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Fundamentos de la Extradición Penal

La extradición es un proceso jurídico y político mediante el cual un Estado entrega a un delincuente a otro Estado para su juicio o cumplimiento de pena, basado en la reciprocidad y tratados internacionales. Existen diferentes tipos de extradición, como activa, pasiva, de tránsito y reextradición, y se rige por principios generales como la legalidad y la reciprocidad, así como por limitaciones relacionadas con la naturaleza del delito y del delincuente. En España, el procedimiento de extradición activa está regulado por la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que establece requisitos específicos para solicitarla.

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Fundamentos de la Extradición Penal

La extradición es un proceso jurídico y político mediante el cual un Estado entrega a un delincuente a otro Estado para su juicio o cumplimiento de pena, basado en la reciprocidad y tratados internacionales. Existen diferentes tipos de extradición, como activa, pasiva, de tránsito y reextradición, y se rige por principios generales como la legalidad y la reciprocidad, así como por limitaciones relacionadas con la naturaleza del delito y del delincuente. En España, el procedimiento de extradición activa está regulado por la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que establece requisitos específicos para solicitarla.

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Fundamentos de Derecho Penal- Dra. Ana María Prieto del Pino

LA EXTRADICIÓN
I. CONCEPTO Y CONSIDERACIONES GENERALES
La extradición tiene una doble naturaleza, jurídica y política, ya que es, a la vez, una suerte de
“contrato” o acuerdo internacional y un acto de soberanía de un Estado, en virtud del cual ese
Estado le entrega, a otro Estado que tiene competencia para juzgarlo, a un delincuente que se
encuentra en su territorio a fin de que sea juzgado o bien a fin de que cumpla la pena o una
medida de seguridad que ese otro Estado tiene competencia para imponerle.
La extradición se realiza atendiendo a la reciprocidad entre los Estados, lo que refuerza esa doble
naturaleza a la que se acaba de aludir.
Los tratados de extradición, que tienen como base la reciprocidad, se remontan a tiempos
antiguos, pero se van generalizando a lo largo del [Link].

II. CLASES DE EXTRADICIÓN


Extradición activa: consiste en la petición que formula un Estado que se considera competente
para juzgar a un delincuente o imponerle el cumplimiento de una pena o una medida de
seguridad, a otro Estado en el que se encuentra dicho delincuente. El Estado que pide/reclama
se denomina Estado requirente. Al Estado que decide si entrega o no se le denomina Estado
requerido.
Extradición pasiva: consiste en la entrega del delincuente al Estado que lo reclama por
considerarse competente para juzgarlo o para imponerle el cumplimiento de una pena o medida
de seguridad.
Extradición de tránsito: consiste en la autorización o permiso que concede un tercer Estado para
que el delincuente que está siendo extraditado atraviese su territorio. Esta clase de extradición
ha perdido en gran medida su sentido o relevancia como consecuencia de los avances en los
medios de transporte.
Reextradición: consiste en la entrega del delincuente por parte de un Estado que ha conseguido
la extradición de aquel a un tercer Estado que se lo reclama por considerar que tiene un derecho
preferente para su enjuiciamiento.
Atendiendo al órgano competente para entender del procedimiento correspondiente, la
extradición se clasifica en:
-Ejecutiva: cuando la competencia es del Gobierno (poder ejecutivo)
-Judicial: cuando la competencia corresponde a los tribunales
-Mixta: cuando intervienen en el procedimiento tanto el poder ejecutivo como el judicial.

