0% encontró este documento útil (0 votos)
6 vistas11 páginas

Filosofía de Platón: Ideas y Conocimiento

La filosofía de Platón, influenciada por la condena de Sócrates, busca establecer una sociedad justa dirigida por filósofos, fundamentada en su Teoría de las Ideas, que postula la existencia de un mundo inteligible superior al mundo sensible. Platón introduce el dualismo metafísico y ontológico, diferenciando entre el mundo cambiante y material y el mundo eterno de las Ideas, donde la Idea de Bien es la más alta. Su teoría del conocimiento establece que el verdadero conocimiento proviene de la comprensión de las Ideas, y presenta métodos como la reminiscencia, la dialéctica y el amor como caminos hacia la verdad.

Cargado por

rakki1323
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
6 vistas11 páginas

Filosofía de Platón: Ideas y Conocimiento

La filosofía de Platón, influenciada por la condena de Sócrates, busca establecer una sociedad justa dirigida por filósofos, fundamentada en su Teoría de las Ideas, que postula la existencia de un mundo inteligible superior al mundo sensible. Platón introduce el dualismo metafísico y ontológico, diferenciando entre el mundo cambiante y material y el mundo eterno de las Ideas, donde la Idea de Bien es la más alta. Su teoría del conocimiento establece que el verdadero conocimiento proviene de la comprensión de las Ideas, y presenta métodos como la reminiscencia, la dialéctica y el amor como caminos hacia la verdad.

Cargado por

rakki1323
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

FILOSOFÍA PLATÓN

El maestro de Platón, Sócrates, tras haber sido condenado a muerte provoca que Platón
pierda la fe en la democracia ateniense, por tanto la meta principal de la filosofía de Platón
está orientada hacia su aplicación en la vida política. Su propósito es crear una sociedad
organizada y justa, dirigida por filósofos, basada en una comprensión firme y profunda de la
realidad y del conocimiento (aristocracia) . Además de que criticará la concepción sofistas
en cuanto a la educación pagada y la política, pues para él la política no es, como ellos
pensaban, un medio para conseguir sus intereses personales. Platón combatió el
subjetivismo y relativismo de los maestros de la retórica.

1. Teoría de las ideas (Ontología-Metafísica)

Platón rechazó el materialismo de los físicos, porque reducían todo a materia y el


relativismo de los sofistas, pues negaban una verdad única. Quiso dar una base sólida a la
justicia y al orden social, apoyándolos en principios verdaderos y no en simples acuerdos
humanos o en mero relativismo. Para ello formuló su Teoría de las Ideas. Según Platón,
detrás de las cosas materiales y cambiantes del mundo sensible existe una realidad
superior, el mundo de las Ideas, compuesto por esencias eternas, universales e
inmateriales, como la Justicia. Estas Ideas son reales y objetivas, no simples pensamientos
humanos, y sirven de modelo perfecto para los objetos del mundo físico.

Platón sostiene que, del mismo modo que 2 + 3 = 5 es una verdad absoluta, también
existen verdades universales en el ámbito moral y político. Así, las Ideas permiten superar
el relativismo de los sofistas, demostrando que existen valores y principios válidos para
todos, independientemente de las opiniones personales.

1.1 Dualismo metafísico y dualismo ontológico

Platón sostiene que la realidad está dividida en dos ámbitos completamente distintos, lo que
se conoce como dualismo metafísico. Según Platón, existen dos mundos: el mundo
sensible, que es material, cambiante y accesible que vemos a través de los sentidos y el
mundo inteligible, que es eterno, inmutable y sólo puede ser comprendido mediante la
razón.

Este planteamiento también implica un dualismo ontológico, ya que en el mundo sensible


existen las cosas materiales, mientras que en el mundo inteligible existen las Ideas o
Formas. Las cosas del mundo físico son copias imperfectas de las Ideas, que son los
modelos verdaderos y perfectos de todas las realidades. Así, por ejemplo, todas las cosas
bellas provienen de la Idea de Belleza.

