose al fin, quedó varado en una orilla desconocida.
el hombre de buen humor, empezó a comprar, Desembarcó el muchacho, y, viendo un hermoso
convirtiéndose en un comerciante más acaudalado que palacio, encaminóse a él sin vacilar. Pero al pasar la
antes y se olvidó de todas sus preocupaciones. puerta vio que era un castillo encantado. Recorrió
Mientras tanto, el niño había crecido y se mostraba todas las salas, mas todas estaban desiertas, excepto la
muy inteligente y bien dispuesto. A medida que última, donde había una serpiente enroscada. La
transcurrían los años crecía la angustia del padre, hasta serpiente era, a su vez, una doncella encantada que, al
el extremo de que se le reflejaba en el rostro. Un día le verlo, dio señales de gran alegría y le dijo:
preguntó el niño la causa de su desazón, y aunque el - ¿Has llegado, libertador mío? Durante doce años te

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he estado esperando; este reino está hechizado y tú había tenido un hijo, había muerto muchos años atrás;
debes redimirlo. con todo, como veía que se trataba de un pobre pastor,
- ¿Y cómo puedo hacerlo? - preguntó él. le ofreció un plato de comida. Entonces, el mozo dijo a
- Esta noche comparecerán doce hombres negros, que sus padres:
llevan cadenas colgando, y te preguntarán el motivo de - Es verdad que soy vuestro hijo. ¿No sabéis de alguna
tu presencia aquí; tú debes mantenerte callado, sin señal en mi cuerpo por la que pudierais reconocerme?
responderles, dejando que hagan contigo lo que - Sí - respondió la madre -, nuestro hijo tenía un lunar
quieran. Te atormentarán, golpearán y pincharán, tú, en forma de frambuesa debajo del brazo derecho.
aguanta, pero no hables, a las doce se marcharán. La Apartóse él la camisa, y al ver el lunar en el sitio
segunda noche vendrán otros doce, y la tercera, indicado, dejaron ya de dudar de que tenían consigo a
veinticuatro, y te cortarán la cabeza; pero a las doce su su hijo. Contóles él entonces que era rey de la montaña
poder se habrá terminado, y si para entonces tú has de oro, que su esposa era una princesa y que tenían un
resistido y no has pronunciado una sola palabra, yo hermoso hijito de siete años. Dijo entonces la madre:
quedaré desencantada. Vendré con un frasco de agua - ¡Esto sí que no lo creo! ¡Vaya un rey, que se presenta
de vida, te rociaré con ella y quedarás vivo y sano vestido de pastor!
como antes. Irritado el hijo, sin acordarse de su promesa, dio la
- Te rescataré gustoso - respondió él. vuelta al anillo, conjurando a su esposa y a su hijo a
Y todo sucedió tal y como se le había predicho. Los que compareciesen, y en el mismo momento se
hombres negros no pudieron arrancarle una sola presentaron los dos: la Reina, llorando y
palabra, y la tercera noche la serpiente se transformó lamentándose, y acusándolo de haber quebrantado su
en una hermosa princesa que, provista del agua de palabra y haberla hecho a ella desgraciada.
vida, acudió a resucitarlo. Luego, arrojándose a su Respondióle él:
cuello, lo besó, y el júbilo y la alegría se esparcieron - Lo hice impremeditadamente y sin mala intención - y
por todo el palacio. Casáronse, y el muchacho trató de disculparse y persuadirla. Ella simuló ceder a
convirtióse en rey de la montaña de oro. sus excusas, pero ya el rencor anidaba en su alma.
Al cabo de un tiempo de vida feliz, la reina dio a luz Condujo a su esposa a las afueras de la ciudad y le
un hermoso niño. Cuando habían transcurrido ya ocho mostró el río en el que había sido lanzado el barquito;
años, el joven se acordó de su padre y le entró el deseo luego le dijo:
de ir a verlo a su casa. La Reina no quería dejarlo - Estoy cansado; siéntate, quiero dormir un poco sobre
partir, diciendo: tu regazo.
- Sé que será mi desgracia - pero él no la dejó en paz Apoyó en él la cabeza, y la Reina lo estuvo
hasta haber conseguido su asentimiento. Al despedirlo, acariciando hasta que se durmió. Quitóle entonces el
ella le dio un anillo mágico y le dijo: anillo del dedo y, retirando el pie de debajo de él,
- Llévate esta sortija y póntela en el dedo; con ella descalzóse y dejó la chinela; luego cogió en brazos a
podrás trasladarte adonde quieras; únicamente has de su hijito y pidió volver a su reino. Al despertar, el Rey
prometerme que no la utilizarás para hacer que yo encontróse completamente abandonado; su esposa e
vaya a la casa de tu padre. hijo habían desaparecido, así como el anillo de su
Prometióselo él y, poniéndose el anillo en el dedo, dedo, no quedándole más que la chinela como prenda.
pidió encontrarse en las afueras de la ciudad donde su "A la casa de mis padres no puedo volver - pensó -,
padre residía. En el mismo momento estuvo allí y se dirían que soy brujo; no tengo más solución que
dispuso a entrar en la población; pero al llegar a la ponerme en camino y seguir hasta que llegue a mis
puerta, detuviéronle los centinelas por verle ataviado dominios". Partió, pues, y, al fin, se encontró en una
con vestidos extraños, aunque ricos y magníficos. montaña donde había tres gigantes que disputaban
Subió entonces a la cima de un monte, en la que un acaloradamente porque no lograban ponerse de
pastor guardaba su rebaño; cambió con él sus ropas y, acuerdo sobre la manera de repartiese la herencia de su
vistiendo la zamarra del pastor, pudo entrar en la padre. Al verlo pasar de largo, lo llamaron y, diciendo
ciudad sin ser molestado. Presentóse en la casa de su que los hombres pequeños eran de inteligencia
padre y se dio a conocer, pero el hombre se negó a avispada, lo invitaron a actuar de árbitro en el reparto.
prestarle crédito, diciéndole que, si bien era verdad que La herencia se componía de una espada que, cuando

