Sentencia sobre daños y perjuicios en accidente
Sentencia sobre daños y perjuicios en accidente
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Nueve con Cuarenta y Seis Centavos ($4.381.549,46), más intereses y
costas.
II. Contra ese pronunciamiento se alza en autos “García” la
parte actora, en virtud de los fundamentos expuestos el 20 de septiembre de
2023, los que no fueron contestados y el codemandado Luis Hector De
Pace, quien expresó agravios el 19 de septiembre, los que fueron
respondidos por la actora en la misma presentación en que fundó su
recurso.
En autos “Cheja” se cuenta con las quejas de la parte actora
en dichos obrados, volcadas en su escrito del 15 de septiembre de 2023,
que merecieron réplica el 3 de octubre y los coaccionados De Pace, quienes
fundaron sus reproches conforme los términos esgrimidos el 19 de
septiembre, rebatidos el 6 de octubre.
III. De acuerdo al relato de los hechos expuesto por Luis
Alberto García, en el expediente que lo tiene como demandante, resulta
propietario del automóvil marca Chevrolet Corsa dominio IYF 821
habilitado para circular como taxímetro. Relata que el día 14 de julio de
2015 a las 20:00 hs. aproximadamente la unidad mencionada se encontraba
circulando por la calle Quintino Bocayuva con pasajeros a bordo. Explica
que una vez que el semáforo ubicado en la intersección con la calle México
la señal lumínica se puso en verde, por lo que el chofer que guiaba ese
vehículo comenzó atravesar la encrucijada y fue allí cuando llegando casi a
la mitad del cruce otro rodado que se encontraba circulando por la última
arteria, lo embistió de manera sorpresiva e inesperada con su parte frontal
en el costado izquierdo.
Añade que, tal vehículo que era conducido por De Pace
infringió la señal lumínica y circulaba a una velocidad excesiva, lo que
produjo que el suyo volcara.
“Caja de Seguros S.A.” opuso falta de legitimación pasiva por
falta de cobertura y, en subsidio, negó el hecho de manera pormenorizada.
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del evento y le adjudicaron la producción del hecho a la violación de la
señal lumínica del chofer del taxi. Atribuyeron también exceso de
velocidad al otro vehículo.
Finalmente, “Caja de Seguros S.A.” adoptó la misma postura
procesal a la de los autos acumulados, en que planteó excepción de falta de
legitimación pasiva por no encontrarse paga la prima. A todo evento opuso
también excepción de prescripción y, en subsidio, negó el hecho de manera
pormenorizada.
IV. La jueza de grado comenzó por señalar que el archivo de
las actuaciones labradas en sede penal a raíz del hecho de autos, no le
impedía analizar la responsabilidad civil.
Luego, comenzó por encuadrar la relación jurídica que unía a
la Sra. Cheja tanto con Horacio Esteban Frick, en su carácter de conductor
del taxi en el que era transportada, como con el titular de esa unidad, Luis
Alberto García, en el art. 184 del Código de Comercio, el que debe
integrarse con el art. 42 de la Constitución Nacional y lo dispuesto por la
Ley de Defensa al Consumidor 24.240. En cuanto a las demás relaciones
jurídicas en juego, entendió que debían subsumirse en lo previsto por el
segundo párrafo in fine del art. 1113 del Código Civil.
Sentado ello explicó que dado que el accidente ocurrió en una
encrucijada con semáforo y que se endilgó a cada uno de los conductores la
violación de esa señal de tránsito, la apreciación del estado de la misma
resulta primordial para apreciar la conducta de los protagonistas, por lo que
pierden relevancia las presunciones comunes de culpa derivadas del
carácter de embistente o del lugar de localización de los daños frente la
gravedad que reviste la conducta de quien infringe las indicaciones del
semáforo, condición ésta que resulta por sí sola determinante de la culpa.
Seguidamente evaluó la prueba rendida en ambos procesos y
en la causa penal. En estos últimos obrados señaló que el oficial que acudió
al lugar de los hechos dejó asentado que transeúntes ocasionales indicaron
que quien violó la señal del semáforo fue el conductor del Chevrolet
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“Cheja”, ya que la presentación resulta idéntica tanto en un proceso, como
en otro. En los obrados referidos en último término se cuenta también con
la queja de la accionante, Sra. Cheja, quien pretende que condene también
a los coaccionados Frick, García y a su aseguradora.
