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Responsabilidad por Cosas y Actividades Riesgosas

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UNIDAD 5

DERECHO DE LAS OBLIGACIONES II

(RESPONSABILIDAD)

Programa.

Tercer eje: Responsabilidad derivada de la intervención de cosas y actividades riesgosas.


1. Responsabilidad por las cosas riesgosas. Sujetos responsables. Eximentes.
2. Responsabilidad por las actividades riesgosas. Actividades excluidas. Sujetos responsables. Eximentes.
3. Responsabilidad por los animales.
Responsabilidad por las Cosas Riesgosas.
Evolución Histórica.
El sistema de la culpa como fundamento de la responsabilidad civil, propia del Código de Vélez, había
funcionado en un contexto económico más rudimentario, propio de una sociedad agrícola. Dentro de aquella
realidad, una persona sólo podía ser obligada a resarcir el daño causado a otra cuando hubiere obrado con
culpa o dolo.
La mayoría de los supuestos de responsabilidad civil provenían del hecho propio del agente. La
responsabilidad por el hecho de terceros también se basaba en la culpa in eligendo o in vigilando. No eran
numerosos los supuestos en los que el daño obedecía a la intervención activa de una cosa, de modo que sólo
había un art. Destinado a la responsabilidad por las cosas, el Art. 1113 que era una norma genérica, también
basado en la culpa. Y el resto de los arts. Se refería a los daños causados por animales que eran muy
comunes y tenían una extensa clasificación.
Con la crisis del principio de la culpa como fundamento de la responsabilidad civil, que devino por los
nuevos daños que fueron apareciendo, se empieza a cambiar la visión que se tenía hasta el momento. Se
empieza a decir que en el caso de los daños causados por las cosas, se debe presumir la culpa del dueño.
Luego se advierte que dicha presunción de culpa no es correcta, y aparece la responsabilidad objetiva,
introduciendo el riesgo creado como factor de atribución. Es en este momento en el que se lleva a cabo la
reforma del código que introdujo la ley 17.711
Art. 1113 después de la Reforma 17.711: “…En los supuestos de daños causados con las cosas, el
dueño o guardián, para eximirse de responsabilidad, deberá demostrar que de su parte no hubo culpa; pero
su el daño hubiere sido causado por el riesgo o vicio de la cosa, sólo se eximirá total o parcialmente de
responsabilidad acreditando la culpa de la víctima o de un tercero por quien no debe responder. Si la cosa
hubiese sido usada contra la voluntad expresa o presunta del dueño o guardián, no será responsable.”.
Este cambio de paradigma presentó algunos inconvenientes, generó dos categorías, por un lado los
daños causados con las cosas, en cuyo caso se aplicaba el factor de atribución de la culpa (hoy es la
responsabilidad directa, ya que se utiliza una cosa de manera pasiva, controlada por el sujeto); y por el otro,
los daños causados por el riesgo o vicio de la cosa, donde el factor objetivo es el riesgo creado. No quedaba
claro lo que entraba en una y otra categoría, ni tampoco especificaba nada sobre las actividades riesgosas.
Para delimitar lo que entraba en una u otra categoría, los autores formularon varias teorías para
distinguir entre “hecho del hombre” y “hecho de la cosa”.
● Hecho del hombre: eran aquellos supuestos en donde hay un sujeto que obra, y que sigue
siendo autor del hecho dañoso aunque se haya servido de una cosa que ha instrumentado
para el logro de sus fines. Es decir, hay una intervención pasiva de la cosa, como instrumento
del sujeto.
● Hecho de la cosa: diferentes teorías:
○ Doctrina del hecho autónomo de la cosa: el hecho de la cosa se caracteriza por su
intervención autónoma en la producción del resultado dañoso. Es necesario que el
daño haya sido causado por la cosa misma. Exigía la no participación absoluta del
hombre, ya que de lo contrario pasaba a ser hecho del hombre.
○ Doctrina del vicio propio de la cosa: otra concepción, hoy superada, sostenía que hay
hecho de la cosa cuando el daño es causado por un vicio propio de la misma, con
prescindencia de cualquier obrar humana, ej. Rotura de la dirección de un vehículo. Se

