Poder Judicial de la Nación
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En Buenos Aires a los catorce días del mes de abril de dos mil
veinticinco, reunidos los Señores Jueces de Cámara fueron traídos para
conocer los autos “LAZO CADIMA, GERMAN c/ CAJA DE SEGUROS
S.A. Y OTRO s/ORDINARIO” Expte. N° COM 23676/2018 en los que al
practicarse la desinsaculación que ordena el art. 268 del Código Procesal
Civil y Comercial de la Nación resultó que la votación debía tener lugar en
el siguiente orden: Vocalías N° 18, N° 17, N° 16. Dado que la Vocalía N°
18 se halla actualmente vacante, intervendrán el Dr. Ernesto Lucchelli y
la Dra. Alejandra N. Tevez (art. 109 RJN).
Se deja constancia que las referencias de las fechas de las
actuaciones y las fojas de cada una de ellas son las que surgen de los
registros digitales del expediente.
¿Es arreglada a derecho la sentencia apelada de fecha 16 de
septiembre de 2024?
El Sr. Juez de Cámara Doctor Ernesto Lucchelli dice:
I. Antecedentes de la causa
1. Germán Lazo Cadima promovió demanda contra Caja de
Seguros SA y Francisco Osvaldo Díaz SA por enriquecimiento ilícito y
daños y perjuicios que estimó en la suma de $202.375, a los que deben
sumarse intereses y daño punitivo.
Solicitó la realización de una mediación previa.
Mencionó que el 13/6/2017 fue a ver al ejecutivo de cuentas del
ICBC para que le explicara por qué se le debitaban los débitos de su
tarjeta de crédito de un concepto que se llamaba Caja
S04/1285631500000. Aclaró que recién en esa oportunidad fue que tomó
conocimiento del débito. Dijo que el empleado le respondió que era un
débito automático que se realizaba desde diciembre de 2014 por el pago
de un seguro de automóvil. Indicó que, al haber advertido eso, requirió el
stop debit y murló un reclamo, así como solicitó que se le entregaran
Fecha de firma: 14/04/2025
Firmado por: ALEJANDRA NOEMI TEVEZ, PRESIDENTA DE LA SALA F
Firmado por: ERNESTO LUCCHELLI, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: MARIA JULIA MORON, PROSECRETARIA LETRADA DE CAMARA
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copias dr todos los resúmenes de la tarjeta donde se registrearan esos
débitos.
Alegó que la Caja de Seguros le respondió recién el 10/8/2017 que
se generó un cambio de pago del seguro del automotor, pero sin hacerse
cargo del reclamo. Señaló que demostró un hecho de mala fe intencional
hacia su parte. Resaltó que no firmó ningún tipo de relación contractual
con la accionada ni tampoco autorizó el débito de su tarjeta.
Fundó en derecho, invocó especialmente la normativa de defensa
del consumidor. Dijo que la situación planteada por su parte reviste la
condición de consumidor final del servicio, que nace de la mala fe de las
demandadas.
Refirió al enriquecimiento sin causa, como hecho generador de la
obligación de indemnizar.
Cuantificó los daños reclamados y los fundó.
[Link] presentó Francisco Osvaldo Díaz SA contestó demanda e
interpuso excepción de falta de legitimación pasiva.
Mencionó que se desempeña como concesionario de Renault
Argentina y que el demandante no informó haber tenido relación con su
parte, sino que aludió a Autotag, quien comercializa vehículos
Volskwagen.
Luego de formular una negativa pormenorizada de los dichos del
actor, negó tener responsabilidad.
3. Se presentó Caja de Seguros y contestó demanda.
Formuló una negativa general y particular de todos los hechos
expuestos por el actor en su presentación. Luego, reconoció la
autenticidad del correo dl 20 de agosto de 2017 que le envío al acto, pero
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mencionó que en el mismo le comunicó que cambiaría el sistema de
pagos, pero no le devolvería de manera retroactiva los premios sino
desde la fecha en que se requirió la modificación.
Mencionó que Hugo Claros García adquirió un vehículo Marca
Renault Master en la concesionaria Díaz el 12/11/2014 y que le pidió a la
demandada la emisión del seguro contra terceros completo con
recuperador. Añadió que, en esa oportunidad, indicó que el pago se
realizaría mediante el débito de la tarjeta Mastercard de Lazo Cadima.
Dijo que, para poder efectuar la operación, el titular de la tarjeta la exhibió
así como el código de seguridad. Resaltó que la copia de la solicitud
estaba en poder de la Caja de Seguros.
