Sentencia sobre accidente laboral de Bustamante
Sentencia sobre accidente laboral de Bustamante
II. Recuerdo que el Sr. Bustamante Luis Alberto inició demanda contra Asociart
S.A. A.R.T., con el fin de lograr el cobro de las prestaciones dinerarias previstas en la ley
24.557, por las secuelas incapacitantes que alegó padecer a causa del accidente de trabajo
ocurrido el 27.04.12. Relató que trabajaba para Transportadora de Caudales Vigencia
Duque S.A., cumpliendo tareas de chofer de camión blindado, y que ese día, mientras se
encontraba a bordo del camión que conducía, un vehículo que circulaba en dirección
contraria invadió su carril y lo colisionó de frente. Sostuvo que efectuó la denuncia ante la
aseguradora demandada y que en la actualidad presenta secuelas psicofísicas cuya
reparación reclama (v. fs. 6/27).
A su turno, Asociart S.A. A.R.T. reconoció el contrato de afiliación con la
empleadora del accionante en los términos de la ley 24.557 y haber recibido la denuncia
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del infortunio y afirmó haber otorgado al actor prestaciones médicas hasta su alta médica
sin incapacidad (v. fs. 39/42 vta.).
A fs. 213/214 se resolvió acumular a las presentes actuaciones la causa nro.
21953/2015, caratulada “Bustamante Luis Alberto c/ Transportadora de Caudales Vigencia
Duque SA s/ Despido”.
Allí, el Sr. Bustamante inició demanda contra Transportadora de Caudales Vigencia
Duque S.A. orientada, por un lado, al cobro de una indemnización en el marco del derecho
común que repare las consecuencias dañosas del infortunio ocurrido el 06.09.2013 y, por
otro lado, al cobro de indemnizaciones por despido y otros créditos de naturaleza laboral (v.
fs. 223/239).
Indicó que comenzó a trabajar para la demandada el 11.05.06, en perfectas
condiciones de salud, y que trabajó en las tareas de cargar y transportar caudales primero,
y luego como chofer de camiones blindados de caudales, con una jornada de lunes a
sábados desde las 4 o 5 horas hasta las 15, 16 o 17 horas, según el trabajo asignado, con
una remuneración mensual de $7.980. Destacó que sufrió maltrato por parte de sus
superiores, presiones para obtener mejor resultados durante las largas jornadas que lo
obligaban a cumplir y que debía transportar caudales en lugares peligrosos de la Ciudad y
el Gran Buenos Aires, todo lo cual significaba un gran estrés laboral. Añadió que los
camiones se encontraban en deficiente estado. Señaló que el 06.09.13, mientras se
encontraba en el playón de estacionamiento de los camiones, sufrió un infarto cardíaco, a
raíz del cual debió ser intervenido quirúrgicamente en tres oportunidades.
Destacó que, transcurridos 12 meses desde el infortunio, le notificaron que había
ingresado en el periodo de reserva de puesto de trabajo y que dejaría de percibir salarios,
razón por la cual requirió a su empleadora que depusiera de su reprochable actitud, dado el
carácter profesional de la enfermedad sufrida. Manifestó que la demandada mantuvo su
malicioso accionar, razón por la cual reiteró mediante CD su requerimiento, pero, frente al
silencio guardado por su empleadora, el 15.10.14 se consideró despedido.
Fundó la responsabilidad de la demandada en las previsiones del Código Civil
entonces vigente, a raíz del riesgo que implicaban las tareas y el ambiente laboral en el que
se desempeñaba.
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III.- La Sra. Jueza de primera instancia hizo lugar a la demanda interpuesta por el
Sr. Bustamante Luis Alberto, orientada al cobro de prestaciones dinerarias de la L.R.T.
Para así decidir, tras declarar la inconstitucionalidad de los arts. 21, 22 y 46 de la ley
24.557 y de la renta periódica, consideró acreditado en la causa que el accionante es
portador de una incapacidad psicofísica del 62%, por lo que decidió acoger el reclamo
incoado en los términos del art. 14, ap. 2) inciso b) de la L.R.T. por la suma de
$475.724,54, más los intereses desde la fecha del accidente, de conformidad con las Actas
de esta Cámara N º 2601/14, 2630/16 y 2658/17, y con costas a la demandada.
Asimismo, luego de declarar la inconstitucionalidad del art. 39 L.R.T. y con base en
el informe pericial médico -en el que se ponderó que el accionante padece de una
incapacidad psicofísica del 50%-, hizo lugar a la demanda entablada en el marco del
derecho común por entender acreditados los presupuestos de responsabilidad civil, en el
marco de los arts. 1109 y 1113 y cc. del Código Civil entonces vigente. Con relación a la
citada como tercera, a partir del principio de congruencia, la exoneró de responsabilidad sin
perjuicio de la acción de repetición que pueda llegar a dirigir la empleadora en su contra.
De este modo, condenó a Transportadora de Caudales Vigencia Duque S.A. a abonarle al
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actor la suma de $840.000 -por daño patrimonial y moral-, más intereses desde la fecha del
siniestro, de conformidad con las Actas de esta Cámara N º 2601/14, 2630/16 y 2658/17,
con costas a la demandada.
Por último, en cuanto al distracto, consideró que el despido decidido por el
trabajador resultó ajustado a derecho. Señaló que está acreditado que la empleadora dejó
de abonar a aquél los salarios sin ninguna justificación e incumplió con su deber de
denunciar a la aseguradora el accidente de trabajo sufrido por aquél. En esta inteligencia,
hizo lugar en lo principal al reclamo por despido y condenó a la empleadora a abonar al
actor la suma de $ 276.576,92 más los intereses de conformidad con las Actas de esta
Cámara N º 2601/14, 2630/16 y 2658/17, con costas a la demandada.
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art. 2° de la ley 25.323. Asimismo, se queja de la base salarial tomada por la Sra. Jueza
para efectuar el cálculo de los rubros diferidos a condena.
Cuestiona el modo en que fueron impuestas las costas, particularmente, que le
fueran impuestas las generadas por la citación de la tercera y, asimismo, que se le hayan
regulado honorarios al perito médico por la acción por despido.
Por último, se queja de los honorarios regulados a la representación letrada de la
parte actora y a los peritos actuantes en autos, por estimarlos elevados.
V.- Comenzaré por analizar los agravios vertidos por Asociart S.A. A.R.T. y adelanto
que el recurso no prospera, ya que coincido con las conclusiones arribadas por la colega
en relación con los tópicos cuestionados.
Llega firme a esta instancia que Luis Alberto Bustamante sufrió un accidente de
trabajo el 27.04.12. En dicha oportunidad, mientras se encontraba a bordo del camión que
conducía, un vehículo que circulaba en dirección contraria invadió su carril y lo colisionó
frontalmente. La aseguradora brindó al actor las prestaciones médicas correspondientes,
hasta su alta médica sin incapacidad.
