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Cuentos de Animales y Lecciones de Vida

El documento contiene varias historias infantiles que abordan temas de amistad, decisiones y consecuencias. Incluye relatos sobre un ratón que viaja para ver a su madre, un sapo que se hace amigo de una rata, un perro que reflexiona sobre su vida con un lobo, tres cabritos que enfrentan a un ogro, y un girasol que aprende sobre las consecuencias de sus deseos. Cada historia transmite lecciones valiosas sobre la vida y la convivencia.

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Cuentos de Animales y Lecciones de Vida

El documento contiene varias historias infantiles que abordan temas de amistad, decisiones y consecuencias. Incluye relatos sobre un ratón que viaja para ver a su madre, un sapo que se hace amigo de una rata, un perro que reflexiona sobre su vida con un lobo, tres cabritos que enfrentan a un ogro, y un girasol que aprende sobre las consecuencias de sus deseos. Cada historia transmite lecciones valiosas sobre la vida y la convivencia.

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EL VIAJE

Había una vez un ratón que quería visitar a su madre.


Entonces se compró un carro y se puso en camino hacia la casa de su madre.
Viajó
y viajó
y viajó,
hasta que el coche se hizo pedazos.
Pero a lado del camino estaba una persona vendiendo patines,
entonces se compró unos patines y se los puso.
Patinó
y patinó
y patinó
hasta que se le cayeron las ruedas.
Pero a un lado del camino estaba una persona vendiendo botas, entonces el ratón
se compró unas botas y se las puso.
Caminó
y caminó
y caminó
hasta que las botas tuvieron unos agujeros muy grandes.
Pero a un lado del camino estaba una persona vendiendo tenis, entonces se
compró unos tenis, se los puso
corrió
y corrió
y corrió hasta que los tenis se rompieron.
Entonces se quitó los tenis
y anduvo
y anduvo
y anduvo
hasta que los pies le dolieron tanto que no pudo continuar.
Pero a un lado del camino estaba una persona vendiendo pies. Entonces el ratón
se quitó los pies viejos y se puso unos nuevos.
Corrió lo que quedaba del camino hasta llegar a su casa de su madre.
Cuando llegó allí su madre se alegró de verlo.
Lo abrazó, le dio un beso y le dijo: "¡Hola hijo mío! tienes buena cara ¡Qué pies
nuevos y más bonitos tienes!"
Fin.

SAPO Y EL FORASTERO
Un día, llegó un forastero y acampó a la orilla del bosque. Cerdito el Cochinito fue quien
primero lo descubrió. ¿Ya lo vieron? —preguntó Cerdito el Cochinito alborotado cuando
encontró a Sapo y a Pata.

“No” dijo Pata: “¿Cómo es?”, “A mí me parece una rata inmunda y sucia” contestó
Cerdito el Cochinito. “¿Qué habrá venido a hacer aquí?, hay que tener cuidado con las
ratas, son todas unas ladronas.” Dijo Paty la Pata.

“¿Cómo lo sabes?” preguntó Sapo el inquieto. “Eso lo sabe todo el mundo” dijo Paty la
Pata indignada.

Pero Sapo no estaba tan seguro. Quería verlo con sus propios ojos.

Esa noche, al oscurecer, divisó un resplandor rojo en la distancia. Sapo se acercó


sigilosamente.

A la orilla del bosque, vio una destartalada tienda de campaña. El forastero había puesto
una olla al fuego y se sentía un olor delicioso. Sapo pensó que todo se veía muy
acogedor.

Un día, Sapo decidió visitar a Rata el aventurero. Rata el aventurero estaba descansando
en el sol, sentado en su nuevo banco que el mismo fabricó.