Alegó que ratifica la existencia de conformidad el hecho de que el
accionante no hubiera cuestionado el débito durante más de tres años.
Relató que el actor es amigo de Lazo Cadima, tal como se
desprende de la página web facebook. Destacó que de dicho sitio se
desprende que el titular de la unidad trabaja en la empresa familiar
American Floor SRL, juntamente con los familiares del actor. Aclaró que
requirió la certificación notarial de esas constancias.
Aludió a los hechos invocados por el demandante y resaltó que
cuando se comunicó para cuestionar los débitos del pago del seguro, la
accionada le respondió que tal como surgía de la solicitud de la póliza,
fueron informados los datos de la tarjeta de crédito del actor. Adujo que,
sumado a ello, la documentación que el accionante acompañó al efectuar
el reclamo permite identificar en forma clara y precisa los débitos de la
tarjeta de crédito. Agregó que además se había consignado el número de
teléfono del demandante en la solicitud suscripta por Claros García, lo
que demostraría el vínculo que existía entre ellos.
Resaltó que se ajustó a derecho que el pago del seguro lo efectúe
un tercero por un medio de pago habilitado al efecto. Dijo que, como
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consecuencia de ello, durante casi tres años se le debitaron al accionante
las primas mensuales correspondientes al pago del seguro automotor
contratado por su amigo y/o familiar.
Mencionó la improcedencia jurídica del reclamo, pues adujo que el
demandante mezcla diversas posiciones jurídicas para fundar su
incorrecto reclamo. Señaló que Lazo Cadima sostiene por un lado no ser
parte en el vínculo, pero para poder reclamar consecuencias de la
relación contractual, si pretende constituirse como consumidor. Alegó que
ello configura una postura contradictoria.
Negó que se hubiera producido un enriquecimiento sin causa de
su parte, en tanto dijo que no se enriqueció a expensas de otro y que, en
su caso, ello pudo haber acontecido al titular del seguro, que gozó de la
cobertura y no la pagó.
Resaltó que el actor permitió durante casi tres años que se le
descontaran las primas, hace el 13/6/2017 que, sin ninguna reserva,
requirió que no se le debiten más por lo que se le devolvieron $16399.
Alegó que el hecho de haber pagado sin efectuar reserva le impide ahora
reclamar en los términos en los que lo hace.
Se opuso a la aplicación de la LDC a este caso de seguros e
interpuso, como defensa de fondo, la prescripción anual prevista por el
art. 58 de la ley 17.418.
Solicitó el rechazo de todos los rubros indemnizatorios y refirió
expresamente a cada uno de ellos.
Solicitó la citación como tercero de Hugo Claros García.
4. El actor contestó traslado y solicitó que se rechace el pedido de
citación como tercero de Hugo Claros, pues alegó que no se está
discutiendo el vínculo contractual de este con la aseguradora.
Desconoció la documental adjunta por la demandada.
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Respecto de la respuesta de Osvaldo Díaz, adujo que la empresa
donde se hizo la operación contractual y la solicitud del seguro fue en la
concesionaria demandada, por lo que no corresponde su postura.
Reconoció, sin embargo, la existencia de un error al consignar la
concesionaria Autotag.
Mediante el pronunciamiento del 10/4/2019 se resolvió la citación
como tercero de Hugo Claros García, la cual fue tenida por no contestada
mediante la providencia del 19/7/2019.
II. La sentencia de primera instancia
En la sentencia dictada el 16 de septiembre 2024 el juez de grado
rechazó la demanda iniciada por Lazo Cadima y le impuso las costas en
su condición de vencido.
Para así decidir, rechazó inicialmente la excepción de falta de
legitimación pasiva interpuesta por la concesionaria codemandada.
Consideró, en sustento de esa decisión, que fue demostrado en el
expediente que Hugo Claros García adquirió un vehículo en la
concesionaria y que en esa oportunidad, fue que contrató el seguro en el
que indicó como forma de pago, el débito de la tarjeta del accionante.
Luego, analizó el resto de las pruebas y concluyó que de ellas se
desprende:
La existencia de un vínculo entre el accionante y Hugo
Claros García
Que el actor no contrató un seguro con la demandada ni
autorizó a realizar el débito y que se le devolvieron por
medio de transferencias ciertas sumas dinerarias.
Que la solicitud de seguro fue suscripta únicamente por
Carlos García Hugo y que la firma inserta en dicho
formulario le pertenece.
