Arte
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Para otros usos de este término, véase Arte (desambiguación).
Alegoría del arte (1690-1694), de Sebastiano Ricci.
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El arte (del latín ars, artis, y este calco del griego τέχνη, téchnē)[1] es entendido
generalmente como cualquier actividad o producto realizado con una finalidad estética
y también comunicativa, mediante la cual se expresan ideas, emociones y, en general,
una visión del mundo, a través de diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos,
sonoros, corporales y mixtos.[2] El arte es un componente de la cultura, reflejando en su
concepción las bases económicas y sociales, y la transmisión de ideas y valores,
inherentes a cualquier cultura humana a lo largo del espacio y el tiempo. Se suele
considerar que con la aparición del Homo sapiens el arte tuvo en principio una función
ritual, mágica o religiosa (arte paleolítico), pero esa función cambió con la evolución
del ser humano, adquiriendo un componente estético y una función social,
pedagógica, mercantil o simplemente ornamental.
La noción de arte continúa sujeta a profundas disputas, dado que su definición está
abierta a múltiples interpretaciones, que varían según la cultura, la época, el
movimiento, o la sociedad para la cual el término tiene un determinado sentido. El
vocablo ‘arte’ tiene una extensa acepción, pudiendo designar cualquier actividad
humana hecha con esmero y dedicación, o cualquier conjunto de reglas necesarias
para desarrollar de forma óptima una actividad: se habla así de “arte culinario”, “arte
médico”, “artes marciales”, “artes de arrastre” en la pesca, etc. En ese sentido, arte es
sinónimo de capacidad, habilidad, talento, experiencia. Sin embargo, más
comúnmente se suele considerar al arte como una actividad creadora del ser humano,
por la cual produce una serie de objetos (obras de arte) que son singulares, y cuya
finalidad es principalmente estética. En ese contexto, arte sería la generalización de un
concepto expresado desde antaño como “bellas artes”, actualmente algo en desuso y
reducido a ámbitos académicos y administrativos. De igual forma, el empleo de la
palabra arte para designar la realización de otras actividades ha venido siendo
sustituido por términos como ‘técnica’ u ‘oficio’. En este artículo se trata de arte
entendido como un medio de expresión humano de carácter creativo.
Concepto
Artículo principal: Teoría del arte
Atributos de la pintura, la escultura y la arquitectura
(1769), de Anne Vallayer-Coster.
La definición de arte es abierta, subjetiva y discutible. No existe un acuerdo unánime
entre historiadores, filósofos o artistas. A lo largo del tiempo se han dado numerosas
definiciones de arte, entre ellas: «el arte es el recto ordenamiento de la razón» (Tomás
de Aquino); «el arte es aquello que establece su propia regla» (Schiller); «el arte es el
estilo» (Max Dvořák); «el arte es expresión de la sociedad» (John Ruskin); «el arte es la
libertad del genio» (Adolf Loos); «el arte es la idea» (Marcel Duchamp); «el arte es la
novedad» (Jean Dubuffet); «el arte es la acción, la vida» (Joseph Beuys); «arte es todo
aquello que los hombres llaman arte» (Dino Formaggio); «el arte es la mentira que nos
ayuda a ver la verdad» (Pablo Picasso); «arte es vida, vida es arte» (Wolf Vostell).
El concepto ha ido variando con el paso del tiempo: hasta el Renacimiento, solo las
artes liberales eran consideradas arte; la arquitectura, la escultura y la pintura eran
consideradas “manualidades”. El arte ha sido desde siempre uno de los principales
medios de expresión del ser humano, a través del cual manifiesta sus ideas y
sentimientos, la forma como se relaciona con el mundo. Su función puede variar desde
la más práctica hasta la más ornamental, puede tener un contenido religioso o
simplemente estético, puede ser duradero o efímero. En el siglo XX se pierde incluso el
sustrato material: decía Beuys que la vida es un medio de expresión artística,
destacando el aspecto vital, la acción.
El término arte procede del latín ars, y es el equivalente al término griego τέχνη (téchne,
de donde proviene ‘técnica’). Originalmente se aplicaba a toda la producción realizada
por el hombre y a las disciplinas del saber hacer. Así, artistas eran tanto el cocinero, el
jardinero o el constructor, como el pintor o el poeta. Con el tiempo la derivación latina
(ars -> arte) se utilizó para designar a las disciplinas relacionadas con las artes de lo
estético y lo emotivo; y la derivación griega (téchne -> técnica), para aquellas
disciplinas que tienen que ver con las producciones intelectuales y de artículos de
uso.[3] En la actualidad es difícil encontrar que ambos términos (arte y técnica) se
confundan o utilicen como sinónimos.
Evolución histórica del concepto de arte
El origen de la Pintura (1786), de Jean-Baptiste Regnault.
Según una leyenda de Plinio el Viejo, la pintura la inventó una muchacha griega que trazó la silueta
de su novio antes de partir a la guerra para perpetuar su recuerdo (Naturalis Historia, XXXV, 15).[4]
En la antigüedad clásica grecorromana, una de las principales cunas de la civilización
occidental y primera cultura que reflexionó sobre el arte, se consideraba el arte como
una habilidad del ser humano en cualquier terreno productivo, siendo prácticamente
un sinónimo de ‘destreza’: destreza para construir un objeto, para comandar un
ejército, para convencer al público en un debate, o para efectuar mediciones
agronómicas. En definitiva, cualquier habilidad sujeta a reglas, a preceptos específicos
que la hacen objeto de aprendizaje y de evolución y perfeccionamiento técnico. En
cambio, la poesía, que venía de la inspiración, no estaba catalogada como arte. Así,
Aristóteles, por ejemplo, definió el arte como aquella «permanente disposición a
producir cosas de un modo racional», y Quintiliano estableció que era aquello «que
está basado en un método y un orden» (via et ordine).[5] Platón, en el Protágoras, habló
del arte, opinando que es la capacidad de hacer cosas por medio de la inteligencia, a
través de un aprendizaje. Para Platón, el arte tiene un sentido general, es la capacidad
creadora del ser humano.[6] Casiodoro destacó en el arte su aspecto productivo,
conforme a reglas, señalando tres objetivos principales del arte: enseñar (doceat),
conmover (moveat) y complacer (delectet).[7]
Durante el Renacimiento se empezó a gestar un cambio de mentalidad, separando los
oficios y las ciencias de las artes, donde se incluyó por primera vez a la poesía,
considerada hasta entonces un tipo de filosofía o incluso de profecía –para lo que fue
determinante la publicación en 1549 de la traducción italiana de la Poética de
Aristóteles–. En este cambio intervino considerablemente la progresiva mejora en la
situación social del artista, debida al interés que los nobles y ricos prohombres
italianos empezaron a mostrar por la belleza. Los productos del artista adquirieron un
nuevo estatus de objetos destinados al consumo estético y, por ello, el arte se convirtió
en un medio de promoción social, incrementándose el mecenazgo artístico y
fomentando el coleccionismo.[8] Surgieron en ese contexto varios tratados teóricos
acerca del arte, como los de Leon Battista Alberti (De Pictura, 1436-1439; De re
aedificatoria, 1450; y De Statua, 1460), o Los Comentarios (1447) de Lorenzo Ghiberti.
Alberti recibió la influencia aristotélica, pretendiendo aportar una base científica al
arte. Habló de decorum, el tratamiento del artista para adecuar los objetos y temas
artísticos a un sentido mesurado, perfeccionista. Ghiberti fue el primero en periodificar
la historia del arte, distinguiendo antigüedad clásica, periodo medieval y lo que llamó
“renacer de las artes”.[9]
Alegoría de la pintura (1666), de Johannes Vermeer.
Con el manierismo comenzó el arte moderno: las cosas ya no se representan tal como
son, sino tal como las ve el artista. La belleza se relativiza, se pasa de la belleza única
renacentista, basada en la ciencia, a las múltiples bellezas del manierismo, derivadas
de la naturaleza. Apareció en el arte un nuevo componente de imaginación, reflejando
tanto lo fantástico como lo grotesco, como se puede percibir en la obra de Brueghel o
Arcimboldo. Giordano Bruno fue uno de los primeros pensadores que prefiguró las
ideas modernas: decía que la creación es infinita, no hay centro ni límites –ni Dios ni
hombre–, todo es movimiento, dinamismo. Para Bruno, hay tantos artes como artistas,
introduciendo la idea de originalidad del artista. El arte no tiene normas, no se aprende,
sino que viene de la inspiración.[10]
Los siguientes avances se hicieron en el siglo XVIII con la Ilustración, donde comenzó a
producirse cierta autonomía del hecho artístico: el arte se alejó de la religión y de la
representación del poder para ser fiel reflejo de la voluntad del artista, centrándose
más en las cualidades sensibles de la obra que no en su significado.[11] Jean-Baptiste
Dubos, en Reflexiones críticas sobre la poesía y la pintura (1719), abrió el camino hacia
la relatividad del gusto, razonando que la estética no viene dada por la razón, sino por
los sentimientos. Así, para Dubos el arte conmueve, llega al espíritu de una forma más
directa e inmediata que el conocimiento racional. Dubos hizo posible la popularización
del gusto, oponiéndose a la reglamentación académica, e introdujo la figura del ‘genio’,
como atributo dado por la naturaleza, que está más allá de las reglas.
En el romanticismo, surgido en Alemania a finales del siglo XVIII con el movimiento
denominado Sturm und Drang, triunfó la idea de un arte que surge espontáneamente
del individuo, desarrollando la noción de genio –el arte es la expresión de las
emociones del artista–, que comienza a ser mitificado.[12] Autores como Novalis y
Friedrich von Schlegel reflexionaron sobre el arte: en la revista Athenäum, editada por
ellos, surgieron las primeras manifestaciones de la autonomía del arte, ligado a la
naturaleza. Para ellos, en la obra de arte se encuentran el interior del artista y su propio
lenguaje natural.[13]
El tribunal de los Uffizi (1772-1778), de Johann
Zoffany.
