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Nueve Círculos del Infierno de Dante

El Infierno, la primera parte de La Divina Comedia de Dante Alighieri, describe un viaje a través de los nueve círculos del Infierno, donde los pecadores son castigados según la gravedad de sus pecados, siguiendo la 'ley del contrapaso'. Cada círculo representa diferentes tipos de pecados, desde la incontinencia hasta la violencia y el fraude, y los castigos son una representación de la justicia poética. El poema comienza con Dante perdido en un bosque y es guiado por Virgilio a través de este mundo de ultratumba, donde se encuentran almas de personajes históricos y mitológicos, todos sufriendo por su separación de Dios.
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Nueve Círculos del Infierno de Dante

El Infierno, la primera parte de La Divina Comedia de Dante Alighieri, describe un viaje a través de los nueve círculos del Infierno, donde los pecadores son castigados según la gravedad de sus pecados, siguiendo la 'ley del contrapaso'. Cada círculo representa diferentes tipos de pecados, desde la incontinencia hasta la violencia y el fraude, y los castigos son una representación de la justicia poética. El poema comienza con Dante perdido en un bosque y es guiado por Virgilio a través de este mundo de ultratumba, donde se encuentran almas de personajes históricos y mitológicos, todos sufriendo por su separación de Dios.
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Dante: Los Nueve Circulos Del Infierno

Publicado el 30 agosto 2014 por Silvana Rimabau @SilEvilsnake

El Infierno (en italiano Inferno) es la primera de las tres cánticas de La Divina Comedia del poeta florentino Dante
Alighieri. Los sucesivos cantos son el Purgatorio y el Paraíso. Está formada por 33 cantos, más uno de introducción, y
cada canto está subdividida en tercetos y la rima está unida. De hecho, su estructura doctrinal hace un uso
constante del número 3: los condenados son de hecho repartidos en tres categorías, cada una localizada en una
sección decreciente de la cavidad subterránea. El orden de las penas, como dice Virgilio en el canto XI, depende de
la Ética Nicomaquea de Aristóteles, y prefigura una jerarquía del mal basada en el uso de la razón. La elección de las
penas sigue la "ley del contrapaso", que castiga los pecadores mediante el contrario de sus pecados o por analogía a
ella. En ese sentido, los pecadores más "cercanos" a Dios y la luz, es decir puestos en los primeros círculos, son los
incontinentes, es decir aquellos que usaron el menor uso de la razón en pecar. Siguen los violentos, que fueron
cegados por la pasión, si bien a un nivel de inteligencia mayor que los primeros. Los últimos son los fraudulentos y
los traidores, que quisieron y realizaron el mal conscientemente. Entre los traidores hay cuatro categorías: de quien
se tiene confianza, de la patria, de los hospedantes y de las instituciones. Todos los pecadores del Infierno tienen
una característica en común: sienten la lejanía de Dios como el mayor castigo.
Vestíbulo del InfiernoEl poema comienza el día antes del Viernes Santo, en 1300. El narrador, Dante Alighieri, tiene
treinta y cinco años, y por ende se encuentra "a mitad del camino de la vida" (Nel mezzo del cammin di nostra vita)
—mitad de la expectativa de vida de setenta años según la Biblia (Salmo 90:10). El poeta se encuentra perdido en un
bosque, siendo asaltado por tres bestias, un león, un leopardo (lonza en italiano que puede referirse también a
pantera o lince), y una loba, a los que no puede evadir, y siendo incapaz de encontrar la "senda verdadera" (diritta
via) —también traducible como "verdadero camino"— a la salvación. Consciente de que él mismo se está haciendo
daño y de que está cayendo en un "profundo lugar" (basso loco) donde el sol es silente (l sol tace), Dante es
finalmente rescatado por el poeta romano Virgilio. Los dos comienzan un viaje al mundo de ultratumba. Cada
castigo en el Infierno es por contrapaso, una representación de la justicia poética; por ejemplo, los adivinos deberán
caminar con sus cabezas al revés, incapaces de ver lo que está enfrente, resultado de tratar de ver siempre el futuro.
Dante pasa a través de la puerta del infierno, que tiene una inscripción cuyo texto dice "Es por mí que se va a la
ciudad del llanto, es por mí que se va al dolor eterno y el lugar donde sufre la raza condenada, yo fui creado por el
poder divino, la suprema sabiduría y el primer amor, y no hubo nada que existiera antes que yo, abandona la
esperanza si entras aquí" novena y última línea procede la frase "Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate", o
"abandona la esperanza si entras aquí". Antes de entrar completamente al infierno, Dante y su guía ven a aquellos
que nunca se comprometieron, las almas de aquellos que jamás hicieron algo bueno o malo (entre ellos, Dante
reconoce a Celestino V o a Poncio Pilatos; el texto es ambiguo). Con ellos están los exiliados que no tomaron parte
en la rebelión de los ángeles. Estas almas no están ni en el Infierno ni fuera de este, pero residen en las orillas del
Aqueronte. Su castigo es el de perseguir eternamente una bandera mientras son atacados por abejas y avispas que
continuamente los pican mientras gusanos y otros insectos succionan su sangre y lágrimas. Esto simboliza el aguijón
de sus conciencias y la repugnancia del pecado. Como el Purgatorio y el Paraíso, el Infierno tiene una estructura de
9+1=10, pues cuenta con un "vestíbulo" de diferente naturaleza de los otros nueve círculos que los componen, de
los cuales lo separa el Aqueronte. Tras franquear el "vestíbulo", Dante y Virgilio llegan a la barca que les permitirá
cruzar el Aqueronte y llegar al infierno propiamente dicho. Quien conduce la embarcación es Caronte quien, al saber
que Dante procede del mundo de los vivos, se niega a dejarlo pasar. Virgilio, sin embargo, lo obliga a acceder
pronunciando la frase Vuolsi così colà ove si puote ("así se dispuso allí donde se tiene la autoridad"), indicando que
el viaje de Dante es deseado por Dios. Las protestas y blasfemias de las almas condenadas llenan la atmósfera. Sin
embargo, el poeta pierde el conocimiento y en su poema no se describe el cruce del río propiamente dicho. A
continuación, Virgilio guía a Dante por los nueve círculos del Infierno, que son concéntricos, representando la
progresión de la gravedad del pecado castigado, y culmina en el centro de la tierra, donde Satán es prisionero. Los
pecadores de cada círculo son castigados con penas eternas, pero aquellos que se arrepintieron y oraron antes de
fallecer se encuentran en el Purgatorio, donde deben expiar sus culpas. En el Infierno se encuentran quienes
justificaron sus pecados y no se arrepintieron. En un sentido alegórico, las tres bestias representan los tres tipos de
pecados: la autoindulgencia, la violencia, y la perversidad, lo cual es de importancia pues determina la estructura del
lugar, de modo que el alto Infierno (los primeros cinco círculos) corresponden a los pecados de autoindulgencia, el
sexto y el séptimo a los caracterizados por la violencia, y el octavo y el noveno a los marcados por la perversidad.

