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Filosofía del Renacimiento: Humanismo y Ciencia

El documento analiza la filosofía del Renacimiento en los siglos XV y XVI, destacando el humanismo, el desarrollo técnico y la crítica al criterio de autoridad, que llevaron a un cambio de paradigma en la ciencia. Se describe la transición del geocentrismo al heliocentrismo, impulsada por figuras como Copérnico y Galileo, y se presenta el realismo político de Maquiavelo, quien propone una visión pesimista de la naturaleza humana y la necesidad de la astucia en el liderazgo. Estos cambios sentaron las bases para la ciencia moderna y un nuevo entendimiento del ser humano y su entorno.
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Filosofía del Renacimiento: Humanismo y Ciencia

El documento analiza la filosofía del Renacimiento en los siglos XV y XVI, destacando el humanismo, el desarrollo técnico y la crítica al criterio de autoridad, que llevaron a un cambio de paradigma en la ciencia. Se describe la transición del geocentrismo al heliocentrismo, impulsada por figuras como Copérnico y Galileo, y se presenta el realismo político de Maquiavelo, quien propone una visión pesimista de la naturaleza humana y la necesidad de la astucia en el liderazgo. Estos cambios sentaron las bases para la ciencia moderna y un nuevo entendimiento del ser humano y su entorno.
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Tema 4. La Filosofía en los siglos XV y XVI.

1. La Filosofía en el Renacimiento.

1.1. El Renacimiento.

Es un periodo histórico-cultural que comenzó en Italia en el siglo XIV y se extendió


por el resto de Europa. Ocupó el final de la Edad Media y el comienzo de la Edad
Moderna.
Existe una ruptura entre la Edad Media y el Renacimiento. La Edad Media habría
sido una época intensamente religiosa, cerrada sobre sí misma y dominada por la
ignorancia y la superstición. El ser humano del Renacimiento, en cambio, recuperó
la alegría de la vid y sintió con pasión la libertad.

La Edad Media y el Renacimiento se configuran como dos épocas distintas, que


sienten el mundo de forma distinto y adoptan actitudes diferentes ante él. En todo
ello influyeron las profundas transformaciones económicas y sociales que
tuvieron lugar en los siglos XIV, XV y XVI.

1.2. El humanismo.

En el Renacimiento se forjó una nueva concepción del mundo y del ser humano
que se conoce con el nombre de humanismo. Supuso una nueva valoración del ser
humano, una consideración del ser humano como la realidad más valiosa, que
llevó al cultivo de todo lo humano.
Los grandes personajes del Renacimiento fueron al mismo tiempo pensadores,
artistas, científicos… El Renacimiento fue, pues, en primer lugar, un renacer del ser
humano.

La vuelta al mundo clásico que se produjo fue el intento de reencontrar los


ideales que inspiraron a los clásicos. No se trató de una imitación, sino que se
volvió a los clásicos para continuar su obra. El estudio de las lenguas clásicas, el
cultivo del arte y de la poesía, así como el retorno a la consideración directa de la
naturaleza y la ciencia, fueron los caminos de este renacer.

1.3. El desarrollo técnico.

Durante el Renacimiento comenzaron a desarrollarse las ciudades, lo que llevó a la


aparición y consolidación de una nueva clase social: la burguesía, que instauró un
nuevo sistema económico: el capitalismo. Aparecieron las monarquías
autoritarias y los consiguientes Estados nacionales.

Dada la gran importancia en la época del comercio marítimo y de los viajes, que
permitieron el descubrimiento del Nuevo Mundo, hubo que desarrollar los
sistemas de navegación. Se inventaron la brújula y el catalejo. En el campo militar
se comenzó a utilizar la pólvora, se realizaron estudios de resistencia de
materiales, de balística etc.
Otra actividad técnica de la época fue la construcción de relojes y autómatas. En el
siglo XV se inventó la imprenta, que supuso una verdadera revolución en el campo
de la difusión de conocimientos.

El desarrollo técnico, y el invento y construcción de máquinas, desempeñaron un


papel muy importante en la concepción del universo que se adoptó a partir del
siglo XVII, y fue uno de los desencadenantes fundamentales de la revolución
científica.

1.4. La observación y la crítica al criterio de autoridad.

Otra característica importante del Renacimiento fue la valoración de la


observación como fuente de conocimiento. Este cambio de mentalidad provocó
una gran confianza en las posibilidades de la razón para encontrar la verdad por sí
sola sin necesidad de estar sometida a la autoridad cuando se apoya en la
experiencia. Los pensadores renacentistas tuvieron una actitud desdeñosa ante el
criterio de autoridad que tanta importancia había tenido en la Edad Media, y
como la autoridad en esos momentos seguía siendo la Iglesia, se enfrentaron a ella
en numerosas ocasiones.

