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Producción de Cerámica Utilitaria Artesanal

El proyecto de Ana Julia Foulkes se centra en la producción de piezas utilitarias de cerámica, combinando funcionalidad y estética personal. A través del uso del torno alfarero y la exploración de técnicas decorativas, busca crear objetos que no solo sean útiles, sino que también transmitan emociones y mejoren la experiencia cotidiana. La selección cuidadosa de materiales y el desarrollo de un estilo propio son fundamentales en su proceso creativo.

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Producción de Cerámica Utilitaria Artesanal

El proyecto de Ana Julia Foulkes se centra en la producción de piezas utilitarias de cerámica, combinando funcionalidad y estética personal. A través del uso del torno alfarero y la exploración de técnicas decorativas, busca crear objetos que no solo sean útiles, sino que también transmitan emociones y mejoren la experiencia cotidiana. La selección cuidadosa de materiales y el desarrollo de un estilo propio son fundamentales en su proceso creativo.

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1.

Portada

Proyecto y análisis de diseño cerámico 1


Trabajo final: Producción de piezas utilitarias para la venta
Alumna: Ana Julia Foulkes
Agosto de 2025
Docente: Juan Manuel Hidalgo

2. Introducción

El presente proyecto corresponde a una producción propia de piezas


utilitarias, hechas principalmente en torno alfarero. La idea fue
crear objetos pensados para la venta que combinen funcionalidad
con una estética propia. Se buscó explorar la amplia gama de
herramientas brindadas hasta el momento en la tecnicatura para
incorporar un lenguaje visual propio y generar un hacer que pueda
ser disfrutable y sostenible en el tiempo.

Durante el proceso, busqué que cada pieza tenga un diseño armónico


y agradable, explorando formas, proporciones, texturas y acabados.
El objetivo no fue solo hacer objetos útiles, sino también que
transmitan algo y mejoren la experiencia de quienes los usen en su
vida cotidiana.

3. Fundamentación del proyecto

Este proyecto nace de la idea de hacer piezas utilitarias que no


solo cumplan una función, sino que también aporten algo especial a
la vida diaria. Mi objetivo es crear un estilo propio que haga que
las piezas se reconozcan y transmitan algo más que su utilidad.

Elegí trabajar principalmente con el torno alfarero porque me


gusta la conexión directa con el material, la experiencia casi
meditativa que se vive al trabajarlo y la satisfacción de ver cómo
la habilidad mejora con la práctica. Siento que ese tiempo de
aprendizaje y dedicación se ve reflejado en las piezas y que, de
alguna forma, puede transmitir a quienes las usan una sensación de
un tiempo vivido de manera distinta, alejada de la prisa que
predomina en nuestra sociedad y que muchas veces nos lleva a
distintos grados de malestar.

Así, busco que mi cerámica, además de ser útil, pueda transmitir


emociones y mejorar la experiencia cotidiana de las personas.

4. Precedentes
Al comenzar el proyecto, contaba con algunas experiencias
incipientes previas a la cursada de esta materia. Las primeras se
dieron en el Encuentro Nacional de Artesanos local, donde
expusimos la producción de la tecnicatura, además de compartir un
puesto con dos compañeras del curso.

Durante ese evento estuve mayormente atendiendo este último


puesto, lo que resultó en un gran aprendizaje para mí. Si bien
pusimos toda la dedicación y esmero posibles, hoy puedo decir que
el puesto dejaba bastante que desear. No es que las piezas
estuvieran mal hechas, pero dado el poco tiempo que llevábamos
practicando el oficio, aún quedaba mucho por mejorar.

Además, como todavía no trabajaba con el torno y tenía escaso


conocimiento de moldes, solo podíamos reunir, a lo sumo, tres
unidades de cada producto. Esto hacía que la presentación no
luciera muy profesional (tampoco lo era).

Vendimos más bien poco, pero recibimos muchos elogios. Seguramente


se percibía, detrás de la falta de calidad técnica, el entusiasmo
y la dedicación con los que habíamos trabajado. También aprendimos
mucho del contacto con otros feriantes, con el público, y lo
agradable de la experiencia en general nos motivó a seguir por
este camino.