1
III. LOS PRINCIPIOS RECTORES DE LA EXTRADICIÓN
A) Principios generales/informadores
B) Principios limitadores
A. PRINCIPIOS GENERALES/INFORMADORES
A.1. Principio de legalidad
Se trata de un principio discutido. No puede identificarse con el verdadero principio de legalidad
(Nullum crimen, nulla poena sine praevia lege), sino que estamos ante una suerte de
“adaptación” o “versión” del mismo: “Nulla traditio sine lege”. En materia de extradición, esta
referencia a la ley (lege) no corresponde exclusivamente a la “Ley” en sentido estricto (como
sucede con el genuino principio de legalidad de los delitos y de las penas), sino también a lo que
disponen los tratados internacionales. Además, hay que tener en cuenta que la extradición se
puede conceder incluso cuando no hay tratados, basándose tan solo en el Derecho
consuetudinario (costumbre).
En realidad, se habla de este “principio de legalidad” (sucedáneo) para referirse a la idea de que
no se puede conceder la extradición de un delincuente si el delito que la motiva está excluido
en el tratado de extradición en cuya virtud se articula el procedimiento, es decir, no puede
extraditarse “contra legem”.

A.2. Principio de reciprocidad


Consagra este principio el art. 13.3 CE, en el que se establece que se concederá la extradición
en virtud de la ley y los tratados atendiendo al principio de reciprocidad. El ambiguo tenor literal
del precepto es susceptible de dos interpretaciones:
a) Que la ley y los tratados, en su redacción, habrán de recoger necesariamente el principio
de reciprocidad.
b) Que el principio de reciprocidad es en todo caso la clave para determinar si existe o no
una obligación de entrega.
B) PRINCIPIOS LIMITADORES
1. Por la índole del delito
2. Por la índole del delincuente
3. Por la índole de/en relación con las penas

B.1. Principios limitadores por la índole del delito


B. 1.1. Principio de doble incriminación o identidad
Se exige que el hecho que motiva la extradición sea delito tanto en el Estado requirente como
en el Estado requerido.
La LEP de 1985 lo recoge en el art. 2 párrafo 1º. Indirectamente también se recoge en el art. 4
de dicha Ley, pero en sentido negativo: “se denegará la extradición cuando se haya extinguido
la responsabilidad criminal del delincuente…”. También consagra este principio el art. 2 del
Convenio europeo de Extradición.
Este principio no queda satisfecho con que en sentido formal haya delito, es decir, no basta con
que los hechos imputados al reo estén recogidos como delito en las legislaciones de ambos
Estados, sino que es preciso que se pueda exigir responsabilidad criminal por dichos hechos en
ambos Estados.

2
B.1.2. Principio de “ne/non bis in idem”
No se concederá la extradición si el delito por el que se está solicitando ha sido ya objeto de
juicio o lo está siendo en el Estado requerido en los casos en los que dicho Estado sea
competente para juzgarlo.
El alcance de este principio es desigual en los tratados y leyes de extradición de los diversos
Estados, de manera que en algunos se deniega la extradición si existe sentencia firme. En España
no se concede la extradición cuando el delito ya ha sido juzgado o lo está siendo.
B.1.3. Principio de especialidad
Este principio establece que un delincuente no puede ser juzgado más que por los delitos para
los que ha sido concedida la extradición, de tal manera que, si el Estado requirente ha obtenido
la extradición, no podrá juzgarlo por otros delitos distintos salvo que realice una petición de
ampliación y esta sea aceptada por el Estado requerido.
La LEP prevé en el art. 21 que pueda formularse tal petición a España.
B.1.4. Principio de no extradición por infracciones de carácter leve
Es frecuente excluir de la extradición las faltas y los delitos que no revistan demasiada gravedad.
Esta exclusión suele articularse estableciendo en los convenios y leyes de extradición un límite
o umbral punitivo por debajo del cual no se extradita.
En el caso de la LEP, el límite establecido es de un año cuando la pena prevista para el delito que
motiva la solicitud de extradición es privativa de libertad. Los delitos castigados con una pena
inferior a un año de privación de libertad no dan lugar a extradición.
Si lo que se busca con la solicitud de extradición es que el delincuente cumpla una pena o medida
de seguridad que se le haya impuesto, España no concede la extradición si dicha pena o medida
es inferior a cuatro meses de privación de libertad.
En el pasado era una práctica habitual (ya no lo es) considerar de escasa importancia el delito
fiscal. En la actualidad esta clase de delitos no queda excluido de la extradición.
B. 1.5. Principio de no entrega o no extradición por delitos de carácter político
Este principio fue adoptado en primer lugar en Gran Bretaña, que lo asumió ya a principios del
[Link] siguiendo al hacerlo un criterio totalmente contrario al de los demás Estados, que sí
extraditaban a delincuentes políticos.
El problema fundamental es determinar cuándo un delito se considera “delito político”. Si se
adopta un concepto muy amplio, bajo esta denominación quedarían incluidos actos terroristas.
En la doctrina hay autores que propugnan que se adopte un criterio mixto y restrictivo. Así, por
ejemplo, Cerezo Mir consideraba que “delito político” no es simplemente el que se dirige contra
la estructura y la forma política de un Estado, sino que debe haberse cometido, además, por
móviles políticos.
La LEP en su art. 4.1 excluye expresamente de la consideración de delitos políticos algunos
comportamientos que podrían suscitar dudas. Conforme a este precepto no se consideran
delitos políticos: 1)terrorismo; 2) delitos contra la humanidad previstos en el convenio de
naciones Unidas para la prevención y sanción del delito de genocidio; atentado contra la vida de
un Jefe de Estado o miembro de su familia.
Por su parte, el art. 13.3 CE excluye del ámbito de los delitos políticos expresamente los actos
de terrorismo.

