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El documento explora la vida y el trabajo de una dominatrix, destacando la importancia de la conexión y la comunicación con los clientes durante las sesiones. Se enfatiza el respeto hacia la sexualidad de los hombres que buscan estas experiencias, así como la necesidad de crear un ambiente seguro y de confianza. Además, se menciona cómo el uniforme y la dinámica de poder son fundamentales para el desarrollo de la sesión.

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El documento explora la vida y el trabajo de una dominatrix, destacando la importancia de la conexión y la comunicación con los clientes durante las sesiones. Se enfatiza el respeto hacia la sexualidad de los hombres que buscan estas experiencias, así como la necesidad de crear un ambiente seguro y de confianza. Además, se menciona cómo el uniforme y la dinámica de poder son fundamentales para el desarrollo de la sesión.

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Vida de una dominatrix

Vida de una dominatrix

Anna Rakhmanko
& Mikkel Sommer
Hinterhof. Vida de una dominatrix, de Anna Rakhmanko & Mikkel Sommer
© 2022 Mikkel Sommer y Anna Rakhmanko
Todos los derechos recervados.
Traducción por acuerdo con Am-Book ([Link])
Título original: Hinterhof
Primera edición en lengua española: junio de 2023
De la edición en lengua española: © 2023 Garbuix Books, SL.
[Link]
Impresión: Edelvives
Traducción: © 2023 Inger-Lise Ostrem
Maquetación y rotulado: Fernando Fuentes ([Link])
Corrección: Joana Castells
DEPÓSITO LEGAL: B 9835-2023
ISBN: 978-84-19393-09-8
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación
de esta obra requiere la autorización previa y por escrito de Garbuix Books.
Todos los derechos reservados.
¿Cómo estás?
¿Quieres tomar algo?

Un vaso de
agua, gracias.
¿Has venido directamente
del trabajo?
Sí.
¿Estás cansado?

Estoy bien. Solo un poco nervioso.

No hay por qué estar


nervioso.
Bueno. Dime, ¿por qué Eh, pues, me ha gustado tu perfil, y se me
has venido hoy? ha ocurrido que eres la persona adecuada con
quien probar estas cosas. Tengo curiosidad…
He visto un par de vídeos, pero nunca
he hecho casi nada.

Para mí, lo primero es entender qué es lo que buscan. De modo que empiezo
por tantear el terreno, tomando la iniciativa. ¿Te llama la atención el
bondage? ¿Te gusta que te digan guarrerías? ¿Quieres que juguemos cara
a cara? ¿Tienes ganas de jugar a algo en particular?

La ducha está justo ahí,


a la derecha. Encontrarás
toallas limpias en el
armario.
Me enternecen los hombres que vienen a mi estudio y la relación que
tienen con su propia sexualidad. Cuando se desnudan para meterse en
la ducha, antes de la sesión, emanan un aura de vergüenza. Como si una
nube les coronara la cabeza porque saben que lo que se disponen a hacer
es vergonzoso y ay de mí, si alguien se entera o me viera en este preciso
instante. Y encima está la emoción infantil de quien se halla a punto
de embarcarse en una aventura llena de misterio.
Todo ello tiene valor y merece respeto.
Para ser una buena dominatrix, la relación con cada uno de los clientes,
la conexión y la comunicación son fundamentales. Una dominatrix es
como un sacerdote, o como un funcionario de la administración. La gente
acude a nosotras. Visitar a una dominatrix es un acto sagrado, y a
menudo los que vienen lo hacen en algún momento especial de sus vidas.
De modo que cuando alguien viene a verme por primera vez, el truco
consiste en atarlos cuando están de pie. En esa postura se sienten
con más control. Y también puedo mirarles a los ojos. Los sitúo de modo
que podamos mirarnos el uno al otro, y así es como podemos empezar a
jugar. Puedo controlar sus reacciones y ver a la primera qué necesitan
y dónde están sus límites. Incluso con los ojos vendados, mientras los
deje de pie se darán cuenta de que estoy a su lado, no encima de ellos.
Es un momento de cooperación; de que vean que respeto su cuerpo.
Y cuando se sienten en confianza les resulta más fácil dejarse llevar.
Entonces puedo jugar con sus límites
y ellos se sentirán a salvo, seguros.
Entiendo su lenguaje corporal.

Por regla general me


basta con una palabra
clave para las sesiones
de dolor intenso o de
juego de roles. Pero
la verdad es que
nunca he tenido
que recurrir
a ella.
Algunos de mis clientes han pasado horas en el mundo de fantasías que
encierran sus cabezas. Imaginemos a un cliente que haya empezado a
fantasear con sus cosas a los 16 años. Pongamos que 30 minutos por semana
(aunque esa es una estimación muy conservadora) durante diez años. Para
cuando vienen a verme han creado en su cabeza un mundo en el que han
vivido al menos 260 horas.
Si pudiera yo darle a mis clientes instrucciones sobre cómo com-
portarse durante una sesión, les diría que se dejasen llevar y que
la disfrutaran, pero sobre todo que se expresaran con los sonidos
que emiten y con su cuerpo.
Algunos hombres no están acostumbrados a relajarse, y se quedan “helados”,
inmóviles en la posición en que los he atado, incapaces de relajarse, haga yo
lo que haga. Y así estropean la sesión, sin que importe el impulso que yo haya
logrado crear. ¿Será la vergüenza lo que les impide expresarse?
Mi deber consiste en tener el aplomo suficiente para poner la
pelota en juego y a partir de ahí dirigir el rumbo de la partida.
Pero no lo puedo hacer todo yo sola. Con algunos clientes es como
jugar con un muñeco exánime. Lo llamamos el “síndrome del
pez muerto”.

El uniforme de BDSM es
fundamental si se quiere
generar una situación
concreta y crear el
ambiente adecuado.
Para empezar, porque refuerza mi autoestima. Porque me siento
fuerte y bella. Y eso me lo da el corpiño de cuero, las botas, la pose,
los labios rojos, el liguero y el látigo. Todo eso le dice a mi pareja de
juego quién es la que manda. Mi cliente y yo reaccionamos ambos a una
serie de símbolos comunes, y a partir de ahí se entabla una suerte
de intercambio dinámico. A decir verdad, los clientes traen consigo el
ingrediente más importante: la voluntad de participar. Vienen buscando
una posibilidad de soltar amarras, y se abandonan a mí. Su cooperación
es esencial. Y cuando siento que sus cuerpos se hacen arcilla bajo mis
manos me siento aún más confiada, y eso me da más voluntad y energía
para seguir adelante. Me apoyo en mi intuición y mi creatividad.

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