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Ermita de Santa María en Arce: Joyas Románicas

El documento describe una visita a la Iglesia de Santa María en Arce, Navarra, resaltando su arquitectura románica auténtica y bien conservada. Se detallan las características del templo, incluyendo su diseño, decoración escultórica y elementos arquitectónicos, así como la experiencia del autor al explorar el lugar. La iglesia, aunque actualmente es una ermita, mantiene un ambiente de recogimiento que refleja su historia y función original.

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Ermita de Santa María en Arce: Joyas Románicas

El documento describe una visita a la Iglesia de Santa María en Arce, Navarra, resaltando su arquitectura románica auténtica y bien conservada. Se detallan las características del templo, incluyendo su diseño, decoración escultórica y elementos arquitectónicos, así como la experiencia del autor al explorar el lugar. La iglesia, aunque actualmente es una ermita, mantiene un ambiente de recogimiento que refleja su historia y función original.

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ARCE.

IGLESIA DE SANTA MARÍA

En los últimos días de agosto de 2007, Pedro y Pilar dejaron en mi Libro de Visitas unas palabras de ánimo por la labor emprendida así como la referencia de una pe-
queña ermita de Navarra que aún no había visitado. De todas las indicaciones que recibo tomo buena nota y las añado a mi ya larga"lista de pendientes de visitar". Pero en
este caso, como todavía estoy de vacaciones, el lugar no está demasiado alejado de Huesca y las imágenes que he visto en la referencia de internet que me acompañaban a la
nota citada mostraban un templo de los que "apetece"; pues ayer viernes 7 de septiembre (como en la letra de Mecano), madrugón para sorprender el templo con la primera
luz del día y camino por Ayerbe, puerto de Santa Bárbara y Yesa hacia mi destino.
Pasado Yesa en dirección a Pamplona hay que desviarse hacia el norte, buscando Lumbier y Aoiz remontando el río Urrobi en dirección a Roncesvalles. Rebasado Na-
gore, en cosa de kilómetro y medio, un carretera a la derecha cruza sobre el río, rebasa las pocas edificaciones de Arce y por medio de un pequeño ramal a nuestra derecha nos
deja a pie de ermita en el inicio de una pista de uso restringido. Las obras del pantano de Itoiz que represarán desde las hoces del río Irati las aguas de éste y del Urrobi dejarán
bajo las aguas varios núcleos poblacionales; pero esta joya del románico navarro está a salvo y desde su posición dominará la cola del embalse.
He recorrido bastantes de los monumentos románicos de Navarra, en especial los más destacados y renombrados; pero he de reconocer que esta aislada ermita es de
las que merecen un viaje ex profeso para disfrutar del sabor del románico auténtico. Románico de volúmenes rotundos y bien definidos no afectados por reformas intempesti-
vas ni crecimiento urbanístico próximo. Románico a la medida del hombre, todavía comprensible y asumible, lejos de las grandes obras que impresionan hasta el punto de
impedir el recogimiento. Y además en su medio natural. En un paisaje magnífico que hace muy fácil imaginar a peregrinos en su proximidad tras haber rebasado la no lejana
barrera de los Pirineos por Roncesvalles.
El templo nos muestra una sucesión armónica de volúmenes y alturas. Comenzando desde el este hallamos el cilindro absidal, el presbiterio y la nave sobre cuyo últi-
mo tramo se eleva un recio cuerpo de campanas tan ancho como el propio templo y que a poniente aparece a modo de espadaña de testero plano. El perfil del templo permi-
te diferenciar bien estos sucesivos tramos puesto que sus cubiertas son independientes y situadas a diferente altura. Teja árabe bien integrada en el edificio completa su ima-
gen global. Las medidas aproximadas del templo en su exterior son de unos 18 x 7 metros. La fábrica del edificio está realizada a base de sillares desbastados a maza, sin un
excesivo acabado, salvo en las zonas decoradas del mismo, donde es posible alguna marca de cantero (He localizado el "pentalfa" en el lado este exterior del vano de la nave).
La portada la hallamos en un cuerpo adelantado hacia los pies del muro sur. Se compone de cuatro arquivoltas
en degradación componiendo un notable abocinamiento. Apean alternativamente en pilastras lisas y columnillas sin
basas (quizá relegadas en la restauración de la zona de acceso) acabadas en capiteles con decoración historiada. Hay un
ábaco corrido que continua por el cuerpo adelantado de la portada. Aparentemente liso, cuando nos acercamos al él,
descubrimos una delicada decoración en las zonas mejor conservadas (sobre los capiteles del lado oeste). Diez caneci-
llos sustentan el tejaroz. Su estado de conservación es aquí deficiente. Varios son restaurados. Su cornisa luce ajedre-