1
ha criticado ya que muchas cosas tienen virtualidad para producir daños, pero no por
estar viciadas, sino por sus cualidades riesgosas.
○ Doctrina del movimiento de la cosa: se distinguían los casos en los que el daño hubiera
sido causado por una cosa en movimiento, de los casos en los que la cosa estaba
inerte. En el primer caso había actividad de la cosa, de modo que se aplicaba el
régimen del daño causado por las cosas; en el segundo caso no había daño por la cosa,
sino con ella, de modo que se aplicaba el principio de la culpa.
○ Doctrina de la cosa riesgosa: el hecho de la cosa se caracteriza por el peligro
subyacente de ésta, de modo que si la cosa es peligrosa en sí misma, el daño que ella
produzca es por la cosa; si es inofensiva, solo puede utilizarse como instrumento. El
problema es que las cosas no son peligrosas o inofensivas por sí mismas, sino en torno
a las circunstancias.
○ Doctrina de la intervención activa de la cosa: no hace distinciones sobre la naturaleza
de la cosa, simplemente sostiene que el daño será causado por la cosa cuando ésta
intervenga activamente, es decir, que medie un vínculo de causalidad adecuada entre
la intervención de la cosa y el daño producido. Si esto no se produce, la cosa interviene
pasivamente y no es el hecho de la cosa el que produce el daño, sino el del hombre. Se
dice que además de la intervención activa, la cosa debe haber escapado del control del
agente.
○ Opinión de Pizarro: para que se configure el denominado hecho de la cosa, es menester
que la misma intervenga de manera causalmente activa en la producción del daño,
escapando de tal manera al control del guardián, sin ningún otro requisito. Cuando el
daño ha sido provocado por la intervención activa de una cosa que era manejada,
controlada o conducida por el hombre hay hecho de la cosa.

En la actualidad, ¿esta distinción es importante? Sí, porque de no existir dicha distinción, se corre el
riesgo de considerar que siempre que intervenga una cosa en la producción de un daño estaremos en
presencia de un hecho de la cosa, lo cual es incorrecto, ya que depende de la intervención activa o pasiva de
la cosa si el daño es causado por la cosa o con ella.

La responsabilidad derivada de la intervención de cosas en el


CCYC.

Artículo 1757. Hecho de las cosas y actividades riesgosas. Toda persona responde por el daño causado
por el riesgo o vicio de las cosas, o de las actividades que sean riesgosas o peligrosas por su naturaleza, por
los medios empleados o por las circunstancias de su realización.
La responsabilidad es objetiva. No son eximentes la autorización administrativa para el uso de la
cosa o la realización de la actividad, ni el cumplimiento de las técnicas de prevención.

La responsabilidad es objetiva. No son eximentes la autorización administrativa para el uso de la cosa


o la realización de la actividad, ni el cumplimiento de las técnicas de prevención.”.

Artículo 1758. Sujetos responsables. El dueño y el guardián son responsables concurrentes del daño
causado por las cosas. Se considera guardián a quien ejerce, por sí o por terceros, el uso, la dirección y el

2
control de la cosa, o a quien obtiene un provecho de ella. El dueño y el guardián no responden si prueban que
la cosa fue usada en contra de su voluntad expresa o presunta.
En caso de actividad riesgosa o peligrosa responde quien la realiza, se sirve u obtiene provecho de
ella, por sí o por terceros, excepto lo dispuesto por la legislación especial.

En estos dos artículos se recepta tanto la responsabilidad por el hecho de las cosas, como la de
actividades peligrosas. La responsabilidad objetiva por el hecho de las cosas se aplica de manera indistinta
tanto para los daños causados por la violación del deber de no dañar, como por aquellos que derivan del
incumplimiento obligacional. El factor de atribución es el riesgo creado.
En la responsabilidad por el hecho de las cosas, se requiere una intervención causalmente activa de la
cosa en la producción del daño.1

Legitimación Pasiva - Sujetos responsables.