El perito médico designado en autos, Dr. De Carlo, luego de efectuar la revisión del
trabajador y analizar los estudios complementarios solicitados, informó que aquél presenta
1) cervicobraquialgia postraumática con signos clínicos y radiológicos, y manifestaciones
en RMN, hernia de disco a nivel C5-C6 y a nivel C6-C7, con limitación funcional (extensión
20˚, flexión 20˚, rotación derecha 30˚, rotación izquierda 20˚, inclinación derecha 30˚ e
inclinación izquierda 20˚), que lo incapacita en un 20%; 2) lumbociatalgia postraumática con
signos clínicos y manifestaciones en RMN, con limitación funcional (extensión 20˚, flexión
70˚, rotación derecha 20˚, rotación izquierda 20˚, inclinación derecha 20˚ e inclinación
izquierda 20˚), que lo incapacita en un 20%; 3) hernia discal a nivel L4-L5, que lo incapacita
en un 20%, y 4) Reacción Vivencial Anormal Neurótica con manifestaciones fóbico-
depresivas grado II, que lo incapacita en un 10%.
Este informe pericial fue impugnado por la demandada (v fs. 196/197 y vta.) y
ratificado por el experto (v. fs. 204 y vta.).
Con ajuste a dicha estimación, la magistrada de origen, luego de efectuar el análisis
de los fundamentos de la experticia médica realizada y de readecuar el porcentaje final de
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incapacidad dado que, conforme criterio que comparto, en el caso de autos no debe
aplicarse la fórmula de capacidad restante, determinó que, como consecuencia del
accidente sufrido, el trabajador porta una minusvalía psicofísica del 62% de la t.o. (52% por
incapacidad física + 10% por incapacidad psíquica).
Del análisis de la presentación bajo examen, se advierte que la apelante efectúa
una serie de consideraciones científicas respecto de las afecciones informadas por el perito
médico, pero en verdad, reitera punto por punto las manifestaciones expresadas
oportunamente al momento de impugnar la pericial médica, cuestiones éstas que ya fueron
evacuadas adecuadamente por el experto en la presentación citada más arriba. Por lo
demás, se limita a expresar que la ponderación efectuada no se encontraría justificada y
que aquélla no se compadecería con el baremo de la L.R.T. Sin embargo, lo hace sin
fundamentarlo en algún medio de prueba que sirva de aval a su tesitura, carencia
argumentativa que sella la suerte adversa de este segmento del planteo (art. 116 L.O.)
No obstante, corresponde resaltar que las afecciones que presenta el actor fueron
constatadas por el perito médico, quien además fundamentó su dictamen en la revisión del
trabajador y en los exámenes complementarios realizados (RMN de columna cervical y
lumbar, EMG de los cuatro miembros y psicodiagnóstico), y ponderó la minusvalía
psicofísica conforme el Baremo Nacional del Decreto 659/96, la que resultó acorde a las
bandas porcentuales allí establecidas para dichas patologías.
No está de más señalar que, si bien en nuestro sistema la prueba pericial no reviste
el carácter de prueba legal, puesto que el/la experto/a es una persona especialmente
calificada por su saber específico y se desempeña como auxiliar judicial distinto de las
partes, la prudencia aconseja aceptar los resultados a los que aquél haya llegado, en tanto
no adolezcan de errores manifiestos, o no resulten contrariados por otra probanza de igual
o parejo tenor. En tales condiciones, "no parece coherente con la naturaleza del discurso
judicial apartarse (del consejo experto) sin motivo y, menos aún, abstenerse de ese aporte"
(conf. CSJN, Fallos: 331:2109).
Los motivos expresados me permiten coincidir con lo decidido en origen, porque las
conclusiones del perito médico sobre la incapacidad psicofísica detectada están apoyadas
en el conocimiento científico del experto, en el examen que realizó al actor y en los
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estudios complementarios realizados, cuyo valor pudo evaluar para arribar al diagnóstico,
el que además encuadró en el Baremo del decreto 659/96.
VI.- Sentado ello, me adentraré a analizar los agravios vertidos por Transportadora
de Caudales Vigencia Duque S.A. con relación al reclamo fundado en el derecho común.
Arriba firme a esta instancia que el día 06.09.13, el Sr. Bustamante sufrió un infarto
cardíaco, motivo por el cual presenta como secuelas infarto del miocardio recuperado,
tratado en forma quirúrgicas, sin alteraciones hemodinámicas, y una Reacción vivencial
anormal neurótica con manifestación histérica grado III, las que, tras la aplicación de la
fórmula de capacidad restante a partir del accidente de fecha 27.04.12, lo incapacitan en un
19% de la total obrera.
Me abocaré a los agravios planteados en torno a la inexistencia de nexo causal
entre la patología que presenta el actor y las tareas desarrolladas por él. En este punto,
recordaré que, en un reclamo como el presente, correspondía acreditar -especialmente-
que el ámbito de trabajo actuó en forma activa y protagónica en la producción del daño. El
agravio no prospera.
Al respecto, recuerdo que el perito médico luego de efectuar una nueva revisión del
trabajador, y analizar los antecedentes del caso y los estudios complementarios solicitados,
concluyó a fs. 590/592 -contrariamente a lo sostenido por la apelante- que el hecho de que
el actor hubiese estado “sometido a altos niveles de tensión y estrés” con los que cumplía
su labor pudieron ser causales del infarto que padeció (v fs. 591, puntos de pericia médica
parte actora, punto 3).
En cuanto a los factores de riesgo señalados por la quejosa observo que el perito
dejó asentado que el actor tenía antecedentes de tabaquismo de cinco cigarrillos por día
pero que aquél, al momento del examen pericial, ya no fumaba, por lo que dicha
circunstancia fue tenida en cuenta por el experto al arribar a las conclusiones que dejó
anotadas. No fue un factor omitido, sino que, por el contrario, se lo tuvo en especial
consideración dadas las circunstancias del caso y, sin perjuicio de su constatación, el
experto, de igual manera, afirmó que el infarto pudo haber sido provocado por estrés
laboral.
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Por lo demás, los restantes factores de riesgo invocados no sólo no constan en el
informe pericial sino que tampoco se encuentran acreditados, dado que el certificado
médico al que la apelante hace referencia y que obra a fs. 347, fue desconocido
oportunamente por la parte actora (v. fs. 369), por lo que la accionada poseía la carga de
acreditar su autenticidad y si bien a fs. 454 vta. se ordenó la producción de la prueba
informativa dirigida al Hospital Español, el período probatorio precluyó sin que aquella se
hallara cumplida. En efecto, el 31.05.21 se hizo saber a las partes que los autos se
encontraban en Secretaría para alegar (art. 94 L.O y 51 de la ley 24.635), sin que si quiera
se haya acreditado el diligenciamiento del pedido de informe en cuestión.
Dicho esto, señalo que, las testificales de Rolón, Zotelo, Almada y Savio,
producidas ante la propuesta de la parte actora, dan cuenta de las características del
ambiente de trabajo como factor generador de la minusvalía psicofísica constatada por el
perito médico.