zado jaqués. Tiene una particularidad este cuerpo de portada y es que por encima del tejaroz, su cubierta se compone
de un tejadillo propio a base de lajas de piedra, de bastante altura.
Las llaves del templo me las facilitaron con amabilidad en casa del alcalde de Nagore, Francisco. Está en un nivel
inferior al lado sur la iglesia gótica de Nagore (que merece la pena visitar). Es la última casa, pues las que había más
abajo las demolieron en la expropiación del embalse de Itoiz. Sofía, su mujer, me acompaño e hizo las veces de guía en
la visita al templo de Nagore. Me mostró con merecido orgullo el retablo gótico de los santos Julián y Basilisa, la Virgen
tardorrománica del Rosario, el Cristo, la verja o las pinturas geométricas góticas de su cabecera, con una elaborada la-
cería de a ocho de tradición mudéjar .
La imagen de cabecera muestra con claridad lo descrito en la página anterior, la sucesión de volúmenes y for-
mas de este templo. Adosada al lado sur de la cabecera se edificó en época tardía una sacristía en piedra que a pesar de
su diferente cronología no desentona en el conjunto. Frente a la portada sur, hay un minúsculo cementerio apenas
señalado por cercado de piedra, que completa el sentido parroquial del templo. A intervalos regulares hallamos contra-
fuertes prismáticos que alcanzan la cornisa. Y entre ellos en altura una colección de canecillos en general bien conser-
vados que veremos más adelante. Por encima del tejado de la sacristía asoma un vano aspillerado, que al interior esta
actualmente cegado. A la vista de la elaborada decoración interior, me queda la duda de si en su momento habría ven-
tanal al estilo de los de la cabecera o nave.
En el primer tramo de la nave y en su muro sur, hallamos un vano aspillerado decorado con una arquivolta de
baquetón bajo resguardo de chambrana ajedrezada. Capiteles decorados a base de motivos vegetales a poniente y una
pareja de aves con otra sobre su lomo respectivamente componen la decoración escultórica del mismo. A media altura
junto al lado este de la aspillera de este ventanal he localizado la marca de cantero indicada (pentalfa). En el resto de
los vanos es difícil localizar más, por su relativa meteorización o por haber sido sustituidas por piezas nuevas en la res-
tauración.
Dos cosas llaman la atención de inmediato en esta cabecera. Primero la altura de sus vanos ya que se hallan por
debajo del nivel de nuestra vista dada la colmatación del terreno ante el ábside. Hay que agacharse para sacar de tu a
tu los capiteles de la cabecera, lo que no es en absoluto habitual.
La segunda particularidad es el agrupamiento de los tres vanos del ábside hacia su punto medio. Acostumbrado
a hallarlos uno central y dos en los laterales, es una disposición distinta, que también tiene su repercusión al interior,
propiciando una iluminación "trinitaria" de la zona más sagrada del templo.
La decoración de estos vanos es semejante a la vista en el de la nave, diferenciándose en que la chambrana no
posee aquí decoración de ajedrezado jaqués. Los ábacos, de la misma hechura, se continúan con una moldura absidal a
su nivel.
La decoración de los capiteles del ábside muestra motivos vegetales y motivos clásicos a base de volutas y acan-
tos estratificados. Alguno de ellos muestra cesta lisa, sustituida por deterioro de la original, al igual que parte de las
piezas que componen las aspilleras de estos ventanales.
Hasta ahora he hablado de la arquitectura en general del templo. De la armonía de sus volúmenes y de su dimensión humana. Pero nos guarda más sorpresas. Por-
que cuando te acercas a ver qué nos dicen los capiteles de la portada te encuentras con una delicada decoración escultórica que revela sin duda el trabajo de un maestro de
primera fila que se permite el lujo de cuidar los detalles hasta el punto de labrar la decoración de los bordes de los pliegues de los apóstoles o la hechura de sus propios cabe-
llos.
Alguna de las caras de estos capiteles están deterioradas; pero ello no impide en absoluto el poder apreciar y
disfrutar de la obra de este maestro. La cara exterior del capitel situado más a nuestra izquierda muestra un motivo
esculpido en bajorrelieve a base de un círculo en cuyo interior y enroscándose en él aparecen abundantes motivos vege-
tales. Similar hechura, aunque más deteriorado muestra el homólogo del lado opuesto.
Los dos capiteles más internos de la portada componen sin duda el mensaje principal de la misma. En el de
nuestra izquierda hallamos ocho figuras de varón, con túnicas en las que no falta el más mínimo detalle incluso la fíbula
que sujeta la del de la cara del intradós. Algunos están deteriorados y de otros no queda sino su huella en la piedra.
Pero los intactos, en especial el que muestra la palma de su mano derecha, es una auténtica delicia.

