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Platón: Metafísica y Epistemología

Este documento Tarata sobre platón, el filósofo, describe su vida y los problemas filosóficos que trató

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IES PARQUE LISBOA

Departamento de Filosofía

TEMA 2. PLATÓN: LA FILOSOFÍA COMO CAMINO A LA JUSTICIA

Platón (427 a. C.-347 a. C.), cuyo pensamiento es uno de los principales pilares de la
filosofía occidental, fue un filósofo griego discípulo de Sócrates y maestro de
Aristóteles. Está notablemente influenciado por un contexto sociopolítico en el que la
democracia está pasando por uno de sus momentos más bajos, tanto es así que en
este momento se condenó a Sócrates a muerte. Esto llevó a Platón a un enorme
descontento político que supuso el punto de partida para la búsqueda de un modelo de
Estado ideal para la organización social de la polis, y la crítica de una democracia
dirigida por un gobierno integrado por ciudadanos inexpertos y ambiciosos. En 387 a.
C. fundó la Academia de Atenas, a la que Aristóteles acudiría desde Estagira a
estudiar filosofía.

Obras más importantes: El Banquete, Fedro, Fedón, La República y Parménides.

1. EL PROBLEMA DE LA REALIDAD (METAFÍSICA)

Platón hace una distinción entre dos mundos: el mundo sensible y el mundo de
las Ideas. El filósofo desarrolla un planteamiento metafísico a partir de una separación
total entre ambas esferas de la realidad. La primera, el mundo sensible, es el terrenal
y material compuesto por los seres particulares y concretos, diversos, múltiples,
imperfectos y corruptibles, que son sólo una copia de las Ideas. Esto es, se trata de
un mundo aparente, ilusorio, menos real o auténtico. Frente a él, está el mundo de
las Ideas o auténticamente real, el mundo trascendente, el de las Ideas que existen de
forma independiente a sus realizaciones concretas. Las Ideas o formas (eidos) son la
esencia de las cosas, la verdadera realidad de las cosas y son únicas, eternas,
inmutables, perfectas e inteligibles. La Idea es lo que hace que una cosa sea lo que
es.

Esta cuestión es algo que ya estaba presente en el conceptualismo socrático, esto


es, la idea según la cual los conceptos a través de definiciones, encierran la esencia
de las cosas. Sócrates, a diferencia de Gorgias (sofista escéptico), confiaba totalmente
en el poder del lenguaje para describir la realidad, a través de definiciones universales
con las cuales captar la esencia de las cosas. Se trata de una idea que hereda Platón
y que desarrolla “colocando” la esencia de las cosas en otro plano, el trascendental.

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Así, el mundo real y verdadero es este mundo trascendental, el Mundo de las Ideas y
el mundo material y sensible es solo una copia.

La relación entre ambos mundos se explica con la teoría de la participación: los


seres concretos y materiales del mundo sensible sólo existen en tanto que
participan en diversos grados de perfección de la Idea con la que se
corresponden y, por ello, son múltiples y diversos siendo unos seres mejores copias
que otros de acuerdo a su mayor o menor grado de participación de la Idea.

Desde el lenguaje platónico diríamos que participan más o menos de la idea (perfecta)
de “casa”, “perro” o “ciudad”. Así, los seres sensibles no son más que la realización
de las Ideas en la materia imperfecta, tal y como se afirma en el mito del Demiurgo
(trata de explicar el origen del mundo sensible: el Demiurgo copia las ideas perfectas
en la materia informe caótica e imperfecta pero eterna). De este modo, Platón está
rescatando la tesis de Anaxágoras por la cual, se precisa de una inteligencia
ordenadora como explicación del origen del universo, (no de su creación desde la
nada), dadas las insuficiencias que habían demostrado las tesis materialistas.