Platón busca con esta división solucionar el problema del movimiento. Da la razón a
Heráclito, quien afirmaba que el mundo sensible está en constante cambio, y también a
Parménides, que defendía que lo verdaderamente real no cambia. De esta forma, Platón
considera que el mundo sensible es cambiante y, por tanto, no puede ofrecer un
conocimiento seguro, mientras que el mundo inteligible, por ser estable y eterno, sí puede
ser objeto de un conocimiento verdadero y firme.
Este dualismo metafísico y ontológico explica cómo es posible alcanzar un conocimiento
cierto en un mundo que, a simple vista, parece estar en constante transformación.

1.2 Jerarquía de las ideas

Las cosas del mundo material dependen de las Ideas para existir, por lo que éstas son más
reales y por tanto no se encuentran al mismo nivel.

Platón afirma que en el mundo inteligible existe una jerarquía de Ideas. En la cima se
encuentra la Idea de Bien, principio supremo del que dependen todas las demás. Le siguen
las Ideas morales (Belleza, Justicia), luego las Ideas relacionales (Igualdad, Diferencia), las
Ideas matemáticas y geométricas (Unidad, Triangularidad), las Ideas de seres naturales
(Hombre, Caballo) y, en el nivel más bajo, las Ideas de cosas fabricadas (Mesa, Casa).

Platón explica que entre las Ideas existen relaciones objetivas que conforman una red
llamada simploké, gracias a la cual unas Ideas se conectan con otras (por ejemplo, la de
Caballo con Animal, Mamífero, Herbívoro). No todas las Ideas se relacionan entre sí, ya que
eso llevaría al monismo, pero tampoco están totalmente separadas, porque entonces el
conocimiento sería imposible. Así, la simploké es la red de vínculos entre las Ideas, y
comprenderla constituye el verdadero conocimiento filosófico.

La Idea de Bien es, para Platón, el principio que gobierna y da sentido a todo lo que existe.
Todo ser es lo que es gracias a su relación con el Bien; si algo no proviene de él, deja de
existir o pierde su esencia. El Bien es, por tanto, la causa y fundamento de toda la realidad.
Platón compara esta Idea con el Sol, en “símil del Sol”. Así como el Sol ilumina y da vida en
el mundo visible, permitiendo que los objetos sean vistos y existan, la Idea de Bien ilumina
el mundo inteligible, haciendo que las Ideas sean comprensibles y que posean existencia.

1.3 Relaciones entre los dos mundos: las doctrinas de la participación y la imitación

Platón explica la relación entre los dos planos de la realidad mediante la participación
(méthesis) y la imitación (mímesis).

La participación se refiere a la relación por la cual las cosas del mundo sensible son lo que
son gracias a las Ideas. Así un caballo es caballo porque participa de la Idea de Caballo. Sin
embargo, Platón advierte que esta participación no puede entenderse de manera física . Las
Ideas no pueden estar “dentro” de las cosas pues son únicas, indivisibles y eternas.

La imitación, significa que las cosas del mundo sensible son copias imperfectas de las
Ideas, del mismo modo que un retrato imita a la persona real sin ser ella. Las cosas
materiales sólo reflejan parcialmente la perfección de las Ideas, que son la auténtica
realidad. Sin embargo, Platón advierte que no todo puede tener su Idea, ya que eso
implicaría aceptar la imperfección en el mundo inteligible, que debe ser completamente puro
y perfecto.

De esta manera, Platón define las Ideas como las esencias, aquello por lo que cada cosa es
lo que es. Existen separadas de los objetos particulares, no son conceptos mentales, sino
realidades independientes. Además, son modelos de las cosas sensibles, son únicas,
inmutables y eternas y accesibles sólo a través del pensamiento racional. A diferencia del
mundo sensible, que está sujeto al cambio y la corrupción, el mundo de las Ideas es
inalterable, absoluto y perfecto.

1.4 Origen y estructura del mundo sensible: la cosmogonía y cosmología platónicas

Platón rechaza la teoría atomista porque considera que el universo no puede surgir del azar.
Según los atomistas, los átomos se mueven y combinan aleatoriamente en el vacío, lo que
hace imposible conocer la naturaleza y explicar el orden del cosmos. Además, si el mundo
se originara a partir de movimientos desordenados, el orden visible sería inexplicable. Para
Platón, el cosmos solo puede surgir de la acción de una inteligencia ordenadora, no del
azar.