3
B.1.6. Principio de no entrega por delitos de carácter militar
El art. 4.2. LEP recoge este principio, estableciendo como única salvedad lo que dispongan los
tratados internacionales ratificados por España.
El problea reside en delimitar qué se entiende por “delitos de carácter militar”. Se propugna una
interpretación restrictiva, de manera que se entiendan por tales no solo los que atentan contra
los fines y medios de las Fuerzas armadas o afecten a la disciplina y al honor militares, sino que
habría que exigir también que sean cometidos por militares, con las excepciones establecidas
en los convenios de cooperación militar.
Debe reseñarse que en los casos de deserción de la marina de guerra de los diversos Estados
quedan al margen de este principio. Dada la facilidad con la que puede producirse este tipo de
deserciones, la entrega del desertor suele llevarse a cabo sin procedimiento de extradición,
mediante la entrega directa al Estado en cuestión.
B.1.7. Otros límites establecidos en la LEP
El art. 4.2 LEP establece que España no concede la extradición por delitos cometidos a través de
los medios de comunicación social en el ejercicio de la libertad de expresión.
En este mismo precepto se excluye la extradición por delitos que sean perseguibles solo a
instancia de parte, es decir, los delitos que exigen para su persecución que la víctima o su
representante legal interponga querella (p. ej.: delitos contra el honor). Sin embargo, el
mencionado art. 4.2 excluye expresamente de esta limitación “los delitos de violación, estupro,
rapto y abusos deshonestos”. Hay que aclarar que la LEP no se ha ido adaptando a las sucesivas
reformas del CP español en materia de delitos sexuales, del que han desparecido algunas figuras
(estupro, rapto, abusos) y en el que dichos delitos han pasado a ser semipúblicos, es decir,
perseguibles también por la Fiscalía, no solo por la víctima.
Por otra parte, el art. 3.3 LEP establece que “cuando el delito se hubiere cometido fuera del
territorio del país que solicite la extradición, ésta podrá ser denegada si la legislación española
no autorizare la persecución de un delito del mismo género cometido fuera de España”. Es decir,
España puede denegar la extradición cuando el Estado requirente no invoca el principio de
territorialidad en su solicitud en aquellos casos en los que el Estado español no podría perseguir
extraterritorialmente el delito en cuestión.

