APARATO URINARIO
El aparato urinario está integrado por los riñones, órganos productores de la orina, y
por las vías que la conducen, almacenan y excretan. La composición de la orina varía
en función de las sustancias que en cada momento deben ser eliminadas de la sangre
para mantener la homeostasis corporal; es por esto que el análisis de la orina resulta
valioso como prueba diagnóstica. Como iremos recordando en el estudio
pormenorizado, todos los componentes de este aparato son extraperitoneales
primarios.
RIÑONES
Son habitualmente dos. Además de producir la orina tienen también funciones
endocrinas (producción de eritropoyetina), participan en el metabolismo del calcio y
en el control de la tensión arterial.
Morfología, localización y orientación
Son de color pardo rojizo y de superficie casi lisa en el adulto, a excepción de unos
cuantos surcos poco profundos recuerdo de la lobulación típica del riñón fetal y del
recién nacido. Su consistencia relativamente firme nos permite reconocerlos a la
palpación.
Son órganos retroperitoneales primarios que se localizan a ambos lados de la columna
vertebral en contacto con la porción lumbar de la pared posterior del abdomen, sobre
los músculos diafragma, psoas y cuadrado de los lomos.
Tienen forma de haba, por lo que se describen en ellos dos caras, dos bordes y dos
extremos o polos. Sus dimensiones son fáciles de recordar: 12 cm de longitud (de polo
a polo), 6 cm de ancho (de borde a borde) y 3 cm de espesor (de cara a cara). La
orientación de las caras, bordes y polos, así como su posición, están condicionadas por
las siguientes circunstancias:
a) La forma acanalada de la pared abdominal, debido a la protrusión de los cuerpos
vertebrales y a la concavidad de las costillas
b) El progresivo aumento de espesor del psoas en sentido descendente.
c) El tamaño del hígado
En consecuencia los riñones se orientan con una doble oblicuidad de manera que el
borde interno es el más anterior y sus caras son anteroextera y posterointerna. Los
polos superiores están más próximos a la línea media que los inferiores y, finalmente,
en posición anatómica el riñón derecho tiene una posición más baja que el izquierdo.
Medios de fijación de los riñones
El espacio no ocupado por los órganos extraperitoneales está ocupado por tejido
conjuntivo, mas rico en grasa cuanto más amplio sea el espacio a rellenar. Así, entre el
peritoneo parietal y la pared anterolateral del abdomen es una fina capa de tejido
conjuntivo, mientras que en la amplia concavidad bilateral de la pared posterior es
abundante el contenido en grasa. A este tejido interpuesto entre el peritoneo parietal
y la pared abdominal se le denomina fascia propia.
Envolturas del riñón: fascia perirrenal y cápsula adiposa. Celda renal.
En el tejido retroperitoneal se distingue una formación conjuntiva que, a modo de
bolsa, engloba en su interior a cada riñón y a la correspondiente glándula suprarrenal;
estamos hablando de la facia perirrenal que se continúa con el revestimiento
conjuntivo de los vasos y nervios en el momento en que penetran en el parénquima
renal, constituyendo así un espacio cerrado (volveremos a insistir en este dato cuando
observemos la configuración interna y la estructura del órgano).
El riñón y la suprarrenal están separados en el interior de la fascia perirrenal mediante
la lámina intersuprarrenorrenal, que se interpone entre ambos. El espacio que limita
la fascia perirrenal para al riñón lo denominamos celda renal; dentro de la celda el
riñón está rodeado de una capa de grasa de textura fina, la cápsula adiposa. De esta
manera, la fascia separa la grasa perirrenal, dentro de la celda, de la grasa pararrenal,
exterior y de textura más grosera.
Todas estas descripciones son necesarias para poder entender que el riñón está fijado
a la pared del abdomen porque la fascia perirrenal se suelda al tejido conjuntivo que
cubre el diafragma en la zona donde estos contactan.