Para explicar este orden, Platón introduce la figura del Demiurgo, una divinidad modeladora
que no crea la materia ni las Ideas, sino que organiza la materia eterna y caótica tomando
las Ideas como modelos. El Demiurgo plasma la forma y el orden de las Ideas en la materia,
generando así un cosmos estructurado. Sin embargo, el universo resultante no es
totalmente perfecto, porque la materia siempre representa un principio de desorden e
imperfección.

En el Timeo, Platón describe que el cosmos surge de la combinación de tres elementos: la


materia, eterna, indeterminada y en movimiento; las Ideas, como modelos o principios
formales; y el Demiurgo, que actúa como causa activa e inteligente. De este modo, el
mundo sensible es una imitación o copia del mundo de las Ideas, y la creación del Demiurgo
explica cómo las cosas particulares dependen de los modelos ideales.

El Demiurgo no debe confundirse con un dios creador [Link]ón lo concibe como una
representación filosófica de la acción de las Ideas sobre la materia. Su función es imponer
medida, límite y proporción sobre lo ilimitado de la materia, proporcionando inteligibilidad y
consistencia al mundo físico. Así, el cosmos sensible se entiende como un universo
ordenado e inteligible, surgido de la interacción entre materia, Ideas y Demiurgo, donde las
cosas particulares son reflejo de los modelos ideales.

2. La teoría del conocimiento

Para Platón, el conocimiento y la realidad están estrechamente relacionados. Solo es real


aquello que puede conocerse, y únicamente puede conocerse lo que es verdaderamente
real. Esto significa que su metafísica se fundamenta en una base epistemológica. Según el
filósofo, existen dos tipos de conocimiento y, por tanto, dos tipos de realidad: el
conocimiento sensible, que tiene como objeto el mundo sensible, cambiante e imperfecto; y
el conocimiento intelectual, que se dirige al mundo inteligible, eterno y perfecto.

Cornford señala que la filosofía platónica se sostiene sobre dos pilares fundamentales. El
primero es la inmortalidad del alma, cuyo rasgo esencial es la racionalidad. El segundo es la
existencia de las Ideas, objetos eternos y perfectos que constituyen los verdaderos objetos
de conocimiento del alma.
Platón ofrece tres explicaciones sobre el fenómeno del conocimiento y el modo en que el
ser humano puede pasar del conocimiento sensible al inteligible, una mítica y dos
filosóficas:

La teoría de la reminiscencia

Expuesta en el Fedón. Según esta, el alma, antes de unirse al cuerpo, habitaba en el


mundo de las Ideas, donde contemplaba directamente la verdad. Sin embargo, al
encarnarse, olvida lo que sabía. Así, conocer consiste en recordar (anámnesis) lo que el
alma ya conocía antes de nacer. Los objetos del mundo sensible no nos enseñan nada
nuevo, sino que despiertan en nosotros el recuerdo de las Ideas perfectas de las que son
copia.

La dialéctica

Descrita en la República. Se trata de un método racional que permite al alma ascender


desde la diversidad y continuo cambio de las cosas del mundo sensible , hasta el mundo
inteligible el de las Ideas, único, eterno e inmutable. Mediante el diálogo y la refutación de
tesis opuestas, el pensamiento va superando las apariencias y alcanzando niveles
superiores de conocimiento, hasta llegar finalmente a conocer directamente la Idea del
Bien, fundamento de todo ser y de todo saber.

El eros (amor)

Presentada en el Banquete. Platón considera el amor como una fuerza que lleva a los seres
humanos hacia aquello de lo que carecen, es decir, hacia la belleza, el bien y la perfección.
El amor impulsa al alma a elevarse desde la belleza de los cuerpos hasta la belleza de las
almas, luego hacia la belleza de las normas morales y de las ciencias, y finalmente hacia la
Belleza en sí misma. De este modo, el amor platónico es una especie de dialéctica
emocional que conduce al conocimiento estético del mundo inteligible.

Finalmente, Platón entiende la filosofía como una forma de purificación. En el Fedón,


describe la filosofía como un proceso de liberación del alma respecto al cuerpo y a los
sentidos. El filósofo auténtico dedica su vida a prepararse para la muerte, porque sabe que
solo al separarse del cuerpo podrá contemplar directamente las Ideas y alcanzar la verdad
plena.