LOS NUEVE CÍRCULOS DEL INFIERNO


Primer Círculo (Limbo)En el limbo se encuentran los no bautizados y los paganos virtuosos quienes, pese a no ser
pecadores, no conocieron a Cristo. Estos pecadores no son efectivamente atormentados, pero aun así están
condenados ya que están separados de Dios, sin esperanza de reconciliarse con Él. El limbo comparte muchas
características con los prados asfódelos griegos; "un lugar neutral, ni bueno ni malo, donde esta gente estará
eternamente siempre deseando a Dios pero sin poder tenerlo nunca." El Limbo incluye prados verdes y un castillo, el
lugar donde están los hombres más sabios de la antigüedad, incluyendo al mismo Virgilio, así como filósofos
islámicos como Averroes y Avicena. En este castillo Dante conoce a los poetas Homero, Horacio, Ovidio, y Lucano, a
la reina amazona Pentesilea, al matemático Euclides, a los filósofos Sócrates y Aristóteles, y a muchos otros, entre
ellos César en su rol de general de Roma ("César en armas, de ojos rapaces"). Curiosamente, Dante también se
encuentra con Saladino en el Limbo (Canto IV). Dante da a entender que todos los no Cristianos virtuosos se
encuentran en ese lugar, aunque luego se encuentra a dos (Catón de Útica y Estacio) en el Purgatorio y otros dos
(Trajano y Rifeo) en el Paraíso.
Después de este primer círculo, todos los condenados por pecados "activos", es decir, que deliberadamente han
pecado dañando a alguien, son juzgados por Minos, quien sentencia cada alma y le asigna su lugar, enrollando su
cola sobre sí mismo tantas vueltas como círculos debe descender. Los círculos más profundos están estructurados de
acuerdo con la concepción clásica (aristotélica) del vicio y la virtud. Están agrupados de acuerdo con los pecados de
incontinencia, violencia y fraude (representados, según diversos comentaristas, por el leopardo, el león, y la loba,
respectivamente). Los pecados de incontinencia, es decir, la incapacidad de controlar los deseos e instintos propios,
son castigados en un primer lugar, mientras que la violencia y el fraude aparecen después.
Segundo Círculo (Lujuria)
En el segundo círculo del Infierno, se encuentran aquellos que han pecado de lujuria. Dante condena a estos
"malefactores carnales" por dejar que sus apetitos sobrepasaran su razón. Ellos son los primeros en ser
verdaderamente castigados en el Infierno. Estas almas están condenadas a ser impelidas por un fuerte viento que
las embiste contra suelo y paredes, las agita y las hace chocar entre ellas sin descanso, de la misma forma que en
vida se dejaron llevar por los vientos de la pasión.
En este círculo, Dante ve a Semiramis, Dido, Cleopatra, Helena, Aquiles, Paris, Tristán, y muchos otros que no
controlaron el amor sensual durante su vida. Francesca de Rimini le cuenta a Dante cómo ella y su cuñado Paolo
cometieron adulterio, y después murieron de manera violenta, en el nombre del Amor, en las manos de su esposo,
Gianciotto Malatesta. Francesca le cuenta a Dante que su acto de adulterio fue inspirado por la historia de Lancelot
y Ginebra (un episodio esculpido por Auguste Rodin en El Beso). Sin embargo, ella cree que su esposo será castigado
por fratricidio en Caina, en el Noveno Círculo.
Tercer Círculo (Gula)
Recobrando el sentido, el poeta se halla en el tercer círculo, donde se castiga a los condenados por el pecado de la
gula con la pena de ser batidos por una fortísima lluvia mezclada con grueso granizo, y ensordecido por lo terribles
ladridos de Cerbero, que además los desgarra con uñas y dientes. Entre esos infelices encuentra a Ciacco.
Cuarto Círculo (Avaricia y Prodigalidad)
Aquellos cuya actitud hacia los bienes materiales se desvió de la media inadecuada son castigados en el cuarto
círculo. Aquí están condenados los avaros, que acumularon posesiones, y los pródigos, que las derrocharon. Ambos
grupos empujan grandes pesos a lo largo del círculo, pero cada uno en dirección opuesta. Cuando se encuentran,
chocando, se injurian. Unos reprochan: "¿Porqué acaparas?", los otros: "¿Porqué derrochas?". A continuación cada
grupo da la vuelta para recorrer el círculo en sentido contrario, hasta chocar de nuevo con el otro.
El contraste entre estos dos grupos, Virgilio conduce al discurso sobre la naturaleza de la fortuna, que resucita a las
naciones a la grandeza, y luego los sume en la pobreza, como ella cambia "esos productos vacíos de nación á nación,
clan a clan.", expresión llena lo que de otro modo sería una brecha en el poema, ya que ambos grupos están tan
absortos en su actividad que Virgilio le dice a Dante que sería inútil tratar de hablar con ellos - de hecho, han
perdido su individualidad, y se conviertan en "irreconocible".
Quinto Círculo (Ira y Pereza)
Las almas de los iracundos están encenagadas en la pantanosa laguna Estigia. Rabiosas, se golpean entre ellas, y se
despedazan a mordiscos. Bajo el agua y hundidos en el lodo, están las almas de los acidiosos. De mala gana, Flegias
transporta en su barco a Dante y a Virgilio través de la Estigia. En el camino un condenado les habla, Filippo Argenti,
güelfo negro de una prominente familia. Cuando Dante responde "con el llorar y con el luto quédate, espíritu
maldito," Virgilio lo besa. Literalmente, esto muestra el hecho que las almas en el Infierno están eternamente fijadas
en el estado que eligieron pero, alegóricamente, refleja como Dante se "contagia" del pecado de la ira.
Las partes más bajas del Infierno se encuentran dentro de los confines de la ciudad de Dite, que a su vez está
rodeada por la laguna estigia. Los castigados dentro de Dite son pecadores activos (no pasivos). Los muros de Dite
están custodiados por ángeles caídos. Virgilio no logra convencerlos de que lo dejen pasar con Dante y las Erinias y
Medusa amenazan a Dante. Un ángel mandado del Cielo los deja entrar, abriendo la puerta al ser tocada por una
vara. Alegóricamente, esto revela el hecho de que el poema está empezando a tratar con pecados que ni la filosofía
ni el humanismo pueden comprender del todo.
Sexto Círculo (Herejía)
En el sexto círculo, los epicúreos, quienes negaron en vida la inmortalidad del alma, están condenados a yacer en
flamígeros sepulcros destapados. Dante habla con un epicúreo florentino, Farinata degli Uberti, un gibelino
(condenado póstumo por herejía en 1283); y Cavalcante dei Cavalcanti, un güelfo y padre de Guido Cavalcanti,
amigo de Dante y poeta. Las afilaciones políticas de estos dos hombres crean una discusión sobre la política
florentina.
En respuesta a una pregunta de Dante sobre la profecía que recibió, Farinata explica que el alma en el Infierno
