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Fábulas de La Fontaine: Lecciones de Vida

Las fábulas de Jean de la Fontaine presentan lecciones morales a través de historias de animales. En 'Las ranitas y el tronco tallado', se enseña que los temores infundados pueden resultar ridículos, mientras que en 'El cuervo y el zorro', se advierte sobre los peligros de la adulación. Otras fábulas, como 'La cigarra y la hormiga' y 'El león y la zorra', enfatizan la importancia del trabajo duro y la desconfianza ante las apariencias, respectivamente.

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Fábulas de La Fontaine: Lecciones de Vida

Las fábulas de Jean de la Fontaine presentan lecciones morales a través de historias de animales. En 'Las ranitas y el tronco tallado', se enseña que los temores infundados pueden resultar ridículos, mientras que en 'El cuervo y el zorro', se advierte sobre los peligros de la adulación. Otras fábulas, como 'La cigarra y la hormiga' y 'El león y la zorra', enfatizan la importancia del trabajo duro y la desconfianza ante las apariencias, respectivamente.

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LAS RANITAS Y EL TRONCO TALLADO

(por Jean de la Fontaine)


Una familia de ranitas que vivía en un lago, sentía mucho temor por un tronco tallado que se veía desde la orilla. Estas ranitas
amaban las fiestas y la diversión, pero sentían gran respeto por el tronco, así que en muchas oportunidades trataban de no hacer
tanto ruido para no molestar al tronco.
Seguramente este personaje al que tanto le temían, era un monumento de alguna tribu que ya no habitaba en el lugar, pero como no
se animaban a acercarse para ver bien de que se trataba, solo podían divisar un rostro serio y que inspiraba mucha autoridad.
Un cierto día, en que se desató una terrible tormenta, el tronco cayo al lago y en ese momento las ranitas pudieron ver con claridad,
que era solo un tronco tallado que ningún daño podía hacerles. Se rieron mucho de los temores por los que habían pasado y
comenzaron a jugar con él y usarlo de trampolín para sus zambullidas en el lago.

Moraleja: Lo que por ignorancia atemoriza, a veces es sólo digno de risa.


EL CUERVO Y EL ZORRO
(por Jean de la Fontaine)
Estaba un cuervo posado en un árbol, y tenía en el pico un queso. Atraído por el aroma, un zorro que pasaba por ahí le dijo:
-¡Buenos días, señor Cuervo! ¡que bello pumaje tienes! Si el canto corresponde a la pluma, tu tienes que ser el Ave Fénix.”

Al oír esto el cuervo, se sintió muy alagado y lleno de gozo, y para hacer alarde de su magnífica voz, abrió el pico para cantar, y así
dejo caer el queso.
El zorro rapidamente lo tomo en el aire, y le dijo:
“Aprenda, señor cuervo, que el adulador vive siempre a costas del que lo escucha y presta atención a sus dichos; la lección es
provechosa; bien vale un queso.”

Moraleja: No se debe dar crédito a palabras aduladoras, que se hacen por interés.
La cigarra y la hormiga
Una vez, al llegar el invierno, una cigarra que estaba muerta de hambre se acercó a la puerta de un hormiguero pidiendo comida. A
su pedido respondieron las hormigas, haciendo la siguiente pregunta:
–¿Por qué durante el verano no hiciste tu reserva de alimentos como lo hicimos nosotras?
La cigarra respondió:
–Estuve cantando alegremente todo el tiempo, y disfrutando el verano plenamente. ¡Si hubiera sabido lo duro que es el invierno…!
Jean de la Fontaine
Las hormigas le dijeron:
–Mientras nosotras trabajamos duro durante el verano para tener las provisiones y poder pasar el invierno, tú disfrutabas y perdías
el tiempo. Así que ahora… ¡sigue bailando!
Pero las hormigas sintieron pena por la situación y entendieron que la cigarra había aprendido la lección, entonces finalmente
compartieron con ella su alimento.
Moraleja: Quien quiere pasar bien el invierno, mientras es joven debe aprovechar el tiempo.

El león y la zorra

Un león muy astuto que vivía en una cueva, fingía estar enfermo, con el único fin de engañar a los demás animales para que entren
a su cueva, una vez dentro de ella, el león mataba y devoraba a los incautos animales. Una zorra también llego a la cueva, pero
muy desconfiada, le dijo a gritos al león desde la entrada de la cueva, que sentía que este tan enfermo.
El león viendo que la zorra no quería entrar a la cueva, le insistía para que pase a verlo, diciéndole que no tenga miedo, ya que
estaba muy enfermo y no podría hacerte daño. Lo que me da desconfianza, le dijo la zorra, es las huellas de los animales que han
ingresado, pero no veo las huellas de los animales que hayan salido de ella.

Moraleja de la fábula: No debemos creer ciegamente de lo que nos dicen, hay que saber juzgar las palabras, según las obras
de la persona de quien las dice.
El mercader de sal y el asno (Esopo)

Un mercader llevó a su asno a la costa para comprar sal. En el camino de regreso a su pueblo, pasaron por un río. El asno se
resbaló, y se empapó la carga. Cuando se levantó, el asno sintió su peso considerablemente aliviado, pues una parte de la sal se
había diluido. El mercader retornó de nuevo a la costa y cargó más sal que la vez anterior. Cuando llegaron otra vez al río, el asno
se tiró a propósito en el agua y se levantó de nuevo con mucho menos peso. El animal se enorgullecía de haber obtenido lo que
buscaba. Por tercera vez regresaron a la costa, pero esta vez el comerciante –que había notado el truco del asno– compró una carga
de esponjas en vez de sal. Y el asno, intentando el mismo juego, se tiró al río, pero esta vez las esponjas se llenaron de agua y
aumentaron su peso terriblemente. Así, el asno tuvo que llevar sobre su espalda una carga que pesaba el doble de la anterior.

Moraleja: Tratar de evitar el deber haciendo trucos, sólo nos dañara a nosotros mismos.

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