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Formas Especiales de Conclusión Procesal

El documento aborda las formas especiales de conclusión del proceso en el Derecho Procesal Civil peruano, destacando la importancia de mecanismos alternativos como la conciliación, el allanamiento, el reconocimiento, la transacción judicial, el desistimiento y el abandono. Estas formas permiten resolver conflictos de manera más rápida y económica, evitando la necesidad de una sentencia. Se analizan las características, requisitos y efectos de cada figura procesal según la legislación vigente y la doctrina peruana.

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Formas Especiales de Conclusión Procesal

El documento aborda las formas especiales de conclusión del proceso en el Derecho Procesal Civil peruano, destacando la importancia de mecanismos alternativos como la conciliación, el allanamiento, el reconocimiento, la transacción judicial, el desistimiento y el abandono. Estas formas permiten resolver conflictos de manera más rápida y económica, evitando la necesidad de una sentencia. Se analizan las características, requisitos y efectos de cada figura procesal según la legislación vigente y la doctrina peruana.

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UNIDAD II

5/11/2025

FORMAS
ESPECIALES
DE CONCLUSIÓN
DEL PROCESO

DERECHO
PROCESAL
CIVIL I
Ms. José Luis Luján Tupez
“Año de la recuperación y consolidación de la economía peruana”

UNIVERSIDAD NACIONAL DE
TRUJILLO

FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS

DERECHO PROCESAL CIVIL I


DOCENTE:
Ms. Jose Luis Luján Tupez

ALUMNOS:
Cipiran Rodríguez, Sergio Daniel
Condor Mostacero, Karen Alexandra
Contreras Valdéz, Milagros
Chávez Rodríguez, Cristhian Clemente
Díaz Cáceda, Fabrizio Alessanderson
Dickson Marquina, Iona Carolina Akún
Morales Cisneros, Aimy Maylin

CICLO:
IV

TRUJILLO - PERÚ

2025
FORMAS ESPECIALES DE CONCLUSIÓN DEL PROCESO

I.​ INTRODUCCIÓN

En el Derecho Procesal, se entendía que un proceso judicial había llegado a su fin,


cuando se emitía una sentencia. Esta posición, clásica de concebirlo como un proceso cerrado
fue superada por el Derecho Contemporáneo, que resalta por su adaptabilidad y enfoque en la
economía procesal, con el que se suman múltiples mecanismos alternativos que permiten
concluir procesos sin la espera de una resolución sobre el fondo del asunto.

En el Código Procesal peruano, las seis formas especiales de conclusión del proceso
son fundamentales porque permiten que los conflictos no dependan exclusivamente de la
sentencia, facilitando soluciones más rápidas y menos costosas. Estas formas permiten a las
partes llegar a un acuerdo antes de que se dicte una sentencia, lo que puede ser más
satisfactorio y menos costoso. Además, la conciliación y el allanamiento son métodos que
pueden ser más rápidos y menos costosos que la sentencia, y pueden ser utilizados en
cualquier estado del proceso, siempre que no se haya expedido sentencia en segunda
instancia.

Estas vías se activan en situaciones específicas y su uso depende del cumplimiento de


ciertos requisitos legales y de la voluntad de las partes involucradas. En el Código Procesal
Civil encontramos los siguientes:

I.​ Conciliación (Arts. 323° al 328°)

Forma especial (...) con efectos de cosa juzgada en la que si las partes aceptan la
propuesta, conciliadora, del juez; el proceso se declara concluido si versa sobre todas
las pretensiones propuestas. Si recae sobre alguna de las pretensiones o se refiere a
alguno de los litigantes, el proceso continuará respecto de las pretensiones o personas
no afectadas (Heredia Tamayo, 2021).

II.​ Allanamiento (Arts. 330° al 333°)

Es el acto unilateral que proviene única y exclusivamente por parte del demandado.
Consiste en la aceptación de la pretensión, sin embargo, este no acepta ni los hechos
ni los fundamentos jurídicos que sustentan la demanda, sino que únicamente acepta y
se allana a lo solicitado por el demandado, es decir, al petitorio (Vilca, 2023).

1
“El allanamiento es un acto jurídico-procesal por el que se produce la conformidad
con las pretensiones del actor” (Lorca Navarrete, 2000, p.203). Cabe destacar que el
proceso culminará solo cuando el allanamiento sea total; es decir, si, por el contrario,
el demandado únicamente se allana parcialmente para alguno de los petitorios, el
proceso seguirá su curso para los petitorios a los que no se ha allanado.

III.​ Reconocimiento (Arts. 330° al 333°)

Es una declaración de voluntad unilateral del demandado por la cual acepta


expresamente tanto la pretensión (el petitorio) como la veracidad de los hechos en que
se funda la demanda. Gelsi Bidart, lo define como un “acto declarativo del
demandado, reconociendo, señalando su conformidad o indicando que entiende
fundada (fundabilidad de) la pretensión. Un acto declarativo de la conformidad, de
hecho y de derecho, de ésta, con la realidad y con el orden jurídico que le es
aplicable...” (1975)

IV.​ Transacción judicial (Arts. 334° al 339°)

Es el acuerdo bilateral y voluntario entre las partes destinado a solucionar el conflicto


de intereses en el que se encuentran subsumidos, pero para ello se deben realizar
mutuas concesiones.

Esta institución procede únicamente cuando verse sobre derechos patrimoniales y no


afecte el orden público y las buenas costumbres. Al igual que el allanamiento y
reconocimiento, la transacción únicamente pondrá fin al proceso cuando alcance la
totalidad de las pretensiones propuestas. A diferencia de la conciliación, aquí no
interviene un tercero, pero al igual que esta, existe transacción preprocesal e
intraprocesal, siendo esta última a la que se refiere el CPC (Vilca, 2023).

V.​ Desistimiento (Arts. 340° al 345°)

A juicio de Podetti, el desistimiento «consiste en retirar la pretensión o pedido de


protección jurídica con efecto consuntivo sobre la facultad ejercitada, si no se obtiene
la conformidad expresa de la contraria para que el desistimiento no impida deducir de
nuevo el juicio» (PODETTI, 1963: 233).

2
VI.​ Abandono (346° al 354°)

La última de las formas anormales de conclusión del proceso, que surge como
consecuencia de la inactividad o inacción de las partes (permanencia en primera
instancia durante cuatro meses sin que se lleve a cabo algún acto procesal que lo
impulse) en el proceso durante determinado lapso de tiempo que determina la
perención de la instancia. Cabe precisar que esta misma figura es recogida en otras
legislaciones bajo la denominación de caducidad de la instancia. Esta forma de
conclusión se materializa a través de una manifestación tácita, ya que no requiere una
manifestación expresa. El juez puede declarar el abandono de oficio, a pedido de parte
o de un tercero legitimado. El plazo se empieza a contar a partir de la presentación de
la demanda (Rioja, 2016).

Cada una de estas figuras procesales responde a una lógica particular, algunos reflejan
una voluntad bilateral, otros se fundamentan en acuerdos bilaterales y algunos operan
automáticamente por el mero transcurso del tiempo y la inactividad procesal. Aunque
mantienen diferencias, todos comparten un objetivo común: impedir que el proceso judicial
prosiga de manera innecesaria cuando existe una solución viable al margen de la sentencia.

El presente trabajo tiene como objetivo analizar detalladamente cada una de estas seis
formas especiales, explicando sus características, requisitos y efectos, a la luz de la
legislación vigente, la jurisprudencia nacional y la doctrina procesal peruana.

3
II.​ CUERPO

1.​ Conciliación.

La primera forma especial de conclusión del proceso es la conciliación, contenido


regulado en el Código Procesal Civil a partir del Art.°323 hasta el Art.° 328. A propósito de
ello, corresponde dar una revisión a las distintas definiciones en torno a esta forma:

Según Julio Galarreta (2016), la conciliación es una institución que tiene la misión de
apaciguar voluntades oponibles para facilitar el proceso ya sea judicial o extrajudicialmente,
mediante un acuerdo que proteja los intereses de ambas partes. Este es un medio alternativo
de resolución de conflictos o una suerte de arreglo de diferencias entre dos o más personas,
que gracias a la intervención de un tercero (el conciliador) se resuelven disputas.

Según Carnelutti (1944) la conciliación es la intervención de un tercero ante dos


intereses en conflicto con el objeto de acordar una composición justa. Por añadidura, Enrique
Falcón (1978) va a conceptuarla como el avenimiento amigable entre las partes, donde las
diferencias se resuelven y se extinguen las pretensiones por haber acordado un punto en
común.

En este sentido, se va a definir a la conciliación como la institución mediante la cual


las partes en conflicto, antes o durante el desarrollo del proceso, van a someterse a
tramitación conciliadora para llegar a un acuerdo de todo aquello que la ley permite.

Ahora bien, en el ordenamiento jurídico peruano, se reconocen dos modalidades: la


conciliación extrajudicial, regulada por la Ley N.º 26872 y su reglamento aprobado por el
Decreto Supremo N.º 004-2005-JUS, que se desarrolla ante Centros de Conciliación
autorizados por el Ministerio de Justicia y constituye un requisito de procedibilidad previo al
proceso judicial en determinadas materias; y la conciliación judicial o intraprocesal, prevista
en los artículos 323 al 328 del Código Procesal Civil que tiene lugar dentro del proceso ante
el juez, quien actúa con un rol orientador y no decisorio. Ambas modalidades comparten la
finalidad de promover soluciones consensuadas, reducir la litigiosidad y fortalecer la cultura
de paz en el sistema de justicia.

4
1.1. Sistemas de conciliación.

1.1.1. Conciliación extrajudicial o previa o preprocesal.

Ahora bien, la definición desglosada según la norma legal que regula esta figura se
encuentra en la Ley de Conciliación N° 26872 y su reglamento el Decreto Supremo Nº
014-2018-JUS resuelve declarando de interés nacional el mecanismo alternativo de la
conciliación, siendo esta la institución alternativa por la cual las partes acuden ante un Centro
de Conciliación Extrajudicial a fin de que se les asista en la búsqueda de una solución al
conflicto de mutuo acuerdo, que puede darse de manera presencial o virtual o de naturaleza
similar.

