UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CUENCA CAMPUS
SAN PABLO DE LA TRONCAL
FACULTAD DE DERECHO
TRABAJO DE:
DERECHO PENAL I
TÍTULO:
LECTURA CRITICA
AUTORES:
ABAD JASLENY
INSUASTI MAYERLY
ROSAS MARCELA
CICLO:
CUARTO CICLO DE DERECHO
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INTRODUCCIÓN
El artículo 5 del Código Orgánico Integral Penal (COIP) de Ecuador establece principios
procesales fundamentales que buscan garantizar el debido proceso penal, limitando el poder
punitivo del Estado y asegurando la protección de los derechos humanos conforme a la
Constitución y tratados internacionales.
Estos principios buscan un equilibrio entre la seguridad pública y el respeto a los derechos
fundamentales, asegurando que el proceso penal no se convierta en un instrumento arbitrario ni
injusto. En la práctica, aunque el COIP establece este marco garantista, se han identificado desafíos
en su aplicación real, como el uso excesivo de la prisión preventiva que afecta la presunción de
inocencia o limitaciones en recursos para defensas públicas equitativas.
Este análisis se propone realizar una reflexión crítica sobre el artículo 5 y, examinando
cómo estos principios se traducen en la normativa y se aplican en la práctica judicial del país. Para
ello, se abordarán inicialmente los principios rectores establecidos en la legislación. Esta revisión
permite evidenciar la coherencia o las dificultades que surgen en la implementación de las
garantías fundamentales, además de resaltar el impacto real que tienen dichos principios en la
administración de justicia penal dentro del marco normativo vigente.
Cuarto Ciclo de Derecho.
Dr. Palomeque Claudio
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DESARROLLO
El artículo 5 del COIP establece 21 principios procesales que deben regir todo juicio penal
en Ecuador, derivados de la Constitución y tratados internacionales de derechos humanos. Estos
principios garantizan que el proceso penal respete los derechos de todos los involucrados
(imputados, víctimas, etc.) y se lleve a cabo conforme a la ley. A continuación, se explica de
manera clara algunos de los principios más relevantes, junto con su importancia práctica:
Principios de legalidad y favorabilidad
El principio de legalidad, fundamental en el derecho penal garantista y expresamente
establecido en el artículo 5, numeral 1 del COIP, sostiene que no existe delito, pena ni proceso
penal sin una ley previa que los defina. Esto significa que nadie puede ser investigado o sancionado
por una conducta que no esté claramente tipificada como delito en una norma vigente antes de su
comisión. Este principio, también recogido en el artículo 76 de la Constitución ecuatoriana,
protege a los ciudadanos frente a arbitrariedades y garantiza la seguridad jurídica, al limitar el
poder punitivo del Estado al marco legal preestablecido. Además, prohíbe la aplicación retroactiva
de leyes penales que agraven la situación del acusado, asegurando que solo la ley, expresión de la
soberanía popular, pueda definir delitos y sanciones.
Complementariamente, el COIP incorpora el principio de favorabilidad en el artículo 5,
numeral 2, que establece que, ante la concurrencia de dos normas penales aplicables a un mismo
caso, debe prevalecer la más benigna para la persona procesada, incluso si esta ley más favorable
fue promulgada después del delito. Este principio busca equilibrar el ejercicio del ius puniendi con
la equidad y humanidad, evitando la imposición de penas más severas cuando la legislación cambia
a favor del acusado. Así, si durante el proceso penal la pena para un delito disminuye, la persona
debe beneficiarse de la nueva norma, promoviendo un sistema penal más justo y menos arbitrario.
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Ambos principios son esenciales para proteger los derechos de las personas y garantizar un proceso
penal equitativo y conformado a los estándares internacionales de derechos humanos.
