I.E.S.
Antonio Fraguas Literatura Universal 2 º
BACH
ESTUDIO DE HAMLET, DE WILLIAM SHAKESPEARE
Profesor Andrés Romarís Pais
0. Introducción:
La trágica historia de Hamlet, príncipe de Dinamarca (1601) pertenece a la etapa de
las grandes tragedias de Shakesperare. Si Romeo y Julieta (1594) fue la primera, a
Hamlet le siguen Otelo, el moro de Venecia (1604) –la tragedia de los celos, en que el
protagonista mata a su joven esposa instigado por un astuto y envidioso embaucador-,
El Rey Lear (1605) –la tragedia del abandono y del castigo por el orgullo-, y Macbeth
(1606) –tragedia de la ambición y del horror por el propio remordimiento-.
Se considera que Hamlet es la mejor tragedia de Shakespeare –además de la más
extensa y compleja- y también una de las mejores del teatro europeo de todos los
tiempos. Fue compuesta entre 1599 y 1601, y de ella se conservan dos primeras
ediciones publicadas en vida de su autor (si bien no se deben a su iniciativa); la
primera, de 1603, es una versión incompleta y deficiente, mientras que la segunda, de
1604, es más fiable, pues se supone que fue impresa a partir de un manuscrito de
Shakespeare. En estas ediciones no se diferencian ni actos ni en escenas, pues en la
representación de la época no se consideraba tal división. Hay una tercera edición de
1623 en que sí ya aparece parcialmente tal división y que, además, presenta algunas
escenas nuevas, ausentes en la de 1604. Las ediciones modernas de la obra se suelen
basar en estas dos últimas ediciones.
1. Asunto y tema:
El asunto de Hamlet no es estrictamente original. En su origen es una leyenda
medieval de la historia de Dinamarca, pero según la crítica Shakespeare también se
pudo inspirar en una obra de título y asunto semejante –tal vez escrita por su coetáneo
Thomas Kyd (1558-1594)- que ya se venía representando en los teatros de la época
isabelina. En cualquier caso, Shakespeare le va a dar un tratamiento peculiar y original
al asunto y de ahí el éxito de su obra.
El tema básico y general de Hamlet es el de la venganza. Es el sentimiento obsesivo
que mueve al personaje protagonista en contra de su tío y usurpador del reino, Claudio,
causante de la muerte traicionera de su padre. La venganza también es el núcleo
temático de la acción secundaria de la que es protagonista Laertes, quien también
pretende vengar a su padre, Polonio, al que Hamlet dio muerte fortuitamente.
Hay un segundo tema que también se trata a partir del personaje protagonista: la
duda metódica y existencial. A Hamlet siempre lo vemos meditando y en perpetua
lucha interior, atormentado por sus dudas y vacilaciones, y demorando siempre su
propósito de venganza. Así lo reconoce en su monólogo al final del Acto II a la vez que
se recrimina a sí mismo su cobardía e incapacidad para la acción. Atribulado e inmerso
en su constante duda, Hamlet despliega en sus reflexiones y razonamientos una visión
pesimista de la vida. El mundo es un caos sin orden ni sentido, dominado por las
pasiones y los engaños; los hombres son “pobres juguetes de la naturaleza”,
arrastrados por fuerzas que los desbordan; el tiempo lo destruye todo a su paso… La
muerte se podría considerar, pues, como una posible liberación de la miserable vida,
pero Hamlet también duda ante la incerteza del más allá. Así se plantea en el famoso
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monólogo que comienza con la disyuntiva “ser o no ser”: Hamlet analiza por qué no
ponemos fin a la vida cuando esta nos resulta insufrible, y concluye que el miedo a lo
desconocido nos frena en este propósito. Esta conclusión le permite establecer una
generalización que lo define a él mismo y que además explica su conducta: la
conciencia hace de nosotros unos cobardes. Otro ejemplo de la visión pesimista del
protagonista la encontramos en el último acto, en su reflexión ante las sepulturas
abiertas.