Arthur Schopenhauer dedicó el tercer libro de El mundo como voluntad y
representación a la teoría del arte: el arte es una vía para escapar del estado de
infelicidad propio del hombre. Identificó conocimiento con creación artística, que es la
forma más profunda de conocimiento. El arte es la reconciliación entre voluntad y
conciencia, entre objeto y sujeto, alcanzando un estado de contemplación, de
felicidad. La conciencia estética es un estado de contemplación desinteresada, donde
las cosas se muestran en su pureza más profunda. El arte habla en el idioma de la
intuición, no de la reflexión; es complementario de la filosofía, la ética y la religión.
Influido por la filosofía oriental, manifestó que el hombre debe liberarse de la voluntad
de vivir, del ‘querer’, que es origen de insatisfacción. El arte es una forma de librarse de
la voluntad, de ir más allá del ‘yo’.[14]
Richard Wagner recogió la ambivalencia entre lo sensible y lo espiritual de
Schopenhauer: en Ópera y drama (1851), Wagner planteó la idea de la “obra de arte
total” (Gesamtkunstwerk), donde se haría una síntesis de la poesía, la palabra –
elemento masculino–, con la música –elemento femenino–. Opinaba que el lenguaje
primitivo sería vocálico, mientras que la consonante fue un elemento racionalizador;
así pues, la introducción de la música en la palabra sería un retorno a la inocencia
primitiva del lenguaje.[15]
A finales del siglo XIX surgió el esteticismo, que fue una reacción al utilitarismo
imperante en la época y a la fealdad y el materialismo de la era industrial. Frente a ello,
surgió una tendencia que otorgaba al arte y a la belleza una autonomía propia,
sintetizada en la fórmula de Théophile Gautier “el arte por el arte” (l'art pour l'art),
llegando incluso a hablarse de “religión estética”. [16] Esta postura pretendía aislar al
artista de la sociedad, para que buscase de forma autónoma su propia inspiración y se
dejase llevar únicamente por una búsqueda individual de la belleza. [17] Así, la belleza se
aleja de cualquier componente moral, convirtiéndose en el fin último del artista, que
llega a vivir su propia vida como una obra de arte –como se puede apreciar en la figura
del dandi–.[18] Uno de los teóricos del movimiento fue Walter Pater, que influyó sobre el
denominado decadentismo inglés, estableciendo en sus obras que el artista debe vivir
la vida intensamente, siguiendo como ideal a la belleza. Para Pater, el arte es “el
círculo mágico de la existencia”, un mundo aislado y autónomo puesto al servicio del
placer, elaborando una auténtica metafísica de la belleza.[19]
El taller del pintor (1855), de Gustave Courbet.
Por otro lado, Charles Baudelaire fue uno de los primeros autores que analizaron la
relación del arte con la recién surgida era industrial, prefigurando la noción de “belleza
moderna”: no existe la belleza eterna y absoluta, sino que cada concepto de lo bello
tiene algo de eterno y algo de transitorio, algo de absoluto y algo de particular. La
belleza viene de la pasión y, al tener cada individuo su pasión particular, también tiene
su propio concepto de belleza. En su relación con el arte, la belleza expresa por un lado
una idea “eternamente subsistente”, que sería el “alma del arte”, y por otro un
componente relativo y circunstancial, que es el “cuerpo del arte”. Así, la dualidad del
arte es expresión de la dualidad del hombre, de su aspiración a una felicidad ideal
enfrentada a las pasiones que le mueven hacia ella. Frente a la mitad eterna, anclada
en el arte clásico antiguo, Baudelaire vio en la mitad relativa el arte moderno, cuyos
signos distintivos son lo transitorio, lo fugaz, lo efímero y cambiante –sintetizados en la
moda–. Baudelaire tenía un concepto neoplatónico de belleza, que es la aspiración
humana hacia un ideal superior, accesible a través del arte. El artista es el “héroe de la
modernidad”, cuya principal cualidad es la melancolía, que es el anhelo de la belleza
ideal.[20]
En contraposición al esteticismo, Hippolyte-Adolphe Taine elaboró una teoría
sociológica del arte: en su Filosofía del arte (1865-1869) aplicó al arte un determinismo
basado en la raza, el contexto y la época (race, milieu, moment). Para Taine, la estética,
la “ciencia del arte”, opera como cualquier otra disciplina científica, basándose en
parámetros racionales y empíricos. Igualmente, Jean Marie Guyau, en Los problemas
de la estética contemporánea (1884) y El arte desde el punto de vista sociológico
(1888), planteó una visión evolucionista del arte, afirmando que el arte está en la vida, y
que evoluciona como esta; y, al igual que la vida del ser humano está organizada
socialmente, el arte debe ser reflejo de la sociedad. [21]
La estética sociológica tuvo una gran vinculación con el realismo pictórico y con
movimientos políticos de izquierdas, especialmente el socialismo utópico: autores
como Henri de Saint-Simon, Charles Fourier y Pierre Joseph Proudhon defendieron la
función social del arte, que contribuye al desarrollo de la sociedad, aunando belleza y
utilidad en un conjunto armónico. Por otro lado, en el Reino Unido, la obra de teóricos
como John Ruskin y William Morris aportó una visión funcionalista del arte: en Las
piedras de Venecia (1851-1856) Ruskin denunció la destrucción de la belleza y la
vulgarización del arte llevada a cabo por la sociedad industrial, así como la
degradación de la clase obrera, defendiendo la función social del arte. En El arte del
pueblo (1879) pidió cambios radicales en la economía y la sociedad, reclamando un
arte “hecho por el pueblo y para el pueblo”. Por su parte, Morris –fundador del
movimiento Arts & Crafts– defendió un arte funcional, práctico, que satisfaga
necesidades materiales y no solo espirituales. En Escritos estéticos (1882-1884) y Los
fines del arte (1887) planteó un concepto de arte utilitario pero alejado de sistemas de
producción excesivamente tecnificados, próximo a un concepto del socialismo
cercano al corporativismo medieval.[22]
Representación de El cascanueces, de Piotr Chaikovski.
Por otro lado, la función del arte fue cuestionada por el escritor ruso Lev Tolstoi: en
¿Qué es el arte? (1898) se planteó la justificación social del arte, argumentando que
siendo el arte una forma de comunicación solo puede ser válido si las emociones que
transmite pueden ser compartidas por todos los hombres. Para Tolstoi, la única
justificación válida es la contribución del arte a la fraternidad humana: una obra de arte
solo puede tener valor social cuando transmite valores de fraternidad, es decir,
emociones que impulsen a la unificación de los pueblos. [23]
En esa época se empezó a abordar el estudio del arte desde el terreno de la psicología:
Sigmund Freud aplicó el psicoanálisis al arte en Un recuerdo infantil de Leonardo da
Vinci (1910), defendiendo que el arte sería una de las maneras de representar un
deseo, una pulsión reprimida, de forma sublimada. Opinaba que el artista es una figura
narcisista, cercana al niño, que refleja en el arte sus deseos, y afirmó que las obras
artísticas pueden ser estudiadas como los sueños y las enfermedades mentales, con el
psicoanálisis. Su método era semiótico, estudiando los símbolos, y opinaba que una
obra de arte es un símbolo. Pero como el símbolo representa un determinado concepto
simbolizado, hay que estudiar la obra de arte para llegar al origen creativo de la obra. [24]
Igualmente, Carl Gustav Jung relacionó la psicología con diversas disciplinas como la
filosofía, la sociología, la religión, la mitología, la literatura y el arte. En Contribuciones
a la psicología analítica (1928), sugirió que los elementos simbólicos presentes en el
arte son “imágenes primordiales” o “arquetipos”, que están presentes de forma innata
en el “subconsciente colectivo” del ser humano. [25]
Wilhelm Dilthey, desde la estética cultural, formuló una teoría acerca de la unidad
entre arte y vida. Prefigurando el arte de vanguardia, Dilthey ya vislumbraba a finales
del siglo XIX cómo el arte se alejaba de las reglas académicas, y cómo cobraba cada
vez mayor importancia la función del público, que tiene el poder de ignorar o ensalzar
la obra de un artista determinado. Encontró en todo ello una “anarquía del gusto”, que
achacó a un cambio social de interpretación de la realidad, pero que percibió como
transitorio, siendo necesario hallar «una relación sana entre el pensamiento estético y
el arte». Así, ofreció como salvación del arte las “ciencias del espíritu”, especialmente
la psicología: la creación artística debe poder analizarse bajo el prisma de la
interpretación psicológica de la fantasía. En Vida y poesía (1905) presentó la poesía
como expresión de la vida, como ‘vivencia’ (Erlebnis) que refleja la realidad externa de
la vida. La creación artística tiene pues como función intensificar nuestra visión del
mundo exterior, presentándolo como un conjunto coherente y pleno de sentido. [26]
Visión actual
Fuente, de Marcel Duchamp. El siglo XX supone una
pérdida del concepto de belleza clásica para conseguir un mayor efecto en el diálogo artista-
espectador.
El siglo XX ha supuesto una radical transformación del concepto de arte: la superación
de las ideas racionalistas de la Ilustración y el paso a conceptos más subjetivos e
individuales, partiendo del movimiento romántico y cristalizando en la obra de autores
como Kierkegaard y Nietzsche, suponen una ruptura con la tradición y un rechazo de la
belleza clásica. El concepto de realidad fue cuestionado por las nuevas teorías
científicas: la subjetividad del tiempo de Bergson, la Teoría de la relatividad de Einstein,
la mecánica cuántica, la teoría del psicoanálisis de Freud, etc. Por otro lado, las
nuevas tecnologías hacen que el arte cambie de función, debido a que la fotografía y el
cine ya se encargan de plasmar la realidad. Todos estos factores producen la génesis
del arte abstracto, el artista ya no intenta reflejar la realidad, sino su mundo interior,
expresar sus sentimientos.[27] El arte actual tiene oscilaciones continuas del gusto,
cambia simultáneamente junto a este: así como el arte clásico se sustentaba sobre
una metafísica de ideas inmutables, el actual, de raíz kantiana, encuentra gusto en la
conciencia social de placer (cultura de masas). También hay que valorar la progresiva
disminución del analfabetismo, puesto que antiguamente, al no saber leer gran parte
de la población, el arte gráfico era el mejor medio para la transmisión del conocimiento
–sobre todo religioso–, función que ya no es necesaria en el siglo XX.