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Que el débito de las sumas para el pago del seguro fue
realizada de la tarjeta del actor en el curso de los años
A raíz de las circunstancias acreditadas, concluyó que
correspondía el rechazo de la demanda. Resaltó que resultó llamativo
que los montos que fueron debitados e la cuenta del actor durante casi
tres años, eran de sencilla determinación, sobre todo si se atiende al
contexto global de los gastos. Destacó que, en casi todos los meses,
eran el concepto más alto del resumen y en algunos casos, el único.
Agregó que, desde esa perspectiva, resulta de dudosa comprobación lo
que algó el demandante vinculado con la falta de conocimiento de los
débitos, aun cuando no le hubieran enviado los resúmenes
correspondientes, lo cual no fue demostrado. Citó dos períodos de los
gastos de la tarjeta para ejemplificar su postura.
Señaló que también resultó llamativo que el demandante se
hubiera opuesto a la citación de Claros García Hugo y que es un
elemento coadyuvante para el rechazo de la pretensión.
Finalmente, mencionó que no resultó claro el carácter de
consumidor que invocó el actor y que la negación de los débitos que
invoca resulta contradictoria contra sus actos anteriores jurídicamente
relevantes.
III. El recurso
1- Contra la sentencia apeló el actor y el recurso fue concedido
libremente (cfr. nota de elevación).
2- La Sra. Fiscal General ante esta Cámara respondió a la vista en
el sentido de que las cuestiones comprometidas en el recurso no se
encuentran dentro de los intereses por los que debe velar (120 CN).
3- Se llamaron autos para dictar sentencia y se practicó el sorteo
previsto en el artículo 268 CPr.
IV. Los agravios
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El actor expresó agravios los que fueron respondidos por la
demandada Caja y Francisco Osvaldo Díaz SA.
El accionante se queja, en sustancia, de que: a) considerada que
consintió la celebración de contrato y de los débitos de la tarjeta; b)
juzgara demostrado que conocía la realización de los débitos de la
tarjeta; c) hubiera concluido que su oposición a la citación como tercero
de Claros García hubiera sido un indicio de la autorización de la
realización de los débitos; d) la aplicación de la teoría de los actos
propios; y e) que no hubiera analizado el enriquecimiento sin causa que
invocó y los daños que mencionó haber padecido como consecuencia de
ala postura negligente de las demandadas.
V. La solución
1. Aclaración preliminar
El análisis de los agravios esbozados por la apelante no seguirá el
método expositivo adoptado por ella, y no atenderé todos sus planteos
recursivos, sino aquellos que estime esenciales y decisivos para dictar el
veredicto de la causa (Cfr. CSJN: “Altamirano Ramón c/ Comisión
Nacional de Energía Atómica”, del 11.11.1986; íd: “Soñes, Raúl c/
Administración Nacional de Aduanas”, del 12.2.1987; Fallos: 221:37;
222:186; 226:474; 228:279; 233:47; 234:250; 243:563; 247:202;
310:1162; entre otros).
2. Consentimiento del actor para el contrato de seguro y la
realización de los débitos
2.a. El primer agravio del demandante se vincula con su falta de
consentimiento para la contratación de la póliza y la realización de los
débitos para el pago del premio.
En sus fundamentos, objetó que las capturas de pantalla fueran
consideradas pruebas electrónicas y adujo que son meras pruebas
documentales. Asimismo, resaltó que estas no acreditan la relación entre
el demandante y Claros García y que en el caso, tampoco fue
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demostrado que hubiera brindado su consentimiento con la celebración
del contrato de seguro ni que para su pago, se realizara el débito de su
tarjeta de crédito. Alegó que el hecho de que lo tuviera como amigo en
facebook no predica sobre su relación de amistad, ni tampoco supone la
realización del consentimiento necesaria en el contrato. Refirió a la
necesidad de que lo que surja de las redes sea tratado con precaución.
2.b. Previo al análisis de los fundamentos del recurso, recordaré
que tal como fue ponderado en la sentencia de grado, el CPr. 377
establece que cada una de las partes deberá probar el sustento de hecho
de las normas que invoquen como fundamento de su pretensión, defensa
o excepción, sin interesar la condición de actora o demandada asumida
por cada parte.
Por ende, los sujetos procesales tienen la carga de acreditar los
hechos alegados o contenidos de las normas cuya aplicación aspiran a
beneficiarse sin que interese el carácter constitutivo, impeditivo o extintivo
de tales hechos.
Tal normativa impone a los magistrados reglas procesales. Ellas
permiten establecer qué parte sufrirá las consecuencias perjudiciales por
la probatoria incertidumbre acerca de los hechos controvertidos, de forma
tal que el contenido de la sentencia será desfavorable para quien debía
probar y omitió hacerlo.