puede ver el futuro pero no el presente. En consecuencia, cuando "se aproximan o son" es todo en vano su
intelecto.
Séptimo Círculo (Violentos)
Anillo Exterior: Se castiga a quienes se dejaron llevar por la violencia, hundidos en el río Piraí.
Anillo Del Medio: En este anillo están los suicidas (los violentos contra sí mismos) quienes, transformados en
nudosos árboles, son picoteados y desgarrados por Harpías que anidan allí. Llegado el día del Juicio Final, esta clase
de almas, en vez de revestirse con sus cuerpos al recobrarlos, los colgarán de sus ramas, pues sería injusto volver a
tener lo que uno se ha quitado voluntariamente. Dante, al romper una rama y comenzar a sangrar, oye una voz, la
de Pier della Vigna, quien se suicidó después de perder la confianza de Federico II (su presencia aquí, indica que
Dante cree que la acusación hacia él es falsa). Los árboles son metáfora del estado de la mente del suicida. Los otros
residentes del anillo son los derrochadores, quienes destruyeron sus vidas destruyendo lo que tenían de valor (por
ejemplo, dinero y propiedades). Ellos están perpetuamente perseguidos y mordidos por perras.
Anillo Interior: Aquí están los violentos contra Dios (blasfemadores) y los violentos contra la naturaleza (sodomitas y,
como se explicó en el sexto círculo, los usureros), quienes están en un desierto ardiente de arena con una lluvia de
llamas. Los blasfemadores están echados en la arena, los usureros sentados y los sodomitas deambulan en grupos.
Dante conversa con dos florentinos sodomitas de diferentes grupos. Uno de ellos es el mentor de Dante, Brunetto
Latini. Dante está muy sorprendido y tocado por el encuentro y muestra gran respeto por su "maestro" ("me
enseñabais cómo se inmortaliza el hombre: / y cuanta gratitud de ello guardo, mientras viva, / es necesario que mi
lengua lo discierna."), esto refuta la idea de que Dante solo pone a sus enemigos en el Infierno. Los otros sodomitas
son Jacopo Rusticucci, político, que culpa a su esposa por su destino. Los castigados por usura incluyen a los
florentinos Catello di Rosso Gianfigliazzi, Ciappo Ubriachi, y Giovanni di Buiamonte; a los paduanos Reginaldo degli
Scrovegni y Vitaliano di Iacopo Vitaliani. Están identificados no por el nombre sino por el escudo estampado en las
bolsas alrededor del cuello - monederos con los que "sus ojos parecían deleitarse".
Octavo Círculo (Fraude)
En los últimos círculos del Infierno se castigan los pecados relacionados con el fraude consciente o traición. A estos
círculos solo se puede llegar descendiendo un gran acantilado, que Dante y Virgilio hacen en la espalda de Gerión,
un monstruo alado tradicionalmente representado con tres cabezas o con tres cuerpos unidos, pero descrito por
Dante con tres distintas naturalezas: humana, bestial y reptil. Gerión es la imagen del fraude, con la cara que parece
de un hombre honesto, su cuerpo hermosamente coloreado, pero con una punta venenosa en la cola.
Los fraudulentos de forma deliberada, a sabiendas del mal que causan, están localizados en un lugar llamado
Malebolge ("Malas fosas"), dividido en diez Bolgias unidas por puentes.
Primer Recinto: Rufianes (proxenetas) y seductores) marchan en líneas separadas en direcciones opuestas,
golpeados por demonios (Dante hace aquí referencia al tráfico del Jubileo del año 1300 en Roma: manteniéndose a
la derecha). Dado que los rufianes y los seductores usaron la pasión de otros para llevarlos a donde querían, están
ahora guiados por demonios a marchar por la eternidad. En el grupo de los proxenetas, el poeta distingue a
Venedico Caccianemico, quien vendió a su propia hermana a Obizzo II d'Este. En el grupo de los seductores, Virgilio a
Jasón, quien obtuvo la ayuda de Medea seduciéndola y casándose con ella, solo para después dejarla por Creúsa.
Jasón también sedujo a Hipsípila, pero "la abandonó, sola y embarazada".
Segundo Recinto: Aduladores, que son descritos con un lenguaje bajo y vulgar. Están inmersos en excrementos
humanos, que representan las palabras que produjeron. Dorothy L. Sayers, quien trabajó en la industria de la
propaganda, comenta "Dante no vivió para ver el desarrollo de la propaganda política, publicidad comercial, y
periodismos sensacionalista, pero preparó un lugar para ellos".
Tercer Recinto: Dante aquí expresa su condena a los que cometieron la simonía. Están puestos con la cabeza hacia
abajo (como en la pila bautismal), con llamas que les queman los pies. Uno de los simoníacos, el papa Nicolás III,
denuncia a dos de sus sucesores, Bonifacio VIII y Clemente V, por la misma ofensa. La similitud con la fuente
bautismal le da a Dante la oportunidad para limpiar su nombre de la acusación de daño intencionado a la fuente en
la iglesia de San Giovanni dei Fiorentini.
Cuarto Recinto: Brujos, astrólogos, y falsos profetas tienen la cabeza mirando hacia atrás. Dado que quisieron ver
hacia adelante sin mirar el presente, ahora están obligados a no poder ver hacia adelante, solo hacia atrás. En esta
Bolgia, Dante ve a Anfiarao, Tiresias, Miguel Escoto, y Guido Bonatti, entre otros.
Quinto Recinto: Políticos corruptos están inmersos en brea hirviente, que representa los dedos sucios y oscuros
secretos de sus tratos corruptos. Los truhanes son los análogos políticos de los simoniacos, y Dante les dedica varios
cantos a ellos. Ellos están custodiados por diablos llamados Malebranche (malasgarras), que proporcionan una
salvaje y satírica comedia negra. El líder de los Malebranche, Malacoda, les asigna una tropa a Virgilio y Dante para
llevarlos a la siguiente Bolgia. La promesa de un salvoconducto a los poetas resulta ser una mentira ya que los
demonios se están aprovechando de ellos (y no hay "próximo puente"), y entonces los poetas se ven obligados a
trepar hacia la sexta Bolgia.
Sexto Recinto: En la sexta Bolgia, los poetas encuentran a los hipócritas, que llevan aparentes capas doradas que
resultan ser de plomo, de manera que los hacen andar inclinados bajo su peso. Se simboliza su falsedad
contrastando la apariencia dorada que los hipócritas muestran, con un interior innoble, agobiado por los malos
pensamientos. Dante habla con Catalano y Loderingo, dos frailes gaudentes, una orden que había adquirido
reputación por no vivir de acuerdo con sus votos, y que fue eventualmente suprimida por el papa Sixto V. Una
subcategoría particular de hipócritas está representado por los miembros del Sanedrín, que llevaron a Cristo a la
muerte "en beneficio de todo el pueblo", pero causando la ruina de los Judíos: con evidente contrapaso están
crucificados en tierra, en medio del camino, de modo que los hipócritas que caminan por el círculo los pisan a su