El autor que más claramente tematiza estos planteamientos es Francis Bacon, que
combate la filosofía aristotélica, especialmente su lógica, puesto que, en su opinión,
había imposibilitado el progreso de la ciencia aplicada. Novum organum, es el
título de su obra fundamental. Él propone un acercamiento a la naturaleza a partir
de la experiencia y, gradualmente, ascender a premisas generales, para después
volver al estado sensible y hallar el carácter práctico del conocimiento.

A partir de esta investigación, interviene la inducción: se comparan los diferentes


casos, se interpretan, se construye una primera hipótesis y se procede a la
experimentación.
El objetivo de su lógica es permitir conocer la naturaleza para así establecer y
extender el dominio de la humanidad sobre el universo.

Bacon opina que hay algo en la mente humana que nos inclina a elegir el error y el
camino más fácil. Por eso, antes de iniciar la utilización del método inductivo para
interpretar la naturaleza, es necesario eliminar los prejuicios, lo que él denomina
los “ídolos” de la mente. Hace referencia a cuatro tipos de ídolos: Idola tribu (ídolos
de la tribu), que tienen su origen en el egoísmo gregario, Idola specus (ídolos de la
caverna), que nacen del egoísmo personal, del individualismo, Idola fori (ídolos del
foro), que proceden de la influencia de la vida social y del uso del lenguaje y, por
último, Idola theatri (ídolos del teatro), que surgen de la aceptación de la ideología
dominante en cada momento.
2. Los cambios de paradigma.

Como consecuencia de todos estos cambios, la cultura y la ciencia medievales


fueron perdiendo vigencia paulatinamente y surgieron unos nuevos paradigmas:
el mágico‐animista –que resultó ineficaz- y el mecanicista –que dio origen a la
ciencia moderna-.

2.1. El paradigma mágico-animista.

Según este paradigma, la naturaleza es como un gran ser animado del que
proceden tanto los hechos de la experiencia y las ciencias, como los prodigios y
fenómenos extraordinarios.

2.2. El paradigma mecanicista.

Los descubrimientos e invenciones en los campos de la ingeniería, sentaron las


bases para la creación de un nuevo paradigma, el paradigma mecanicista, sobre el
que se levantó el edificio de la ciencia moderna. En la elaboración de este
paradigma tuvieron un papel destacado Leonardo da Vinci, Nicolás Copérnico,
Johannes Kepler y, sobre todo, Galileo Galilei, que sentó las bases del nuevo
paradigma, que encontró su formulación más completa en Descartes.

Para el paradigma mecanicista:

●​ El universo y cada uno de los cuerpos que lo constituyen son puras máquinas.
●​ No existen fuerzas ocultas, ni fines que dirijan internamente los movimientos de los
cuerpos.
●​ Todos los cambios son explicados por causas eficientes y todo se reduce, por tanto,
a extensión y movimiento.

3. La revolución científica.

En el periodo histórico que comprende desde la segunda mitad del siglo XV hasta
finales del siglo XVII, tiene lugar la revolución científica.

3.1. Del geocentrismo al heliocentrismo.

Durante la Edad Media, la explicación de la disposición y movimientos aparentes


de los astros estaba basada, sobre todo, en Aristóteles y en Ptolomeo. La base de
sus afirmaciones provenía de la física y de la cosmología aristotélicas. Las ideas
fundamentales de esta cosmología eran las siguientes:

●​ Todo cuanto existía en el universo se encontraba dentro de una gran esfera en cuya
superficie interna estaban fijas las estrellas.
●​ El interior de esa esfera era en su mayor parte éter, distribuido en un conjunto de
capas esféricas concéntricas en contacto entre sí, que eran las esferas planetarias;
el éter era puro, inalterable, no generado e inmutable, y se movía eternamente con
un movimiento circular y uniforme.
●​ En el centro de esa esfera se encontraba la Tierra, formada por otros elementos
distintos del éter: la tierra, el agua, el aire y el fuego, que estaban sometidos a la
generación y a la corrupción. El cosmos aristotélico quedaba dividido en dos
grandes mundos radicalmente distintos: el celeste o supralunar, y el terrestre o
sublunar.
Esta posición astronómica, que recibe el nombre de geocentrismo por colocar a la Tierra en
el centro del universo, era mantenida por todos los científicos de la época. La Iglesia se
apoyaba en ella para ofrecer una visión del universo en la que el ser humano, creado a
imagen y semejanza de Dios, era el centro de un mundo creado para él.

El primer paso en la aparición de una nueva teoría lo dio Nicolás Copérnico en el siglo XVI.
Después de haber leído a Aristarco de Samos, tuvo el instinto científico suficiente para
tomarse en serio su idea de que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol.

En esta teoría, que recibe el nombre de heliocentrismo, desarrollada en una obra


titulada De revolutionibus orbium coelestium, dedujo todas las consecuencias que
se derivaban de su afirmación, explicando los principales fenómenos planetarios
con mayor sencillez que la teoría geocentrista vigente en ese momento.

