Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons
Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional
Leer, escribir y pensar en tiempos de inteligencia artificial
Marcelo Belinche, Rossana Viñas
Letras, (11), editorial, 2024
ISSN 2524-938X | [Link]
FPyCS | Universidad Nacional de La Plata
La Plata | Buenos Aires | Argentina
Leer, escribir y pensar
en tiempos de inteligencia artificial
Por Marcelo Belinche y Rossana Viñas
mbelinche@[Link] | [Link]
rvinas@[Link] | [Link]
Centro de Investigación en Lectura y Escritura (CILE)
Facultad de Periodismo y Comunicación Social
Universidad Nacional de La Plata - Argentina
Vivimos en una época de transformaciones vertiginosas. La lectura y la escritura
–prácticas fundacionales del pensamiento crítico y pilares de la vida democrática–
se ven atravesadas, en la actualidad, por una tecnología que está revolucionando
todo: la inteligencia artificial. ¿Qué implica esta irrupción para quienes leen,
escriben, enseñan, investigan, crean? ¿Qué ganamos con estas herramientas?
¿Qué estamos dejando atrás?
La IA generativa ha llegado con la fuerza de un vendaval. Herramientas como
ChatGPT, traductores automáticos, asistentes de escritura o programas de
resúmenes automáticos irrumpen en la escena cotidiana, ofreciendo soluciones
inmediatas, ofertando creatividad, organizando ideas, generando textos
complejos en cuestión de segundos. Para estudiantes, docentes, escritores,
periodistas, funcionarios, investigadores, estas tecnologías se presentan como
aliadas potenciales: permiten ahorrar tiempo, explorar caminos creativos,
enfrentar la hoja en blanco con menos angustia, e incluso encontrar voces o
lenguajes alternativos. Se democratiza el acceso a ciertos saberes, se alivian
tareas mecánicas y se multiplican las posibilidades expresivas.
Sin embargo, esta aparente democratización no está exenta de paradojas,
ni contradicciones. Porque leer no es solo consumir información rápida.
Es detenerse, es interpretar, es contrastar. Leer críticamente es resistir la
inmediatez, hacerse preguntas, entrar en diálogo con lo leído, profundizar y
comprender contextos. Del mismo modo, escribir no es únicamente volcar
palabras en una página: es pensar, dudar, construir sentido. Es enfrentarse
al lenguaje en tanto campo de disputa. Cuando la escritura se automatiza,
cuando la lectura se terceriza en resúmenes o en fragmentos seleccionados
por algoritmos, se debilita el músculo de la reflexión. La aceleración puede
volverse superficialidad; la asistencia, dependencia.
La IA genera textos, pero no los piensa. No tiene intención, no duda, no reescribe
con angustia ni alegría ni pasión ni emoción. Simula, imita, organiza lo que ya
fue dicho. Aporta eficiencia, pero no necesariamente profundidad. Aquí reside
una tensión central: ¿cómo seguir leyendo y escribiendo desde una ética del
pensamiento crítico cuando las tecnologías tienden a ofrecernos respuestas
cerradas, formatos estandarizados, soluciones prefabricadas? Y desde la docencia:
¿cómo enseñar estas prácticas sin caer en el rechazo tecnofóbico ni en la
aceptación acrítica?
Además, no podemos soslayar que estas tecnologías no son neutrales.
Los algoritmos que alimentan la IA están entrenados con grandes volúmenes
de datos que replican los discursos dominantes, reproducen sesgos racistas,
2
Letras | N.º 11 | 2024 | ISSN 2524-938X
sexistas, clasistas o colonialistas, y muchas veces, invisibilizan voces disidentes,
experiencias contrahegemónicas o lenguajes no normativos. No es menor que
estas herramientas estén desarrolladas por un puñado de grandes corporaciones
con intereses políticos y económicos bien definidos. Usar IA sin una mirada crítica
es correr el riesgo de legitimar una cierta visión del mundo, una lógica del dato,
de la eficiencia, del rendimiento, que poco tiene que ver con la complejidad de
la experiencia humana.
Entonces, ¿qué hacemos?
No se trata de rechazar la inteligencia artificial como una amenaza tecnofóbica,
ni de celebrarla ingenuamente como la solución a todos nuestros problemas.
El verdadero desafío es integrar estas tecnologías de manera crítica, ética y
situada. Implica pensar pedagógicamente qué significa leer y escribir en este
nuevo contexto. Implica enseñar a preguntar mejor, a distinguir lo automatizado
de lo reflexivo, a analizar las condiciones de producción de los discursos
generados por IA. Implica problematizar qué voces circulan, quiénes quedan
afuera, qué lenguajes son autorizados y cuáles excluidos.
La lectura crítica no busca solo el contenido, sino las tensiones, las omisiones,
los gestos del lenguaje. Enseñar a leer implica mostrar que los textos no son
solo portadores de información, sino territorios en disputa. Lo que la IA entrega
como «respuesta cerrada» puede ser el punto de partida para abrir preguntas,
para desarmar lo dado, para mostrar que todo enunciado está situado.
Por otra parte, lo importante es no escribir como producto sino como proceso.
La IA escribe rápido. Pero escribir «desde un yo» tiene en cuenta el demorarse,
dudar, corregir, arriesgar. Enseñar escritura crítica es insistir en ese lugar donde
3
Letras | N.º 11 | 2024 | ISSN 2524-938X
no hay atajos: lo que se piensa mientras se escribe, lo que se transforma al
decirlo, lo que se resignifica al reescribirlo. Esa lentitud puede ser un gesto de
resistencia.
Entonces, no se trata de excluir la tecnología, sino de enmarcar su uso de manera
crítica. Comparar un texto generado por IA con uno escrito por un autor puede
abrir espacios de análisis: ¿qué falta?, ¿qué sobra?, ¿qué se repite?, ¿qué estilo se
impone?, ¿qué voz se silencia? Esta comparación permite evidenciar los límites
de la estandarización y volver a valorar la singularidad.
Es nuestra tarea como docentes, que siempre lo hemos hecho de esta manera,
recuperar la dimensión afectiva y política de la enseñanza. Enseñar no es solo
transmitir saberes, es también cultivar un vínculo con el mundo, con los otros,
con uno mismo. Frente a tecnologías que prometen eficiencia, la escuela / la
universidad puede ser uno de los pocos espacios donde aún se legitima la
pregunta, la duda, el conflicto. Enseñar escritura crítica es, entonces, una forma
de sostener una ética del lenguaje que no se deja reducir a productividad.
Porque leer y escribir siguen siendo actos profundamente políticos. Son prácticas
de apropiación del mundo, de resistencia a la homogeneización, de construcción
de sentido colectivo. En un tiempo donde los discursos se automatizan, donde
el pensamiento se externaliza en prompts y comandos, defender el ejercicio
humano, imperfecto, lento y conflictivo de la lectura y la escritura es, más que
nunca, un acto de resistencia.
La inteligencia artificial puede acompañarnos aunque no puede reemplazar
la experiencia, la subjetividad, el deseo, la memoria, la emoción, ni el conflicto
que habita toda práctica significativa de lectura o escritura. En tiempos donde
todo parece acelerarse y simplificarse, quizás el gesto más radical sea volver a leer
despacio, escribir con dudas, y pensar con otros.
4
Letras | N.º 11 | 2024 | ISSN 2524-938X