Por otra parte, señálese que las modernas tendencias probatorias
han aceptado, como principio, que ambas partes deben contribuir a
conformar el plexo probatorio, llegándose a sostener que el favor
probationiso la “teoría de las cargas dinámicas” se inclina -más allá de
toda presunción-por poner la carga de la acreditación sobre la parte que
está en mejores condiciones de hacerlo (conf. mi voto en los autos
“Barreiro Manuel Jorge c/ Mattos Vega Richard Eusebio s/ ordinario”, del
27.9.18; en igual sentido, esta Sala en los autos “Los Caldenes S.A. c/
Jazz Car S.A. y otros s/ ordinario”, del 9.4.19).
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Y esta regla cobra especial trascendencia en el marco de un
contrato de consumo, como ocurre en el caso.
Recuérdese que el art. 53 de la LDC dice: “Los proveedores
deberán aportar a las características del bien o servicio, prestando la
colaboración necesaria para el esclarecimiento de la cuestión debatida en
el juicio”.
2.c. Desde dicha perspectiva, sabe señalar que los agravios del
apelante si bien demuestran un disenso con las conclusiones de la
sentencia de grado, no se centran en el sustento de su pretensión inicial.
Es que el accionante dirige sus esfuerzos recursivos a cuestionar
conclusiones que no son las que sustentan la acción, vinculadas a si
consintió la celebración del contrato de seguro de Claros García y la
realización de los débitos para el pago de dicha cobertura.
No obstante, el demandante al iniciar demanda refiere a un total
desconocimiento de los movimientos que se hicieron con su tarjeta de
crédito y cuestiona a las empresas que habrían originado el cobro de
dichos montos.
En rigor de verdad, si se atiende a los términos del escrito de
inicio, lo que correspondía que acreditara era la ilegitimidad de los cobros
que se efectuaron en su tarjeta a pedido de la aseguradora. Es decir, lo
que debió acreditar es que las demandadas obraron de manera ilegítima
cobrando algo que no correspondía.
Sin embargo y de acuerdo con la dinámica de la operación que
vinculó a las demandadas con Claros García, no era necesario que el
actor prestara consentimiento para la celebración del contrato de seguro,
en el que el demandante resultaría un tercero. Esta premisa, que resulta
incuestionada, torna inoficioso el tratamiento de este planteo.
Por otro lado y en lo que respecta al pago de la cobertura,
cuestionó que sí requería del consentimiento de quien se indicaba como
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titular de la tarjeta de crédito que se consignaba, es preciso señalar que
la Ley de Seguros no impide que la prima sea abonada por un tercero
que no sea parte en la póliza, sino que expresamente contempla dicha
situación (art. 28 ley 17418).
En consecuencia, lo que resulta dirimente es analizar si estos
débitos para el cobro de la prima no contaban con la conformidad el
titular de la tarjeta.
En el caso, no se demostró que en la solicitud que completó Claros
García, el titular de la tarjeta de crédito hubiera prestado manifiesta
conformidad o hubiera participado. No obstante, dicha omisión no permite
asumir la postura del reclamante, pues ni siquiera mencionó el modo en
que la operación se habría celebrado sin su participación ni tampoco
ofreció probar que efectivamente le habían sido sustraído los datos de la
tarjeta y que alguien los había utilizado para hacer un pago sin que él lo
consintiera.
De allí que, en miras a esclarecer tal cuestión, hubiera bastado con
requerir informes de la administradora de la tarjeta de crédito quien
podía, en su caso, aportar los cupones de las operaciones y los
documentos que dieron sustento a la contratación de la póliza. Mas el
actor no ofreció tal prueba.
En este sentido, quien también pudo traer claridad sobre el modo
en que se acordó el pago del contrato de seguros fue Claros García,
respecto de quien el actor no solo no procuró su participación sino que,
por el contrario, se opuso a que fuera citado a pedido de Caja de
Seguros SA.
Por otro lado, y en línea con lo propiciado por el magistrado de
grado, lo que impide la admisión de la pretensión del accionante es el
hecho de que, en su carácter de titular de la tarjeta de crédito, no hubiera
impugnado dichos consumos. En ese orden de ideas y como se verá, tal
omisión importó que, de conformidad con la operatoria de dicho medio de
pago, consintiera los débitos.