4.1. Los grados de conocimiento: el símil de la línea dividida

Platón explica, mediante el pasaje de la línea dividida del Libro VI de La República, que el
conocimiento humano se divide según los grados del ser. Distingue dos grandes niveles: el
del mundo sensible, cuyo conocimiento es la opinión (dóxa), y el del mundo inteligible, cuyo
conocimiento es la ciencia (epistéme). Además, cada uno de estos niveles se subdivide en
dos grados, mostrando así cómo el conocimiento avanza desde lo visible y cambiante hasta
lo verdadero y permanente.

1) La ciencia (epistéme), según Platón, es el conocimiento más elevado, que se ocupa de


lo permanente, universal y esencial de las cosas, es decir, de las Ideas o realidades
superiores. Este tipo de saber ofrece la mayor certeza y se divide en dos grados:
a)​ La inteligencia intuitiva (noûs):

Este es el tipo más alto de conocimiento, porque permite entender directamente, con
la razón, las [Link] tipo de ciencia que nace de este conocimiento se llama
dialéctica, y en general, forma parte de la filosofí[Link] dialéctica es la ciencia que
estudia las ideas y cómo se relacionan entre sí, buscando llegar a los principios
básicos o fundamentos de la realidad.

La dialéctica es el método que permite ascender de lo sensible a lo inteligible. En la


noesis, el entendimiento deja de lado los elementos sensibles y capta directamente
las Ideas y sus vínculos, avanzando de Idea en Idea hasta alcanzar la Idea suprema:
la Idea de Bien. Este proceso de dialéctica ascendente constituye la fase más
elevada del conocimiento, donde se establecen los principios de la ciencia o
episteme.

Existe también una dialéctica descendente, que parte de la Idea suprema o de Ideas
generales para ubicar de manera precisa una Idea concreta dentro de la estructura
jerárquica del mundo de las Ideas, sin recurrir a la experiencia. Así, una vez
alcanzada la sabiduría y la comprensión del Bien, se puede dar razón de todas las
cosas, ya que para Platón el conocimiento auténtico es deductivo: conocer lo
general permite entender lo particular.

b)​ El pensamiento discursivo (diánoia).

Es un tipo de conocimiento racional y secuencial, que avanza “paso a paso” de un


concepto a otro. Su objeto de estudio son los números, las figuras geométricas y, en
general, todo lo relacionado con demostraciones matemáticas y lógicas. Este tipo de
conocimiento da lugar a la matemática, entendida como ciencia que progresa desde
hipótesis hasta conclusiones mediante un razonamiento riguroso y ordenado.

2) La opinión (dóxa) es el conocimiento del mundo sensible y, según Platón y los griegos,
representa un grado inferior al de la ciencia. Puede ser verdadera o falsa y es inestable,
porque se basa en realidades cambiantes y en percepciones, no en razones sólidas. En
general, la opinión consiste en mantener un juicio o afirmación sin plena certeza. Además,
la opinión posee dos niveles que reflejan distintos grados de confiabilidad del conocimiento
sensible.

a)​ La creencia o pístis es un tipo de conocimiento basado en los sentidos, referido a


las cosas físicas y naturales que percibimos sensiblemente. Al tratarse de
conocimiento sobre copias de las Ideas, es imperfecto y no puede ser sometido a
demostración, ya que carece de fundamento racional sólido.
b)​ La imaginación o eikasía es el conocimiento de las imágenes de las cosas
sensibles, como sombras, reflejos, así como de seres de ficción o mitológicos y las
invenciones de los poetas. Estas realidades no son intuibles mediante la razón, ni
perceptibles plenamente, ni demostrables, y no pueden considerarse verdaderas ni
falsas. A este nivel pertenecen las artes, los conocimientos técnicos y las actividades
productivas (poiéticas).
Platón establece un paralelismo entre ser y conocer: lo que existe puede ser conocido, y lo
que no se puede conocer, no es. A las cosas sensibles les corresponde la opinión, y a las
cosas inteligibles, la ciencia. Esto lo ilustra en el símil de la línea dividida, donde la parte
inferior representa el mundo sensible y la opinión, y la superior el mundo inteligible y la
ciencia.