El Mundo de las Ideas es, por lo tanto, el mundo real y perfecto. En él, todas las Ideas
se relacionan y coordinan, están jerarquizadas y organizadas racionalmente. La
jerarquía de las Ideas es la siguiente:

La idea de Bien (de Perfección) es el fundamento ontológico (fundamenta lo que


las cosas son) puesto que todas las Ideas participan plenamente de la idea de Bien

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porque esta idea hace posible que las Ideas existan y que sean perfectas y racionales.
Igualmente, el Bien hará que los seres sensibles sean más o menos perfectos según
el grado en que participen de su idea (cumpliendo así su finalidad: teleología). La idea
de Bien es también el fundamento epistemológico de la realidad (cómo llegamos a
conocer las cosas): las Ideas no son conocidas plenamente (su racionalidad y
perfección) hasta que no se conoce la idea de Bien. El conocimiento no es solo captar
definiciones o rasgos, sino captar la razón última de la verdad de las Ideas. Esa
razón última es el Bien porque otorga inteligibilidad (que podamos comprender) y valor
(que lo comprendido sea deseable). Ahora podemos entender mejor la idea del
Demiurgo: este no es sino un ente inteligente que ordena el mundo material y eterno,
conforme a esta estructura jerárquica que hemos descrito. Hemos atendido a la
configuración de la realidad platónica, pero queda pendiente la cuestión relativa al
conocimiento, la cual va a estar íntimamente conectada a su metafísica.

2. EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO (EPISTEMOLOGÍA)

Al igual que existe una duplicidad en su metafísica, Platón distinguirá, tal y como
señala en el mito de la caverna, dos modos fundamentales de conocer: la doxa
(opinión), el falso conocimiento que proviene de la percepción sensible de los seres
concretos o aparentes del mundo sensible; y la episteme (conocimiento, ciencia), el
verdadero conocimiento de las Ideas trascendentes e inteligibles, el conocimiento de la
verdadera realidad de las cosas que pertenece al Mundo de las Ideas y que se obtiene
a través de la razón.

La alegoría de la caverna es una de las más conocidas de Platón y se encuentra en


su obra La República (Libro VII). A través de este mito, Platón expone sus ideas sobre
el conocimiento, la verdad, la realidad y el proceso de la educación humana. Veamos
su contenido y cómo se relaciona con su teoría del conocimiento.

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Imagina a un grupo de personas que han vivido toda su vida encadenadas en el


interior de una cueva. Estas personas están atadas de tal manera que solo pueden
mirar hacia la pared del fondo de la caverna. Detrás de ellos, hay un fuego encendido,
y entre el fuego y los prisioneros, se mueve un grupo de personas que llevan objetos o
figuras. Estas personas y objetos proyectan sombras (mundo sensible, ignorancia) en
la pared de la cueva que los prisioneros pueden ver. Los prisioneros, al estar
encadenados y sin conocer nada más, toman las sombras como la única realidad.
Para ellos, las sombras son las cosas reales porque es lo único que han conocido. Si
uno de los prisioneros fuera liberado y se diera la vuelta, al principio sería cegado por
la luz del fuego. Si lograra salir de la cueva y ver el mundo exterior (mundo inteligible o
de las Ideas, conocimiento, luz), al principio sería deslumbrado por la luz del sol (idea
de Bien), pero con el tiempo se daría cuenta de que las sombras que veía en la cueva
eran solo imitaciones de los verdaderos objetos que existen fuera de ella. Al final, el
prisionero liberado comprendería que el sol es la fuente de todo lo que ve y es
responsable de la vida y el conocimiento. Si este prisionero regresara a la cueva para
intentar liberar a los otros prisioneros, probablemente no le creerían e incluso podrían
rechazar su intento de liberarlos.

Relación con la teoría del conocimiento:

Esta alegoría refleja la visión platónica sobre la naturaleza del conocimiento y la


realidad. Aquí están las principales conexiones:

1. El mundo sensible (las sombras en la caverna): las sombras que ven los
prisioneros representan el mundo sensible o el mundo de las apariencias, el
cual percibimos a través de los sentidos. Según Platón, este mundo es
imperfecto y engañoso porque solo nos muestra copias o imágenes de la
verdadera realidad. Por lo que el conocimiento que podemos obtener de él es

