Sombra del Murciélago
Era de noche en Gotham y el cielo estaba negro, cargado de tormentas. Un relámpago
cruzó el cielo justo cuando cayo Nightwing desde las alturas, como una estrella fugaz,
estrellándose contra el suelo. El piso de la escuela se rompió en mil pedazos, dejando un
cráter que echaba humo.
Dick se levantó despacio, lleno de polvo y con la cara llena de sangre. Tosió y escupió
sangre, se le notaba que apenas podía sostenerse en pie.
— ¡Maldito…! — murmuró con un hilo de voz.
De entre las sombras salió Batman. Su capa estaba rasgada y sus ojos parecían cuchillas
frías que estaban llenas de odio. Caminó hacia Dick, con pasos fuertes y pesados que
retumbaban en la noche.
— Te advertí que no te metieras, Dick — dijo con voz grave.
Dick lo miró con los ojos llenos de lágrimas y rabia.
— ¡Esto es una locura! — gritó — ¡Tú eras mi padre! ¡Mi héroe!
Batman se acercó más, mientras la lluvia empezaba a caer.
— Yo soy lo único que mantiene a raya la porquería de esta ciudad — gruñó —. Nada más
importa.
Dick apretó los puños, la sangre cayendo de su ceja partida.
— ¿Nada más importa? — dijo, casi llorando — ¿Qué pasó contigo? ¿Qué le pasó al
hombre que me enseñó a proteger a los inocentes?
Batman lo miró con furia.
— ¡Los inocentes mueren todos los días, Dick! — rugió — ¡Tú eres débil porque no
aceptas la verdad! Gotham no necesita héroes que sonrían y prometan justicia. ¡Necesitan
monstruos!
Batman miró a Dick, que apenas podía levantarse. Afuera, la tormenta hacía que la
escuela vieja temblara, y cada vez que un rayo caía, sus caras se iluminaban. Una estaba
llena de odio y la otra de dolor y tristeza.
De pronto, Batman saltó sobre Nightwing. Lo agarró del cuello y lo estampó contra el
suelo con tanta fuerza que el piso crujió. Con la otra mano empezó a darle golpes uno tras
otro. Cada golpe iba acompañado de un trueno que sonaba como el fin del mundo.
Batman (golpeando sin parar):
— ¡¡ERES DÉBIL!!
(Golpe)
— ¡ERES UNA DESGRACIA!
(Golpe)
— ¡YO TE ENTRENÉ PARA SER FUERTE!
(Golpe)
— ¡PERO SIGUES SIENDO UN NIÑO QUE NECESITA AYUDA!
(Golpes cada vez más rápidos y fuertes)
La sangre de Dick salpicaba todo el piso, y cada golpe le rompía algo por dentro. Apenas
podía abrir los ojos, pero aun así lo miró con una mezcla de odio y tristeza.
Nightwing (casi sin voz):
— Yo… creía… en ti…
Batman frenó un segundo con el puño en el aire. Se quedó quieto, como si algo le doliera.
Pero después cerró la mandíbula con rabia y siguió golpeando.
Batman (con voz quebrada de rabia):
— ¡¡MALDITO!! ¡¡YO TE HICE!! ¡¡YO SOY TU PADRE!!
Lo levantó un poco del piso y lo volvió a estrellar con tanta fuerza que el piso se rompió
más.
Batman (gritando con los ojos llenos de furia):
— ¡¿CUÁNTOS AÑOS PASÉ ENTRENÁNDOTE?! ¡¿CUÁNTOS AÑOS TE DEDIQUÉ?! ¡¡Y ASÍ ME
PAGAS!!
Dick tenía la boca llena de sangre y apenas podía hablar.
Batman estaba parado sobre Dick, respirando fuerte. Su mano sangraba y temblaba. Miró
a Dick tirado en el piso, roto, destruido y algo dentro de él se rompió también.
La tormenta afuera hacía ruido y los relámpagos iluminaban su cara llena de rabia y culpa.
Fue entonces, cuando ese relámpago lo cego y recordó a Dick de niño, feliz y le inocente y
diciéndole que lo admiraba.
Cerró los ojos. La lluvia caía sobre ellos. Batman miró a Dick una última vez, con la cara
llena de sangre y el traje roto. Entonces, lo soltó.
Se levantó, sin decir nada, y se fue mirando al horizonte. Susurró:
— Perdóname, perdóname …
Luego saltó y voló hacia la noche.
Dick, casi sin fuerzas, miró al cielo y lloró.
— Padre…
La tormenta seguía sonando fuerte, como si toda Gotham estuviera en llanto por él.
FIN.