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Recuerdo que el actor rebate esta premisa invocando que, en
tanto no recibió por casi tres años los resúmenes de su tarjeta de crédito,
se habría visto imposibilitado de conocer y, en consecuencia, impugnar,
los débitos que se le efectuaban para pagar el seguro de la Caja.
Mas dicha defensa no puede ser admitida.
En primer término, pues en caso de que el actor no hubiera
recibido el resumen, como invocó que ocurrió, el art. 25 de la ley 25065
(LTC) en sus párrafos 2º y 3º dispone los medios alternativos de
información y las cargas que pesan para los usuarios. Y dicha carga,
analizada desde la órbita de la buena fe y de un deber de colaboración,
impone que si no estuviera el resumen disponible en la fecha habitual, el
socio titular debe pedir al sistema de manera inmediata el saldo y las
instrucciones para pagar. En esa línea de análisis, si no cumple con tal
carga de auto-información no puede, en principio, invocar
desconocimiento de la deuda o de los consumos (conf. CNCom, Sala C,
in re "Diners Club c/ Quadrelli, Héctor", del 20/10/06, y sus citas, reg. en
LL 2007-, con nota aprobatoria de Muguillo, R., R., "Sistema de tarjeta de
crédito: deber de colaboración e impugnación de resúmenes"; LL 2007-B,
p. 410; Rouillón, A. y Alonso, D., "Código de Comercio comentado y
anotado", Buenos Aires, 2005, t. II, p. 385, texto y notas nº 111 y 112).
En esa línea de análisis si Lazo Cadima hubiera obrado con buena
fe y hubiera impugnado, de corresponder, los consumos oportunamente,
la entidad emisora debía expedirse, corrigiendo el error, si lo hubiere, o
explicando claramente la exactitud de la liquidación, aportando copia de
los comprobantes o fundamentos que avalen la situación (art. 26 LTC).
Este Tribunal ha considerado que el hecho que el usuario no
efectúe observaciones en tiempo y forma, no impide la posibilidad de
obtener la rectificación del saldo por cuanto su aprobación no implica una
declaración de voluntad negocial, en sentido técnico, sino que sólo es
una manifestación de verdad que tiene naturaleza confesoria de un
hecho pasado (Conf. CNCom., Sala C, del 31.03.95, "Wlazlo Analía
Amelia c/ Banco Nazionale del Lavoro S.A.", LL, 1995-D, 802; y esta
Fecha de firma: 14/04/2025
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Sala, 24.05.2011, “Lastra Héctor Avelino y otro c/ ABN AMRO BANK N.V.
Suc. Argentina, s/ordinario”, id. “Piñeiro Andrea Raquel C/ First Data del
Cono Sur SRL y Otros S/Ordinario“, del 9/08/21).
Sin embargo, en el presente, la conducta de Lazo Cadima al no
efectuar ningún reclamo por los consumos que se realizaron por casi tres
años impide que luego se presentara y simplemente, pretendiera
desconocer la procedencia o legitimidad de los débitos. Y es en ese
aspecto, que adquieren relevancia las pruebas recabadas en el
expediente y que fueron enunciadas en la sentencia de grado, que son
coadyuvantes de dicho temperamento.
Desde esa línea, aun cuando no puede negarse que es posible
que un titular de una tarjeta de crédito no hubiera autorizado la
realización de ciertos débitos y también puede suceder que, por los
motivos que fuere, no los impugne tempestivamente por desconocerlos,
los antecedentes aquí reunidos impiden asumir como veraz dicha versión
de los hechos.
Desde dicha perspectiva, resulta útil mencionar la respuesta que le
envió Caja de Seguros SA a la solicitud del accionante de que cesen los
débitos. La aseguradora allí le indicó que, hasta que recibió el pedido del
actor de que no continuara debitando la prima de su tarjeta de crédito, no
tenía noticia de la disconformidad con el débito. Y en esa comunicación la
demandada le trasmite que durante casi tres años se pagaron con su
tarjeta de crédito y le informa que también figuraba su teléfono como
contacto en la solicitud.
Y el actor no brinda ninguna explicación de que podría haber
motivado la inclusión de esa información ni si había sido como
consecuencia de una estafa.
Por otro lado, recuerdo que el actor mencionó que se anotició de
esos débitos por medio de su agente de cuentas en su banco. Mas no
procedió de acuerdo con las indicaciones de dicha entidad, pues ICBC al
responder expresamente indica que “a fin de consultar respecto de un
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consumo deberán dirigirse a FIRST DATA CONO SUR
(MASTERECARD)“. Mas como se anticipó, el accionante no ofrece la
producción de dicha prueba, lo que impide conocer con claridad que
antecedentes hay de la realización de los débitos.