Presunción de inocencia y duda a favor del reo
Toda persona acusada de un delito es considerada inocente hasta que se demuestre lo
contrario mediante sentencia condenatoria ejecutoriada. Este principio fundamental implica que la
carga de la prueba recae en quien acusa (la Fiscalía), protegiendo al imputado de ser tratado como
culpable antes de tiempo. La Constitución del Ecuador reafirma que se presume la inocencia de
toda persona mientras no exista una sentencia firme en su contra. En la práctica procesal, la
presunción de inocencia significa que durante el juicio el acusado no debe ser presentado como
culpable ante la opinión pública ni sufrir sanciones anticipadas.
El principio de duda a favor del reo, íntimamente vinculado, establece que toda duda
razonable debe resolverse en favor del acusado. Así, si las pruebas no prueban con claridad la
responsabilidad penal, el juez debe absolver. Este estándar exige una cultura judicial rigurosa, en
la que los jueces fundamenten sus sentencias y opten por la no condena ante falta de prueba
suficiente. Además, obliga a las autoridades a investigar objetivamente, buscando la verdad y no
solo una condena apresurada.
Principio de igualdad
El principio de igualdad ante la ley garantiza que ninguna persona involucrada en un
proceso judicial sea discriminada por razones económicas, físicas, culturales o de otra índole.
Además, establece que se debe dar protección especial a quienes se encuentran en situaciones de
vulnerabilidad. Esto se traduce, en la práctica, en ofrecer servicios como un intérprete gratuito
cuando el acusado no habla español, adaptar los procedimientos a las necesidades de personas con
discapacidad o brindar asistencia legal gratuita a quienes no puedan costear un abogado.
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La Constitución, en su artículo 76, asegura que nadie puede ser privado de su derecho a la
defensa en ninguna etapa del proceso judicial, lo que se evidencia en la existencia de la Defensoría
Pública. Esta institución tiene la función de proveer abogados a personas de bajos recursos para
garantizar que nadie enfrente un proceso sin representación legal adecuada.
Un caso ejemplar ocurre si durante un juicio el abogado defensor renuncia o es removido;
en esta situación, el juez debe suspender la diligencia y nombrar un defensor público para asegurar
que el acusado no quede sin defensa. Por otro lado, el principio de igualdad de armas en el proceso
judicial demanda que tanto la Fiscalía como la defensa tengan iguales oportunidades para presentar
pruebas, cuestionar las del contrario y ser escuchados bajo condiciones justas.
Principios de impugnación y prohibición de empeorar la situación del procesado
El COIP establece en el numeral 6 del art. 5 el derecho de toda persona a impugnar las
decisiones judiciales que afecten sus derechos. Esto significa que si un procesado es condenado o
recibe una resolución adversa, tiene la posibilidad de acudir a un tribunal superior para que revise
dicha decisión, ya sea mediante apelación, casación u otro recurso legal contemplado. La facultad
de impugnación forma parte fundamental de las garantías del debido proceso, ya que permite
rectificar posibles errores judiciales y garantiza un sistema de doble instancia en la mayoría de los
casos.
Asimismo, el numeral 7 consagra la prohibición de empeorar la situación del procesado
cuando él sea el único que interponga el recurso. Este principio, reconocido en la doctrina
como prohibición de reformatio in peius, implica que si únicamente el acusado apela una sentencia
y la Fiscalía no presenta recurso para solicitar una sanción más severa, el tribunal de alzada no
podrá imponer una pena más rigurosa ni una resolución más desfavorable para el procesado que
la inicialmente impuesta. Por ejemplo, si una persona condenada a cinco años de prisión apela
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buscando su absolución o una rebaja en la pena, la corte no estaría autorizada para aumentar la
condena bajo ninguna circunstancia porque esto violaría dicho principio.