¿Quiénes deben resarcir el daño causado por las cosas? Conforme al Art. 1758 el dueño y el guardián
deben responder.

Dueño.
El dueño es el titular del derecho real de dominio perfecto sobre la cosa cuya intervención activa
produjo el daño. No se trata de una obligación de las llamadas propter rem. Poco importa que sea una
persona física o jurídica, y en este último caso de derecho público o privado.
1. Inmuebles: debe ser considerado dueño, a los fines de responder frente a la víctima por los daños
causados por la cosa, quien figure inscripto como titular registral. El titular registral debe responder
frente a la víctima si es que no ha realizado la enajenación a través de la inscripción pública ya que
esto es inoponible al damnificado (ej.: se ha enajenado el bien a un tercero, en virtud de escritura
pública no inscripta), sin perjuicio de que los adquirentes de derechos sobre el inmueble puedan ser
considerados guardianes de la cosa y ver comprometida su responsabilidad.
2. Cosas muebles registrables y no registrables:
a. Registrables: la situación es asimilable a la del titular de un inmueble.
b. No registrable: es dable presumir la titularidad del dominio de quien tiene la posesión de la
cosa, salvo que fuera robada o perdida.
3. Condominio: por aplicación de los principios analizados, la obligación de resarcir el daño se extiende a
todos los condóminos. Estos responden concurrentemente frente al damnificado, sin perjuicio de las
acciones que puedan ulteriormente corresponder entre ellos.
4. Carga de la prueba: la prueba de la calidad de dueño al momento de producirse el daño incumbe a
quien la alega.

Guardián.
Según el art. 1758 se considera guardián a quien ejerce, por sí o por terceros, el uso, la dirección y el
control de la cosa, o quien obtiene un provecho de ella.
Entonces, por un lado, quien tiene el poder de mando sobre la cosa, tiene el deber de cuidarla. Y por
otro lado, quien obtiene provecho de una cosa es quien tiene la posibilidad de servirse de ella para su uso, o

1
*una cosa es viciosa cuando presenta un defecto de fabricación, de funcionamiento, de conservación o de
información, que la tornan inapta para la función que debe cumplir de acuerdo a su naturaleza*

3
emplear útilmente, logrando cualquier tipo de utilidad, que no necesariamente debe ser económica. Servirse
de una cosa es tener la posibilidad de obtener provecho de ella. De modo que puede haber más de un
guardián. Ej. En el depósito gratuito, el depositario tiene un poder autónomo de vigilancia, gobierno y control
de la cosa, aunque no pueda servirse de ella, de modo que sobre él pesa el deber de cuidarla, pero también
está el depositante, que se sirve de la cosa, ya que tiene la posibilidad de usarla y aprovecharla libremente
cuando lo desee. Acá hay dos guardianes.
Aplicaciones del concepto “guardián”:
● El propietario: el propietario de la cosa o titular del dominio perfecto es su guardián y pesa
sobre él una presunción iuris tantum en tal sentido. La prueba de la guarda debe resolverse en
dos términos:
○ Cuando quien tiene la guarda de la cosa es el titular del dominio perfecto, le bastará a
la víctima con acreditar este extremo, siendo aplicable la presunción iuris tantum. Es el
propietario quien debe demostrar que dejó de ser guardián antes de la producción del
hecho (aunque sigue siendo responsable como dueño).
○ Cuando la guarda se hubiere desplazado hacia una persona diferente del titular del
dominio perfecto (guardia natural de la cosa), corresponderá al damnificado demostrar
que es el demandado quien la tenía a su cuidado. La simple tenencia material de la
cosa que generó el daño puede tener virtualidad para presumir.
● El locatario: el locatario asume la condición de guardián por ser quien se sirve de manera
inmediata de la cosa, cuya tenencia ejerce utilizándola en su provecho.
● El comodatario: es guardián porque ejerce la tenencia de la cosa, se sirve de ella y la tiene a
su cuidado. - Depósito. Garaje. Playa de estacionamiento: el depositario que ha asumido el
cuidado de la cosa es guardián de la misma. Ahora, ¿quién es el guardián de un vehículo que
se deja en una playa de estacionamiento con las llaves puestas, para facilitar el movimiento
del mismo? Ej. Juan ha alquilado a la firma Hertz un auto para recorrer el centro del país, en
Córdoba, deja su auto estacionado en un garaje y le deja las llaves para facilitar al personal el
movimiento de los vehículos en el interior del estacionamiento. Luego, al ser el auto
desplazado, causa daños a otro auto o a un tercero. ¿Quién responde? Se trata de una guarda
compartida, ya que corresponde responsabilidad al depositario, ya que éste tenía el poder
autónomo de control y vigilancia; Juan, ya que tenía la posibilidad de servirse del auto cuando
quisiera, sacándolo de la playa cuando deseara; y el propietario, que es Hertz.
● Depósito. Garaje. Playa de estacionamiento: la doctrina y jurisprudencia pacíficamente
admiten que el depositario que ha asumido el cuidado de la cosa es, evidentemente, guardián
de la misma. El depositario, sea a título oneroso o gratuito, es guardián del bien depositado
porque tiene sobre este un poder de gobierno, control y vigilancia (ej.: playa de
estacionamiento donde se deja llaves al garajista para producir pequeños desplazamientos). El
depositante sigue teniendo la posibilidad de utilizarla provechosamente, ya que esto no
desaparece por el hecho de haber dejado la custodia en poder de un tercero.
● El usufructuario y el nudo propietario: por tener la facultad de servirse de la cosa y el poder
de gobierno sobre ella.
● El transportador de cosas sujetas a su cuidado.
● El acreedor que ejercita derecho de retención: también se incluye el acreedor prendario. Etc.