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también imperfecto, los pensamientos basados en este mundo de apariencias


serán meramente opiniones o creencias, (doxa) pero no sentencias científicas,
objetivas. (episteme).
2. El mundo inteligible (el mundo exterior de la caverna): el mundo exterior de
la caverna simboliza el mundo inteligible, el mundo de las Ideas o formas,
donde se encuentra la verdadera realidad. Para Platón, solo mediante el
razonamiento filosófico y el conocimiento se puede acceder a este mundo de
verdades universales e inmutables. Atendiendo a las ideas de este mundo es
como se consiguen elaborar pensamientos científicos (episteme).
3. El proceso del conocimiento: el ascenso del prisionero desde la oscuridad de
la cueva hacia la luz del sol es una metáfora del proceso de educación y
adquisición de conocimiento.
4. El Sol (la idea del Bien): el Sol en la alegoría representa la idea del Bien, que
es la idea más elevada en la jerarquía del conocimiento platónico. Así como el
Sol da luz y permite ver, la idea del Bien permite entender la verdad y la
realidad última.
5. La ignorancia y el rechazo de la verdad: los prisioneros que permanecen en
la cueva y se resisten a la liberación, representan a aquellos que prefieren la
comodidad de sus falsas creencias antes que enfrentarse a la difícil tarea de
buscar la verdad. Según Platón, la mayoría de las personas viven en un estado
de ignorancia, conformándose con las apariencias y rechazando el verdadero
conocimiento.

Así es como la alegoría de la caverna describe el viaje del alma desde la ignorancia
hasta el conocimiento y la iluminación. Según Platón, la verdadera sabiduría no se
encuentra en el mundo físico que percibimos con los sentidos, sino en el mundo de las
ideas o formas, que solo se puede alcanzar a través de la razón y la filosofía. Este
proceso de conocimiento es difícil, requiere esfuerzo, y no todos están dispuestos a
emprenderlo, pero es esencial para comprender la verdadera naturaleza de la
realidad.

Estas consideraciones epistemológicas se complementan con la teoría de la


reminiscencia platónica, según la cual conocer no es aprender lo que está fuera,
sino recordar las Ideas que están dentro de nosotros, que nuestra alma ya tenía
pero ha olvidado. Esto es posible porque el alma racional proviene del mundo de las
Ideas, pero cayó al mundo terrenal y quedó atrapada en el cuerpo y en todas las

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limitaciones que este impone (los deseos y las pasiones), olvidando así todo su
conocimiento. Esta cuestión es explicada por Platón en el Fedro a través del mito del
carro alado:

Platón propone un dualismo antropológico por el cual el ser humano estaría


compuesto por el cuerpo y el alma. El filósofo compara el alma humana con un
carro tirado por dos caballos alados y conducido por un auriga (el conductor: alma
racional). Cada uno de estos elementos representa una parte diferente del alma:

1. El auriga (alma racional): es la parte racional del alma, la que dirige y guía el
carro. Representa la razón y el intelecto, la capacidad del alma para discernir lo
correcto y lo verdadero. Su tarea es controlar y guiar a los dos caballos.
2. El caballo blanco (alma irascible): este caballo representa la parte noble y
virtuosa del alma, la que está orientada hacia lo elevado, lo bello y lo bueno. Es
obediente, de naturaleza tranquila y sigue las órdenes del auriga sin
resistencia. Simboliza la voluntad y el ánimo por hacer el bien, las emociones
que nos empujan hacia lo que es moralmente correcto.
3. El caballo negro (alma apetitiva): este caballo, por el contrario, representa las
pasiones descontroladas, los deseos y las tentaciones más bajas. Es indómito,
rebelde, desobediente y tiende a seguir sus impulsos sin tener en cuenta la
razón. Simboliza los instintos y deseos que nos empujan hacia el placer físico y
la satisfacción inmediata, muchas veces en conflicto con lo que es moralmente
correcto.

El mito ilustra la tensión interna constante en el alma humana. La razón (el auriga)
intenta guiar el carro hacia lo elevado y lo verdadero, pero debe luchar
constantemente con las fuerzas opuestas de los dos caballos. El caballo blanco
coopera con la razón y ayuda al auriga a guiar el carro hacia arriba, hacia el
mundo de las ideas y la sabiduría. Sin embargo, el caballo negro, impulsado por
deseos materiales y pasionales, tira en la dirección opuesta, hacia lo terrenal y lo
sensorial, alejando al alma de la virtud.

El mito sugiere que, a través de la filosofía el alma puede recordar su origen divino
y volver a elevarse hacia el mundo de las Ideas. Para que esto ocurra, la razón (el
auriga) debe ejercer su control sobre las pasiones descontroladas (el caballo
negro) y guiar al alma hacia lo verdadero y lo bueno. Este proceso es el que Platón
llama anamnesis, o el "recuerdo" de las verdades universales que el alma conoció
antes de caer en el mundo físico.

