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Biografía de Simón Bolívar: Libertador

Simón Bolívar, nacido el 24 de julio de 1783 en Caracas, Venezuela, fue un destacado militar y libertador que jugó un papel crucial en la independencia de seis repúblicas sudamericanas. Proveniente de una familia aristocrática, su vida estuvo marcada por la educación autodidacta y un compromiso con la libertad, lo que lo llevó a liderar la Campaña Admirable y ser reconocido como el Libertador. Falleció el 17 de diciembre de 1830 en Santa Marta, Colombia, dejando un legado perdurable en la historia de América Latina.

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Biografía de Simón Bolívar: Libertador

Simón Bolívar, nacido el 24 de julio de 1783 en Caracas, Venezuela, fue un destacado militar y libertador que jugó un papel crucial en la independencia de seis repúblicas sudamericanas. Proveniente de una familia aristocrática, su vida estuvo marcada por la educación autodidacta y un compromiso con la libertad, lo que lo llevó a liderar la Campaña Admirable y ser reconocido como el Libertador. Falleció el 17 de diciembre de 1830 en Santa Marta, Colombia, dejando un legado perdurable en la historia de América Latina.

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Simón Bolívar

Datos generales
Fecha de nacimiento 24/07/1783
Nacionalidad Neogranadino
Ocupación Militar, libertador de Colombia
País de nacimiento Venezuela
Ciudad de nacimiento Caracas
Fecha de fallecimiento 17/12/1830
País de fallecimiento Colombia
Ciudad de fallecimiento Santa Marta

Simón Bolívar, de nombre completo: Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar
y Palacios), el más completo de los americanos, libertador por antonomasia, creador de
Bolivia, fundador de la primera Colombia, héroe máximo de la independencia de seis
repúblicas de hoy, no nació ni pobre ni revolucionario, sino en una cuna aristocrática
(mantuana), dueño de una rica fortuna entonces representada por minas, haciendas
cacaoteras y cientos de esclavos, y en circunstancias tan distanciadas de la insurgencia de
los pueblos, que bien pudo ser un representante del poder colonial español y un desalmado
explotador del pueblo, pero su desinterés, inteligencia y rebeldía hicieron que, a la vuelta de
pocos años y después de unas cuantas decisiones radicales, se pusiera a la cabeza del más
profundo y vigoroso movimiento insurreccional llevado a cabo en el sur de América.

Biografía
Hijo del coronel Juan Vicente y de María Concepción, Bolívar quedó huérfano de padre
cuando tenía tan sólo dos años y medio (1786), y de madre a los nueve (1792); vivió con su
abuelo materno Feliciano Palacios, y a su muerte, quedó al cuidado de su tío y tutor Carlos
Palacios. A los 12 años, en julio de 1795, mostró tempranamente su rebeldía, al huir de la
casa del tío para vivir con su hermana casada María Antonia, donde tampoco pudo tener
paz, no obstante el cariño que mutuamente se profesaban. Se le envió entonces a vivir a
casa del maestro de' primeras letras, el jacobino socialista Simón (Carreño) Rodríguez
(1771-1854), hombre de cultura política avanzada que mucho influyó en la educación del
futuro Libertador. Pero Simón Rodríguez, como se quiso llamar él mismo, se fue de
Caracas en 1797. Otro ilustre caraqueño, Andrés Bello (1781-1865), le dio clases de
historia y geografía, y el padre capuchino Francisco Andújar le enseñó matemáticas.