Un tercer tema es la locura. En principio, es la estratagema elegida por Hamlet para
facilitar sus planes de venganza como le sugiere a los soldados de guardia y a su
amigo Horacio al final del acto I; pero, además, su locura, fingida o real (cosa que
nunca queda claro en el desarrollo de la obra), es el cauce que da rienda suelta a sus
reflexiones más amargas y desengañadas. Así, Hamlet se sirve de su locura para
expresar pensamientos que cuerdo no podría decir, para amenazar veladamente, para
indagar en la verdad, pero también para expresar su visión pesimista de la vida. El
tema de la locura también se desarrolla a partir del personaje de Ofelia, perturbada por
la muerte de su padre y por no ser correspondida por Hamlet.
Como en toda tragedia, en Hamlet están presentes los temas de la fatalidad y el
destino. En el acto I el propio protagonista dice “el destino me llama a voces”; y
efectivamente, en la obra se van encadenando a partir del acto III una serie de fortuitas
fatalidades que reserva el destino a sus trágicos personajes: así, la muerte de Polonio
escondido tras el tapiz al que Hamlet apuñala pensando que es el rey; la muerte por
ahogamiento de Ofelia; la muerte de Laertes herido con su propia espada envenenada;
la muerte de Gertrudis al beber el vino envenenado…
Hay otros temas que podemos considerar secundarios, pero que se entrelazan con el
principal: el amor, el que siente Ofelia por Hamlet y que la arrastra a la locura y a la
muerte, a causa de la indecisión o ambigüedad en los sentimientos de este, pero
también al ser disuadida por su padre de la imposibilidad de tal amor; también el amor
filial, el de Hamlet por su madre pero al mismo tiempo entremezclado por el rencor por
haberse casado sin aguardar el luto debido a su padre; la ambición de poder que
encarna el personaje de Claudio y que le lleva a asesinar a su hermano y, luego,
mandar matar a Hamlet al ver que su crimen se puede hacer público; o el terma de la
amistad presente en la relación entre Horacio y Hamlet, de la que es una buena
muestra el final del último acto, en el que el primero se muestra dispuesto a beber el
resto del veneno para morir con su amigo, si bien Hamlet le ruega que viva para contar
la verdad y dejar limpio su nombre.
No hay que olvidar, por último, el tema literario con la introducción en los actos II y
III de la compañía teatral que llega a palacio. El recurso del “teatro dentro del teatro” en
esta obra tiene una triple función. Por un lado cumple una función dramática pues es el
recurso que le permite a Hamlet confirmar sus sospechas sobre la autoría del asesinato
de su padre. En segundo lugar, le sirve a Shakespeare para introducir la idea –en
relación con el pensamiento del propio Hamlet- de que realidad y apariencia se
confunden, de que en el arte está la verdad, mientras que la vida es engañosa, o
incluso de que todo en esta vida es pura representación. En tercer y último lugar, con la
inclusión de este motivo Shakespeare hace metaliteratura; es decir, reflexiona sobre el
teatro de la época: la vida de los comediantes, la composición de la obra dramática y el
arte de la representación. Para Shakespeare, la obra teatral ha de sustentarse en el
principio de la naturalidad y del equilibrio, de tal forma que haya una adecuación entre
discurso y acción, y viceversa, principio artístico acorde con el clasicismo renacentista.
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2. Estructura:
En cuanto a su estructura externa, las ediciones actuales de Hamlet aparecen
divididas en cinco actos y estos, a su vez, en escenas. Sin embargo en las tres
primeras ediciones del siglo XVII no consta tal división, si bien tal división en actos se
puede fácilmente deducir de su estructura interna, a partir del desarrollo y pautas de la
tensión dramática.