Pluralidad de guardianes.
4
Hay pluralidad de guardianes cuando dos o más personas se sirven en común de la cosa o la tienen a
su cuidado. En este supuesto, todos los sujetos asumen la calidad de guardianes. La guarda compartida
puede darse de dos maneras:
● Cuando hay dos o más guardianes que de manera compartida y en conjunto se sirven de la
cosa y la tienen bajo su cuidado. Ej. Un condominio.
● Cuando uno de los sujetos es quien se sirve de la cosa, y otro, que no puede servirse de ella,
tiene el poder autónomo de control y vigilancia. Ej. El depósito.
La responsabilidad entre los guardianes es concurrente.
La prueba de la calidad de guardián al momento de producirse el daño incumbe a quien la alega.

Carácter de la responsabilidad del dueño y del guardián.


El CCyC consolida el carácter concurrente de la responsabilidad del dueño y del guardián del daño
causado por las cosas. La solución adoptada es insuficiente por los siguientes motivos:
1. La solidaridad protege mejor al damnificado por el hecho de la cosa.
2. No se da uno de los presupuestos básicos de la concurrencia: la existencia de causas diversas
de cada una de dichas obligaciones. La causa de la obligación entre guardián y dueño es la
misma: el daño causado por el hecho de la cosa y la vinculación que uno y otro tienen sobre la
misma.
3. Contrasta con la solución que consagra el art. 40 de la ley 24240 para daños causados por el
riesgo o vicio de productos defectuosos, donde establece la regla de la solidaridad con relación
a todos los legitimados pasivos.

Falta de discernimiento del dueño o guardián. Opinión de Pizarro.


Tratándose del dueño, tenga o no la guarda de la cosa, la falta de discernimiento es irrelevante para
impedir que se configure la responsabilidad que surge del CCyC. Es una solución razonable, que guarda
armonía con el fundamento objetivo que tiene la obligación de resarcir los daños causados por el riesgo o
vicio de la cosa.
Con relación al guardián, la cuestión es más delicada. Será menester previamente determinar si el
sujeto carente de discernimiento es quien se sirve de la cosa. En tal supuesto, la aludida incapacidad no
impedirá que pueda ser considerado guardián de la cosa y alcanzado por la responsabilidad por riesgo
creado. En cambio, si la persona carente de discernimiento no fuera quien se sirve de la cosa y solamente
tuviera de hecho la cosa bajo su poder, la situación no podría ser calificada de guarda, atento a ser menester,
en este supuesto, un mínimo de voluntariedad.

