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Conflictos familiares en "Nada" de Laforet

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La mañana de Navidad apareció espléndida cuando ya llevaba muchas horas durmiendo.

Acompañé,
en efecto, a la abuela a misa. A la fuerte luz del sol, la viejecilla, con su abrigo negro, parecía una pe-
queña y arrugada pasa. Iba a mi lado tan contenta, que me atormentó un turbio remordimiento de no
quererla más.
Cuando ya volvíamos, me dijo que había ofrecido la comunión por la paz de la familia.
—Que se reconcilien esos hermanos, hija mía, es mi único deseo y también que Angustias comprenda
lo buena que es Gloria y lo desgraciada que ha sido.
Cuando subíamos las escaleras de la casa oímos gritos que salían de nuestro piso. La abuela se cogió
a mi brazo con más fuerza y suspiró.
Al entrar encontramos que Gloria, Angustias y Juan tenían un altercado de tono fuerte en el comedor.
Gloria lloraba histérica.
Juan intentaba golpear con una silla la cabeza de Angustias y ella había cogido otra como escudo y
daba saltos para defenderse.
Como el loro chillaba excitado y Antonia cantaba en la cocina, la escena no dejaba de tener su comici -
dad. La abuelita se metió en seguida en la riña, aleteando e intentando sujetar a Angustias, que se
puso desesperada.
Gloria corrió hacia mí.
—¡Andrea! ¡Tú puedes decir que no es verdad! Juan dejó la silla para mirarme.
—¿Qué va a decir Andrea? —gritó Angustias—; sé muy bien que lo has robado...
—¡Angustias! ¡Cómo sigas insultando, te abro la cabeza, maldita!
—Bueno, ¿pero qué tengo que decir yo?
—Dice Angustias que te he quitado un pañuelo de encaje que tenías...
Sentí que me ponía estúpidamente encarnada, como si me hubieran acusado de algo. Una oleada de
calor. Un chorro de sangre hirviente en las mejillas, en las orejas, en las venas del cuello...
—¡Yo no hablo sin pruebas! —dijo Angustias con el índice extendido hacia Gloria—. Hay quien te ha
visto sacar de casa ese pañuelo para venderlo. Precisamente es lo único valioso que tenía la sobrina
en su maleta y no me negarás que no es la primera vez que revuelves esa maleta para quitar de ella
algo. Dos veces te he descubierto ya usando la ropa interior de Andrea.
Esto era efectivamente cierto. Una desagradable costumbre de Gloria, sucia y desastrada en todo y sin
demasiados escrúpulos para la propiedad ajena.
—Pero eso de que me haya quitado el pañuelo no es verdad —dije oprimida por una angustia infantil.
—¿Ves? ¡Bruja indecente! Más valdría que tuvieras vergüenza en tus asuntos y que no te metieras en
los de los demás. Este era Juan, naturalmente.
—¿No es verdad? ¿No es verdad que te han robado tu pañuelo de la primera comunión?... ¿Dónde
está entonces? Porque esta misma mañana he estado viendo yo tu maleta y allí no hay nada.
—Lo he regalado —dije conteniendo los latidos de mi corazón—. Se lo he regalado a una persona.
Tía Angustias vino tan deprisa hacia mí, que cerré los ojos con un gesto instintivo, como si tratara de
abofetearme. Se quedó tan cerca, que su aliento me molestaba.
—Dime a quién se lo has dado, ¡enseguida! ¿A tu novio? ¿Tienes novio?
Moví la cabeza en sentido negativo.
—Entonces no es verdad. Es una mentira que dices para defender a Gloria. No te importa dejarme en
ridículo con tal de que quede bien esa mujerzuela...
Corrientemente tía Angustias era comedida en su modo de hablar. Aquella vez se debió contagiar del
ambiente general. Lo demás fue muy rápido: un bofetón de Juan, tan brutal, que hizo tambalearse a
Angustias y caer al suelo.
Me incliné rápidamente hacia ella y quise ayudarle a levantarse. Me rechazó, brusca, llorando. La es -
cena, en realidad, había perdido todo su aspecto divertido para mí.
Nada, de Carmen Laforet

1. Identificación del autor y la obra. Contextualización en la historia de la literatura


El fragmento pertenece a Nada (1944), la primera novela de Carmen Laforet, que se convirtió en
un referente de la narrativa de posguerra tras ganar el Premio Nadal en 1945. La obra se enmarca
en el realismo existencial, corriente que predominó en los años cuarenta en España y que reflejaba
la angustia y el desencanto de la posguerra.
En esta novela, Laforet rompe con la tradición de la novela rosa, género que promovía valores
tradicionales y una visión idealizada de la mujer, para ofrecer un retrato crudo y desgarrador de la
vida de su protagonista, Andrea. Nada se aleja del discurso oficial franquista y muestra una realidad
asfixiante, con personajes atrapados en la miseria moral y económica de la época.
Desde el punto de vista literario, la obra se sitúa entre el realismo psicológico y el existencialismo,
con una protagonista que observa la decadencia de su entorno y se enfrenta a su propia soledad. En
este sentido, la novela comparte características con el tremendismo de La familia de Pascual
Duarte (1942) de Cela, aunque con un tono menos violento y más introspectivo.
La historia transcurre en la Barcelona de posguerra, un espacio gris y opresivo que actúa como un
reflejo del estado emocional de Andrea. La casa de la calle Aribau, donde vive con sus familiares,
simboliza el mundo cerrado y hostil en el que se desarrolla su juventud.

