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Noche de tormenta y terror en casa

Durante una tormentosa temporada de lluvias, un hombre decide quedarse en casa solo mientras su familia visita a parientes. Tras un encuentro inquietante con una adivinadora que le predice mala suerte, comienza a experimentar una serie de eventos aterradores que lo llevan a cuestionar su decisión de permanecer solo. Finalmente, asustado por las circunstancias, decide reunirse con su familia, dejando atrás la soledad y el miedo.

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Noche de tormenta y terror en casa

Durante una tormentosa temporada de lluvias, un hombre decide quedarse en casa solo mientras su familia visita a parientes. Tras un encuentro inquietante con una adivinadora que le predice mala suerte, comienza a experimentar una serie de eventos aterradores que lo llevan a cuestionar su decisión de permanecer solo. Finalmente, asustado por las circunstancias, decide reunirse con su familia, dejando atrás la soledad y el miedo.

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SUGESTION

Era la temporada de lluvias, y los cielos se manifestaban tempestuosos y sombríos. Aquel día
decidió quedarse en casa, aprovechando el puente de fin de semana para descansar del trabajo
constante. Su familia en cambio, salió a visitar a los parientes de las afueras, por lo que tendría la
casa solo para él todo ese día. Durante la mañana se dedicó a leer el periódico y ver tv sin ninguna
intención concreta. Mientras sorbía el resto del café percibió el primer golpe del viento
empujando poco a poco las ramas del naranjo que comenzaron a golpetear contra los ventanales
de la cocina. A pesar de ser las 11 de la mañana, el cielo estaba oscuro, presagiando la furia de los
elementos a sobrevenir mas tarde. “Trasgo”, su pastor alemán de 1 año cumplido gruñía desde su
caseta como presintiendo alguna amenaza invisible. Tras terminar el desayuno, se vistió y salió de
compras por alimentos y películas de video para pasar la tarde.

Mientras caminaba por la banqueta solitaria, una mujer vestida con colores vistosos y una gran
diadema en la cabeza, se le acerco y le dijo: - Te leo la suerte, joven.

Él le contestó impaciente: - Gracias, pero yo no creo en esas cosas, con su permiso.

Hizo un movimiento de retirarse un poco brusco y se le cayeron sus llaves con un gran ruido por el
suelo.

La adivinadora las levantó para entregárselas y después de mirarlas, lo miró a él largamente y le


dijo: -Siete años de mala suerte, o una gran catástrofe, tú eliges.

Él miro extrañado y enfadado a su llavero. Un pequeño dije con un miniespejo y una foto de su
familia se había partido con el golpe de la caída. Pequeños trozos del espejo se desprendieron,
estrellados.

“Yo no creo en premoniciones ni en la mala suer….” Estaba contestando mientras levantaba la


cabeza, cuando vió que la extraña mujer había desaparecido. La buscó con la mirada y no la
encontró.

“Que mala broma” pensó mientras seguía su camino.

Horas más tarde, tras ordenar un poco la casa y alimentar al perro, se dispuso al descanso
nuevamente. Para ese momento, el viento aumentaba en intensidad, silbando por los aleros de los
tejados y arrastrando nubes tormentosas. La borrasca iniciaba en punto de las siete y la oscuridad
se cernía como una pesada cobija en las solitarias mansiones del centro.

-“uuuuuuuuuuhhh…..” Ese silbido del miedo que el huracán expresaba a través de la arboleda
daba el efecto de un cuento de terror. Sin preocuparse mucho del clima de afuera, se acomodó a
gusto en el sofá para mirar una película. Sin embargo, Después de una hora comenzó a
incomodarse ante la soledad ominosa que lo acompañaba fuera de la sala donde la tv era la única
manifestación de vida. Mientras volteaba la mirada distraído a la cocina, pensando en ir por más
refresco, un golpe seco y violento dio de lleno en la ventana. El salto que dio desde el asiento le
hizo acelerar con rapidez el corazón, llenándose su cuerpo de adrenalina. Tras el susto inicial,
comprobó su sospecha: una rama del naranjo, rota por el viento estrelló el ventanal que miraba
hacia el patio en el piso superior. El pastor comenzó a aullar de pronto, tal vez asustado por la
combinación de relámpagos que se abrían paso entre el viento silbante. - “perro tonto”- pensó- “si
no se calla tendré que meterlo a la casa”. En ese instante, otro chirrido mas lo hizo saltar. El
teléfono comenzó a sonar a toda marcha. Después de sacudir la cabeza, río un poco. “demasiadas
películas de terror” pensó. Levantó el teléfono y comenzó una breve discusión.