Así, los actos I, III y V son partes de especial tensión dramática y progresión en la
acción, mientras que los actos II y IV serían tramos de distensión dramática. Esta
estructura interna se corresponde en cierta manera con el carácter de su protagonista,
el joven Hamlet, quien por momentos se exalta y decide actuar, para luego caer en
estados de profunda reflexión y duda. La mecánica de Skakespeare para el desarrollo
interno de la acción es la siguiente: primero, el impulso de Hamlet en ejecutar su
venganza que se intensifica en determinados momentos ante una determinada
circunstancia externa; pero, luego, al impulso inicial sucede inmediatamente una fase
de reflexión por parte del protagonista (como la famosa escena del “ser o no ser”); y de
la reflexión deriva su “duda” que lo atenaza e impide actuar en su proyecto inicial de
venganza; de ahí que en un momento del acto III exclame: “La conciencia hace de
nosotros unos cobardes”. Así, su propósito de venganza se demora una y otra vez, y
sobre este proceso articula Shakespeare la intriga de la obra, manteniendo en continua
tensión al espectador.
El acto I corresponde al planteamiento. En él se plantean los conflictos
fundamentales que se irán desarrollando e interrelacionando a lo largo de la obra: los
malos augurios que anuncia la aparición de la sombra; el conflicto con Noruega
(desencadenado por Fortinbrás, hijo del anterior rey y sobrino del actual, que reúne
tropas para recuperar territorios perdidos por su padre); el reciente matrimonio de la
reina (con el que Hamlet se muestra en desacuerdo por celebrarse todavía en el
periodo de luto por su padre); la relación amorosa entre Hamlet y Ofelia; y la aparición
de la sombra… Esta última es el elemento más importante del acto; empieza con las
referencias que a ella hacen los soldados de guardia y Shakespeare nos mantiene en
tensión sobre su identidad real y sus pretensiones hasta que la sombra se las revela
sólo a Hamlet. Es entonces cuando Shakespeare da entrada al tema base de la
tragedia: el deseo de venganza del joven príncipe.
El acto II supone una distensión en la acción dramática. Todo él gira en torno a la
locura de Hamlet, locura que supuestamente finge para llevar a cabo su plan de
venganza. Para Polonio su causa está en el rechazo de Ofelia, su hija, a quien
aconseja y hace ver la imposibilidad de tal relación; precisamente ante Ofelia va a
escenificar Hamlet por primera vez su locura. Para la reina Gertrudis, madre de Hamlet,
la causa es el dolor por la muerte de su padre y el disgusto por su inmediato
matrimonio. Por último el rey Claudio, su tío, piensa que puede haber otras razones. En
este acto se plantea la progresión que va a sufrir la acción a partir de ahora: el rey
pretenderá averiguar la razón oculta de la locura de Hamlet, mientras este decide
confirmar la culpabilidad de aquel en la muerte de su padre.
El acto III corresponde al nudo de la obra. Es otro tramo de tensión dramática con
tres momentos culminantes: la confirmación de la culpabilidad de Claudio; el tenso
enfrentamiento de Hamlet con su madre; y la muerte de Polonio a manos de Hamlet,
una fatal jugada del destino pues si lo mata es porque supone que quién está oculto
tras el tapiz es Claudio. La obra que representan los comediantes, modificada en uno
de sus parlamentos por Hamlet, es fundamental en dos sentidos para la futura
progresión de la acción: por un lado, es el truco del que se vale Hamlet para confirmar
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que Claudio es el asesino de su padre; por otro, y al mismo tiempo, le sirve a Claudio
para saber que Hamlet está al tanto de su delito, que su locura es solo fingida, y por
ello ordena su marcha a Inglaterra para deshacerse de él.
El acto IV sirve de nuevo para atenuar la tensión dramática, a la vez que se plantean
las líneas futuras en la progresión del drama. Hamlet pasa a un segundo plano, a no
ser en las escenas que introduce Shakespeare para destacar la sincera amistad que le
profesa Horacio. Lo más relevante de este acto es la muerte de Ofelia y, sobre todo, la
aparición de Laertes para averiguar la causa de la muerte de su padre Polonio con la
intención de vengarla. Tras su diálogo con Claudio, este lo alecciona a enfrentarse con
Hamlet lo que desencadenará el trágico final en el siguiente acto.