RELACIONES DEL RIÑÓN
Todas las relaciones que citaremos las establece el riñón a través de sus envolturas y a
través de la grasa pararrenal, excepto en la cara anterior.
Aunque nos consta la doble oblicuidad de los riñones, para simplificar nos referiremos
a las caras como anterior y posterior, a los bordes como externo e interno y a los polos
como superior e inferior.
Relaciones de la cara posterior
Son iguales en ambos riñones. En esta cara se distinguen dos segmentos, uno superior
o diafragmático y otro inferior o lumbar.
En el segmento diafragmático se relaciona con el diafragma y, a través de éste con el
seno costofrénico pleural, el 11º espacio intercostal y las dos últimas costillas. Estas
relaciones óseas exponen a los riñones a lesiones derivadas de traumatismos costales.
Cuando en el diafragma existe el hiato costofrénico (debido a la ausencia de fibras
musculares en el diafragma), la fascia perirrenal contacta con la fascia endotorácica
(tejido subpleural).
En el segmento lumbar se relacionan, de dentro afuera, con los músculos psoas mayor
y con el cuadrado lumbar y sus respectivas fascias. Respecto a la relación con el
cuadrado lumbar, dos detalles: la relación se establece con interposición de la grasa
pararrenal en la que discurren los nervios subcostal, iliohipogástrico e ilioinguinal. Los
riñones sobrepasan el borde lateral del músculo cuadrado de manera que establecen
relación con la aponeurosis de inserción del músculo transverso; ésta constituye el
fondo del triángulo/cuadrilátero de Grinfelt (cuadrilátero lumbar), punto débil de la
pared del abdomen, lo que supone una localización superficial del riñón que lo hace
más accesible en maniobras de exploración (puñopercusión) o en terapias como la
litotricia extracorpórea por ondas de choque (rotura de cálculos mediante
ultrasonidos).
Relaciones de la cara anterior
Difieren según el lado y se establecen además a través del peritoneo parietal.
La cara anterior del riñón derecho se relaciona en la parte inferior con el ángulo
hepático del colon; en la superficie próxima al borde interno, con la 2ª porción
(descendente) del duodeno y la fascia de Treitz (fascia retroduodenopancreática) y el
resto de la cara anterior corresponde a la cara inferior del hígado.
El peritoneo parietal que cubre la cara anterior del riñón se refleja para continuarse
con el peritoneo visceral hepático, formando así el fondo de saco o receso
hepatorrenal.
En el riñón izquierdo la raíz del mesocolon transverso cruza la cara anterior, lo que nos
permite distinguir en ella tres porciones: una superior o supramesocólica, otra media o
mesocólica y la inferior o inframesocólica.
En la porción supramesocólica se relaciona, arriba y a la izquierda, con el bazo e
inferiromente con la cola del páncreas y los vasos esplénicos; en el resto de la
superficie se relaciona con el estómago interponiéndose entre ambos la bolsa
omental.
El peritoneo visceral de la cola del páncreas (intraperitoneal) se refleja desde la cara
posterior para continuarse con el peritoneo parietal que cubre al riñón,
constituyéndose el receso pancreático-renal.
En el segmento mesocólico la raíz del mesocolon transverso cruza la cara anterior del
riñón izquierdo, justo por debajo de la cola del páncreas, hasta terminar
confundiéndose con el ligamento frenocólico que sujeta el ángulo cólico izquierdo al
diafragma.
En el segmento inframesocólico la cara anterior del riñón izquierdo se relaciona con las
asas del yeyuno.
Relaciones del borde lateral o externo
En el riñón derecho contacta con el hígado.
En el riñón izquierdo se relaciona, de arriba abajo, con el bazo, el ángulo esplénico del
colon y con el colon descendente.
Relaciones del borde medial o interno
Este borde es cóncavo y presenta en su parte media el orificio de entrada al seno
renal, cavidad interior que veremos cuando tratemos la configuración interna y la
estructura del riñón. Hasta este borde llegan los surcos vestigiales de la lobulación
renal.