Otro paso importante lo dio Johannes Kepler en el siglo XVII, que publicó sus
hallazgos en un libro titulado Astronomia nova. En él se enunciaban las tres
primeras leyes de Kepler:
●​ Las órbitas de los planetas son elípticas y el Sol está en uno de los focos.
●​ La velocidad orbital de cada planeta es tal cual que una línea imaginaria que una el
centro del planeta con el centro del Sol barre áreas iguales en periodos de tiempo
iguales.
●​ El cuadrado del periodo orbital de cualquier planeta es proporcional al cubo de sus
distancia media al Sol.

El mundo culto no aceptó con facilidad el punto de vista expuesto por Copérnico y
desarrollado por Kepler. La teoría heliocentrista era de una simplicidad enorme y
explicaba con mayor sencillez que la geocentrista todos los movimientos de los
cuerpos celestes. Pero suscitaba bastantes objeciones.

En primer lugar, la teoría heliocentrista se oponía al sentido común. Si la Tierra se


mueve ¿cómo es que las personas no se dan cuenta de su movimiento?
También se hacían objeciones a la teoría heliocentrista desde la religión. En las
Sagradas Escrituras hay textos que, si se toman literalmente, son contrarios a la
teoría copernicana.
Pero, sobre todo, la teoría heliocentrista presentaba dificultades científicas. Si la
Tierra se mueve y gira alrededor del Sol, ¿cómo es posible que desde ella se vean
algunas estrellas siempre en la misma posición?

Galileo Galilei llevó a cabo la demostración de la verdad del heliocentrismo por


dos caminos distintos: el astronómico y el físico.
Respecto al camino astronómico: Galileo observó que la Luna tenía “mares y
océanos” como la Tierra. Esta observación contradijo la concepción aristotélica
según la cual el cosmos estaba dividido en dos regiones distintas constituidas por
sustancias diferentes. Observó también que alrededor de Júpiter giraban cuatro
cuerpos, con lo que demostraba que no todos los planetas giran en torno a la Tierra.
Descubrió también que el Sol tenía manchas.

Respecto al camino físico: El heliocentrismo no se hubiera impuesto si Galileo no


hubiera desarrollado una nueva física, puesto que la física imperante en su época
era la aristotélica. En la física de Galileo:

●​ Todos los cuerpos se comportan de igual forma respecto al movimiento.


●​ El movimiento es un estado igual que el reposo, en el que intervienen magnitudes
físicas cuantificables.
●​ Un mismo cuerpo puede estar a la vez afectado por varios movimientos distintos.
●​ Un cuerpo, una vez puesto en movimiento, continúa así de modo uniforme hasta el
infinito, si nada le modifica (es el principio de la inercia).

La obra de Galileo ofrece un nuevo modo de concebir la naturaleza y un nuevo


método para abordar su estudio, que será el que dio lugar al nacimiento de la
ciencia moderna.

4. El realismo político: Maquiavelo.

Nicolás Maquiavelo nace en Florencia en 1469. Durante toda su vida se producen


en Italia grandes conmociones políticas. Él añoraba el antiguo esplendor romano y
soñaba con conseguir una comunidad política italiana que pudiera recuperarlo.
Le parecía necesario determinar con exactitud las condiciones a través de las
cuales había que realizar ese retorno, partiendo del análisis de la situación actual.

Maquiavelo se atiene a las circunstancias históricas de su tiempo y adopta una


consideración realista, a la que se ha dado el nombre de realismo político.
El príncipe, si quiere gobernar adecuadamente, tiene que presuponer que los seres
a los que gobierna se van a comportar siempre con maldad, y que le van a tratar de
engañar en la primera ocasión que puedan. Por otra parte, el príncipe, no debe
apartarse del bien, pero para conseguirlo tiene que emplear el mal si es necesario.

El realismo político le lleva a considerar que la actividad política no necesita


atenerse a normas exteriores que la justifiquen, sino que ella sola tiene que fijar
sus propios límites.

La exigencia de conseguir una convivencia ordenada y libre, justifica la actividad


política que se propone como meta conseguir el éxito con unos determinados
medios, aunque estos no sean agradables ni siquiera buenos fuera del ámbito de su
eficacia.
Considera que los seres humanos son siempre los mismos, con las mismas
pasiones y los mismos motivos en su conducta. En su opinión, hay dos tipos de
seres humanos: los que aspiran a mandar y los que prefieren el orden y la
seguridad. Los primeros son los príncipes, los segundos los súbditos.

Maquiavelo posee una idea pesimista del ser humano. La naturaleza humana está
corrompida y los seres humanos buscan satisfacer sus pasiones a toda costa. Solo
con la fuerza y la coacción es posible mantener el orden en la sociedad.
El príncipe tiene que ser hábil y astuto y no sentir escrúpulos morales. Se servirá
de la violencia cuando sea necesaria y, en su caso, tiene también que saber halagar
al pueblo para poder manejarlo mejor. Está, pues, más allá del bien y el mal y deja
la moral relegada al ámbito privado.

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