Fundamento.
¿Cuál es el fundamento que determina la obligación de indemnizar, por parte del dueño o guardián,
cuando el daño se hubiere producido por el riesgo o vicio de la cosa? El nuevo CCyC emplaza la
responsabilidad en el terreno de la responsabilidad objetiva. El fundamento de esa responsabilidad es el
riesgo creado en todos los casos.

Carga de la prueba.
Pesa sobre el actor que reclama el resarcimiento de los daños sufridos. Ello surge de los arts. 1734 y
1736 del CCyC. Acreditada la intervención activa de la cosa y su conexión causal con el daño, es dable

5
presumir, hasta que se pruebe lo contrario, que el detrimento se ha generado por el riesgo o vicio de la cosa.
De tal modo incumbirá al dueño o guardián demostrar lo contrario a través del rompimiento del nexo causal,
no bastando la prueba de no culpa.

Eximentes.
Causa ajena.
Tratándose de daños causados por un factor de atribución objetivo, que es el riesgo creado, las
eximentes generales son la causa ajena, es decir: el hecho del damnificado; el hecho de un tercero y el caso
fortuito o fuerza mayor.

El uso de la cosa contra la voluntad expresa o presunta del dueño o


guardián.
Esta eximente fue introducida en el código de Vélez por la ley 17.711, que introdujo un último párrafo
en el art. 1113 que decía: “el dueño y el guardián no responden si prueban que la cosa fue usada en contra
de su voluntad expresa o presunta.” Esta eximente se mantiene en el CCYC en su art. 1758.
Esta norma debe ser interpretada de forma restrictiva, de lo contrario se diluye la protección que la ley
ha querido brindar a la víctima. Se entiende que es una eximente del daño por las cosas, y no se aplica a las
actividades riesgosas.
¿Cuándo una cosa es utilizada contra la voluntad expresa o presunta del dueño o guardián?
● Una primera posición, demasiado rígida, sostiene que sólo se produce cuando mediare
desapoderamiento, fruto de una acción violenta e irresistible, como un robo.
● Otra postura, demasiado flexible, entiende que se debe liberar de responsabilidad toda vez
que justifique que la utilización de la cosa ha sido hecho contra su voluntad expresa o tácita.
● Finalmente, la opinión de Pizarro, consiste en que es necesario distinguir dos supuestos que no
pueden tratar de igual forma:
○ Aquellos casos en los cuales el dueño o guardián ha sido privado de la cosa contra su
voluntad por el obrar de un tercero (robo, hurto, apropiación indebida, etc.). En este
caso, la eximente se configura y aquel queda eximido de responsabilidad, siempre y
cuando aquella circunstancia no le sea imputable.
○ Cuando el dueño o guardián hubiere transmitido voluntariamente la cosa a un tercero.
En este caso debe presumirse que ha autorizado o consentido el uso de la cosa por
parte del tercero. No basta con que el agente lo haya utilizado sin autorización del
dueño o guardián, o en ausencia de éstos; sino que debe haber oposición expresa o
presunta, mientras ella no exista, se mantiene la responsabilidad.

Autorización administrativa y técnicas de prevención.


No son eximentes la autorización administrativa para el uso de la cosa o la realización de la actividad,
ni el cumplimiento de las técnicas de prevención. Art. 1757.
No son ‘causas ajenas’, sino que operan en el ámbito de la antijuridicidad. Son casos de actividades
lícitas pero dañosas y resarcibles. La autorización administrativa constituye un simple permiso que confiere la
facultad de usar la cosa, pero no confiere un derecho de dañar.
El cumplimiento de las técnicas de prevención tampoco constituye una eximente invocable.