En la parte central del borde medial se localiza el hilio, lugar de entrada y salida de las
estructuras que constituyen el pedículo renal y que coincide con la entrada al seno
renal. Tomando como referencia el hilio, distinguiremos tres porciones en este borde:
la suprahiliar, la hiliar y la infrahiliar.
En ambos riñones la porción suprahiliar está en contacto con la glándula suprarrenal.
En la porción hiliar con los elementos que integran el pedículo, que de delante atrás
son: vena renal, arteria renal (rodeada por los nervios) y, la más posterior, la pelvis
renal, perteneciente a las vías excretoras.
En la porción infrahiliar ambos riñones se relacionan con el uréter correspondiente.
El borde interno del riñón derecho se relaciona, igual que la porción medial de la cara
anterior, con la 2ª porción del duodeno y la fascia de Treitz.
Ya a cierta distancia, es decir, sin contacto directo, los riñones se relacionan con los
vasos prevertebrales (cava inferior el derecho y aorta el izquierdo). El borde interno
del riñón izquierdo también se relaciona con el ángulo duodeno-yeyunal y con el arco
vascular de Treitz, situados por fuera de la aorta. Treitz denomina arco vascular a la
porción de la arteria cólica izda y de la vena mesentérica inferior que discurren juntas y
bordean la entrada del receso peritoneal denominado fosas paraduodenales.
Relaciones de los extremos o polos renales
Recordemos que los polos superiores se sitúan a distinta altura: El derecho se
corresponde con el intervalo entre las vértebras TXI-TXII, mientras que el izquierdo
está a la altura del cuerpo de la vértebra TXI. Ambos polos guardan relación con la
glándula suprarrenal, el izquierdo también con el bazo.
Los polos inferiores se localizan también a distinta altura; el derecho se corresponde
con LIII y el izquierdo con el intervalo LII-LIII.
CONFIGURACIÓN INTERNA Y ESTRUCTURA DEL RIÑÓN.
Configuración interna
Cada riñón posee una cavidad interna, el seno renal, cuya entrada coincide con el hilio.
Los márgenes del orificio de entrada son convexos en la porción correspondiente a los
polos; el labio anterior (continuación de la misma cara) es convexo y se prolonga más
que el posterior; éste último es más escotado y rectilíneo.
El seno está ocupado por las ramas vasculares (arteriales, venosas y linfáticas) que
penetran o salen de las paredes del seno y las vías excretoras que estudiaremos en su
momento. El espacio restante está ocupado por grasa que es independiente de la
cápsula adiposa, ya que la fascia perirrenal las mantienen separadas al continuarse con
el tejido conjuntivo de los vasos, nervios y vías excretoras en el mismo punto en que
penetran en las paredes del seno.
Si extraemos todo el contenido del seno, podemos observar en las paredes unas
eminencias cónicas (aproximadamente una docena) que presentan múltiples orificios
en el vértice. Nos referimos a las papilas renales y a sus zonas cribosas. Alrededor de
la base de las papilas existe una zona saliente que las circunda a modo de rodetes
formándose un surco entre ambos, que podréis ver en las imágenes mostradas más
abajo .
Estructura del riñón
Al realizar una sección del riñón de borde a borde, observamos que toda la superficie,
incluidas las paredes del seno, están cubiertas por una capa conjuntiva, la cápsula
renal, que está en continuidad con el tejido conjuntivo del parénquima.
Por debajo de la cápsula se distinguen en el parénquima unas formaciones triangulares
de color rojizo, las pirámides renales o de Malpighi, que tienen una disposición central
respecto al resto del parénquima que las circunda; su textura estriada se debe a que
están formadas por los túbulos y conductos uriníferos.
El parénquima que circunda a las pirámides renales es de color más claro y de textura
granulosa, porque en él predominan los glomérulos de las nefronas. Se considera
entonces que las pirámides constituyen el parénquima medular y el circundante la
porción cortical del parénquima.