paso.Séptimo Recinto: Dos cantos están dedicados a los ladrones, quienes están custodiados por el centauro Caco,
que escupe fuego (en la mitología romana, Caco no era un centauro, sino un monstruo que tiraba fuego asesinado
por Heracles). Los ladrones son perseguidos y mordidos por serpientes. El horror de la pena de los ladrones se revela
poco a poco: al igual que robaron la sustancia de otras personas en vida, aquí ellos son objeto del robo de su propia
identidad, y al ser mordidos por una serpiente sufren una transformación. Vanni Fucci es convertido en cenizas y
revivido, Agnello se mezcla con el reptil de seis patas que es Cianfia, y los cambios de Buoso forman las cuatro patas
de Francesco: "El alma que se había hecho fiera / silbando huye por el valle, / y el otro tras de él hablando escupe."
Octavo Recinto: En la octava Bolgia, se castiga a los consejeros fraudulentos, que andan revestidos en una llama que
los abrasa. Ulises y Diomedes están aquí condenados por el engaño del caballo de Troya. Ulises también cuenta la
historia de su final y último viaje (una invención de Dante), donde él dejó su hogar y familia para llegar al fin de la
Tierra, siendo que se hundió junto a sus hombres al llegar al monte del Purgatorio. Guido da Montefeltro cuenta su
consejo al papa Bonifacio VIII para capturar el fuerte de Palestrina, ofreciéndole a la familia Colonna que se
encontraba adentro un falso armisticio, y arrasando el suelo cuando se rindieron. Guido se transformó en
franciscano en 1296, y murió dos años después. Guido describe como vino San Francisco a llevar su alma al Cielo,
pero un demonio pidió antes su alma. A pesar que Bonifacio lo absolvió de sus pecados, Dante remarca la invalidez
de esto, dado que la absolución requiere el arrepentimiento y un hombre no puede ser perdonado por un pecado, al
mismo tiempo que desea cometerlo.
Noveno Círculo (Traición)
El noveno círculo está rodeado de gigantes clásicos y bíblicos, quienes quizás simbolizan el orgullo y otros defectos
espirituales que se esconden detrás de los actos de traición. Los gigantes están echados en el suelo y por eso se
pueden ver desde más arriba. Entre ellos está Nemrod y Efialtes, quien con su hermano Otus trató de derrotar al
Olimpo. El gigante Anteo está en el pozo que forma el noveno círculo.
Los traidores se diferencian de los "simples" fraudulentos por el hecho de que sus acciones envuelven el engañar a
alguien con quien se tiene una relación especial. Hay cuatro zonas concéntricas (o "rondas") de traidores,
correspondientes, en orden de seriedad, a las traiciones hacia algún familiar, hacia alguien con lazos de comunidad,
hacia los huéspedes, y hacia el señor feudal. En contraste con la imagen popular del Infierno como ardiente, los
traidores están congelados en un lago de hielo conocido como Cocito, en donde cada grupo está encajado a
profundidades cada vez mayores.
Ronda 1: es llamada Caina, el nombre proviene de Caín, quien mató a su hermano. Los traidores de sus propios
familiares están inmersos en hielo hasta la cara - "hasta donde el rubor avanza, / estaban las sombras dolientes en la
escarcha" Mordred, quien atacó al rey Arturo, es uno de los traidores que se encuentra aquí: "ni la de aquel a quien
fue roto el pecho y la sombra / con él, de un golpe de la mano de Arturo;"
Ronda 2: se llama Antenora, en honor a Antenor de Troya, quien según la tradición medioeval traicionó a su ciudad
en favor de los griegos. Traidores a las entidades políticas, tales como partido, ciudad, o país, están aquí. Conte
Ugolino deja de morder la cabeza de su rival, el arzobispo Ruggieri para describir como Ruggieri lo encerró en una
torre con sus hijos, condenándolos a morir de hambre. Una serie de correspondencias, como alusiones al mismo
pasaje del Eneida, unen este pasaje a la historia de Paolo y Francesca del segundo círculo, indicando que el hielo del
infierno de la traición es el resultado final del consentimiento del pecado.
Ronda 3: es llamada Ptolomea, probablemente en honor a Ptolomeo, hijo de Abobi, quien invitó a Simón Macabeo y
a su hijo a un banquete y después los mató. Los traidores a sus huéspedes están castigados aquí, echados supinos
en el hielo, que les cubre todo salvo la cara. Están castigados más severamente que los anteriores traidores, porque
la relación con las personas traicionadas es por pura voluntad. Fra Alberigo, que había armado a soldados para que
mataran a su hermano en un banquete, explica que a veces el alma llega aquí antes que Atropos corte el hilo de la
vida. Sus cuerpos en la tierra es inmediatamente poseído por un demonio, y entonces lo que parecía ser un hombre
que caminaba para a ser un hombre incapaz de arrepentirse.
Ronda 4: se llama Judeca, en honor a Judas Iscariote, el traidor de Cristo. Aquí están los traidores a sus
benefactores. Todos los castigados aquí están completamente inmersos en el hielo, distorsionados en todas las
posiciones imaginables. Dado que aquí no hablan con nadie, Dante y Virgilio se mueven rápido hacia el centro del
Infierno
En el centro del Infierno, condenado por cometer el último pecado (la traición hacia Dios), está Satanás. Satanás es
descrito como un gigante, espantosa bestia con tres caras, una roja, una negra y otra amarillo pálido:
Una delante y era bermeja, las otras eran dos, que a aquella se unían de cada hombro en el medio, y se juntaban en
el lugar de la cresta: y la derecha parecía entre amarilla y blanca, la izquierda a la vista era tal cuales son los que
vienen de donde el Nilo se encauza.
Satanás está inmerso en el hielo hasta la cintura, llorando y babeando. Aletea como si intentase escapar,
produciendo un viento que hiela todo el Cocito. Cada boca tiene un famoso traidor, con Bruto y Casio en las bocas
de la izquierda y derecha respectivamente. Estos dos hombres estuvieron involucrados en el asesinato de Julio César
- un acto que para Dante significa la destrucción de la unificación de Italia ya que mataron al hombre que debía
gobernar al mundo-. En el centro, está Judas. A él se le aplica la peor de las torturas, su cabeza es roída por la boca
de Satanás. Lo que se ve aquí es una perversión de la trinidad: Satanás es impotente, ignorante, y está lleno de odio,
en contraste con la omnipotencia, omnisciencia, y amor de Dios.
Los dos poetas salen del Infierno escalando sobre Satanás, pasando a través del centro de la tierra (con un cambio
del sentido de la gravedad), y emergen en el otro hemisferio (descrito en el Purgatorio) justo antes del amanecer en
Pascua, bajo un cielo lleno de estrellas.