6
Exclusiones específicas de responsabilidad por el hecho de las cosas.
El profesional liberal no responde por los riesgos de la cosa que utiliza, salvo que dicho riesgo
obedezca a un vicio de la misma. La limitación comprende únicamente la responsabilidad del profesional
liberal en cuanto dueño o guardián de la cosa por cuyo riesgo se causa un daño al paciente o cliente. Ej. Un
médico no responde por el riesgo propio de una operación, sino sólo por sus hechos propios, osea, falta de
diligencia, etc.

Principio in dubio pro victimae.


En esta materia rige este principio, que predica que ante la duda de la apreciación de los hechos o del
derecho aplicable, debe siempre preponderarse la tutela de la víctima. De modo que las eximentes deben ser
valoradas de manera restrictiva. Ante la duda se debe mantener la responsabilidad del dueño o guardián.

Responsabilidad por Actividades Riesgosas o


Peligrosas.
La responsabilidad por actividades riesgosas o peligrosas en
el código civil y comercial.
El CCYC regula de manera expresa la responsabilidad por actividades riesgosas, cerrando un largo
debate que se inició con el art. 1113 que introdujo la ley 17.711 (1968).
Es conveniente la forma en la que el nuevo código ha regulado la responsabilidad por actividades
riesgosas o peligrosas, ya que ha establecido una fórmula general en sus artículos. 1757 y 1758, de modo
que las regula de manera amplia y flexible; sin perjuicio de la conveniente regulación específica que puedan
tener determinadas actividades riesgosas, que por su relevancia y gravedad requieren de un tratamiento más
específico.
El CCYC se remite a ellas en los arts. 1757 y 1758.

Artículo 1757. Hecho de las cosas y actividades riesgosas.

Artículo 1758. Sujetos responsables. (...) En caso de actividad riesgosa o peligrosa responde quien la
realiza, se sirve u obtiene provecho de ella, por sí o por terceros, excepto lo dispuesto por la legislación
especial.

Concepto de actividades riesgosas o peligrosas.


Una actividad es riesgosa cuando por su propia naturaleza, es decir, por sus características propias,
ordinarias y normales, por los medios empleados o por las circunstancias de su realización, genera una
significativa probabilidad de riesgo o peligro para terceros, ponderable conforme a lo que regularmente
sucede según el curso normal y ordinario de las cosas.
La responsabilidad que dimana de las mismas es propia de ‘’un sistema de responsabilidad por
exposición al peligro’’, pues ‘’está ligada al ejercicio de una actividad peligrosa y no al deber de diligencia o de
prevención’’.
No es esencial que en la actividad riesgosa o peligrosa intervenga una cosa, activa o pasivamente
Se trata de actividades que por lo general son consentidas por su utilidad social. La responsabilidad
que deriva de las mismas está ligada a una actividad peligrosa, y no a un obrar diligente o preventivo. El
carácter riesgoso o peligroso de la actividad puede provenir:
7
● De la naturaleza de la actividad: son aquellas que conforme al curso normal y ordinario de las
cosas, resultan intrínsecamente peligrosas por sí mismas, cualesquiera sean las circunstancias
bajo las cuales se realizan. Ej. Explotación o transporte de energía nuclear, de gas,
electricidad, etc.
○ Jurisprudencia: La empresa empleadora es responsable de los daños sufridos por su
dependiente al ser asaltado y baleado, ya que la tarea de transportar dinero es riesgosa
(Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Corrientes, “Albertengo, Carlos A. c. La Flecha
S.A. y/u otros”, 16/08/2011, La Ley Online AR/JUR/45024/2011).
● Las actividades riesgosas por las circunstancias de su realización: son aquellas que, pese a
no revestir ordinariamente un peligro regular, por las modalidades de tiempo, modo y lugar, se
tornan especialmente peligrosas. Ej. El trabajo en la construcción o cuando se manipulan
cosas pesadas.
○ (Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, sala H • S., J. B. c. Espejar S. A. • 29/05/1997 • LA
LEY 1999-C LA LEY 1999-C , 722 DJ 1998-2 DJ 1998-2 , 200 • AR/JUR/3404/1997)
● Actividades riesgosas por los medios empleados: cuando una actividad es normalmente
inocua, pero adquiere tal peligrosidad relevante por la utilización o empleo que una persona
hace de mecanismos, instrumentos o sustancias que son peligrosas en sí mismos. Ej.: el
trabajo en la construcción o en obra, o la manipulación de cosas pesadas o de gran porte que
demanda esfuerzos significativos.