En el Manual de Derecho Procesal Civil de la Gaceta Jurídica (2015), la define como


el sistema que pretende lograr mediante la intervención de un tercero, el conciliador, el
acuerdo entre las partes para así eliminar el conflicto de intereses existentes entre estas,
dándose lugar al inicio del proceso antes de todo litigio, respondiendo así a su naturaleza
preventiva al evitar la vía procesales. De este modo, si las partes logran conciliar en todas las
pretensiones, no cabría iniciar con un proceso judicial, respondiendo a su naturaleza extintiva,
dando fin al conflicto.

Autores como Montero Aroca, Gómez Colomer, Montón Redondo y Barona Vilar
señalan que la conciliación puede ser una comparecencia necesaria o facultativa ante una
autoridad.

En el Perú, la conciliación extrajudicial, mediante la Ley N.º 26872, se constituye


como un requisito de procedibilidad previo a los procesos sobre materias conciliables. Por lo
que se entiende que no se puede interponer una demanda judicial sin antes intentar la
conciliación extrajudicial, pues el juez podría declarar la demanda improcedente por falta de
interés para obrar, tal como lo dispone el Art.° 425 del CPC en el inciso 6 sobre anexos de la
demanda.

Para recurrir a este sistema, la materia en controversia debe versar sobre cuestiones
conciliables.

A. Materias conciliables extrajudicialmente

De acuerdo con la ley ya mencionada, se van a instaurar como materia de conciliación


aquellas pretensiones determinadas o determinables que versen sobre derechos disponibles de

5
las partes (Ley N.º 26872, art. 7, párr. 1). En el ámbito familiar, pueden conciliarse las
pretensiones referidas a pensión de alimentos, régimen de visitas, tenencia y otras derivadas
de la relación familiar, siempre que las partes tengan libre disposición sobre ellas. En estos
casos, el conciliador debe actuar conforme al principio del interés superior del niño (Ley N.º
26872, art. 7, párr. 2).

En materia laboral, la conciliación extrajudicial se realiza respetando el carácter


irrenunciable de los derechos del trabajador reconocidos por la Constitución y la ley. No
obstante, el Decreto Legislativo N.º 1070, en su Tercera Disposición Final, aclara que la
conciliación no constituye un requisito obligatorio para la calificación de la demanda laboral.
Estas conciliaciones pueden realizarse en los Centros de Conciliación Gratuitos del Ministerio
de Justicia y del Ministerio de Trabajo, o en centros privados acreditados, con participación
de abogados que verifiquen la legalidad de los acuerdos (Ley N.º 26872, art. 7, párr. 4).

Asimismo, las controversias contractuales vinculadas a contrataciones y adquisiciones


del Estado se rigen por la normativa específica de la materia (Ley N.º 26872, art. 7, párr. 5).

Por su parte, el Reglamento de la Ley de Conciliación, aprobado por Decreto Supremo


N.º 014-2008-JUS, precisa que la pretensión conciliable es la fijada en la solicitud de
conciliación, aunque las partes pueden modificarla durante el procedimiento. El acta de
conciliación debe consignar las pretensiones finalmente aceptadas (D.S. N.º 014-2008-JUS,
art. 7, párrs. 1-2). En materia familiar, el conciliador debe fomentar soluciones que privilegien
el interés superior del niño (D.S. N.º 014-2008-JUS, art. 7, párr. 3). Finalmente, cuando los
acuerdos puedan afectar derechos de terceros, éstos deben ser citados e incorporados al
procedimiento conciliatorio; si no asisten pese a estar notificados, las partes podrán conciliar
únicamente sobre aspectos que no afecten a dichos terceros (D.S. N.º 014-2008-JUS, art. 7,
párr. final).

B. Materias no conciliables extraducialemente

La Ley N.º 26872, en su artículo 7-A, establece los supuestos en los que no procede la
conciliación extrajudicial. En tal sentido, quedan excluidos de este mecanismo los casos en
que se desconoce el domicilio de la parte invitada o cuando esta reside en el extranjero sin
contar con apoderado debidamente autorizado, conforme a los incisos a y b del ya
mencionado artículo. Asimismo, no es posible conciliar cuando el conflicto involucre
derechos o bienes de personas incapaces, en atención a lo dispuesto en los artículos 43° y 44°

6
del Código Civil, que regulan la incapacidad absoluta y relativa (inciso c). De igual modo, se
excluyen los procesos cautelares, los procesos de garantías constitucionales y aquellos
relacionados con la nulidad, ineficacia o anulabilidad de actos jurídicos por causas de
incapacidad relativa o simulación (incisos d–f). Tampoco procede la conciliación en las
peticiones de herencia cuando se busca la declaración de heredero, en casos de violencia
familiar, ni en pretensiones que no sean de libre disposición de las partes (incisos g–i).

Por su parte, el Decreto Supremo N.º 014-2008-JUS señala en su artículo 8 que no son
conciliables materias como la nulidad de acto jurídico, la declaración judicial de heredero, los
casos de violencia familiar, las materias propias del proceso contencioso administrativo y las
impugnaciones judiciales de acuerdos societarios previstas en los artículos 139° y 150° de la
Ley General de Sociedades (Ley N.º 26887), por tratarse de asuntos jurídicamente
indisponibles.

Finalmente, el mismo reglamento, en su artículo 9, señala que la conciliación no es


obligatoria en los supuestos del artículo 7-A, es decir, cuando la naturaleza de la materia o la
falta de libre disposición impide su procedencia.

C. Casos de inexigibilidad de la conciliación por ser facultativa

En cuanto a los casos en los que la conciliación extrajudicial no resulta exigible, el


artículo 9 de la Ley N.º 26872 precisa diversas excepciones en las que este mecanismo tiene
carácter facultativo. Entre ellas se incluyen los procesos de ejecución, de tercería, de
prescripción adquisitiva de dominio, de retracto, o aquellos vinculados con la convocatoria a
asambleas generales de socios o asociados. Asimismo, la ley contempla otros supuestos,
como las impugnaciones de acuerdos societarios, los procesos de indemnización por delitos o
daños ambientales, los contenciosos administrativos y los relacionados con el derecho de
familia, ya sea de alimentos, tenencia, régimen de visitas, entre otros.

Estas excepciones se justifican porque, en tales materias, no existe un margen amplio


de negociación entre las partes o bien porque el conflicto requiere una decisión judicial
directa, lo que haría innecesaria la etapa conciliatoria.

D. Audiencia

7
La audiencia de conciliación extrajudicial constituye el acto central del procedimiento
conciliatorio regulado también por la Ley N.° 2687 y su reglamento. Se trata de una reunión
formal, de carácter privado y confidencial, en la que las partes involucradas en un conflicto
intentan llegar a un acuerdo voluntario con la asistencia de un conciliador neutral e imparcial,
designado por un Centro de Conciliación autorizado por el Ministerio de Justicia.

Según el Art. 12 de la Ley N.° 26872, la audiencia se desarrolla con la presencia del
conciliador, quien tiene la función de facilitar el diálogo, promover la comunicación directa
entre las partes y guiarlas hacia la búsqueda de soluciones equitativas (Art. 20 de la Ley de
Conciliación).. Su rol no es decidir el conflicto, sino asistir técnicamente en la formulación de
propuestas que permitan alcanzar un acuerdo consensuado.

El procedimiento suele iniciar con la invitación a la parte requerida a cargo del centro
de conciliación (Art.17 del Reglamento), quién debe ser notificada válidamente. Si al
momento de desarrollarse la sesión de audiencia y ninguna de las partes se han presentado, se
da por concluido el procedimiento de conciliación o si solo una de las partes acude, deberá de
convocarse a una segunda y si continúa haciendo caso omiso a la convocatoria la otra parte, el
procedimiento se da por concluida la audiencia y el procedimiento de conciliación (Art. 21
del Reglamento). Si se arriba a un entendimiento, el conciliador redacta el Acta de
Conciliación, la cual tiene valor de título ejecutivo conforme al Art.° 16 de la Ley N.° 26872,
lo que significa que puede ser exigida judicialmente en caso de incumplimiento.

En caso contrario, si no se logra acuerdo, el procedimiento concluye con un Acta de


no acuerdo o inasistencia, que habilita a las partes para acudir al Poder Judicial (Art. 15,
inciso c, Ley de Conciliación. Así, la audiencia cumple una función preventiva y extintiva,
como corresponde a la institución de conciliación, alineados al objetivo de economía
procesal.

E. Centros de Conciliación extrajudicial

Los Centros de Conciliación Extrajudicial constituyen las entidades encargadas de


ejercer la función conciliadora, conforme lo establece la Ley mencionada. Su finalidad
principal es facilitar el diálogo y la solución pacífica de los conflictos, evitando la
judicialización innecesaria de las controversias.

8
De acuerdo con el artículo 24° de la Ley N.º 26872, los Centros de Conciliación
pueden ser creados por personas jurídicas de derecho público o privado sin fines de lucro,
siempre que entre sus objetivos se encuentre el ejercicio de la función conciliadora. El
Ministerio de Justicia y Derechos Humanos es la entidad competente para autorizar,
supervisar y, en su caso, sancionar el funcionamiento de dichos centros, garantizando la
calidad e idoneidad del servicio. Asimismo, los servicios prestados por el Centro son
sufragados por quien solicita la conciliación, salvo pacto distinto entre las partes según el
Art.°24, párrafo 4. En caso de incumplimiento de las normas o sanciones administrativas
graves, el Ministerio puede disponer la desautorización del centro, impidiendo su
reinscripción futura. La conducción del procedimiento conciliatorio recae en el conciliador,
quien actúa con libertad técnica dentro del marco de los principios de imparcialidad,
confidencialidad y buena fe (Art. 21). Para ser acreditado como conciliador se requiere ser
ciudadano en ejercicio y haber aprobado el Curso de Formación y Capacitación dictado por
una institución autorizada por el Ministerio de Justicia (art. 22).