Después de la feria, una de mis compañeras y yo comenzamos a


producir piezas pequeñas para llevar de viaje en verano. Así
pudimos pasar varios meses en El Bolsón con esta pequeña
producción. Durante los días que no había feria, empezamos otra
producción allí, desde la búsqueda de materiales hasta la
investigación de técnicas de horneado con los recursos mínimos que
encontrábamos en el lugar. Recuerdo esta etapa como una
experiencia muy gratificante en varios sentidos.

Contando con estos precedentes, no dudé en elegir este proyecto


como modo de profesionalizar el camino que venía recorriendo.

5. desarrollo de la idea

El punto de partida para crear este proyecto fue la identificación


de mis fortalezas y debilidades técnicas. En cuanto a la
construcción, el torno no era una de mis fortalezas, pero sí la
técnica que quería desarrollar. Por eso, aun sabiendo que me
llevaría más tiempo y esfuerzo, decidí encaminarme hacia el tipo
de producción que tenía en mente y la forma en que quería trabajar
el oficio.

En cuanto a la decoración, inicialmente elegí la pintura con


engobe, técnica para la que tenía cierta facilidad. Sin embargo,
las técnicas decorativas fueron mutando hasta que finalmente
abandoné los engobes por completo, una vez que pude desarrollar
mis propios esmaltes.
6. ejecución

6.1 selección de pasta

Como señala Bernard Leach, “La pasta es la base misma de toda


cerámica. Su carácter determina la textura, el color y la
durabilidad de la pieza terminada. Un alfarero debe conocer y
comprender la naturaleza de su arcilla, porque es el alma de su
trabajo.” Esta idea fue una guía fundamental para el desarrollo de
mi proyecto, ya que busqué imprimir identidad personal en todos
los aspectos de las piezas.

Desde el inicio, presté especial atención a la selección y


preparación de la pasta cerámica, entendiendo que de ella depende
no solo la calidad técnica, sino también la expresión estética y
funcional de las piezas.

Elegí como material principal la arcilla “APM” de Zapala, por su


maleabilidad en el torno y su tonalidad rojiza, que aporta a las
piezas un aspecto cálido y distintivo. Realicé varias pruebas de
fórmulas con distintos antiplásticos hasta dar con la pasta
definitiva, compuesta por:

APM 65%

Tinkar 10%

Arena 10%

Cuarzo 10%

Feldespato 5%

Esta pasta funcionó muy bien en distintas temperaturas, probada


desde 1080°C hasta 1150°C.

6.2 Definición de piezas y formas

Una vez resuelto el tema de la pasta, lo siguiente fue definir el


tipo de piezas a trabajar. Para esto elegí las piezas que más se
utilizan y venden, a saber: cuencos, mates, fuentes,
portasahumerios, hornillos, azucareras y macetas, dejando espacio
para lo que fuera surgiendo a medida que avanzaba el trabajo.

Las formas son clásicas, pero al trabajar en el torno pude darles


un toque personal a través de las líneas y detalles como asas,
algunas con reminiscencias a la cerámica mapuche, la cual había
trabajado el año anterior y en la producción del verano.

6.3 decoración

Este fue el desarrollo que tomó el aspecto decorativo. Aunque


disfrutaba mucho pintar las piezas, pronto me di cuenta de que
tenía que encontrar una técnica que, sin perder la identidad, se
adaptara a los tiempos de una producción sostenible.

Así fue que desarrollé un método inspirado en la técnica de


cloisonné de joyería, al que llamé "etiquetas". Consistía en
tallar un diseño en una placa de yeso, estirar una plaquita de
arcilla milimétrica entre dos piezas de nylon y luego estamparla
con el yeso. Después, pegaba esta placa con barbotina a la pieza
cerámica.

Los diseños estaban compartimentados, como en el cloisonné, por lo


que luego rellenaba cada pequeño espacio con distintos colores de
engobe.

Si bien el objetivo era ahorrar tiempo, no sé si lo logré del


todo, pero sí conseguí una estética más propia y sistematizada, ya
que podía repetir los diseños de manera mecánica sin tener que
pensar de nuevo en cada pieza.

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