Principio de prohibición de autoincriminación
El principio de prohibición de autoincriminación, establecido en el numeral 8 del artículo
5 del COIP, garantiza que ninguna persona pueda ser obligada a declarar contra sí misma en
asuntos penales. Este principio protege el derecho al silencio del imputado y asegura que ninguna
confesión o declaración forzada por la policía, fiscalía o juez pueda ser utilizada en su contra. La
confesión debe ser siempre voluntaria, y cualquier declaración obtenida bajo tortura, amenazas o
coacción es inadmisible y está prohibida tanto por la Constitución como por tratados
internacionales. La Fiscalía debe permitir que el sospechoso tenga la asistencia de un abogado
defensor durante los interrogatorios, y el imputado puede negarse a responder preguntas sin que
esto se interprete como culpabilidad. En audiencia, el juez pregunta si el procesado desea rendir
versión o guardar silencio, y este último derecho debe ser respetado sin prejuicios.
Principio de prohibición de doble juzgamiento
El principio non bis in ídem, recogido en el numeral 9 del artículo 5 del COIP, establece
que ninguna persona puede ser juzgada ni penada más de una vez por los mismos hechos. Esto
significa que, una vez que un caso ha sido resuelto de manera definitiva, no puede reiniciarse otro
juicio penal contra la misma persona por esos mismos hechos. Por ejemplo, si alguien fue absuelto
por falta de pruebas en un juicio por robo, no se puede iniciar otro proceso penal por ese mismo
robo, aunque se presenten nuevas pruebas posteriormente; el recurso válido en ese momento habría
sido apelar la absolución. Este principio tiene una base constitucional, específicamente en el
artículo 76 numeral 7 literal i, donde se considera una garantía procesal fundamental vinculada al
debido proceso. Busca proteger a las personas contra la arbitrariedad y asegurar la estabilidad y
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seguridad jurídica, evitando la duplicidad de sanciones o procesos por un mismo hecho. Asimismo,
tras el cumplimiento de la pena en caso de condena, la persona no puede volver a ser sancionada
por el mismo delito.
Derecho a la intimidad
El numeral 10 consagra el derecho a la intimidad personal y familiar de toda persona
durante el proceso. Esto significa que las diligencias como registros, allanamientos o incautaciones
en domicilio, oficina o correspondencia del investigado deben realizarse únicamente bajo orden
motivada de juez competente y conforme a las formalidades legales. Se busca proteger la vida
privada de las personas frente a intervenciones estatales arbitrarias. En la práctica, la Policía y
Fiscalía, para ingresar a la casa de alguien a buscar evidencia, necesitan obtener previamente una
orden de allanamiento emitida por un juez, basada en indicios claros de la necesidad de esa
diligencia. Existen excepciones muy puntuales, como el caso de flagrancia (si se está persiguiendo
a un delincuente que se refugia en un domicilio durante la persecución inmediata, por ejemplo),
en las cuales la ley permite entrar sin orden, pero luego se debe justificar ante el juez.
Oralidad, inmediación y concentración del proceso
Varios numerales del art. 5 señalan características del sistema procesal penal ecuatoriano,
especialmente desde la vigencia del COIP en 2014, que adoptó plenamente un modelo acusatorio
y oral. El principio de oralidad (numeral 11) indica que el proceso penal se llevará a cabo
principalmente mediante audiencias orales, en las cuales se toman las decisiones, y que solo en
casos excepcionales se usarán actuaciones escritas. Esto significa que los juicios ya no se basan en
expedientes escritos que el juez lee en privado, sino en discusiones orales públicas donde las partes
presentan sus argumentos y pruebas frente al juez. Relacionado a ello está la inmediación (numeral
17), que exige que el juez esté presente y en contacto directo con las partes y las pruebas en las
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audiencias, conociendo de primera mano lo que sucede. La inmediación garantiza que quien decide
haya visto y oído personalmente a los testigos, peritos y a los propios acusados, valorando su
credibilidad sin intermediarios. Otro principio conectado es el de concentración (numeral 12), por
el cual el juez procurará realizar la mayor cantidad de actos procesales en una misma audiencia o
en el menor número posible de sesiones. La idea es evitar dilaciones innecesarias: por ejemplo,
concentrar la presentación de todas las pruebas de un juicio en audiencias continuas y no
dispersarlas en el tiempo sin justificación. Estos principios mejoran la celeridad y la transparencia
del proceso. Un juicio oral, continuo y con el juez presente permite resolver el caso más rápido y
con mayor convicción, en contraste con el viejo sistema inquisitivo (escrito y lento).