Todos ellos iniciaron la formación elemental de Bolívar, pero en gran medida se le puede
considerar como hombre de cultura autodidacta. Muchos creen que la vocación del joven
Bolívar era el ejercicio de las armas, porque antes de los 14 años había ingresado como
cadete en el batallón de Milicias de Blancos de los Valles de Aragua, del que tiempo atrás
había sido coronel su padre. Pero esa educación de miliciano era común en la época,
cuando no había otra opción distinta que los seminarios religiosos. A comienzos de 1799
fue enviado a Madrid, donde otros tíos. Esteban y Pedro Palacios se encargaron de afinar su
educación, puliéndola en extremo. El cambio fue tan rápido que si se le compara con la
redacción y ortografía de la primera carta autógrafa que Bolívar escribió a su paso por
México, en viaje a España, no deja de sorprender por la diferencia tan notable que revela.
Ese refinamiento se le debe en parte al sabio marqués Jerónimo de Ustáriz y Tobar,
caraqueño avecindado en Madrid, que se encargó de darle a Bolívar, entre los 16 y 19 años,
la educación de un cortesano: amplio conocimiento de la cultura clásica, literatura y arte,
francés, esgrima y baile. La frecuente asistencia a fiestas y saraos, la versátil pero vanidosa
vida de las altas clases sociales, bien pudieron absorber al inquieto, simpático y rico
americano en Europa. En Madrid conoció a María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza
(1781-1803), de quien se enamoró profundamente. Se casaron en 1802, no obstante la
juventud de los dos, ella de 21 y él un poco menor, de 19. Su proyecto de vida era el propio
de un heredero de ricas haciendas: fundar un hogar, tener hijos, acrecentar las propiedades.
Pero la suerte les dio otro destino, porque a los pocos meses de llegados a Venezuela, María
Teresa murió de fiebre amarilla. Fue el único matrimonio de Bolívar, y a lo largo de su vida
fue fiel a su promesa de no volverse a casar, pero amó, y con frecuencia, a otras mujeres.

La vida de Bolívar entre 1802, antes de su matrimonio, y 1806, está caracterizada por el
despilfarro y la banalidad. Los placeres de la vida fácil en Europa para quien es rico y los
mil atractivos del esplendor napoleónico pudieron fascinar a Bolívar por un tiempo, el
suficiente para hartarse. Pero no todo el tiempo. Hay constancia de sus críticas ponzoñosas
al boato del Consulado y a la corrupción que se adueñaba de París, de su deseo de hacer
algo útil por su patria, así fuera dedicarse a las ciencias físico-químicas, y del trato no muy
frecuente pero suficiente con sabios como el barón von Humboldt, Aimé Bonpland y otros,
lo que demuestra que a la par que Bolívar se divertía con holgura, también maduraba
proyectos superiores. Estando en Roma un día de agosto de 1805, en el Monte Aventino
juró, ante su maestro Rodríguez, regresar a América y prestarle apoyo a la lucha armada.
Por entonces muchas ideas políticas de avanzada ya eran del dominio público: la república
electiva, la igualdad ante la ley, la abolición de la esclavitud, la separación de la Iglesia y el
Estado, la tripartición de poderes, la libertad de cultos y el derecho de gentes (los derechos
humanos) constituían, por así decirlo, el consenso americano, pero faltaba quien hiciera
realidad, acto de gobierno, todo ese proyecto liberador. Y era imposible hacerlo en una
colonia, puesto que no se trataba de cambiar de rey, sino de abolir la monarquía; ni de
discutir los yerros de la dominación española, sino de imponer la soberanía del pueblo. Por
todo eso se debía hacer la guerra. A fines de 1806, al saber que Francisco de Miranda
(1750-1816) se dedicaba a fomentar la guerra en Venezuela, Bolívar decidió regresar, y
después de un recorrido por Estados Unidos, llegó a su patria a mediados de 1807.

Se inicia proyecto campaña admirable


Es verdad que Bolívar regresó a Venezuela para administrar sus fincas, pero también es
cierto que en las reuniones que se llevaban a cabo en su quinta de recreo, a orillas del río
Guaire, más que tertulias literarias se tramaban conspiraciones. Por eso al estallar la chispa
insurreccional en Caracas, el 19 de abril de 1810, cuando el pueblo desconoció al gobierno
colonial de Vicente Emparán, Bolívar, en compañía de Andrés Bello y Luis López Méndez,
fue nombrado por la junta revolucionaria comisionado ante el gobierno británico, con la
exacta instrucción de convencer al ministro de Asuntos Exteriores, Lord Wellesley, de
apoyar la insurrección caraqueña. En diciembre de 1810 regresó Bolívar a Caracas con
pocos triunfos diplomáticos, porque el gobierno inglés, aunque simpatizaba con los actos
independentistas de los americanos, como una manera de socavar la hegemonía española en
este continente, estaba unido a España por un tratado de alianza.