VI. Por una cuestión de orden metodológico corresponde en
primer lugar abordar la quejas relativas a lo decidido en materia de
responsabilidad, ya que de la suerte que sigan tales planteos dependerá la
necesidad de analizar los demás reproches.
Luis Héctor De Pace en autos “García” y éste junto con Juan
Sebastián De Pace en el proceso iniciado por “Cheja” sostienen que la
sentencia de grado resulta arbitraria y que la prueba fue evaluada de
manera incorrecta por la sentenciante.
Comienzan por señalar que el taxi circulaba por la calle
Quintino Bocayuva a excesiva velocidad y que esa es la única razón que
explica el vuelco de tal vehículo. Además, esgrime que fue ese rodado el
que violó la señal lumínica.
Luego, se agravian, en particular, porque la jueza de grado
otorgó veracidad a dichos de supuestas personas que habrían expresado
ante la autoridad policial que arribó al lugar que fue su vehículo el que
cruzó en rojo, pero o bien no fueron debidamente identificados que por el
deficiente accionar de los agentes policiales o porque no existieron. En
definitiva, reprochan que la sentencia se basa en testigos que no existen.
Sostienen, además, que ni el oficial Ballester, ni Toledo,
pudieron ver el accidente como así tampoco quien cruzó en rojo, por lo que
no puede ser ello utilizado para fundar una condena en su contra, lo que
deriva en el dictado de un pronunciamiento arbitrario.
Ponen de relieve la contradicción en la que habría incurrido el
oficial Toledo, quien comienza por declarar que acudió al lugar por el
llamado del Comando, para después sostener que vio a De Pace cruzar el
semáforo en rojo, lo que lleva al recurrente a preguntarse cómo pudo ver
un accidente sobre el que tomó conocimiento por tal llamado y al mismo
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tiempo haber visto dicha infracción. Entienden, incluso, que este incurrió
en falso testimonio y solicitan copias certificadas de su declaración para
formular la denuncia pertinente en sede penal.
Por otro lado también objetan lo que entiende se trató de un
nulo análisis de los testigos que acreditan que quien cruzó en rojo fue el
taxi.
Por su lado, la pasajera del taxi, Sra. Cheja, objeta la
responsabilidad atribuida de modo exclusivo al conductor y al propietario
del Chevrolet Vectra, los codemandados De Pace y pretende que también
se condene al propietario del taxi, Sr. García, al chofer de esa unidad, Sr.
Frick y a su aseguradora.
De manera similar a los otros apelantes cuestiona que la jueza
de grado haya atendido al supuesto testimonio de personas que ni siquiera
pudieron ser identificadas, las que habrían dado cuenta de la maniobra
antirreglamentaria que se le endilga al Chevrolet Vectra. Entiende que no
puede darse ningún tipo de relevancia jurídica a lo manifestado por un
policía que reproduce supuestos dichos de terceras personas.
En relación a la declaración testimonial del policía Toledo
hace hincapié en que se encontraba apostado en la puerta de un restaurante
en la intersección de las calles México y Mármol, esto es, a 200 metros del
lugar donde ocurrió. Señala que yerra la jueza de grado cuando señala que
estaba ubicado a sólo una cuadra del hecho.
Expresa, además, que en virtud del encuadre jurídico
formulado en la sentencia también se encontraba a cargo del conductor y
propietario del taxi la prueba de la eximente invocada, que en este supuesto
era el hecho de un tercero por quien no deben responder y que no lograron
tal cometido.
Asimismo, reprocha que se hayan desestimado los dichos de
los testigos Voros y Pinto cuando resultaron solventes en sus relatos.
Argumenta que no sirve de fundamento para su desestimación que no
hubieran ubicado el lugar del hecho cuando ello no les fue siquiera
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preguntado. Descarta también la relevancia de aludir a la presencia de una
motocicleta en el evento, cuando era quizá lo menos llamativo de la escena
que presenciaron. En este sentido insiste la apelante en que tales cuestiones
no resultan relevantes para quitarles credibilidad.