El último de ellos, Savio, contó que “comenzó a trabajar en 1988 y lo hace hasta la
actualidad, tiene horario de entrada y horario de salida no tenemos, es de 12 horas para
arriba, horario de salida no hay porque según nos debemos a la empresa, trabaja de
lunes a sábado, los sábados son por planilla de citación si uno quiere se anota y trabaja,
sino es de lunes a viernes, el actor comenzó a trabajar en el 2006, en el momento que le
ocurrió el accidente al actor era chofer, el accidente fue en el 2013 en septiembre, le agarro
un ataque cardiaco y fue a las 7am en adelante, en ese momento el testigo estaba en la
empresa en la parte del playón, donde le ocurrió el ataque al actor y después lo trasladaron
a un lugar en un banco cerca de la sala de armas, llamaron a la ambulancia que nunca
llegó, (…) el actor trabajaba lo mismo que nosotros de lunes a viernes y no sabe si se
anotaba los sábados, el horario era el de citación podía ser de las 6, 7 u 8am va
variando el horario, y trabajaba hasta que se terminara la jornada, en esa época se
terminaba de 12, 13 o 14, horas el testigo ha trabajado 16, 17 y 18 horas, el sistema
de trabajo es peligroso y muy estresante, muchas horas que uno está ahí adentro,
llega un momento que no se puede, las tareas que hace un chofer, que ayudaba en la
carga y descarga del camión, en esa época se trabajaba con bolsas de 14 kilos, había
muchas monedas, de 5, 25, 10 centavos, las unidades eran viejas siempre tenían
problemas mecánicos, de aire y si se rompía el aire y a veces ibas a base y a veces te
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hacían seguir trabajando, esos camiones sin aire no se puede trabajar porque son
herméticos, en la actualidad no pasa porque la empresa renovó la flota, en esa época
había camiones Ford 350, eran camiones viejos, después tenía la función del camión,
esos camiones no tenían dirección hidráulica, no doblaban bien y no frenaban bien,
tenías que ser un artista para manejar esos camiones en esa época, el testigo es
chofer en la empresa, desde que entro en la empresa (…). [L]as zonas que recorrían eran
provincia y capital, usaban armas chalecos antibala, escopeta, y todo lo que se usa en
un camión blindado (…). [E]n varias oportunidades el testigo cumplió servicio con el actor,
porque el actor primero fue custodia y después ascendió a chofer, el responsable de la
tripulación en servicio es el porta valor, el personal toma conocimiento de cómo tomar
servicio por planilla, o tenemos que llamar nosotros porque a veces la planilla no está, está
a último momento y uno tiene que llamar, de las normas y del protocolo de seguridad los
empleados toman conocimiento por lo que dice el porta valor en una planilla que le
entregan y él le comunica al chofer el rol los lugares y todo” (v fs. 542 y vta.).
El testigo Rolón, compañero de trabajo del actor como custodio de blindados, contó
que “…el actor era chofer, para trabajar usábamos arma de fuego, equipos de
comunicación, trabajar continuamente con el dinero dentro del camión, usaban chaleco
anti balas, tablillas de recuento de dinero y las bolsas de dinero, en su momento los
vehículos eran compartidos sin habitáculos, no se dividía el camión como ahora,
chofer por un lado y custodia y porta valor por otro lado, antes no había división en el
interior del camión, estaban todos juntos, el ambiente de los camiones era cerrado con
poca visión hacia afuera, muy cansador (…). [T]rabajó con el actor en muchas
oportunidades, el dinero lo manipula el porta valor, La tablilla eran dos a lo sumo, el arma
de fuego eran todos, inclusive la escopeta, chaleco anti balas todos, y equipos de
comunicación eran 3, algunos que otros vehículos tenían una unidad base antes, el porta
valor manipula el tesoro, cuando se llega al lugar primero descienden dos personas del
camión y por último el porta valor, ósea tres, los dos que descienden son custodias” (v. fs.
538 y vta.).
Por su parte, el testigo Zotelo, también compañero de trabajo del actor como
custodio y luego como portavalores, refirió que “…se trabajaba de lunes a viernes y fin de
semana también según las guardias que se cubrían, el horario era rotativo podías entrar a
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las 7 a las 9, había horario distinto porque todos los días te cambiaban los horarios, (…)
el actor era chofer del camión estaba a cargo del camión y aparte de eso colaboraba
con el porta valor, (…) la mayoría de los camiones eran todos iguales, tenían poca
visibilidad, los aires estabas en un recorrido y se cortaban no funcionaban, no tenían
dirección hidráulica, el testigo lo sabe porque también fue chofer, después la
incomodidad adentro, te tenías que poner en los escalones para estirar el cuerpo, porque
no te podías parar adentro del camión, y los gases del combustible entraban adentro, el
camión tenían hormigón se rompía un aire y tenías que volver sin aire acondicionado
del recorrido, el actor tenían el arma de fuego y el uniforme que nos brindaba la
empresa que era camisa, pantalón y zapatos… iban por todos lados, por zona sur o
zona oeste, no teníamos lugar fijo, nos cambiaban los recorridos, las mayoría eran
zonas complicadas, laferrere, tenían horario de entrada y no de salida, podíamos
laburar 8 horas y si nos tocaba un viaje afuera hacíamos 12 horas o más,
transportaban todo lo de valor, moneda, barra de oro, billetes, había muchas veces
que eran bolsas precintadas y cerrada, y a veces no sabíamos que tenía adentro, a
veces el actor faltaba al trabajo por parte de enfermo y a veces el testigo salía como chofer
el, el custodio es el que manejaba el tema de la seguridad para que el porta valor se
maneje tranquilo, pueda salir al banco, es el que controlaba el banco, acreditaba porta
valor y nos daba el ok para asegurar vereda e interior del banco para que se pueda bajar
(…), bajan a revisar el lugar el custodia, el porta valor baja cuando el custodia le da el ok, y
ahí se le golpea al chofer para que abra la puerta para sacar las bolsas, porque había
varias veces que buscábamos monedas y el custodia hacía trabajo de custodia y el chofer
ayudaba a sacar las monedas en tachos que se sacaban por un cuadradito o una ventana
que se cargaba en un tacho y el chofer la acomodaba en el tesoro porque eran tachos de
lata de no sabe cuántos litros tiene, cuando llegan a un destino el chofer permanece en
el volante hasta que se asegura la zona, y después se pasaba para atrás donde
estaba el custodia uno, podía ser a la derecha o a la izquierda para abrir las puertas
porque los camiones eran viejos y no tenían botones, el responsable del tesoro es el
porta valor que es el que está a cargo de la dotación, las instrucciones las recibimos con
una hoja de ruta que se daba en operaciones y una vez cumplidos había servicios
eventuales que los modulaban de operaciones, el protocolo de seguridad el personal
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toma conocimiento con una charla del jefe de seguridad o un librito que nos daban y
nada más” (v. fs. 539 y vta.).