B.2. Principios limitadores por la índole del delincuente


B.2.1. Principio de la no extradición de los justiciables
Es un principio de carácter internacional. Los “justiciables” son las personas que pueden ser
sometidas a la justicia de un Estado.
En virtud de este principio, España no entrega a las personas a las que tiene derecho a juzgar,
es decir, a las que hayan delinquido en territorio español (principio de territorialidad), sean
nacionales españoles (principio de personalidad), sean nacionales o extranjeros que aunque
hayan delinquido en el extranjero puedan ser juzgados conforme a los principios de protección
de intereses o de jurisdicción universal.
A través de convenios pueden establecerse excepciones. Es el caso del Convenio Europeo de
Extradición, conforme al cual, aunque el Estado requerido tenga competencia para juzgar al
delincuente, puede entregarlo a otro Estado que también la tenga.
B.2.2. Principio de la no extradición de los nacionales

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Se trata de un principio básico, clásico y vigente en todos los Estados (salvo excepciones
establecidas en convenios). Implica que un Estado no entrega a las personas que tengan su
nacionalidad. El art. 3.1 LEP establece: 1. No se concederá la extradición de españoles, ni de los
extranjeros por delitos de que corresponda conocer a los Tribunales españoles, según el
Ordenamiento nacional. La cualidad de nacional será apreciada por el Tribunal competente para
conocer de la extradición en el momento de la decisión sobre la misma, con arreglo a los
preceptos correspondientes del Ordenamiento jurídico español, y siempre que no fuera
adquirida con el fraudulento propósito de hacer imposible la extradición.
B.2.3. Otras limitaciones previstas en la LEP
-No entrega de los asilados:
La LEP en su art. 4. 8º establece que no se concederá la extradición “cuando a la persona
reclamada le hubiere sido reconocida la condición de asilado. El no reconocimiento de la
condición de asilado, cualquiera que sea su causa, no impedirá la denegación de la extradición
por cualquiera de las causas previstas en esta Ley”.
-El art. 5 LEP establece dos facultades del Estado español para denegar la extradición:
1.º Si se tuvieran razones fundadas para creer que la solicitud de extradición, motivada por
un delito de naturaleza común, se ha presentado con el fin de perseguir o castigar a una persona
por consideraciones de raza, religión, nacionalidad u opiniones políticas, o que la situación de
dicha persona corre el riesgo de verse agravada por tales consideraciones.

2.º Cuando la persona reclamada sea menor de dieciocho años en el momento de la


demanda de extradición y teniendo residencia habitual en España, se considere que la
extradición puede impedir su reinserción social, sin perjuicio de adoptar, de acuerdo con
las autoridades del Estado requirente, las medidas más apropiadas.
B.3. Principios limitadores en relación con la pena
B.3.1. Principio de conmutación.
Este es el principio básico. Si la pena que se va a imponer es la pena de muerte se suele exigir
que el Estado requirente ofrezca garantías de que el delincuente no va a ser ejecutado, sino que
dicha pena va a ser sustituida por otra.
La LEP en su art. 4.6º recoge este principio y va más allá, de manera que España deniega la
extradición “cuando el Estado requirente no diera la garantía de que la persona reclamada de
extradición no será ejecutada o que no será sometida a penas que atenten a su integridad
corporal o a tratos inhumanos o degradantes”.
B.3.2. Por lo que respecta a la fase de enjuiciamiento, el art. 4.3º LEP consagra la
garantía del juez natural, es decir, del juez predeterminado por la ley, estableciendo que España
denegará la extradición “cuando la persona reclamada deba ser juzgada por un Tribunal de
excepción”.