En el capitel del lado opuesto vemos a Cristo en mandorla sogueada y orlado por esquemático nimbo crucífero
es flanqueado por sendos ángeles uno a cada lado, con sus alas desplegadas. Y cuatro personajes más, tras en la cara
exterior y uno muy escondido en la cara adosada al muro, más allá del ángel. Ocho y cuatro doce. Doce apóstoles y
Cristo en su Ascensión a los Cielos es el mensaje que nos narra el escultor de la portada (¿Doce apóstoles? ¿No deberían
de ser once a estas alturas de la historia?).
La decoración de los ábacos pasa desapercibida. Eclipsada por los capiteles y también por restos del encalado
que cubrió la portada. A pesar de todo, se aprecian una sucesión de pequeñas obras de arte en el interior de arquillos
festoneados. Arpías, algún monstruo y grifos, de claro regusto silense desfilan sobre los capiteles. Figuras de Cristo y
Apóstoles, orladas por cenefa de animales mitológicos, que parecen inspiradas en alguna miniatura de beato, o de mo-
tivos de orfebrería/eboraria.
Las arquivoltas lucen baquetón en su borde libre, salvo la que configura el vano que es de bisel liso e incon-
gruente, precisando de un calce para adecuarla a la adyacente. Por fuera, chambrana de elaborada decoración, conser-
vada solo a tramos. Y en las escocias, bezantes, botones florales, caritas de la misma mano que las de los capiteles, un
barrilete... En fin, una portada para pasar un rato largo admirando y fotografiando.

Bajo estas líneas ofrezco un carrusel en el que muestro una serie de canecillos de los situados bajo el alero de
nave y cabecera. Son de temática variada y tienen en común su tosca labra, a diferencia de lo visto en la portada. El
escultor que los elabora tiene una peculiaridad y es que en los rostros traza una sola ceja, de lado a lado del mismo y de
su centro traza la nariz. En algunas de las caritas del interior, vemos el mismo hacer, que confirma la existencia de dos
maestros en el templo. El de la portada y el que esculpe capiteles de vanos y canecillos. No faltan los de tono erótico
(onanistas y dama exhibicionista) o la parejita de mirada perdida en el infinito, sentada ella sobre él, que le levanta la
falda. Músicos, un soplador/chupador de tonel, otro comiendo, un fraile leyendo un libro (lamentablemente sin fecha),
motivos geométricos...
Gracias a la amabilidad de Francisco y Sofía que en Nagore me facilitaron las llaves, pude visitar y documentar su
interior. Templo cuidado y bien restaurado que transmite el recogimiento del románico. Sus tres vanos agrupados en el
centro del cilindro absidal son un referente sin duda trinitario ubicado en la zona más sagrada del mismo. Al interior, se
difuminan los evidentes volúmenes que veíamos al exterior. La sensación es de espacio único, que encamina hacia la
luz. La cabecera del templo luce una cuidada decoración. Hay tres impostas que lo recorren. Dos de ellas enmarcando
al trío de ventanales y la tercera prolongando los ábacos de sus capiteles. La inferior se decora con ajedrezado jaqués,
siendo las restantes de perfil sencillo. Los tres ventanales son derramados a partir de la aspillera exterior y su decora-
ción es semejante a la vista al exterior, con la salvedad de que su apiñamiento hacia el centro obliga a resumir los capi-
teles contiguos, por lo que hallamos dos capiteles dobles apeados sobre dobles columnillas flanqueando el vano central.
Por fuera, las chambranas decoradas con ajedrezado jaqués, conforman una sucesión de arquillos tangentes por el
mismo motivo.
Y la misma decoración encontramos en ambos lados del presbiterio. Sendos vanos ciegos (con la duda de que el
del lado sur fuese cegado en la reforma en que se añadió la sacristía) decorados con arquivolta de baquetón, sin cham-
brana, capiteles columnillas y basas. Y en el nivel inferior otro arquillo ciego a modo de vano, que en el lado sur se
aprovechó para abrir comunicación hacia la añadida sacristía.
La nave consta de tres tramos (Ver planta) delimitados por otros tantos fajones muy rebajados que se continúan
por medio de pilastras. El primero de ellos precisó de un calce a modo de "croisant" para salvar la diferencia de nivel
entre presbiterio y nave. Otra evidencia de esta diferencia es el hecho de que las impostas de la cabecera no son coin-
cidentes con las de la nave, que vuelan a un nivel más alto, por esa diferencia de volúmenes. En el primer tramo de la
nave encontramos vanos decorados como los vistos en el presbiterio. El del lado sur es real y ciego el opuesto. Ambos
reciben decoración esculpida en sus capiteles. En los dos tramos de los pies y en el lado norte del muro, en vez de vanos
hallamos dos arcos de medio punto vaciados en el interior del muro, como pequeñas hornacinas de escasa profundidad,
que no tienen su réplica en el lado opuesto ya que allí el artífice del templo hubo de recurrir a elaborar un cuerpo ade-
lantado de portada proyectado al interior para poder descargar el último fajón que sustenta la porción anterior de la
torre.

A los pies del templo encontramos la sencilla pila bautismal que atestigua la función de parroquia en su momen-
to de este templo. Aquí se bautizaba y al lado del templo se enterraba al difunto. Hoy es solo ermita, sin duda magnífica
pero desprovista de aquello para lo que fue erigida. Con estas reflexiones, el silencio y la penumbra en su interior son
todavía más profundos.
El carrusel que cierra pagina muestra los capiteles en sentido rotatorio hacia nuestra derecha. Predominan los motivos
vegetales. También personaje de grandes dientes (como un canecillo) entre leones, serpientes y aves... Decoración de
mano del escultor que labró los canecillos, y de muy inferior maestría que el artífice de la portada.
[Link]

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