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Según Platón, el filósofo debe usar la mayéutica para ayudar a recordar a otros, un
método por el cual se hace reflexionar racionalmente al interlocutor a través de
preguntas, obligándole a recordar las Ideas que su alma ya conocía pero que ha
olvidado (comprobamos aquí la influencia que ejerció Sócrates en él). El diálogo
vuelve a ser para Platón el método preferido para alumbrar las verdades en el alumno.
Éste último debe participar de un sincero viaje de autoconocimiento para comprender
las verdades que su alma contiene y poder alcanzar el conocimiento de la idea de
Bien, momento en que el conocimiento de las Ideas es perfecto. Este viaje lo explica
Platón a través del concepto de dialéctica, el proceso educativo que pasa por cuatro
grados del conocimiento, siguiendo el símil de la línea, hasta llegar al conocimiento
verdadero.

Símil de la línea:

Comienza con la doxa, que se divide a su vez en, eikasia (imaginación) es el


conocimiento de las imágenes de los objetos sensibles, y la pistis (creencia) supone el
conocimiento por percepción de objetos sensibles, cosas. A continuación, está la
episteme, que a su vez se divide en la dianoia (razón discursiva, pensamiento),
conocimiento por razonamiento, como en las matemáticas. Y, por último, el grado
máximo, la noesis (intelección, acción del intelecto o inteligencia) que supone la
intuición intelectual y pura de las Ideas hasta llegar a la idea de Bien. Al llegar a la
intelección, se completa la dialéctica y el conocimiento es total.

3. EL PROBLEMA DEL SER HUMANO (ANTROPOLOGÍA)

Platón defenderá un dualismo antropológico: alma y cuerpo son dos sustancias


distintas y forman una unión accidental. Ambas están en continua lucha pues el alma
pertenece al mundo de las Ideas siendo inmortal y espiritual, mientras que el cuerpo
es propio del mundo sensible siendo material y mortal. Ya vimos que el cuerpo es

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una cárcel para el alma, la cual va a tener tres partes que en el mito del carro alado
se representaban como el auriga y los dos caballos que tiran del carro que caerá al
mundo sensible:

- El alma racional, esencial y propia de lo humano, que posibilita el


conocimiento racional, debe gobernar el desarrollo de las otras dos, es inmortal
y se sitúa en la cabeza (el auriga). Es la que nos permite llegar a conocer las
Ideas.
- El alma irascible, proporciona la capacidad del esfuerzo, la voluntad y el vigor,
es mortal y se localiza en el pecho (el caballo blanco).
- El alma concupiscible/ apetitiva, ofrece la capacidad del deseo y las
pasiones, y también es mortal, está situada en el vientre (el caballo negro).

El mito del carro alado ilustra cómo estas tres partes interactúan en el alma. La
razón debe gobernar y controlar las emociones y deseos, para que el alma pueda
elevarse hacia el conocimiento y la virtud.

El alma humana transmigra de cuerpo en cuerpo hasta que consigue purificarse para
acceder de nuevo al Mundo de las Ideas. Platón presenta varias argumentaciones
para defender la inmortalidad del alma. Destacan la basada en la reminiscencia,
pues solo podemos conocer el mundo de las Ideas por la preexistencia del alma, lo
que demuestra que el alma puede existir sin el cuerpo; y la de la simplicidad, el alma
es simple, pues no es material, y por lo tanto no puede descomponerse y morir.

4. EL PROBLEMA DE LA MORAL (O DE LA ÉTICA)

La antropología de Platón, que estudia la naturaleza del ser humano, está


profundamente conectada con su ética, es decir, su concepción sobre cómo los seres
humanos deben vivir para alcanzar la virtud y la felicidad. Ambas se articulan en torno
a la estructura del alma humana (antropología) y su relación con el conocimiento

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(epistemología) y la virtud (ética). En concreto, hablamos de la virtud como armonía


del alma.

La virtud se fundamenta en el desarrollo del bien propio del hombre, su esencia


racional, y por lo tanto, es universal. A partir de la división tripartita del alma, Platón
distingue tres virtudes:

- La prudencia/ sabiduría: se consigue con el desarrollo del alma racional al


hacer un uso comedido de las acciones.
- La valentía/ valor/ fortaleza: se realiza con el desarrollo prudente del alma
irascible, tiene que ver con ser virtuoso.
- La templanza/ moderación: se realiza con el desarrollo prudente del alma
concupiscible/ apetitiva, se trata de dominar los apetitos.