2. Temas del fragmento


El fragmento recoge varios de los temas esenciales de la novela:
1. La violencia y la degradación familiar
El ambiente en la casa de la calle Aribau está marcado por la tensión y la agresividad. La
escena muestra un conflicto entre varios miembros de la familia, con discusiones y violencia
física.
Ejemplo en el texto:
"Juan intentaba golpear con una silla la cabeza de Angustias y ella había cogido otra como
escudo y daba saltos para defenderse."
Aquí se refleja la falta de control emocional y el caos en el hogar, donde las peleas son
frecuentes y pueden llegar a la agresión física.
2. La hipocresía y la incomunicación
La abuela representa la esperanza de reconciliación en la familia, pero su deseo de paz es
inútil frente al resentimiento y la desconfianza de los demás.
Ejemplo en el texto:
"He ofrecido la comunión por la paz de la familia."
Esta frase subraya el contraste entre la fe de la abuela en la reconciliación y la realidad de la
casa, donde los enfrentamientos son constantes.
3. El papel de la mujer y la opresión familiar
El fragmento refleja la situación de Andrea y de otras mujeres de la novela, que están
sometidas a la autoridad masculina o al desprecio de sus propios familiares.
Ejemplo en el texto:
"¿A tu novio? ¿Tienes novio?"
Aquí se ve cómo la libertad de la mujer es constantemente cuestionada, en un contexto
en el que cualquier actitud fuera de la norma es motivo de sospecha y humillación.
4. El sentimiento de culpa y la introspección de Andrea
Andrea se siente atrapada entre la lealtad a su familia y su deseo de independencia. A pesar
de ser una observadora de los conflictos, también se ve afectada emocionalmente por ellos.
Ejemplo en el texto:
"Sentí que me ponía estúpidamente encarnada, como si me hubieran acusado de algo."
Este fragmento refleja la inseguridad y el sentimiento de culpa que Andrea experimenta en
situaciones de conflicto, a pesar de no ser responsable de ellas.
5. La ironía y la pérdida de la inocencia
La escena comienza con un tono cómico, con el loro chillando y la criada cantando, pero
termina con una imagen de dolor y humillación. Esta evolución refleja la manera en que
Andrea, al principio ingenua, va perdiendo su inocencia y comprende la crudeza de la vida.
Ejemplo en el texto:
"La escena, en realidad, había perdido todo su aspecto divertido para mí."
Este cambio de percepción es una metáfora del paso de la adolescencia a la madurez,
donde la protagonista deja de ver el mundo con ingenuidad y enfrenta la dureza de la
realidad.

3. Características formales y su relación con la época


El fragmento presenta varios rasgos característicos de la narrativa existencialista y del realismo
psicológico de posguerra:
1. Narrador en primera persona y subjetividad
La historia está contada desde la perspectiva de Andrea, lo que permite un enfoque
introspectivo y psicológico. La protagonista narra los acontecimientos desde su propia
experiencia, con un tono cargado de emociones y pensamientos internos.
Ejemplo en el texto:
"Me parecía que de nada vale correr si siempre ha de irse por el mismo camino, cerrado, de
nuestra personalidad."
Este tipo de reflexiones filosóficas son frecuentes en la novela y reflejan la influencia del
existencialismo.
2. Lenguaje sencillo pero expresivo
Laforet emplea un estilo directo y natural, sin artificios, pero con gran carga emocional.
Las descripciones de la escena familiar transmiten la tensión del momento sin necesidad de
adornos excesivos.
Ejemplo en el texto:
"Una oleada de calor. Un chorro de sangre hirviente en las mejillas, en las orejas, en las
venas del cuello..."
El uso de frases cortas y rítmicas transmite la ansiedad y el nerviosismo de Andrea en ese
instante.
3. Tono existencialista y pesimista
El sentimiento de falta de sentido y de angustia vital está presente en la obra, reflejado en
la sensación de Andrea de ser una espectadora de su propia vida.
Ejemplo en el texto:
"Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, otros para mirar la vida. Yo tenía un
pequeño y ruin papel de espectadora."
Esta percepción refuerza la idea de alienación y falta de control sobre el propio destino,
característica del realismo existencial.
4. Ruptura con la novela tradicional y el papel de la mujer
A diferencia de la novela rosa, que presentaba una visión idealizada del amor y la familia,
Nada muestra una realidad oscura y conflictiva, donde la protagonista no encuentra refugio
en su entorno familiar.
Ejemplo en el texto:
"Me incliné rápidamente hacia ella y quise ayudarle a levantarse. Me rechazó, brusca,
llorando."
Este fragmento demuestra cómo las relaciones en la casa están marcadas por el
resentimiento y la falta de afecto, en contraste con la visión tradicional de la familia como
un espacio de protección y amor.

Conclusión
El fragmento analizado de Nada refleja los temas principales de la novela, como la violencia
familiar, la opresión de la mujer, la introspección psicológica y la alienación existencial. A
través del personaje de Andrea, Carmen Laforet ofrece un testimonio sobre la difícil situación de la
juventud en la España de posguerra.
En cuanto a su estilo, la novela se caracteriza por su narrador en primera persona, su lenguaje
sencillo pero cargado de emoción, su tono existencialista y su ruptura con la novela
tradicional.
Esta obra marcó un cambio en la literatura española, ofreciendo un retrato honesto y descarnado
de la realidad de su tiempo, y consolidando a Carmen Laforet como una de las voces más
influyentes de la narrativa de posguerra.

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