Principio de contradicción
Enumerado en el numeral 13, el principio de contradicción asegura que el proceso penal
ecuatoriano es eminentemente adversarial, donde ambas partes pueden presentar y refutar pruebas
y argumentos en igualdad de condiciones. En palabras del COIP: los sujetos procesales deben
exponer verbalmente sus razones, replicar los argumentos de la otra parte, presentar pruebas y
controvertir las pruebas que se presenten en su contra. Esto consagra el derecho de defensa activa
y el deber de lealtad procesal: cada prueba ofrecida por la Fiscalía puede ser interrogada o
impugnada por la defensa, y viceversa. Por ejemplo, si la Fiscalía presenta el testimonio de un
testigo ocular, la defensa tiene derecho a contra-interrogar a ese testigo en audiencia para poner a
prueba la veracidad o exactitud de su relato. Igualmente, si la defensa presenta un peritaje a favor
del acusado, la Fiscalía puede interrogar al perito para evaluar su credibilidad. La contradicción es
esencial para llegar a la verdad, pues permite confrontar las versiones y evidencias en un debate
público. Este principio es respaldado también por la Constitución, que garantiza a las partes el
acceso a las pruebas y la posibilidad de refutarlas. En la práctica, la aplicación del principio de
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contradicción ha fortalecido la labor de litigio oral en Ecuador: abogados fiscales y defensores
requieren habilidades de argumentación, interrogatorio y refutación. Un ejemplo práctico es la
audiencia de juicio, donde tras los alegatos iniciales, se presenta la prueba de cargo con posibilidad
de contra-preguntas de la defensa, y luego la prueba de descargo con posibilidad de repregunta de
la Fiscalía, todo bajo la conducción del juez. Este ida y vuelta dialéctico busca que ninguna prueba
quede sin escrutinio. Como aspecto a vigilar, es importante que los jueces garanticen efectivamente
este derecho, evitando, por ejemplo, recortar de manera irrazonable los tiempos de interrogatorio
o denegar a la defensa el acceso previo al expediente, pues aquello minaría la contradicción. En
general, el sistema penal actual se sustenta en este principio, logrando que los juicios sean espacios
de debate real y no simples formalidades.
Dirección judicial del proceso e impulso procesal por las partes
El COIP equilibra el papel del juez y de las partes en el desarrollo del juicio. Según el
numeral 14, la o el juzgador dirigirá el proceso penal conforme la ley, controlando las actuaciones
de las partes y evitando dilaciones. El juez tiene el deber de encauzar el debate, pedir aclaraciones
cuando algo no esté claro y tomar medidas para que el juicio se desarrolle con fluidez y orden. Sin
embargo, esto no significa que el juez asuma un rol protagonista en la investigación; por el
contrario, el numeral 15 establece el principio dispositivo o de impulso procesal, según el cual
corresponde a las partes impulsar el proceso. Esto refleja la esencia del sistema acusatorio: la
Fiscalía y la defensa son las encargadas de aportar pruebas y mover el proceso, mientras el juez
actúa como un árbitro imparcial que garantiza el respeto de las reglas. En la práctica, el principio
de dirección judicial se evidencia, por ejemplo, cuando el juez en una audiencia pide a un abogado
que vaya al punto, o corta intervenciones impertinentes, o decide un receso para asegurar que todos
estén en condiciones de seguir. El juez puede incluso excluir preguntas capciosas o inadmisibles,
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con el fin de proteger derechos (por ejemplo, evitar que se pregunte sobre la vida íntima de una
víctima cuando es irrelevante). Pero al mismo tiempo, es la Fiscalía la que debe impulsar la
acusación: si no presenta oportunamente sus pruebas o no acusa formalmente en el plazo debido,
el juez no puede suplir esa inacción, y el proceso podría incluso terminar (sobreseimiento) por
falta de impulso fiscal. Igualmente, la defensa debe ser diligente en presentar sus excepciones o
pruebas en los momentos procesales correspondientes. Un ejemplo concreto: en la etapa de
investigación, corresponde al fiscal recolectar evidencias y solicitar las medidas necesarias
(pericias, inspecciones, etc.); el juez de garantías controla la legalidad de esas diligencias, pero no
sale él a buscar pruebas. Este esquema busca asegurar la imparcialidad del juzgador y la
responsabilidad de cada actor en su rol.