Por su parte, el artículo 19-A reconoce como operadores del sistema conciliatorio a
los conciliadores, capacitadores, centros de conciliación y centros de formación de
conciliadores, todos ellos inscritos en los Registros Nacionales Únicos a cargo del
MINJUSDH. Este ministerio, además, posee facultad sancionadora para imponer
amonestaciones, multas, suspensiones o cancelaciones de registro, según la gravedad de la
infracción (art. 19-B).

Por tanto, el marco legal que regula los Centros de Conciliación busca asegurar un
sistema profesional, transparente y eficiente, que brinde confianza a los usuarios y promueva
la cultura de paz como medio alternativo de solución de conflictos en el Perú.

1.2. Conciliación judicial.

La conciliación judicial también denominada intraprocesal constituye un mecanismo


de autocomposición procesal mediante el cual las partes con la intervención activa del juez
logran poner fin a la controversia que las enfrenta.

En este sentido, Carnelutti (1944) sostiene que la conciliación implica la intervención


de un tercero entre los titulares de i ntereses contrapuestos, con el propósito de inducirlos a
una composición justa. Couture (1960), por su parte, la concibe como un acuerdo o avenencia
que, mediante la renuncia o transacción, torna innecesario el litigio pendiente o previene uno

9
eventual. De modo complementario, Fornaciari (1988) la define como el resultado de una
confluencia de voluntades encaminadas a eliminar un estado de controversia, resaltando el
papel activo del juez, quien estimula el acercamiento y puede proponer fórmulas
conciliatorias.

El Código Procesal Civil peruano regula esta figura en los arts. 3 al 328,
estableciéndola como una forma especial de conclusión del proceso con autoridad de cosa
juzgada, siempre que no verse sobre derechos indisponibles.

La jurisprudencia nacional ha reafirmado este carácter. En la Casación N.º 1463-2007


de Cajamarca; la Corte Suprema señaló que la conciliación constituye una forma de
autocomposición en la que las partes pueden resolver el conflicto mediante reconocimiento,
acuerdo o transacción. Asimismo, en la Casación N.º 632-2002 de Lima, precisó que las
personas naturales pueden conciliar mediante apoderados, y que el acta debidamente
aprobada tiene el mismo valor que una sentencia con cosa juzgada.

En el Manual de Derecho Procesal Civil de la Gaceta Jurídica (2015) se va a


conceptuar la conciliación judicial como el acto jurídico procesal complejo, en tanto requiere
la intervención coordinada de las partes y del juez. Es típica y nominada, pues se encuentra
expresamente regulada en el Código Procesal Civil.

Se trata de un acto bilateral, dado que genera obligaciones recíprocas entre las partes,
aunque en determinados casos puede asumir un carácter unilateral si una de ellas renuncia a
su pretensión sin exigir contraprestación alguna. A su vez, es de libre discusión, pues las
partes pueden expresar sus argumentos sin coerción, y conmutativa y onerosa, al implicar
prestaciones correlativas que suponen sacrificios patrimoniales recíprocos. La solemnidad
constituye otro rasgo esencial, ya que la eficacia de la conciliación depende de la aprobación
judicial. Dicha homologación confiere al acuerdo fuerza vinculante y autoridad de cosa
juzgada, extinguiendo el proceso y consolidando sus efectos jurídicos.

En cuanto a su efecto extintivo, la conciliación pone fin al proceso judicial al resolver


el conflicto mediante acuerdo. Por ello, la doctrina procesal peruana la reconoce como una de
las formas especiales de conclusión del proceso, equiparándola a una sentencia definitiva en
cuanto a sus efectos jurídicos.

10
En síntesis, la conciliación judicial se erige como una manifestación del principio de
economía procesal y de la búsqueda de la paz social, al fomentar la resolución directa de los
conflictos bajo la supervisión judicial. Más que un simple trámite, representa un espacio de
diálogo y entendimiento que reafirma la autonomía de la voluntad de las partes dentro del
marco de la justicia formal.

1.2.1. Oportunidad de la conciliación

Por disposición del art.° 323 del CPC, las partes pueden recurrir a la conciliación
desde la interposición de la demanda o cualquiera fuese la etapa del proceso, desde el punto
de partida del proceso hasta el pronunciamiento de la sentencia en segunda instancia. Siendo
así que, si las partes llegan a un acuerdo cuando el juez ya haya emitido su fallo, esta
sentencia ya tiene calidad de cosa juzgada y no va modificarse por el acuerdo de las partes.

1.2.2. Formalidad

La conciliación judicial, al ser un acto procesal solemne, se encuentra sujeta a


determinadas formalidades; lo correspondiente al tema, es desglosado por el Código Procesal
Civil en el Art.° 324 donde, generalmente, esta audiencia se realiza ante un Centro de
Conciliación elegido libremente por las partes; sin embargo, si ambas lo solicitan, el juez
puede convocar a conciliación en cualquier etapa del proceso, a excepción de los casos de
violencia familiar. Si dicha audiencia ha sido solicitada por ambas partes y una de ellas no
asiste sin causa justificada, se le impondrá una multa que oscila entre tres y seis unidades de
referencia procesal, conforme al artículo 324 in fine del Código Procesal Civil. En tal sentido,
en el mismo artículo dispone expresamente que el juez no puede ser recusado por las
manifestaciones que emita durante el desarrollo de la audiencia conciliatoria, puesto que su
intervención tiene un carácter orientador y no decisorio.

Por otro lado, cuando existiendo un proceso en trámite las partes alcanzan un acuerdo
fuera de sede judicial, pueden presentar al juzgado el acta de conciliación extrajudicial
respectiva. De acuerdo con el artículo 327 del mismo cuerpo normativo, el juez aprobará
dicho acuerdo siempre que se trate de derechos disponibles y que el contenido del acta sea
compatible con la naturaleza jurídica del derecho en litigio, conforme a lo previsto en el
artículo 325 del Código. Una vez verificado este requisito, el juez declara concluido el
proceso.

11
1.2.3. Acuerdo sobre costas y costos de la conciliación

Cuando un proceso concluye por conciliación o transacción, las partes tienen la


facultad de decidir libremente cómo se distribuirán las costas y costos procesales, es decir, los
gastos y honorarios derivados del proceso judicial.

El artículo 415 del Código Procesal Civil establece que este acuerdo sobre costas y
costos solo obliga a quienes participaron en él, por lo que no puede afectar a terceros que no
hayan intervenido en la conciliación (primer párrafo del artículo en mención).

Asimismo, si las partes no mencionan nada sobre las costas y costos, se presume que
cada parte asumirá los suyos propios, evitando así controversias posteriores sobre ese punto
(segundo párrafo del artículo en mención).

1.2.4. Efectos de la conciliación judicial

En primer lugar y el principal efecto de la conciliación judicial es la conclusión del


proceso con pronunciamiento sobre el fondo, conforme a lo dispuesto en el artículo 322,
inciso 2, del Código Procesal Civil. En caso de que la conciliación sea total, el proceso se
extingue completamente; sin embargo, si es parcial, continuará únicamente respecto de las
pretensiones o partes no comprendidas en el acuerdo, excluyéndose de la litis aquellas que
fueron materia de conciliación (Art. 327 del Código Procesal Civil).

En segundo lugar, el acuerdo conciliatorio aprobado judicialmente produce los


mismos efectos que una sentencia con autoridad de cosa juzgada, de acuerdo con el artículo
328 del Código Procesal Civil. Ello implica que la materia objeto del acuerdo se torna
inmutable e irrevisable entre las partes, garantizando la seguridad jurídica y la estabilidad de
las relaciones procesales. Por tal motivo, si se iniciara un nuevo proceso con identidad de
partes, objeto y causa respecto de uno que culminó mediante conciliación, podrá oponerse la
excepción de conclusión del proceso por conciliación, conforme al artículo 453, inciso 4, del
mismo código.

En vista a lo planteado, se entiende que la conciliación judicial no solo constituye una


vía eficaz para la terminación anticipada del proceso, sino que también refuerza los principios
de economía procesal y de solución pacífica de controversias otorgando al acuerdo el mismo
valor que una sentencia.

12
MODELO DE SOLICITUD DE CONCILIACIÓN

13
14
2.​ Allanamiento.

El segundo modo de conclusión especial del proceso a abordar será el allanamiento a


la demanda; esta modalidad procesal podrá ser definida doctrinalmente como “el
reconocimiento y sumisión de la parte atacada a la pretensión litigiosa contra ella
dirigida…” (Alcalá-Zamora y Castillo, 1947, pp. 80). Y jurisprudencialmente, se define al
allanamiento principalmente como un sometimiento del demandado” (Casación Nro.
1811-2007). En este sentido, este sometimiento implica ser realizado a través de una
declaración de voluntad mediante la cual el demandado acepte la petición o pretensiones del
demandante y su conformidad con estas mismas. Con ello, lo que se producirá será la
conclusión del proceso y la emisión de una resolución calificada como cosa juzgada. Por otro
lado, cabe mencionar que el demandado podrá allanarse pero también el demandante cuando
se trate de una reconvención (cuando el demandado presente una pretensión hacia el
demandante en el mismo proceso).

Ante las anteriores características señaladas, Gomez de Liaño y Perez-Cruz (2000)


consideran que el allanamiento es un acto dispositivo (encuadrándose en el ámbito
privatístico y tomándole gran importancia a la voluntad de las partes). Para el demandado,
será unilateral ya que aquel es el que tendrá la capacidad de manifestarlo, proviniendo de él; y
sólo se podrá basar sobre los derechos que se posean. Asimismo, afirman que debe ser
expreso mediante manifestación de voluntad y que sólo se finalizará el proceso mediante
sentencia cuando el allanamiento a las pretensiones sea total; de lo contrario, el proceso
tendrá que continuar para aquellas pretensiones sobre las cuales el demandado no se allanó.
“Solo el allanamiento total genera una finalización en el procedimiento, debiéndose
continuar el allanamiento parcial con respecto a las demás (pretensiones no allanadas)”
(Gimeno Sendra, 2007, pp. 255).