Para ser considerada una actividad riesgosa, es indispensable que la misma tenga una potencialidad
de dañosidad para terceros, es decir, que sea especial o particularmente riesgosa. No toda actividad es apta
para generar este tipo de responsabilidad, una actividad normalmente inocua, que se torna riesgosa por la
conducta de quien la ejerce, no entra en el estándar normativo que analizamos. De lo contrario, toda
actividad entraría en el supuesto de responsabilidad por actividades riesgosas. La actividad debe generar un
riesgo grave, relevante, perceptible, conforme a la causalidad adecuada.
La ponderación de esas circunstancias y su incidencia en la riesgosidad de la actividad debe realizarse
en abstracto. De modo que, dicha peligrosidad o riesgosidad debe ser determinada:
● Siguiendo un criterio cuantitativo o estadístico, concerniente a la peligrosidad de los diversos
tipos de actividades,
● Ponderando los propios estándares fijados por el legislador, esto ocurre:
○ Cuando la propia ley califica a la actividad como riesgosa. Ej. Ley 24.240.
○ Cuando se imponen deberes u obligaciones expresas de seguridad, que ponen en
evidencia, implícitamente, ese carácter riesgoso o peligroso. Ej. En derecho de
consumidor.
○ En aquellos casos en los cuales, a través del marco normativo que regula y reglamenta
la actividad, se determinan controles especiales, ej. En materia de producción,
distribución y comercialización de gas, electricidad, actividades mineras, etc.
○ O, finalmente, atendiendo razonablemente a las reglas de la experiencia.

De este modo, podemos evidenciar un régimen abierto, flexible y genérico, sin que ello obste a la
determinación y regulación normativa que en diferentes supuestos pueda realizarse de determinadas
actividades riesgosas.

8
No es necesario que en la actividad riesgosa intervenga una cosa, activa o pasivamente. Se entiende
por actividad, a la existencia de uno o más hechos humanos, aislados o combinados con otros elementos
mecánicos o inmateriales.

Actividades excluidas.

Artículo 1768. Profesionales liberales. La actividad del profesional liberal está sujeta a las reglas de
las obligaciones de hacer. La responsabilidad es subjetiva, excepto que se haya comprometido un resultado
concreto. Cuando la obligación de hacer se preste con cosas, la responsabilidad no está comprendida en la
Sección 7ª, de este Capítulo, excepto que causen un daño derivado de su vicio. La actividad del profesional
liberal no está comprendida en la responsabilidad por actividades riesgosas previstas en el artículo 1757.

Como regla, la misma es subjetiva, salvo cuando se haya comprometido un resultado concreto, en
cuyo caso está atrapada por un estándar objetivo de atribución. Es coherente con la obligación asumida (art.
1768) de medios y factor subjetivo. Tiene carácter personal y únicamente alcanza al profesional (ej.: el
cirujano no está alcanzado por el régimen previsto, pero no puede ampararse en esta situación de excepción
el centro médico o clínica donde trabaja y que obtiene provecho de su actividad).
El art. 1758 exceptúa su aplicación en los casos de ‘’exclusiones legales’’. Se refiere con ello a
regímenes especiales que amplían o reducen el elenco de legitimados pasivos. Tal lo que sucede, por
ejemplo, con la ley 23184 de espectáculos públicos deportivos, con la ley 24804 (art. 9) de actividad nuclear,
con la ley 24240 (art. 44), con la ley de protección del medio ambiente 25675, y con los dispuesto por el art.
1762 del CCyC con respecto a la actividad riesgosa de un grupo.

Legitimación Pasiva - Sujetos responsables.