El mito de la caverna: En el Mito de la Caverna, los prisioneros solo ven sombras en la


pared, que representan la imaginación (eikasía), el nivel más bajo de conocimiento, donde
solo se perciben copias o reflejos de la realidad. Cuando uno de ellos logra ver los objetos
reales dentro de la caverna, alcanza la creencia (pístis), un conocimiento basado en los
sentidos, aunque todavía imperfecto.

Al salir de la caverna y ver el mundo exterior, el prisionero empieza a pensar y entender las
cosas de manera lógica (diánoia), comprendiendo las relaciones entre los objetos y sus
reglas. Finalmente, al mirar al sol, que simboliza la Idea del Bien, alcanza la inteligencia
intuitiva (noûs), el conocimiento más alto y verdadero, que permite entender las Ideas y los
principios que gobiernan todo.

3. Dualismo antropológico

El dualismo establecido por Platón entre el Mundo de las Ideas y el Mundo Sensible se
traduce en el caso de la antropología en un dualismo entre cuerpo y alma. En Platón, el
hombre es un compuesto de estas dos realidades.

1.​ El alma es inmaterial e inmortal, semejante a las Ideas y su lugar natural es el


Mundo Inteligible. Es el principio que da vida al cuerpo y conecta al ser humano con
la realidad verdadera.
2.​ La unión del alma con el cuerpo no es esencial, sino accidental y temporal, e incluso
puede considerarse antinatural, porque el alma está hecha para el Mundo de las
Ideas y su actividad más propia es contemplarlas.
3.​ Mientras está unida al cuerpo, la tarea principal del alma es purificarse, es decir,
prepararse para conocer y entender las Ideas. Estas impurezas vienen del cuerpo,
con sus deseos y necesidades que intentan dominar al alma y distraerla del
conocimiento. Por eso, el alma debe resistir al cuerpo y controlar sus impulsos, y eso
es lo que Platón llama la verdadera sabiduría.
4.​ El cuerpo es como una prisión para el alma: es material, mortal e imperfecto, y
pertenece al mundo sensible. Mientras está unido al cuerpo, el alma desea regresar
al Mundo de las Ideas, por lo que esta unión se considera accidental y temporal.

Para Platón, el alma humana tiene tres partes, cada una con funciones distintas:

●​ Alma racional: se encuentra en la cabeza. Es inmortal, inteligente y divina, la más


noble de las tres. Su tarea es conocer y gobernar a las otras partes del alma, y su
virtud es la prudencia.
●​ Alma irascible: se ubica en el pecho. Es la fuente de pasiones nobles, como el valor
y la voluntad. Es más fácil de guiar que la concupiscible, y su virtud es la fortaleza.
●​ Alma concupiscible: se encuentra en el bajo vientre. Es mortal y la más ligada al
cuerpo, fuente de deseos y pasiones inmoderadas. Su virtud es la templanza, que
permite controlarla.
El alma racional es inmortal y ha vivido siempre en el Mundo de las Ideas, mientras que las
otras dos partes del alma (irascible y concupiscible) están ligadas al cuerpo y mueren con
él.

En el Fedro, Platón compara el alma con un carro de caballos: la parte racional es el auriga
(el conductor), mientras que los dos caballos representan las otras partes del alma. El
caballo blanco es la parte irascible, noble y bien dirigida, y el caballo negro es la
concupiscible, rebelde y desobediente.

La tarea del auriga es gobernar el carro, es decir, la vida humana. La armonía se logra
cuando la razón domina al valor y al deseo. Platón llama justicia a la virtud que armoniza las
otras virtudes del ser humano.

4. Ética

La ética de Platón busca entender en qué consiste el Supremo Bien para el ser humano.
Para él, la vida feliz combina placer y sabiduría, pero algunos autores sostienen que el Bien
absoluto es la contemplación de las Ideas.

El acceso al Supremo Bien, y por tanto la suprema felicidad, se logra mediante la práctica
de la virtud, y Platón la entiende de varias formas:

●​ Armonía del alma: Cada parte del alma cumple su función: la racional con sabiduría
o prudencia, la irascible con fortaleza y la concupiscible con templanza. La razón
debe guiar a la voluntad y ambas dominar los deseos; así se alcanza la justicia y la
armonía.​

●​ Conocimiento: Las virtudes se unifican en la prudencia o sabiduría, que es el


conocimiento de lo que es bueno para el hombre. Este saber permite comprender
las Ideas de Bien, Justicia, Valor, Piedad y Belleza, que representa la cima del alma
humana.​

●​ Purificación: El hombre virtuoso limpia su alma de pasiones y se desprende


progresivamente del cuerpo, para acercarse al Mundo de las Ideas.