Purgatorio
Las siete gradas del Purgatorio
Desde la puerta del Purgatorio, Virgilio guía a Dante a través del peregrino sus siete terrazas. Estos corresponden a
los siete pecados capitales o "siete raíces del pecado." La clasificación del pecado aquí es más psicológica que la del
Infierno, que se basa en motivos, en lugar de acciones. También es elaborado principalmente a partir de La teología
cristiana, y no de las fuentes clásicas. El núcleo de la clasificación se basa en el amor, con las primeras tres terrazas
del purgatorio en relación con el amor pervertido dirigido a los daños reales de los demás. La terraza de la cuarta se
refiere al amor deficiente, mientras que las últimas tres terrazas se relacionan con el amor excesivo o desordenado
de las cosas buenas.
Cada terraza purga un pecado en particular de manera adecuada, aquellos en el purgatorio pueden dejar
voluntariamente su círculo, pero sólo lo hará cuando se haya corregido el defecto dentro de sí mismos que llevaron
a cometer el pecado. La estructura de la descripción poética de estas terrazas es más sistemática que la del Infierno,
y se asocia con cada terraza son una oración apropiada, una bienaventuranza, y los ejemplos históricos y mitológicos
del pecado mortal pertinentes y de su virtud opuesta.

Estuctura del Purgatorio de Dante

Primer Grada (La Soberbia)


Las tres primeras terrazas del Purgatorio están relacionadas con pecados causados por un mal amor que de alguna
forma llega a herir a la persona amada. El primero de estos es el Orgullo. En la terraza hay almas orgullosas
purgando sus culpas, Dante y Virgilio ven hermosas esculturas expresando humildad, la virtud opuesta. El primer
ejemplo es la Anunciación de la Virgen María, donde ella responde al ángel Gabriel con las palabras "He aquí la
esclava del Señor,". Un ejemplo de humildad de la historia clásica es cuando el emperador Trajano, de acuerdo con
una leyenda medieval, en una ocasión paró su jornada para hacer justicia a una pobre viuda (Canto X).
Luego de haber sido introducidos en la humildad, Dante y Virgilio conocen las almas de los orgullosos, quienes han
sido doblados por el peso de enormes piedras en sus espaldas. Mientras ellos caminan por la terraza, pueden llegar
a ver y analizar los ejemplos de humildad en las esculturas. La primera de estas almas es Omberto Aldobrandeschi,
cuyo orgullo está junto a él en su descenso, aunque está aprendiendo a ser más humilde. Oderisi de Gubbio es un
ejemplo de orgullo a causa de logros – él era un reconocido artista por sus manuscritos iluminados. Provenzano
Salvani, líder de los gibelinos, es un ejemplo del orgullo a causa del poder sobre otros (Canto XI).
En el Canto XIII, Dante señala, con "franca auntoconciencia" que el orgullo es un defecto en él.
Luego de la conversación con el orgulloso, Dante ve algunas esculturas mucho más alejadas, estas ilustraban el
orgullo mismo. Estas mostraban a Satanás (Lucifer), la Torre de Babel, el rey Saúl, a Aracne, el rey Roboam, y otros.
Luego los poetas ascienden a la siguiente terraza, Un ángel cepilla con sus alas la frente de Dante, borrando la letra
"P" correspondiente al pecado del orgullo, y Dante oye la beatitud "Benditos son los pobres en espíritu" (Canto XII).

Segunda Grada (La Envidia)


La envidia era el pecado que "mira con deseo y repudio la fortuna y riquezas de otros, tomando cualquier
oportunidad para quitarles o privarles de su felicidad.
Al entrar a la terraza de los envidiosos, Dante y Virgilio en un primer momento oyen voces contando historias acerca
de la generosidad, la virtud opuesta. Aquí, tal como en las otras terrazas, hay un episodio de la vida de la Virgen
María. Además, hay una historia clásica, la amistad de Orestes y Pílades, y Jesús predicando "Ama a tus enemigos."
Las almas de los envidiosos vestían túnicas grises de penitencia, y tenían sus ojos cosidos, recordando la forma en
cómo los cetreros cosían los ojos de sus halcones para lograr entrenarlos – así se les hacía más necesario poder oír
que poder ver, como en este ejemplo (Canto XIII).
Las almas de los envidiosos incluyen a Guido del Duca, quien les habla amargamente sobre los principios éticos de
las personas que vivían a lo largo del río Arno.
Las voces en el aire también incluyen ejemplos de envidia. Uno clásico es el de Aglauros, quien fue convertido en
piedra porque estaba celosa del amor de Hermes por su hermana, Herse. Un ejemplo bíblico es Caín, mencionado
aquí no por su acto de fratricidio, sino por los celos que lo llevaron a él (Canto XIV).
A medida que va saliendo de la terraza, la deslumbrante luz emitida por el ángel de la terraza hace que Dante revele
un poco de su conocimiento científico, pues observa que el ángulo de incidencia de la luz es igual al ángulo de
reflexión "tal como la teoría y los experimentos habían demostrado" (Canto XV).