El acto V es lógicamente el del desenlace. Comienza con las escenas en el
cementerio de baja tensión dramática, pero que ahondan en el alma del protagonista:
nos introducen en el escenario el diálogo de los sepultureros sobre el entierro de Ofelia;
luego la violenta escena de Laertes con Hamlet, en que éste deja patente el amor que
sentía por Ofelia. Tras el cementerio, de nuevo el escenario es en Elsinor, donde
Hamlet le relata a Horacio su viaje a Inglaterra y cómo el rey pretende asesinarle. El
desenlace propiamente dicho se demora hasta las últimas escenas del acto, como era
habitual en las tragedias de la época: en pocas escenas se suceden las muertes de
Laertes, Gertrudis, Claudio y la del propio Hamlet, y en casi todas tiene que ver la
fatalidad del destino. La trama secundaria que se apuntaba en los anteriores actos –el
paso por Dinamarca de las tropas de Fortinbrás para invadir Polonia- cobra ahora
relieve en el desenlace final, al acceder Fortinbrás al trono de Dinamarca, tal como
Hamlet, ya moribundo, deseaba.
3. Personajes:
Las tragedias de Shakespeare destacan, entre otras cosas, por su profundización en
la psicología de sus personajes. Muestra de ello es que casi todas sus creaciones se
consideran arquetipos o modelos de una determinada pasión: la ambición en Macbeth,
el amor en Romeo y Julieta, los celos en Otelo, la duda en Hamlet…
Vamos a centrarnos, pues, en la caracterización (esencialmente etopéyica) y en el
papel que desempeñan los personajes de Hamlet.
Hamlet, en primer lugar, representa el ideal renacentista de cortesano que se había
puesto de moda en Inglaterra: aparte de ser diestro en armas es un intelectual, que lee
y entiende de literatura, como reflejan sus parlamentos llenos de citas clásicas.
Además de inteligente, se nos presenta como un cortesano íntegro, enemigo de la
falsedad y la adulación, como nos muestra en sus diálogos llenos de ironía con los
aduladores Polonio, Rosenkrantz y Guildenstern (Ricardo y Guillermo, en algunas
traducciones al castellano).
Hay que destacar su carácter contemplativo, racional y reflexivo, lo que nos lleva a
su rasgo más destacable: su metódica duda. A lo largo de toda la obra lo vemos
atormentado por sus dudas y, consecuentemente, incapaz de tomar una decisión y
actuar de inmediato. Su indecisión es el centro de la obra y, por ello, una y otra vez
demora su propósito de venganza, primero al querer confirmar la veracidad de la
revelación de la Sombra, luego –cuando encuentra al rey Claudio postrado en actitud
de rezar- por pensar tal vez que se está arrepintiendo y que no es ético matarle en tal
momento.
La constante duda deriva en su personalidad trágica y existencial. Para empezar
es víctima de las circunstancias, al verse obligado a vengar la muerte de su padre. Su
visión negativa o existencial de la vida se subraya desde el primer acto; al descubrir
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que su padre ha sido asesinado, reflexiona y considera la vida dominada por la mentira,
la perfidia, la ambición… Todo su mundo se le viene abajo: pierde su fe en el ser
humano, incluso su amor por Ofelia pierde sentido, y a partir de ese momento su vida
se llena, en su metódica duda, de continuos interrogantes para los que no encuentra
respuesta. Por ello, para Hamlet matar a Claudio no solo es una cuestión de venganza,
sino también el único medio para restablecer el orden roto; a este respecto es
significativa la frase con la que finaliza el acto I: “¡El mundo está fuera de quicio! ¡Oh
suerte maldita! ¡Que haya nacido yo para ponerlo en orden!”. El monólogo o soliloquio
es el recurso del que se sirve Shakespeare para adentrarnos en los sentimientos,
reflexiones y dudas que atormentan a su protagonista.
Otro rasgo clave en la caracterización de este personaje protagonista es su locura.