Platón asocia cada virtud con una parte del alma y define sus funciones:

●​ Justicia: Es la virtud que coordina y armoniza todas las demás, asegurando que
cada parte del alma cumpla su función dentro del conjunto.​

●​ Prudencia: Propia del alma racional, regula las acciones humanas y los
pensamientos, dirige la vida moral y prepara al alma para escapar de las apariencias
y contemplar las Ideas.​

●​ Fortaleza: Pertenece al alma irascible y permite sobreponerse al dolor, controlar las


pasiones nobles y sacrificar placeres cuando sea necesario para cumplir con el
deber.​
●​ Templanza: Propia del alma concupiscible, regula los deseos y placeres,
manteniendo orden, armonía y moderación en la parte inferior del hombre.

5. Política

Para Platón, el ser humano es social por naturaleza, y la vida en sociedad surge para
satisfacer mejor sus necesidades. Toda sociedad necesita organización y estructura, lo que
Platón llama el gobierno o la estructura política de la ciudad.

Platón busca definir el Estado ideal, porque considera que el individuo sólo puede
desarrollarse plenamente en un Estado perfecto, y un Estado perfecto solo es posible si sus
ciudadanos son virtuosos.

Existe una correlación entre el alma y el Estado: así como el alma tiene partes distintas con
funciones específicas, la ciudad se organiza en clases y roles. La división del trabajo surge
de manera natural según las necesidades y habilidades de los individuos, dando lugar a
artesanos y distintos oficios.

Además, la ambición o la necesidad de ampliar el territorio puede provocar conflictos con


otras ciudades, por lo que se requieren guardianes. El gobierno debe estar en manos de
una minoría selecta: los filósofos, cuya misión es coordinar la ciudad y asignar a cada
ciudadano su función adecuada.

5.1 La relación alma-Estado

Platón establece una correspondencia entre las partes del alma y las clases sociales del
Estado:

●​ Clase de bronce (artesanos y productores): relacionada con la parte concupiscible


del alma. Su misión es producir recursos y satisfacer las necesidades básicas de
todos los ciudadanos.​

●​ Clase de plata (guardianes): encargada de defender la ciudad y resolver conflictos


internos. Es la clase de los futuros gobernantes, y lleva una vida especial: no posee
riquezas ni familia, y se relaciona solo con miembros del grupo para evitar la
corrupción y la ambición política.​

●​ Clase de oro (gobernantes): son los líderes absolutos de la vida política,


seleccionados por su sabiduría. Provienen de los guardianes más perfectos, reciben
una educación de treinta años y, al conocer el Bien y la Justicia, gobiernan para
lograr la felicidad del pueblo.

Platón establece un paralelismo entre el alma, la ética y la política: todas las clases sociales
son necesarias, pero cada una tiene un rango y dignidad distintos. El ideal de justicia se
alcanza cuando cada grupo cumple su función propia, logrando la armonía en la ciudad, lo
que constituye la virtud de la ciudad.

La justicia en el individuo consiste en que cada parte del alma cumpla su función; de
manera similar, la justicia en la ciudad se logra cuando cada clase de ciudadanos realiza su
tarea específica. Por ello, el filósofo es el mejor gobernante, ya que conoce el Bien y la
Justicia, y según Sócrates, no se puede hacer el bien sin conocerlo.

5.2 Estado ideal

En el Estado ideal de Platón, el bien común es más importante que cualquier bien particular.
Puesto que los filósofos deben buscar el bien de la colectividad antes que el suyo propio o
el de individuos particulares, y para evitar tentaciones interesadas y distracciones inútiles,
no deben poseer propiedad privada alguna, ni mujer ni hijos propios. Su interés máximo
debe ser lograr la mayor sabiduría posible, con el fin de estar bien preparados para
desempeñar su misión de gobierno.

De manera similar, los guerreros también deben renunciar a la familia y la propiedad, y


controlar su violencia mediante la virtud de la fortaleza, siguiendo la guía de la razón.