Por último, el testigo Almada, quien señaló haber sido compañero de trabajo del
accionante, manifestó que “…el actor entró como custodia y después paso a chofer, (…)
las tareas del actor como custodia es custodiar al porta valor cuando llevaba los valores y
como todos siempre se les pedía que ayude al porta valor con las bolsas porque había
veces que se sacaban muchas bolsas, se lo pedía la empresa que colabore, las tareas de
chofer aparte de manejar el camión era ayudar al porta valor, acomodar las bolsas en el
tesoro del camión, había camiones que no se podía trabajar porque el tesoro era muy chico
e incómodo y tenías que trabajar arrodillado, el camión que manejaba el actor era un
camión viejo de dirección pesada era incomodo porque no tenía dirección eran
camiones reformados, muchas veces el testigo trabajó con el actor, por más que los dos
éramos choferes a veces nos sacaban a los dos juntos, el actor utilizaba el chaleco
antibalas, armas largas que no funcionaban y pistola, al actor le agarro un infarto que si
no recuerda mal fue en septiembre fue en los primeros días porque estábamos por cobrar,
cree que el 2015, el testigo estaba en el playón escucho y se empezaron a juntar los
compañeros en el playón, se descompuso decía que le dolía un brazo, lo sentaron el carro
donde cargábamos la saca, no sabían que hacer, llamaron a la ambulancia porque no
había asistencia médica en la empresa, y paso un tiempo largo y tuvieron que agarrar un
auto de la empresa y llevarlo, nunca asistió la ambulancia, sabe que lo dejaron internado
en el hospital italiano…” (v. fs. 540 y vta.).
Analizadas tales declaraciones a la luz de la sana crítica, observo que los cuatro
testigos dan cuenta de las características del ambiente de trabajo y las condiciones en que
el actor prestaba sus tareas, lo que resultaba ostensiblemente generador de estrés ya que,
más allá del estrés propio y natural de la labor de custodiar y conducir un camión de
caudales, en la que se ve involucrada la integridad psicofísica y la vida de quien la
desempeña, se utiliza chaleco antibalas como protección, se manipulan armas, y debe
llevarse a cabo con la máxima atención y concentración, en permanente estado de alerta -
todo lo cual, por sí solo, alcanzaría para determinar la relación causal con la patología
presentada por el accionante-, se vieron, además, involucradas otras circunstancias que
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incidieron indudablemente en el incremento de los niveles de tensión y estrés a los que
hizo referencia el perito médico.
En este sentido, tal como lo señaló la colega de grado, el trabajador, pese a que por
su categoría profesional su única función era la de conducir el rodado (v. arts. 5.1.2 y
5.1.14 del CCT 40/89), debía obligatoriamente cargar y descargar los valores, y también a
pasar a la parte trasera del vehículo para abrir sus puertas ya que éstos carecían de
botones para ello. En cuanto a esta última circunstancia, los camiones que el actor debía
conducir no se encontraban en las debidas condiciones, eran antiguos, no tenían buena
dirección hidráulica, no frenaban bien, carecían de aire acondicionado pese a ser cerrados
herméticamente, y tenían fugas internas de los gases propios de la combustión, todo ello
en clara contradicción con las condiciones establecidas por el art. 5.1.8. del CCT ya citado
para el equipamiento de las unidades.
Asimismo, de las declaraciones testimoniales surge que debía prestar sus tareas
durante extensas jornadas cuyos horarios de entrada y salida variaban día a día, y
movilizarse principalmente por zonas conocidas como riesgosas, para lo cual la empresa
les proveía armas de fuego que no funcionaban.
En definitiva, encuentro los dichos de los testigos claros, contundentes y
suficientemente persuasivos ya que brindan detalles circunstanciados de las tareas que
realizaba el actor, y de las modalidades en que éstas eran prestadas, en tiempo y lugar
dando suficiente razón de sus dichos. Por ello, más allá de las impugnaciones genéricas de
fs. 544 y vta. y 546 efectuadas por la parte demandada, en las que se extractan
sesgadamente unos pocos fragmentos de aquellas declaraciones, y se intenta quitar valor
a tal medio probatorio destacando ciertas imprecisiones -a mi juicio- inexistentes, dado que
provienen de personas que tuvieron un conocimiento directo de los hechos en debate, es
que otorgo a dichas declaraciones testimoniales pleno valor de convicción (artículo 386
CPCCN),
No soslayo que ante la propuesta de la parte demandada compareció a prestar
declaración el Sr. Barbaccia, pero aquél no aportó información que contraríe lo manifestado
por los testigos ofrecidos por la parte actora (v. fs. 556).
En base a lo expuesto, coincido con la magistrada de origen en cuanto aceptó la
existencia de relación de causalidad adecuada entre el infarto que padeció el Sr.
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Bustamante mientras estaba trabajando -más allá de que aquél ocurrió en el playón de
estacionamiento lo cual, a esta altura del análisis deviene irrelevante-, y el tipo de tareas
prestadas y el modo en que debía cumplirlas.
En este sentido, debo recordar que la determinación de la relación causal y/o
concausal entre los trabajos realizados por el dependiente y el padecimiento por el que
acciona, escapa a la órbita médico legal, siendo facultad de quien juzga, en cada caso, la
determinación de dicho aspecto y en ese marco, que se trata de una enfermedad, causada,
activada o agravada por el trabajo, luego de examinar los elementos probatorios aportados
en la causa (ver esta Sala en autos, “Sandoval, Andrea Marisa c/ Danese Graciela
Genoveva y otros s/ Accidente – Acción Civil”, Expediente 20740/2009; SD 90069 del
16.07.2014, entre otros). Y en este sentido, resulta verosímil considerar que las tareas
desempeñadas por el Sr. Bustamante, por la forma en que eran cumplidas y en el ámbito
en que fueron desarrolladas, pudieron verosímilmente incidir en el cuadro de salud que
presentó.
Hago esta afirmación tras considerar las características del episodio sufrido por el
trabajador, las conclusiones a las que arribó el experto médico y el tiempo en que se
desempeñó en tales condiciones (más de siete años), lo que exhibe a las tareas
desplegadas por aquél como comprensivas de una actividad nociva y riesgosa para su
salud psicofísica
Por otra parte, en la medida que el infarto cardíaco se produjo en el lugar de
prestación de servicios y durante el transcurso de la jornada laboral, debe ser aceptada su
etiología laboral, y si la empleadora consideraba que no guardaba relación directa con las
tareas, a pesar de haberse producido en el lugar y tiempo de trabajo, debió probar dicha
circunstancia, lo que, de las constancias probatorias obrantes en autos, no surge que haya
hecho.
Asimismo, la empleadora tenía la obligación de seguridad, en orden a proveer
condiciones laborales saludables para tutelar la integridad psicofísica y la dignidad del
trabajador (art.75 LCT).
Conforme a lo expuesto hasta aquí, de los hechos comprobados de la causa resulta
-sin duda- que la incapacidad que presenta el Sr. Bustamante, guarda relación de
causalidad adecuada con el riesgo generado por las tareas que desempeñaba a favor de
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su empleadora, quien resultaba responsable de su guarda jurídica, por lo que coincido con
la señora Jueza de grado en cuanto a que Transportadora de Caudales Vigencia Duque
S.A., resulta responsable en los términos del art. 1113 del Código Civil -actuales arts. 1757
y 1758 del Código Civil y Comercial-.