Expresa, además, otros argumentos que, según su criterio,
deben llevar a revocar la decisión, entre ellos: la falta de asistencia a la
pericia mecánica, la ausencia de impugnación de las expresiones de los
testigos Voros y Pintos, que “Seguros Bernardino Rivadavia” no adjuntó la
denuncia de siniestro y la falta de producción de prueba de la eximente a
fin de destruir la presunción en su contra establecida por el art. 184 del
Código de Comercio.
En consecuencia, requiere que por el hecho de autos se le
impute responsabilidad solidaria e ilimitada a Luis Héctor De Pace, Juan
Sebastián De Pace, Luis Alberto García, Horacio Esteban Frick y “Seguros
Bernardino Rivadavia Cooperativa de Seguros Limitada”.
VII. Debo destacar que comparto el encuadre jurídico
formulado por la jueza de grado. Es así que el reclamo de la pasajera del
taxi respecto del propietario de ese vehículo debe ser subsumido en lo
dispuesto por el art. 184 del Código de Comercio y los artículos
correspondientes de la ley de Defensa al Consumidor 24240. Asimismo, la
responsabilidad de los demás sujetos legitimados pasivos debe ser evaluada
de acuerdo a lo establecido por el segundo supuesto del segundo párrafo
del art. 1113 del Código Civil.
En consecuencia, el deber de responder atribuido a los
accionados en ambos procesos debe ser analizado desde el prisma del
factor de atribución objetivo, de modo que para liberarse deben acreditar la
culpa de la víctima, la de un tercero por quien no deben responder o el caso
fortuito o fuerza mayor.
Aún así, también coincido con la a quo en que un supuesto
como éste en que está reconocida la ocurrencia del accidente en una
encrucijada con semáforos que funcionan con normalidad, sin dudas lo
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En orden a ello resulta claro que la distancia entre el lugar en
que se ubicó Toledo y el cruce donde ocurrió el accidente torna
extremadamente dificultoso para cualquier persona, sea esta un oficial de
una fuerza de seguridad o no, visualizar el estado de los semáforos
emplazados a tan larga distancia. Sobre todo si se repara que el hecho tuvo
lugar después de las 20:00 hs. en pleno invierno, con lo cual a ese
momento no se contaba con luz natural.
En este marco de consideración poco importa aquellas
cuestiones asentadas por el oficial Ballester en el marco de la causa penal y
la presunción de validez de que gozarían por ser expresiones de un oficial
público, ya que sólo se limitó aquel a dejar constancia de las impresiones
de terceras personas que no identificó y que, por lo tanto, no pudieron dar
razón de sus dichos. Lo mismo vale decir respecto a los dichos de Toledo,
ya que de lo que aquí se trata es de valorar la declaración del testigo
presencial que surge del sumario policial, por lo que debe valorarse este
testimonio teniendo en consideración lo que pudo apreciar por sus sentidos
sin que tampoco en tal caso esas manifestaciones gocen por el simple
hecho de su calidad de funcionario de una preeminencia por sobre la que
pueda brindar cualquier otro testigo.
En suma, por los argumentos esgrimidos, el testimonio de
Toledo no resulta creíble y por ello debe desestimarse.
Frente a ello se encuentran las deposiciones de los testigos
presenciales que declararon en autos “Cheja”, quienes dan cuenta con
claridad que quien violó la señal del semáforo fue el conductor del taxi. La
visualización de sus testimonios recabados mediante audiencias filmadas,
me permiten concluir que sus dichos son perfectamente atendibles. Aún
cuando pueda advertirse cierto nerviosismo en Voros, lo cierto es que no
incurrió en ninguna contradicción y pudo dar cuenta de su presencia en el
lugar. En cuanto a Pinto, éste fue mucho más claro en su relato y fue
preciso al señalar que venía viajando por Quintino Bocayuva detrás del taxi
y que vio con claridad que fue este quien cometió tal infracción.