Una de las primeras formulaciones fue la del marxismo: de la obra de Marx se
desprendía que el arte es una “superestructura” cultural determinada por las
condiciones sociales y económicas del ser humano. Para los marxistas, el arte es
reflejo de la realidad social, si bien el propio Marx no veía una correspondencia directa
entre una sociedad determinada y el arte que produce. Georgi Plejánov, en Arte y vida
social (1912), formuló una estética materialista que rechazaba el “arte por el arte”, así
como la individualidad del artista ajeno a la sociedad que lo envuelve. [28] Walter
Benjamin incidió de nuevo en el arte de vanguardia, que para él es «la culminación de la
dialéctica de la modernidad», el final del intento totalizador del arte como expresión del
mundo circundante. Intentó dilucidar el papel del arte en la sociedad moderna,
realizando un análisis semiótico en el que el arte se explica a través de signos que el
hombre intenta descifrar sin un resultado aparentemente satisfactorio. En La obra de
arte en la época de la reproductibilidad técnica (1936) analizó la forma cómo las
nuevas técnicas de reproducción industrial del arte pueden hacer variar el concepto de
este, al perder su carácter de objeto único y, por tanto, su halo de reverencia mítica;
esto abre nuevas vías de concebir el arte –inexploradas aún para Benjamin– pero que
supondrán una relación más libre y abierta con la obra de arte. [29]
Theodor W. Adorno, como Benjamin perteneciente a la Escuela de Fráncfort, defendió
el arte de vanguardia como reacción a la excesiva tecnificación de la sociedad
moderna. En su Teoría estética (1970) afirmó que el arte es reflejo de las tendencias
culturales de la sociedad, pero sin llegar a ser fiel reflejo de esta, ya que el arte
representa lo inexistente, lo irreal; o, en todo caso, representa lo que existe pero como
posibilidad de ser otra cosa, de trascender. El arte es la “negación de la cosa”, que a
través de esta negación la trasciende, muestra lo que no hay en ella de forma
primigenia. Es apariencia, mentira, presentando lo inexistente como existente,
prometiendo que lo imposible es posible. [30]
Isla Pagoda en la desembocadura del río Min
(1870), de John Thomson. La fotografía supuso una gran revolución a la hora de concebir el arte en
el siglo XIX y el XX.
Representante del pragmatismo, John Dewey, en Arte como experiencia (1934), definió
el arte como “culminación de la naturaleza”, defendiendo que la base de la estética es
la experiencia sensorial. La actividad artística es una consecuencia más de la actividad
natural del ser humano, cuya forma organizativa depende de los condicionamientos
ambientales en que se desenvuelve. Así, el arte es “expresión”, donde fines y medios
se fusionan en una experiencia agradable. Para Dewey, el arte, como cualquier
actividad humana, implica iniciativa y creatividad, así como una interacción entre
sujeto y objeto, entre el hombre y las condiciones materiales en las que desarrolla su
labor.[31]
José Ortega y Gasset analizó en La deshumanización del arte (1925) el arte de
vanguardia desde el concepto de “sociedad de masas”, donde el carácter minoritario
del arte vanguardista produce una elitización del público consumidor de arte. Ortega
aprecia en el arte una “deshumanización” debida a la pérdida de perspectiva histórica,
es decir, de no poder analizar con suficiente distancia crítica el sustrato sociocultural
que conlleva el arte de vanguardia. La pérdida del elemento realista, imitativo, que
Ortega aprecia en el arte de vanguardia, supone una eliminación del elemento humano
que estaba presente en el arte naturalista. Asimismo, esta pérdida de lo humano hace
desaparecer los referentes en que estaba basado el arte clásico, suponiendo una
ruptura entre el arte y el público, y generando una nueva forma de comprender el arte
que solo podrán entender los iniciados. La percepción estética del arte
deshumanizado es la de una nueva sensibilidad basada no en la afinidad sentimental –
como se producía con el arte romántico–, sino en un cierto distanciamiento, una
apreciación de matices. Esa separación entre arte y humanidad supone un intento de
volver al hombre a la vida, de rebajar el concepto de arte como una actividad
secundaria de la experiencia humana.[32]
En la escuela semiótica, Luigi Pareyson elaboró en Estética. Teoría de la formatividad
(1954) una estética hermenéutica, donde el arte es interpretación de la verdad. Para
Pareyson, el arte es “formativo”, es decir, expresa una forma de hacer que, «a la vez
que hace, inventa el modo de hacer». En otras palabras, no se basa en reglas fijas, sino
que las define conforme se elabora la obra y las proyecta en el momento de realizarla.
Así, en la formatividad la obra de arte no es un “resultado”, sino un “logro”, donde la
obra ha encontrado la regla que la define específicamente. El arte es toda aquella
actividad que busca un fin sin medios específicos, debiendo hallar para su realización
un proceso creativo e innovador que dé resultados originales de carácter inventivo. [33]
Pareyson influyó en la denominada Escuela de Turín, que desarrollará su concepto
ontológico del arte: Umberto Eco, en Obra abierta (1962), afirmó que la obra de arte
solo existe en su interpretación, en la apertura de múltiples significados que puede
tener para el espectador; Gianni Vattimo, en Poesía y ontología (1968), relacionó el arte
con el ser, y por tanto con la verdad, ya que es en el arte donde la verdad se muestra de
forma más pura y reveladora.[34]
El cómic ha sido una de las últimas incorporaciones a la categoría
de bellas artes. En la imagen Little Nemo in Slumberland, el primer gran clásico del cómic
publicado en 1905.
Una de las últimas derivaciones de la filosofía y el arte es la postmodernidad, teoría
sociocultural que postula la actual vigencia de un periodo histórico que habría
superado el proyecto moderno, es decir, la raíz cultural, política y económica propia de
la Edad Contemporánea, marcada en lo cultural por la Ilustración, en lo político por la
Revolución francesa y en lo económico por la Revolución industrial. Frente a las
propuestas del arte de vanguardia, los postmodernos no plantean nuevas ideas, ni
éticas ni estéticas; tan solo reinterpretan la realidad que les envuelve, mediante la
repetición de imágenes anteriores, que pierden así su sentido. La repetición encierra el
marco del arte en el arte mismo, se asume el fracaso del compromiso artístico, la
incapacidad del arte para transformar la vida cotidiana. El arte postmoderno vuelve sin
pudor al sustrato material, a la obra de arte-objeto, al “arte por el arte”, sin pretender
hacer ninguna evolución, ninguna ruptura. Algunos de sus más importantes teóricos
han sido Jacques Derrida y Michel Foucault.[35]
Como conclusión, cabría decir que las viejas fórmulas que basaban el arte en la
creación de belleza o en la imitación de la naturaleza han quedado obsoletas, y hoy día
el arte es una cualidad dinámica, en constante transformación, inmersa además en los
medios de comunicación de masas, en los canales de consumo, con un aspecto
muchas veces efímero, de percepción instantánea, presente con igual validez en la
idea y en el objeto, en su génesis conceptual y en su realización material. [36] Morris
Weitz, representante de la estética analítica, opinaba en El papel de la teoría en la
estética (1957) que «es imposible establecer cualquier tipo de criterios del arte que
sean necesarios y suficientes; por lo tanto, cualquier teoría del arte es una
imposibilidad lógica, y no simplemente algo que sea difícil de obtener en la práctica».
Según Weitz, una cualidad intrínseca de la creatividad artística es que siempre produce
nuevas formas y objetos, por lo que «las condiciones del arte no pueden establecerse
nunca de antemano». Así, «el supuesto básico de que el arte pueda ser tema de
cualquier definición realista o verdadera es falso».[37]
En el fondo, la indefinición del arte estriba en su reducción a determinadas categorías –
como imitación, como recreación, como expresión–; el arte es un concepto global, que
incluye todas estas formulaciones y muchas más, un concepto en evolución y abierto a
nuevas interpretaciones, que no se puede fijar de forma convencional, sino que debe
aglutinar todos los intentos de expresarlo y formularlo, siendo una síntesis amplia y
subjetiva de todos ellos.
El arte es una actividad humana consciente capaz de reproducir cosas, construir formas, o expresar
una experiencia, si el producto de esta reproducción, construcción, o expresión puede deleitar,
emocionar o producir un choque.
Władysław Tatarkiewicz, Historia de seis ideas (1976).[38]
Clasificación
Las siete artes liberales, imagen del Hortus deliciarum
(siglo XII), de Herrad von Landsberg.