Asimismo, resulta irrelevante que la empleadora no haya obrado con culpa y haya
negado haber incumplido las normas de higiene y seguridad en el trabajo, en tanto cabe
señalar, que cuando existe un factor de atribución objetivo, la prueba de un obrar diligente
no exime de responsabilidad, sino que es quien pretende liberarse de ella quien debe
acreditar la culpa de la víctima o la de un tercero por quien no debe responder, o que
existió un caso fortuito, lo que no luce acreditado en autos.
En cuanto al pedido de producción de la pericia técnica en esta instancia, observo
que la apelante consintió el auto que colocó las presentes actuaciones en estado de alegar,
por lo que la oportunidad de producirse aquella se encuentra precluida.
En razón de todo lo expuesto, propongo confirmar la condena de la empleadora del
actor en el marco del derecho común decidida en origen.
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de su citación o intervención, lo afecte como a los litigantes principales (v. CS, “Gandolfi de
Vanetta, Mercedes c/ Dirección Nacional de Vialidad, 16.4.1998, Fallos 311:769).
En este caso particular, Asociart S.A. A.R.T. ejerció en plenitud su derecho de
defensa en juicio, opuso excepciones, contestó la citación, ofreció y produjo prueba, por lo
que no observo impedimento alguno para responsabilizarla.
De tal forma, dado que la citación como tercera fue efectuada en el marco de la ley
24.557 (v. fs. 362), a partir del reconocimiento de la vigencia del contrato de afiliación
efectuado a fs. 387 vta., propongo condenar a Asociart S.A. A.R.T. en el marco del art. 6°
de la ley 26.773, que dispone “[c]uando por sentencia judicial, conciliación o transacción se
determine la reparación con fundamento en otros sistemas de responsabilidad, la
Aseguradora de Riesgos del Trabajo (ART) deberá depositar en el respectivo expediente
judicial o administrativo el importe que hubiera correspondido según este régimen, con más
los intereses correspondientes, todo lo cual se deducirá, hasta su concurrencia, del capital
condenado o transado”. La condena sin límites en la póliza, en este caso, violentaría el
principio de congruencia y el derecho de defensa ya que la aseguradora nunca pudo
controvertir una imputación inexistente en el pleito, aunque aquélla hubiera esbozado una
defensa argumental respecto de los factores atributivos de responsabilidad en el marco de
las normas civiles.
A tales fines, corresponde calcular la prestación dineraria de acuerdo al art. 14 de la
ley 24.557.
Para calcular el Ingreso Base Mensual deberá utilizarse el detalle de
remuneraciones que surge de la consulta efectuada a la página web de Afip –
[Link]- digitalizado en autos el 23.07.20, correspondiente al Sr. Bustamante, y se
considerará el promedio mensual de todos los salarios devengados por el trabajador
durante el año anterior a la primera manifestación invalidante -ocurrida el 06.09.13-
(periodo septiembre 2012 a agosto 2013), actualizado mes a mes mediante la variación del
índice RIPTE de Remuneraciones Imponibles Promedio de los Trabajadores Estables,
conforme el artículo 12 de la ley 24.557, según el texto fijado por el decreto del PEN
669/19, cuyas previsiones se aplican a todos los accidentes, independientemente de la
fecha del siniestro o de la primera manifestación invalidante (artículo 3°, decreto 669/2019).
En virtud de ello, el monto del IBM se establece de la siguiente manera:
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----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Período Salario Índice RIPTE Coef. de ajuste Salario Actualizado
09/2012 $7.569,52 751,84 1,283 $9.711,69
10/2012 $9.576,73 770,83 1,251 $11.980,48
11/2012 $8.140,61 789,52 1,221 $9.939,68
12/2012 $14.547,24 798,50 1,208 $17.573,06
01/2013 $8.127,22 807,41 1,194 $9.703,90
02/2013 $7.518,72 834,43 1,156 $8.691,64
03/2013 $9.330,30 856,21 1,126 $10.505,91
04/2013 $10.681,09 872,62 1,105 $11.802,60
05/2013 $9.713,75 902,57 1,068 $10.374,28
06/2013 $13.461,02 912,82 1,056 $14.214,83
07/2013 $9.741,44 934,63 1,032 $10.053,16
08/2013 $9.523,63 943,67 1,022 $9.733,14
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Indice Ripte mes de la primera manifestación invalidante–septiembre 2013-: 964,67]
Salario Promedio: $11.190,36 (total de los salarios actualizados = $134.284,37 /12 meses).
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crédito definitivo en la etapa del art.132 de la ley 18.345. Al capital así obtenido se le
sumará un interés moratorio puro del 6% anual desde la fecha de la primera manifestación
invalidante (06.09.13) y hasta la fecha en que se practique en primera instancia la
liquidación de la prestación dineraria (art. 2°, ley 26.773). A partir de esta última fecha, se
aplicará un interés equivalente al promedio de la tasa activa cartera general nominal anual
vencida a treinta (30) días del Banco de la Nación Argentina hasta el efectivo pago.
Si luego de practicada la intimación de pago que se curse a Asociart S.A. A.R.T., en
la etapa de ejecución de sentencia, ésta no pagase la indemnización, los intereses se
acumularán al capital en forma semestral, según lo establecido por el artículo 770 inciso c
del Código Civil y Comercial de la Nación y art.12 LRT, texto decreto 669/19.
Sobre la aplicación del decreto 669/19 a controversias análogas a la presente, esta
Sala ha realizado algunas consideraciones en la causa N° 4140/2019/CA1, caratulada
“Medina, Lautaro c/ PROVINCIA ART S.A. s/ recurso ley 27.348”, sentencia del 25.10.2022,
a cuyos fundamentos cabe remitirse en honor a la brevedad, en los cuales se sostuvo que
el decreto 669/19 -al menos en casos como el que aquí se juzga- mejora las prestaciones
y, por tanto, aunque inválido como decreto de necesidad y urgencia, resulta válido y
aplicable como un decreto delegado que ejerce la prerrogativa expresamente autorizada
por la LRT en su artículo 11.3 (art. 76 Constitución Nacional).
El decreto 669/2019 establece que las prestaciones deben calcularse a partir de una
variable salarial (el IBM) actualizada y, por tanto, ello implica que el monto del
resarcimiento se establece a valores actuales. Es, lisa y llanamente, un sistema de
actualización basado en la evolución de los salarios. Si bien el decreto en cuestión utiliza
impropiamente la palabra “interés” (“Desde la fecha de la primera manifestación invalidante
y hasta la fecha en que deba realizarse la puesta a disposición de la indemnización por
determinación de la incapacidad laboral definitiva, deceso del trabajador u homologación, el
monto del ingreso base devengará un interés equivalente a la tasa de variación de las
Remuneraciones Imponibles Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE) e en el
período considerado”), es claro que lo que la norma establece es un índice de actualización
basado en la evolución de los salarios. Esta interpretación se confirma completamente con
lo expuesto en los considerandos del decreto. La norma mencionada señala en sus
considerandos 5° y 6° lo siguiente: “Que dada la necesidad de continuar con esa misma
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línea de correcciones regulatorias que contribuyen a mejorar las condiciones de
sostenibilidad del sistema, se advierte que en el inciso 2 del artículo 12 de la Ley N°24.557
y sus modificaciones, se establece que a los fines de la actualización de las
indemnizaciones se aplique un interés equivalente al promedio de la tasa activa cartera
general nominal anual vencida a TREINTA (30) días del BANCO DE LA NACIÓN
ARGENTINA.”; “Que esa modalidad de ajuste, implementada por la Ley N°27.348,
complementaria de la Ley N°24.557 y sus modificaciones, tuvo la finalidad de incluir una
tasa de actualización que evite que los efectos de procesos inflacionarios afecten
desfavorablemente la cuantía del monto del “Ingreso Base” (los subrayados son míos).