Estas características guardan relación con los requisitos de este recurso procesal, que
acorde con la Casación Nro. 2371-2007/Lima, manifiesta que el allanamiento debe ser
expreso según el artículo 330, lo cual indica que no se presume, sino que debe ser una
declaración. Debe ser incondicional sin estar sujeto a condiciones, limitaciones, etc. Debe ser
oportuno, en ese sentido, el demandado se allanará en cualquier momento procesal anterior a
la sentencia según el artículo 331 del CPC. Debe ser total, tomándose la totalidad de las
pretensiones del demandante, y habrá continuidad del proceso si el allanamiento es parcial.

15
Debe la firma del demandado ser legalizada ante un auxiliar jurisdiccional y no debe contener
ninguna de las causales de improcedencia contenidas en el artículo 232 del CPC.

Los artículos del CPC en lo que respecta al allanamiento están contenidos desde el
artículo 330 hasta el 333. En ellos se expresa que el demandado puede allanarse a la demanda
legalizando su firma ante el Auxiliar jurisdiccional. Asimismo, se establece una distinción
entre el allanamiento y el reconocimiento. Mientras en el allanamiento el demandado acepta
las pretensiones; en el reconocimiento se constituye la diferencia de que el demandado
además reconoce la veracidad de los hechos y la base legal en la que se fundamentan
jurídicamente las pretensiones planteadas (Falcón, 1978, pp. 248).

MODELO DE SOLICITUD DE ALLANAMIENTO

16
Finalmente, se desarrolla acerca de la improcedencia del allanamiento y sus
posteriores efectos a desarrollarse a continuación:

2.1. Oportunidad del allanamiento.

Según el artículo 331, el demandado se puede allanar en cualquier momento del


proceso de manera máxima hasta antes de la sentencia de primera instancia, esto para que sea
eficaz el allanamiento. De lo anterior, cabe mencionar que solo es para la eficacia del
allanamiento, porque la exoneración del pago de costas y costos solo está disponible si se
interpone la medida de conclusión del proceso dentro del plazo de contestación de la
demanda.

2.2. Improcedencia del allanamiento.

Está contenido en el artículo 332 del CPC, ante esto, el juez declara improcedente el
allanamiento y ordena la continuación del proceso cuando:

a.​ El demandado no tiene capacidad para disponer del derecho en conflicto. Se


refiere solamente a la capacidad del demandado en el proceso, extendiéndose al
demandante en el caso de reconvención.

b.​ El apoderado o representante del demandado carece de facultad para allanarse.


Un claro ejemplo vendría a ser el curador procesal, este auxiliar de justicia goza de
poderes procesales e interviene en los actos durante el proceso que tienen relación con
el derecho de defensa que goza el demandante, pero entre las limitaciones que percibe
está la de no tener facultades para realizar actos de disposición, como el presente
modo de finalización del proceso y demás, como el de transacción, conciliación u
otros como el reconocimiento de firmas y demás poderes sustantivos. En el plano
jurisprudencial, la Casación Nro. 2324-2006/Arequipa materializa esta improcedencia
manifestando que “no existe norma alguna que faculte al curador procesal a realizar
un allanamiento”, además de ir en contra de los principios de probidad, lealtad y
buena fe al dejar de lado el interés de defensa de su representada (Zegarra Escalante,
2022, p. 193).

c.​ Los hechos admitidos requieren ser probados por otros medios, además de la
declaración de parte. Los hechos admitidos se manifiestan cuando parte demandada

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no niega los argumentos alegados por el demandante. Se diferencian del
reconocimiento ya que este los acepta como válidos jurídicamente; en cambio, en los
hechos admitidos, el demandado no admite el sustento jurídico de estos. Si además de
la declaración de parte (la referida en todo caso a hechos personales y propios) se
necesitan otros medios probatorios, entonces el allanamiento no será procedente
(Narváez, 2008, p. 44).

d.​ El conflicto de intereses afecta el orden público o las buenas costumbres. Existen
diversas definiciones sobre los conceptos de orden público y buenas costumbres.

En la Resolución N.º 2413-2017/CSD-Indecopi, el orden público se define como “la


situación de normalidad y tranquilidad donde se manifiestan las actividades
principales del Estado sin perturbaciones ni conflictos”. Por su parte, Marcial Rubio
Correa (2008, p. 101), desde una perspectiva centrada en las normas imperativas,
sostiene que el orden público está conformado por dichas normas y sus principios. En
concordancia con ello, la Casación N.º 1657-2006, Lima, establece que “el orden
público se entiende como el conjunto de normas positivas de absoluto cumplimiento
por afectar principios fundamentales de la sociedad o las garantías de su existencia. Es
por ello que toda conducta que constituye un ilícito penal afecta el orden público”.

Por otro lado, en lo respectivo a las buenas costumbres, se hace referencia a las
costumbres que, axiológicamente, son calificadas como aceptables en un lugar y
tiempo específico. Por ello, se las califica como cambiantes, ya que lo que
actualmente puede ser calificado como socialmente aceptable, en unos años puede ser
repudiables.

En ese sentido, cuando el conflicto en cuestión afecta los conceptos de orden público
o buenas costumbres, el allanamiento resulta improcedente. Diversos autores señalan
que la afectación a las buenas costumbres se presenta en casos excepcionales o en
muy rara vez; sin embargo, la vulneración del orden público puede manifestarse, por
ejemplo, cuando un acto jurídico carece de una formalidad exigida por ley y se la
intenta suplir mediante el allanamiento, lo que resultaría en un fraude procesal.
Asimismo, se incluyen los actos de disposición sobre el propio cuerpo que están
expresamente regulados por el Libro de Personas del CC, entre otros supuestos. En
ambos casos, el allanamiento es improcedente por contravenir normas imperativas y
de orden público.

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e.​ El conflicto de intereses comprende derechos indisponibles. Cuando el inciso se
refiere a derechos indisponibles, hace alusión a los que tienen relación con el estado
civil, patria potestad o vínculo conyugal. La ley realiza una limitación a la autonomía
de la voluntad de las partes para proteger intereses sociales. En ese sentido, León
Barandiarán y Albaladejo coinciden en que el presente inciso tiene relación con el
orden público y las buenas costumbres, al ser una "legítima defensa" del ámbito
jurídico ante la autonomía de la voluntad. En ese sentido, el allanamiento en procesos
como de suspensión de la patria potestad o divorcio por causal es improcedente. Un
claro ejemplo es el de la Casación N.º 646-95-Callao en la que hubo allanamiento
indebido al haberse reconocido la causal de divorcio.

f.​ Existe litisconsorcio necesario y el allanamiento no se da por todos los


demandados. Este tipo de litisconsorcio, implicado en el artículo 93 del CPC, se
distingue debido a que la decisión en el proceso afectará a todos los litisconsortes
uniformemente no se puede afirmar que sólo uno de ellos se allane y el resto no, debe
realizarse por todos los integrantes (Casación Nro. 985-2007 / Junín).

g.​ Presume la existencia de fraude o dolo procesal. El fraude procesal se configura


dentro del artículo 416 del Código Penal y este ocurre, según el Boletín N° 14-2017,
cuando una de las partes decide usar el proceso como instrumento para una meta
ilícita, consiguiendo una sentencia favorable que parece ir conforme a ley pero que en
su mayoría genera perjuicios en terceros. Este está diseñado para ir en contra de la ley
y puede estar amparado a su vez por documentos fraudulentos.

h.​ Advierte que la sentencia a dictarse va a surtir efecto frente a tercero no


emplazado. Hace referencia al litisconsorcio y otras figuras jurídicas. En este inciso
están incluidos:

-​ El litisconsorcio necesario, donde la decisión recae de manera igualitaria a


todos los litisconsortes (artículo 93 del CPC).

-​ El litisconsorcio facultativo o también llamados litigantes independientes


(artículo 94 del CPC).

-​ La intervención coadyuvante, quien tiene con una de las partes una relación
jurídica, que en caso de ser vencida, será afectada (artículo 97 del CPC).

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-​ La intervención litisconsorcial, que quien se considere puede ser afectado por
la decisión de una sentencia puede unirse al proceso como litisconsorte
(artículo 98 del CPC).

-​ La intervención excluyente principal, un tercero reclama el derecho en


discusión como suyo (artículo 99 del CPC).

-​ La intervención excluyente de propiedad o de derecho preferente, cuando un


tercero intervenga al existir una afectación a su bien o tenga un derecho
preferente, este tercero pedirá el reconocimiento de su derecho para defender
su bien o prioridad de derecho (artículo 100 del CPC).

-​ A un tercero afectado por caso de fraude (artículo 106 del CPC).

i.​ El demandado es el Estado u otra persona de derecho público, salvo que su


representante tenga autorización expresa. El allanamiento sólo será procedente si el
demandado es una persona natural o jurídica.

2.3. Efectos del allanamiento.

Cuando se declara el allanamiento se entiende que el demandado acepta la pretensión


del demandante; por ello, el juez debe expedir una sentencia inmediata salvo que no se haga
referencia a todas las pretensiones planteadas. Pero esta expedición de sentencia no significa
que el juez no pueda rechazar la pretensión en el caso que no tenga un fundamento jurídico, el
juez debe aplicar según el ordenamiento jurídico y está facultado para no reconocer la
fundabilidad de una pretensión sin sustento jurídico (Palacio, 1979, pp. 550).

Por otro lado, según el artículo 413 del CPC, el que se allana a la demanda dentro del
plazo de contestación correspondiente está exonerado del pago de costas (gastos del proceso)
y costos (pago de honorarios). Esto no implica solamente la presentación del pedido para
allanarse, sino que previamente a la exoneración debe existir una declaración judicial en la
que se acepte fundamentadamente el pedido. Esto busca evitar aprovechamientos en casos
como en el litisconsorcio necesario, en el que uno de los litisconsortes podría hacer pedido de
allanamiento que posteriormente sería rechazado para librarse del pago de costas y costos
(Casación Nro. 2976-06 / Lima).