La clasificación del arte, o de las distintas facetas o categorías que pueden
considerarse artísticas, ha tenido una evolución paralela al concepto mismo de arte:
como se ha visto anteriormente, durante la antigüedad clásica se consideraba arte
todo tipo de habilidad manual y destreza, de tipo racional y sujeta a reglas; así,
entraban en esa denominación tanto las actuales bellas artes como la artesanía y las
ciencias, mientras que quedaban excluidas la música y la poesía. Una de las primeras
clasificaciones que se hicieron de las artes fue la de los filósofos sofistas
presocráticos, que distinguieron entre “artes útiles” y “artes placenteras”, es decir,
entre las que producen objetos de cierta utilidad y las que sirven para el
entretenimiento. Plutarco introdujo, junto a estas dos, las “artes perfectas”, que serían
lo que hoy consideramos ciencias. Platón, por su parte, estableció la diferencia entre
“artes productivas” y “artes imitativas”, según si producían objetos nuevos o imitaban
a otros.[39]
Durante la era romana hubo diversos intentos de clasificar las artes: Quintiliano dividió
el arte en tres esferas: “artes teóricas”, basadas en el estudio (principalmente, las
ciencias); “artes prácticas”, basadas en una actividad, pero sin producir nada (como la
danza); y “artes poéticas” –según la etimología griega, donde ποίησις (poíêsis) quiere
decir ‘producción’–, que son las que producen objetos. Cicerón catalogó las artes
según su importancia: “artes mayores” (política y estrategia militar), “artes medianas”
(ciencias, poesía y retórica) y “artes menores” (pintura, escultura, música,
interpretación y atletismo). Plotino clasificó las artes en cinco grupos: las que
producen objetos físicos (arquitectura), las que ayudan a la naturaleza (medicina y
agricultura), las que imitan a la naturaleza (pintura), las que mejoran la acción humana
(política y retórica) y las intelectuales (geometría).[40]
Sin embargo, la clasificación que tuvo más fortuna –llegando hasta la era moderna– fue
la de Galeno en el siglo II, que dividió el arte en “artes liberales” y “artes vulgares”,
según si tenían un origen intelectual o manual. Entre las liberales se encontraban: la
gramática, la retórica y la dialéctica –que formaban el trivium–, y la aritmética, la
geometría, la astronomía y la música –que formaban el quadrivium–; las vulgares
incluían la arquitectura, la escultura y la pintura, pero también otras actividades que
hoy consideramos artesanía.[41]
Durante la Edad Media continuó la división del arte entre artes liberales y vulgares –
llamadas estas últimas entonces “mecánicas”–, si bien hubo nuevos intentos de
clasificación: Boecio dividió las artes en ars y artificium, clasificación similar a la de
artes liberales y vulgares, pero en una acepción que casi excluía las formas manuales
del campo del arte, dependiendo este tan solo de la mente. En el siglo XII, Radulfo de
Campo Lungo intentó hacer una clasificación de las artes mecánicas, reduciéndolas a
siete, igual número que las liberales. En función de su utilidad cara a la sociedad, las
dividió en: ars victuaria, para alimentar a la gente; lanificaria, para vestirles;
architectura, para procurarles una casa; suffragatoria, para darles medios de
transporte; medicinaria, que les curaba; negotiatoria, para el comercio; militaria, para
defenderse.[42]
En el siglo XVI empezó a considerarse que la arquitectura, la pintura y la escultura eran
actividades que requerían no solo oficio y destreza, sino también un tipo de
concepción intelectual que las hacían superiores a otros tipos de manualidades. Se
gestaba así el concepto moderno de arte, que durante el Renacimiento adquirió el
nombre de arti del disegno (artes del diseño), por cuanto comprendían que esta
actividad –el diseñar– era la principal en la génesis de las obras de arte. [43]
Las Meninas (1656), de Velázquez, fue un alegato de la
figura del pintor como artista inspirado, frente a la condición de simple artesano que hasta
entonces se tenía del oficio de pintor.
Sin embargo, faltaba aglutinar estas artes del diseño con el resto de actividades
consideradas artísticas (música, poesía y teatro), tarea que se desarrolló durante los
dos siglos siguientes con varios intentos de buscar un nexo común a todas estas
actividades: así, el humanista florentino Giannozzo Manetti propuso el término “artes
ingeniosas”, donde incluía las artes liberales, por lo que solo cambiaba el vocablo; el
filósofo neoplatónico Marsilio Ficino elaboró el concepto de “artes musicales”,
argumentando que la música era la inspiración para todas las artes; en 1555, Giovanni
Pietro Capriano introdujo en su De vera poetica la acepción “artes nobles”, apelando a
la elevada finalidad de estas actividades; Lodovico Castelvetro habló en su Correttione
(1572) de “artes memoriales”, ya que según él estas artes buscaban fijar en objetos la
memoria de cosas y acontecimientos; Claude-François Menestrier, historiador francés
del siglo XVII, formuló la idea de “artes pictóricas”, remarcando el carácter visual del
arte; Emanuele Tesauro ideó en 1658 la noción de “artes poéticas”, inspirado en la
célebre cita de Horacio ut pictura poesis (la pintura como la poesía), describiendo el
componente poético y metafórico de estas artes; ya en el siglo XVIII, coincidieron en un
mismo año (1744) dos definiciones, la de “artes agradables” de Giambattista Vico, y la
de “artes elegantes” de James Harris; por último, en 1746, Charles Batteux estableció
en Las bellas artes reducidas a un único principio la concepción actual de bellas artes,
remarcando su aspecto de imitación (imitatio).[44]
Batteux incluyó en las bellas artes pintura, escultura, música, poesía y danza, mientras
que mantuvo el término artes mecánicas para el resto de actividades artísticas, y
señaló como actividades entre ambas categorías la arquitectura y la retórica, si bien al
poco tiempo se eliminó el grupo intermedio y la arquitectura y la retórica se
incorporaron plenamente a las bellas artes. Sin embargo, con el tiempo, esta lista
sufrió diversas variaciones, y si bien se aceptaba comúnmente la presencia de
arquitectura, pintura, escultura, música y poesía, los dos puestos restantes oscilaron
entre la danza, la retórica, el teatro y la jardinería, o, más adelante, nuevas disciplinas
como la fotografía y el cine. El término “bellas artes” hizo fortuna, y quedó fijado como
definición de todas las actividades basadas en la elaboración de objetos con finalidad
estética, producidos de forma intelectual y con voluntad expresiva y trascendente. Así,
desde entonces las artes fueron “bellas artes”, separadas tanto de las ciencias como
de los oficios manuales. Por eso mismo, durante el siglo XIX se fue produciendo un
nuevo cambio terminológico: ya que las artes eran solo las bellas artes, y el resto de
actividades no lo eran, poco a poco se fue perdiendo el término ‘bellas’ para quedar
solo el de ‘artes’, quedando la acepción ‘arte’ tal como la entendemos hoy día. Incluso
sucedió que entonces se restringió el término “bellas artes” para designar las artes
visuales, las que en el Renacimiento se denominaban “artes del diseño” (arquitectura,
pintura y escultura), siendo las demás las “artes en general”. También hubo una
tendencia cada vez más creciente a separar las artes visuales de las literarias, que
recibieron el nombre de “bellas letras”.[45] Se podría decir que las “bellas artes” son
aquellas que cumplen con ciertas características estéticas dignas de ser admiradas:
tienen como objetivo expresar la belleza aunque esta sea definida por el artista o por la
particular perspectiva del observador, cayendo en la ambigüedad de lo que es bello.
Gary Martin señaló que debido a que constituye una experiencia subjetiva, a menudo
se dice que «la belleza está en el ojo del observador». Las “bellas artes” han tenido
históricamente tal adjetivo debido a que representan la máxima expresión sentimental
del ser humano desde épocas remotas.
Sin embargo, pese a la aceptación general de la clasificación propuesta por Batteux, en
los siglos siguientes todavía se produjeron intentos de nuevas clasificaciones del arte:
Immanuel Kant distinguió entre “artes mecánicas” y “artes estéticas”; Robert von
Zimmermann habló de artes de la representación material (arquitectura y escultura),
de la representación perceptiva (pintura y música) y de la representación del
pensamiento (literatura); y Alois Riegl, en Arte industrial de la época romana tardía,
dividió el arte en arquitectura, plástica y ornamento. Hegel, en su Estética (1835-1838),
estableció tres formas de manifestación artística: arte simbólico, clásico y romántico,
que se relacionan con tres formas diferentes de arte, tres estadios de evolución
histórica y tres maneras distintas de tomar forma la idea:
Arte Historia Idea Forma
Simbólico Infancia Desajuste Arquitectura
Clásico Madurez Ajuste Escultura
Romántico Vejez Desbordamiento Pintura, música y poesía
En la idea, primero hay una relación de desajuste, donde la idea no encuentra forma;
después es de ajuste, cuando la idea se ajusta a la forma; por último, en el
desbordamiento, la idea sobrepasa la forma, tiende al infinito. En la evolución
histórica, equipara infancia con el arte prehistórico, antiguo y oriental; madurez, con el
arte griego y romano; y vejez, con el arte cristiano. En cuanto a la forma, la arquitectura
(forma monumental) es un arte tectónico, depende de la materia, de pesos, medidas,
etc.; la escultura (forma antropomórfica) depende más de la forma volumétrica, por lo
que se acerca más al hombre; la pintura, música y poesía (formas suprasensibles) son
la etapa más espiritual, más desmaterializada. La creación artística no ha de ser una
mimesis, sino un proceso de libertad espiritual. En su evolución, cuando el artista llega
a su límite, se van perdiendo las formas sensibles, el arte se vuelve más conceptual y
reflexivo; al final de este proceso se produce la “muerte del arte”. [46]
Pese a todo, estos intentos de clasificación resultaron un tanto baldíos y, cuando
parecía que por fin se había llegado a una definición del arte universalmente aceptable,
después de tantos siglos de evolución, los cambios sociales, culturales y tecnológicos
producidos durante los siglos XIX y XX han comportado un nuevo intento de definir el
arte con base en parámetros más abiertos y omnicomprensivos, intentando abarcar
tanto una definición teórica del arte como una catalogación práctica que incluyese las
nuevas formas artísticas que han ido surgiendo en los últimos tiempos (fotografía, cine,
cómic, nuevas tecnologías, etc.). Como el de Juan Acha con su ensayo Arte y sociedad.
Latinoamérica: el producto artístico y estructura (1979), cuya compleja organización de
las artes es según su aplicación y origen; en grupos como "Cuerpo-Objeto",
"Superficie-Objetos", "Superficies-Icónicas", "Superficies-Literarias", "Espectáculos" y
"Audiciones". Y otra más simple en Lógica del Límite (1991) de Eugenio Trías, en la que
el artista es como un habitante y a un determinado oficio artístico como un habitáculo,
que constituyen tres grandes áreas del arte: artes estáticas o del espacio, artes mixtas
y artes temporales o dinámicas.