Si ello es así, forzoso es concluir que el mecanismo de los dos primeros incisos del
nuevo artículo 12 de la ley 24.557 (según decreto 669/2019) permite llegar a un valor
actualizado de la tarifa legal, lo que se corresponde con la noción de “deudas de valor”
contenida en el artículo 772 del Código Civil y Comercial de la Nación. Este mecanismo de
actualización opera perfectamente aun cuando siga en vigencia la prohibición general de
indexación de los créditos contenida en los artículos 7° y 10 de la ley 23.928; toda vez que
ha sido establecido por una ley especial protectoria de sanción posterior y, por tanto,
constituye un régimen de excepción a dicha prohibición. Por otra parte, esas excepciones
tampoco resultan extrañas a otras normas del Derecho Social vigentes que, tanto en
materia de seguridad social (art. 2°, ley 26.417, sobre movilidad jubilatoria), cuanto en
materia laboral (art. 70, ley 26.844, Estatuto de Trabajo en Casas Particulares), e incluso
en el propio sistema de riesgos del trabajo (arts. 8° y 17.6, ley 26.773, ajuste por RIPTE de
las prestaciones dinerarias) establecen herramientas similares para actualizar el importe de
créditos de naturaleza alimentaria. El inciso tercero, destinado a regular la hipótesis de
eventual incumplimiento de pago, en la etapa posterior a la aprobación de la liquidación
prevista en el art. 132 L.O., ordena proceder de conformidad con lo normado en el artículo
770 del Código Civil y Comercial. Es decir, acumular los intereses al capital en forma
semestral utilizando el promedio de la tasa activa cartera general nominal anual vencida a
treinta (30) días del Banco de la Nación Argentina. Ahora bien, si la aplicación del RIPTE
que prevé el segundo inciso del artículo 12 de la ley 24.557 (según decreto 669/2019) está
prevista a los efectos de actualizar una de las variables de la fórmula, está claro que no
cumple el propósito de compensar al acreedor o acreedora laboral por la privación del
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capital. Sin embargo, la ley 26.773 establece en su artículo 2º, tercer párrafo que “[e]l
derecho a la reparación dineraria se computará, más allá del momento en que se determine
su procedencia y alcance, desde que acaeció el evento dañoso o se determinó la relación
causal adecuada de la enfermedad profesional”. Por su parte, el artículo 1748 del Código
Civil y Comercial establece, en la misma línea, que los intereses deben calcularse desde la
fecha en que se produjo el perjuicio. Existe entonces un período de tiempo, el que va desde
el accidente o primera manifestación invalidante hasta la determinación del monto
indemnizatorio, en el que la ley contempla la actualización de la fórmula, pero no prevé una
tasa de interés que compense al acreedor o acreedora laboral por la privación del uso del
capital. Frente a ello, se impone que el juez o la jueza supla dicha omisión y la fije. En ese
cometido, resulta inapropiado acudir a la aplicación de una tasa bancaria dado que éstas
suelen contener también un mecanismo de recomposición del capital frente a la pérdida del
valor del dinero, algo inadecuado en los casos en que el monto de condena se calcula a
valores actualizados. Como la indemnización se calcula a valores contemporáneos a la
fecha en que se practique la liquidación en la etapa del art.132 L.O., parece más correcto
liquidar los intereses devengados aplicando, como tradicionalmente se establecía en
relación con todas las modalidades de actualización, una tasa de interés puro; es decir, el
accesorio destinado a la retribución de la privación del capital, despojado de otros
componentes (entre otros, la pérdida del valor adquisitivo de la moneda, producto del
fenómeno inflacionario) a fin de evitar distorsiones en el cálculo. Por ello se estima
razonable, en el caso, utilizar una tasa de interés puro del 6% anual, la que corresponderá
ser impuesta al crédito indemnizatorio en cuestión desde la fecha de la primera
manifestación invalidante (06.09.13) y hasta la fecha de la liquidación de la indemnización
(arts. 772 y 1748 Código Civil y Comercial).
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susceptible de ser apreciado a través de un cálculo matemático, a fin de establecer el
monto indemnizatorio que podría resultar adecuado para resarcir los daños ocasionados…”
(el destacado me pertenece), ello de conformidad con lo afirmado por la CSJN en el
precedente “Arostegui” (Fallos 331:570), y luego pasó a explicar que utilizaría como pauta
orientadora la fórmula “Vuoto-Méndez”, llamada así porque aquella surgió de los cálculos
utilizados por la sala III de la CNAT en los casos “Vuoto, Dalmiro c/ AEG Telefunken
Argentina S.A." y “Méndez, Alejandro Daniel c. Mylba S.A. y otro”, sentencias del 16.06.78
y 28.04.2008, respectivamente, modelo que -vale la pena aclarar- ha sido de algún modo
captado por el artículo 1.746 del Código Civil y Comercial para cuantificar la incapacidad
física sobreviniente.
De este modo, emerge palmariamente de la sentencia cuestionada que el resultado
de la fórmula señalada fue utilizado únicamente como una guía de aproximación. Prueba
de ello, es que al dejar anotado el resultado de la fórmula la colega consignó la suma de
$713.721,28, para luego estimar el monto de la reparación patrimonial en la de $700.000 -
suma a la que posteriormente adicionó la reparación por daño moral-. Como puede
advertirse, la Magistrada no sólo cuantificó en un monto diferente al resultado que arrojaba
la fórmula sino que aquél es un importe menor, lo que permite concluir que el monto de la
reparación diferido a condena, en modo alguno se encuentra compuesto por una tasa de
interés ya que no se observa de qué manera incidiría la tasa señalada por el apelante en
aquél. En definitiva, a mi modo de ver, no surge del pronunciamiento atacado el anatocismo
invocado por el quejoso.
En razón de lo expuesto propongo confirmar lo decidido en origen al respecto.
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Adelanto que el recurso no prospera, dado que comparto las conclusiones a las que
arribó la colega de grado.