En el Estado ideal, los guardianes y filósofos reciben un sueldo de la comunidad que se


pagará con una moneda especial destinada solo a ese fin y vivirán en edificios propiedad
del Estado. Además, las mujeres y los hijos serán compartidos por todos, de modo que los
hijos no conocerán a sus padres y los padres no conocerán a sus hijos.

En cambio, los artesanos son los únicos que pueden tener propiedad privada limitada y
mantener familias estables. Su función es proveer los recursos y necesidades de la
sociedad, y solo requieren la educación profesional de su oficio, obedeciendo siempre a las
autoridades políticas.

En el Estado ideal de Platón, solo una minoría muy selecta ocupa el poder. Aunque las
clases sociales no son completamente cerradas, pero están controladas por criterios de
selección estrictos, por lo que el Estado tiene un carácter claramente aristocrático.

La organización del Estado es jerárquica: no todos los hombres están igualmente dotados y
cada uno debe cumplir las funciones para las que es más adecuado según la parte del alma
que predomine en él. Por eso, el Estado platónico es ante todo una institución educativa,
que forma a los ciudadanos para sus roles específicos.

5.3 Diferentes formas de gobierno

Para Platón, el Estado es el reflejo de los individuos que lo forman. Si predominan personas
cuya alma racional controla las otras, el Estado será racional y ordenado. Si predominan
quienes tienen un alma irascible, el Estado será violento, y si predominan los de alma
concupiscible o apetitiva, será desordenado.

Platón explica cómo los regímenes políticos pueden degenerar cuando el alma racional
pierde su predominio y prevalecen las inferiores: empiezan siendo los más perfectos, como
la monarquía, y van decayendo hasta llegar a la tiranía, el peor de todos, donde no queda
nada bueno.

La monarquía o aristocracia

Es la forma ideal y perfecta de gobierno. La ejercen los mejores ciudadanos, ya sea uno o
unos pocos, que gobiernan con sabiduría y prudencia. En este régimen, todo es común y
existe un equilibrio perfecto entre las clases sociales. Predomina el alma racional, y hay
justicia, armonía y orden entre las partes del alma. Platón considera que es la única forma
de gobierno válida, porque la filosofía y la justicia guían la ciudad hacia el Bien común.

La timocracia o timarquía

Surge cuando el alma racional deja de predominar en la clase dominante y la aristocracia


degenera. En este régimen, la clase militar toma el poder y las riquezas, oprimiendo a las
clases inferiores.

Los timarcas son personas ambiciosas, confiadas en sus habilidades militares y físicas,
pero impulsivas, poco reflexivas y con escasa sensibilidad espiritual y de sentimientos
delicados. Buscan más honor y beneficio personal que el bienestar de la comunidad.
Aunque la timocracia es injusta y no hay armonía completa entre las clases, conserva
algunos rasgos de la aristocracia.

La oligarquía

Surge cuando la búsqueda de riquezas domina sobre todo. El dinero se concentra en


manos de una pequeña minoría, mientras la mayoría de la población queda pobre.

Es un gobierno injusto, porque nadie busca el bien común ni el equilibrio entre los
ciudadanos. Para mantenerse en el poder, los oligarcas oprimen al pueblo mediante el
miedo, aunque éste espera la oportunidad de expulsarlos violentamente.

La democracia

Surge cuando se expulsan a los oligarcas y el pueblo toma el poder. Al principio hay
libertad, pero con el tiempo se convierte en libertinaje y anarquía, donde cada persona hace
lo que quiere.

En este sistema, todos se creen capaces de gobernar, y los cargos suelen recaer, por
votación popular, en los menos preparados o más demagogos. Por eso, la democracia no
es ideal, no se distingue claramente el bien del mal, y no prevalece la justicia. Además,
prepara el camino para la tiranía, la peor forma de gobierno.

La tiranía

La tiranía surge cuando, tras los excesos de libertad y el caos de la democracia, un


demagogo toma el poder prometiendo orden. Una vez en el mando, elimina toda libertad y
gobierna guiado por sus pasiones más bajas. Es la forma más injusta y degradada de
gobierno, donde reina el desorden y la desdicha. Así como el filósofo y el estado
aristocrático representan la razón y la felicidad, el tirano y su régimen simbolizan la
ambición, la esclavitud y la miseria.
.

También podría gustarte