UNX.
PARROQUIAL DE SAN MARTÍN DE TOURS
La localidad de Unx se sitúa en la Navarra media, al sudeste de Pamplona en el camino que desde Tafalla se encamina a Sangüesa al sur de la Valdorba. Esta zona de
Navarra es fronteriza con las Altas Cinco Villas de Aragón. Y esta relación de proximidad ayuda a comprender hechos como el sorprendente parecido de los capiteles de su
portada oeste con lo visto en Santa María de Uncastillo. Ambos trabajos son fruto del mismo taller si no de la misma mano, en una época en que ambos templos se hallaban
bajo la potestad del obispado de Pamplona el cual señalaría los lugares donde habría de trabajar el taller ultra pirenaico autor de los mismos. También hay coincidencias entre
canecillos de Unx (cabezas de osos) y figura similares en la Porta Speciossa de Layre. Talleres itinerantes o lugares centralizados de labra. Lo cierto es que se advierte su misma
autoría, como en el caso de Uncastillo.
El templo corona el cerro en que asienta el caserío y está dedicado a San Martín de Tours. Fue consagrado en 1156. Hubo castillo y varias ermitas más, desaparecidas:
El Salvador, Santa Cruz y San Vicente. Queda todavía la que fuera capilla del castillo, la ermita de San Miguel, en funciones de capilla del cementerio. Es un ejemplar de transi -
ción al gótico de cabecera plana.
Es iglesia de nave única, que a pesar de las muchas reformas soportadas, conserva su estructura original en bue-
na medida. Tiene cripta bajo la cabecera, de bellísima hechura y poco frecuente acceso en forma de escalera de caracol
desde el lado sur del segundo tramo de la nave. Y una pila bautismal que es excepcional en Navarra. Castellanas he
visto muy bellas. Pero en esta comunidad es una pieza de primer orden por lo infrecuente de su hechura.
El acceso al templo se efectuaba por una portada en el muro de poniente, cobijada bajo porche moderno, si
bien en la actualidad el acceso se efectúa a través del porche añadido al sur y por medio de una portada trasplantada
del despoblado de Sengoriz.
En el siglo XIV se añadió una nave al costado norte de la original, calando los muros para comunicarla con las
capillas góticas edificadas. Más adelante, en el XVII se añadió otra al sur, para aportan planta de tres naves. Pero en la
actualidad esta última se halla transformada en una especie de moderna galería porticada con buenas vistas hacia el
caserío
La cabecera del templo es sorprendentemente elevada, dada la superposición de cripta e iglesia superior. Re -
cios contrafuertes prismáticos adosados refuerzan la sensación de verticalidad de esta porción del templo.
Tres ventanales aspillerados dan luz a la cripta. Y en altura otros tantos, derramados y compuestos por una
arquivolta de baquetón, hacen lo propio con la iglesia superior. En altura, la cornisa de la cabecera es sustentada por
abundantes canecillos decorados. Es curioso el hecho de que a pesar de la altura a que se sitúan, los de tema erótico
han sido radicalmente "censurados" como se advierte en las imágenes anteriores, en que la exhibicionista y el personaje
itifálico han sido repicados.
La portada se sitúa en el muro oeste y se halla cobijada bajo tejaroz del que restan un par de canecillos origina -
les. Se compone de tres arquivoltas decoradas con baquetón flanqueado por hileras de botones florales. Y entre ellas
escocias que continúan las que suplen las aristas de las pilastras. Están decoradas con motivos vegetales y geométricos
en sucesión siendo la central heterogénea en su composición.
Apean en tres parejas de capiteles por medio de ábaco corrido decorado con motivos vegetales y palmetas. Por
debajo, columnas y basa áticas sobre elevado podio. Por fuera de las arquivoltas hay guardapolvo decorado con ajedre-
zada jaqués.