Artes estáticas o Artes Artes dinámicas o
espaciales mixtas temporales
Arquitectura Cine Música
Escultura Teatro Danza
Pintura Ópera Literatura
Estos intentos, un tanto infructuosos, han producido en cierta forma el efecto
contrario, acentuando aún más la indefinición del arte, que hoy día es un concepto
abierto e interpretable, donde caben muchas fórmulas y concepciones, si bien se suele
aceptar un mínimo denominador común basado en cualidades estéticas y expresivas,
así como un componente de creatividad. [36]
Cinco artes son comúnmente citadas en el siglo XIX, a las cuales en el siglo XX se le
añadirán cuatro más para llegar a un total de nueve artes, sin ser capaces los expertos
y críticos de ponerse de acuerdo sobre la clasificación un "décimo arte".
Al final del siglo XX, la siguiente lista establece las nuevas clasificaciones, al igual que
el número de musas antiguas:
1. Arquitectura
2. Escultura
3. Artes visuales, que incluyen la pintura, el dibujo y el grabado
4. Música
5. Literatura, que incluye la poesía
6. Artes escénicas, que incluyen el teatro, la danza, el mimo y el circo
7. Cinematografía
8. Fotografía
9. Historieta
Ciertos críticos e historiadores consideran otras artes en la lista, como la gastronomía,
la perfumería, la televisión, la moda, la publicidad, la animación y los videojuegos. En
la actualidad existe aún cierta discrepancia sobre cuál sería el “décimo arte”. [47]
Elementos del fenómeno artístico
Autorretrato (1498), de Alberto Durero.
• Artista: se denomina artista a aquella persona que, o bien practica un arte, o bien
destaca en él. Por definición, un artista es quien elabora una obra de arte; así pues,
y en paralelo a la evolución del concepto de arte que hemos visto anteriormente, en
épocas pasadas un artista era cualquier persona que trabajase en las artes
liberales o vulgares, desde un gramático, un astrónomo o un músico hasta un
albañil, un alfarero o un ebanista. Sin embargo, hoy día se entiende por artista a
alguien que practica las bellas artes. Aun así, el término artista puede tener
diversas acepciones, desde el artista como creador, hasta el artista como el que
tiene en la práctica de un arte su profesión. Así, a menudo llamamos artistas a
actores o músicos que solo interpretan obras creadas por otros autores. También
se suele emplear el vocablo artista para diferenciar a quien practica una actividad
liberal para distinguirlo del que practica un oficio: en ese sentido, se suele decir
“pintor artista” para diferenciarlo de un “pintor de brocha gorda”. Al artista se le
supone una disposición especialmente sensible frente al mundo que lo rodea: ha
desarrollado su propio punto de vista, así como su creatividad, una buena técnica y
un medio de comunicación hacia el espectador por medio de sus obras. El artista
adquiere su propio dominio de la técnica y su desarrollo artístico intelectual para
llegar al camino del profesionalismo. Con esta personalidad, el artista se
manifiesta hacia el mundo tratando de reflejar lo que acontece –o le gustaría que
aconteciera– en él.[48]
• Obra de arte: una obra es una realización material, que tiene una existencia
objetiva y que es perceptible sensiblemente. El término proviene del latín opera,
que deriva de opus (‘trabajo’), por lo que equivale a trabajo como objeto, es decir,
como resultado de un trabajo. Una obra de arte puede ser tanto el objeto material
en sí –una pintura, una escultura, un grabado– como una producción intelectual
donde la artisticidad se encuentra en el momento de su ejecución o captación por
medio de los sentidos: así, en la literatura, el arte se encuentra más en la lectura de
la obra que no en el lenguaje escrito que le sirve de vehículo de comunicación, o en
el medio material (libro, revista) que le sirva de soporte; en música, el arte se
encuentra en su percepción auditiva, no en la partitura en que se ve reflejada. Así,
en el arte conceptual se valora más la concepción de la obra de arte por parte del
artista que no su realización material. En ese sentido, una obra de arte puede tener
varios niveles de elaboración: decía Panofsky que, al escribir una carta, se cumple
básicamente el objetivo de comunicarse; pero si se escribe poniendo especial
atención en la caligrafía, puede tener un sentido artístico valorable per se; y si,
además, se escribe en un tono poético o literario, la carta trasciende su sustrato
material para convertirse en una obra de arte valorable por sus cualidades
intrínsecas. Por otro lado, hay que valorar la percepción del receptor: un objeto
puede no estar elaborado con finalidades artísticas pero ser interpretado así por la
persona que lo percibe –como en los ready-made de Duchamp–. Igualmente, una
obra de arte puede tener diversas interpretaciones según la persona que lo valore,
como remarcó Umberto Eco con su concepto de “obra abierta”. Y una misma obra
puede ser percibida como artística por unos y como no artística por otros: decía
Marcel Mauss que «es obra de arte el objeto que es reconocido como tal por un
grupo social definido». Así, habría que reconocer que una obra de arte es un objeto
que tiene un valor añadido, sea este valor un concepto artístico, estético, cultural,
sociológico o de diversa índole.[49] En conclusión, se podría decir que una obra de
arte es un hecho sensorial, realizado artificialmente, con intencionalidad
comunicativa y orientación lúdica. La obra de arte, para ser considerada como tal,
debe trascender su sustrato material para adquirir una significación trascendente,
basada tanto en su aspecto estético como en el histórico, al ser reflejo de un lugar y
tiempo determinados, así como de una determinada cultura que subyace en la
génesis de toda obra de arte.[50]
Sea cual sea su antigüedad y clasicismo, una obra de arte es en acto y no sólo potencialmente una
obra de arte cuando pervive en alguna experiencia individualizada. En cuanto pedazo de pergamino,
de mármol, de tela, permanece (aunque sujeta a las devastaciones del tiempo) idéntica a sí misma
a través de los años. Pero como obra de arte se recrea cada vez que es experimentada
estéticamente.
John Dewey, El arte como experiencia (1934).[51]
Una performance, ejemplo de actividad artística que
requiere un público.
• Público: un factor cada vez más determinante en el mundo del arte es el del
público, la gente que acude a museos o exposiciones y que manifiesta cada vez
más un sentido crítico y apreciativo del arte, pudiendo influir en las modas y los
gustos artísticos. En siglos anteriores, el arte era un círculo cerrado al que solo
tenían acceso las clases más favorecidas, que eran las que encargaban y adquirían
obras de arte. Sin embargo, desde la apertura de los primeros museos públicos en
el siglo XVIII, la participación del público en general en la apreciación del arte ha
sido cada vez mayor, favorecida sobre todo por el aumento de medios de
comunicación de masas (prensa, libros, revistas y, más recientemente, medios
digitales e Internet). Asimismo, las nuevas corrientes artísticas, sobre todo desde
pasada la Segunda Guerra Mundial, han favorecido la participación del público en
la propia génesis del hecho artístico, a través de acciones artísticas como los
happenings y las performances.[52]
• Percepción: la percepción del arte es un fenómeno subjetivo, motivado no solo por
el hecho sensorial sino por el aspecto de mentalidad inherente, que depende de la
cultura, la educación, etc. La percepción es un proceso activo y selectivo, el ser
humano tiende a seleccionar la percepción más sencilla, así como a ver las cosas
globalmente –por ejemplo, tendemos a ver las cosas simétricas aunque no lo sean–
. De la percepción sensorial dependen factores como la textura, la forma y el color,
así como la geometría, la proporción y el ritmo.
• Materia y técnica: el proceso artístico comienza con la elaboración mental de la
obra por parte del artista, pero esta se ha de plasmar en materia, proceso que se
realiza a través de la técnica. La materia tiene una noción constitutiva, creadora,
siendo parte esencial de la creación artística. También puede aportar diferentes
concepciones estéticas, como el uso del hierro y el vidrio en la arquitectura
contemporánea. A su vez, la técnica es la manera cómo el artista da forma a la obra
de arte, cómo moldea la materia para conseguir expresar aquello que desea crear.
Los materiales y la técnica van evolucionando con el tiempo, y pueden ser
definitorios de un determinado lenguaje o estilo artístico.[53]
• Función del arte: el arte puede cumplir diversas funciones, según la voluntad del
propio artista o según la interpretación que de la obra haga el público:
o Práctica: el arte puede tener una utilidad práctica siempre y cuando cumpla
diversas premisas de satisfacer necesidades o de tener una finalidad destinada a
su uso o disfrute, como es el caso de la arquitectura, o bien de la artesanía y las
artes aplicadas, decorativas e industriales.
o Estética: el arte está estrechamente vinculado a una finalidad estética, es decir, de
provocar sentimientos o emociones, o bien suscitar belleza y admiración en todo
aquel que contempla la obra de arte.
o Simbólica: el arte puede estar revestido de una función simbólica cuando pretende
trascender su simple materialidad para ser un símbolo, una forma de expresión o
comunicación, un lenguaje por el cual se expresa una idea que debe ser descifrable
para el público al cual va dirigida.
o Económica: el arte, como producto elaborado por el hombre, no deja de ser un
objeto que puede estar motivado con fines económicos, bien en su concepción o
bien en su posterior mercantilización.
o Comunicativa: el arte es un medio de comunicación, por el cual se expresan ideas
o conceptos, o bien se recrean estados de ánimo. En este sentido, puede ser tanto
crítico como propagandístico del mensaje que desea transmitir.
o Imitativa: el arte ha pretendido históricamente ser fiel reflejo de la realidad, al
menos hasta la aparición de la fotografía y el cine en el siglo XX. Así, el arte ha sido
un medio ideal para plasmar el mundo, la forma de vida de las diversas culturas y
civilizaciones que se han sucedido a lo largo del tiempo.
o Crítica: el arte puede tener una voluntad crítica, bien de tipo político, religioso o
social, haciéndose eco de las reivindicaciones sociales de cada periodo histórico.
Museo del Prado.
