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Mercado de Sonora: Fe y Comercio Esotérico

El Mercado de Sonora, inaugurado en 1957, es el centro comercial más grande de México en la sección esotérica y mística, atrayendo a turistas y locales. Los pasillos del mercado están llenos de hierbas, amuletos y productos que prometen amor, dinero y protección, reflejando los anhelos humanos. Este lugar es un punto de encuentro entre la fe y el comercio, donde lo inexplicable se convierte en una posibilidad tangible.

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Mercado de Sonora: Fe y Comercio Esotérico

El Mercado de Sonora, inaugurado en 1957, es el centro comercial más grande de México en la sección esotérica y mística, atrayendo a turistas y locales. Los pasillos del mercado están llenos de hierbas, amuletos y productos que prometen amor, dinero y protección, reflejando los anhelos humanos. Este lugar es un punto de encuentro entre la fe y el comercio, donde lo inexplicable se convierte en una posibilidad tangible.

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Sonora: donde la fe y el comercio se encuentran.

Por: Basilio Rivera Ángel Arturo y Juárez Guerrero Frida Zoe

El mediodía caía con un sol ardiente sobre el corazón de la Ciudad de México,


anunciando que la primavera estaba cerca. Personas con un aire taciturno y otras
con un aspecto más jovial caminan por la avenida de Circunvalación, en la alcaldía
Álvaro Obregón, a un destino en común: el Mercado de Sonora.

Este centro dedicado al comercio –inaugurado en 1957– debe su nombre a que,


cuando abrió sus puertas al público, vendía mercancías del estado de Sonora.
Actualmente es uno de los más turísticos de la ciudad y, a nivel nacional, el más
grande en la sección esotérica y mística.

Al salir de Pino Suárez y seguir por la avenida, una antigua estación de bomberos
recibe a los transeúntes. Sus grandes camiones rojos brillan bajo el sol, listos para
la emergencia, mientras su fachada de tabique resiste el paso del tiempo. El
personal uniformado, atento pero relajado, aporta una escena sacada de una
película de acción.

A unos pocos pasos, el paisaje cambia: el ruido del tráfico se mezcla con las voces
de los vendedores ambulantes y las lonas de los puestos ofrecen algo de sombra.
La avenida, siempre congestionada, hace imposible cruzar, obligando a los
peatones a dirigirse a un puente que marca la entrada al mercado.

Este puente es el que recibe a los visitantes que, al subir son recibidos por el aroma
a hierbas aromáticas y el cantadito constante de “llévele joven, pregunta sin
compromiso”. Desde arriba, el cielo despejado y el sol deslumbrante dan la
impresión de que el mercado está rodeado de un mar heterogéneo de lonas de
todos los colores, que ocultan el suelo.

Al descender, el bullicio se intensifica: los vendedores de hierbas, con una voz


grave, anuncian sus remedios, mientras las mujeres revisan entre los distintos
puestos amuletos místicos. El aroma del mercado cambia conforme te adentras;
afuera huele a canela y anís, mientras que en los pasillos predomina el incienso y
las velas aromáticas.

El pasillo número 8, por el que la mayoría visita el mercado, está dedicado a lo


esotérico. Las vitrinas exhiben collares dorados, figuras de la Santa Muerte y otros
santos. Los vendedores, en su mayoría personas mayores de 30 años, visten
prendas blancas y holgadas que cubren casi todo su cuerpo, dejando a la vista solo
su rostro, sus collares de cuentas y anillos de plata.
Es fácil perderse entre los pasillos angostos, entre el aroma a copal, sus símbolos
crípticos y el constante llamado de “limpias y lecturas, pregunte sin compromiso”.
Sin embargo, quienes vienen con un propósito claro saben a dónde dirigirse.

Promesas místicas y divinas son lo que atrae a los compradores del pasillo 8.
Algunos se detienen frente a estantes repletos de veladoras de colores vibrantes,
cada una con una intención distinta: rojo para el amor, dorado para el dinero, negro
para alejar la envidia. Otros, con mirada inquieta, escuchan atentamente a un
vendedor que explica cómo usar un cuerno de ciervo para atraer la buena fortuna.

Más adelante, frascos con líquidos misteriosos prometen influir en sentimientos


ajenos. “Feromonas amansa machos”, dice una etiqueta en letras doradas; “para
que no se te vaya con otra”, insiste la vendedora con una sonrisa. Junto a ella, una
mujer remueve polvos, lista para ofrecerlos a quien busque proteger su negocio,
encontrar pareja o reforzar la pasión.

Entre amuletos, inciensos y oraciones, el pasillo es un reflejo de los anhelos


humanos: amor, dinero, protección y salud. Aquí, la esperanza se vende por frascos,
velas y hierbas.

La tarde cae y el sol se oculta, pero el bullicio del mercado no cesa. Diablitos
cargados de cajas misteriosas pasan entre los pasillos, mientras el aroma a incienso
impregnado en la ropa se mezcla con el de las hierbas. Clientes nuevos y habituales
se marchan con bolsas llenas de promesas: amuletos para la buena suerte,
veladoras para la protección y frascos que prometen atraer el amor.

El Mercado de Sonora es más que un espacio de comercio; es un punto de


encuentro entre la fe y la necesidad, entre la tradición y la modernidad. Aquí, lo
inexplicable encuentra su propia lógica, y para quienes buscan respuestas entre sus
pasillos, la magia no es un producto, es una posibilidad.

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