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proceso a la parte actora, ya que no encuentro argumento para apartarme
del criterio objetivo de la derrota sentado por el art. 68 del Código
Procesal. Debo precisar aquí que la condena dictada en esas actuaciones
contra Juan Sebastián De Pace hubiera sido revocada por este colegiado
aun en caso de confirmarse el pronunciamiento de grado, ya que no fue
siquiera demandado en dichos autos.
Por otro lado, propongo también al Acuerdo que se revoque lo
decidido en autos “Cheja” y, por lo tanto, se rechace la demanda
promovida por Camila Sol Cheja contra Luis Héctor de Pace y Juan
Sebastián De Pace y se haga lugar a su reclamo en cuanto fue dirigido
contra Luis Alberto García y Horacio Esteban Frick, en virtud de lo
dispuesto por el art. 184 del Código de Comercio, y segundo supuesto del
segundo párrafo del art. 1113 del Código Civil. Este pronunciamiento debe
hacerse extensivo a “Seguros Bernardino Rivadavia Cooperativa Limitada”
en los términos del seguro pactado de conformidad con lo establecido por
el art. 118 de la Ley 17418. Los gastos causídicos generados en ambas
instancias deben ser soportados por los demandados vencidos, incluso los
relativos a la intervención de los sujetos legitimados pasivos respecto de
los cuales se ha rechazado la demanda (art. 68 del ritual).
VIII. En atención a la forma en que se resolvió en el apartado
precedente, tanto las quejas esgrimidas por el Sr. García en el expediente
n°: 80971/2016 que lo tiene como demandante, como las expuestas por
Luis Héctor De Pace y Juan Sebastián De Pace en ambas causas -las de
éstos últimas, en tanto exceden el cuestionamiento referido a la
responsabilidad- se han tornado abstractas, por lo que no cabe pronunciarse
al respecto.
IX. Respecto a los cuestionamientos de la parte actora en
autos “Cheja” destinados a quejarse de los montos adjudicados en la
sentencia, resulta necesario recordar que el art. 265 del CPCC dispone que
el escrito de expresión de agravios debe contener la crítica concreta y
razonada de las partes del fallo que el apelante considere equivocadas.
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patrimonial y de no ser así, la afectación espiritual que ella provoca debe
ser analizada dentro del reclamo por “daño moral”.
No deja de advertirse que la cicatriz se produjo en la región
frontal izquierda, tal como señala el perito médico en su dictamen y que la
misma puede verse desde una distancia social, pero no se brinda ningún
argumento que lleve a concluir que la jueza la trató de modo incorrecto al
cuantificar las afecciones de índole espiritual. No se trata aquí de que la
belleza esté reservada para determinadas personas como esgrime la
recurrente, sino de establecer si aquélla tiene un efecto patrimonial, aunque
sea indirecto, lo que no ha sido acreditado en autos.
De más está decir que la caracterización del daño estético
realizada por el perito médico sólo resulta relevante en cuanto al
cumplimiento de su función específica, pero que quien debe realizar el
encuadre jurídico de los daños somos quienes desempeñamos la
magistratura. Por ello, la conceptualización realizada por ese profesional
sólo puede valorarse en cuanto hace al cumplimiento de su tarea específica,
sin que las expresiones volcadas en un sentido distinto pueda obligar a
quien decide a tener que apreciar esa lesión de un modo autónomo.
Además, la disminución de incapacidad asignada por el perito
médico por la cicatriz en cuestión tampoco obliga a quien juzga el caso. Es
que como bien explica la a quo en su pronunciamiento, al margen de los
porcentajes informados son los sentenciantes los que deben apreciar en el
caso concreto la incidencia del padecimiento en cuestión.
Lo que parece perderse de vista a lo largo del memorial,
cuando se solicita que se trate el daño estético como rubro autónomo o
cuando se requiere que se aumente lo otorgado por “incapacidad”, es que la
cicatriz fue contemplada dentro del daño moral y no se indica ningún
argumento que sirva para contrastar ese monto, de modo de verificar si
resulta insuficiente.
Por lo demás, el hecho de que considere insuficiente las sumas
adjudicadas no constituye tampoco una queja que lleve a este tribunal a
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El Dr. Rodríguez votó en igual sentido y por análogas razones
a las expresadas por la Dra. Guisado.
Con lo que terminó el acto.
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