20
3. Reconocimiento de la demanda.

3.1 Configuración del reconocimiento.

Se encuentra regulado en el artículo 330 del Código Procesal Civil, donde se establece
respecto al demandado que este puede reconocer la demanda, en cuyo caso “... además de
aceptar la pretensión, admite la veracidad de los hechos expuestos en la demanda y los
fundamentos jurídicos de ésta”. En dicho numeral se puede observar la disposición de
elementos tipificantes que configuran el reconocimiento, como: Aceptación de la pretensión,
admisión de los hechos expuestos en la demanda, admisión de los fundamentos jurídicos de la
demanda.

En tal sentido, es evidente lo que diferencia el reconocimiento del allanamiento. Por


su parte, el allanamiento constituye la aceptación del sujeto procesal de ciertos hechos de la
pretensión, sin embargo, opta por no someterse por completo, ya que considera la existencia
de fundamentos jurídicos para oponerse. Mientras que el reconocimiento si configura una
aceptación total de la pretensión, la admisión de los fundamentos de hecho y jurídicos de la
demanda. Para Fornaciari, “... el reconocimiento implica siempre admitir la existencia de una
determinada relación jurídica…” (Fornaciari, 1987)

Por lo antes expuesto, la Corte Suprema de Justicia de la República en relación al


reconocimiento, ha establecido que:

“...La demanda y su contestación son piezas principales del proceso y el Juzgador no


puede omitir considerar lo que las partes reconocen en dichos escritos…” (Casación
Nº 3748-2000 Ayacucho)

“... Siendo el allanamiento o reconocimiento de la demanda un acto expreso no se


puede considerar que el mismo pueda ser procedente de modo tácito, de lo contrario
se estaría contraviniendo el expreso del artículo 330 del Código Procesal Civil…”
(Casación Nº 1263-2001 Lima).

21
MODELO DE SOLICITUD DE RECONOCIMIENTO

3.2 Oportunidad del reconocimiento.

El reconocimiento puede señalar una postura típica que el demandado puede tomar
ante la solicitud (o que el actor puede sostener respecto a la reconvención), por lo que
frecuentemente ocurre en la fase de presentación del proceso, cuando se responde a dicha
solicitud (o a la reconvención, en el caso del demandante).

Al respecto, el primer párrafo del artículo 331 del Código Procesal Civil establece que
“el demandado puede allanarse a la demanda en cualquier estado del proceso, previo a la

22
sentencia”. Si tenemos en cuenta que el último párrafo del artículo 330 del Código Procesal
Civil señala que “el reconocimiento se regula por lo dispuesto para el allanamiento”. Por lo
tanto, podemos deducir que la oportunidad que estipula el procedimiento procesal para llevar
a cabo el reconocimiento es la misma que se aplica al allanamiento.

3.3 Alcances del reconocimiento.

Se dice que el reconocimiento puede ser completo o incompleto, cuando


conjuntamente con él se da cumplimiento a la prestación exigida o no se cumple ésta en
forma simultánea, respectivamente.

Por lo general, el reconocimiento total, comprende a la pretensión formulada sumado


a los hechos expuestos en la demanda y la fundamentación jurídica, los mismo que deben ser
admitidos expresamente. Sin embargo, cabe la posibilidad de que se produzca un
reconocimiento parcial, esto se materializa cuando el reconocimiento se refiera solo a
algunas, no necesariamente a todas las pretensiones. Esto se rescata de la parte última del
artículo 331 del Código Procesal Civil, el cual establece que “procede el allanamiento
respecto de alguna de las pretensiones demandadas”.

En tal sentido, resulta válido aplicar para el caso del reconocimiento por tipificado en
el último párrafo del artículo 330 del Código Procesal Civil que establece que “el
reconocimiento se regula por lo dispuesto para el allanamiento”.

3.4 Improcedencia del reconocimiento.

La aceptación de los hechos, fundamentos jurídicos y pretensiones contenidas en la


demanda, que es lo que configura en el reconocimiento, no obliga de manera inmediata al
juez. El juez tiene el deber de examinarlo y, si se da cuenta de que existe alguna de las
razones de improcedencia establecidas en la normativa, debe rechazarlo. Estas causales de
improcedencia se pueden contemplar en el artículo 332 del Código Procesal Civil, que si bien
se refiere al allanamiento, el artículo 330 del código adjetivo precisa que el reconocimiento de
la demanda se regula por lo dispuesto para el allanamiento.

3.5 Efectos del reconocimiento.

Realizado el reconocimiento, si no le afectase causal alguna de improcedencia,


desaparecerá el estado de controversia, expidiéndose la sentencia inmediatamente después de
la resolución que lo declara procedente.

23
En realidad, cuando se hace reconocimiento, la pretensión no desaparece.
Concretamente, el pedido del demandante sigue dentro del proceso, solo que ahora queda más
firme porque el propio demandado admite que los hechos y la base legal que se plantearon
son ciertos. Además, aunque el juez diga que ese reconocimiento es procedente, eso no
reemplaza la sentencia. Igual se requiere que el juez emita sentencia para que recién se genere
la certeza jurídica, la condena concreta y la cosa juzgada que cierra el tema definitivamente.

Sumado a esto, tenemos una apreciación por parte de Maravi quien menciona “en la
práctica no se utiliza el reconocimiento (...) debido a que no sólo acepta el petitorio, sino que
además reconoce como verdaderas los fundamentos de hecho de la demanda y su
fundamentación jurídica, dando la posibilidad que uno de esos hechos de pie a una demanda
posterior” (Maraví, C. 2013)

Con respecto a la exoneración de costas y costos, en el caso del reconocimiento,


también se aplica la regla del artículo 413 del Código Procesal Civil la cual tipifica que
“también está exonerado quien reconoce o se allana a la demanda dentro del plazo para
contestarla” Este plazo tiene una razón de ser, ya que evita que el demandado disponga del
reconocimiento como “escape” de pago, cuando la situación del proceso le es desfavorable.

24
4. Transacción Judicial

En palabras de Devis Echandía, “la transacción es un contrato por el cual las partes
convienen en resolver un litigio de común acuerdo y en forma definitiva, antes o después de
iniciado el proceso civil...” (DEVIS ECHANDIA, 1985, Tomo II: 651). El autor reconoce la
naturaleza contractual de la transacción y señala su finalidad principal la cual es resolver
definitivamente el litigio. Adecuándose al concepto moderno de transacción.

La transacción contiene concesiones recíprocas en la que ambas partes tendrán que


hacer un sacrificio de intereses o derechos para llegar a un acuerdo; ya que de ser el caso en
la que una sola parte renuncie, no se obtendría el mismo trato legal que una transacción (Tord
Velasco, 2018, p. 119), en ese sentido, el artículo 1302 del C.C define a la transacción de la
siguiente manera:

“Por la transacción las partes, haciéndose concesiones recíprocas, deciden sobre


algún asunto dudoso o litigioso, evitando el pleito que podría promoverse o
finalizando el que está iniciado. Con las concesiones recíprocas, también se pueden
crear, regular, modificar o extinguir relaciones diversas de aquellas que han
constituido objeto de controversia entre las partes. La transacción tiene valor de cosa
juzgada”.

Es un contrato privado pero al mismo tiempo una figura procesal. Se define la


transacción judicial como una especie de transacción civil; pero especificando que ambas
tendrán el mismo fundamento con la diferencia de que la transacción judicial se realiza dentro
del proceso y necesitará control judicial. Según Carnelutti (1997), es un autocompositiva
(porque se realiza principalmente por el acuerdo entre partes acerca de las mismas cosas
planteadas en el proceso) y bilateral (porque requiere el acuerdo entre ambas), pero que de
igual manera necesita una aprobación del juez para que tenga efectos procesales, dándole así
una calidad de cosa juzgada.

Desde el punto de vista sustantivo, es un acto de disposición que hacen las partes
sobre la materia litigiosa y desde el punto de vista procesal es una forma especial de
conclusión del proceso, cuando la encierran bajo la denominación de transacción judicial,
además de esta existe la transacción extrajudicial que se vuelve judicial una vez introducida

25
en el proceso, requiere ser homologada por el juez para que genere la conclusión del proceso
y adquiera la autoridad de cosa juzgada.

4.1. Oportunidad de Transacción.

La transacción extrajudicial puede tener lugar antes del proceso, o durante el proceso,
pero sin intervención del juez. Según el artículo 334 del C.P.C referido a la transacción
judicial establece lo siguiente: “En cualquier estado del proceso las partes pueden transigir su
conflicto de intereses, incluso durante el trámite del recurso de casación y aún cuando la
causa esté al voto o en discordia” donde se puede apreciar que la transacción puede llevarse a
cabo hasta antes de establecerse la sentencia. Así, se define la principal diferencia entre la
conciliación y la transacción judicial, debido a que en la conciliación la oportunidad es
admisible hasta antes de la expedición de la sentencia de segunda instancia, mientras que la
transacción se puede dar en cualquier momento del proceso mientras no exista calidad de
cosa juzgada (Tord Velasco, 2018, p. 120).

4.2. Requisitos de la transacción.

La transacción siendo un contrato solemne debe cumplir los requisitos establecidos en


el art. 335 C.P.C:

a.​ Debe ser realizada por las partes (que tengan plena capacidad sobre el objeto de la
transacción) o quienes en su nombre tenga facultad expresa de hacerlo, pudiendo
actuar de manera conjunta o individual siempre que sean aprobados por el juez.

b.​ Debe hacerse por escrito bajo sanción de nulidad o por petición al juez que conoce el
litigio.

c.​ Debe tener un contenido preciso y legalizar sus firmas ante el secretario respectivo.

d.​ En caso de haber proceso abierto y los litigantes transigieron fuera de éste
(transacción extrajudicial), presentarán el documento que contiene la transacción
(convirtiéndose así en transacción judicial), legalizando sus firmas ante el secretario
respectivo en el escrito en que la acompañan, requisito que no será necesario cuando
la transacción conste en escritura pública o documento con firma legalizada (de
acuerdo a lo dispuesto en el segundo párrafo del art. 335 del C.P.C.).