Tercera Grada (La Ira)


En la terraza de los iracundos, ejemplos de mansedumbre, la virtud opuesta, son mostrados a Dante como visiones
en su mente. Como ejemplo clásico tenemos a la esposa de Pisístrato pidiendo por la ejecución de un hombre que
había abrazado a su hija, a esto Pisístrato habría respondido: "¿Que debiéramos hacer a alguien que nos hiere / si
alguien que nos ama aprende de nuestra condena?" San Esteban brinda un ejemplo bíblico, señalado en Hechos de
los Apóstoles (Canto XV).
Las almas de los llenos de ira caminaban en humarolas de acre, esto simboliza el cegador efecto del enojo.
Marco Lombardo discute con Dante acerca del Libre albedrío – un tema relevante, ya que no hay razones para
discutir con alguien que no tiene control sobre sus acciones (Canto XVI). Dante también tiene visiones con ejemplos
de ira, tales como Haman y Lavinia. La oración de esta terraza es el Agnus Dei: "Cordero de Dios, tú que quitas el
pecado del mundo, ten piedad de nosotros... danos la paz." (Canto XVII).
En este punto Virgilio explica a Dante la organización del purgatorio y su relación con el amor pervertido, deficiente
o mal dirigido. Las terrazas que habían recorrido hasta el momento habían borrado la soberbia, la envidia, y la ira.
Todos ellos, amores mal direccionados. (Cantos XVII y XVIII).
Cuarta Grada (La Pereza)
En la cuarta terraza se podrían encontrar las almas de aquellos que pecaron por descuido lo que sería la Pereza.
Desde el momento en vida en que se falla al buscar el amor, aquí son condenados a incesantes trabajos. Los
ejemplos de entusiasmo o energía, las virtudes opuestas, son clamados por las almas que recorren la terraza. Estos
ejemplos incluyen episodios de la vida de la Virgen María, Julio Cesar y Eneas. Esta actividad, además, remplaza las
oraciones verbales de esta terraza. Estos perezosos están demasiado ocupados siquiera para conversar durante sus
trabajos, por ello esta es una de las secciones más cortas del poema.
Alegóricamente, la pereza espiritual y la falta de cuidado llevan a la tristeza, la buenaventuranza de esta terraza es
Benditos sean los que sufren, pues serán reconfortados (Canto XVIII y XIX).
Al caer la segunda noche, con los poetas aún en la terraza, Dante sueña con una Sirena (Canto XIX).
Quinta Grada (La Avaricia)
En las tres últimas terrazas se encuentran los que pecaron por amar buenas cosas, pero amándolas excesivamente o
desordenadamente. En la quinta terraza, la excesiva preocupación por los bienes terrenales, ya sea codiciosamente
o extravagantemente, es castigada y purificada, y los avaros y los adinerados yacen boca abajo al suelo, sin
posibilidad de moverse. Sus oraciones son, "Mi alma esta adeherida al polvo, vivifícame con Tu Palabra,”, una
oración que expresa el deseo de seguir las Leyes de Dios (Canto XIX).
En esta terraza, Hugo el Grande se lamenta, en contraste, cómo la avaricia había motivado las acciones de sus
sucesores, y "profetiza" eventos que sucederían luego de la época en la que se ubica al poema, pero antes de la
época en que es escrito el poema:
"Al otro, que hasta salió preso en una nave,
veo vender a su hija pactando precio,
como los corsarios hacen de otras esclavas.

¡Oh avaricia! ¿Qué más puedes hacer,


que así te has apropiado de mi sangre
que ni te cuidas de tu propia carne?

Para que menos se vea el mal futuro y pasado,


veo en Anagni entrar la flor de lis,
y en su vicario quedar Cristo encarcelado.

Véolo ser de nuevo burlado;


veo renovar el vinagre y la hiel,
y entre vivos ladrones ser occiso.

Veo al nuevo Pilato, una vez tan cruel,


que ni eso lo sacia, pues sin decreto
hasta el Temple lleva las codiciosas velas."
Entre estos eventos se incluyen cómo Carlos II de Nápoles dio a su hija en matrimonio a un anciano de mala fama, y
cómo Felipe IV de Francia arrestó al Papa Bonifacio VIII en 1303. Dante también comenta acerca de la destrucción de
la Orden de los Templarios por deseos de Felipe en 1307, lo que liberó a Felipe de las deudas que tenía con la orden
(Canto XX).
En una escena, que Dante relaciona con el episodio en el que Jesús se aparece a dos discípulos en el camino hacia
Emaús, Dante y Virgilio son alcanzados por el poeta Estacio, a quien Dante presenta como un convertido al
Cristianismo. Acababa de finalizar su purificación en aquel círculo, y, como cristiano, su guía sería apta para
complementar la de Virgilio. (Canto XXI).
Sexta Grada (La Gula)
La sexta terraza purifica a los glotones, y en general, a todos aquellos que a pesar de estar satisfechos insistían al
comer, beber, saciar su cuerpo. En una evocadora escena del castigo de Tántalo, los glotones mueren de hambre
ante árboles llenos de frutos que nunca estarán a su alcance. En este círculo los ejemplos son dados por voces que
se escuchan entre los árboles. Juan el Bautista, quien vivía de langostas y miel, es un ejemplo de las virtudes
opuestas, templanza o moderación; mientras que un ejemplo clásico de gula es cuando los Centauros ebrios se
enfrentan a los Lápitas.
El rezo para esta terraza es los labios me dominan Estos son las palabras de apertura de la Liturgia diaria de la horas.
(Canto XXII a XXIV). Aquí Dante también encuentra a su amigo Forese Donati y su precursor poético Bonagiunta
Orbicciani. Bonagiunta tiene palabras amables para el poema más temprano de Dante, La Vita Nuova,
describiéndolo como el nuevo estilo dulce, y cotizando la línea " las Damas que tienen la inteligencia de amor, " 51
escrito en la alabanza de Beatriz, a quién él encontrará más tarde en el Purgatorio.
Subiendo a la séptima terraza, Dante se pregunta cómo es posible para almas incorpóreas tener el aspecto
descarnado de las almas siendo privadas de comida aquí. En explicación, Statius Habla de la naturaleza del alma y su
relación al cuerpo (Canto XXV).
Séptima Grada (La Lujuria)
La terraza de la lujuria tiene una inmensa pared de llamas a través del cual todos deben pasar. Almas
arrepintiéndose de deseo mal dirigido sexual se ejecutan a través de las llamas gritando ejemplos de la lujuria y de
la castidad y la fidelidad marital. Como una oración, cantan el himno Dios de la Suprema Clemencia, de la Liturgia de
las Horas (Cantos XXV y XXVI).
A medida que el círculo de la terraza avanza, los dos grupos de penitentes se saludan de forma que Dante se
compara con las hormigas.
Entre las flamas, a las que no se atreve a entrar, están los poetas románticos Guido Guinizelli y Arnaut Daniel, con
quienes Dante conversa. Le recuerdan a Dante que a Beatriz puede encontrarla al otro lado del Paraíso Terrenal,
finalmente Virgilio persuade a Dante para que pase entre las llamas (Cantos XXVI y XXVII).
En los escalones del paraíso terrenal, la noche cae por tercera vez, y Dante sueña con Lea y Raquel, quienes
simbolizan la vida cristiana activa y no monástica, y también la vida cristiana de contemplación, ambas importantes
(Canto XXVII).