• Museos: son instituciones dedicadas al estudio, conservación y exposición de
obras de arte. El origen de los museos está en el coleccionismo, donde a la obra de
arte se le añade un valor histórico o cultural, o bien de admiración o singularidad. A
partir del siglo XVIII comenzaron a abrirse las colecciones al público, surgiendo los
museos de protección estatal (British Museum, 1753; Uffizi, 1769; Louvre, 1789;
Prado, 1819; Altes Museum de Berlín, 1830; National Gallery, 1838; Hermitage,
1851), al tiempo que surgieron las academias, instituciones que regulan el proceso
creativo, educativo y formativo del arte. El Consejo Internacional de Museos (ICOM)
define el museo como «una institución sin ánimo de lucro, permanente, al servicio
de la sociedad y su desarrollo, abierto al público, que adquiere, conserva,
investiga, comunica y exhibe testimonios materiales de la evolución de la
naturaleza y del hombre, con finalidades de estudio, de educación y de
delectación». Existen dos disciplinas vinculadas al estudio de los museos: la
museografía estudia la vertiente técnica y estructural de los museos (arquitectura,
equipamiento, medios de exposición); y la museología analiza el museo desde una
perspectiva histórica, social y cultural. [54]
• Academias de arte: son instituciones encargadas de preservar el arte como
fenómeno cultural, de reglamentar su estudio y su conservación, y de
promocionarlo mediante exposiciones y concursos; originalmente, servían también
como centros de formación de artistas, aunque con el tiempo perdieron esta
función, traspasada a instituciones privadas. Las primeras academias surgieron en
Italia en el siglo XVI: en 1562, la Accademia del Disegno en Florencia; en 1577, la
Accademia di San Luca en Roma. Posteriormente, cabe destacar la Académie
Royal d’Art, fundada en París en 1648; la Akademie der Künste de Berlín (1696); la
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid (1744); la Academia
Rusa de Artes de San Petersburgo (1757); y la Royal Academy of Arts de Londres
(1768). Las academias de arte a menudo han sido criticadas como centros
conservadores, anclados en el gusto por el arte clásico, excesivamente
reglamentadas, llegando incluso a que el término “arte académico” sea sinónimo
de un arte de corte clásico y tipo canónico, de repetición de formas tradicionales.
Hoy en día, las academias tienen más que nada una función institucional,
representativa y de asesoramiento.[55]
• Fundaciones de arte: conocidas como el “tercer sector”, ya que son privadas pero
no persiguen fines lucrativos, por lo que se sitúan entre los museos y las galerías de
arte, las fundaciones son instituciones de ámbito privado y filantrópico encargadas
de difundir y fomentar el arte. Entre sus funciones se cuentan tanto la conservación
de obras de arte –generalmente estas fundaciones tienen sus propias colecciones–
como el estímulo y fomento de la creatividad artística, a través de becas para
jóvenes artistas. Instancia intermedia entre la sociedad civil y el estado, las
fundaciones favorecen la participación ciudadana en las esferas culturales,
fomentando la democratización del estamento artístico. Entre las diversas
fundaciones internacionales destacan la Fundación Maeght, la del Chase
Manhattan Bank, la Fundación Beyeler, la Fundación Cartier, la Fundación Lucio
Fontana, la Fundación Calouste Gulbenkian, la Fundación Solomon R.
Guggenheim, la Fundación Robert Mapplethorpe, la Fundación Vincent Van Gogh,
etc.; en España, la Fundación Miró, la Fundación Antoni Tàpies, la Fundación BBVA,
la Fundación Caixa Fòrum, la Fundación Telefónica, la Fundación Juan March, la
Fundación Gala-Salvador Dalí, la Fundación Thyssen-Bornemisza, etc.[56]
• Coleccionismo: es una actividad, generalmente de índole privada, destinada a la
creación de colecciones de obras de arte. Desde siempre, el hombre ha sentido
fascinación por el arte, hecho que le ha llevado a la adquisición de obras de arte,
para su disfrute personal o, desde el crecimiento del mercado artístico en el
Renacimiento, como inversión económica. Las colecciones particulares de arte
han rivalizado a menudo con los museos en cuanto a cantidad y calidad de obras
de arte y, gracias a donaciones filantrópicas, han sido origen muchas veces de la
ampliación o creación de nuevos museos. El coleccionismo empezó de forma
amplia en la antigua Roma, fruto generalmente de botines de guerra de los países
conquistados. Durante la Edad Media fue común el atesoramiento de piezas de
valor (orfebrería, obras de marfil y ébano) y de reliquias. Sin embargo, el auge del
coleccionismo se produjo en el Renacimiento, cuando nobles y mecenas
encargaron y adquirieron gran número de obras de arte para sus palacios y villas.
Circunscrito en principio a la aristocracia, a partir del siglo XVIII el coleccionismo
pasó también a la burguesía y a los ricos hombres de negocios, ya que el arte tenía
entonces un marcado componente de ostentación social. Desde entonces, la
figura del coleccionista privado ha sido fundamental para el éxito del mercado
artístico.[57]
Galería de arte con vistas de la Roma antigua
(1754-1757), de Giovanni Paolo Pannini.
• Mercado artístico: la valoración de la obra de arte como mercancía susceptible de
ser adquirida por una contraprestación económica comienza con la toma de
conciencia de la singularidad del arte, de su valor como obra única e irrepetible,
unido a aspectos como su antigüedad, su calidad, su autenticidad, etc. El
comercio artístico surgió en Grecia y Roma, pero se consolidó en el Renacimiento:
en el siglo XVI existían ya en Venecia y Florencia lonjas especializadas en la
transacción del arte. En el siglo XVII el principal centro comercializador de arte
fueron los Países Bajos, donde una creciente burguesía hacía del arte un reflejo de
su estatus social. En el siglo XIX el mercado del arte cobró una gran difusión, en
paralelo a la apertura de los museos públicos y a la realización de exposiciones
internacionales donde se exhibían los mejores productos, tanto artísticos como
industriales, de todos los países. Proliferó entonces la apertura de galerías privadas
de arte, y apareció la figura del marchante de arte, que a menudo jugaría un papel
relevante en su relación con los artistas, y llegaría a cobrar un protagonismo propio
en la historia del arte (como Daniel-Henry Kahnweiler o Ambroise Vollard). También
aparecieron casas de subastas, como las famosas Christie's y Sotheby's
británicas, la francesa Drouot, la alemana Lempertz, la italiana Finarte o las
españolas Brok, Ansorena y Durán.[58]
• Ferias: uno de los principales medios de comercialización del arte son las ferias,
donde los artistas dan a conocer sus obras, mientras que el público puede
apreciarlas y estar al corriente de las diversas novedades que se van sucediendo en
el tiempo. Las ferias han ido adquiriendo cada vez mayor relevancia, existiendo un
circuito donde a lo largo del año diversas ciudades de todo el mundo acogen ferias
de diversa índole. Actualmente, su cometido no es solo comercial, sino también
cultural e institucional, ya que suponen una fuente de difusión del arte. Una de las
primeras ferias conocidas fue la celebrada en el Salone degli Innocenti de la
Academia de Florencia, donde en 1564 se vendieron 17 de 25 cuadros pintados en
homenaje a Miguel Ángel tras su fallecimiento. En 1737 se abrió la muestra bienal
del Salón Carré del Louvre, organizada por la Académie Royal d’Art, primeras ferias
abiertas a un público mayoritario. En la actualidad destacan: la Bienal de Venecia,
la Documenta de Kassel, la Bienal de São Paulo, la Trienal de Milán, la feria ARCO
de Madrid, la FIAC de París, ArtBasel de Basilea, etc.[59]
• Exposiciones: uno de los factores clave en la difusión del arte, sobre todo
actualmente, es la organización de exposiciones, públicas o privadas, de arte
antiguo o contemporáneo, individuales o colectivas, temáticas o antológicas. Las
primeras exposiciones surgieron en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII,
propiciadas por el exilio de artistas provocado por la Revolución francesa. En el
siglo XIX surgieron las exposiciones universales, primeros fenómenos de masas
donde se exponían las principales novedades tanto del mundo del arte como de la
ciencia, la industria y cualquier otra actividad humana. Desde entonces se han
sucedido las exposiciones por todo el mundo, circunscritas a menudo en los
propios museos de arte, como forma de favorecer una mayor afluencia de público.
Actualmente, son habituales las exposiciones antológicas e itinerantes, que suelen
recorrer los principales centros artísticos mundiales. Otro factor a tener en cuenta,
sobre todo dada la temporalidad de estas exposiciones, es la cada vez mayor
importancia de los catálogos, únicos testimonios del conjunto de obras de arte
expuestas de forma, muchas veces, irrepetible. La exposición más visitada ha sido
la de Arte degenerado, organizada en 1937 por el ministro de propaganda nazi
Joseph Goebbels, que fue visitada por unos tres millones de personas en diversas
ciudades alemanas a lo largo de cuatro años. [60]
Véanse también: Falsificación (arte) y Robo de arte.
Disciplinas artísticas
Arquitectura: Casa de la Cascada (1939), de Frank Lloyd Wright.
Pintura: La noche estrellada (1889), de Vincent van Gogh.
Escultura: Éxtasis de la beata Ludovica Albertoni (1671-1674), de Gian Lorenzo Bernini.
Música: Cuarteto para flauta (1777), de Wolfgang Amadeus Mozart.
Literatura: Ejemplo de caligrafía en latín que representa una Biblia de 1407.
Las artes creativas a menudo son divididas en categorías más específicas, como las
artes decorativas, las artes plásticas, las artes escénicas o la literatura. Así, la pintura
es una forma de arte visual, y la poesía es una forma de literatura. Algunos ejemplos
son:
Artes visuales
• Arquitectura: es el arte de proyectar y construir edificios. Denominada a veces
como el “arte del espacio”, la arquitectura es un proceso técnico y de diseño que
procura mediante diversos materiales la construcción de estructuras que
organizan el espacio para su utilización por el ser humano. Inicialmente destinada a
la construcción de viviendas, con el tiempo se ha ido diversificando en distintas
tipologías con fines muy diversos, desde espacios de culto religioso hasta
instalaciones militares, pasando por edificios públicos (ayuntamientos, escuelas,
universidades, hospitales, bibliotecas, museos, etc.), fábricas, instalaciones
deportivas, obras de ingeniería (puentes, carreteras), estaciones de transporte
(ferrocarriles, puertos, aeropuertos), etc. Igualmente, la arquitectura ha asumido
con el tiempo diversas competencias, como el urbanismo, el paisajismo, obras de
salud pública (alcantarillado, canalizaciones), etc.