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4.3. Transacción del estado y otras personas de derecho público.

El primer párrafo del art. 336 del C.P.C establece: “Los Poderes Legislativo, Ejecutivo
y Judicial, el Ministerio Público, los órganos constitucionales autónomos, los Gobiernos
Regionales y Locales y las universidades, sólo pueden transigir previa aprobación expresa de
la autoridad o funcionario competente”.

Este artículo menciona una restricción especial para el estado y otras entidades
públicas cuando desean poner fin a un conflicto judicial o extrajudicial. Establece que no
pueden llegar a un acuerdo o arreglos legales por sí solas, como sí podría un ente privado.
Solo pueden hacerlo previa autorización expresa. Esto con la finalidad de proteger los interés
del Estado y los bienes públicos, evitando que funcionarios actúen por cuenta propia
pudiendo perjudicar al Estado.

4.4. Homologación de la transacción.

El artículo 337 del Código Procesal Civil trata lo concerniente a la homologación de


la transacción en los siguientes términos: Homologar la transacción representa el acto
realizado por el Juez mediante el cual aprueba, confirma o solemniza lo convenido por las
partes. (Gaceta Jurídica, 2015, pág. 636)

El juez aprueba la transacción si cumple con las siguientes condiciones establecidas


en el (Art. 337 del CPC):

1.​ Que contenga concesiones recíprocas: Ambas partes deben ceder algo, ya sea de
mayor o menor medida, no necesariamente significa que la transacción debe ser
equitativa o proporcional, pudiendo implicar mayor sacrificio para una de las partes.

2.​ Que verse sobre derechos patrimoniales: Solo estos son susceptibles a transacción
(derechos económicos o de propiedad), resultando improcedente para las acciones
judiciales que se refiera a derechos personales, los cuales están lejos de poder
cuantificarse.

3.​ No afecte el orden público ni las buenas costumbres: El derecho no puede ir contra
la ley, la moral y el interés general.

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Una vez que el juez aprueba la transacción, si ésta alcanza la totalidad de las
pretensiones propuestas, se declara concluido el proceso. Si la transacción es parcial, el
proceso continuará respecto a las pretensiones o personas no comprendidas en ella.

Es importante notar la distinción con la transacción extrajudicial: ya que esta no es


necesaria homologarla para que pueda ser utilizada en el proceso como una defensa de forma.

4.5. Normas aplicables supletoriamente a la transacción.

Está regulada principalmente por las normas del CPC, pero se pueden aplicar
supletoriamente normas del CC acerca de la transacción. En ese sentido, el artículo 338 del
CPC hace referencia a que la normativa civil es supletoria de la procesal en materia de
transacción. Específicamente en el Título VII del Libro VI (“Las Obligaciones"),
específicamente en los artículos 1302 al 1312.

4.6. Acto jurídico posterior a las sentencia.

Aunque la oportunidad de transigir se extiende a cualquier estado del proceso, incluso


cuando la causa está lista para el voto, si la transacción es homologada y pone fin al proceso,
esta tiene efectos importantes respecto a las decisiones judiciales previas. En ese sentido, si la
transacción concluye el proceso, queda sin efecto toda decisión sobre el fondo que no se
encuentre firme, y la transacción en sí misma adquiere la autoridad de cosa juzgada. Además,
el incumplimiento de la transacción no autoriza al perjudicado a solicitar su resolución
(rescisión).

Esto significa que, aunque el juicio haya terminado y la sentencia no se pueda


modificar, las partes pueden seguir cumpliendo acuerdos entre ellas. Hace referencia, por
ejemplo, a una condonación total o parcial de la deuda, pese a la orden de pago dispuesta por
el juez. Cuando se menciona “novarla”, se alude a la posibilidad de sustituir la obligación
original por una nueva. También puede generarse una prórroga del plazo que tenía el deudor
para cumplir con la sentencia judicial.

Asimismo, al convertir una “dación en pago”, el deudor puede entregar algo diferente
a lo ordenado, siempre que el acreedor acepte dicho bien o prestación como pago. En síntesis,

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la idea central es que las partes pueden celebrar cualquier tipo de acuerdo legal que modifique
la manera en que se cumple la sentencia, siempre que sea válido y voluntario.

Haciendo énfasis en que estos acuerdos no son transacciones judiciales. Debido a esto
no requieren homologación (aprobación del juez), no tienen valor de cosa juzgada y
constituyen simples acuerdos civiles entre las partes, válidos entre sí pero sin efectos dentro
del proceso judicial.

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MODELO DE TRANSACCIÓN JUDICIAL

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5. Desistimiento

Se puede considerar que el desistimiento es una modalidad de autocomposición, pues


la resolución del litigio o del conflicto surge de la voluntad de las partes implicadas. El
desistimiento, en tanto acto jurídico procesal, es una expresión de voluntad unilateral que
busca anular un determinado acto procesal, el proceso entero o renunciar a la pretensión. En
esencia, significa la separación voluntaria y explícita de un sujeto procesal. El Código
Procesal Civil lo contempla como un modo excepcional o alternativo de conclusión de la litis
en relación con la sentencia (Monroy, 1985, pág. 57).

MODELO DE SOLICITUD DE DESISTIMIENTO

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5.1. Formalidades del desistimiento.

El desistimiento es un procedimiento solemne que tiene que seguir ciertas


formalidades. Por lo tanto, de acuerdo con el artículo 341 del Código Procesal Civil:

-​ La declaración no debe ser genérica, sino que debe especificar cuál es el acto al que se
renuncia; es decir, el escrito que la contiene tiene que describir su contenido y alcance.
No se supone (manifestación de la voluntad expresa).

-​ Tiene que ser un acto puro, sin restricciones ni reservas.

-​ El proponente tiene el deber de certificar su firma ante el secretario correspondiente.

-​ El desistimiento solo afecta negativamente a quien lo realiza.

5.2. Clases de desistimiento.

5.2.1. Desistimiento del proceso o del acto procesal.

Este tipo de desistimiento se enfoca en renunciar a la acción que se lleva a cabo en el


juicio, sin alterar la pretensión o el derecho material que está siendo debatido. Incluye tanto la
retirada completa del juicio como la renuncia a actos específicos que lo conforman. El
desistimiento de actos procesales viene a ser una subdivisión del desistimiento estrictamente
procesal.

A.​ Desistimiento del Proceso

También se le conoce como desistimiento o renuncia a la litispendencia o a los actos


del juicio. Según Monroy Gálvez, "el actor cede todos los derechos que ha adquirido durante
la relación jurídica procesal, o sea, en el trayecto del proceso..." (Monroy Gálvez, 1987, pág.
163). En otras palabras, es el procedimiento jurídico mediante el cual el demandante expresa
explícitamente su intención de separarse del proceso.

-​ Legitimación: El demandante o su representante judicial, convencional o legal son


los que tienen la mayor responsabilidad de desistir del proceso, siempre y cuando
tengan poderes especiales conforme lo establece el artículo 75 del CPC. Los
apoderados judiciales designados tienen la posibilidad de renunciar, aunque esto solo
tendrá efecto si actúan conjuntamente cuando lo ordene el interesado (artículo 68
CPC). Por ejemplo, las instituciones públicas y los organismos establecidos por la

32
constitución. De acuerdo con el artículo 336 del Código Procesal Civil, sin un permiso
explícito de la autoridad competente, los gobiernos locales y regionales, el Ministerio
Público y los poderes estatales no tienen la posibilidad de desistirse. Además, si el
demandado interpone una reconvención y opta por abandonarla después de que el
actor se desista, también tiene la posibilidad de desistir.

-​ Oportunidad: Es posible desistirse del proceso desde que se interpone la demanda,


incluso antes de su traslado, pues es cuando se inicia la relación procesal. El actor
sostiene que el demandado aún no ha sido notificado, pero si ya se hizo el traslado, es
necesario que este consienta. De acuerdo con el artículo 342 CPC, el desistimiento
debe ser presentado antes de que la condición procesal en la que se ha renunciado
comience a tener efectos. Esto significa que el desistimiento puede ocurrir en
cualquier momento previo a la terminación del proceso, incluso antes de que se emita
la sentencia o cualquier otro fallo que lo concluya.

-​ Formalidad: Debido a que es un acto procesal puro y de carácter dispositiva, ha de


ser incondicional, explícito y claro en todo momento, sin admitir condiciones o
formas implícitas. Pide que el secretario correspondiente legalice la firma del
proponente, entregando una copia escrita del documento con todos sus detalles y
alcance. De acuerdo con lo que el artículo 341 del CPC establece, el desistimiento no
se adopta y sólo tiene consecuencias negativas para la parte que lo lleva a cabo.

-​ Efectos: Finaliza el procedimiento sin perjudicar la pretensión material, aunque


elimina la relación procesal y cancela la interrupción de la prescripción extintiva que
fue generada por la demanda. Concluye el procedimiento sin que la solicitud material
se vea afectada, pero anula la relación procesal y revoca la interrupción de la
prescripción extintiva que se produjo a causa de la demanda. Significa que el proceso
se termina sin sentencia, permitiendo al actor comenzar uno nuevo, a menos que el
derecho haya prescrito. Según el art. 343 CPC, requiere la conformidad del
demandado si la demanda ya fue notificada; de haber oposición, el desistimiento
carece de eficacia. El juez debe disponer la extinción del proceso, el archivo del
expediente y la imposición de costas. Si existen varios demandantes, el desistimiento
solo afecta a quien lo formula.