“¡Hola! soy Sapo el inquieto”, “Lo se puedo verte, no soy tonto, se leer y escribir y hablo
tres idiomas: español, inglés y francés”. Sapo quedo muy impresionado. Ni siquiera
Liebre el inteligente podía hacer eso.
Entonces, apareció Cerdito el Cochinito. “¿De dónde vienes?” preguntó furioso. “De
todas partes y de ninguna soy” contestó Rata el aventurero con calma.

“Bueno, ¿Y por qué no te regresas?” gritó Cerdito el Cochinito. “No tienes nada que
hacer aquí”. Rata el aventurero no se alteró. “He viajado por todo el mundo” respondió
Rata el aventurero, aquí hay paz y una hermosa vista del rio. Me gusta este lugar”.

“Apuesto a que te robaste la madera” dijo Cerdito el Cochinito. “La encontré en el


bosque, es de todo el bosque” contestó Rata el aventurero con voz digna “Rata
inmunda” murmuró Cerdito el Cochinito.

“Si, si...” dijo Rata amargamente. Todo es siempre mi culpa. A las ratas siempre se les
acusa de todo. Sapo, Cochinito y Pata fueron a visitar a Liebre.

“Esa Rata asquerosa debe irse ya” dijo Cochinito. “No tiene ningún derecho a estar aquí,
se roba nuestra madera y además, es grosera” exclamó Pata. “Basta, basta” dijo Liebre,
“Puede que sea distinto a nosotros, pero no está haciendo nada malo y el bosque es de
todos”.

Desde ese día, Sapo iba siempre a visitar a Rata. Se sentaban juntos en el banco,
gozando de la vista, y Rata le contaba a Sapo sus aventuras alrededor del mundo,
porque había viajado mucho y le habían sucedido cosas muy interesantes.

Pero un día, cuando Sapo fue a visitar a su amigo Rata, no pudo creer lo que veía. La
tienda de campaña había sido desmontada, y allí estaba Rata con su morral a cuestas.
“¿Te vas?” preguntó Sapo asombrado.
“Es hora de seguir mi camino” dijo Rata. “Quizá vaya a Brasil, nunca he estado allí” Sapo
estaba desolado.

Y así fue. Rata dejó un gran vacío en la vida de su amigo. Pero el banco de madera había
quedado allí y a menudo Sapo se sentaba al sol a pensar de los recuerdos de su buen
amigo Rata.
Fin.