• Arte corporal: es el que utiliza el cuerpo humano como soporte. Incluye actividades
como el maquillaje, el vestuario, la peluquería, el tatuaje, el piercing, etc.
• Arte digital: es el realizado por medios digitales, como el vídeo o la informática,
vinculado a menudo a las instalaciones, o que utiliza diversos soportes, como
Internet, un ejemplo son los videojuegos.
• Arte efímero: es el que tiene una duración determinada en el tiempo, ya que en la
génesis de su concepción estriba ya el hecho de que sea perecedero. Incluye
diversas formas de arte conceptual y de acción, como el happening y la
performance. También engloba diversas actividades como la gastronomía, la
perfumería, la pirotecnia, etc. Un punto esencial de este tipo de actividades es la
participación del público.
• Artes decorativas o aplicadas: término aplicado preferentemente a las artes
industriales, así como a la pintura y la escultura, cuando su objetivo no es el de
generar una obra única y diferenciada, sino que buscan una finalidad decorativa y
ornamental.
• Artes gráficas: son las que se realizan por medio de un proceso de impresión; así,
son artes gráficas tanto el grabado como la fotografía, el cartelismo o el cómic, o
cualquier actividad artística que utilice un medio impreso. En su realización
intervienen, por un lado, la creación de un diseño y, por otro, su traslado a un
determinado sustrato —como el papel—. Las artes gráficas aparecieron con la
invención de la imprenta por Johannes Gutenberg hacia 1450, agrupando todos los
oficios que se relacionaban con la impresión tipográfica. Más tarde, la necesidad
de generar impresiones de mejor calidad propició la aparición de la preprensa o
fotomecánica.
• Artes industriales: son las desarrolladas con una elaboración industrial o artesanal
pero persiguiendo una cierta finalidad estética, sobre todo en la elaboración de
determinados objetos como vestidos, viviendas y utensilios, así como diversos
elementos de decoración. Muchas artes decorativas son también industriales.
• Artes y oficios: son las que comportan un trabajo manual, que puede tener un
carácter artesanal o industrial. Engloba diversas actividades como la cerámica, la
corioplastia, la ebanistería, la forja, la jardinería, la joyería, el mosaico, la
orfebrería, la tapicería, la vidriería, etc.
• Cinematografía: técnica basada en la reproducción de imágenes en movimiento, el
cine surgió con el invento del cinematógrafo por los hermanos Lumière en 1895. Si
bien en principio únicamente suponía la captación de imágenes del natural, como
si fuese un documental, enseguida la cinematografía evolucionó hacia la narración
de historias mediante la utilización de guiones y procesos técnicos como el
montaje, que permitían rodar escenas y ordenarlas de forma que presentase una
historia coherente. Con la incorporación de elementos tomados del teatro —
proceso iniciado por Méliès—, el cine alcanzó un grado de auténtica artisticidad,
siendo bautizado como el séptimo arte, término propuesto por Ricciotto Canudo en
1911.
• Dibujo: representación gráfica realizada por medio de líneas, trazos y sombras,
elaborados mediante lápiz, pluma u objetos similares. El dibujo está en la base de
casi cualquier obra artística, pues la mayoría de obras pictóricas se realizan sobre
un esbozo dibujado sobre el lienzo, sobre el que posteriormente se pinta;
igualmente, muchas esculturas son diseñadas primero en dibujo, e incluso la
arquitectura se basa en planos dibujados. Aparte de esto, el dibujo tiene una
indudable autonomía artística, siendo innumerables los dibujos realizados por la
mayoría de grandes artistas a lo largo de la Historia.
• Diseño: es la traza o delineación de cualquier elemento relacionado con el ser
humano, sea un edificio, un vestido, un peinado, etc. Utilizado habitualmente en el
contexto de las artes aplicadas, ingeniería, arquitectura y otras disciplinas
creativas, el diseño se define como el proceso previo de configuración mental de
una obra, mediante esbozos, dibujos, bocetos o esquemas trazados en cualquier
soporte. El diseño tiene un componente funcional y otro estético, ha de satisfacer
necesidades y a la vez puede agradar a los sentidos. Comprende multitud de
disciplinas y oficios dependiendo del objeto a diseñar y de la participación en el
proceso de una o varias personas o especialidades.
• Escultura: es el arte de modelar figuras en volumen, mediante diversos materiales
como el barro, la piedra, la madera, el metal, etc. Es un arte espacial, donde el
autor se expresa mediante volúmenes y formas dimensionales. En la escultura se
incluyen todas las artes de talla y cincel, junto con las de fundición y moldeado, y a
veces el arte de la alfarería. Puede ser en talla exenta –también llamada de bulto
redondo– o en relieve sobre diversas superficies.
• Fotografía: es una técnica que permite obtener imágenes del mundo sensible y
fijarlas en un soporte material –una película sensible a la luz o un sensor digital–. Se
basa en el principio de la cámara oscura, con la cual se consigue proyectar una
imagen captada por un pequeño agujero sobre una superficie, de tal forma que el
tamaño de la imagen queda reducido y aumentada su nitidez. La fotografía
moderna comenzó con la construcción del daguerrotipo por Louis-Jacques-Mandé
Daguerre, a partir de donde se fueron perfeccionando los procedimientos técnicos
para su captación y reproducción. Pese a tomar sus imágenes de la realidad, la
fotografía fue enseguida considerada un arte, pues se reconoce que la visión
aportada por el fotógrafo a la hora de elegir una toma o encuadre es un proceso
artístico, realizado con una voluntad estética.
• Grabado: el grabado es una técnica de elaboración de estampas artísticas
mediante una plancha de madera o metal trabajada según diversos
procedimientos: aguafuerte, aguatinta, calcografía, grabado al buril, grabado a
media tinta, grabado a punta seca, linograbado, litografía, serigrafía, xilografía, etc.
• Historieta: la historieta o cómic es una representación gráfica mediante la cual se
narra una historia a través de una sucesión de viñetas, en las que mediante dibujos
–en color o blanco y negro– y textos enmarcados en unos recuadros llamados
“bocadillos” se va presentando la acción narrada, en un sentido lineal. Derivada de
la caricatura, la historieta se desarrolló a partir del siglo XIX sobre todo en medios
periodísticos, en tiras insertadas generalmente en las secciones de
entretenimiento de los periódicos, aunque pronto adquirieron autonomía propia y
empezaron a ser editadas en forma de álbumes. Aunque comenzó dentro del
género humorístico, posteriormente aparecieron historietas de todos los géneros,
alcanzando gran éxito a nivel popular durante el siglo XX.
• Pintura: es el arte y técnica de crear imágenes a través de la aplicación de
pigmentos de color sobre una superficie, sea papel, tela, madera, pared, etc. Se
suele dividir en pintura mural (fresco, temple) o de caballete (temple, óleo, pastel),
e igualmente puede clasificarse según su género (retrato, paisaje, bodegón, etc.).
La pintura ha sido durante siglos el principal medio para documentar la realidad, el
mundo circundante, reflejando en sus imágenes el devenir histórico de las distintas
culturas que han sucedido a lo largo del tiempo, así como sus costumbres y
condiciones materiales.
Artes escénicas
• Danza: la danza es una forma de expresión del cuerpo humano, que consiste en
una serie de movimientos rítmicos al compás de una música –aunque esta última
no es del todo imprescindible–. Entre sus modalidades figura el ballet o danza
clásica, aunque existen innumerables tipos de danzas rituales y folclóricas entre
las diversas culturas y sociedades humanas, así como infinitud de bailes
populares. Las técnicas de danza requieren una gran concentración para dominar
todo el cuerpo, con especial hincapié en la flexibilidad, la coordinación y el ritmo.
• Teatro: es un arte escénico que tiene por objetivo la representación de un drama
literario, a través de unos actores que representan unos papeles establecidos,
combinado con una serie de factores como son la escenografía, la música, el
espectáculo, los efectos especiales, el maquillaje, el vestuario, los objetos de
atrezzo, etc. Se realiza sobre un escenario, siendo parte esencial de la obra el
dirigirse a un público. El teatro puede incluir, en exclusiva o de forma combinada,
diversos tipos de modalidades escénicas, como la ópera, el ballet y la pantomima.
Artes musicales
• Canto coral: es el realizado por un grupo de voces, bien masculinas o femeninas, o
mixtas, que interpretan una canción o melodía de forma conjunta, aunando sus
voces para ofrecer una sola voz musical. Entre las diversas formas de canto coral
figura el canto gregoriano.
• Música sinfónica: la música es el arte de organizar sensible y lógicamente una
combinación coherente de sonidos y silencios utilizando los principios
fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo. En su vertiente sinfónica, se
considera que es la música instrumental interpretada por una orquesta formada
por los principales instrumentos de viento (madera y metal), cuerda y percusión.
• Ópera: es un arte donde se combina la música con el canto, sobre la base de un
guion (libreto) interpretado según los principios de las artes escénicas. La
interpretación es realizada por cantantes de diversos registros vocales: bajo,
barítono, tenor, contralto, mezzosoprano y soprano.
Artes literarias
• Narrativa: es el arte de escribir en prosa, recreando en palabras sucesos reales o
ficticios, que el escritor dispone de forma adecuada para su correcta comprensión
por el lector, con finalidades informativas o recreativas, expresadas con un
lenguaje que puede variar desde un aspecto descriptivo hasta otro imaginario o de
diversa índole. Entre las diversas formas de narrativa se encuentran la novela y el
cuento.