Si seguimos las pirámides hasta el seno, nos damos cuenta de que las papilas no son
otra cosa que los vértices de las pirámides renales y que los rodetes corresponden a la
cortical; son visibles desde el seno porque ambos protruyen en la pared. Los orificios
de la zona cribosa son los orificios de desembocadura de los conductos uriníferos.
Después de la observación de la sección del riñón podemos
hacernos una visión 3D del parénquima, comprendiendo que las
pirámides, de sección triangular, realmente son formaciones
cónicas de vértice sinusal y base periférica, y que la cortical rodea
por completo a cada pirámide, a modo de casco, excepto en el
vértice o papila.
En la sección del riñón también se distinguen macroscópicamente dos porciones
diferentes en la cortical: a) La cortical que se localiza entre pirámides contiguas,
denominada columna renal de Bertin, cuyo extremo sinusal se corresponde con los
rodetes; b) la cortical periférica, que se localiza entre la base de cada pirámide y la
cápsula renal.
En ambas porciones de la cortical existen zonas de textura estriada, las zonas radiadas
o pirámides de Ferrein, debidas a la concentración de túbulos y conductos colectores
de nefronas más o menos alejadas de la pirámide de Malpighi; son triangulares y su
base confluye con la base de la pirámide de Malpighi. Las pirámides de Ferrein están
rodeadas de una zona granulosa, debido al predominio de los glomérulos, denominada
por Malpighi zona contorneada o laberinto,.
Si en un riñón lobulado seccionamos uno de los lóbulos, (sea de un feto, de un recién
nacido o de un animal como el cerdo) veremos que cada lóbulo está integrado por una
pirámide de Malpighi y la corteza que la circunda (excepto en la papila); es fácil
entender entonces que el riñón del adulto está constituido por la confluencia de
lóbulos (hasta 12) de cuya separación solo quedan como vestigio los surcos de las
caras aludidos al inicio de la descripción general del riñón. De este modo se considera
al lóbulo como la unidad anatómica o estructural del riñón, igual que se considera
como unidad funcional a la nefrona.
En otro tiempo se denominaba lobulillo renal al conjunto de la pirámide de Ferrein y el
laberinto que la circunda; lo mencionamos ahora para entender luego por qué
describiremos en la corteza vasos que denominaremos interlobulillares.
VASOS Y NERVIOS DEL RIÑÓN Y SUS ENVOLTURAS
Pocos aparatos presentan tantas variaciones anatómicas como el vascular, de las que
no está exenta la irrigación del aparato urinario. Para que resulte más didáctico, nos
referiremos ahora a la forma de presentación más frecuente y menos compleja.
Arterias del riñón
El riñón, al igual que el cerebro o el corazón, posee una vascularización arterial de tipo
terminal. Ello quiere decir que no existen anastomosis entre las arterias que permitan
asegurar a los diferentes territorios un aporte de sangre alternativo. En consecuencia,
si una arteria se obstruye, el tejido que debía ser irrigado por ésta arteria se necrosará
(infarto).
La arteria renal procede de la aorta y recordemos que en el pedículo se sitúa entre la
vena y la pelvis renal. Cerca del hilio la arteria se divide en dos ramas, una anterior que
se dispone por delante de la pelvis renal, y otra posterior que bordea por arriba a la
pelvis y se sitúa por detrás siempre adosada al borde (labio posterior del hilio), de
manera que la cara posterior de la pelvis extrasinusal queda libre de relaciones
vasculares. Esta circunstancia tiene importancia quirúrgica, ya que facilita el abordaje
de la pelvis por su cara posterior.
Ya penetrando en el seno, estas dos arterias se dividen en múltiples ramas; las
procedentes de la anterior (más numerosas) se sitúan por delante de las vías urinarias
intrasinusales y las de la posterior, por detrás. Debido a que al conjunto de las vías
urinarias renales se les denomina sistema pielocalicial, se denominan a estos grupos
arteriales como prepiélico y retropiélico.