Publicidad del proceso
El principio de publicidad (numeral 16) dispone que, en general, todo proceso penal es
público. Cualquier ciudadano puede asistir a las audiencias de juicio como observador, y las
resoluciones son de acceso público. La publicidad es importante porque permite el escrutinio social
de la justicia, previene abusos y da transparencia a las decisiones judiciales. Sin embargo, la misma
norma y la Constitución reconocen excepciones a la publicidad por razones especiales. En ciertos
casos, se puede limitar el acceso del público o de la prensa para proteger otros derechos en juego,
como la intimidad, la seguridad o la integridad de alguna de las partes. Un ejemplo típico es cuando
el proceso involucra a menores de edad o delitos sexuales: en tales situaciones, para no revictimizar
a la víctima ni exponer detalles sensibles, el juez puede disponer que la audiencia se realice a
puerta cerrada (sin público) o bajo reserva de identidad. De hecho, el numeral 20 del art. 5 enfatiza
el derecho de las víctimas de delitos contra la integridad sexual, así como de niños, niñas y
adolescentes, a la privacidad y confidencialidad durante el proceso. Esto significa que no se deben
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divulgar sus datos personales, fotografías ni información que permita identificarlos en actuaciones
judiciales o policiales. Por ejemplo, en un juicio por abuso sexual a una menor, es común que en
las noticias se omita el nombre de la víctima y se la refiera con iniciales, y que el juicio no admita
público ajeno. Tales medidas están alineadas con proteger la dignidad y bienestar de quienes ya
han sufrido un delito. Otro caso de excepción a la publicidad podría darse por seguridad nacional
o perturbación del orden: si un testigo clave estaría en riesgo mortal al declarar públicamente, el
juez podría restringir la publicidad para protegerlo (estas son situaciones muy excepcionales y
deben estar fundamentadas
Deber de motivación de las decisiones
El numeral 18 del art. 5 señala que el juez debe fundamentar sus decisiones,
pronunciándose sobre los argumentos relevantes expuestos por las partes. La motivación significa
que toda sentencia, auto o resolución importante debe contener por escrito (o expresado oralmente
y luego plasmado en acta) las razones de hecho y de derecho que llevaron a esa decisión. No basta
con decir "declárese culpable al acusado": el juez debe explicar cuáles pruebas le convencieron,
cómo aplicó la ley y por qué arribó a esa conclusión. Este principio es crucial para garantizar la
justicia y la posibilidad de impugnación: solo con una decisión motivada las partes pueden
entender el fallo y, si están en desacuerdo, atacarlo mediante recursos, señalando errores en la
motivación. La Constitución ecuatoriana también exige la motivación como parte del debido
proceso, y la falta de motivación es causal de nulidad. Este estándar obliga a los jueces a ser
meticulosos. Afortunadamente, con la implementación del sistema oral, muchos jueces dictan sus
decisiones de viva voz al final de la audiencia, exponiendo detalladamente sus consideraciones, lo
cual queda grabado. Posteriormente, entregan el fallo por escrito con esa motivación desarrollada.