EL PERRO Y EL LOBO
Había una vez en una casa, cerca del bosque, vivía un perro que se encargaba de
cuidar la propiedad de sus amos. Un día el perro se alejó de su casa porque
deseaba conocer a los animales que vivían en el bosque.
Encontró muchos animales que parecían felices y pensó que sería divertido jugar
libremente con todos ellos. De regreso a su casa, el perro se encontró con un
lobo.
Los dos se miraron sorprendidos. "Nos parecemos tanto que podríamos ser
hermanos", pensaron.
El perro y el lobo comenzaron a platicar y se fueron caminando juntos. Después
de un buen rato sintieron hambre y el lobo le propuso al perro que cazaran algo
para comer.
El lobo dijo: "Mira podemos cazar una liebre. No es nada sencillo, por eso te pido
que me ayudes a atraparla" el perro de forma apenada dijo: "Pero yo nunca he
cazado" dijo el lobo: "¿Entonces qué comes?" contestó el perro: "Tengo un dueño
que siempre me alimenta.
A mí me gusta estar con él y ayudarle a cuidar la casa donde vivimos" dijo el lobo:
"A mí me gusta cazar" después de un rato, el perro y el lobo encontraron una
liebre. El lobo la persiguió y lo atrapó. Llegó la noche y los dos se fueron a dormir.
El perro se sentía confundido por la forma de vida del lobo que no pudo
descansar. A la mañana siguiente el perro decidió volver con sus amos e invitó al
lobo. Quería compartir su casa y su comida con él. El lobo entró a la casa del
perro.
Mientras comían, el perro le explicaba lo agradable que era vivir y jugar con los
amos. El lobo pensó que si él viviera como el perro no tendría la libertad ni las
emociones a las que estaba acostumbrado. Entonces comentó que no se sentía a
gusto en la casa.
Ambos compararon sus costumbres y concluyeron que las de uno y otro eran
buenas, pero cada quien debería escoger las que más les gustaran.
El lobo se despidió amistosamente del perro. Cada uno respetó la forma de vida
del otro y siguieron siendo buenos amigos. Fin.
LOS TRES CABRITOS Y EL OGRO TRAGÓN
Había una vez tres cabritos que vivían en un verde pastizal.
Un día el pastizal comenzó a secarse y los cabritos tuvieron que irse al otro lado
del río,
pero debajo del puente vivía Mazodientes, un ogro tragón. Los cabritos hicieron
un plan para poder cruzar el puente pues sabían que Mazodientes los podía matar
y comerselos.
Primero fue el cabrito chico, al verlo el ogro dijo:"¡Qué rica cena voy a tener! ¡Te
voy comer!" y el cabrito contestó "No te apresures, soy tan chico que no te
taparía una muela, espera a mi hermano que es más grande que yo" El ogro
esperó al siguiente cabrito y cuando lo vio y gritó:
"¡Uy, qué rica cena voy a tener! ¡Te voy a comer!" y el cabrito dijo: "No pierdas tu
tiempo, atrás viene mi hermano, que es más gordo, sabroso y jugoso que yo." El
ogro decidió esperar, cuando vio el mayor de los cabritos,
sus ojos brillaron y gritó: "¡Pero qué banquete me voy a dar!" y el cabrito dijo: "Si
me quieres comer, deja tu mazo y sube a pelear"
Mazodientes dejó su mazo y subió al puente. Entonces el cabrito corrió y le dio un
golpe tan fuerte que Mazodientes cayó al río y se lo llevó la corriente
"¡Eso les pasa a los avorazasados!" le dijo el cabrito. Y desde entonces nuca se
supo del ogro Mazodientes
y los cabritos pudieron comer felices en el verde pastizal del otro lado del río. Fin.
EL GIRASOL
Cuando las plantas comenzaron a poblar el mundo aparecieron muchas flores.
Había rosas, geranios, alcatraces y una pequeña flor amarilla. Un día las flores
decidieron que la rosa roja fuera la reina de todas porque además de ser muy
bella tenía el don de conceder deseos.

Para coronar la reina hicieron una gran fiesta y cada flor pidió un deseo. Unas
pidieron tener más perfume; otras querían colores más brillantes y la florecita
amarilla pidió ser la más grande. La rosa concedió todos los deseos y así fue.

Como la flor amarilla creció, creció y creció. Tanto, que ya no pudo sostener su
corola derechita.

La flor amarilla comprendió entonces que por querer ser la flor más grande ahora
tendría que vivir siempre inclinada. Se puso muy triste y decidió pedirle ayuda al
sol. Un día cuando el sol brillaba en su esplendor escuchó que alguien lo llamaba
desde la tierra.

Era la flor inclinada que dijo: "Señor sol ¿Podría usted ayudarme a levantar mi
corola?". El sol le preguntó: "¿Por qué no puedes mantenerte erguida?". La flor
muy apenada confesó: "Es que una vez, cuando la rosa roja concedió deseos, yo
le pedí ser la flor más grande.
No pensé que al ser tan grande pesaría mucho y no podría permanecer derechita
como las otras flores". "Me parece que aprendiste bien la lección.

En ocasiones pedimos deseos sin darnos cuenta de las consecuencias que éstos
pueden traernos. Lo que yo puedo hacer es darte fuerza para que mientras yo
brille en el cielo, tu corola pueda sostenerse derecha". dijo el sol, la flor amarilla
aceptó gustosa, desde entonces, cada día gira su corola siguiendo la trayectoria
del sol y por eso las demás flores decidieron llamarla girasol. Fin

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