La diferencia en el número de arterias en ambos sistemas guarda relación con la
extensión del territorio que irrigan; así al sistema prepiélico le corresponde el territorio
más amplio, ya que irriga los lóbulos anteriores y la mitad anterior de los posteriores
(también en los polos).
Después de varias divisiones, las arterias penetran en la pared
del seno alrededor de las papilas, en el surco formado entre la
base de éstas y los rodetes debidos a la protrusión de la cortical.
Profundizan siguiendo la superficie de la pirámide, incluso en la
base. A estas arterias se les denomina interlobulares o
peripiramidales, aunque por lo que hemos visto en el concepto
de lóbulo, parecería más apropiado el nombre de lobulares o
intralobulares.
De las interlobulares parten hacia la pirámide las arterias rectas y hacia la corteza las
interlobulillares. De éstas últimas nacen las arteriolas glomerulares.
Arterias polares
Frecuentemente se observan arterias, no pertenecientes
a los sistemas prepiélico o retropiélico, que proceden de
la renal o de la aorta y penetran directamente en los
polos.
Venas del riñón
Siguiendo el sentido de la circulación venosa, de
superficie a profundidad, comenzamos por describir el
modo en que las venillas subcapsulares adoptan en
conjunto una forma estrellada, las estrellas de
Verheyen, que confluyen dando lugar a la vena
interlobulillar. Éstas, al igual que las venas rectas,
desembocan en las venas interlobulares que se disponen paralelamente a las arterias
del mismo nombre, con la diferencia de que se anastomosan profusamente en la base
de las pirámides. Ya en el seno y por la confluencia de las venas interlobulares se
constituyen los sistemas prepiélico y retropiélico, anastomosados entre sí mediante
venas intermedias que discurren entre los elementos del sistema pielocalicial. Las
venas prepielicas y retropiélicas se mezclan desordenadamente con los sistemas
arteriales homónimos. Tras sucesivas confluencias se constituyen vasos de calibre
creciente y, ya fuera del seno, terminan dando lugar a la vena renal.
Las venas renales son el elemento más anterior del pedículo renal y, tras recoger
afluentes suprarrenales, desembocan en la vena cava inferior. Por la distancia
existente entre la cava y el riñón izquierdo, la vena renal izquierda es de mayor
longitud que la derecha y, como característica diferencial, recibe a las venas gonadales
izquierdas.
Linfáticos del riñón
En el parénquima y en el seno tienen una distribución paralela a la de las arterias y las
venas; los colectores linfáticos siguen a la vena y a la arteria y desembocan en los
ganglios del pedículo y en los que se disponen al lado de la aorta desde el origen de la
arteria renal hasta el de la mesentérica inferior (ganglios lateroaórticos).
Nervios del riñón
La inervación procede del plexo celíaco; alcanza el riñón a través del plexo renal, cuyas
fibras nerviosas rodean a la arteria renal y a sus ramas para distribuirse en el órgano.
Vasos y nervios de las envolturas renales
La procedencia de la vascularización arterial de las envolturas del riñón es múltiple;
procede de las arterias destinadas a órganos próximos al riñón y a la pared del
abdomen. De este modo reciben sangre de las arterias renales, suprarrenales, cólicas,
gonadales y lumbares. Es habitual que vasos procedentes de estos orígenes se
anastomosen constituyendo un arco anastomótico que bordea las envolturas, la
arcada arterial exorrenal.
Las venas de las envolturas renales, que siguen una disposición similar formando
también una arcada venosa exorrenal, son tributarias de las homónimas arteriales y
también de las estrellas de Verheyen.
Los linfáticos se dirigen a los ganglios próximos al origen de las arterias que las irrigan y
la inervación procede de los plexos nerviosos que rodean a dichas arterias.