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B.​ Desistimiento del Acto Procesal

El desistimiento de actos procesales consiste en la renuncia expresa, concreta y


unilateral a un acto específico del proceso —como un recurso, excepción o medio
probatorio— sin implicar el abandono total del proceso. Puede provenir tanto del demandante
como del demandado o de terceros legitimados. Se trata de un acto puro, sin condiciones ni
modalidades, que extingue el derecho vinculado al acto desistido y no requiere la
conformidad de la parte contraria, aunque puede ser impugnado.

-​ Legitimación: Están legitimadas para desistirse de actos procesales las partes o sus
representantes legales, judiciales o convencionales, siempre que cuenten con
facultades especiales según el art. 75 CPC o autorización legal o judicial. Si el
poderdante dispuso la actuación conjunta de apoderados judiciales conforme al art. 68
CPC, el mismo desistimiento solo será válido si todos actúan conjuntamente; la
actuación individual de uno de ellos carece de eficacia.

-​ Oportunidad: Puede realizarse en cualquier momento antes de que el acto haya


producido efectos, conforme al art. 343 CPC. Es válido, por ejemplo, desistirse de un
recurso antes de que la resolución impugnada quede firme, de una reconvención antes
de la sentencia que la resuelva, de un allanamiento antes de ser declarado, de una
excepción antes de que se sanee el proceso o de un medio probatorio antes de su
actuación.

-​ Formalidad: Debe ser expreso, por escrito y con firma legalizada ante el secretario
respectivo. La declaración debe ser específica y categórica, indicando con precisión el
acto al que se renuncia. No puede ser genérico ni condicionado, ya que se trata de un
acto puro de disposición cuya eficacia depende del cumplimiento estricto de estas
formalidades, conforme al artículo 341 del CPC.

-​ Efectos: El desistimiento de actos procesales deja sin efecto la situación procesal


favorable a quien lo realiza, sin afectar los derechos de la parte contraria. El segundo
párrafo del art. 343 CPC versa sobre los efectos del desistimiento, disponiendo que “el
desistimiento de algún acto procesal, sea medio impugnatorio, medio de defensa u
otro, deja sin efecto la situación favorable a su titular. Si el desistimiento es de un
medio impugnatorio, su efecto es dejar firme el acto impugnado, salvo que se hubiera
interpuesto adhesión”. De dicho precepto se entiende que se produce una ineficacia de

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la situación procesal favorable únicamente a su titular y no a aquella que beneficia al
adversario o que eventualmente pueda hacerlo.

En tal caso, producirá efecto si el desistimiento es conjunto entre impugnante y


adherente. Este tipo de desistimiento no requiere conformidad de la contraparte, salvo
cuando el acto renunciado genera efectos favorables para ella, y debe presentarse
antes de que el acto impugnado quede firme.

5.3.2. Desistimiento de la pretensión.

​ El desistimiento de la pretensión, también llamado renuncia del derecho o de la


acción, es una declaración expresa mediante la cual el actor no solo se aparta del proceso,
sino que abandona definitivamente su pretensión. Este acto concluye el proceso y afecta el
fondo del conflicto, ya que, una vez aprobado por el juez, impide volver a discutir.
Judicialmente, el mismo derecho renunciado implica, por tanto, la extinción tanto de la
relación procesal como del derecho sustancial que la sustentaba.

-​ Legitimación: Están legitimados para desistirse de la pretensión el demandante o su


representante legal, judicial o convencional, siempre que cuente con facultades
especiales conforme al art. 75 CPC o autorización expresa. Si el poderdante dispuso la
actuación conjunta de apoderados judiciales, el desistimiento solo será válido si todos
actúan conjuntamente. Las entidades públicas y órganos constitucionales solo pueden
desistir con autorización de la autoridad competente (art. 336 CPC). También el
demandado puede desistir de su pretensión cuando haya formulado una reconvención.

-​ Oportunidad: El desistimiento de la pretensión solo puede realizarse desde la


presentación de la demanda, ya que antes no existe proceso. Según el artículo 342
CPC, puede formularse antes de que se emita la sentencia de primera instancia;
después de ello, será improcedente, salvo que exista acuerdo entre las partes, en cuyo
caso puede presentarse hasta antes de que la sentencia adquiera firmeza. Además, el
art. 345 permite al titular desistir de una pretensión no resuelta en primera instancia
mientras el proceso esté en trámite ante el superior y este aún no haya decidido la
apelación.

-​ Formalidad: Debe ser siempre expreso, por escrito y con firma legalizada ante el
auxiliar jurisdiccional, conforme al art. 341 CPC. No se presume ni admite
condiciones o modalidades, pues constituye un acto formal y puro mediante el cual el

35
demandante manifiesta de manera clara e indubitable su voluntad de renunciar a la
pretensión.

-​ Rol del Juez en el desistimiento de la pretensión: En el art. 344 CPC se establece


que el desistimiento de la pretensión no requiere la conformidad del demandado. El
juez debe revisar únicamente el cumplimiento de las formalidades legales, como la
legalización de la firma ante el auxiliar jurisdiccional y la ausencia de condiciones o
modalidades, así como la capacidad de quien realiza el desistimiento y la naturaleza
del derecho que sustenta la pretensión, el cual no debe ser indisponible e
irrenunciable. Para ello, debe tener en cuenta lo dispuesto en el art. 332 CPC sobre la
improcedencia del allanamiento, en lo que sea aplicable. Dicho artículo establece que
el juez declarará improcedente el allanamiento y ordenará la continuación del proceso
cuando el demandado no tenga capacidad para disponer del derecho en litigio, cuando
el apoderado o representante del demandado carezca de facultad para allanarse,
cuando los hechos admitidos requieran ser probados por otros medios además de la
declaración de parte, cuando el conflicto de intereses comprenda derechos
indisponibles, cuando, existiendo litisconsorcio necesario, el allanamiento no
provenga de todos los demandados, entre otros. En el caso del desistimiento de la
pretensión, toda alusión al demandado contenida en el art. 332 debe entenderse
referida al demandante, mientras que el mismo artículo será aplicable al demandado
únicamente cuando se trate del desistimiento de la pretensión convencional.

36
6. Abandono

El abandono del proceso, o también conocido como caducidad de la instancia, se erige


como una de las formas especiales mediante las cuales se puede concluir un proceso. El
Código Civil así lo reconoce al incluirlo dentro de las formas especiales de conclusión del
proceso, regulando en la Sección Tercera “Actividad procesal”, Título XI, Capítulo V
“Abandono” , en los artículos 346-354.

En ese sentido, el abandono es considerado como una institución procesal que tiene
como consecuencia la extinción del proceso; surge principalmente debido a la inactividad o
desinterés de las partes procesales para impulsarlo. Es así que, si durante un tiempo
determinado las partes no realizan ningún acto, el juez declara la conclusión del proceso. De
acuerdo con Ramirez, “el abandono del procedimiento constituye una sanción que la ley
impone a las partes procesales como consecuencia de su inactividad en el juicio, por el
término y las condiciones que la ley señala” (Ramirez, 2000, p. 25).

En esa misma línea, Casarino Viterbo estima que “el abandono de la instancia es la
extinción o pérdida total del procedimiento, que se produce cuando todas las partes que
figuran en el juicio han cesado en su prosecución durante un determinado espacio de tiempo”
(Casarino, 1983, p.327).

La idea que subyace de esta institución procesal es evitar que los procesos
permanezcan paralizados de manera indefinida por la pasividad de las partes sin lograr su
propósito principal y al mismo tiempo, contribuir a reducir la carga procesal de los órganos
jurisdiccionales.

6.1. Requisitos:

Para que un proceso sea declarado en abandono, se deben tener en cuenta ciertos
requisitos:

1.​ Inactividad de las partes: El impulso del proceso le corresponde principalmente a


las partes procesales, conforme lo establece el artículo IV del Título preliminar del
C.P.C. Esto implica que son ellas las que deben actuar durante el proceso en todas sus
etapas, desde la interposición de la demanda hasta el momento en el que el juez emite
la sentencia. Cuando las partes procesales no realizan actos durante el tiempo
establecido por ley, se presume que existe desinterés por parte de ellas en la

37
continuación del proceso, situación que es sancionada por la ley mediante la
declaración del abandono.

2.​ Transcurso del tiempo: Para que proceda la declaración de abandono del proceso, la
norma establece que el plazo legal que debe transcurrir es de cuatro meses sin que se
realice acto procesal de impulso.

3.​ Solicitud de parte, tercero legitimado u oficio: El abandono del proceso puede ser
declarado por iniciativa del juez sin que lo hayan solicitado (de oficio) conforme con
la Resolución Administrativa N° 373-2014-CE-PJ, en la cual se dispuso que los
magistrados de los juzgados y de las salas superiores dicten de oficio el auto que
declara el abandono del proceso. Por otro lado, este puede ser declarado en abandono
a pedido de una de las partes o de un tercero legitimado.

4.​ Resolución que lo declare: La resolución judicial que declara el abandono del
proceso constituye un requisito esencial. Esta tiene carácter meramente declarativo,
por lo que sin dicha resolución el abandono no está totalmente definido.

6.2. Cómputo del plazo del abandono.

Respecto al cómputo del plazo del abandono, el Código Procesal Civil ,


específicamente en el artículo 346, establece que, en primera instancia, el juez puede declarar
el abandono del proceso , ya sea de oficio, a solicitud de parte o de un tercero legitimado,
cuando hayan transcurrido cuatro meses sin que se realice acto que lo impulse.

Para calcular ese plazo, se debe considerar que el proceso se inicia con la interposición
de la demanda, y el cómputo comienza al día siguiente del último acto procesal realizado o
desde la notificación de la última resolución, sin importar si ese día es hábil o no, se incluyen
días feriados y los no laborables.

El cómputo del plazo de los cuatro meses, se cumple el mismo día del mes
correspondiente a la fecha inicial, y en caso de que ese día no exista en el mes de
vencimiento, el plazo se cumplirá el último día de dicho mes.