Como destaqué en reiteradas oportunidades, la preceptiva dimanante del artículo
242 de la LCT encomienda a quien juzga el deber de valorar prudencialmente la “injuria
laboral” bajo un tamiz de estándares que comprenden las características de la relación en
estudio, las modalidades que exhibe la actividad desarrollada y las irrepetibles
circunstancias del caso en cuestión. Esa variabilidad, ilimitada en la insondable casuística,
se proyecta tanto sobre los elementos subjetivos de la falta, inherentes a la percepción
personal que cada contratante pueda poseer sobre el comportamiento reprochado, como
asimismo sobre factores de estirpe objetiva, constituida por la triple orilla de la causalidad,
oportunidad y proporcionalidad. De allí que un incumplimiento contractual cualquiera pueda
revestir gravedad suficiente para obturar la continuidad de un vínculo, al emerger
intolerable para sus intervinientes, o bien no merecer sanción disciplinaria alguna, porque
éstos no lo consideran disruptivo de la armonía interna de la relación.
Las particularidades referenciadas exigen, como adelanté, que el órgano
jurisdiccional prescinda de pautas genéricas en el escrutinio de cada controversia y, en
cambio, valore prudencialmente las circunstancias fáctico-jurídicas irrepetibles del vínculo
analizado.
Recuerdo que el accionante intimó a su empleadora en dos oportunidades a fin de
que ésta dejara sin efecto la decisión de iniciar el periodo de reserva de puesto de trabajo,
reconociera el carácter profesional de la afección padecida -colocándose a su disposición y
de la A.R.T. frente a un eventual control- y abonara los salarios adeudados (v. informe del
Correo Oficial de fs. 492/493), todo ello bajo apercibimiento de denunciar su contrato de
trabajo fundado en justa causa, para luego, frente a la actitud adoptada por la accionada,
considerarse despedido el 15.10.2014
Ahora bien, tal como se indicó en el decisorio cuestionado y propuse confirmar, la
afección que atravesaba el accionante era de carácter profesional y, pese a ello, la
empleadora, tras los requerimientos del trabajador, se limitó a rechazar el contenido de los
emplazamientos y a ratificar que su afección era de carácter inculpable por lo que mantenía
la decisión de encuadrar la situación del accionante en las previsiones del art. 211 de la
LCT, sin siquiera denunciar ante la aseguradora de riesgos del trabajo la situación que
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estaba padeciendo aquél, privándolo en definitiva de las prestaciones médicas y dinerarias
correspondientes, y, paralelamente, de la percepción de salarios sin justa causa, lo que
demuestra, a todas luces, una actitud violatoria del principio de buena fe (cfr. art. 63 L.C.T.;
ver intercambio telegráfico). Así, del recibo de haberes acompañado por la propia
empleadora a fs. 301 surge que en el mes de septiembre de 2014 -el mes en que la
empleadora lo colocó en reserva de puesto- se efectuó un descuento por la suma de
$7.349,52, lo que evidencia el pago parcial de la remuneración de dicho mes.
En este marco, recuerdo que el art. 74 de la L.C.T. prevé que “[e]l empleador está
obligado a satisfacer el pago de la remuneración debida al trabajador en los plazos y
condiciones previstos en esta ley” y que en materia de pago de remuneraciones rige la
mora automática (art. 137 L.C.T.), por lo que, el solo vencimiento de los plazos señalados
en el art. 128 L.C.T. sin que se haya verificado el pago del salario del trabajador, implica un
grave incumplimiento a una de sus principales obligaciones contractuales, que puede ser
invocado por el dependiente para denunciar el contrato con justa causa (art. 242 L.C.T.).
No obstante, no debe confundirse la mora en el pago de los salarios con la posibilidad de
invocar tal causal como injuria legitimante del despido indirecto, por cuanto por aplicación
de los principios de buena fe y de continuidad del vínculo (arts. 63 y 10 de la L.C.T.) debe
mediar un emplazamiento previo al empleador requiriéndole el pago de lo adeudado,
advirtiéndole de las consecuencias rupturistas en caso de incumplimiento, lo que ha
sucedido en el caso (ver CD del 06.10.14).
Por otro lado, coincido con la colega en tanto afirmó que “…la consideración de que
la enfermedad profesional constatada en la causa en realidad fuera una enfermedad
inculpable, no eximía a la demandada de su obligación, frente a la comunicación fehaciente
realizada por el trabajador, de formular la correspondiente denuncia ante la ART…”, dado
que el art. 1 del decreto 717/96 obliga al empleador a denunciar todo accidente de trabajo o
enfermedad profesional que sufran sus dependientes, inmediatamente de conocido el
hecho, lo que la demandada no hizo.
Por todo lo expuesto, la denuncia del contrato de trabajo efectivizada por el Sr.
Bustamante resultó justificada (cfr. art. 242 y 246 L.C.T), por lo que propicio confirmar lo
decidido en grado en este sentido.
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XI.- La empleadora cuestiona también la condena por el pago de la multa del art. 80
de la L.C.T. y a la entrega de los certificados correspondientes. Sostiene que aquéllos
siempre estuvieron a disposición y que, como el actor no se presentó a retirarlos, los
consignó en las presentes actuaciones. Entiende que el actor no cumplió con la intimación
legal exigida para su procedencia. El agravio prospera.
En cuanto al pago de la multa, el actor requirió la entrega de los certificados
pertinentes en la propia epístola que dispuso la resolución del vínculo, simultaneidad que
inevitablemente la sentenció a ser extemporánea por prematura (cfr. art. 3º del Decreto n º
146/01; v. CD nº499080630 obrante a fs. 252).
Según he sostenido en forma inveterada, la intimación requerida por el dispositivo
antedicho para acceder al resarcimiento previsto en el tercer párrafo del dispositivo antes
citado, únicamente puede cursarse una vez que el/la empleador/a se encuentre en mora
respecto de su obligación de entregar las certificaciones, supuesto que se configura a los
treinta días de extinguido el contrato de trabajo. A diferencia de lo resuelto por mi colega, la
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exigencia del mencionado decreto no es inconstitucional porque, lejos de someter la
aplicación de la ley 25.345 a un requisito restrictivo, permite en cambio, mediante la simple
manifestación documentada, otorgar certeza a la exigibilidad de los certificados y disipar las
innumerables cuestiones que podrían ser planteadas -de buena o mala fe- sin ese recaudo
(esta Sala, 28/08/07, S.D. 84.645, “Verón, Juan Marcelo c/ Núñez González, Julio s/
Despido”; ver también Sala VIII, 20/05/05, S.D. 32.541, “Soto, Nilda c/ Consorcio de
Propietarios del Edificio Senillosa 927 s/ Despido”).
Asimismo, cuadra subrayar que, ni la inclusión de los requerimientos fehacientes en
el marco de las actuaciones administrativas celebradas ante el Se.C.L.O., ni tampoco la
demanda inaugural de este expediente tienen eficacia para suplir la obligación formal
impuesta a cargo de quien persigue la sanción bajo análisis. Ello es así porque tanto la
demanda jurisdiccional como su antecedente necesario (en el caso, el trámite de
conciliación obligatoria) abarcan el planteo de un estado de cosas pretérito, de modo que
no importan -en sí- un estadio adicional de las relaciones bilaterales del contrato de trabajo.
Desde idéntico orden de entender, no luce ocioso recordar que la remisión de un
emplazamiento fehaciente constituye una exigencia que responde al principio de buena fe y
tiene por objeto posibilitar, al potencial demandado, la satisfacción de las reclamaciones en
el ámbito extrajudicial, evitando así recurrir a un proceso formal y contradictorio. (v. S.D.