De allí que, en el caso en particular, no se puede soslayar en
materia interpretativa, la relevancia que cobra la teoría de los actos
propios. Pues, es una consecuencia más del principio de buena fe que
exige una conducta confiable y leal en las relaciones jurídicas, impidiendo
que alguien pueda volver contra sus propios actos y pretender
desconocer su propio obrar.
Este imperativo de conducta significa que, cuando una persona
dentro de una relación jurídica ha suscitado en otra con su proceder una
confianza fundada, conforme a tal principio en una determinada actuación
futura, según el sentido objetivamente deducido de la conducta anterior,
no debe defraudar la confianza despertada y es inadmisible todo
comportamiento incompatible con ella (cfr. Luis Diez Picasso Ponce de
León, La doctrina de los propios actos, ed., Bosch, Barcelona, pág. 42).
Así porque, como tiene dicho la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, nadie puede contradecir sus propios actos precedentes,
jurídicamente relevantes y plenamente eficaces, ejerciendo una conducta
incompatible con la asumida anteriormente (Fallos: 294:220, 299:373 y
305:1402).
No puede soslayarse que el caso exhibe algunas particularidades
y que resulta dificultoso identificar el modo en que se celebró el contrato.
Mas en cierta medida dicha dificultad obedece a la falta de colaboración
activa del accionante en la producción de prueba. No obstante y en el
marco de dicha orfandad probatoria, lo que sí resulta relevante la
conducta del actor en cuanto nada dijo de los débitos que se realizaron
en su tarjeta durante varios años. Sumado a que, en línea con el detalle
efectuado en la sentencia de grado, de la mera revisión de los resúmenes
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del demandante, eran fácilmente identificables, sobre todo si se atiende a
la cantidad de consumos de la tarjeta de crédito de Lazo Cadima y a la
cuantía de los mismos (v. oficio ICBC).
A su vez, dentro de este contexto fáctico el juez de grado, a fin de
analizar el obrar del accionante y sobre todo, la intervención que pudo
haber tenido sobre la operación que cuestiona tanto tiempo después, es
que alude al vínculo que Lazo Cadima tenía con el titular del seguro.
Es que, si bien se carece de los elementos documentales de cómo
se ejecutó dicho contrato, especialmente en lo que hace al pago, el
hecho de que se hubieran efectuado débitos por casi tres años sin que el
demandante dijera nada constituyen un indicio de que contaba con su
conformidad.
Sabido es que el indicio es un hecho conocido del cual se induce
otro hecho desconocido, mediante un argumento probatorio que de aquél
se obtiene. Ello, en virtud de una operación lógica-crítica basada en
normas generales de la experiencia o en principios científicos o técnicos
(Devis Echandía, Hernando, "Teoría General de la Prueba Judicial"
, Tomo 2, p. 601, ed. Zavalía, Buenos Aires, 1988; ver Sala F, en autos
"Perez Alejandro Norberto c/ BBVA Banco Francés SA s/ ordinario", del
26/12/12). De su lado, la presunción resulta de un juicio lógico del
legislador o del juez, en cuyo mérito se toma como cierto o probable un
hecho con base en las reglas o máximas de la experiencia. Estas señalan
cuál es la forma normal en que las cosas y los hechos ocurren (conf. De
Santo, Víctor, "La prueba Judicial, Teoría y Práctica", p. 680, Ed.
Universidad, Buenos Aires, 1992).
Se trata, en consecuencia, de una prueba indirecta, en la cual el
papel desempeñado por la crítica y la lógica asume importancia capital,
pues es a través de los métodos deductivos e inductivos que llegan a
establecerse las relaciones que determinan la convicción (conf. Varela,
Casimiro C., "Valoración de la Prueba", p. 111, Ed. Astrea, Buenos Aires
,1990, “Amusquibar, Hugo Roberto C/ Volkswagen Argentina Sa S/
Ordinario“, del 31/05/2022).
Fecha de firma: 14/04/2025
Firmado por: ALEJANDRA NOEMI TEVEZ, PRESIDENTA DE LA SALA F
Firmado por: ERNESTO LUCCHELLI, JUEZ DE CAMARA
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En el caso, también constituye un indicio del relato de la
aseguradora demandada las pruebas documentales que acompañó sobre
el vínculo que existe entre el titular del seguro y del actor. Nótese que si
bien ello impide afirmar el grado de que podrían llegar a tener, es un
elemento que motiva la necesidad de explicaciones sobre lo que
aconteció en la ejecución del contrato.
