Una isla bajo tormenta, Jamaica lucha por
mantenerse en pie
Destruccion y caos
Viviendas sin tejado,árboles y postes eléctricos derribados ,autos volcados y
familias que han perdido todo.
El huracán Melisa, uno de los fenómenos más poderosos de la temporada del
Atlántico, golpeó con fuerza la isla de Jamaica, dejando tras su paso una estela de
destrucción, pero también ejemplos de valentía y solidaridad entre los ciudadanos.
Con vientos que superaron los 230 kilómetros en cuestión de horas, las calles de
Kingston, Montego Bay y Ocho Ríos quedaron anegadas. Techos volaron, árboles
fueron arrancados de raíz y miles de familias debieron abandonar sus hogares para
refugiarse en albergues habilitados por el gobierno.
Aislamiento y dificultades
Sin electricidad ni cobertura telefónica, gran parte del país está aislado y la
información llega con cuentagotas."No tienes conexión. No puedes hablar con las
personas con las que normalmente hablas", indicó la periodista Kimone Francis,
del Jamaica Gleaner, con sede en Kingston, al programa Newsday del Servicio
Mundial de la [Link] las áreas centrales de Jamaica, Francis señaló que las aguas
de las inundaciones subieron hasta los techos de viviendas de dos plantas."Está
entrando agua por el techo de mi casa. No estoy bien", declaró una residente a la
BBC.
Cifras de muertos y búsqueda de suministros
En Jamaica, la ministra de Educación e Información, Dana Morris Dixon, señaló
que hay 19 muertes confirmadas pero que tienen «informes bastante creíbles» de
que la cifra podría ser mayor. Morris Dixon detalló que es posible que haya al
menos cuatro cuerpos en Westmoreland que necesitan ser recuperados y uno en
Saint Elizabeth, ambos distritos en el oeste de la isla.
La gente camina por calles enlodadas buscando comida entre los escombros.
Algunos se meten en tiendas destrozadas con la esperanza de encontrar agua
embotellada u otros suministros. Mientras aumenta el número de muertos, los
residentes de Black River siguen buscando a sus seres queridos y luchan por
sobrevivir, días después de que el huracán Melissa convirtiera a esta ciudad
portuaria jamaicana en el epicentro de la devastación que azotó el Caribe.
Resiliencia y esperanza
Los residentes afirman haber vivido en un estado de caos durante los últimos tres
días, desde que Melissa los golpeó como una de las tormentas de categoría 5 más
poderosas jamás registradas en la región. Los fuertes vientos y la marejada
ciclónica arrasaron la zona, dejando las carreteras intransitables y un rastro de
destrucción que los tiene cada vez más desesperados y aislados, sin electricidad ni
agua corriente.
Las agencias de ayuda y el ejército están transportando por tierra los suministros
que se necesitan con urgencia desde Kingston, pero muchas carreteras siguen
intransitables en algunos tramos, incluyendo lugares como Black River.
El pueblo está a unas dos horas en auto de Kingston, pero la carretera principal
está, en varios puntos, inundada, dañada y llena de autos averiados.
Hoy, mientras la isla comienza su proceso de reconstrucción, la fuerza y el espíritu
de su gente se convierten en símbolo de esperanza para todo el Caribe.
“Podrán caer las casas, pero no nuestro ánimo”, dijo un voluntario que ayudaba a
limpiar las calles. Esa frase resume el sentimiento de un país que, una vez más,
demuestra su resiliencia ante la adversidad.