94.083 del 17/10/19, “Melgarejo, Ángela Mariela c/ Compañía Argentina de Marketing
Directo S.A. s/ Despido”, y más recientemente, S.D. del 9/03/22, “Fernández, David Jorge
c/ Carlson Wagonlit Travel Argentina S.A. y otro s/ Despido”, ambas del registro de esta
Sala I; también: CNAT, Sala IV, 11/10/06, S.D. 91.767, “Hernández, Víctor Oscar c/
Compañía Láctea del Sur S.A. s/ despido).
En función de ello, corresponde detraer del monto de condena la suma de
$36.227,46 que ha sido establecida por tal concepto.
Con relación a su entrega, la condena debe dejarse sin efecto, dado que los
certificados correspondientes obran acompañados en la causa (v. 285/298) y si bien la
parte actora desconoció la documental acompañada por la demandada a fs. 369 vta., no
impugnó su contenido ni denunció que aquellos no reflejaran la realidad de la relación
laboral, extremo este último que tampoco surge acreditado de las constancias de la causa.
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XIII.- Se queja la apelante de la base salarial utilizada por la Sra. Jueza de grado
para el cálculo de los rubros indemnizatorios. Sostiene que debió usarse la suma de $
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7.275,04, compresiva de los rubros salario básico y antigüedad que reúnen los requisitos
de mensuales, normales y habituales.
Observo que el apelante, en lo sustancial, no cumple con las disposiciones que
determina el art. 116 L.O. al intentar fundar su memorial y por ello, aquel no reviste la
entidad recursiva que pretendió atribuirle. Advierto que se limita a disentir con lo concluido
por la Sra. Jueza que me precedió y a afirmar que la suma tomada por aquella no reúne los
requisitos de mensualidad, normalidad y habitualidad, sin fundamentar sus afirmaciones.
Por lo demás, señala la remuneración que considera que debió utilizarse, pero ni siquiera
indica a qué mes correspondería aquella. En este sentido, constatado que fue el listado de
remuneraciones percibidas por el accionante elaborado por la perita contadora a fs.
573/574 la suma indicada por el quejoso no se encuentra detallada.
Más allá de lo expuesto, coincido con lo decidido por la anterior judicante con que la
mejor remuneración, mensual, normal y habitual corresponde al mes de agosto de 2014 y
asciende a la suma de $12.075,88, de conformidad con el detalle de remuneraciones
señalado, aspecto del dictamen pericial contable que no ha sido objeto de impugnación de
las partes (arts. 386, 473 y 477 C.P.C.C.N., y art. 93 L.O.).
Por ello, corresponde confirmar la sentencia apelada en este sentido.
XIV.- En cuanto a las demás alegaciones del memorial recursivo, tengo en cuenta
que es jurisprudencia de la CSJN que no resulta necesario seguir a las partes en todas y
cada una de sus argumentaciones, bastando hacerse cargo de las que resulten
conducentes para la decisión del litigio (cfr. Fallos: 272:225; 274:213; 276:132; 280:320,
entre otros) y, con tal base, aquéllas no son eficaces para rebatir la valoración realizada
precedentemente.
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Con respecto a las costas del proceso, sugiero imponer las generadas en la
instancia anterior en el marco del derecho común a la demandada y a la citada como
tercero, por resultar vencidas en lo principal del reclamo, pero en el caso de esta última,
deberá responder en proporción a la condena que se propone (art. 68 1er. párrafo
CPCCN). Con relación a las costas generadas en la Alzada, propongo que aquéllas sean
impuestas a la demandada, vencida en lo principal, con excepción de las generadas con
relación a la extensión de condena a la tercera citada, las que se imponen en el orden
causado atento la falta de contradictorio (art. 68 CPCCN).
En cuanto a la acción por despido, sugiero que las costas de ambas instancias se
impongan a la demandada, por haber resultado vencida en lo principal del reclamo (art. 68
1er. párrafo CPCCN).
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establecer sus honorarios en el 30% de lo que les ha sido fijado como retribución por sus
tareas en la instancia anterior (art. 30 de la ley 27.423).
En cuanto a la acción entablada por el accidente ocurrido el 27.04.12, propongo
imponer las costas de la Alzada a la demandada vencida (art. 68 CPCCN) y regular los
honorarios de las representaciones letradas aquí intervinientes en esta instancia en el 30%
de lo que les ha sido fijado como retribución por sus tareas en la instancia anterior (art. 30
de la ley 27.423).
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7% y 6%, respectivamente, del monto de condena más intereses; e) Regular los honorarios
de las representaciones letradas intervinientes ante esta instancia en el 30% de lo que les
corresponda percibir como retribución por su actuación anterior;
3)- En cuanto al reclamo por despido: a) Modificar la sentencia apelada, detraer del
monto de condena allí establecido la suma de $36.227,46; fijar el capital de condena en $
240.349,46 al que se añadirán los intereses respectivos y dejar sin efecto la condena por la
entrega de las certificaciones previstas en el art. 80 de la L.C.T.; b) Imponer las costas de
ambas instancias a la demandada; c) Regular los honorarios de la representación letrada
de la parte actora, de la demandada y de la perita contadora en el 16%, 13% y 7%,
respectivamente, del monto de condena más intereses; d) Regular los honorarios de las
representaciones letradas intervinientes ante esta instancia en el 30% de lo que les
corresponda percibir como retribución por su actuación anterior.
Que adhiere al voto que antecede por compartir sus fundamentos y conclusiones.
#20088081#361717192#20230320134626629
tercero, las que se imponen en el orden causado; d) Regular los honorarios de la
representación letrada de la parte actora, de la demandada, de la citada como tercero, del
perito médico y de la perita contadora en el 16%, 13%, 13%, 7% y 6%, respectivamente,
del monto de condena más intereses; e) Regular los honorarios de las representaciones
letradas intervinientes ante esta instancia en el 30% de lo que les corresponda percibir
como retribución por su actuación anterior; 3)- En cuanto al reclamo por despido: a)
Modificar la sentencia apelada, detraer del monto de condena allí establecido la suma de
$36.227,46; fijar el capital de condena en $ 240.349,46 al que se añadirán los intereses
respectivos y dejar sin efecto la condena por la entrega de las certificaciones previstas en
el art. 80 de la L.C.T.; b) Imponer las costas de ambas instancias a la demandada; c)
Regular los honorarios de la representación letrada de la parte actora, de la demandada y
de la perita contadora en el 16%, 13% y 7%, respectivamente, del monto de condena más
intereses; d) Regular los honorarios de las representaciones letradas intervinientes ante
esta instancia en el 30% de lo que les corresponda percibir como retribución por su
actuación anterior; 4)- Hacer saber a las partes que la totalidad de las presentaciones
deberán efectuarse en formato digital (CSJN punto n°11 de la Ac. 4/2020, reiterado en los
Anexos I y II de la Ac. 31/2020).
Regístrese, notifíquese, oportunamente comuníquese (art.4º, Acordada CSJN Nº
15/13) y devuélvase.
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