Mientras tanto, Bolívar había convencido a Miranda para que lo acompañara en un nuevo
esfuerzo por consolidar la independencia de su patria. En 1811 Bolívar, con el grado de
coronel que le concedió la Sociedad Patriótica de Caracas y bajo las órdenes de Miranda,
contribuyó a someter a Valencia, que no obedecía a la Sociedad, y en 1812, a pesar de sus
esfuerzos por defender la plaza de Puerto Cabello, a él confiada, no logró evitar que cayera
en manos de los realistas debido a una traición. Desilusionado ante la rendición del
generalísimo Miranda ante el jefe español Domingo de Monteverde, pero deseoso de
continuar la lucha, Bolívar decidió, en unión de otros jóvenes oficiales, apresar a Miranda.
Aunque Bolívar no lo entregó a los españoles, otros sí lo hicieron, y el infortunado
precursor fue embarcado preso hacia Cádiz, donde murió poco después.

Todos perdieron aquella vez, y Bolívar apenas logró un salvoconducto para emigrar,
gracias a su amigo Francisco Iturbide. Se trasladó a Curazao y luego a Cartagena de Indias,
donde escribió uno de sus más célebres documentos, la "Memoria dirigida a los ciudadanos
de la Nueva Granada por un caraqueño", conocido también como Manifiesto de Cartagena
(diciembre 15 de 1812). Allí se opuso a la copia acrítica de fórmulas políticas buenas para
«repúblicas aéreas», criticó el federalismo como inadecuado para los nuevos Estados
emergentes, sugirió la formación de un ejército profesional en vez de milicias
indisciplinadas, proclamó la necesidad de centralizar los gobiernos americanos y propuso
una acción militar inmediata para asegurar la independencia de Nueva Granada, consistente
en reconquistar a Caracas, que era, a su sentir, la puerta de toda la América meridional.
Propuso, en fin, pasar a la ofensiva estratégica.

En la práctica, esa fue la campaña que de inmediato llevó Bolívar a cabo con éxito notable,
acrecentando su prestigio de supremo director de la guerra. Así pues, a la cabeza de un
pequeño ejército, limpió de enemigos los márgenes del Magdalena, ocupó en febrero de
1813 a Cúcuta, y en sólo 90 días, entre mayo y agosto, liberó a Venezuela en una rápida y
fulgurante sucesión de batallas. Por eso esta campaña recibió el nombre de Admirable y
Bolívar fue aclamado por vez primera como Libertador, título oficial que le concedió la
ciudad de Caracas en octubre de ese año y con el que será universalmente reconocido. Casi
a la vez, ocurrió otro suceso memorable: en junio, al pasar por Trujillo, Bolívar decretó la
guerra a muerte, con lo que consiguió solucionar el problema fundamental en toda guerra,
que es hacer el deslinde político-ideológico entre amigos y enemigos y sentar un elemental
principio de identidad nacional y de clase.

Afirmó que eran americanos los que luchaban por su independencia sin importar país de
nacimiento ni color de la piel; y que eran enemigos los que aunque nacidos en América, no
hicieran nada por la libertad del Nuevo Mundo. Con ese decreto, tan vituperado incluso por
bolivarianos de nota, Bolívar logró separar, tajantemente, los dos campos, evitando el
apoyo que mantuanos y hacendados criollos daban a los realistas; creó condiciones para la
guerra de todo el pueblo, en la que nadie podía permanecer indiferente; y atrajo a llaneros,
cimarrones, indios y esclavos al ejército patriota. En el decreto de Guerra a Muerte está el
secreto de la Campaña Admirable, que es, a su vez, la clave de la libertad de Venezuela.
Sin embargo, el establecimiento, por segunda vez, de la república en Venezuela no duró
mucho tiempo.

A pesar de triunfos en batallas como las de Araure, Bocachica o la primera de Carabobo, y


de resistencia, heroica como la defensa de San Mateo, Bolívar en el occidente del país y
Santiago M

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