Es una locura fingida para facilitarle su plan de venganza; de ella se sirve para indagar
la verdad, para ocultar sus verdaderas intenciones, para denunciar veladamente la
acción criminal del rey, para dar rienda suelta a su amarga y desengañada visión del
mundo, para decir verdades solo permitidas en un loco… Desde la perspectiva del
lector o espectador se llega, no obstante, a pensar si Hamlet no está realmente loco de
acuerdo con su idea de sentirse en un mundo sin sentido tras el asesinato de su padre.
Como resultado vemos a lo largo de la obra un personaje que unas veces se nos
muestra sumido en sus profundas reflexiones, otras escenas destacan por sus dislates
propios de un loco, en algunos momentos lo vemos desconfiado, irónico y agresivo
(como en la escena del Acto I en que habla por primera vez con su tío, el rey Claudio),
en otros se nos muestra totalmente cuerdo y racional, en ocasiones cruel como cuando
se enfrenta solo a su madre….
Hay un último aspecto en la personalidad de Hamlet, en la que ha incidido la crítica
psicoanalítica de la primera mitad del siglo XX siguiendo a Sigmund Freud. Este, en
concreto, lo pone como ejemplo de una de su tesis, el llamado “complejo de Edipo”.
El amor hacia su madre explicaría la continua demora en matar a su tío, en quien
inconscientemente se ve a sí mismo; no en vano Claudio ha matado a su padre y se ha
casado con su madre. Desde esta misma clave psicoanalítica se podría explicar, según
la crítica psicoanalítica, su rechazo de Ofelia a pesar de que la ame.
Claudio protagoniza al villano y antagonista de Hamlet. A diferencia de este, es un
hombre de acción que sabe tomar decisiones rápidas ante cualquier problema y
llevarlas a cabo. Claudio encarna la ambición; para conseguir el poder no ha dudado
en matar a su hermano y, para conservarlo, decide eliminar a Hamlet. Es una persona
calculadora, astuta y taimada: lo ha sido al asesinar a su hermano; lo es cuando duda
de la locura de Hamlet y planea vigilarlo para averiguar su verdad; lo es, cuando tras
fallar en su intento de que Hamlet muera en Inglaterra, se sirve de Laertes para
deshacerse de él; así se muestra, por último, cuando decide envenenar la espada de
Laertes y la copa para asegurarse de que Hamlet muera… En una determinada escena
del acto III parece sentir remordimientos por lo que ha hecho, se arrodilla y reza…, pero
es incapaz de arrepentirse por lo hecho. Su final es una fatalidad más del destino como
sucede varias veces en la obra: muere víctima del arma envenenada que tenía
preparada para Hamlet.
Gertrudis, la reina, viuda del rey y ahora recién casada con Claudio, su asesino, es
de personalidad débil, y se deja manejar fácilmente tanto por Claudio como por
Polonio, sin oponerse a sus planes. Sin embargo, no tiene nada que ver con el
asesinado de su primer marido, el padre de Hamlet, como lo manifiesta su Sombra o
Fantasma, a pesar de que la acuse de infidelidad y adulterio. Gertrudis actúa siempre
movida por el sentimiento y no por la razón. Ama a su hijo y se lamenta de su estado
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pensando que su extraña conducta se debe a que no aprueba que se haya casado con
Claudio sin haber guardado el debido periodo de luto por la muerte de su padre. Su
aparición culminante es en las escenas finales del acto III en su violenta conversación
con Hamlet, cuando este le reprocha cruelmente su apresurada boda con Claudio;
luego, cuando aparece de nuevo la Sombra y Hamlet habla con ella, Gerturdis no
puede verla por lo que deduce que su hijo está realmente loco. Su muerte en el último
acto es, de nuevo, una fatalidad del destino, al beber de la copa envenenada que
Claudio tenía reservada para Hamlet.