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uno la blandía y gritaba: "¡Todas las cabezas al suelo, instantáneamente. Apenada y avergonzada, levantóse
menos la mía!", en un abrir y cerrar de ojos, y, retirándose a su aposento, se echó a llorar, pero él la
decapitaba a todo bicho viviente; en segundo lugar, de siguió. Dijo entonces la mujer:
una túnica que hacía invisible a quien la llevaba; y, en - ¿Es que me domina el diablo, y jamás vendrá mi
tercero, de un par de botas que llevaban en un instante, salvador?
a quien se las ponía, al lugar que deseaba. Dijo el Rey: Él, pegándole entonces en la cara, replicó:
- Dadme los tres objetos, pues he de examinarlos para - ¿Acaso no vino tu salvador? ¡Está aquí, mujer falaz!
ver si se hallan en buen estado, ¿Merecía yo este trato?
Alargáronle la túnica y, no bien se la hubo puesto, Y, haciéndose visible, entró en la sala gritando:
desapareció, convertido en una mosca. Recuperando su - ¡No hay boda; el rey legítimo ha regresado!
figura propia, dijo: Los reyes, príncipes y consejeros allí reunidos
- La túnica está bien; venga ahora la espada. empezaron a escarnecerlo y burlarse de él; pero el
Pero los otros replicaron: muchacho, sin gastar muchas palabras, gritó:
- ¡Ah, no! No te la damos. Sólo con que dijeses: -¿Queréis marchamos o no?
"¡Todas las cabezas al suelo, menos la mía!", Y, viendo que se aprestaban a sujetarlo y acometerle,
quedaríamos decapitados, y sólo tú quedarías con vida. desenvainando la espada, dijo:
No obstante, al fin se avinieron a entregársela a - ¡Todas las cabezas al suelo, menos la mía!
condición de que la probase en un árbol. Hízolo así, y Y todas las cabezas rodaron por tierra, y entonces él,
la espada cortó el tronco a cercén como si fuese una dueño de la situación, volvió a ser el rey de la montaña
paja. Quiso entonces examinar las botas, pero los de oro.
gigantes se opusieron:
- No, no te las damos. Si, cuando las tengas puestas, te ***
da por trasladarte a la cima de la montaña, nosotros
nos quedaríamos sin nada.
- No - les dijo -, no lo haré.
Y le dejaron las botas. Ya en posesión de las tres
piezas, y no pensando más que en su esposa y su hijo,
díjose para sus adentros: "¡Ah, si pudiese encontrarme
en la montaña de oro!", e, inmediatamente,
desapareció de la vista de los tres gigantes, con lo cual
quedó resuelto el pleito del reparto de la herencia.
Al llegar el Rey al palacio notó que había en él gran
alborozo; sonaban violines y flautas, y la gente le dijo
que la Reina se disponía a celebrar su boda con un
segundo marido. Encolerizado, exclamó:
- ¡Pérfida! ¡Me ha engañado; me abandonó mientras
dormía!
Y poniéndose la túnica, penetró en el palacio sin ser
visto de nadie. Al entrar en la gran sala vio una enorme
mesa servida con deliciosas viandas; los invitados
comían y bebían entre risas y bromas, mientras la
Reina, sentada en el lugar de honor, en un trono real,
aparecía magníficamente ataviada, con la corona en la
cabeza. Él fue a colocarse detrás de su esposa sin que
nadie lo viese, y, cuando le pusieron en el plato un
pedazo de carne, se lo quitó y se lo comió, y cuando le
llenaron la copa de vino, cogióla también y se la bebió;
y a pesar de que la servían una y otra vez, se quedaba
siempre sin nada, pues platos y copas desaparecían

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