Nótese que, en el marco analizado en la sentencia de grado, no
puede determinarse que fue lo que motivó que se consignaran los datos
de la tarjeta del demandante y quién de los sujetos intervinientes
resultaría responsable del mismo.
Pero en esa coyuntura es que, el hecho de que exista cierta
conexión entre el titular del seguro y quien se había consignado para el
pago de la prima, restan virtualidad al argumento recursivo. Las
constancias documentales acompañadas por la demandada y que fueron
ratificadas por el escribano revelan que entre los sujetos indicados en la
solicitud de la póliza existía una conexión (v. ).
No soslayo lo argüido por el accionante relativo a las
características que tienen las relaciones por redes sociales y la
imposibilidad de afirmar que el hecho de tenerse en sus contactos fuera
prueba de la amistad, mas teniendo en consideración las características
del caso, si configura un elemento de juicio que desvirtúa la pretensión
del demandante. Es que la actuación notarial da cuenta de ciertos
contactos en común, pero sobre todo, el accionante en ningún momento
niega conocer a Claros García.
Ello sumado a que, en el hipotético caso de que pudiera afirmarse
que el débito de la tarjeta de crédito se hubiera realizado por error, fue la
inobservancia de las cargas del usuario de la tarjeta de crédito lo que
hizo que este hubiera persistido en el tiempo.
Por virtud de lo expuesto, no es justificable la conducta del
demandante al reclamar casi tres años después por un cargo mensual
que fue debitado en su tarjeta de crédito.
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3. Carga de la prueba
El actor se quejó de lo que concluyó el anterior sentenciante
relacionado con que el demandante conocía los débitos que se hicieron
en su tarjeta. Aludió a las cargas de las pruebas derivadas del art. 53
LDC y destacó que establece una inversión en favor del consumidor, pero
que en el caso, el anterior sentenciante revierte la carga al requerir al
demandante que demuestre que no recibió los resúmenes. Indicó que era
la demandada la que debió acreditar que el actor consintió la realización
de los débitos de su tarjeta. Alegó que la pericia contable demuestra que
el actor no suscribió ningún contrato.
Adelanto que este agravio tampoco ha de prosperar.
En primer término, pues como se anticipó, la carga que pesaba al
demandante por virtud del contrato de tarjeta de crédito torna insostenible
la defensa relativa a que se invertiría la carga de la prueba al exigirle que
demuestre que no recibió los resúmenes. Es que lo que hace inviable su
pretensión es que hubiera consentido por tanto tiempo un consumo en su
tarjeta y que luego procure su desconocimiento, sin incorporar ninguna
prueba que avale su posición.
Y ello no importa una modificación de la perspectiva del artículo 53
de la Ley 24240 -modificado por la Ley 26361- ya que lo que prevé no
implica una inversión de la prueba, sino un deber de colaboración
agravado por parte del proveedor. En ese orden de ideas, la carga de la
prueba sigue estando en cabeza de quien afirma los hechos que
sustentan su pretensión.
Y en ese sentido, la LDC se ha hecho cargo de las dificultades
probatorias que puede enfrentar el consumidor como contratante no
profesional, lo que no parece significar que el consumidor quede relevado
de introducir medio de comprobación idóneo para justificar la posición
que asuma en el pleito. Al menos debe exigírsele que identifique
eventuales carencias de su adversario en la adjunción de esos
elementos, de modo de permitir el control judicial sobre este aspecto. En
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esa directriz, y no obstante la previsión de la LDC: 53, el usuario no
queda relevado de aportar instrucción probatoria que trascienda el plano
meramente conjetural o hipotético (cfr. Playa Palace S.A. C/ Peñaloza,
Leandro S/ Ordinario S/ Incidente De Ejecución De Sentencia“, del
5/10/10).
No obstante, la orfandad probatoria que aquí se verifica sobre los
hechos invocados en la demanda, no puede suplirse por la carga de
colaboración exigible a las demandadas.
4. Citación de Claros García
El accionante objetó las conclusiones del magistrado relacionadas
con que resultaría sorprendente que se hubiera opuesto a que viniera a
juicio Claros García y adujo que ello se debió a que lo que se discutía no
era la relación de este con la aseguradora y que por eso, era innecesario
e irrelevante traerlo al juicio. Resaltó que su oposición a la citación no
puede interpretarse como indicio de consentimiento de los débitos, pues
su defensa se centra en la falta de autorización del pago con la tarjeta de
crédito hacia la aseguradora, que es la aquí demandada. Resaltó que
Claros García no tiene relación contractual con su parte ni responde de
manera solidaria ante el consumidor.