• Poesía: es una composición literaria basada en la métrica y el ritmo, dispuesta a
través de una estructura de versos y estrofas que pueden tener diversas formas de
rima, aunque también pueden ser de verso libre. Su contenido puede ser
igualmente realista o ficticio, aunque por lo general la poesía siempre suele tener
un aspecto evocador e intimista, siendo el principal vehículo de expresión del
componente más emotivo del ser humano.
• Drama: es una forma de escritura basada en el diálogo de diversos personajes, que
van contando una historia a través de la sucesión cronológica y argumental de
diversas escenas donde se va desarrollando la acción. Aunque tiene un carácter
literario autónomo, generalmente está concebido para ser representado de forma
teatral, por lo que el drama está íntimamente ligado a las artes escénicas.
Estilos artísticos
Artículo principal: Movimiento artístico
Cada periodo histórico ha tenido unas características concretas y definibles, comunes
a otras regiones y culturas, o bien únicas y diferenciadas, que han ido evolucionando
con el devenir de los tiempos. De ahí surgen los estilos artísticos, que pueden tener un
origen geográfico o temporal, o incluso reducirse a la obra de un artista en concreto,
siempre y cuando se produzcan unas formas artísticas claramente definitorias. ‘Estilo’
proviene del latín stilus (‘punzón’), escrito en época medieval como stylus por
influencia del término griego στύλος (stylos, ‘columna’). Antiguamente, se denominaba
así a un tipo de punzón para escribir sobre tablillas de cera; con el tiempo, pasó a
designar tanto el instrumento, como el trabajo del escritor y su manera de escribir. El
concepto de estilo surgió en literatura, pero pronto se extendió al resto de artes,
especialmente música y danza. Actualmente se emplea este término en su sentido
metonímico, es decir, como aquella cualidad que identifica la forma de trabajar, de
expresarse o de concebir una obra de arte por parte del artista, o bien, en sentido más
genérico, de un conjunto de artistas u obras que tienen diversos puntos en común,
agrupados geográfica o cronológicamente. Así, el estilo puede ser tanto un conjunto de
caracteres formales, bien individuales –la forma de escribir, de componer o de elaborar
una obra de arte por parte de un artista–, o bien colectivos –de un grupo, una época o
un lugar geográfico–, como un sistema orgánico de formas, en que sería la conjunción
de determinados factores la que generaría la forma de trabajar del grupo, como en el
arte románico, gótico, barroco, etc. Según Focillon, un estilo es «un conjunto
coherente de formas unidas por una conveniencia recíproca, sumisas a una lógica
interna que las organiza».
Estos caracteres individuales o sociales son signos distintivos que permiten
diferenciar, definir y catalogar de forma empírica la obra de un artista o un grupo de
artistas adscritos a un mismo estilo o “escuela” –término que designa un grupo de
autores con características comunes definitorias–. Así, la “estilística” es la ciencia que
estudia los diversos signos distintivos, objetivos y unívocos, de la obra de un artista o
escuela. Este estudio ha servido en la Historia del arte como punto de partida para el
análisis del devenir histórico artístico basado en el estilo, como se puede apreciar en
alguna escuela historiográfica como el formalismo.[61]
El estilo estudia al artista y a la obra de arte como materialización de una idea,
plasmada en la materia a través de la técnica, lo que constituye un lenguaje formal
susceptible de análisis y de catalogación y periodificación. Por otro lado, así como la
similitud de formas crean un lenguaje y, por tanto, un estilo, una misma forma puede
tener distinta significación en diversos estilos. Así, los estilos están sujetos a una
dinámica evolutiva que suele ser cíclica, recurrente, perceptible en mayor o menor
grado en cada periodo histórico. Se suelen distinguir en cada estilo, escuela o periodo
artístico diversas fases –con las naturales variaciones concretas en cada caso–: “fase
preclásica”, donde se comienzan a configurar los signos distintivos de cada estilo
concreto –se suelen denominar con los prefijos ‘proto’ o ‘pre’, como el
prerromanticismo–; “fase clásica”, donde se concretan los principales signos
característicos del estilo, que servirán de puntos de referencia y supondrán la
materialización de sus principales realizaciones; “fase manierista”, donde se
reinterpretan las formas clásicas, elaboradas desde un punto de vista más subjetivo
por parte del autor; “fase barroca”, que es una reacción contra las formas clásicas,
deformadas a gusto y capricho del artista; “fase arcaizante”, donde se vuelve a las
formas clásicas, pero ya con la evidente falta de naturalidad que le es intrínseca –se
suele denominar con el prefijo ‘post’, como el postimpresionismo–; y “fase
recurrente”, donde la falta de referentes provoca una tendencia al eclecticismo –se
suelen denominar con el prefijo ‘neo’, como el neoclasicismo–.[62]
Estilos artísticos
Fase preclásica:
Kurós del Asclepeion de Paros.
Fase clásica:
Discóbolo, de Mirón.
Fase manierista:
Apolo Sauróctono, de Praxíteles.
Fase barroca:
Laocoonte y sus hijos, de Agesandro, Polidoro y Atenodoro de Rodas.
Fase arcaizante:
Grupo de San Ildefonso, escultura romana inspirada en modelos griegos.
Fase recurrente:
Napoleón divinizado, de Antonio Canova, escultura neoclasicista inspirada en
modelos clásicos grecorromanos.
Géneros artísticos
Artículo principal: Tema artístico
Un género artístico es una especialización temática en que se suelen dividir las
diversas artes. Antiguamente se denominaba “pintores de género” a los que se
ocupaban de un solo tema: retratos, paisajes, pinturas de flores, animales, etc. El
término tenía un cierto sentido peyorativo, ya que parecía que el artista que trataba
solo esos asuntos no valía para otros, y se contraponía al “pintor de historia”, que en
una sola composición trataba diversos elementos (paisaje, arquitectura, figuras
humanas). En el siglo XVIII, el término se aplicó al pintor que representaba escenas de
la vida cotidiana, opuesto igualmente al pintor de historia, que trataba temas
históricos, mitológicos, etc. En cambio, en el siglo XIX, al perder la pintura de historia
su posición privilegiada, se otorgó igual categoría a la historia que al paisaje, retrato,
etc. Entonces, la pintura de género pasó a ser la que no trataba las principales cuatro
clases reconocidas: historia, retrato, paisaje y marina. Así, un pintor de género era el
que no tenía ningún género definido. Por último, al eliminar cualquier jerarquía en la
representación artística, actualmente se considera pintura de género cualquier obra
que represente escenas de la vida cotidiana, temas anecdóticos, al tiempo que aún se
habla de géneros artísticos para designar los diversos temas que han sido recurrentes
en la Historia del arte (paisaje, retrato, desnudo, bodegón), haciendo así una síntesis
entre los diversos conceptos anteriores.[63]
• Géneros pictóricos: se suelen clasificar en cuanto a su contenido temático: retrato
y autorretrato, desnudo, bodegón y vanidades, paisaje y marina, pintura de
mitología, pintura de historia, pintura religiosa, pintura de género, etc.
• Géneros literarios: los géneros literarios son los distintos grupos o categorías en
que podemos clasificar las obras literarias atendiendo a su contenido. La retórica
clásica los ha clasificado en tres grupos importantes: lírico, épico y dramático. A
éstos algunos suelen añadir el didáctico (oratoria, ensayo, biografía, crónica).
• Géneros musicales: se basan en criterios como el ritmo, la instrumentación, las
características armónicas o melódicas o la estructura. La música clásica,
académica o música culta es uno de los tres grandes géneros en los que se puede
dividir la música en general, junto con la música popular y la música tradicional o
folclórica.
• Géneros cinematográficos: primero se clasificaron en dos grandes grupos:
comedia y tragedia; más tarde, se fueron diversificando: cine de acción, suspense
(thriller en inglés), cine bélico, de ciencia ficción, cine de aventuras, western, de
artes marciales, cine fantástico, cine de terror, de catástrofes, cine épico, cine
histórico, cine musical, cine policiaco, cine negro, gore, erótico, cine de animación,
cine documental, cine experimental, clase B, etc.
• En arquitectura, en vez de géneros se habla de tipologías, que dependen de la
configuración global, la técnica, la construcción y la decoración. Tenemos así
tipologías como la iglesia, el palacio, el castillo, la vivienda, el rascacielos, la
fábrica, etc.
Géneros artísticos
Retrato:
La Gioconda (1503), de Leonardo da Vinci.
Paisaje:
Puerto con el embarque de la Reina de Saba (1648), de Claudio de Lorena.
Desnudo:
Venus del espejo (1647-1651), de Diego Velázquez.
Bodegón:
Bodegón con cebollas (1895-1900), de Paul Cézanne.
Técnicas artísticas
Johann Sebastian Bach, considerado el gran maestro del
contrapunto.
Música
• Armonía: es la ciencia que enseña a constituir los acordes (conjuntos de sonidos) y
que sugiere la manera de combinarlos en la manera más equilibrada, consiguiendo
así sensaciones de relajación (armonía consonante) o de tensión (armonía
disonante). Establece un estilo de composición esencialmente vertical, entre notas
que se tocan al unísono.
• Contrapunto: es la técnica que se utiliza para componer música polifónica
mediante el enlace de dos o más melodías (también voces o líneas) independientes
que se escuchan simultáneamente. De mayor complejidad que la armonía, da un
mayor énfasis al desarrollo horizontal de la composición, que se establece
mediante las relaciones interválicas entre sucesivas notas.
• Homofonía y Monodia: es una textura musical donde dos o más partes musicales
se mueven simultáneamente desde el punto de vista armónico, y cuya relación
forma acordes. Se contrapone a la polifonía ya que en esta las partes tienen
independencia rítmica y melódica y donde no hay predominancia de ninguna parte.
• Polifonía: se reconoce como un conjunto de sonidos simultáneos, en que cada uno
expresa su idea musical, conservando su independencia, formando así con los
demás un todo armónico.