Cuando se contempla los capiteles de esta portada se tiene el claro convencimiento de que fueron hechos por la misma mano que los de la portada de Santa María
de Uncastillo. El estilo, las formas, la decoración de los vestidos, los cabellos... Es algo evidente para quien ha visitado los dos lugares. Comenzando por nuestra izquierda, el
primero de los capiteles es de estilo clásico; pero cuajado de filigranas vegetales similares a las del ábaco, casi en un tono sobrecargado y barroco que no le resta ni un ápice de
belleza.
A continuación el capitel dedicado al titular del templo: San Martín de Tours. En el mismo podemos apreciar
una escena, la más conocida de su hagiografía: El santo, a caballo comparte la capa con un peregrino descalzo. Con su
mano derecha sujetando el mentón, como meditando sobre lo que hace, comparte la capa con un peregrino descalzo
que lleva hatillo y morral y ninguna otra vestidura que una faldilla corta.
Sobre la jamba que no es sino una semicolumna, hallamos capitel decorado con cabecitas de leones de cuyas
fauces surgen tallos vegetales con sus frutos que se distribuyen por la cesta del mismo.
A nuestra derecha en la portada hallamos en primer lugar, sobre la semicolumna que forma la jamba, un capitel
parecido al anterior en su estilo decorativo; pero de diferente sentido. Aquí no son leones sino unos seres monstruosos
a modo de diablos de cuyas bocas surgen cintas que se entrelazan por toda la cesta. Similar representación usa el maes-
tro de Uncastillo para representar el fuego de los tormentos infernales y por ello entiendo que este ha de ser el sentido
del mismo.
A continuación, dos representaciones de la lucha entre el bien y el mal. La primera de ellas, en el siguiente capitel, que muestra a Sansón desquijarando a un león.
Llama la atención la amplia capa del personaje que domina a modo de fondo toda la escena en ambas caras del capitel. Parece querer enlazar con la capa de la historia del San
Martín.
Y luego un personaje armado de espada que sujeta a un monstruosos demonio por los pelos y está presto a descargar sobre él el golpe. Un segundo demonio, no me -
nos deforme, trata de liberar a su compinche y ambos se sujetan con fuertes garras al collarín del capitel.
Por lo que respecta a los dos canecillos originales del tejaroz, uno de ellos es de un acróbata en circular pirueta y
el segundo representa a un músico con fídula también semejante a los vistos en Santa María de Uncastillo.
Al interior del templo se accede por una portada trasplantada del despoblado de Sengariz próximo a Pamplona,
recolocada en el segundo tramo del muro sur del templo. Entraremos a través de una especie de galería porticada mo -
derna, que en su momento fue nave lateral sur añadida al templo original y hoy cumple funciones de espléndido mira -
dor. La portada es de triple arquivolta, de sencilla hechura y con capiteles decorados con motivos a modo de báculos,
motivo muy extendido en el románico navarro.
El templo es de nave única compuesta por tres tramos y cerrada al este por cabecera compuesta de alargado
presbiterio y cilindro absidal. Hay a los pies coro alto edificado en piedra en el siglo XIV. Como ya se ha indicado se
añadieron sendas naves laterales, de las cuales permanece la septentrional en esa función, mientras que la meridional
hace las veces de porche en la actualidad.
Hay en la nave tres fajones doblados, de medio punto el más anterior y ya apuntados los posteriores que apean
por medio de capiteles y semicolumnas adosadas con sus correspondientes pilastras. La decoración de los capiteles es
vegetal, muy sencilla. La bóveda es de medio cañón en presbiterio y ya apuntada en los tres tramos de la nave. Tres
ventanales derramados abren en el cilindro absidal, entre dos molduras de ajedrezado. Se adornan con arquillos que las
enmarcan apeando en parejas de columnillas que se alzan con sus basas sobre la inferior de las molduras.
En la cabecera de la nave adosada al norte encontramos la bella pila bautismal. Es sin lugar a dudas el más im -
portante ejemplar de pila bautismal de toda Navarra. Y habría que recurrir a compararla con otras de Castilla para hallar
motivos que le hicieran "competencia".