Un fallo bien motivado también eleva la calidad de la justicia, pues demuestra a la sociedad que el
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caso fue resuelto tras un análisis racional de las pruebas y las normas, y no de manera arbitraria.
La motivación además actúa como freno a la corrupción o parcialidad, porque un juez que quisiera
favorecer indebidamente a alguien lo tendría difícil para justificarlo lógicamente en la sentencia
sin caer en contradicciones visibles. Por eso, la motivación es considerada el alma del acto judicial.
Imparcialidad del juzgador:
El numeral 19 establece que el juez debe actuar con imparcialidad, administrando justicia
conforme a la Constitución, los derechos humanos y la ley, respetando la igualdad ante la ley. La
imparcialidad implica que el juez no tenga preferencia ni prejuicio a favor o en contra de ninguna
de las partes. Debe ser un tercero neutral que decide únicamente con base en las pruebas y
argumentos presentados. Cualquier interés personal, presión externa o predisposición viola este
principio. En la práctica, la imparcialidad se concreta en reglas como la posibilidad de que un juez
se excuse o sea recusado si tiene amistad, enemistad, parentesco u otro vínculo con alguna de las
partes o los hechos. Por ejemplo, si el juez que va a conocer un caso de lesiones es hermano de la
víctima, obviamente no podría ser imparcial y debería apartarse del proceso. Otro caso: si un juez
penal ha manifestado públicamente opiniones contundentes sobre un caso (digamos comenta en
redes sociales que cierto acusado “seguro es culpable”), podría considerarse que ya prejuzgó y no
está habilitado para conocerlo.
Objetividad de la Fiscalía
Finalmente, el numeral 21 del art. 5 introduce un principio crucial para el rol del fiscal: el
deber de objetividad. La o el fiscal, como titular de la acción penal, debe adecuar sus actos a un
criterio objetivo, aplicar correctamente la ley y respetar los derechos de las personas. La Fiscalía
no es simplemente una parte que busca condenas a toda costa; su misión es procurar justicia, lo
que significa investigar tanto lo que incrimina al sospechoso como lo que pueda eximirlo o atenuar
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su responsabilidad. En otras palabras, el fiscal debe ser un buscador de la verdad, no un acusador
cegado. Este principio es reflejo del modelo acusatorio garantista: el fiscal acusa en juicio, sí, pero
durante la investigación previa debe reunir todas las evidencias, las favorables y desfavorables al
acusado, con honestidad. Por ejemplo, si en una investigación por hurto el fiscal encuentra huellas
dactilares en la escena que no coinciden con las del sospechoso detenido, está obligado a reportar
ese hallazgo y, posiblemente, reorientar la investigación, en lugar de ocultarlo. Igualmente, si un
testigo clave se retracta de su acusación contra el procesado, la Fiscalía, en lugar de ignorarlo, debe
valorar seriamente ese cambio y su impacto en el caso.
CONCLUSIÓN
El análisis crítico del artículo 5 del COIP, junto con otras normas relacionadas con garantías
procesales y principios rectores, pone de manifiesto la sólida base protectora del sistema penal
ecuatoriano en la legislación vigente. La normativa establece principios esenciales como legalidad,
presunción de inocencia, favorabilidad, debido proceso, contradicción, derecho a la defensa e
imparcialidad, destinados a asegurar una justicia penal que respete plenamente los derechos
humanos y aplique reglas equitativas para todas las partes involucradas.
Sin embargo, lograr un balance entre la efectividad en la persecución del delito y la
protección de las garantías procesales es un desafío en el contexto actual del Ecuador. Factores
como la alta inseguridad ciudadana y la demanda social por castigos más severos generan tensiones
sobre el enfoque garantista. Esto demanda políticas integrales que incluyan inversión en
infraestructura penitenciaria, promoción de alternativas penales, formación constante para
operadores jurídicos y sanciones disciplinarias para quienes vulneren derechos. Estos principios
no son solo conceptos académicos, sino herramientas esenciales en la práctica legal diaria.
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