“No, ya no es hora de que vaya, como crees. Si, si, pero ya es tarde y yo decidí quedarme en casa,
estoy muy a gusto. Ajá, pero había que cuidar a Trasgo, que esta muy inquieto. Jaja, no, el viento
no me da miedo. Mejor los alcanzo mañana. Si, si, a una hora de camino en el coche, ya sé, pero
no voy a irme ya ahorita. Ok. Te veo mañana”.

El reloj marcaba las 8:40. El viento seguía su canción tenebrosa y los aullidos del perro lo
acompañaban filtrándose por el ventanal roto. –“ No se puede descansar a gusto y debí recordar
reponer la protección de esa ventana”- pensó mientras corría a asegurar los ventanales de la
planta baja. Tras una rápida inspección de la ventana rota, decidió cubrirla con plástico y
asegurarla con el postigo averiado, por lo menos recargándolo con algo, decidió. Cuando concluía
de cubrirla con plástico, batallando con el viento helado que le gritaba en pleno rostro, un nuevo
relámpago sacudió el aire y las luces se apagaron repentinamente.

- “Lo que me faltaba”- pensó enojado. Y al volver la vista a la recamara que tenía enfrente, un
nuevo relámpago iluminó la estancia haciéndole saltar de nuevo atemorizado. Una figura humana
frente a él lo miraba desde su misma perspectiva. Nuevamente batalló contra el temor y razonó
finalmente que el espejo colocado en el paso que daba a las recamaras y colocado justo frente a la
escalera había producido ese efecto. El viento seguía soplando y ahora, mientras bajaba por el
postigo guardado en la covacha de enseres recordó sin querer en los viejos cuentos de aparecidos
y las leyendas urbanas que sobre la zona en donde vivía se contaban. Esta vez, mientras prendía
algunas velas, la sensación de temor fue más plausible.” El escenario perfecto para una noche de
terror” pensó con un mal humor mezclado con una temerosa inquietud. Los relámpagos y el
viento en acorde con los aullidos del perro le erizaron positivamente los vellos de la nuca. Subió
una vela al final del descanso de la escalera y recargo el postigo a la ventana rota; pero el viento,
insistentemente movía el plástico en rachas sucesivas de calma y violencia. Como último recurso,
se le ocurrió recargar el perchero de sacos y paraguas que tenía casi un año arrumbado en la
covacha. Mientras lo sacaba, comprobó que estaba envuelto en una serie de mantos y bolsas en
diferentes puntos de los ganchos y hasta la borla de la punta. Sin molestarse en quitarlos comenzó
el ascenso de la escalera para efectuar la operación.

Una racha potente de viento seguida por una serie de relámpagos, se abrió paso por la ventana,
rasgando la cubierta y tirando el postigo de madera por el piso. La vela se apagó y nuevamente la
sensación de un temor inextinguible se apoderó de su ser. Su figura la vislumbraba en el espejo a
través de los relámpagos que se sucedían sin descanso, mientras las cubiertas del perchero caían
arrastradas por el viento ululante. Cuando la que cubría la borla del perchero salió disparada por el
aire y cayó sobre su cara en el trayecto, le obligó a detenerse en el último escalón en donde más
azotaba el viento. Luchó por quitárselo de la cara y finalmente lo vio ahí, listo para castigarlo por
su egoísmo en la búsqueda de un esparcimiento solitario, lejos de su familia, Estaba ahí. Los ojos,
inyectados y sangrantes, la boca, llena de colmillos en un rictus de voraz alegría. Su infernal
presencia lista para destruir toda ilusión sobre la inmortalidad de su alma. Un grito agudo,
acompañado por el relámpago, lo hizo trastabillar, El perchero, que fugazmente lo acompaño en el
trayecto, continuaba con la máscara adherida con cinta en la punta de la borla. El mutante
sangriento, broma de los juegos de noche de brujas cayó justo frente a sus ojos, haciéndole caer
un par de escalones y provocándole un gran dolor de espinillas, aparte del enorme susto que se
había llevado. “Que mala broma”…”Que mala broma”…”pero es suficiente” Se levantó
trabajosamente, tomó sus llaves y llamó a Trasgo.

“Mejor con la familia, si este ha de ser el desastre de la adivina, estuvo bueno de soledad” El perro
subió alegremente al auto y arrancó para ir a reunirse con su familia.

Afuera de la casa, el viento continuó aullando, durante el resto de la noche…….

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