Su copa tiene forma de cilindro, algo mayor en su diámetro superior, y se decora con cinco esculturas en bajo-
rrelieve situadas bajo otros tantos arquillos que apean por medio de capiteles vegetales bien señalados en columnas de
diversas formas: rectas, espiroideas, irregulares o con motivos decorativos de zig-zag. También las basas están delicada-
mente representadas.
Los arquillos son de sencilla hechura, sin decorar, sobre las tres primeras figuras, por nuestra izquierda. Y en las
tres siguientes aparecen profusamente decorados con motivos florales y pétalos, así como flores en las enjutas. El últi-
mo de los arquillos, a nuestra derecha, aparece de nuevo sin decoración. Es una arquivolta con doble baquetón; pero
sin motivos florales.
Los personajes que encontramos, de izquierda a derecha son tres hombres y tres mujeres. El primero porta lo
que parece un pan redondo y viste una curiosa faldilla. El segundo, con capa, lleva en las manos unas aves y el tercero,
es un diácono. Lleva estola y señala con la diestra un libro que lleva en la mano izquierda.
A continuación las mujeres. La primera de ellas tiene un aire voluptuoso con ricas vestiduras que se ajustan a sus formas. Largas bocamangas hasta casi el suelo, pelo
suelto, ceñido por una cinta sobre las sienes y lleva en su mano derecha, levantada, un pequeño objeto esférico. A continuación una madre lactando a su hijo al que tienen
sentado sobre su rodilla izquierda. Cabeza tocada y vestiduras con doblez y pliegues que recuerdan el modo de hacer de Guilduinus. Y por último, la tercera mujer es una jo -
ven con el cabello suelto que porta lo que parece una pequeña vasija con tapadera, o bien otra rosca de pan.
Creo que el artista quiso resaltar la importancia de las dos mujeres centrales (verdaderos personajes de esta
escena) situándolas bajo los únicos arquillos ricamente decorados a la vez que las contrapone, pues cada una de ellas
mira hacia un lado diferente. Eva/Ave. La primera mujer, con el fruto en la mano, sensual. Y la Virgen amamantando al
Niño Dios. El resto de los personajes, a mi modo de ver son comparsa. Portadores de ofrendas y el diácono en represen-
tación del sacramento dispensado en este recipiente, por el cual se elimina el pecado original (representado en Eva) y se
da paso a la vida en Cristo (Virgen lactando).
Y después de deleitarnos con la pila bautismal, nos queda otra no menos importante sorpresa en este templo.
Es su cripta. Sorprende en primer lugar por la forma de acceder a la misma. Es realmente excepcional el hecho de que
la única vía de acceso sea una escalera de caracol abierta en el lado sur del primer tramo de la nave, justo tras el presbi-
terio. Tras un giro de 180 grados desembocamos en el ángulo suroeste de la estancia de la cripta, que reproduce en
planta el presbiterio y cilindro absidal de la iglesia superior.
Se compone de tres naves de tres tramos articulados en torno a seis columnas exentas y otras ocho adosadas a
los muros. Sobre las columnas, capiteles de diversa hechura dan apeo a arcos fajones y formeros de medio punto dove -
lado, con marcas de cantero y restos de policromía. Y en lo alto de cada tramo, bóveda de arista a base de sillarejos.
Tres ventanales aspillerados abren en el cilindro absidal. Este espacio impresiona por su rotundidad de formas, tan sen-
cillas como robustas y elegantes así como por la sensación de absoluta exclusión del resto del templo... y del mundo.
Los motivos decorativos de los capiteles son mayoritariamente de sencilla decoración vegetal, con esbozos de
bolas o frutos en sus vértices. Pero y también los hay con decoración figurada a base de caritas barbadas y leones. Al
igual que algunos de los arcos de la bóveda, hay restos pictóricos en los capiteles.
En definitiva, un lugar que a pesar de ir preparado para ver sus "sorpresas" nos deleita con mil y un detalles
inesperados si se tiene la sensibilidad y la paciencia de saber buscarlos. Como en tantos otros lugares, las piedras ha-
blan más que callan si les prestamos la suficiente atención.
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