Conforme lo dispone el art. 1758 responde quien realiza, se sirve u obtiene provecho de la actividad
riesgosa o peligrosa, por sí o por terceros, excepto lo dispuesto por la legislación especial. La norma designa
a distintos posibles legitimados pasivos, quienes deben responder de manera concurrente frente al
damnificado.
1. Quien realiza la actividad riesgosa: es quien de manera autónoma la lleva a cabo o ejecuta por sí o por
terceros. Poco importa que actúe en interés propio o ajeno, o que obtenga un beneficio de su accionar.
2. Quien se sirve de la actividad riesgosa o peligrosa: es quien, sin realizarla materialmente, utiliza en
beneficio propio la acción del tercero ejecutor de la misma. Ej. En las delegaciones, subcontrataciones,
etc.
3. Quien obtiene provecho de la actividad riesgosa o peligrosa: es quién se beneficia con la misma,
satisfaciendo un interés patrimonial o extrapatrimonial. El mero provecho, en principio, es insuficiente
por sí solo para generar responsabilidad, es preciso además, que el agente tenga alguna posibilidad
de dirección o control de la actividad riesgosa.

A menudo quien realiza la actividad riesgosa es quien se sirve u obtiene un provecho de ella. Pero
puede ello no ser así y aparecer ambas calidades disociadas. En tal caso, ambos responden.
Si bien la responsabilidad por actividades riesgosas tiene como paradigma la figura de la actividad
empresarial riesgosa (riesgo de empresa), ello no es una condición o exigencia indispensable para que
configure el presupuesto de hecho que nos ocupa. La razón es simple: la ley no distingue entre quien ejerce

9
una actividad empresarial riesgosa o peligrosa y un privado que organiza una actividad de similares
características, sin fines de lucro.
Por tratarse de una responsabilidad objetiva, es intrascendente que el legitimado pasivo sea o no
persona capaz.

Eximentes.
Las eximentes generales, son las propias de un sistema de responsabilidad objetiva, es decir, la causa
ajena: hecho de la víctima; hecho de un tercero extraño; caso fortuito o fuerza mayor.
● El uso de la cosa contra la voluntad expresa o presunta del dueño o guardián sólo es una
eximente de la responsabilidad por el hecho de las cosas. No rige en materia de
responsabilidad por actividades riesgosas.
● Acreditado que el daño fue causado en el curso de una actividad riesgosa, y que guarda
relación causal adecuada con la misma, la causa desconocida no exime.
● Siendo la responsabilidad de naturaleza objetiva, no configura una eximente la prueba de
haber ajustado su conducta a las reglas de diligencia que imponía la actividad, ni la
acreditación del cumplimiento de técnicas de prevención.

Supuestos específicos de responsabilidad por actividades


riesgosas.
● La responsabilidad por servicios defectuosamente prestados. (Art. 40 Ley 24.240).
● La responsabilidad por contaminación ambiental. (ley general del ambiente 25.675).
● La responsabilidad del organizador de espectáculos públicos deportivos. (Art. 33 Ley 23.184) d. La
responsabilidad del titular de establecimientos educativos (Art. 1767 CCYC).
● La responsabilidad de los medios masivos de comunicación por noticias e información inexacta. f. La
responsabilidad en el transporte de personas. (Arts. 1286, 1289 inc. c, 1291…)

Responsabilidad por los animales.


Artículo 1759. Daño causado por animales. El daño causado por animales, cualquiera sea su especie,
queda comprendido en el artículo 1757.

La norma está inspirada en el Proyecto de 1998 en su art. 1670. En consecuencia:


1. La responsabilidad del dueño y del guardián de un animal queda atrapada por el estándar de
responsabilidad objetiva que prevé el art. 1757 para los daños causados por el riesgo o vicio
de la cosa y, en ámbitos específicos, por actividades riesgosas o peligrosas.
2. Resulta también aplicable lo dispuesto por el art. 1758, que determina los legitimados pasivos
y recepta la eximente basada en el uso de la cosa contra la voluntad expresa o presunta del
dueño o guardián.
3. El sindicado como responsable se libera probando la causa ajena.

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