A Ofelia se la caracteriza por su delicadeza, ingenuidad, dulzura y lirismo. De las
víctimas de esta tragedia ella es la más inocente. Primero se somete a los deseos de
su padre (incluso entregándole las cartas que le ha escrito Hamlet) quien la convence
de que Hamlet, de quien está enamorada, sólo juega con ella, pues nunca se casará
por su condición social; luego se presta, también por orden de su padre, a encontrarse
con Hamlet mientras su padre y el rey Claudio observan la escena para certificar si la
locura del príncipe se debe a que ella se ha distanciado de él. Ofelia representa el amor
y pureza frente al odio y los intereses de los demás personajes de su entorno. Sin
embargo, y a diferencia de otros personajes femeninos de Shakespeare –por ejemplo
Julieta- no se rebela contra las imposiciones y no se deja llevar por su sentimiento.
Obligada por su padre a distanciarse de Hamlet, sintiéndose rechazada por este último,
y sumida en el dolor por la muerte de su padre… se explica su estado de locura final y
su fin. Según el relato de Gertrudis, quien informa de su muerte al final del acto IV, se
cayó al río desde un árbol mientras recogía flores para las guirnaldas con que se
adornaba, se queda pasivamente flotando en sus aguas, hasta que se va hundiendo río
abajo. Patético y, al mismo tiempo, poético final el de este personaje. En el relato de
Gertrudis no queda claro si se ha suicidado, pero el hecho de que luego, en las
escenas iniciales del acto final, los sepultureros se sorprendan de que reciba cristiana
sepultura y la sencillez misma de su funeral nos lo confirman.
Laertes es el personaje mundano, impulsivo y apasionado, todo lo contrario que el
protagonista Hamlet. Esto explica que su padre, Polonio, ordene vigilar lo que hace en
su estancia en París. Es una pieza clave en el engranaje de la tragedia tras la muerte
accidental de su padre a manos de Hamlet. Es el acto IV cuando aparece recién
llegado de Francia para vengar la muerte de su padre. Primero se enfrenta al rey
Claudio, pero este lo convence de que Hamlet es el culpable y lo instiga, mediante la
adulación, a darle muerte. Así se enfrenta a Hamlet cegado por el dolor y el odio, pero
en el duelo él mismo se convierte en una víctima más del fatal destino: lograr herirlo
con la espada (que previamente había envenenado Claudio), pero luego, en un
intercambio casual de espadas durante la pelea, él es a su vez herido mortalmente por
Hamlet con su propia espada envenenada.
Polonio es el cortesano principal de Elsinor y mano derecha de Claudio.
Supuestamente, Claudio ha conseguido ser rey, en gran parte, gracias a su
cooperación. Al principio se nos muestra como hombre sensato y juicioso, al aconsejar
a su hijo Laertes, a punto de partir hacia París, sobre cómo debe comportarse. Por el
contrario, en sus consejos a Ofelia para que rechace el amor de Hamlet se deja llevar
por las convenciones sociales sin tener en cuenta los sentimientos de su hija; además,
no tiene ningún reparo en usarla para que “salga al paso” de Hamlet para comprobar si
está loco a causa de su amor. A ojos del espectador se nos presenta como un
cortesano intrigante al acecho de todo lo que sucede: envía a alguien para espiar la
conducta de su hijo en París; junto con el rey espía la actitud de Hamlet en su
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encuentro con Ofelia; luego se esconde en el dormitorio de la reina Gertrudis para
espiar su conversación con Hamlet… No es de extrañar que Hamlet lo trate siempre
con desprecio, conociendo su actitud servil e intrigante al servicio del rey. El final de
Polonio es otra fatalidad más en esta tragedia: Hamlet lo acuchilla y mata mientras está
escondido tras los tapices en la habitación, pensando que es el cuerpo de Claudio.
Horacio representa la sensatez, la honradez y la firme amistad. Es el amigo de
Hamlet y su fiel confidente ya desde el Acto I, antes y después del encuentro del joven
príncipe con la Sombra o fantasma de su padre muerto. Estima profundamente a
Hamlet, intenta disuadirlo a la hora de enfrentarse este en duelo con Laertes, y al verlo
herido mortalmente muestra su deseo de morir con él. Hamlet lo disuade al plantearle
que él ha de ser en que testifique ante al mundo la verdad de lo ocurrido, la
culpabilidad de Claudio en el asesinato del rey, su padre.