Con el desarrollo armonioso de las tres virtudes se consigue la justicia, el orden


estable y perfecto de las tres partes del alma, cuando cada parte cumple su función
específica.

5. EL PROBLEMA DE LA SOCIEDAD O POLÍTICA

Las virtudes se desarrollan en sociedad ya que el ser humano es considerado un


ser social por naturaleza. El orden perfecto de la sociedad se generará con el
desarrollo de la virtud característica de cada hombre, según qué tipo de alma
predomine más en ellos, para así proceder después a la división social en la polis y el
puesto que cada uno ocupará en ella.

Por lo tanto, la sociedad, la polis, tiene una estructura social tripartita, relacionada
con las partes del alma y las virtudes:

- El gobernante, en el que predomina el alma racional y que debe ser el filósofo


que tiene la virtud de la prudencia/ sabiduría. Su función será gobernar.
- El guerrero/ guardián, con predominio del alma irascible y cuya virtud es la
valentía encargándose de defender la ciudad.
- El pueblo/ los productores, con predominio del alma concupiscible/ apetitiva
cuya virtud es la templanza/ moderación, que proveen a la ciudad de las
necesidades económicas o materiales.

Sin embargo, identificar las habilidades de cada miembro de la polis no es algo fácil.
Será a través de la educación o paideia como podremos descubrir el tipo de alma

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propia de cada individuo y guiar su desarrollo. Para Platón, un sistema educativo


adecuado asegura que cada persona desarrolle sus habilidades y cumpla su
función dentro de la sociedad, ya sea como productor, guerrero o gobernante. Esto se
basa en su concepción de la justicia como "cada uno en su lugar", es decir, que cada
individuo actúe según su naturaleza y capacidades.

Además, la educación ocupa un lugar central a la hora de llegar a conocer el


bien. Según Platón, el conocimiento verdadero permite tomar decisiones justas y
sabias, a diferencia de las decisiones impulsadas por intereses individuales o
pasiones. Así, en la "ciudad ideal" platónica, los gobernantes son aquellos que han
alcanzado el máximo desarrollo intelectual y ético mediante una educación filosófica,
pudiendo así guiar a la sociedad hacia la justicia. De este modo, se propone un
sistema meritocrático con el que intentar evitar la corrupción en política, un líder que
comprende el concepto del Bien y ha sido educado en la virtud está menos
inclinado a actuar en su propio interés y es más propenso a actuar en favor de la
sociedad. Y es que, en Platón, la educación, la ética y la política están
profundamente interrelacionadas, ya que él considera que una sociedad justa y
ordenada depende de la correcta formación de sus ciudadanos.

Además, la justicia es la virtud rectora entre las virtudes, las partes del alma y la
polis, permitiendo el equilibrio o armonía entre todas ellas. En la polis la justicia ha
de ser ejercitada por todos los ciudadanos y el gobierno ha de pensar en el bien
común y conseguir la justicia social. Platón argumenta que los filósofos deberían
gobernar, ya que solo ellos tienen acceso al conocimiento de las Ideas y del bien
supremo. Finalmente, la figura del filósofo-rey encarna el intelectualismo moral
platónico aplicado a la política: el que conoce el bien, que será el filósofo, podrá
gobernar bien.

Finalmente, para Platón la mejor forma de gobierno es la aristocracia, el gobierno


de los mejores, que son los filósofos, que poseen la episteme y por tanto la verdad.
Después, y por orden descendente, se encuentran la timocracia (el gobierno de los
honorables), la oligarquía (el gobierno de los ricos), la democracia (gobierno del
pueblo que implica la perversión del orden), y por último, la tiranía que surge como
respuesta al desorden democrático. Es curioso, desde nuestros ojos postmodernos,
comprender esta clasificación platónica, donde un sistema donde gobiernan los ricos y
poderosos se sitúa por encima de la democracia. Quizá Platón pensaba que el rico y
poderoso, al tener ya el poder y el dinero, no necesitaría sucumbir a la tentación del

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robo, el saqueo y la extorsión, en definitiva, a la corrupción. Algo que, por desgracia, la


historia no ha dejado de refutar.

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