El fundamento del actor debe ser desestimado. Es que en función
del análisis precedente, no existe duda de la intervención de Claros
García en la operación que generó la realización de los débitos que son
cuestionados por el demandante. Desde dicha perspectiva, es por virtud
de la relación contractual con la aseguradora que se motivan los pagos
cuya legitimidad cuestiona el actor.
Ello queda de manifiesto pues Hugo Claros García al completar la
solicitud del seguro expresamente indicó una tarjeta de crédito e indicó
que los débitos del premio se realicen sobre ella.
En consecuencia, la utilidad de la citación de Claros García, en
aras de brindar claridad a lo que aquí aconteció, resulta indudable.
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5. Condición de consumidor
El apelante se quejó de que el anterior sentenciante hubiera
concluido que como el actor aludió a una cuenta corporativa, eso
impediría que invoque la condición de consumidor o implique una postura
contraria con un acto anterior. Alegó que lo que califica como relación o
no de consumo no es el aspecto personal o corporativo de la cuenta, sino
que se debe atender a la propia transacción. Añadió que el rechazo de
los débitos no encontró como antecedente otro hecho que estuviera
contradiciendo.
Adelanto que el agravio no desvirtúa el argumento de la instancia
de grado. Ello pues, en lo que respecta a la condición o no de
consumidor, el análisis del magistrado de la anterior instancia no se limitó
a que el carácter de cuenta corporativa invocado por el demandante
pusiera en duda su calidad de consumidor, sino que ponderó también el
hecho de que, el demandante al negar que tenía una relación contractual
con las demandadas, impide que se verifique la situación contemplada en
el art. 1 LDC.
Más sin perjuicio de esa disquisición conceptual, el agravio
deviene inoficioso pues aun cuando el análisis fuera efectuado bajo la
órbita de la LDC, como se realizó en materia de carga de la prueba, ello
no modifica el rechazo de la acción.
6. Falta de pronunciamiento sobre el enriquecimiento sin
causa y los daños derivados del incumplimiento de las demandadas.
Finalmente, el accionante objetó que la sentencia atacada no
hubiera dado tratamiento al enriquecimiento sin causa y a los daños que
padeció como consecuencia del incumplimiento de las demandadas.
Sin embargo, el modo en que fueron tratados los restantes
agravios conduce al rechazo también de este planteo. Ello toda vez que
el enriquecimiento sin causa no se demostró, pues en definitiva y tal
como le respondió en la nota Caja de Seguros, por varios años se debitó
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el pago de la prima de la tarjeta de crédito que se les había informado al
completar la solicitud.
VI. Conclusión.
Por todo lo expuesto y si mi criterio fuera compartido por mis
distinguidos colegas del Tribunal, propongo al Acuerdo desestimar los
cuestionamientos vertidos por el demandante y confirmar la sentencia de
grado. Las costas de alzada se imponen al actor vencido (Cpr. 68).
Por análogas razones la Dra. Tevez adhiere al voto que
antecede.
Con lo que terminó este Acuerdo que firmaron los señores Jueces
de Cámara doctores:
Alejandra N. Tevez
Ernesto Lucchelli
María Julia Morón
Prosecretaria letrada de Cámara
Buenos Aires,14 abril de 2025
Y Vistos:
I. Por los fundamentos expresados en el Acuerdo que
antecede, se resuelve desestimar los cuestionamientos vertidos por el
demandante y confirmar la sentencia de grado. Las costas de alzada se
imponen al actor vencido (Cpr. 68)
Fecha de firma: 14/04/2025
Firmado por: ALEJANDRA NOEMI TEVEZ, PRESIDENTA DE LA SALA F
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II. Notifíquese a las partes (Ley N° 26.685, Ac. CSJN N°
31/2011 art. 1° y N° 3/2015), cúmplase con la protocolización y publicación
de la presente decisión (cfr. Ley N° 26.856, art. 1; Ac. CSJN N° 15/13, N°
24/13 y N° 6/14) y devuélvase a la instancia de grado.
Firman los suscriptos por hallarse vacante la Vocalía N° 18
(Art. 109 RJN).
Alejandra N. Tevez
Ernesto Lucchelli
María Julia Morón
Prosecretaria letrada de Cámara
Fecha de firma: 14/04/2025
Firmado por: ALEJANDRA NOEMI TEVEZ, PRESIDENTA DE LA SALA F
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