EL PARAÍSO EN LA DIVINA COMEDIA DE DANTE

Estimados lectores, en este punto, Dante ha dejado atrás el terror del fuego, el espanto de la oscuridad y la
culpabilidad del pecado. Se aproxima a la luz, al edén, a ese espacio que purificará su cuerpo y su alma: el paraíso
terrenal.

El paraíso terrenal está compuesto por nueve esferas celestes: la Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno,
las Estrellas fijas, y el Primer móvil; y están organizados según la jerarquía de los ángeles.

Dante también evoca otras asociaciones, como la existente entre Venus y el amor romántico. Las primeras tres
esferas están asociadas a formas deficientes de Coraje, Justicia, y Templanza. Las otras cuatro se vinculan a ejemplos
positivos de Prudencia, Coraje, Justicia, y Templanza; por su parte, la Fe, la Esperanza y la Caridad se concentran en
la octava esfera.

Primera esfera (La luna): aquí se encuentran las almas santas pero débiles, y está presidido por los ángeles. Las fases
de la Luna se asocian con la inconstancia, es la esfera de los que quebrantaron el voto de castidad, es decir, los que
presentaron deficiencias en su virtud de coraje. Beatriz explica que un voto es un pacto firmado entre el hombre y
Dios en el cual una persona ofrece su libertad a Dios. Estas decisiones no deben tomarse a la ligera, y deben
mantenerse una vez realizados, a menos que mantenerlo acarree un mal demasiado grande, como el sacrificio de la
hijas de Jefté y de Agamenón (Canto V).

Segunda esfera ((Mercurio, los ambiciosos): aquí están los arcángeles, en él residen los espíritus activos. Debido a
su proximidad al sol, el planeta Mercurio suele ser difícil de ver. Desde un punto de vista alegórico, el planeta
representa a quienes hicieron el bien por el deseo de adquirir fama, pero quienes debido a su ambición fallaron en
la virtud de la justicia. Su gloria terrenal palidece en junto a la de Dios, del mismo modo que el planeta Mercurio es
casi insignificante junto al Sol.

Dante conoce en esta esfera el emperador Justiniano, quien se presenta con las siguientes palabras: «Cesar fui y soy
Justiniano,» indicando que su personalidad permanece, pero que su cargo terrenal ya no tiene validez (Canto V).
Justiniano cuenta la historia del Imperio romano, mencionando entre otros a Julio César y Cleopatra; y lamenta la
situación actual de Italia, debido al conflicto entre güelfos y gibelinos que así describe en el (Canto VI).

Tercera esfera (Venus, los amantes): aquí están las almas amantes, presididas por los principados.

Al planeta Venus tradicionalmente se lo asocia con la diosa del amor, por lo que el autor lo convierte en la esfera de
los amantes, quienes fallaron en la virtud de la templanza (Canto VIII).
Dante encuentra a Carlos Martel de Anjou-Sicilia, a quien ya conocía, y quien expresa que para funcionar
correctamente cualquier sociedad necesita gente de diferentes tipos. Esas diferencias se ilustran con Cunizza da
Romano, quien se encuentra en el Cielo, mientras que su hermano Ezzelino III da Romano en el infierno, entre los
violentos del séptimo círculo.

El trobador Fulco de Marsella habla de la tentación del amor, y recuerda que el cono de la sombra de la Tierra toca
la esfera de Venus. Condena la ciudad de Florencia por producir la «flor maldita» responsable de la corrupción
eclesiástica, y critica la clerecía por dedicarse al dinero, en vez de consagrarse a las Escrituras y en los textos de los
Padres de la Iglesia (Canto IX).

Cuarta esfera (el Sol, los sabios): aquí se encuentran las almas sabias en compañía de las potestades. Más allá de la
sombra de la Tierra, Dante encuentra ejemplos positivos de Prudencia, Justicia, Templanza, y Coraje. En el Sol, que
es la fuente de luz de la Tierra, Dante encuentra los máximos ejemplos de prudencia: las almas de los sabios,
quienes ayudaron a iluminar el mundo intelectualmente (Canto X).

Al principio un círculo de doce luces brillantes baila alrededor de Dante y Beatriz. Se trata de las almas de Tomás de
Aquino, Alberto Magno, Graciano, Pedro Lombardo, el rey Salomón, Dionisio Areopagita, confundido con Pseudo
Dionisio, Paulo Orosio, Boecio, Isidoro de Sevilla, Bede, Ricardo de San Víctor y Siger de Brabant. Tomás de Aquino
cuenta la vida de San Francisco de Asís en el Canto XI.