La Sombra (o Fantasma, según otras traducciones) es, a pesar de sus breves
apariciones en la obra, un personaje muy importante. Como se sabe, es el espíritu del
rey Hamlet (el padre del príncipe de igual nombre) asesinado por su hermano Claudio.
Los críticos literarios consideran que el incorporar a su obra el elemento sobrenatural
del espíritu del rey muerto es un gran acierto de Shakesperare y una innovación
revolucionaria en el teatro. Ante su primera aparición al comienzo del acto I, “armado
con todas sus armas, con un manto real, yelmo en la cabeza y la visera alzada”, los
soldados de guardia y Horacio huyen despavoridos. Con ello Shakespeare crea una
atmósfera de misterio que predice sucesos sobrenaturales. Cuando luego se le vuelve
a aparecer a Hamlet al final del primer acto, este lo sigue hasta un lugar remoto
cercano al mar, desde el que se ve a lo lejos el palacio de Elsinor, y allí le hace la
revelación de su asesinato. Así pues, la Sombra es el personaje que plantea el conflicto
que se va a desarrollar desde ese momento: la venganza de su muerte por parte de
Hamlet. Este personaje sobrenatural solo vuelve a aparecer una vez más, en la
habitación de Gertrudis, en el acto III, cuando madre e hijo discuten. Sólo la ve Hamlet,
por lo que Gertrudis, al no poder verla ni oírla piensa que es sólo una visión de su hijo
producto de su enajenamiento mental. Hamlet se la describe “despidiendo una luz
pálida”, “con el mismo traje que se vestía”, y con un “aspecto y olor que bastarían para
conmover las piedras”.
En las reflexiones de Hamlet sobre la identidad de la sombra hay implicaciones de
índole religiosa, mezclándose consideraciones tanto de la religión católica como de la
protestante (recuérdese que la Reforma de Lutero acaece en la primera mitad del siglo
del siglo XVI). La Sombra le revela a su hijo, en el acto I, que viene del Purgatorio: “Yo
soy el alma de tu padre, destinada por cierto tiempo a vagar de noche y aprisionada en
fuego durante el día hasta que sus llamas purifique las culpas que cometí en el
mundo”. El catolicismo creía en estas apariciones provenientes del Purgatorio y que al
cumplir las almas su condena encontrarían el descanso eterno. Por el contrario, para la
religión luterana o protestante (la que se profesaba en la época en Inglaterra) las almas
de los muertos iban directamente o al cielo o al infierno; en consecuencia, se pensaba
que la aparición de espíritus eran demonios que se encarnaban en el físico de algún
conocido para causar daño, físico o espiritual, a los que se le apareciesen. Ello explica
la vacilación de Hamlet en el monólogo al final del Acto II, donde piensa en esta
posibilidad de acuerdo con la teología protestante: “La aparición que vi pudiera ser un
espíritu del infierno. Al demonio no le es difícil presentarse bajo la más agradable
forma; sí, y acaso, como él es tan poderoso sobre una imaginación perturbada,
valiéndose de mi propia debilidad y melancolía me engaña para perderme”. Es por esto
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por lo que decide buscar más pruebas sobre la culpabilidad de Claudio y demora el
momento de la venganza.
4 Aspectos dramáticos y formales:
En Hamlet (al igual que en el resto de sus obras) hay varios aspectos propios del
clasicismo del Renacimiento. Pero, al mismo tiempo, otros varios se explican a partir de
la estética del Barrroco, que, en general, rompe con las reglas establecidas por la
Preceptiva clásica a la hora de crear una obra dramática.