6.3. Purga o convalidación del abandono.

La purga o convalidación del abandono, está referida a la actividad que realizan las
partes procesales para dejar sin efecto la caducidad de instancia o abandono del proceso.

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(Falcón , 1989, p. 199). Esto se logra mediante un acto de impulso procesal que reactive el
trámite antes de que el juez emita la resolución que declara oficialmente el abandono.

El artículo 348 del C.P.C, establece que no hay abandono si luego de transcurrido el
plazo de los cuatro meses sin que se realice acto procesal alguno, la parte beneficiada realiza
acto de impulso procesal.. De esta disposición podemos identificar algunos requisitos
necesarios para que opere la purga o convalidación del abandono:

a)​ Que haya vencido el plazo previsto por ley para el abandono (4 meses)

b)​ Que la parte beneficiada realice acto de impulso procesal en momento posterior al
vencimiento del plazo legal .

c)​ Que aún no se haya emitido la resolución judicial que declare el abandono, puesto que
si esta ya se hubiera dictado, el abandono adquiere plena eficacia y ya no puede ser
convalidado.

Asimismo, la norma procesal advierte que no se considerarán actos de impulso


procesal aquellos que no tienen por finalidad real activar el proceso, por ejemplo:

a)​ La designación de un nuevo domicilio.

b)​ El pedido de copias

c)​ El apersonamiento de un nuevo apoderado, entre otros análogos.

6.4. Improcedencia del abandono.

La improcedencia del abandono se encuentra tipificado en el artículo 350 del Código


Procesal Civil, el cual establece ciertos supuestos en los que no procede el abandono del
proceso. De acuerdo con ello, no hay abandono en los siguientes casos:

-​ En los procesos que se encuentran en ejecución de sentencia.

-​ En los procesos no contenciosos.

-​ En los procesos en que se contiendan pretensiones imprescriptibles.

-​ En los procesos que se encuentran para sentencia, salvo que estuviera pendiente
actuación cuya realización dependiera de una parte. En este caso, el plazo se cuenta
desde notificada la resolución que la dispuso

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-​ En los procesos que se encuentran pendientes de una resolución y la demora en
dictarla fuera imputable al Juez, o la continuación del trámite dependiera de una
actividad que la ley le impone a los Auxiliares jurisdiccionales o al Ministerio Público
o a otra autoridad o funcionario público que deba cumplir un acto procesal requerido
por el Juez.

-​ En los procesos que la ley señale.

Además de los supuestos mencionados en el artículo 350, la norma procesal


contempla otros casos en los que, habiendo inacción procesal, esta se considera justificada y
por tanto no genera el abandono del proceso, así tenemos que:

-​ No hay abandono cuando ambas partes acuerdan la paralización del proceso y dicho
acuerdo es aprobado por el juez mediante una resolución expresa. (artículo 346, CPC)

-​ Tampoco procede cuando la inactividad en el proceso se deba a causas de fuerza


mayor que las partes no hubieran podido superar con los medios probatorios a su
alcance. (artículo 349, CPC). Esto ocurre cuando las partes se ven impedidas de
realizar cualquier acto procesal por razones ajenas a su voluntad. En tales situaciones
la inactividad se considera justificada y por lo tanto, el tiempo que dure no se
computará dentro del plazo de los 4 meses previsto para poder declarar el abandono
del proceso.

6.5. Efectos del abandono del proceso

Los efectos del abandono del proceso se encuentran regulados en el artículo 351 de
Código Procesal Civil, el cual dispone que el abandono, conocido también como la
caducidad de instancia, tiene como consecuencia directa la conclusión del proceso y por
tanto, la ineficacia de los actos procesales realizados o pendientes de realizarse.

Es importante tener en cuenta que a través de esta forma especial de conclusión, lo


que caduca es el proceso mismo, es decir los actos procesales que le dieron vida, mas no el
derecho sustancial. Esto significa que la parte afectada puede volver a presentar su pretensión
en un nuevo juicio, tal como lo señala el artículo en mención: “el abandono pone fin al
proceso sin afectar la pretensión [...].”

Sin embargo, el primer párrafo del artículo 351, precisa que, si bien el derecho
sustancial no se extingue, el demandante no podrá iniciar un nuevo proceso con la misma

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pretensión durante un año. Este lapso del tiempo se computa a partir de la notificación del
auto que declara el abandono.

Además , si el proceso es iniciado por segunda vez, con la misma pretensión y las
mismas partes y si nuevamente vuelve a declararse el abandono, en esas circunstancias, el
derecho pretendido se extingue [Link] se ordena la cancelación de los
títulos del demandante, si a ellos hubiere lugar. Es así como la reiteración del abandono,
finalmente termina afectando el fondo del proceso.

Por otro lado , conforme a lo dispuesto en el artículo 347 del C.P.C , cuando la
resolución que declara el abandono del proceso es consentida o ejecutoriada, quedan sin
efecto las medidas cautelares. Esta disposición evidencia que toda cuestión accesoria sigue la
suerte de lo principal, en ese sentido, al extinguirse el proceso principal, fenecen también
todos los actos y trámites vinculados a él.

Asimismo, en el caso de la prescripción extintiva, una vez declarado el abandono del


proceso, el plazo prescriptorio continúa su curso normal como si la interrupción generada
con la presentación de la demanda no se hubiera producido nunca, es decir, el abandono del
proceso deja sin efecto la interrupción del plazo de prescripción, de modo que el tiempo
transcurrido antes del inicio del proceso vuelve a contarse para el cómputo total del plazo
prescriptorio, ello de conformidad con el artículo 354 del C.P.C.

Por último, el artículo 416 del código mencionado, establece en el último párrafo que
“el abandono del proceso determina la condena en costas y costos del demandante.”. Esto
significa que cuando el proceso es declarado en abandono, el demandante como consecuencia
de su inactividad procesal, deberá asumir los costos y costas del proceso.

6.6. Vigencia de las pruebas en el proceso abandonado

Las pruebas dentro del proceso constituyen un elemento esencial para la resolución de
cualquier controversia. Es así que incluso cuando un proceso ha caducado , la norma procesal
en su artículo 352,establece que las pruebas actuadas dentro de este conservan su validez. Por
consiguiente, permite que estas puedan ser empleadas en un proceso distinto o incluso en el
nuevo proceso que el demandante inicie transcurrido el año previsto por la ley con la misma
pretensión del proceso declarado en abandono.

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Esto se encuentra vinculado con el artículo 198 del mismo cuerpo legal, en el que se
dispone que, “Las pruebas obtenidas válidamente en un proceso tienen eficacia en otro. Para
ello deberán constar copia certificada por el auxiliar jurisdiccional respectivo, y haber sido
actuadas con conocimiento de la parte contra quien invocan [..]”.

6.7. Impugnación del abandono.

De la lectura del artículo 354 del C.P. C referido a la impugnación en materia de


abandono, se advierte que, cuando un proceso ha sido declarado en abandono, la resolución
que lo declara, puede ser apelada con efectos suspensivos.

Asimismo, de este artículo se desprenden dos causales que fundan la apelación y estas
son las siguientes:

a)​ La existencia de un error de cómputo del plazo de abandono

b)​ Causas de fuerza mayor, que permitan justificar la inactividad procesal.

Sin embargo consideramos que estos supuestos resultan bastante limitados, ya que
solo se contemplan estos dos casos como fundamento para impugnar la resolución que
declara el abandono. No obstante, podrían presentarse situaciones en las que el abandono
haya sido declarado de manera indebida, contraviniendo los supuestos de improcedencia
establecidos en el artículo 350 del mismo código.

Por último, este artículo establece que “[..], la resolución que desestima un pedido de
abandono es apelable sin efecto suspensivo”. Esto significa que, si el juez rechaza la solicitud
de declarar el abandono del proceso, se puede interponer apelación, pero el proceso continúa
su curso normal mientras dicha impugnación sea resuelta.

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MODELO DE SOLICITUD DE ABANDONO DEL PROCESO

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I.​ CONCLUSIONES

En primer lugar, podemos decir que las formas especiales de conclusión del proceso
reflejan una visión moderna del Derecho Procesal, donde no todo debe resolverse con una
sentencia. Estas figuras buscan que las partes, mediante su propia voluntad, puedan poner fin
al proceso de manera más rápida y eficiente, sin perder la validez jurídica de sus actos.

La conciliación, ya sea judicial o extrajudicial, representa uno de los avances más


importantes del sistema procesal, porque promueve el diálogo y la solución pacífica de los
conflictos. Además, tiene un fuerte respaldo legal al otorgarle efecto de cosa juzgada y valor
de título ejecutivo cuando las partes logran un acuerdo válido.

El allanamiento y el reconocimiento son manifestaciones claras de la autonomía de la


voluntad del demandado. A través de ellos, la parte demandada puede aceptar las pretensiones
del actor, con lo cual se evita un proceso innecesario. Sin embargo, ambos están limitados por
el respeto al orden público y por la protección de los derechos que no pueden ser objeto de
disposición.

Por su parte, la transacción judicial refleja un auténtico acuerdo entre las partes, donde
ambas ceden en algo para llegar a una solución. Es un acto que, además de tener valor
contractual, también tiene efectos procesales al poner fin al litigio con autoridad de cosa
juzgada, siempre que se respeten los derechos patrimoniales y las normas de orden público.

El desistimiento y el abandono muestran dos formas distintas de terminar un proceso


por falta de interés: el primero, por decisión voluntaria de una de las partes, y el segundo,
como consecuencia de su inactividad. Ambos ayudan a evitar la acumulación de procesos
innecesarios y refuerzan el principio de economía procesal.

Finalmente, todas estas figuras demuestran que el Derecho Procesal Civil peruano no
solo busca resolver conflictos, sino hacerlo de manera eficiente, flexible y justa. En conjunto,
representan una forma más humana y moderna de entender la justicia, donde la voluntad de
las partes y la búsqueda del consenso tienen un papel tan importante como la sentencia
misma.

44
II.​ REFERENCIAS

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