En una segunda etapa doce nuevas luces aparecen, una de las cuales es San Buenaventura, un franciscano, que
cuenta la vida de santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden a la que Santo Tomás pertenece. Como las dos
órdenes no siempre fueron amigas en el mundo terreno, tener miembros de una homenajeando al fundador de la
otra muestra que el amor reina en el cielo (Canto XII). Las veinticuatro luces giran en torno a Dante y Beatriz,
cantando la Trinidad. Santo Tomás explica la sorprendente presencia de Salomón, quien se encuentra en el lugar por
sabiduría real, más que filosófica o matemática (Cantos XIII y XIV).

Quinta esfera (Marte: los guerreros de la Fe): aquí están los espíritus militantes y presidido por las virtudes. Al
planeta Marte tradicionalmente se le asocia con el dios de la guerra, por lo que Dante hace de esta esfera la de los
guerreros de la fe, quienes dieron su vida por Dios, mostrando por ende la virtud del coraje. Las millones de
centellas de luz que son sus almas forman una cruz griega en el planeta Marte, y el autor la compara con la Vía
Láctea (Canto XIV).

Sexta esfera (Júpiter, los buenos gobernantes): aquí se encuentran las almas de los justos y está presidido por las
dominaciones. El planeta Júpiter se suele asociar con el rey de los dioses, por lo que Dante lo escoge como la esfera
en que figurarán los reyes que se caracterizaron por su justicia. Las almas deletrean la versión latina de «Justicia del
amor, que juzgas», tras la cual la «M» final de la frase toma la forma de un águila imperial gigante. (Canto XVIII).

En esta esfera se encuentran David, Ezequías, Trajano, Constantino I, Guillermo II de Sicilia, y Rifeo el troyano, quien
fue un pagano salvado por la merced de Dios. Las almas que forman el águila imperial hablan con una sola voz, y
hablan de la justicia de Dios. (Cantos XIX and XX).

Séptima esfera (Saturno, los contemplativos): aquí están los espíritus contemplativos. La esfera de Saturno es la de
la templanza. Dante encuentra a Pedro Damián, y discute con él sobre el monacato, la doctrina de la predestinación,
y la triste situación de la Iglesia (Cantos XXI and XXII). Beatriz, quien representa la teología, se hace cada vez más
adorable y llena de gracia, lo cual es una señal que indica la cercanía de la percepción del observador a la de Dios.
Octava esfera (las estrellas fijas, fe, esperanza y amor): es la de las estrellas fijas y es presidida por los querubines.
Aquí están los espíritus triunfantes.

La esfera de las Estrellas fijas es la de la Iglesia militante. En este punto, Dante vuelve la vista atrás para contemplar
tanto las siete esferas por las que ha pasado como la Tierra (Canto XXII):

Dante ve asimismo a la Virgen María y otros santos (Canto XXIII). San Pedro examina a Dante sobre la fe,
preguntándole qué es, y si alberga o no ese sentimiento. Tras la respuesta, San Pedro le pregunta al protagonista
cómo sabe que la Biblia es verdadera, y Dante cita el milagro de que la iglesia haya crecido tan pronto y tan robusta
a partir de orígenes tan humildes (Canto XXIV).

Santiago examina a Dante sobre esperanza, y Beatriz da fe de que el autor alberga ese sentimiento (Canto XXV).

San Juan examina a Dante sobre el amor. En su respuesta, el protagonista se refiere al concepto de «amor torcido»
discutido en el Purgatorio (Canto XXVI).

Por último San Pedro acusa a Bonifacio VIII en términos de gran severidad, y agrega que a sus ojos la Santa Sede está
vacía (Canto XXVII).

Después de estos ocho cielos, en cuyo centro geométrico se encuentra el centro de la tierra, vienen los dos cielos
metafísicos o teológicos:

El noveno, o Primer Móvil, presidido por los serafines y en el que se encuentran, sin dejar de estar en los otros, los
coros angélicos. Es la mayor esfera del universo físico. Dios la mueve directamente, haciendo que por reacción a su
vez se muevan todas las otras esferas que alberga (Canto XXVII).

El Primer Móvil es la morada de los ángeles, y allí ve Dante a Dios como un intenso punto de luz rodeado de nueve
anillos de ángeles (Canto XXVIII). Beatriz explica la creación del universo, y el papel de los ángeles, terminando con
una severa crítica a los predicadores de entonces (Canto XXIX).

Desde el Primer Móvil, Dante asciende a una región que está más allá de la existencia física, el Empíreo, que es la
morada de Dios. Beatriz, que representa la teología, se hace en este lugar más bella que nunca, y Dante se ve
envuelto por la luz, de modo que es capaz de ver a Dios (Canto XXX).

Dante ve una rosa enorme, que simboliza el amor divino, cuyos pétalos son las almas entronizadas de los fieles.
Todas las almas que ha conocido en el Paraíso, incluyendo a Beatriz, tienen su morada en esta rosa. A su alrededor
hay ángeles volando como abejas, distribuyendo paz y amor. Cuando Beatriz pasa a ocupar su lugar en la rosa, Dante
ya se encuentra más allá de la teología y a su vez puede contemplar directamente a Dios, y San Bernardo, en cuanto
místico contemplativo, será su guía en esta última etapa (Canto XXXI).

San Bernardo continúa explicando la predestinación, y reza a María a favor de Dante. Por último, el protagonista
entra en contacto directo con Dios (Cantos XXXII y XXXIII), quien aparece como tres círculos idénticos que ocupan el
mismo espacio, los cuales representan al Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.

Dentro de esos círculos el protagonista discierne la forma humana de Cristo. La Divina Comedia termina con el poeta
tratando de entender cómo los círculos logran encajar, y cómo la humanidad de Cristo se refiere a la divinidad del
Sol no obstante, como Dante lo señala, para continuar «no bastaban las propias alas».

Es la meta del viaje de Dante, que ha sido conducido a través de las esferas por Beatriz, a la que encontró en el
Paraíso Terrenal. En el Empíreo, el poeta ve a la Virgen, a los patriarcas, a los apóstoles, a los doctores de la Iglesia, a
toda la Iglesia triunfante, y disfruta, finalmente, y después de tantas pruebas y enseñanzas de la visión inefable de la
Santísima Trinidad. Logra, así, ver que en la profundidad misteriosa del Creador.

El décimo o el empíreo, en el que, de la misma maravillosa manera, se encuentran todos los ángeles junto a todos
los bienaventurados, que se sientan, según su jerarquía espiritual, en un admirable anfiteatro que tiene la forma de
una “cándida rosa”, en el cual tambien esta DIOS.

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