Al igual que las demás obras de Shakespeare, y al igual, también, que el teatro
isabelino, no se respetan las normas clásicas referentes a la unidad de tiempo, espacio
y acción. En cuanto al espacio, la mayoría de las escenas se desarrollan en el castillo
de Elsinor aunque en diversos lugares del mismo. Pero hay otras tres escenas que
acontecen en espacios exteriores: en el acto I el lugar cerca del mar y del castillo
donde la Sombra habla con Hamlet; “una llanura de Dinamarca”, en la que se produce
el encuentro entre Hamlet y un capitán del ejército de Fortinbrás en el acto IV; y el
“cementerio” del acto V. Dentro de un mismo acto se producen cambios de lugar de la
acción, cambios que facilita la ausencia de decorados propiamente dichos en el teatro
isabelino. El hecho de que en Hamlet haya relativamente pocos cambios del lugar de la
acción es que es una tragedia inactiva, acorde con su personaje protagonista que
también lo es.
No hay tampoco unidad de tiempo. El transcurso del tiempo de la acción es muy
impreciso, pues mientras algunas acciones se suceden con pasmosa rapidez, otros
personajes (como Laertes o el mismo Hamlet) hacen largos viajes que nos hace
presuponer un largo transcurso del tiempo. El tiempo discurre libremente de un acto a
otro: varios días entre el primero y el segundo o unas horas entre el segundo y el
tercero. Dentro de un mismo acto puede haber hiatos temporales bastante largos; así
en el cuarto tiene lugar el embarco de Hamlet para Inglaterra, el encuentro en alta mar
con el barco pirata y el regreso de Hamlet a Dinamarca. En realidad el transcurso del
tiempo no importa en esta tragedia, pues el propio protagonista lo ignora, en su estado
contemplativo e inactividad.
En cuanto a la unidad de acción, a lo largo de la obra vemos acciones secundarias
que se entremezclan con la principal y la complementan: así la relación amorosa de
Hamlet y Ofelia, o la protagonizada por Fontibrás.
Otra de las reglas clásicas que no respeta el teatro de Shakespeare es la inclusión
del tema cómico en la tragedia. A este respecto, en las compañías de la época había
actores especializados en el papel de clown, o bufón, tipo de personaje que introducía
parlamentos o actuaciones cómicas en la obra, y que se corresponde con el “gracioso”
del teatro del Siglo de Oro español. En Hamlet el papel de clown lo encarnan los
sepultureros que reflexionan con una cierta ironía y comicidad sobre temas graves
como oponiéndoles un espejo deformante, irónico. Pero el mismo Hamlet, en su fingida
locura, desempeña a veces tal rol introduciendo en la obra algunos parlamentos
cómicos e irónicos. El mismo papel lo vemos en algunas intervenciones de Polonio en
las escenas en las que dialoga con Hamlet.
Hamlet destaca por el cuidado estilo en los parlamentos de sus personajes. En sus
diálogos vemos variedad de tonos a la hora de expresar sus personajes sus
sentimientos, desde el intenso dramatismo en ciertas situaciones de odio o amargura,
hasta el tono reflexivo de otras muchas escenas, pasando por el tono irónico en otroas
muchas intervenciones del personaje protagonista.
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El lenguaje del personaje de Hamlet es, en alguna ocasión, concreto y directo, pero
casi siempre el estilo de sus parlamentos es erudito y retórico, lleno de barrocas
metáforas, ironías, proverbios, referencias cultas y mitologías, juegos de palabras,
dobles significados de palabras…; un ejemplo de esto último lo vemos en la escena del
acto III en la que dialoga con Ofelia, en el momento concreto que le aconseja -“Mira,
vete a un convento: ¿para qué te has de exponer a ser madre de hijos pecadores?”-,
pues la palabra “nunnery” empleada por Shakespeare tenía en la época el doble
sentido de “convento” y “burdel”. Su lenguaje es, pues, el propio de un intelectual,
profundo en sus reflexiones pero también mordaz e irónico.
También el lenguaje de los otros personajes se corresponde con su condición. En los
parlamentos de Claudio vemos también un lenguaje culto y rico en figuras retóricas.
Polonio se expresa de viejo consejero, pedante y adulador. El de los guardias de
palacio es un lenguaje más llano acorde con su nivel social. El de Ofelia es lírico y
delicado…
Santiago, 30 enero 2011
Andrés Romarís Pais
I.E.S Antonio Fraguas. Literatura Universal 2º Bach Estudio de Hamlet, pág. 9