IV. EL PROCEDIMIENTO DE EXTRADICIÓN ACTIVA EN ESPAÑA


El procedimiento para la extradición cuando España actúa como Estado requirente está regulado
en los arts. 824-836 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal (LECrim).
El art. 825 LECrim establece que para que se pueda solicitar la extradición será preciso un auto
motivado de prisión o una sentencia firme contra un procesado.
El art. 826 LECrim establece los supuestos en los que España puede solicitar la extradición:

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Sólo podrá pedirse o proponerse la extradición:
1.º De los españoles que habiendo delinquido en España se hayan refugiado en país extranjero.
2.º De los españoles que habiendo atentado en el extranjero contra la seguridad exterior del
Estado, se hubiesen refugiado en país distinto del en que delinquieron.
3.º De los extranjeros que debiendo ser juzgados en España se hubiesen refugiado en un país
que no sea el suyo.
Como puede comprobarse, se establece expresamente que España puede solicitar la extradición
tomando como base los principios de territorialidad y real o de protección de intereses,
respetando los principios de territorialidad y de no entrega de los nacionales de otros Estados.
En relación con el principio real o de protección de intereses, se discrimina a los extranjeros, ya
que estos pueden ser reclamados por España sin restricciones, es decir, en cualquiera de los
supuestos que establece el art. 23.3 LOPJ, mientras que en el caso de españoles se dice
expresamente que se puede solicitar la extradición cuando hayan atentado contra la seguridad
exterior del Estado español, pero no se mencionan los demás delitos mencionados en el art. 23.
3 LOPJ ([Link]:. falsificación de moneda).
La ausencia de referencia al principio de personalidad se debe a que en la anterior LOPJ solo se
podía aplicar este principio cuando el nacional español se encontraba en territorio español, es
decir, partía de que el delincuente español que había delinquido en otro país había regresado a
España.
Por lo que respecta al principio de jurisdicción universal, se parte de la concepción tradicional
de este principio como principio de competencia del iudex deprehensonis, que establece la
obligación del Estado que ha detenido en su territorio al delincuente de juzgarlo o entregarlo a
otro Estado para que lo haga (aut dedere aut judicare).
En cualquier caso, los supuestos en los que España puede solicitar la extradición no se agotan
en los referidos en el art. 826 LECrim, porque el art. 827 LECrim prevé que procederá la petición
de extradición:
1.º En los casos que se determinen en los Tratados vigentes con la potencia en cuyo territorio
se hallase el individuo reclamado.
2.º En defecto de Tratado, en los casos en que la extradición proceda según el derecho escrito o
consuetudinario vigente en el territorio a cuya nación se pida la extradición.
3.º En defecto de los dos casos anteriores, cuando la extradición sea procedente según el
principio de reciprocidad.
La solicitud de extradición la tiene que realizar la autoridad judicial competente a través de un
suplicatorio al Ministerio de Justicia español, de manera que será el Gobierno y no los jueces o
tribunales los que formularán la petición de entrega a otro Estado. El art. 831 LECrim establece
como única excepción a este respecto la posibilidad de que exista un tratado entre España y el
país requerido que permita que sea la autoridad judicial la que formule el requerimiento de
entrega al otro Estado.

V. EL PROCEDIMIENTO DE EXTRADICIÓN PASIVA EN ESPAÑA


Cuando España es el estado requerido para la entrega, el art. 1 LEP establece que es este texto
legal el que determinará todas las condiciones con la excepción de lo previsto en los tratados
ratificados por España.
Como se ha expuesto, el principio de reciprocidad desempeña un papel básico.

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Aunque el preámbulo de la LEP de 1985 declara que el procedimiento mixto de la regulación
anterior se ha mantenido sin cambios sustanciales, la mencionada LEP otorga un papel decisivo
al poder ejecutivo que antes no tenía. Así, conforme al art. 6 LEP, cuando los tribunales
españoles rechacen una solicitud de extradición, por entenderla no ajustada a la regulación
española, su decisión firme es vinculante para el Gobierno español. Sin embargo, si la decisión
judicial (Audiencia Nacional) es favorable a la extradición, dicha decisión no es vinculante para
el Gobierno, que podrá denegarla (lo que ocurrirá si no hay garantías de reciprocidad por parte
del Estado requirente).

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